EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


RESISTENCIA SIN LIDERAZGO, EL NUEVO TERROR*

agosto 23, 2017

Cartel del Frente de Liberación Nacional Socialista de 1973/1974 llamando a la lucha armada.

LOS ACTUALES ATENTADOS YIHADISTAS EN OCCIDENTE LOS COMETEN INDIVIDUOS (LOS LLAMADOS LOBOS SOLITARIOS) O CÉLULAS REDUCIDAS que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como podría ser el caso de Barcelona. Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa. Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

“Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como ‘Hunter’, de William L. Pierce, que narra la actuación de un lobo solitario”

La amenaza más peligrosa

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

Apoyo literario

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente. Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

No obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS.

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


LA DERECHA POPULISTA Y LOS JUDÍOS: ACTITUDES AMBIVALENTES

abril 16, 2017

Redada del Velódromo de Invierno en París (imagen de www.lasegundaguerra.com).

TRAS LOS ATENTADOS DEL 11-S DEL 2001 LA DERECHA POPULISTA INICIÓ UN LENTO GIRO ISLAMÓFOBO. El reverso de este giro fue que su antisemitismo se diluyó en el discurso oficial por dos razones.

Una es la máxima “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. En este sentido,  el giro islamófobo no solo ha otorgado renovado valor las “raíces cristianas” de Europa (criticadas en los años setenta y ochenta por discursos “neopaganos” surgidos de la llamada Nouvelle Droite), sino también al Estado de Israel. De ahí que una legación de líderes de este espacio político viajara a este país en diciembre de 2010 a entrevistarse en su parlamento con políticos ultraortodoxos. El dirigente de Interés Flamenco, Filip Dewinter, fue explícito sobre el sentido de aquel encuentro en Tel-Aviv: “El conflicto árabe-israelí ilustra la lucha entre la cultura occidental y el islam radical”, manifestó.

La otra razón es que la “desdiabolización” de este espectro ideológico para ampliar su electorado y normalizar su presencia política pasa por eliminar el antisemitismo de su discurso, pues le vincula a la tradición nazifascista.

Tres actitudes ambivalentes

En este marco, en los últimos días desde la órbita de la derecha populista se han efectuado declaraciones que han traslucido actitudes ambivalentes y complejas en relación al genocidio judío en EE.UU., Alemania y Francia.

Estados Unidos

El portavoz de Donald Trump en la Casablanca, Sean Spicer, tras un ataque con armas químicas efectuado en Siria el 7 de abril,  comparó al presidente Bachar el-Assad  con el líder del nazismo y dijo que era peor que Adolf Hitler, quien “ni siquiera se rebajó a usar armas químicas”. Pasó así por alto que el dictador alemán utilizó cámaras de gas para asesinar a millones de ciudadanos alemanes judíos. Posteriormente Spicer pidió disculpas:  “Francamente, por error hice una referencia inapropiada e insensible al Holocausto, con el que no cabe comparación”.

El caso sería anecdótico si no existiera un precedente llamativo sobre la cuestión que tuvo lugar el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto el 27 de enero. Entonces Donald Trump emitió un comunicado que no incluyó los términos “judíos” o “antisemitismo”, que sí utilizaron sus antecesores como Barack Obama o George W. Bush al participar en aquel homenaje.

Alemania

La líder de Alternativa para Alemania [AfD], Frauke Petry, afirmó el pasado 6 de abril que su partido era “uno de los pocos garantes políticos de la vida judía, también en tiempos de una migración antisemita ilegal hacia Alemania”.  Sus declaraciones eran una respuesta a las de Charlotte Knobloch, expresidenta del consejo central judío en Alemania y actual presidenta de la comunidad judía de Múnich, quien manifestó que “AfD es una desgracia para nuestro país y la comunidad judía no lo considera un partido al que poder votar”.

Para entender la polémica es importante tener presente que en enero un dirigente de AfD , Björn Höcke, calificó de “vergüenza” el monumento a las víctimas del Holocausto de Berlín y cuestionó también en una entrevista que Hitler hubiese sido un “malo absoluto”. Asimismo, en septiembre de 2016 la propia Petry sugirió volver a utilizar un término de claras connotaciones hitlerianas: Völkisch.

Francia

Marine Le Pen creó una controversia política en plena campaña presidencial el 11 de abril al manifestar que “Francia no fue responsable del Velódromo de Invierno”. “Si hubo responsables, fueron quienes estaban en el poder en la época, y no Francia”. Aludió así a la gran redada antisemita que tuvo lugar entre el 16 y 17 de julio de 1942 y que supuso la concentración en el parisino Velódromo de Invierno o Vel d’Hiv de 13.000 judíos, de los que solo unos cientos sobrevivieron. Le Pen hizo estas declaraciones amparándose en otras precedentes de –entre otros personajes- los expresidentes Charles De Gaulle y François Mitterrand.

Estas manifestaciones lepenistas generaron una polémica en la medida que –como ha señalado el corresponsal de La Vanguardia, Rafael Poch- hay un matiz entre la posición de De Gaulle y Mitterrand y la suya: ambos cancilleres afirmaron “que la República Francesa no fue responsable de aquello, porque se encontraba en el exilio o en la resistencia, no en el poder”. Sin embargo Le Pen “no habla de la República, como régimen, sino de ‘Francia’ como país, lo que se parece a un revisionismo históricamente defectuoso”.

Posiblemente Le Pen, al recurrir a estas declaraciones, ha pretendido animar su campaña con un discurso exculpatorio de la nación (en contraste a las declaraciones del presidente Jacques Chirac, quien en 1995 aludió a la “responsabilidad de Francia”). Con ellas quizá aspira a sintonizar con el orgulloso nacionalismo de sus seguidores, pero también pueden interpretarse como un guiño a su electorado más radical y de tradición ideológico neofascista, que es el área de procedencia del Frente Nacional.

Conclusión: el pasado aún pesa

De esta casuística se deduce que el genocidio judío, pese a los afanes de “desdiabolizar” la imagen de la derecha populista, aún continúa siendo una referencia de su discurso. El pasado todavía aflora en referencias erráticas, contradicciones, interpretaciones de la historia u omisiones y rehabilitaciones de vocablos significativos.


EUROPA: LA REINVENCIÓN CONSTANTE DE LA ULTRADERECHA*

abril 3, 2017

Propaganda lepenista del Frexit o abandono de Francia de la UE.

MARINE LE PEN, DIRIGENTE DEL FRENTE NACIONAL, QUIERE SER CONOCIDA COMO “MADAME FREXIT”, en alusión a su afán de que Francia rompa con la Unión Europea (UE). Posiblemente superará la primera vuelta de las presidenciales francesas del 23 de abril y sus tesis tendrán amplio eco.

Asimismo, en Italia gana protagonismo en el debate público el “italexit”, pues la Liga Norte desea que el país abandone la UE y, a su vez, el complejo Movimiento 5 Estrellas quiere convocar un plebiscito para dejar el euro. Sin embargo, es poco conocido que el actual mensaje antieuropeísta que emite la ultraderecha ha coexistido con una larga tradición de exaltación de una Europa unida desde este espectro político.

Los sueños europeos totalitarios

De este modo, señala el historiador Roger Griffin, sectores del fascismo italiano ya defendieron un “fascismo universal” de carácter cultural, especialmente a través de la revista Antieuropa. Así, en 1931 el periodista Asvero Gravelli preconizó la ruptura con la “vieja Europa” burguesa para edificar una “nueva Europa” fascista: “Somos la Herejía de la moderna Europa (…). Instauraremos la unidad religiosa de Europa para fundar el retorno a los ideales”, afirmó.

Pero diversos factores, especialmente la emergencia de movimientos fascistas tutelados por Adolf Hitler, hicieron que el “fascismo universal” fuese desplazado por el ideal hitleriano de un “Nuevo Orden Europeo”. Bajo tal rótulo, señala el también historiador Mark Mazower, durante la segunda guerra mundial (1939-1945) no hubo tanto un proyecto detallado de organización del continente como el afán de crear una Europa al servicio del Reich. No obstante, señala que ciertos ámbitos nazis reflexionaron sobre un espacio económico continental con metas similares a las de la Comunidad Económica Europea creada en 1957.

Los ideólogos de la guerra fría

Derrotado el Eje en 1945, excombatientes hitlerianos aprovecharon el temor a una agresión soviética para presentar a las Waffen SS (unidades multinacionales de las SS que combatieron en el frente del Este) como una suerte de ejército europeo que actuó como la vanguardia de la lucha anticomunista. Tales discursos fueron reelaborados de distinta forma en la posguerra. De este modo, los discursos raciales que identificaban a la “Europa blanca” con la civilización occidental (lo que podía incluir a Sudáfrica) coexistieron con los geopolíticos.

Así, en 1949 Francis Parker Yockey, un extremista estadounidense nacido en 1917, publicó Imperium. Su ensayo pretendía continuar La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, y reivindicaba la unión de Europa “desde Gibraltar al cabo Norte y desde los promontorios rocosos de Galway hasta los Urales”. Creía que el continente debía defenderse de lo que consideraba un nefasto influjo sionista y norteamericano. Con tal fin, vio a los soviéticos como un enemigo menor y tuvo contactos con servicios de información del bloque comunista. Fundó también un efímero e irrelevante Frente Europeo de Liberación. Yockey se suicidó en 1960, tras ser arrestado y encarcelado en su país.

Sin embargo, la mayor popularización del europeísmo neofascista se debe al excolaboracionista belga Jean Thiriart (1922-1992). En 1963 fundó Joven Europa, una organización con sede en Bruselas que preconizó que el continente debía conformar un bloque político y económico unido y alternativo tanto al comunismo como al capitalismo. Lo expuso en ¡Arriba Europa! Una Europa unida: un imperio de 400 millones de hombres (1964). Su entidad desterró la nostalgia por el nazismo y adoptó como emblema la cruz céltica, que pronto se popularizó en la ultraderecha. Tuvo secciones en 11 países y hasta se planteó crear Joven América en América Latina, de ideario próximo al peronismo. Las tesis paneuropeas de Thiriart le llevaron a contactar con el ultranacionalismo que emergió en Rusia al desintegrarse la URSS en 1991.

La UE como diana, un hecho reciente

En definitiva, los discursos unitarios sobre Europa cuentan con una dilatada trayectoria en el seno de la ultraderecha. Es más, el editor John B. Judis ha destacado que en 1985
Jean-Marie Le Pen no se oponía a la UE al considerarla un medio para facilitar el dominio galo del continente y un baluarte anticomunista. Fue el mencionado colapso de la URSS lo que hizo que el lepenismo viera en la UE una entidad con fines propios y contrarios a la soberanía nacional.

La ultraderecha, pues, ha proyectado diversos esbozos de unidad europea, aunque hoy sus formaciones exalten la “Europa de las patrias” contra el “superestado” que quieren imponer las élites de Bruselas. Tales cambios obedecen a una razón simple: Europa ha sido y es aún su mito movilizador transnacional más poderoso.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (2/IV/2017).


EL BREXIT. ENTREVISTA A MARIA MUT (2): “EL EUROESCEPTICISMO BRITÁNICO ESTÁ EN EL ADN DEL REINO UNIDO”

julio 1, 2016

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[Hace dos años, el 21 de mayo de 2014, publicamos una extensa entrevista con Maria Mut en dos entradas sobre el euroescepticismo británico y la derecha populista y la ultraderecha. Tras la victoria del Brexit consideramos que la entrevista tiene un renovado interés al ofrecer una amplia panorámica de la cuestión y hemos decidido reproducirla de nuevo. Esta es la segunda parte].

Maria Mut Bosque es  profesora de Derecho Internacional  y Comunitario de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) y Research Fellow ICS (Universidad de Londres). Incisiva analista del euroesceptiscismo británico, nos ha parecido pertinente entrevistarla sobre un tema importante: la situación de los partidos de extrema derecha y eurófobos de derecha radical.

Mut, al margen de realizar su tesis doctoral sobre las relaciones entre Europa y Gran Bretaña, colabora con los medios de comunicación (12). Por nuestra parte, le agradecemos su amabilidad y generosidad al responder ampliamente por email a nuestras cuestiones, que consideramos de gran interés para nuestros lectores y lectoras.

Esta es la segunda parte de la entrevista. En la primera, como vimos, analizó la situación previa a las elecciones. En esta segunda entrega, expone la evolución histórica de la ultraderecha británica y del euroescepticismo, que ha sido muy importante e  ideológicamente transversal en Gran Bretaña.

¿Históricamente cuáles fueron las primeras fuerzas de ultraderecha del Reino Unido?

Como antecedentes de grupos de ideología racista y antisemita en 1918 tenemos colectivos como la Britons Society o Sociedad de los británicos, pero habrá que esperar algunos años para que esta ideología cobrara vida política.

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Concentración de los British Fascisti en el Hyde Park de Londres, en 1923.

El primer intento fue en 1923 cuando una mujer, Rotha Lintorn-Orman, que sirvió en la Gran Guerra, fundó el grupo de los British Fascisti (Fascistas británicos), un grupo patriótico de inspiración italiana.

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Rotha Lintorn-Orman, fundadora de los British Fascisti.

No obstante, no tuvo gran trascendencia debido principalmente a su falta de liderazgo y a un programa poco elaborado. Este grupo desapareció en 1934, pero, por el camino, vivió algunas escisiones, que darían lugar al nacimiento de nuevas fuerzas extremistas, que radicalizarían su discurso racista y antisemita y aumentarían su apoyo a la Italia fascista; si bien, a nivel popular contaron con escaso respaldo

Es el caso del National Fascisti, que tuvo una vida breve, y la Imperial Fascist League(Liga Imperial  Fascista), que apenas contó con una década de vida.

OMosleyEn 1930, Sir Oswald Mosley, un diputado que había formado parte tanto del partido conservador como del laborista, fundó el New Party [Partido Nuevo], que radicalizó progresivamente su discurso y acabó abrazando una ideología claramente fascista. Así, dos años más tarde de su creación, Mosley fundó la British Union of Fascists [BUF,Unión Británica de Fascistas], que integró varias organizaciones británicas de este espectro. La Unión tampoco tuvo un gran arraigo y desapareció en 1940, dando lugar a nuevas formaciones.

¿Y en la postguerra cuáles habrían sido las organizaciones más significativas?

Conviene recordar que las siglas British People’s Party [BPP, Partido Popular Británico] han acogido diversas formaciones de ultraderecha, todas ellas consideradas de ideología nazi, pero con escaso apoyo popular.

La primera de ellas nació en 1939, fruto de una escisión de la Unión de Fascistas Británicos y se extinguió en 1954. Tuvo una actividad limitada, reducida a la celebración de mítings y la publicación de un diario. La utilización más reciente de este rótulo fue en 2005, por Kevin Watmough, Eddy Morrison, John Graeme Wood y Sid Williamson, que fundaron el BPP- Putting Britons First [Partido Popular Británico – Anteponiendo a los británicos sobre todos los demás]. De ideología fascista, neonazi y eurófoba.

Parece que esta formación no ha corrido mejor suerte que las anteriores. En el 2013 entró en una grave crisis, ya que nunca contó con apoyo popular significativo y sufrió el abandono de un gran número de militantes y hoy en día se encuentra gravemente debilitada.

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Propaganda del BBP en su web defendiendo la integridad del Reino Unido.

En la presentación de su web, el actual British Popular Party manifiesta el siguiente propósito: “Abogamos por una sociedad monoracial: Vivimos en una nación que es históricamente aria y nuestro propósito es estabilizar nuestra población mediante la prohibición de admitir más inmigración en nuestro país”.

¿Qué importancia ha tenido el National Front?

El National Front [NF, Frente Nacional] se constituyó en 1967 y está vigente actualmente, pero muy debilitado. De ideología racista y contraria a cualquier tipo de inmigración, la época en que contó con mayor apoyo popular fue la década de los setenta, bajo el liderazgo de John Tyndall.

De hecho, sin contar el Scottish National Party y el Ulster Unionist Party, en 1979 se convirtió en cuarto partido del Reino Unido (sexto si se tienen en cuenta estos dos), consiguiendo casi 200.000 votos, aunque no obtuvo representación parlamentaria estatal. Conoció un rápido declive, hasta llegar a su gran debilitamiento actual.

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Logotipo del National Front.

Tyndall  fundó el actual British National Party [BNP, Partido Nacional Británico]  en 1982, cuya ideología testimonia esta máxima: “El día que nuestros seguidores pierdan su capacidad de odio, será el día en que pierdan su poder y su voluntad de lograr algo que realmente merezca la pena”. Tyndall promovió el BNP al ser consciente de que el NF conocía una decadencia electoral y quiso crear una formación que pudiera controlar y ofreciera una nueva imageny estructura, aunque de ideología muy similar.

Así, los dos factores principales que contribuyeron al mencionado declive del NF fueron dos factores. Uno fue el endurecimiento del discurso de los conservadores, bajo el liderazgo de Margaret Thatcher, que lograron hacerse con parte del apoyo del electorado que tradicionalmente votaba a este tipo de formaciones. El segundo factor fue la mencionada creación del BNP,  cuyo liderazgo fue asumido desde 1999 por su controvertido dirigente Nick Griffin, acusado en numerosas ocasiones de incitación al odio racial y de difusión de propaganda racista.

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Imagen del actual líder del BNP, Nick Griffin, participando en una marcha del NF en 1983.

Sin embargo, Griffin se ha defendido constantemente, argumentando que ni él ni el BNP son racistas, y que lo único que hacen es abordar de una manera clara y directa la grave problemática de la inmigración y es eso, lo que les permite disfrutar de gran apoyo popular. También señala que una gran mayoría de ciudadanos británicos son racistas.

Si ahora nos centramos en el ascenso del UKIP, surge una pregunta importante: ¿En Reino Unido el euroescepticismo es patrimonio de la ultraderecha?

Todos los partidos políticos británicos han tenido momentos de euroescepticismo y algunos han ido un paso más allá defendiendo posturas eurorupturistas e incluso eurófobas. Por tanto, la idea de que el euroescepticismo británico es un fenómeno exclusivo de los partidos de derecha es falsa.

De hecho, fueron los laboristas los que se mostraron contrarios al proceso de adhesión del Reino Unido en las entonces Comunidades Europeas, proceso que negociaron precisamente los conservadores. Así, tanto los conservadores como los laboristas han mostrado sentimientos contradictorios respecto del proyecto de integración europea, a medida que éste ha ido avanzando.

A diferencia de los conservadores que basan su euroescepticismo en la erosión que comporta el proyecto de integración en los valores tradicionales británicos, el Partido de los Verdes lo basa, en gran medida, en el temor que la  política británica acabe dominada por intereses corporativistas y mercantilistas. Desde una perspectiva histórica, el partido que ha mostrado una posición más estable y proeuropea ha sido indudablemente los Liberales–Demócratas.

¿Cuáles han sido las tendencias más recientes en este ámbito?

En los últimos años, con el proyecto europeo estancado por la crisis, el euroescepticismo británico ha ido proliferando más si cabe entre la sociedad británica, e incluso se ha vuelto el foco central del ideario de diversas formaciones políticas, como el UKIP o el BNP.

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Concentración de NO2EU con el lema “No a la UE, sí a la democracia”.

Incluso, en 2009 apareció un nuevo partido político, NO2EU [No a la Unión Europea] que de manera expresa e inequívoca aboga por la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Es una alianza electoral euroescéptica que podríamos calificar de extrema izquierda, creada en el 2009 para hacer campaña en las elecciones al Parlamento Europeo de ese año utilizando el lema “No2EU (No a la Unión Europea) – Sí a la Democracia”.

¿El euroescepticismo es una realidad reciente su amplitud?

El euroescepticismo británico está en el ADN del Reino Unido, forma parte de él como algo crónico. Por tanto, no se trata de una cuestión que haya surgido recientemente ni de un hecho aislado, de duración breve y actualmente superada, tal como ha ocurrido en otros esrados, como en el caso de Malta.

Curiosamente, el euroescepticismo británico no tiene un carácter lineal, sino que es un euroescepticismo modulable y modulado, en el sentido que pasa por períodos en que es moderado, y aunque nunca ha logrado convertirse en un verdadero euroentusiasmo, ni siquiera en el momento de adhesión a la Unión Europea (ingresó en la CEE en 1973).

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El euroescepticismo está arraigo en la política británica. Esta caricatura de Rainer Hachfeld, publicada en The Guardian, muestra a David Cameron abandonando Europa llevándose literalmente al Reino Unido (fuente www.voxeurop.eu).

Recordemos que éste último fue complicado: sus países fundadores, especialmente Francia, no tenían muy claro que el Reino Unido tuviera el firme propósito de comprometerse con el proyecto europeo y su candidatura fue vetada, hasta en dos ocasiones (1963 y 1967) por el general Charles de Gaulle, presidente de Francia.

Los temores fueron fundados y corroborados tan sólo dos años después de su entrada, en 1975 el Reino Unido celebró un referéndum en que se replanteaba su permanencia en el mercado común, la opción favorable se impuso por mayoría amplia, con un 67% de los votos.

¿Ha habido en algún momento “euroentusiasmo” en la política británica?

La modulación del euroescepticismo británico nunca ha conducido al euroentusiasmo, pero si ha habido épocas de euroestabilidad o eurotranquilidad. Si bien ha sido una tranquilidad relativa, porque siempre han subsistido notas de eurocriticismo.

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Propaganda de la UE: “La Unión Europea no funciona”.

En otros períodos este euroescepticismo se ha modulado en la dirección opuesta, radicalizándose, es decir, convirtiéndose en eurorupturismo e incluso, en eurofobia. En los momentos de eurorupturismo, el Estado británico se caracteriza por adoptar una posición antieuropea, que contempla como única vía posible, la marcha de la Unión Europea. En definitiva, el euroescepticismo británico no es un fenómeno ni aislado ni pasajero.


MATERIALES DE LIBRE ACCESO PARA SABER MÁS SOBRE LA ULTRADERECHA ACTUAL

marzo 8, 2016

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EL PASADO MES DE FEBRERO EL BLOG DE TEMPS PRESENTS publicó la entrada que reproducimos a continuación, que -como puede apreciarse- recopila diferentes materiales editados por el Observatoire des radicalités politiques (ORAP) de la Fundación Jean Jaurès, creado hace dos años. Dada  la excelente calidad de los documentos (la mayoría accesibles on-line), hemos considerado conveniente darlos a conocer.

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Deux années de ressources sur les radicalités politiques

L’Observatoire des radicalités politiques (ORAP) de la Fondation Jean Jaurès a deux ans – nous avions rendu compte de sa naissance et de ses objectifs ici.

Pour bonne part fondé sur le collectif informel de Fragments sur les Temps Présents, il s’est encore ouvert à de nouveauxmembres depuis sa fondation (Cécile Alduy etXavier Crettiez).

Comme il s’avère très investi dans une politique de mise à disposition gratuite de ressources sur le web, il nous a paru adéquat de profiter de cet anniversaire pour proposer un inventaire des ressources disponibles :

Ouvrages téléchargeables

Le « nouveau » Front national en question

par Alexandre Dézé

Le « nouveau » Front national en question

Le FN est-il vraiment en train de devenir « premier parti de France » ? A-t-il « changé » ? Pour Alexandre Dézé, il est temps de déconstruire le discours dominant aujourd’hui tenu sur le parti d’extrême droite français. Une étude fouillée qui permet de mieux comprendre où en est actuellement le FN.

 

Perpignan, une ville avant le Front national ?

par Jérôme Fourquet Nicolas Lebourg Sylvain Manternach

Perpignan, une ville avant le Front national ?

Perpignan est la seule ville de plus de 100 000 habitants où le FN est arrivé en tête au premier tour des municipales de 2014, échouant pourtant au second. Comment expliquer la tentation frontiste de la ville, marquée par la paupérisation et de forts antagonismes ethniques ? Une étude locale à valeur nationale.

 

Aux racines du FN. L’histoire du mouvement Ordre nouveau

par Joseph Beauregard Nicolas Lebourg Jonathan Preda

Aux racines du FN. L’histoire du mouvement Ordre nouveau

Ordre nouveau, qui fut le principal mouvement néofasciste français, fonda le Front national en 1972 et fut dissous en 1973. Véritable voyage historique au cœur de la radicalité, cette Etude préfacée par Jean-Yves Camus permet de comprendre cette phase de renaissance de l’extrême droite.

 

Notes téléchargeables

« Contre les Juifs et les Croisés » : l’arrière-fond complotiste de l’islamisme radical

par Rudy Reichstadt

« Contre les Juifs et les Croisés » : l’arrière-fond complotiste de l’islamisme radical

A l’instar d’autres idéologies extrémistes, l’islamisme radical entretient avec le conspirationnisme des rapports étroits. Non seulement les thèmes complotistes sont utilisés comme leviers de recrutement des djihadistes, mais le fantasme du « complot contre l’islam » constitue le cœur de leur doctrine.

 

Le Front national en campagne

par Cécile Alduy

Le Front national en campagne - Analyse d’un discours décomplexé

Après le score du Front national au premier tour des régionales, Cécile Alduy a décortiqué les propos de ses candidats dans les meetings et les médias durant la campagne. L’analyse est claire : l’immigration, la sécurité et le nationalisme identitaire ont été le nerf de la guerre sémantique.

 

Conspirationnisme : un état des lieux

par Rudy Reichstadt

Conspirationnisme : un état des lieux

Pour l’Observatoire des radicalités politiques de la Fondation, le politologue Rudy Reichstadt analyse les ressorts et l’actualité d’un complotisme stimulé par les possibilités inédites que lui a offert Internet.

 

L’opinion publique française n’est pas antisémite

par Nonna Mayer

L’opinion publique française n’est pas antisémite

L’année 2014 a connu une hausse spectaculaire des actes et des menaces antisémites – une évolution inquiétante et inacceptable. Ces actes restent le fait de minorités et ne reflètent pas l’état de l’opinion publique française, même si, Nonna Mayer le souligne, certains stéréotypes perdurent.

 

Vote FN aux européennes : une nouvelle assise électorale ?

par Joël Gombin

Vote FN aux européennes : une nouvelle assise électorale ?

Au fil des échéances électorales, les interrogations demeurent quant aux clés du vote Front national. Entre mobilisation différentielle, approfondissement et élargissement de sa base électorale, Joël Gombin propose une analyse fine du socle électoral du FN.

 

50 nuances de droite

par Jean-Yves Camus

50 nuances de droite - Typologie des radicalités politiques en Europe

Eurosceptiques? Populistes? Souverainistes? Partis d’extrême droite? A la veille des élections européennes, Jean-Yves Camus, directeur de l’ORAP, dresse une typologie des droites européennes, une famille politique plus hétérogène que les sondages ne le montrent.

 

Le Front national, faiseur de rois à Marseille ?

par Joël Gombin

Le Front national, faiseur de rois à Marseille ?

Tout au long de la campagne pour les municipales, la Fondation Jean-Jaurès décrypte les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du Front national comme fil rouge. Joël Gombin analyse la situation à Marseille, où le FN pourrait jouer un rôle important et paradoxal malgré une campagne en demi-teinte et des sondages plus bas que prévus.

 

Hénin-Beaumont, le laboratoire FN à l’épreuve des municipales

par Sylvain Crépon

Hénin-Beaumont, le laboratoire FN à l’épreuve des municipales

Tout au long de la campagne pour les municipales, la Fondation Jean-Jaurès décrypte les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du Front national comme fil rouge. Le sociologue Sylvain Crépon analyse ici la situation à Hénin-Beaumont, ville symbole du FN.

 

Morlaix : la ville des Bonnets rouges restera-t-elle à droite ?

par Romain Pasquier

Morlaix : la ville des Bonnets rouges restera-t-elle à droite ?

Tout au long de la campagne pour les municipales, la Fondation Jean-Jaurès décrypte les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du Front national comme fil rouge. Le politologue Romain Pasquier revient sur Morlaix, épicentre du phénomène des Bonnets rouges dans un Ouest terre de mission pour le FN.

 

Municipales 2014: du bon usage des rumeurs xénophobes en campagne électorale

par Rudy Reichstadt

Municipales 2014: du bon usage des rumeurs xénophobes en campagne électorale

Tout au long de la campagne pour les municipales, la Fondation Jean-Jaurès décrypte les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du Front national comme fil rouge. Le politologue Rudy Reichstadt revient sur la rumeur du « 9-3 », née à Niort, et son instrumentalisation par le FN.

 

Florange : FN la menace fantôme ?

par Gaël Brustier

Florange : FN la menace fantôme ?

Tout au long de la campagne pour les municipales, nous décryptons les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du FN comme fil rouge. Gaël Brustier s’intéresse ici à Florange, devenue emblématique de la désindustrialisation et de l’ambiguïté du rapport de la gauche française avec les mondes ouvriers.

 

Béziers : le vote FN comme refus du déclin ?

par Nicolas Lebourg

Béziers : le vote FN comme refus du déclin ?

Tout au long de la campagne pour les municipales, la Fondation Jean-Jaurès décrypte les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du FN comme fil rouge. Après Gaël Brustier sur Florange, Nicolas Lebourg analyse la situation à Béziers, où se présente Robert Ménard à la tête de la liste FN.

 

Perpignan : le Front national contre une société bloquée ?

par Nicolas Lebourg

Perpignan : le Front national contre une société bloquée ?

Tout au long de la campagne pour les municipales, la Fondation Jean-Jaurès décrypte les enjeux dans sept villes-clés, avec l’étude du FN comme fil rouge. Après Florange et Béziers, Nicolas Lebourg analyse la situation à Perpignan, au lendemain du meeting de Marine Le Pen dans cette ville à fort enjeu pour le FN.

 

Le Front national : état des lieux en 2014

par  Observatoire des radicalités politiques

Le Front national : état des lieux en 2014

L’Observatoire des radicalités politiques dresse un portrait du Front national en quelques traits : qu’est-ce qui, en 2014, caractérise ce parti en termes d’appareil, d’offre idéologique et de présence sur le terrain ?

 

Les Evénements

Vous pouvez retrouver des vidéos, des audios et/ou des documents  écrits téléchargeables pour chacun

Délires d’opinion et théories du complot

L’Observatoire des radicalités politiques analyse les mythes complotistes d’hier et aujourd’hui, la critique des théories du complot et les organisations qui en font des outils d’endoctrinement puissants. Dans le cadre du cycle «Urgence de débattre», des spécialistes débattent autour de Rudy Reichstadt.

Radicalisation : processus ou basculement ?

Quels sont les mécanismes qui conduisent certains individus sur le chemin de la violence terroriste ? Pour la première des conférences publiques de son cycle « Urgence de débattre », l’Observatoire des radicalités politiques se penche sur la radicalisation et ses origines.

Analyse du second tour des élections régionales de décembre 2015

Au lendemain du second tour des régionales de décembre 2015, Jérôme Fourquet, Jean-Yves Camus et Sylvain Crépon décryptent les résultats et les reports de voix du premier au second tour. Cécile Alduy, spécialiste de l’analyse sémiologique des discours du FN, apporte également son éclairage.

Le FN au lendemain du premier tour des élections régionales

Au lendemain du premier tour des élections régionales du 6 décembre 2015, l’Observatoire des radicalités politiques analyse à chaud le score élevé du Front national, arrivé en tête dans six régions. Retrouvez les interventions de Jean-Yves Camus, Sylvain Crépon, Nicolas Lebourg, Gaël Brustier et Joël Gombin.

Attaques terroristes : l’analyse de Xavier Crettiez

Après les attentats du 13 novembre, le politologue Xavier Crettiez, spécialiste des violences politiques, analyse les modes opératoires des terroristes et les mécanismes de radicalisation ultra-rapides auxquels la société française doit faire face.

Quels enseignements tirer du second tour des départementales ?

Que peut-on retenir du second tour des élections départementales du 29 mars 2015 ? L’Observatoire des radicalités politiques de la Fondation donne son analyse.

Après le 1er tour des départementales, quel rapport de forces ?

Au lendemain du premier tour des élections départementales du 22 mars 2015, Jean-Yves Camus, directeur de l’Observatoire des radicalités politiques, analyse à chaud la nature du nouveau rapport de forces et la place du Front national dans le jeu électoral.

Les mystères du nazisme

La question des rapports entre l’occultisme et le nazisme est devenue à la fois objet de fantasmes conspirationnistes et vecteur d’une certaine idéologie néonazie. Stéphane François fait le point des connaissances et analyse la façon dont le sujet a été récupéré par la droite radicale et par la culture populaire.

 

Marine le Pen prise aux mots

Comment décrypter la logique du discours de Marine Le Pen et expliquer son efficacité rhétorique ? Cécile Alduy présente à la Cité des livres un essai qui mesure précisément la nouvelle parole frontiste et tente de savoir si, derrière le changement de style, le sens de l’offre politique du parti a changé.

Manif pour tous: retour sur un mai 68 conservateur

Alors que personne n’avait anticipé ce Mai 68 inversé, Gaël Brustier décrypte la genèse et le projet de la Manif pour tous, et explore ce qu’elle révèle de la mutation de nos démocraties. Une passionnante exploration à découvrir lors d’une rencontre de la Cité des livres et de l’Orap le 15 décembre.

 

Le FN, parti des ouvriers ?

Alors que le spectre de la « domination absolue du FN chez les ouvriers » plane sur les prochaines élections municipales et européennes, l’Observatoire des radicalités politiques fait le point sur la réalité de ce vote, sa complexité et sa progression, avec les spécialistes Nonna Mayer et Florent Gougou.

FN : les médias et les sondages en font-ils trop ?

Surexposition, diabolisation, banalisation… Quel rôle les médias et les sondages jouent-ils dans la popularité du FN? Joël Gombin, Jérôme Fourquet et Nicolas Lebourg inaugurent, le 5 février, les rencontres publiques du nouvel Observatoire consacré aux extrêmes au sein de la Fondation Jean-Jaurès.

Presse

charlie hs fn camus lebourg

Jean-Yves Camus continue à tenir sa rubrique dans Charlie Hebdo. En 2014 il a coécrit avec Nicolas Lebourg un hors-série de Charlie Hebdo : Le Front National expliqué à mon père

 

slate_facebook_iconLa fondation de l’ORAP avait été l’objet du dernier article fait par Nicolas Lebourg sur LePlus. Tout comme Gaël Brustier, il tient désormais chronique sur Slate.

 

ionescoLes membres de l’ORAP interviennent régulièrement dans les médias, voir par exemple cette sélection d’interventions lors des régionales de 2015.

 

Ouvrages

Depuis la fondation de l’ORAP, ses membres ont publié les ouvrages suivants (outre ceux téléchargeables sur le site)

41W2JJSfR+L._UY250_Cécile Alduy et Stéphane Wahnich, Marine Le Pen prise aux motsLe Seuil, Paris, 2015.

 

 

51EruN3rjUL._SX318_BO1,204,203,200_Gaël Brustier, Le mai 68 conservateur. Que restera-t-il de La manif pour tous ?, Le Cerf,‎ Paris, 2014.

 

 

9782204104913-56011631b3fa9Gaël Brustier, À demain Gramsci, Le Cerf,‎ Paris, 2015.

 

 

camus lebourg seuilJean-Yves Camus et Nicolas Lebourg, Les Droites extrêmes en Europe, Le Seuil, Paris, 2015.

 

 

fs fnSylvain Crépon, Alexandre Dézé , Nonna Mayer  (dir.), Les Faux-semblants du Front national. Sociologie d’un parti politique, Paris, Presses de Sciences Po, 2015,

 

 

leon-duguit-de-la-sociologie-du-droit-9782954118864Delphine Espagno, Léon Duguit. De la sociologie et du droit, Epitoge, 2014.

 

 

Pour commander l'ouvrage cliquez sur la couverture.

Stéphane François, Les Mystères du nazisme. Aux sources d’un fantasme contemporain, Paris, Presses Universitaires de France, 2015.

 

 

w300_h600_5457901393927729Stéphane François, Au-delà des vents du Nord. L’extrême droite française, le Pôle nord et les Indo-Européens, Lyon, Presses Universitaires de Lyon, 2014.

 

Cliquez sur la couverture pour commander l'ouvrage

Nicolas Lebourg et Abderahmen Moumen, Rivesaltes, Le Camp de la France de 1939 à nos jours, préface de Philippe Joutard, Trabucaire, Perpignan, 2015.

 

 

Documentaires

Joseph Beauregard, « Un état du monde et du cinéma ». Réalisation du webdocumentaire produit par le Forum des Images. Entretiens conduits par Pascal Mouneyres, 2014.

Joseph Beauregard, « Hubert Beuve-Méry-Le général de Gaulle ou Le Monde contre le Président », collection « Duels » de France 5, 2014 (voir ici ces billets composés pour l’occasion).

Joseph Beauregard, « La parole est aux gardes des Sceaux » (1981-2015), une mini série de 2 fois 52 minutes, écrite avec Laurent Greilsamer, produite par l’INA, diffusée sur France 5, 2016.

Revues : numéros spéciaux

Joël Gombin et Jean Rivière dir., Géographie et sociologie électorales : duel ou duo ?L’Espace politique, n°23, 2014 (entièrement disponible en ligne).

Cécile Alduy, Bruno Cornellier, Dominic Thomas dir,,  The Charlie Hebdo Attacks and Their Aftermath, Occasion, n°8, 2015 (entièrement disponible en ligne).

Stéphane François, Extrême droite et ésotérisme Retour sur un couple toxique, Critica Masonica, numéro spécial, 2016.


EL REGRESO DE “MI LUCHA”: EDICIONES, DEBATES Y POLÉMICAS

enero 15, 2016

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Ejemplar de Mi lucha, de Adolf Hitler (foto de Deutsche Welle).

AL CUMPLIRSE LOS 70 AÑOS TRANSCURRIDOS PARA QUE EXPIREN LOS DERECHOS DE AUTOR DE MI LUCHA, que hasta ahora poseía el Estado de Baviera, es posible editar de nuevo la obra de Hitler, como ya anunciamos en nuestro blog al analizar el éxito del libro en la India.

En este sentido, nos parece de interés para nuestros lector@s reproducir el interesante artículo de Ricardo de Querol y Luis Doncel publicado en el suplemento literario Babelia del diario El País el 14/XII/2015, al ofrecer una panorámica sobre el tema con referencias bibliográficas.

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Desmontando el ‘Mein Kampf’ (sin silenciarlo)

Una edición crítica a cargo de historiadores alemanes y una novela recuperan el libro de Hitler al expirar sus derechos. Para rebatir cada una de sus mentiras y mensajes de odio.

Detalle del tebeo ‘Mein Kampf’, dibujado por Clément Moreau en 1937 para ridiculizar el libro del dictador.

Nadie que hubiera leído con detenimiento Mein Kampf, de Adolf Hitler, tras su publicación (el primer volumen en 1925, el segundo en 1928) podía sorprenderse de todo lo que vino después: ahí estaba, negro sobre blanco, su propósito genocida, su apuesta por un expansionismo militar, su obsesión por la pureza racial, su deseo de apartar primero y exterminar después a judíos y discapacitados, su desprecio a la democracia, el humanismo o el pacifismo. La idea central es explícita: el fuerte tiene la obligación de aplastar al débil.

Todo eso estaba ahí escrito y, sin embargo, fueron muchos los que no vieron venir la tiranía, la guerra o el Holocausto. Por ejemplo, The New York Times publicó en 1933 una crítica nada desfavorable del libro de este “hombre extraordinario”, que “hace mucho por Alemania”, patriota, unificador del país y defensor del derecho a la propiedad, según escribía James W. Gerard, exembajador en Alemania, quien solo se desmarcaba del Führer por su feroz antisemitismo. Algunos años después, en 1940, estuvo más finoGeorge Orwell en New En­glish Weekly al reseñar una nueva edición en inglés. Hitler, avisaba Orwell, estaba anunciando “un horrible imperio descerebrado” que se extendería de forma violenta hasta Afganistán. El luego autor de 1984 se preguntaba perplejo cómo el jefe nazi había sido capaz de imponer a sus compatriotas “esa visión monstruosa”.

Quitando su evidente valor como documento histórico, Mein Kampf hoy resulta un plomizo y reiterativo ensayo repleto de argumentos pseudocientíficos o pseudohistóricos que no resisten un análisis serio. Que solo convencerá al predispuesto a convencerse. A punto de cumplirse el plazo de 70 años para que expiren los derechos de autor, hasta ahora en manos del Estado de Baviera, un grupo de historiadores publicará el próximo enero una edición crítica con más de 3.500 notas que desmenuzan y contextualizan las tesis del libro del que hasta 1945 se imprimieron más de 12 millones de ejemplares.

Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition —del que por ahora no hay planes de ser traducido al español— ofrece “información objetiva, explica los conceptos ideológicos, revela las fuentes materiales y contrasta las valoraciones o medias verdades de Hitler con los hechos históricos”, explica Magnus Brechtken, subdirector del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich-Berlín, que ha impulsado la obra. Coincidiendo con esta ambiciosa publicación, muchos se preguntan estos días si el libro-fetiche de la ideología que destruyó gran parte de Europa da aún miedo. Disponible a pocos clics para cualquier internauta, el mensaje de odio de Hitler es jaleado en páginas web, incluidas algunas yihadistas, y goza de una chocante popularidad en países como India.

Pero en Alemania el halo de peligro de Mein Kampf parece haberse evaporado. Un reciente informe de los servicios secretos señalaba que en los últimos 20 años el interés de los ultras por las tesis hitlerianas ha disminuido. Los neonazis, señalaban las autoridades alemanas, encuentran en estas páginas pocos elementos con los que identificarse, exceptuando algunas ideas clave como el antisemitismo. Y los populismos de derechas que crecen con fuerza en media Europa se esfuerzan por distanciarse del nacionalsocialismo y apuntan a la inmigración musulmana como el enemigo, en lugar de a los judíos. “La obra de Hitler triunfó porque ofrecía respuestas fáciles a los problemas de principios del siglo XX. Pero esas respuestas no funcionan para el mundo actual”, resume Marc Buggeln, historiador de la Universidad Humboldt especializado en el nacionalsocialismo.

Portada de una de las primeras ediciones de Mein Kampf.

En contra de una creencia muy extendida, Mein Kampf no estaba prohibido hasta ahora en Alemania, como es el caso de otros símbolos nazis. Simplemente, el Estado de Baviera, poseedor de los derechos, se negaba a editarlo de nuevo. Pero el libro podía encontrarse sin demasiadas dificultades en ediciones antiguas o en la Red. Por eso, los historiadores consultados coinciden en que la estrategia de silenciarlo no tiene sentido. Antony Beevor, autor de libros de referencia sobre la Segunda Guerra Mundial, es uno de ellos. “El intento de ocultarlo, ya sea a través del tabú social o de la legislación, solo sirve para aumentar el atractivo de lo prohibido. Los neonazis o los yihadistas podrán citarlo, pero esa es una razón de más para disponer de ejemplares que demuestren la deshonestidad intelectual y falsedades que impregnan cada página”, señala.

Christian Hartmann, jefe del equipo de investigación responsable de la nueva edición, define a Hitler como el perfecto demagogo que mezcla mentiras, medias verdades y hechos reales. Y precisamente contra esta confusión se dirige su proyecto. Las notas que acompañan al texto original no solo matizan o desmienten las tesis de Mi lucha,también sirven para ridiculizar al autor en sus encendidos momentos de exaltación patriótica. Un ejemplo es la narración de los días iniciales de la Primera Guerra Mundial.  “Entonces comenzó lo que para mí, como supongo que para cualquier alemán, fue el más grande e inolvidable momento de mi vida terrenal. (…) Con orgullosa melancolía pienso ahora en esos días de los que ahora se conmemora el décimo aniversario; en esas semanas en las que comenzó la batalla heroica de nuestro pueblo que me permitió participar en el noble destino de nuestra patria”, escribía Hitler en 1924 con afectada intensidad.

“Los ultras de hoy encuentran poco con que identificarse en el libro de Hitler. Menos aún los nuevos populismos”.

Pero las notas que acompañan este pasaje restan heroísmo y añaden un involuntario toque cómico. Los investigadores de Múnich recogen los recuerdos de Rudolf Hess sobre la gestación de estas páginas. “Oigo su voz en la habitación de al lado. Parece que está en pleno proceso de revivir sus experiencias de la guerra, imitando los ruidos de granadas y de ametralladoras, salta de forma salvaje en medio de la habitación, arrastrado por su fantasía”, escribe el hombre que más tarde sería el número dos en la jerarquía nazi. A los pocos días, Hess retomaría el episodio al contar que Hitler le leyó en voz alta el relato de su bautismo de fuego en la Gran Guerra preso de la emoción sin contener las lágrimas.

La nueva edición sirve también para saber hasta qué punto Hitler idealizó sus andanzas. Así, el hombre que dos décadas más tarde destruiría gran parte de Europa explicaba su salida de Austria en mayo de 1913 exclusivamente por motivos políticos. “No quería luchar por el Estado de los Habsburgo, pero sí estaba preparado para morir en cualquier momento por mi pueblo y por el imperio que lo encarnaba”, escribe enfático. Los historiadores explican que su traslado a Múnich se debió principalmente a motivos económicos; y que un año más tarde, un examen en Salzburgo lo declaró no apto para las armas.

Portada de la nueva edición crítica de Mein Kampf.

La llegada a las librerías del ideario nazi no es el único síntoma de que, 70 años después del suicidio del tirano, Alemania ha normalizado su relación con Hitler, objeto incluso del humor. Hace dos meses, medio Berlín apareció empapelado con carteles en los que se reconocía su inconfundible flequillo y bigotito. “Ha vuelto”, alertaban los anuncios. En realidad, se trataba de la campaña de promoción de una comedia que imagina qué pasaría si Hitler apareciera en la Alemania actual. En cinco semanas, más de dos millones de espectadores han visto esta película basada en la novela homónima que también batió récords de ventas. “Me parece muy bien que se puedan hacer bromas sobre él, porque, además de un asesino en masa, también era una figura ridícula. Las generaciones anteriores no podían reírse de él, pero ahora es posible, en parte, porque ha perdido su halo de peligro”, asegura Buggeln.

El del Instituto de Historia Contemporánea no es el único trabajo que trata de poner contexto a Mein Kampf. El historiador y periodista Sven Feliz Kellerhoff publica Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX un ensayo en el que aborda cómo Hitler falsificó su propia biografía y se profundiza en la procedencia de su ideario. Una de las conclusiones de libro, lanzado en septiembre en Alemania y que Crítica publica en español este próximo enero, es que Hitler se enriqueció gracias a la difusión masiva del libro cuando los nazis se instalaron en el poder. Kellerhoff critica que el Estado de Baviera haya obstaculizado hasta ahora el conocimiento y el debate entre los expertos sobre esta obra que califica de “espantosa”.

Su lucha, de Patricio Lenard.

Otro acercamiento interesante aMein Kampf recién llegado a las librerías tiene forma de novela. Su lucha, del argentino Patricio Lenard, es un ficticio diario de Rudolf Hess que este habría escrito mientras Hitler le dictaba el primer volumen en la cárcel militar de Landsberg, donde ambos cumplían pena por el intento de golpe de Estado o Putsch. Es una excusa para el making of,para narrar cómo se ideó el libro en una prisión donde los cabecillas nazis recibían un trato privilegiado. También para contextualizar sus capítulos principales, que se reproducen en parte. “Es un periodo del que no hay demasiada información. La forma de diario me obligó a investigar qué ocurrió en aquellos meses de 1924. Fue útil para mí obrar como historiador en mi rol de novelista”, explica Lenard, para quien esta es la primera incursión en el terreno de la ficción.

Su lucha tiene como gran atractivo una profusión de detalles sobre la personalidad, costumbres y manías del que luego fue dictador alemán. Un puritano que se niega a fumar, beber alcohol o comer carne, lo que Lenard relaciona con la muerte de su padre de un derrame cerebral sobre su vaso de vino matutino. “El complicado trasfondo familiar de Hitler, con un padre alcohólico y maltratador, queda fuera de Mein Kampf, como tantas otras cosas que se contradecían con la imagen que él pretendía dar”. Esos elementos sí se recogen en el supuesto diario de Hess, quien “anota las confidencias de su líder escrupulosamente”. El otro pilar de la novela es ese foco puesto en Hess, un personaje desconcertante que sentía devoción por Hitler y fue su escribiente; que en 1941 protagonizó un rocambolesco viaje a Escocia para negociar un acuerdo sin conseguirlo; que en 1987 fue el último jefe del Reich en morir en prisión. “De los jerarcas nazis, Hess fue el más enigmático de todos. Desde un punto de vista literario, funciona como el comparsa que provee la distancia mínima necesaria para abordar un personaje inabarcable como Hitler”, explica el autor.

“’El racismo tiene que ser combatido al margen de que los racistas lean este texto histórico’, afirma el historiador Brechtken”

Pero, entonces, ¿sigue siendo peligroso Mein Kampf? “Es una fuente histórica”, responde Magnus Brechtken. “Contiene visiones ideológicas de los años veinte que reflejan un discurso de ese tiempo, especialmente en racismo, antisemitismo y militarismo en la política exterior. Está escrito en un estilo que suena extraño a los lectores de hoy. El racismo y el antisemitismo no han desaparecido desde entonces. Pero tienen que ser combatidos al margen de que los racistas y antisemitas lean este texto histórico”.

Para Lenard, “con el paso del tiempo, el panfleto de Hitler ha pasado a ser un documento histórico más que un vehículo de propaganda y, mal que nos pese, uno de los libros más importantes del siglo XX. Que los neonazis y los negacionistas de la Shoah no se dediquen a la glorificación de los crímenes de los nazis, sino a su minimización o banalización, habla a las claras de que nadie podría hoy planificar el advenimiento de un Cuarto Reich inspirándose en sus páginas. La necesidad de releerlo no solo debería servir para empezar a levantar un tabú que no ha hecho más que acrecentar la leyenda negra que pesa sobre el libro, sino para generar anticuerpos frente al peligro de la extrema derecha y el fascismo, hoy cada vez más presente”.

En el epílogo de La zona de interés (Anagrama), su novela sobre el Holocausto, el británico Martin Amis se pregunta si es posible meterse en la mente de Hitler. Y encuentra la respuesta en La tregua,del superviviente de los campos Primo Levi, para quien resulta un “alivio” sentirse incapaz de entender al líder nazi. “Quizás sea deseable que sus palabras (y también, por desdicha, sus actos) no sean susceptibles de comprensión por nuestra parte”.

Costará entender al personaje, pero se podía entender lo que iba a traer. La escritora Alice Hamilton lo vio claro en 1933, cuando escribió en su reseña para Atlantic Monthly que el líder nazi “no es un enigma: no hay ningún misterio sobre él”, ya que no disimula su “brutalidad naif”. Porque el autor del Mein Kampf, concluía, “no está pensando en persuadir: está proclamando principios que deben ser aceptados porque hay fuerza, fuerza física, detrás de ellos”.

Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition. Christian Hartmann, Thomas Vordermayer, Othmar Plöckinger y Roman Töppel. Instituts für Zeitgeschichte München-Berlin. Múnich, enero de 2016. Cerca de 2.000 páginas. 59 euros.

Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX. Sven Felix Kellerhoff. Crítica. Barcelona, enero de 2016. 304 páginas. 20,81 euros

Su lucha. Patricio Lenard. Adriana Hidalgo. Buenos Aires, 2015. 384 páginas. 26,55 euros.