LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

agosto 10, 2017

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

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* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF.


EL MOVIMIENTO 5 ESTRELLAS DE BEPPE GRILLO: SUS VOTANTES SON FAVORABLES A RECHAZAR A LA INMIGRACIÓN

julio 11, 2017

Cartel del M5S buscando candidatos de 2014.

¿HACIA DÓNDE SE DIRIGE EL CONTROVERTIDO MOVIMIENTO 5 ESTRELLAS [MoVimento 5 Stelle, M5S] DE BEPPE GRILLO?  A continuación reproducimos al respecto un artículo de Rossend Domènech, corresponsal en Roma de El Periódico, publicado el 2 de julio. Consideramos su análisis de interés, ya que ofrece una visión de los votantes de la formación y de su discurso, mostrando como conforma un partido en transformación.

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El Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, en transformación

Los indignados buscan su espacio en la política italiana marcando distancias con los progresistas y mantienen el tipo en los sondeos cara a las generales.

Tres años atrás no existían y cuando se asomaron a la arena política obtuvieron de golpe un 25% de los votos. Eran jóvenes, inexpertos y con ganas de gritar. Tras alcanzar el Gobierno de una ciudad o un puesto en el Parlamento, pagaron novatadas por la falta de costumbre en gobernar el día a día, pero están aprendiendo. En la segunda vuelta de las recientes elecciones municipales apoyaron a los partidos conservadores, no porque lo sean, sino para fastidiar a los progresistas del Partido Democráttico (PD).

Se habían presentado como Movimiento 5 Estrellas (M5S), como la puntuación de los mejores hoteles. Se decían indignados contra la casta política, reivindicaban la democracia directa a través de un clic en internet y prometían limpiar el Parlamento y el país de corrupción, corruptores y corruptos. En las municipales sus resultados no fueron nada buenos, pero cara a las elecciones generales del 2018 están en torno al 30% en los sondeos, más o menos igualados con el PD. Otro 30% del electorado se lo reparten las derechas y la calderilla que queda está disperdigada. Podrían ganar, según indican las encuestas, aunque en muchas latitudes no suelen ser fiables.

Votantes muy diversos

La composición sociólogica del M5S no es uniforme. Quienes más les votan, según los analistas sociales, son los trabajadores autónomos y los empresarios (43%), seguidos por obreros (36%), empleados y profesores (35%), estudiantes (34%), trabajadores en paro (32%) y profesionales liberales (24%). Cuentan con el voto del 32% de los hombres y del 23% de las mujeres.

En el sur de la península alcanzan el 36% de los votos, el 29% en el centro-sur y el 27% en el noreste, feudo tradicional de la Democracia Cristiana y después de la Liga del Norte. El 41% de sus electores rechazan las divisiones políticas tradicional de derechas e izquierdas, conservadores o progresistas.

Por edades, la mayoría de los votos los cosechan en la franja de 30 a 44 años (36%), seguida por los veinteañeros (34%). El nivel de instrucción de los indignados italianos es alto (31%) y medio (29%).

Contra la inmigración

Los electores “grillitos” son favorables a rechazar a los inmigrantes porque les consideran una amenaza a la seguridad (51%), apoyan una ley de defensa personal para poder reaccionar con armas frente a la violencia (60%), manifiestan escasa confianza en la Unión Europea (27%) y piensan que las democracias pueden funcionar sin partidos (55%)

Al contrario del progresista PD, el movimiento fundado por Beppe Grillo, un cómico en activo, “no es un partido de masas, porque su base electoral no es específica”, como ha escrito el sociólogo Ilvo Diamanti. Les votan de todas partes “sin desequilibios específicos”.

Grillo, el guardián de las esencias

Grillo, el líder, ha sufrido varias transformaciones. Todo el mundo le conoce por su cabellera y barba blancas y por sus gritos estentóreos contra todo y todos. Cuando mudó los teatros por las plazas hizo popular el “vaffanculo” (“A tomar por…”), dirigido a los políticos. Algo que gusta a las plazas de autónomos enfadados con Hacienda, obreros en paro a causa de los robots y las transformaciones industriales, pequeños empresarios agotados por la globalización y amas de casa desorientadas ante los escándalos, día sí día no, por la insalubridad de los alimentos.

Ahora Grillo ya no es un líder, sino el garante de que el M5S no se desvíe de la recta vía. Con su moto recorre la península de arriba abajo, apuntalando a alcaldes novatos –como a la inexperta Virginia Raggi en Roma, quien heredó una ciudad infiltrada por las mafias hasta el meollo, de las que no consigue desprenderse– y echando a los rebeldes.


LOS ERRORES DE LA IZQUIERDA ANTE EL PROGRESO DE LA ULTRADERECHA EN EL ÁMBITO OBRERO

julio 3, 2017

 

EL CRECIMIENTO DE LA ULTRADERECHA EN EL MEDIO OBRERO SE HA BENEFICIADO DE LA DISOCIACIÓN ENTRE LOS PARTIDOS DE IZQUIERDA Y SUS ELECTORES.

Una izquierda que se aleja de su base obrera

En Francia, el PS se ha aburguesado: en sus filas están sobre-representados los titulados superiores, sus élites se reclutan entre las clases medias y la presencia de diputados obreros ha conocido un descenso constante: entre 1905 y 1914 representaban un 36%, del total, que disminuyó al 17% entre 1924 y 1936, hasta situarse  en un modesto 3.6% en 1981.[i] Igual sucedió con el número de militantes obreros: en 1985 eran un 10%, porcentaje que en 1998 se había reducido al 5%.[ii]

Tal situación crea la percepción de que la jerarquía interna de las formaciones de izquierda es calcada a la social.[iii] Paralelamente, la insistencia de la izquierda en los combates éticos (especialmente el antirracismo) hasta convertirlos en una prioridad ha alejado a sectores populares que no comulgan con estos discursos y tienen la sensación que este interés por el compromiso ético de las formaciones izquierdistas se atenúa en lo relativo a las cuestiones sociales.[iv]

El lepenista ha reivindicado a Jean Jaurès, una figura esencial del socialismo francés.

En general, el grueso de las élites de los partidos en Europa occidental muestra  escasas diferencias internas en relación a su procedencia social, lo que ha provocado una desafección de amplios sectores ciudadanos y ha facilitado el desarrollo de conceptos peyorativos como “casta”. Tal tendencia ya era constatable a inicios del presente siglo en Cataluña (y cabe pensar que en España)[v] y afectaría al conjunto de los partidos tradicionales.

Un estudio elaborado con datos del 2000 sobre el perfil de los delegados que asistían a los congresos de las formaciones catalanas llegó a tres conclusiones llamativas. La primera era que en todas las formaciones, exceptuando a Esquerra Unida i Alternativa [EUiA] (representante en Cataluña de Izquierda Unida), predominaban los universitarios, mientras que los porcentajes de delegados sin estudios o con estudios primarios eran muy bajos (en la mayoría de casos no alcanzaban el 10%). La segunda fue que “predominaban ocupaciones de elevada calificación, en detrimento de aquellas que exigen unos niveles inferiores de preparación”, y que la mayoría de formaciones presentaban altos porcentajes de delegados con cargos dirigentes y muy pocos obreros, salvo EUiA de nuevo (un 25% de sus delegados eran obreros). La tercera fue que buena parte de los incentivos para la participación política pasaban “por la distribución de cargos orgánicos dentro de los partidos: en todos los partidos los delegados con cargo interno supera a la mitad de los asistentes al congreso”.[vi] Obviamente, este reclutamiento de las élites difícilmente favorece la empatía con medios obreros.*

Una reflexión crítica nada frecuente

En este marco nos parece muy recomendable una autocrítica de una dirigente socialista, Sarah Proust: Apprendre de ses erreurs. La gauche face au Front National.

En este breve ensayo publicado en febrero de este año ofrece una interesante reflexión de los errores que ha cometido el PS francés, pero que son extrapolables a buena parte de la izquierda. La obra analiza lo que a los ojos de la autora son los principales desaciertos cometidos por los socialistas ante el ascenso lepenista. Su análisis parte de 1998, cuando empezó a militar en las filas del partido.

Entre las equivocaciones que examina nos parece interesante destacar la amalgama que a veces se efectúa entre derecha y ultraderecha, señalando que ambas “son lo mismo”; rechazar abordar determinados temas porque los capitaliza el lepenismo, como la identidad o la soberanía; o hacerlo de forma discreta en el caso de otros, como la inmigración. En suma, se trata de un texto interesante y que aporta una visión crítica “desde dentro” nada habitual por su sinceridad y contundencia.

Notas

[i] Crépon, Sylvain. 2012. Enquête au coeur du Nouveau Front National. París: Nouveau Monde éditions, p. 145.

[ii] Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, p. 382.

[iii] Crépon, Sylvain. 2012. Enquête au coeur du Nouveau Front National. París: Nouveau Monde éditions, p. 161.

[iv] Ibídem, p. 150.

[v] En Cataluña se ha advertido este fenómeno en un estudio de la Barcelona metropolitana: Subirats, Marina. 2012. Barcelona: de la necessitat a la llibertat. Barcelona: L’Avenç, pp. 392-393.

[vi] Baras, Montserrat. ed. 2004. Els militants dels partits polítics a Catalunya. Perfils socials i percepcions polítiques. Barcelona: Institut de Ciències Polítiques i Socials, pp. 189-190.

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* Este texto es un fragmento de nuestro estudio  ¿Por qué los obreros apoyan a la ultraderecha? Diez reflexiones para elaborar una respuesta, accesible en PDF clicando aquí.


UN ANTIGUO EXPERTO EN DERECHO DE ASILO Y UNA ECONOMISTA QUE ASUME SU HOMOSEXUALIDAD LIDERAN LA ULTRADERECHISTA AFD

mayo 18, 2017

La Deutsche Welle anuncia la renuncia de Frauke Petry a liderar AfD en las próximas elecciones legislativas (19/IV/2017).

EN ABRIL NOS HICIMOS ECO EN ESTE BLOG DE TENSIONES EN ALTERNATIVA PARA ALEMANIA [AfD]. Tal situación desembocó finalmente en un cambio de liderazgo y de discurso de la formación. Actualmente está presente en 13 de los 16 parlamentos regionales (tras los comicios celebrados en Renania del Norte-Westfalia) y se dispone a afrontar en los meses venideros su cita más importante: los comicios legislativos previstos el 24 de septiembre, en los que se da por segura su entrada al parlamento.

En este marco, el cambio de dirección del partido es relevante. Tuvo lugar en el congreso que el partido celebro en Colonia que reunió a 600 delegados y marcó un giro derechista en el mensaje central de AfD contra el pragmatismo de Petry, deseosa de conformar una opción capaz de participar en coaliciones de gobierno. El resultado fue que Petry dejó al dirección del partido, que ahora carece de candidato, y su liderazgo ha pasado a ejercerlo una copresidencia de perfiles distintos: Alexander Gauland y Alice Weidel.

El experto en política de asilo y la economista de homosexualidad asumida

Se da la paradoja de que Gauland es un expolítico de la CDU que fue experto en materia de asilo y en los años setenta organizó la acogida de 250 refugiados vietnamitas para el ayuntamiento de Frankfurt. Sin embargo, en AfD ha cultivado los apoyos de sectores más derechistas y, por ejemplo,  se opuso a la expulsión de Björn Höcke, un dirigente que consideró un “escándalo” el monumento del Holocausto de Berlín.

Por su parte, Weidel, -señala El Español es una empresaria, doctorada en económicas y que ha trabajado para firmas como el Bank of China y Goldman Sachs. Asimismo, pese a que AfD defiende el modelo de familia tradicional, esta madre de dos hijos mantiene una relación homosexual. Se ha considerado que su ascenso al frente del partido otorga visibilidad a la “corriente de la ultraderecha alemana donde se mueve un grupo de homosexuales que, aun siendo una minoría, tienen ahora a alguien del colectivo lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) como referente en la vanguardia del partido”.

A continuación, reproducimos un perfil de ambos elaborado por Volker Wagener para la corporación oficial alemana Deutsche Welle y publicado originalmente el 24 de abril por considerarlo de interés para nuestros lectores.  Las imágenes reproducidas proceden de la misma fuente.

 

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Weidel y Gauland: un poco de todo en la AfD

El nuevo dúo al frente la formación conservadora alemana no podría ser más diferente, pero ambos coinciden en situarse a la derecha. ¿Quiénes son Weidel y Gauland?

AfD Bundesparteitag Alice Weidel , Alexander Gauland (picture alliance/dpa/R.Vennenbernd)

Como si fuese un abuelo con su nieta, ambos trabajan mano a mano para Alternativa para Alemania (AfD). Aparentan defender juntos un programa muy amplio, pero el caballero con chaqueta al estilo inglés y la dama gestora con pantalón y camisa no solo son diferentes por su apariencia. También las señales que envían a los electores potenciales son distintas.

Además de representar un corte demográfico transversal, representan también estilos de vida diferentes. Cumplen con las aspiraciones de la derecha y del liberalismo económico, de los ultraconservadores y de los que defienden las relaciones entre personas del mismo sexo, de los grandes señores y de los adolescentes. Un ente que representa a todo tipo de modelos de vida y una jugada maestra, si es que así estaba planeada.

Entre el gris y el rubio

A sus 76 años, Gauland, vicepresidente del partido, simboliza la continuidad en este joven partido en el que todavía no hay un liderazgo de ideas ni poder concreto. Puede observar con benevolencia y, al mismo tiempo, ser un nacionalista alemán de lo más conservador, un político de la vieja escuela. Por el contrario, con tan solo 38 años, su compañera es una asesora empresarial independiente y un alevín políticamente hablando.

Sin embargo, ambos coinciden en una cosa: en caminar por la derecha. Tratar de conseguir mayor aceptación ciudadana para el partido fue la apuesta perdida de la exlíder Frauke Petry. Y como se pudo ver después del congreso de Colonia, el partido está ahora todavía más a la derecha.

Weidel se encargó de marcar el compás nacionalista, con tonos más agudos incluso que los de su compañero. Las primeras muestras se vieron en Colonia, cuando dijo ante los delegados que la corrección política había quedado en el basurero de la historia. También gritó que lucharía por Alemania “con la ayuda de Dios”. Una melodía perfecta para los círculos nacionalistas alemanes y unas palabras que, a pesar de ser nuevas, parecen extrañas cuando las pronuncia una mujer con dos hijos que vive en una relación lésbica. A partir de ahora, en la AfD también caben otros modelos de familia aparte del tradicional de padre, madre e hijo.

¿Moderada o a la derecha?

Económicamente, Alice Weidel apuesta por expulsar a España y Portugal de la zona euro y por mantener el dinero en efectivo. Como euroescéptica, dirige en la AfD el Comité Técnico “Euro y Moneda”. Su fama de moderada solo es comprensible en relación con otras opiniones más radicales de su partido. Es una defensora a ultranza de endurecer la política de asilo y, aunque apoyase la expulsión del ultraderechista Björn Höcke, quiere seguir haciendo campaña con él.

Ahora, Weidel es la nueva cara de la AfD. Ascendió este fin de semana al poder gracias a Gauland, que ya apoyaba su candidatura antes del congreso. Según Gauland, tal combinación solo funcionará si ambos trabajan “en conjunto”. Exactamente igual que lo demostraron en el congreso, cuando tomaron el mando casi por sorpresa con dos tercios de los votos.

Gauland hoy y antes

Mientras Weidel está en el punto de mira de todos, los antiguos compañeros de Gauland todavía se siguen preguntando cómo ha llegado a esta situación. El expolítico de la CDU era experto en materia de asilo y, a finales de los 70, organizó la llegada de 250 refugiados de Vietnam para el ayuntamiento de Frankfurt. Era consciente de las dificultades de los “balseros” en el mar de la China Oriental. Precisamente, la misma persona que hoy habla de una “avalancha humana” en Alemania.

Durante su juventud política, también sorprende que fuese el encargado de negociar con sus rivales políticos la compra de obras de arte de Warhol, Liechtenstein y Beuys para abrir un museo. Compañeros de entonces reconocen que tenía gran instinto político, porque aunque Gauland no estaba muy interesado en el arte, sabía el prestigio que suponía abrir un museo en Frankfurt. ¿Podría ser también su triunfo con Weidel un golpe estratégicamente calculado?


¿POR QUÉ SE HA ECLIPSADO PLATAFORMA POR CATALUÑA [PxC]?*

mayo 11, 2017

Josep Anglada, impulsor y líder de la PxC hasta su expulsión de la misma (imagen de directa.cat).

MIENTRAS QUE EN EUROPA LA EXTREMA DERECHA CONOCE UN ASCENSO, la derecha populista que representa Plataforma por Cataluña [PxC] se ha eclipsado desde los comicios locales del 2015. Entonces los 65.905 votos que consiguió en el 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 regidores a 8. ¿Qué explica este declive del partido fundado y liderato por el vicense Josep Anglada? Consideramos que la respuesta se halla en la confluencia de tres factores: la crisis interna de la formación, el peso político del secesionismo y la irrupción de nuevas siglas críticas con las élites.

La crisis de liderazgo

En febrero de 2014 la cúpula del partido expulsó Anglada. Entonces Robert Hernando devino nuevo responsable de PxC y empezó una pugna entre el fundador y la nueva dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido cuando había empezado un lento descenso electoral. Llegó a obtener 75.134 votos (2,4%) en los comicios autonómicos del 2010, pero en los municipales del 2011 captó 65.905 (2.3%); en los legislativos de aquel año, 59.781 (1.7%); y 60.107 (1.2%) en las elecciones del parlamento catalán de 2012. Además, el plataformismo se fragmentó, dado que Anglada -que en 2015 obtuvo un escaño en Vic con la nueva marca Plataforma Vigatana (PLVI)- impulsó el partido Som Identitaris (SOMI).

La agenda política marcada por el independentismo

El protagonismo del secesionismo complicó más el escenario a PxC. El partido había superado de forma limitada la agrieta catalanismo-españolismo con el lema “Primero los de casa”, que proyectó un eje ideológico que contrapuso “autóctonos” (ya se sintieran estos catalanes o españoles) y foráneos (inmigrantes). Pero el auge del separatismo devolvió al primer plano la dicotomía Cataluña-España y quedaron arrinconados del debate temas estelares del partido, como la inmigración y la seguridad ciudadana. Además, el independentismo ha conformado una dinámica inclusiva: tanto partidarios de la secesión como los opositores quieren una movilización amplia, cosa que comporta desterrar discursos de “prioridad nacional” como los de PxC.

La irrupción de nuevas marcas antiestablishment

Para concluir, debemos recordar que este partido hizo eclosión en los comicios locales del 2003 y se expandió en los del 2007 y 2011 haciendo bandera no sólo de su oposición a la inmigración, sino también de un discurso contra la “casta política”. Aludía así a un Establishment supuestamente corrupto y “antinacional” que favorecía los inmigrantes en detrimento de los autóctonos. Pero de forma progresiva el mensaje contra las élites lo enarbolaron con éxito otras fuerzas emergentes ajenas a la ultraderecha. Hernando -el sustituto de Anglada- ya detectó esta competencia política tras obtener Podemos el 8% de los votos de los comicios europeos el 2014: “Nosotros ya habíamos acuñado el concepto de casta política cuando Pablo Iglesias todavía ni se recogía la cola”, explicó.

¿Ha muerto políticamente el “plataformismo”?

Este panorama dificulta la recuperación de PxC o el ascenso de una formación similar. Pese a ello, no deben perderse de vista dos factores. Uno es que Badalona -tercera urbe catalana en población- demuestra que en ciertos lugares del área metropolitana puede tener impacto un discurso sobre la immigración y el orden público como el esgrimido por Xavier García Albiol. Sus votos no han parado de crecer en los comicios municipales: 21,8% en 2007, 33.4% en 2011 y 34.3% en 2015. El otro factor lo destacó el analista Carles Castro en La Vanguardia (7/Y/2017): según sondeos del CIS, el 40% de ciudadanos estatales consideran “excesivo” el número de extranjeros.

Por consiguiente, no se puede descartar, a medio o largo plazo, la recuperación de una PxC que conoce horas bajas e impulsa la federación estatal Respeto (junto al Partido por la Libertad [PxL] y España 2000). Si fracasa puede surgir una nueva marca que recupere su discurso y vuelva a obtener apoyo a las urnas.

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* Este artículo lo publicamos originalmente en catalán en el diario Ara. Véase X. Casals, “Per què s’ha eclipsat Plataforma per Catalunya?”, Ara (7/V/2017)


EL UNIVERSO LEPENISTA EN CINCO ARTÍCULOS*

abril 24, 2017

CUANDO MARINE LE PEN SE PREPARA PARA LA SEGUNDA VUELTA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES… ¿Podemos resumir el universo lepenista en unas pocas referencias documentales?

La bibliografía sobre el Front National [FN] lepenista es ingente y difícil de reducir a cinco aportaciones por muchas razones, de las que citamos a continuación las que consideramos más importantes y aconsejamos una lectura al respecto en cada una de ellas.

1. Partido, pero también empresa familiar

Es ilustrativa y gráfica la aproximación a la familia Le Pen en 37 imágenes que recientemente publicó L’Obs: “La saga familiale de l’entreprise Le Pen”.

En primer lugar, el FN es un partido creado en 1972 y cuenta, por consiguiente, con 45 años de historia con la particularidad de constituir una marca corporativa dinástica: “Le Pen”. Ambos rótulos son indisociables: sin conocer a la familia no es posible conocer al partido (incluyendo el portazo de una de las hijas, Marie-Caroline Le Pen, al sumarse a una escisión en 1998). De hecho, hoy en su liderazgo conviven ya tres generaciones: el padre, Jean-Marie; su hija Marine y una nieta, Marion.  

2. ¿Podemos hablar de “nuevo” y “viejo” lepenismo?

En segundo lugar, porque su evolución ha sido compleja, pasando de ser un partido “antisistema” en la etapa guiada por Jean-Marie Le Pen a un partido deseoso de reemplazar a la derecha conservadora bajo el liderazgo de su hija. Tal afán ha conducido a realizar una compleja evolución a Marine Le Pen con un afán “desdiabolizador”, que -según distintos expertos- no ha variado substancialmente los ejes ideológicos profundos del lepenismo. Es interesante al respecto este apunte periodístico de las tesis del politólogo Alexandre Dézé (uno de quienes subraya que no hay cambios esenciales en la ideología): “Cinq idées reçues sur le “nouveau” Front National”.

3. El gran logro: crear una ultraderecha ecuménica

En tercer lugar, porque el FN ha sido una formación que ha logrado devenir un “partido ecuménico” del ámbito de la extrema derecha, lo que ha permitido a la formación agrupar y convivir en ella a distintos sectores de este espectro, como “identitarios”, legitimistas y también seguidores de la Nouvelle Droite o gaullistas desencantados.

Es difícil hallar síntesis breves que expliquen este proceso, pero es sumamente interesante y bien elaborada la que publicó Jean-Yves Camus, uno de los más relevantes expertos en el FN, traducida al catalán en la revista L’Espill en 2011, accesible en PDF (pp. 92-101) en un dossier sobre la derecha populista europea: “El Front National: entre la normalització democràtica i la força antisistema”.

4. El apoyo obrero al lepenismo, un largo debate

En cuarto lugar, desde que el FN hizo su eclosión institucional en los comicios europeos de 1984, en los que obtuvo un 11% de los votos y un 10 escaños en Estrasburgo, se ha integrado en el paisaje político francés y se ha normalizado. De este modo, hoy ya no se alude tanto a “mutaciones” del electorado, pues numerosos votantes han crecido en un marco político en el que el FN era una opción más y se han alineado con sus líderes y discursos.

En este sentido, la procedencia de su importante voto obrero es objeto de un importante debate académico. Puede accederse a una aproximación reciente al tema en un opúsculo que recoge intervenciones de expertos que plantean si estos sufragios son resultado de un cambio de apoyo de la izquierda a la ultraderecha o el resultado de una larga tendencia: Le Front National et les ouvriers: longue histoire ou basculement?

5. La geopolítica frentista y el tema ruso

En quinto lugar, porque sus conexiones internacionales han variado con el tiempo y han sido complejas. De este modo, el FN ha tenido una ONG como SOS Enfants d’Irak o lazos con la Rusia de Putin. Igualmente, ha articulado liderazgos políticos en Estrasburgo y proyectos europeos como Euronat. ¿Cuál es, pues, la geopolítica del lepenismo? Aconsejamos al respecto leer las intervenciones de un debate al respecto recogido en el opúsculo La politique étrangère du Front National.

En él, por ejemplo, Jean-Yves Camus, destaca que en la relación entre lepenismo y “putinismo” se ha confundido la causa con el efecto: la financiación del partido por parte de bancos rusos no es la causa del apoyo lepenista a Putin, sino la consecuencia de que el lepenismo considere que el proyecto ideológico y social del gobierno de Putin sintoniza con el que eventualmente podría instaurar el FN en caso de llegar al pode

Un sitio web a tener en cuenta

Para concluir, aconsejamos al lector o lectora capaz de leer en francés las muy interesantes publicaciones y aportaciones on-line sobre el lepenismo del Observatoire des Radicalités Politiques de la Fondation Jean Jaurès: trabajos académicos solventes de carácter sintético y en su mayor parte asequibles en PDF de forma gratuita que ofrecen una información actualizada del universo lepenista.

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* Artículo publicado originalmente como “El universo lepenista en cinco artículos… según Xavier Casals” en www.agendapublica.es (23/IV/2017)


EL PRÓXIMO GRAND ROUND POPULISTA: MACRON CONTRA LE PEN

marzo 19, 2017

Marine Le Pen y Emmanuel Macron, los grandes aspirantes a la presidencia francesa.

TRAS LAS ELECCIONES HOLANDESAS, el nuevo gran reto que planteará el populismo antieuropeísta tendrá lugar en las elecciones presidenciales francesas, cuya primera vuelta tendrá lugar el 23 de abril. Sus dos grandes contendientes son Marine Le Pen y Emmanuel Macron.

A continuación reproducimos un interesante artículo de Marc Bassets publicado por El País (19/III/2017) que ofrece una síntesis bien planteada de la contienda que se plantea entre lo que el autor considera “las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo”.

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Macron contra Le Pen, el pulso del populismo global

Francia es el próximo escenario del choque entre las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo

El banquero-filósofo y la rica heredera. El elitista y la populista. El liberal y la partidaria de un estado fuerte e intervencionista. El europeísta y la soberanista. El cosmopolita y la chovinista. Los puentes y los muros.

Pocas veces el contraste había sido tan nítido y políticamente explosivo. Emmanuel Macron —un banquero de inversiones con formación humanista, un exministro de Economía que hoy ocupa el centro del tablero en Francia— y Marine Le Pen —líder y transformadora del partido ultra que fundó su padre— serán los probables finalistas en las elecciones presidenciales en Francia de esta primavera. No es descartable que el candidato de la derecha hasta ahora hegemónica, François Fillon, se acabe colando en la ronda final, pero, si los sondeos aciertan, Macron y Le Pen encabezarán la primera vueltas, el 23 de abril, y se disputarán la victoria en la segunda, el 7 de mayo.

Espot oficial de Marine Le Pen.

Puede ser la batalla decisiva entre las fuerzas que llevan más de un año colisionando a ambas orillas del Atlántico. Los términos del combate —dos ideas de Francia, de Europa y del mundo frente a frente— están bien delineados, y son similares a los de los últimos meses en Reino Unido, Estados Unidos y, esta semana, Holanda.

En Francia los dos candidatos se parecen en algunos aspectos. Ni Macron ni Le Pen han pasado por primarias en sus partidos. Son partidos emergentes, como En Marche!, el de Macron. O, en el caso del Frente Nacional de Le Pen, marginales: no por su fuerza electoral, que es sólida y considerable, sino porque se coloca fuera del consenso republicano predominante en las últimas décadas, y porque su peso legislativo es escaso. Ambos candidatos se postulan como políticos antisistema, aunque Macron haya sido ministro, y Le Pen y antes su padre, Jean-Marie lleven en política desde hace más de medio siglo.

Es más: ambos rechazan las etiquetas de derecha e izquierda; quieren trascenderla. El primero, desde el campo de los progresistas de todo color frente a los conservadores de izquierda y derecha: un extremo centroque abarcaría el vasto espacio que han dejado abiertos los viejos partidos hegemónicos. La segunda, desde una extrema derecha que asume referentes de la izquierda tradicional, como las ideas del Nobel de Economía Joseph Stiglitz sobre la desigualdad, o la retórica patriótica de Jean Jaurès, el padre del socialismo francés, ambos citados en discursos recientes por Le Pen.

“Vivimos una desestructuración de las líneas divisorias. Es decir, la división derecha-izquierda sobre el que se estructuraba toda la vida política hace treinta años, poco a poco ha perdido su legibilidad y, para muchos franceses, su pertinencia”, dice Gilles Finchelstein, director general de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista, y autor del ensayo ‘Trampa de identidad. Reflexiones (inquietas) sobre la izquierda, la derecha y la democracia’. El cambio se explica, primero, por la fatiga tras décadas de coexistencia y alternancia del PS y el actual partido de Los Republicanos. Además, nuevos asuntos han dividido transversalmente a la izquierda y a la derecha, como Europa: los europeístas y los euroescépticos están a ambos lados.

Presentarse con el programa de Macron, y más en un país reticente a toda reforma como es Francia, tiene algo de kamikaze. Defender el liberalismo económico en tiempos de desconfianza hacia el capitalismo; promover la sociedad abierta en tiempos de repliegue; ser europeísta sin complejos en un momento en que defender la integración europea suponer ir contracorriente: su empeño es temerario.

Espot oficial de Emmanuel Macron.

Una clave de su éxito es haber adoptado una actitud antiestablishment, lo que algunos han definido como un populismo liberal. Joven, con poca experiencia política, exbanquero: en apariencia son debilidades. Podrían convertirse en ventajas si los franceses ven, en un recién llegado, no un novato sino una esperanza de renovación, y en un banquero no un oligarca sino una garantía de autonomía financiera y profesional y de competencia económica.

Si Le Pen ganase, “sería el final, de facto, de la Unión Europea”, avisa Jeremy Shapiro del laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Pero si gana Macron, continúa, significará que el liberalismo entendido en el sentido amplio, no solo económico, sino como progresismo social, no está muerto, que “el problema no era el liberalismo en sí sino como había quedado atado a las viejas élites y figuras del establishment”.

Significará, también, que el relato del Brexit y de Donald Trump en EE UU, el de la rabia populista que hace temblar a los gobiernos occidentales, tiene sus límites. No hay un solo hilo: la realidad —y los sistemas políticos— son más sinuosos. Trump ganó siendo su rival demócrata, Hillary Clinton, la más votada; Le Pen puede perder tras ser la más votada en la primera vuelta.

“Que Francia elija a un presidente que no tiene ni 40 años, que es proeuropeo, que está abierto al mundo, teniendo en cuenta la imagen que puede haber del país y a la inquietud que existe sobre Marine Le Pen, sería una señal extraordinaria”, dice Finchelstein. “Pero aún no hemos llegado a este punto”.

ANTIGLOBALIZACIÓN O ‘ANTIESTABLISHMENT’

“Emmanuel Macron será una prueba sobre si lo que está ocurriendo es antiglobalización o antiestablishment”, dice Jeremy Shapiro, investigador en el laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y alto funcionario en el Departamento de Estado durante la Administración Obama. “Macron es un rostro nuevo, y en la política francesa los rostros nuevos son bastante raros. Y contrasta con Marine Le Pen: ella y su padre han sido una presencia en la política desde hace décadas. Ella es antiglobalización pero él, en cierto modo, es antiestablishment”.