LA EXTREMA DERECHA PROGRESA EN EUROPA: AUSTRIA COMO AVISO*

octubre 22, 2017

Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ (foto de El Periódico).

EL 15 DE OCTUBRE EN LOS COMICIOS DE BAJA SAJONIA LA ULTRADERECHISTA ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (AFD) HA ENTRADO EN SU PARLAMENTO y ya está en 14 de las 16 cámaras regionales, así como en la federal y la europea. A su vez, en las elecciones austriacas han ganado los conservadores del ÖVP (31.6%), seguidos del socialdemócrata SPÖ (26.9%) y el extremista Partido de la Libertad (FPÖ) (26%). ¿Cuál es la importancia de estos datos? Podemos resumirla en tres reflexiones.

En primer lugar, aunque el FPÖ ha quedado tercero, se perfila como un “perdedor-ganador”. Lo afirmamos en la medida que su discurso se ha normalizado porque el líder del ÖVP, Sebastian Kurz, lo ha adoptado en gran medida haciéndolo digerible a un electorado amplio. Así, los temas del FPÖ (como los refugiados o la islamofobia) han dominado la campaña. De hecho, este partido, que estuvo a punto de ganar los comicios presidenciales del 2016 (46,7%), se ha apuntalado como el vector antisistema más poderoso del país.

El FPÖ hizo una campaña innovadora con una miniserie sitcom The Hubers, sobre el “miedo al turismo de bienestar social y a la superpoblación”.

En segundo lugar, FPÖ y ÖVP pueden formar un Gobierno de coalición capaz de aproximar Austria al grupo de Visegrado. Este último reúne a los gobiernos de Polonia (liderado por el ultraderechista Partido Ley y Justicia), Hungría (cuyo presidente Viktor Orbán ha experimentado una deriva extremista cada vez más ostentosa), la República Checa y Eslovaquia. El colectivo ha rechazado la política de cuotas de refugiados de la UE (percibida como negativa y creadora de un “efecto llamada”) y quiere reformarla potenciando a los parlamentos estatales. De este modo, podría cobrar mayor consistencia un bloque receloso y contestatario del poder de Bruselas en la Mitteleuropa.

Finalmente, los resultados de Austria son un jarro de agua fría para quienes tras el ‘brexit’ y la victoria de Donald Trump vieron una contención del “tsunami populista” en el fracaso relativo en las elecciones neerlandesas del Partido por la Libertad de Geert Wilders (PVV), que quedó segundo (13,1%), y en el de Marine Le Pen en las presidenciales francesas (33,9%). Ambos líderes no ganaron, pero dejaron poco espacio para el alborozo europeísta. Lo plasmó la conversión de AfD en tercera fuerza (12,6%) en las elecciones germanas de septiembre.

Hoy Austria evidencia que los diques de contención a la derecha populista cada vez son más endebles y porosos. Parecen capaces de evitar que esta conquiste un Gobierno o presidencia clave de la UE, pero no de impedir su expansión en las urnas, que sus líderes ganen respetabilidad y su discurso contamine el de la derecha. Además, los recursos a los que se echa mano para evitarlo son cada vez más penosos. En Roma se ha aprobado un sistema electoral (el Rosatellum) para impedir un eventual triunfo del ‘antiestablishment’ Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo (M5S). Y en Viena la derecha conservadora ha cometido un craso error al urdir un remedo ‘light’ del ideario del FPÖ. ¿Cuál es el riesgo de tal estrategia? Lo explicitó Jean-Marie Le Pen al afirmar que, en estos casos, los electores “prefieren el original a la copia”. Cuidado, pues, con los plagios.

Resultados de los comicios de Austria (diario Ara).

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* Artículo publicado originalmente como X. Casals, “Austria como aviso“, El Periódico (17/X/2017).


ENTREVISTA A ANDREU JEREZ: “LA FINANCIÓN DE AFD ES UNA DE LAS GRANDES INCÓGNITAS POR DESPEJAR”

octubre 1, 2017

 

Andreu Jerez y Franco Delle Donne, autores de Factor AfD.

¿CUÁLES SON LAS CLAVES QUE EXPLICAN EL ASCENSO DE ALTERNATIVA PARA ALEMANIA [AfD, Alternative für Deutschland]?  Andreu Jerez y Franco Delle Donne lo explican de forma detallada y clara en su reciente ensayo Factor AfD.

La obra ofrece una amplia radiografía política y social de este partido de la ultraderecha germana que se ha convertido en  tercera fuerza del país (12.6% del voto). Ágil, bien documentada y de lectura fluida, Factor AfD traza una buena panorámica del crecimiento de la formación. En este sentido, es de lectura obligada para quién esté interesado en conocer -entre otros aspectos- su origen y evolución, los distintos sectores que la integran, su complejo liderazgo y las distintas claves de su éxito electoral.

Los autores conocen bien la realidad política germana. Jerez es un periodista de dilatada trayectoria y cuya formación incluye un máster de ciencias políticas. Residente en Berlín,  desde 2008 trabaja en el canal de televisión internacional Deutsche Welle y alimenta el blog Cielo bajo Berlín. Delle Donne, licenciado en Comunicación en Argentina y con un máster en Democracia y Gobierno, es consultor en comunicación en el Parlamento de Berlín y es autor del blog sobre política germana eleccionesenalemania.com.

Dado el interés de la obra para nuestros lectores y lectoras, hemos entrevistado a Jerez -a quien agradecemos su amabilidad al atendernos- y le hemos planteado las siguientes cuestiones, que reflejan algunos de los diversos temas que analiza Factor Afd.

¿Cuál es la presencia institucional actual de AfD?
 
AfD tiene actualmente fracciones propias en 13 parlamentos regionales, es la tercera fuerza en el Parlamento federal (Bundestag), obtuvo 7 eurodiputados en el Parlamento Europeo (de los que le quedan dos, porque perdió cinco tras la primera escisión protagonizada por el fundador de AfD, Bernd Lucke, en 2015). Cuenta con 151 diputados regionales y con 93 diputados federales (perdió uno por la decisión de Frauke Petry de abandonar la fracción y el partido aun día después de las últimas elecciones federales).
 
¿Cómo se explica su evolución desde el euroescepticismo hasta la ultraderecha?
 
Era una evolución relativamente previsible a partir de 2014, cuando el partido, todavía bajo la dirección de Lucke, comenzó a utilizar argumentos xenófobos en las primeras elecciones regionales en las que participó. A pesar de que AfD se autocalificó desde un principio con las etiquetas “nacional”, “liberal” y “conservador”, yo tenía bastante claro desde un comienzo que el partido sólo podría abrirse un hueco electoral a la derecha de la CDU-CSU endureciendo su discurso hasta llevarlo al ultraderechismo.

Ese caladero electoral ultra ya existía antes de la aparición de AfD, como llevaban apuntando hacía tiempo estudios sociológicos; lo que no existía era un partido operante que pudiera canalizarlo. Con AfD, esa fuerza ya existe. Lo que sí que es sorprendente es que su actual base electoral sea muy transversal; es decir, recibe muchos votos de exelectores de partido de izquierda (SPD y Die Linke) y también de abstencionistas y primeros votantes. Y eso es realmente lo preocupante, no que reciba un millón de votos de votantes ultraconservadores o el apoyo de las fuerzas neonazis tradicionalmente residuales en Alemania.

Espots electorales de AfD en las elecciones legislativas de 2013.

¿Quiénes son sus votantes? 

Como comento, el voto de AfD, como quedó plasmado en el resultado de las últimas elecciones federales, es profundamente transversal en lo ideológico, lo socioeconómico y lo territorial. Pese a ello, se podría decir que el votante predominante es un hombre asalariado de ingresos medios o medios-bajos. Si ese hombre es germanooriental, la posibilidad de votar es doblemente mayor. Hago una descripción bastante detallada del voto de AfD en las últimas elecciones en el siguiente artículo: https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-09-27/afd_1450364/

¿Por qué no tiene un líder consolidado?

Sencillamente, porque no ha aparecido todavía. AfD es un partido profundamente dividido casi desde sus inicios. Como has leído en el libro, nosotros hacemos una división de tres familias. Esta característica ha sido utilizada inteligentemente por la presidencia federal del partido, con Alexander Gauland como principal ideólogo al frente, para dirigirse políticamente a diferentes caladeros electorales susceptibles de votar ultra: neonazis, nacionalconservadores, socialdemócratas desencantados, germanoorientales frustrados, desempleados, euroescépticos, etcétera. Sin embargo, opino que ese liderazgo coral, tras haber sido una ventaja para estas últimas elecciones federales, podría convertirse en el futuro en un lastre político para el partido. Antes o después, AfD necesitará de un liderazgo sólido y bien definido si se quiera asentar en el tablero político alemán e incluso ser un alternativa real de gobierno.

Tras las elecciones del 24 de septiembre AfD es la tercera fuerza alemana (gráfico de El País).

¿Cómo se financia?

 Como explicamos en el capítulo 7 de Factor AfD, la financiación del partido, sobre todo en sus inicios, es una de las grandes incógnitas por despejar. Hay indicios sólidos de que AfD recibió financiación indirecta de grandes empresas familiares alemanas que ya no apoyaban las políticas económicas en favor del euro del Gobierno de Merkel. Si no, es difícil de explicar como un partido de sólo unos pocos meses de edad estuviera a punto de entrar al Bundestag en las elecciones federales de 2013. Cómo se financió si no AfD? Es lo que nosotros llamamos “fraccionamiento del capital alemán” causado por la crisis de deuda europea y del euro. Grandes empresas familiares, muy enfocadas en el mercado interior y no a las exportaciones, que apoyan a un partido euroescéptico y nacionalista. Actualmente, el asunto de la financiación está resuelto gracias a las subvenciones que recibe el partido por su asentada presencia parlamentaria e institucional.
 
¿Qué importancia ha tenido Internet en su expansión?

Como explicamos en varios capítulos del libro, AfD es el primer partido nativo digital que consigue presencia en el Bundestag. Prácticamente todos sus actuales líderes tenían perfiles en redes sociales incluso antes de la fundación de la formación. La presencia en las redes sociales de AfD funciona como una especia de caja de resonancia en la que se repiten siempre los mismos argumentos antisistema y xenófobos: a ello contribuye la hiperactividad de buena parte de sus seguidores, y también que estos no tengan contacto con otras fuentes de información por una profunda desconfianza en los medios tradicionales. Además, buena parte de los seguidores y simpatizantes de AfD en las redes y en internet tampoco siguen a otros partidos políticos. Sin su exitosa estrategia comunicativa en internet y en las redes sociales (provocación estratégica), el partido ultra nunca habría llegado a entrar en los medios tradicionales (TV, prensa, radio).

Alexander Gauland y Alice Weidel, actuales líderes de AfD (foto de Tobias Schwarz/AFP).

¿Ha venido para quedarse?

Personalmente, creo que sí. Al menos para al menos una década o dos legislaturas. Pero esto es, claro, pura especulación. El contexto de incertidumbres que acecha a Alemania y a la UE parece reforzar la hipótesis de que AfD tiene buenas cartas para establecerse a medio-largo plazo en el tablero político alemán. Cada crisis institucional o económica alimentará sus posturas antiestablishment. Paradójicamente, el actual principal enemigo de AfD son las divisiones internas del propio partido.


EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


RESISTENCIA SIN LIDERAZGO, EL NUEVO TERROR*

agosto 23, 2017

Cartel del Frente de Liberación Nacional Socialista de 1973/1974 llamando a la lucha armada.

LOS ACTUALES ATENTADOS YIHADISTAS EN OCCIDENTE LOS COMETEN INDIVIDUOS (LOS LLAMADOS LOBOS SOLITARIOS) O CÉLULAS REDUCIDAS que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como podría ser el caso de Barcelona. Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa. Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

“Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como ‘Hunter’, de William L. Pierce, que narra la actuación de un lobo solitario”

La amenaza más peligrosa

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

Apoyo literario

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente. Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

No obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS.

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

agosto 10, 2017

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

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* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF.


EL MOVIMIENTO 5 ESTRELLAS DE BEPPE GRILLO: SUS VOTANTES SON FAVORABLES A RECHAZAR A LA INMIGRACIÓN

julio 11, 2017

Cartel del M5S buscando candidatos de 2014.

¿HACIA DÓNDE SE DIRIGE EL CONTROVERTIDO MOVIMIENTO 5 ESTRELLAS [MoVimento 5 Stelle, M5S] DE BEPPE GRILLO?  A continuación reproducimos al respecto un artículo de Rossend Domènech, corresponsal en Roma de El Periódico, publicado el 2 de julio. Consideramos su análisis de interés, ya que ofrece una visión de los votantes de la formación y de su discurso, mostrando como conforma un partido en transformación.

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El Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, en transformación

Los indignados buscan su espacio en la política italiana marcando distancias con los progresistas y mantienen el tipo en los sondeos cara a las generales.

Tres años atrás no existían y cuando se asomaron a la arena política obtuvieron de golpe un 25% de los votos. Eran jóvenes, inexpertos y con ganas de gritar. Tras alcanzar el Gobierno de una ciudad o un puesto en el Parlamento, pagaron novatadas por la falta de costumbre en gobernar el día a día, pero están aprendiendo. En la segunda vuelta de las recientes elecciones municipales apoyaron a los partidos conservadores, no porque lo sean, sino para fastidiar a los progresistas del Partido Democráttico (PD).

Se habían presentado como Movimiento 5 Estrellas (M5S), como la puntuación de los mejores hoteles. Se decían indignados contra la casta política, reivindicaban la democracia directa a través de un clic en internet y prometían limpiar el Parlamento y el país de corrupción, corruptores y corruptos. En las municipales sus resultados no fueron nada buenos, pero cara a las elecciones generales del 2018 están en torno al 30% en los sondeos, más o menos igualados con el PD. Otro 30% del electorado se lo reparten las derechas y la calderilla que queda está disperdigada. Podrían ganar, según indican las encuestas, aunque en muchas latitudes no suelen ser fiables.

Votantes muy diversos

La composición sociólogica del M5S no es uniforme. Quienes más les votan, según los analistas sociales, son los trabajadores autónomos y los empresarios (43%), seguidos por obreros (36%), empleados y profesores (35%), estudiantes (34%), trabajadores en paro (32%) y profesionales liberales (24%). Cuentan con el voto del 32% de los hombres y del 23% de las mujeres.

En el sur de la península alcanzan el 36% de los votos, el 29% en el centro-sur y el 27% en el noreste, feudo tradicional de la Democracia Cristiana y después de la Liga del Norte. El 41% de sus electores rechazan las divisiones políticas tradicional de derechas e izquierdas, conservadores o progresistas.

Por edades, la mayoría de los votos los cosechan en la franja de 30 a 44 años (36%), seguida por los veinteañeros (34%). El nivel de instrucción de los indignados italianos es alto (31%) y medio (29%).

Contra la inmigración

Los electores “grillitos” son favorables a rechazar a los inmigrantes porque les consideran una amenaza a la seguridad (51%), apoyan una ley de defensa personal para poder reaccionar con armas frente a la violencia (60%), manifiestan escasa confianza en la Unión Europea (27%) y piensan que las democracias pueden funcionar sin partidos (55%)

Al contrario del progresista PD, el movimiento fundado por Beppe Grillo, un cómico en activo, “no es un partido de masas, porque su base electoral no es específica”, como ha escrito el sociólogo Ilvo Diamanti. Les votan de todas partes “sin desequilibios específicos”.

Grillo, el guardián de las esencias

Grillo, el líder, ha sufrido varias transformaciones. Todo el mundo le conoce por su cabellera y barba blancas y por sus gritos estentóreos contra todo y todos. Cuando mudó los teatros por las plazas hizo popular el “vaffanculo” (“A tomar por…”), dirigido a los políticos. Algo que gusta a las plazas de autónomos enfadados con Hacienda, obreros en paro a causa de los robots y las transformaciones industriales, pequeños empresarios agotados por la globalización y amas de casa desorientadas ante los escándalos, día sí día no, por la insalubridad de los alimentos.

Ahora Grillo ya no es un líder, sino el garante de que el M5S no se desvíe de la recta vía. Con su moto recorre la península de arriba abajo, apuntalando a alcaldes novatos –como a la inexperta Virginia Raggi en Roma, quien heredó una ciudad infiltrada por las mafias hasta el meollo, de las que no consigue desprenderse– y echando a los rebeldes.


LOS ERRORES DE LA IZQUIERDA ANTE EL PROGRESO DE LA ULTRADERECHA EN EL ÁMBITO OBRERO

julio 3, 2017

 

EL CRECIMIENTO DE LA ULTRADERECHA EN EL MEDIO OBRERO SE HA BENEFICIADO DE LA DISOCIACIÓN ENTRE LOS PARTIDOS DE IZQUIERDA Y SUS ELECTORES.

Una izquierda que se aleja de su base obrera

En Francia, el PS se ha aburguesado: en sus filas están sobre-representados los titulados superiores, sus élites se reclutan entre las clases medias y la presencia de diputados obreros ha conocido un descenso constante: entre 1905 y 1914 representaban un 36%, del total, que disminuyó al 17% entre 1924 y 1936, hasta situarse  en un modesto 3.6% en 1981.[i] Igual sucedió con el número de militantes obreros: en 1985 eran un 10%, porcentaje que en 1998 se había reducido al 5%.[ii]

Tal situación crea la percepción de que la jerarquía interna de las formaciones de izquierda es calcada a la social.[iii] Paralelamente, la insistencia de la izquierda en los combates éticos (especialmente el antirracismo) hasta convertirlos en una prioridad ha alejado a sectores populares que no comulgan con estos discursos y tienen la sensación que este interés por el compromiso ético de las formaciones izquierdistas se atenúa en lo relativo a las cuestiones sociales.[iv]

El lepenista ha reivindicado a Jean Jaurès, una figura esencial del socialismo francés.

En general, el grueso de las élites de los partidos en Europa occidental muestra  escasas diferencias internas en relación a su procedencia social, lo que ha provocado una desafección de amplios sectores ciudadanos y ha facilitado el desarrollo de conceptos peyorativos como “casta”. Tal tendencia ya era constatable a inicios del presente siglo en Cataluña (y cabe pensar que en España)[v] y afectaría al conjunto de los partidos tradicionales.

Un estudio elaborado con datos del 2000 sobre el perfil de los delegados que asistían a los congresos de las formaciones catalanas llegó a tres conclusiones llamativas. La primera era que en todas las formaciones, exceptuando a Esquerra Unida i Alternativa [EUiA] (representante en Cataluña de Izquierda Unida), predominaban los universitarios, mientras que los porcentajes de delegados sin estudios o con estudios primarios eran muy bajos (en la mayoría de casos no alcanzaban el 10%). La segunda fue que “predominaban ocupaciones de elevada calificación, en detrimento de aquellas que exigen unos niveles inferiores de preparación”, y que la mayoría de formaciones presentaban altos porcentajes de delegados con cargos dirigentes y muy pocos obreros, salvo EUiA de nuevo (un 25% de sus delegados eran obreros). La tercera fue que buena parte de los incentivos para la participación política pasaban “por la distribución de cargos orgánicos dentro de los partidos: en todos los partidos los delegados con cargo interno supera a la mitad de los asistentes al congreso”.[vi] Obviamente, este reclutamiento de las élites difícilmente favorece la empatía con medios obreros.*

Una reflexión crítica nada frecuente

En este marco nos parece muy recomendable una autocrítica de una dirigente socialista, Sarah Proust: Apprendre de ses erreurs. La gauche face au Front National.

En este breve ensayo publicado en febrero de este año ofrece una interesante reflexión de los errores que ha cometido el PS francés, pero que son extrapolables a buena parte de la izquierda. La obra analiza lo que a los ojos de la autora son los principales desaciertos cometidos por los socialistas ante el ascenso lepenista. Su análisis parte de 1998, cuando empezó a militar en las filas del partido.

Entre las equivocaciones que examina nos parece interesante destacar la amalgama que a veces se efectúa entre derecha y ultraderecha, señalando que ambas “son lo mismo”; rechazar abordar determinados temas porque los capitaliza el lepenismo, como la identidad o la soberanía; o hacerlo de forma discreta en el caso de otros, como la inmigración. En suma, se trata de un texto interesante y que aporta una visión crítica “desde dentro” nada habitual por su sinceridad y contundencia.

Notas

[i] Crépon, Sylvain. 2012. Enquête au coeur du Nouveau Front National. París: Nouveau Monde éditions, p. 145.

[ii] Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, p. 382.

[iii] Crépon, Sylvain. 2012. Enquête au coeur du Nouveau Front National. París: Nouveau Monde éditions, p. 161.

[iv] Ibídem, p. 150.

[v] En Cataluña se ha advertido este fenómeno en un estudio de la Barcelona metropolitana: Subirats, Marina. 2012. Barcelona: de la necessitat a la llibertat. Barcelona: L’Avenç, pp. 392-393.

[vi] Baras, Montserrat. ed. 2004. Els militants dels partits polítics a Catalunya. Perfils socials i percepcions polítiques. Barcelona: Institut de Ciències Polítiques i Socials, pp. 189-190.

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* Este texto es un fragmento de nuestro estudio  ¿Por qué los obreros apoyan a la ultraderecha? Diez reflexiones para elaborar una respuesta, accesible en PDF clicando aquí.