LA EXTREMA DERECHA PROGRESA EN EUROPA: AUSTRIA COMO AVISO*

octubre 22, 2017

Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ (foto de El Periódico).

EL 15 DE OCTUBRE EN LOS COMICIOS DE BAJA SAJONIA LA ULTRADERECHISTA ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (AFD) HA ENTRADO EN SU PARLAMENTO y ya está en 14 de las 16 cámaras regionales, así como en la federal y la europea. A su vez, en las elecciones austriacas han ganado los conservadores del ÖVP (31.6%), seguidos del socialdemócrata SPÖ (26.9%) y el extremista Partido de la Libertad (FPÖ) (26%). ¿Cuál es la importancia de estos datos? Podemos resumirla en tres reflexiones.

En primer lugar, aunque el FPÖ ha quedado tercero, se perfila como un “perdedor-ganador”. Lo afirmamos en la medida que su discurso se ha normalizado porque el líder del ÖVP, Sebastian Kurz, lo ha adoptado en gran medida haciéndolo digerible a un electorado amplio. Así, los temas del FPÖ (como los refugiados o la islamofobia) han dominado la campaña. De hecho, este partido, que estuvo a punto de ganar los comicios presidenciales del 2016 (46,7%), se ha apuntalado como el vector antisistema más poderoso del país.

El FPÖ hizo una campaña innovadora con una miniserie sitcom The Hubers, sobre el “miedo al turismo de bienestar social y a la superpoblación”.

En segundo lugar, FPÖ y ÖVP pueden formar un Gobierno de coalición capaz de aproximar Austria al grupo de Visegrado. Este último reúne a los gobiernos de Polonia (liderado por el ultraderechista Partido Ley y Justicia), Hungría (cuyo presidente Viktor Orbán ha experimentado una deriva extremista cada vez más ostentosa), la República Checa y Eslovaquia. El colectivo ha rechazado la política de cuotas de refugiados de la UE (percibida como negativa y creadora de un “efecto llamada”) y quiere reformarla potenciando a los parlamentos estatales. De este modo, podría cobrar mayor consistencia un bloque receloso y contestatario del poder de Bruselas en la Mitteleuropa.

Finalmente, los resultados de Austria son un jarro de agua fría para quienes tras el ‘brexit’ y la victoria de Donald Trump vieron una contención del “tsunami populista” en el fracaso relativo en las elecciones neerlandesas del Partido por la Libertad de Geert Wilders (PVV), que quedó segundo (13,1%), y en el de Marine Le Pen en las presidenciales francesas (33,9%). Ambos líderes no ganaron, pero dejaron poco espacio para el alborozo europeísta. Lo plasmó la conversión de AfD en tercera fuerza (12,6%) en las elecciones germanas de septiembre.

Hoy Austria evidencia que los diques de contención a la derecha populista cada vez son más endebles y porosos. Parecen capaces de evitar que esta conquiste un Gobierno o presidencia clave de la UE, pero no de impedir su expansión en las urnas, que sus líderes ganen respetabilidad y su discurso contamine el de la derecha. Además, los recursos a los que se echa mano para evitarlo son cada vez más penosos. En Roma se ha aprobado un sistema electoral (el Rosatellum) para impedir un eventual triunfo del ‘antiestablishment’ Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo (M5S). Y en Viena la derecha conservadora ha cometido un craso error al urdir un remedo ‘light’ del ideario del FPÖ. ¿Cuál es el riesgo de tal estrategia? Lo explicitó Jean-Marie Le Pen al afirmar que, en estos casos, los electores “prefieren el original a la copia”. Cuidado, pues, con los plagios.

Resultados de los comicios de Austria (diario Ara).

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* Artículo publicado originalmente como X. Casals, “Austria como aviso“, El Periódico (17/X/2017).


¿POR QUÉ DESDE LA ULTRADERECHA EUROPEA SE APOYA AL SECESIONISMO CATALÁN?

octubre 7, 2017

Diputados de la Lega Nord luciendo camisetas con la bandera separatista catalana en el parlamento italiano (foto del blog Terra i Poble).

EL INDEPENDENTISMO CATALÁN HA RECIBIDO APOYO DE SECTORES DE DERECHA POPULISTA EUROPEA. ¿Por qué?

Ha existido un apoyo táctico del eurófobo Partido de la Independencia del Reino Unido, el UKIP [United Kingdom Independence Party]. Este último criticó la represión policial en Cataluña y su exlíder Nigel Farage señaló la pasividad de la Unión Europea ante la represión policial en Cataluña para poner de manifiesto su pretendida inoperancia ante problemas graves y reivindicar al Brexit, del que su partido hizo bandera: “Nunca hubiera pensado que vería a la Policía de un Estado miembro hiriendo a 900 personas en un intento de frenarles para que no votaran, sea legal o no, solo por expresar su opinión”, afirmó. Denunció asimismo que era “increíble que Juncker no diga nada” y exaltó la salida de Gran Bretaña de la UE: “Gracias a Dios que nos vamos, el ‘brexit’ ha sido un acto de liberación”. En esta misma línea de actuación, por ejemplo, se sitúan las denuncias de la represión en Cataluña por parte de Geert Wilders, dirigente del Partido por la Libertad [Partij voor de Vrijheid].

Sin embargo, el apoyo de la extrema derecha se explica también por una cuestión de fondo y de mayor calado. Y es que, por una parte, existen partidos que defienden Estados-nación, como el Frente Nacional [Front National] que lidera Marine Le Pen.  La formación se posicionó de manera clara y frontal contra el independentismo catalán ya en 2016, al ser escogido Carles Puigdemont presidente de la Generalitat.

Pero, por otra parte, existen formaciones que defienden naciones carentes de Estado, como Interés Flamenco [Vlaams Belang, el antiguo Vlaams Blok] o la Liga Norte [Lega Nord]. De ese modo, el apoyo a la independencia catalana ya se plasmó de forma vistosa en 2013 cuando asistieron al parlamento con camisetas que tenían una bandera “estelada” impresa. Precisamente, el actual apoyo de la Liga al separatismo catalán ha provocado tensiones con su socio electoral, Hermanos de Italia [Fratelli d’Italia], que concibe a Italia como un Estado nación.

Asimismo, Heinz-Christian Strache -líder del Partido de la Libertad de Austria, el FPÖ [Freiheitliche Partei Österreichs] empleó la represión policial del 1-O en Cataluña para cuestionar a la UE (“Unas imágenes increíbles que dejan sin palabras. ¿Dónde está la condena de la UE?”). Sin embargo, el líder del FPÖ defiende también la autodeterminación de los pueblos, principio que también suscribió la Plataforma per Catalunya [PxC] en mayo de 2010. De hecho, esta cuestión acabó influyendo en una escisión independentista de la formación, Som catalans.

En suma, en los apoyos de extrema derecha al independentismo confluyen tacticismo para cuestionar a la UE, pero también una concepción ultraderechista de Europa que cuestiona los Estados nación.


EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


EL TRASFONDO DEL REFERÉNDUM CATALÁN: UNA INSUMISIÓN CÍVICA DE MASAS QUE YA ADVERTIMOS EN 2012

septiembre 8, 2017

El parlamento de Cataluña al votar las leyes de transitoriedad jurídica (foto de Toni AlbirEfe).

EL TRASFONDO DEL REFERÉNDUM CATALÁN ESUNA INSUMISIÓN DE MASAS. Tal cosa no debería sorprender: ya hace más de cinco años advertimos que Cataluña se dirigía hacia este horizonte. Lo hicimos en un artículo publicado el 3 de mayo de 2012 en el diario catalán Ara (#novullpagar o l’iceberg de la insubmissió cívica), a raíz de la campaña antipeajes #novullpagar, y que reproducimos a continuación por su renovado interés.

Como podrán apreciar l@s lector@s, sosteníamos ya entonces que Cataluña era el lugar de España donde se hallaba más maduro un gran movimiento de protesta político y social, pues diversas dinámicas así lo anunciaban.

#novullpagar o el iceberg de la insumisión cívica

La protesta antipeaje #novullpagar nació en Cataluña con un vídeo colgado en YouTube el 29 de marzo [de 2012] y ganó adhesiones hasta lograr 2.500 el uno de mayo, a pesar de multar los infractores. ¿Por qué ha tenido tanto eco? Posiblemente porque no es únicamente una protesta fiscal, sino el catalizador de un amplio malestar que se ha plasmado previamente en una gimnasia de insumisión cívica instada por particulares, entidades, partidos y el mismo ejecutivo catalán los últimos tres años amplificada por las redes sociales.

La insumisión cívica como gimnasia

Así, en el plano simbólico deben recordarse las manifestaciones contra la sentencia sobre el Estatuto catalán del Tribunal Constitucional (junio de 2010) y el posicionamiento del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la inmersión lingüística (septiembre de 2011); el largo ciclo de consultas populares por la independencia emprendido en Arenys de Munt (septiembre de 2009), que se realizó al margen de los partidos, o la campaña de la Generalitat en favor de incorporar el distintivo CAT en la matrícula tapando el de la E (julio de 2011).

En la esfera fiscal, #novullpagar tiene antecedentes no negligibles. El actual líder de ERC, Oriol Junqueras, como alcalde de Sant Vicenç dels Horts se opuso al hecho que el consistorio retornara al Estado el dinero que le avanzó como anticipo del 2009: 470.000 euros (septiembre de 2011). Igualmente, un matrimonio de Siurana de Prades promueve la campaña “Decimos basta” y preconiza no pagar impuestos al Estado, sino a la Generalitat (enero de 2012). De hecho, el lema “España nos roba” lo han difundido ERC, SI y las juventudes de CiU. Además, han menudeado protestas contra el mal funcionamiento de Cercanías, con actuaciones coordinadas entre los usuarios, como la de parar un tren en Sant Celoni un cuarto temprano (marzo del 2009).

La insumisión cívica se ha plasmado también en ámbitos que afectan la calidad de vida, como los desahucios (en 2009 se constituyó la Plataforma de Afectados por la Hipoteca) o las ocupaciones vecinales de los CAP ante el recorte de gasto sanitario (la de Bellvitge, iniciada el octubre de 2011, ya hace seis meses que dura). Finalmente, se reflejó en el movimiento de los indignados, que estalló el mayo de 2011 y convergieron en él la protesta política y la social.

Vídeo colgado en youtube que desató la campaña antipeaje en Cataluña.

Las lecciones de #novullpagar

En consecuencia, debe pensarse que #novullpagar refleja una tendencia creciente a la insumisión cívica de sectores cada vez más amplios y ofrece tres lecciones.

En primer lugar, plasma que estimular la insumisión, más allá de permitir escenificaciones políticas, ya no sale gratis. Puede tener un impacto imprevisto por sus promotores al generar dinámicas fuera de su control, como se ha visto ahora: los partidos se han visto sorprendidos por la campaña y el gobierno ha alegado que la comprendía, pero que debía castigarla.

En segundo lugar, pone de manifiesto que la doble desafección imperante en Cataluña (hacia Madrid como símbolo de un Estado lejano y hacia la misma clase política) genera una actividad política cada vez más alejada de los canales oficiales establecidos (partidos y Parlamentos). Por una parte, aumentan la abstención, el voto nulo o en blanco y el apoyo a nuevas formaciones; por otra parte, se intensifica la actividad en movimientos cívicos y redes sociales.

En tercer lugar, muestra la contradicción cada vez mayor entre el tiempo de los políticos, basado en legislaturas, y el de los ciudadanos, que quieren soluciones inmediatas: hoy aplazar un asunto una legislatura es aplazarlo una eternidad.

Ni Mas, ni Rajoy: Thoreau

A las puertas del aniversario de la eclosión de los indignados (15 de mayo) y de una nueva movilización antipeatge (20 de mayo), el éxito de #novullpagar anuncia futuros actos de insumisión, tan repentinos como difíciles de reprimir por su seguimiento cada vez más masivo. En qué punto nos hallamos ahora? Probablemente en el que el sociólogo Manuel Castells, en un brillante análisis de los movimientos sociales y la red al  Anuario del conflicto social 2011, considera de “acumulación de fuerzas” para un nuevo salto.

Este panorama apunta un rasgo diferencial de Cataluña respecto al resto de España: es el territorio más proclive y maduro para grandes movimientos de insumisión civil. Y es que cada vez es más grande la distancia entre el país oficial -gobernado por Mas y Rajoy- y el real, en el que señorea el fantasma de Henry David Thoreau, puesto que su estrategia de insumisión de La desobediencia civil (1849) la han adoptado miles de catalanes sin saberlo: “Declaro libremente mi guerra en el Estado, a mi manera, a pesar de que seguiré haciendo uso y obteniendo tantas ventajas como pueda”.


LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

agosto 10, 2017

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

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* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF.


EL AVISO DE POLONIA: CÓMO UN GOBIERNO DE ULTRADERECHA PUEDE TUTELAR LA DEMOCRACIA

agosto 3, 2017

Jaroslaw Kaczynski quemando la bandera de Europa en la portada de Newsweek.

POLONIA SE ESTÁ TRANSFORMANDO EN UN RÉGIMEN AUTORITARIO ANTE LA INDIFERENCIA DE EUROPA y las limitaciones para actuar de la UE. Gobernada por el ultraderechista partido Prawo i Sprawiedliwość [Ley y Justicia], que abandera Jaroslaw Kaczynski, sus libertades públicas están siendo limitadas cada vez más, sometidas al arbitrio del ejecutivo.

En este blog ya nos hemos hecho eco al respecto de la situación de Polonia. Su caso no es único o excepcional, pues se enmarca en una deriva similar a la que conocen la Rusia de Vladímir Putin, la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan o la Hungría de Viktor Orbán. Están conformando regímenes que el reputado periodista Fareed Zakaria designó como “democracias iliberales” en 1997, luego plasmado en su ensayo El futuro de la libertad (2003).

Se da la circunstancia de que Ley y Justicia no está encuadrado en Estrasburgo con ninguno de los dos grupos parlamentarios de derecha populista (el grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa, que co-presiden Nigel Farage y David Borrelli, y  Europa de las Naciones y de las libertades, que lidera Marcel de Graaff), sino en el de los Conservadores y Reformistas Europeos.  De hecho, la formación de Orbán, Fidesz, tampoco pertenece a un grupo ultraderechista, sino al Partido Popular Europeo. Ello refleja cómo la deriva autoritaria de estas formaciones transciende alineaciones partidistas.

A continuación reproducimos la interesante crónica al respecto de Gemma Saura, corresponsal de La Vanguardia en Polonia, publicada el 30 de julio en este diario.

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La contrarrevolución polaca

El populismo ultranacionalista tira de raza y religión en su pulso con la UE.


Logotipo del partido Ley y Justicia.

Para la televisión pública de Polonia, los que se manifiestan contra la reforma judicial del Gobierno son “defensores de pedófilos” y “no pagan la pensión conyugal”.

Eso decía un título que colocaron bajo las imágenes de las protestas ante el palacio presidencial en Varsovia. Entre los miles de manifestantes había una actriz que hace años opinó que Roman Polanski –el cineasta buscado en EE.UU. por la presunta violación de una niña de 13 años en 1977– no debía ir a la cárcel y un político que fue denunciado por no pagar la pensión a su exmujer.

Los ataques contra el adversario se disparan con cañón en la Polonia de Ley y Justicia, el partido en el poder desde el 2015 cuyo cóctel de nacionalismo polaco, ultraconservadurismo católico y autoritarismo a la húngara ha fracturado el país a un nivel inaudito desde el fin del comunismo en 1989.

Unos denuncian un asalto a las instituciones del Estado que amenaza la democracia y la permanencia en la Unión Europea. Otros proclaman que se trata de una regeneración para liberar al país de las élites corruptas heredadas del comunismo y regresar a los valores eternos de familia, patria y religión. “La contrarrevolución conservadora”, en palabras de Pawel Lisicki, director del semanario derechista Do Rzeczy.

Manifestaciones de protesta en Polonia contra las reformas del gobierno (foto de Reuters en OK diario).

La última trinchera es una reforma judicial que según los expertos constitucionales y la Comisión Europea atenta contra la independencia de los jueces. Tras una oleada de protestas, el presidente Andrzej Duda vetó dos de las tres leyes del paquete, entre ellas la que suponía la purga del Tribunal Supremo.

Fue del todo inesperado: Duda, casi un desconocido hasta que Ley y Justicia le presentó como candidato, siempre se había plegado a Jaroslaw Kaczynski, el líder del partido y hombre fuerte del país aunque sólo sea un diputado. Un popular show de parodia política se ha regodeado con la insignificancia de Duda: en los gags, la secretaria de Kaczynski no le deja entrar en el despacho y confunde su nombre, llamándole Adrian en lugar de Andrzej. Adrian Duda –así le llama media Polonia– ha dicho basta.

Para Adam Bodnar, defensor del pueblo, el veto presidencial es una muy buena noticia. “Ha visto que el Gobierno había ido demasiado lejos. Demuestra que hay voces discordantes en el partido y también que existe un elemento en el equilibrio de poderes con el que no contábamos: el presidente está dispuesto a ser un contrapeso al legislativo”.

Desde su llegada al poder, Ley y Justicia ha metido mano, una a una e ignorando las amenazas europeas, en las instituciones que se escapaban a su control. Primero fue el Tribunal Constitucional, luego la televisión pública, los funcionarios, los servicios secretos y la fiscalía general. “Nunca lo presentan como una venganza personal, la narrativa es que es una reforma para que la institución funcione mejor, aunque el objetivo final sea meter a su gente”, dice Bodnar.

Ahora están en el punto de mira los jueces, presentados como un nido de excomunistas pese a que su edad media es 38 años. El defensor, a quien el Gobierno le ha reducido el presupuesto, sabe que puede ser el siguiente. Los ombudsman europeos, bajo la batuta del catalán Rafael Ribó, han denunciado que su colega polaco está “bajo amenaza”.

Crónica de Euronews sobre la reforma judicial polaca y la actitud de la UE  (31/VII/2017).

El conservador Michal Sewerynski, vicepresidente del Senado y jurista, opina que Duda “sólo quiso calmar un poco el ambiente” y que al final no cambiará “nada sustancial”. La reforma, asegura, no ataca la independencia de los jueces: aunque el ministro de Justicia los pueda nombrar a su antojo, “nadie les llamará para pedirles un veredicto”, se trata tan sólo de meter en cintura a un colectivo que retrata como inepto, en el mejor de los casos, y corrupto, en el peor. “La gente pide una reforma profunda de la justicia, así que lo vamos a hacer. Más tarde o más temprano, pero lo haremos”.

El senador ventila las acusaciones de anticonstitucionalidad como manipulaciones de una oposición librada a una guerra sin cuartel para tumbar al Gobierno: “Sólo puede decirlo el Tribunal Constitucional”, dice, omitiendo el detalle de que Ley y Justicia cambió jueces para tener allí mayoría. Las condenas de la Unión Europea, a su juicio, también son partidistas: “Preferirían que Donald Tusk (el exjefe de Gobierno, hoy presidente del Consejo Europeo) fuera el primer ministro, porque piensan de la misma manera”.

Según Sewerynski, el telón de fondo del pulso político en Polonia es un “combate axiológico”, es decir, por los valores. De su discurso se desprende que unos son los autóctonos polacos y los otros, impuestos de fuera. “Ley y Justicia representa los valores cristianos que han regido nuestras convicciones desde hace más de mil años, el amor a la patria y a las tradiciones. Frente a nosotros está el izquierdismo liberal, cuyo origen es el comunismo, que defiende el aborto, la homosexualidad, la eutanasia”.

Desde esta perspectiva, la Europa del 2017, pese a la mayoría conservadora en el Parlamento Europeo, está muy escorada a la izquierda. El periodista Lisicki opina que “prevalece la permisividad y el abandono de los valores cristianos. Queremos seguir en la UE pero pedimos respeto, que no nos impongan valores que no son los nuestros”. Eso incluye, también, el recalcitrante rechazo a acoger a refugiados y cumplir con las cuotas de Bruselas, un nido de multiculturalistas fanáticos o simplemente ingenuos. “¿Por qué debe pagar Polonia por los errores de otros? No hemos participado en guerras, ni tenido colonias, ni invitado a nadie a venir. Frente a los que creen que el estado nación es una barrera que hay que derribar, que cualquier recién llegado puede ser un europeo, nosotros creemos que tenemos que proteger la identidad cultural que hemos heredado de nuestros abuelos y que está amenazada por oleadas de refugiados musulmanes, entre los cuales además hay extremistas”.

El nacionalismo siempre se aferra a la historia, a veces para reescribirla, y Ley y Justicia no es una excepción. Uno de los capítulos que insiste en reabrir es el de la transición democrática, tantas veces ensalzada como ejemplo desde el extranjero. Kaczynski, segundón de Lech Walesa en el sindicato Solidarnosc, acusa a sus antiguos compañeros de haber sellado un pacto secreto con el régimen y traicionar a la nación. Eso explica, en su razonamiento, que las élites comunistas sigan infiltradas en los estamentos de poder que ahora quiere purgar.

Ley y Justicia ha desenterrado papeles para probar que Walesa fue un informador del régimen comunista. En la televisión pública le suelen llamar Bolek, su supuesto nombre en clave. Otra bestia negra es Adam Michnik, legendario opositor que pasó por las cárceles comunistas y fundador en 1989 del diario Gazeta Wyborcza, hoy uno de los mayores azotes del Gobierno. “Esto debe responderlo un psiquiatra”, responde al ser preguntado de dónde emana la animadversión de Kaczynski. “Siempre hubo en su carácter un toque autoritario y manipulador. Tiene un odio fanático a los adversarios políticos, es revanchista y usa un lenguaje de paranoia, con enemigos invisibles. Anticomunista en un país sin comunistas e islamófobo en un país sin musulmanes. Su talento ha sido aglutinar las fuerzas católicas, nacionalistas y populistas con él en el centro. Ha despertado en el alma polaca lo peor que llevaba dentro”.

Michnik encuadra el triunfo de Ley y Justicia en el avance en el mundo del populismo como respuesta a la globalización, en el que engloba a Trump, el Brexit o hasta el independentismo catalán, pero cree que su verdadero modelo es Vladímir Putin. “Comparten el mismo objetivo de transformar el país y acumular el poder en manos de un solo hombre. La única diferencia es que Putin es el dictador de un gran imperio, mientras que Kaczynski es un pequeño dictador de un país mediano. Es un liliPutin”, se ríe.

Las emisoras de televisión polacas incluyeron el término “censura” en las pantallas en diciembre de 2016 ante los planes de restringir el trabajo de los periodistas en el edificio del parlamento (información de freedomhouse.org e imagen de NurPhoto / Getty).

Gazeta Wyborcza ha perdido toda la publicidad institucional por su línea editorial, pero Pawel Lisicki, el director del semanario progubernamental Do Rzeczy, se encoge de hombros. “Es lo mismo que nos ocurría a nosotros cuando los suyos estaban en el poder. Además, lo que hace Wyborcza ya no es periodismo. No explican la realidad sino que la crean. Ellos mismos organizan las manifestaciones, hasta han repartido pancartas con el diario”.

Polonia está en la trinchera. La retórica se recrudece y los dos bandos viven en realidades paralelas. Es significativo que los periodistas del lado opositor no tienen ni los números de teléfono de los miembros del Gobierno y viceversa. No debe haber demasiados países democráticos en que esto ocurra.

“Los dos lados se radicalizan cada vez más. Se está formando una brecha profunda en la sociedad que me temo que va a costar mucho reparar”, señala el periodista Michal Kokot. Lo sabe bien. Publicó un artículo en un diario alemán que no gustó al Gobierno y fue víctima de una campaña difamatoria por internet que lo presento como colaboracionista de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Otros periodistas polacos han tenido experiencias similares.

Kaczynski ya ha advertido que a la vuelta de las vacaciones se propone “descentralizar” los medios de comunicación, en lo que se perfila como la enésima ofensiva para acallar las voces disidentes aunque se disfrace como un mecanismo para limitar la propiedad extranjera. En Polonia, varios diarios y televisiones tienen capital alemán, suizo o estadounidense.

El senador Michal Sewerinsky acaba su entrevista con este diario con una frase inquietante: “Tenemos todos los medios privados en contra. No nos critican; nos bombardean. ¿Qué Gobierno puede funcionar así?”.


¿QUÉ SIMBOLIZA LA LLAMA NEOFASCISTA? ESTE ES SU ORIGEN Y SIGNIFICADO OCULTO

julio 18, 2017

La llama tricolor, uno de los símbolos más famosos del neofascismo europeo.

VARIOS LECTORES NOS HAN PEDIDO DE NUEVO QUE EXPLIQUEMOS EL SIGNIFICADO DE LA LLAMA TRICOLOR NEOFASCISTA, la “fiamma”, quizá el símbolo más famoso del neofascismo europeo. Por esta razón hemos actualizado una entrada publicada originalmente en diciembre de 2012.

Su origen: el Movimento Sociale Italiano

Su origen es inseparable del partido del que fue símbolo: el Movimento Sociale Italiano [Movimiento Social Italiano, MSI]. Esta formación fue creada en diciembre de 1946 por jóvenes fascistas que asumieron el legado del último fascismo italiano, el de la llamada República de Salò -oficialmente designada República Social Italiana [RSI]-, un régimen de efímera duración (de septiembre de 1943 hasta abril de 1945) que se caracterizó por su discurso anticapitalista radical y una gran proximidad ideológica al nazismo.

Bandera de la República Social Italiana [RSI].

El MSI, con su “pureza revolucionaria” y su deseo de liderar “la resurrección nacional”, recurrió a unas siglas y un emblema que permitían una lectura subliminal y eran un eficaz reclamo ante los italianos nostálgicos del fascismo: las letras MSI eran simultáneamente una reivindicación de la RSI y una muestra de fidelidad a Benito Mussolini, el Duce, puesto que también querían decir subliminalmente “Mussolini Sí” o “Mussolini Sei Inmmortale”.

El nombre de MSI y su símbolo eran un homenaje a Mussolini.

El significado de la llama tricolor

En este marco de ambigüedad en la lectura de las siglas, su emblema -la fiammeta tricolor- tenía una gran importancia: simbolizaba la llama eterna que brotaba del catafalco funerario del fallecido dictador. El éxito del MSI hizo que su símbolo se popularizara entre toda la extrema derecha europea y no está de má señalar que su difunto máximo dirigente, Giorgio Almirante (1914-1988), en su juventud fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Cultura Popular -conocido como MINCULPOP- de la RSI, hecho que le hizo sensible a cuestiones de imagen.

Almirante, el líder histórico del MSI en uno de sus carteles.

Ello se reflejó en que supo travestir la lectura de las siglas cuando la formación se convirtió en una organización substancialmente diferente a la de la posguerra y  al cumplir veinticinco años el partido, valoró ampulosamente el protagonismo que adquiría con un juego de palabras realizado mediante las siglas: “MSI no significa ya Movimiento Sin Importancia, sino que se ha convertido en Mayoría Silenciosa Italiana”, comentó.

Dada la estrecha identificación del símbolo con el partido, la evolución del MSI convirtiéndose en Alleanza Nazionale [Alianza Nacional] ha hecho que su escisión más notoria, liderada por Pino Rauti en 1995, se identificara con la “fiamma” y se denominara Movimento Sociale-Fiamma Tricolore [MSFT].

La difusión de la llama

El símbolo fue adaptado por fuerzas de distintos países con desigual fortuna, siendo el Front National lepenista el partido que más continuidad ha tenido.

De este modo, ha sido empleada por el Front National de Bélgica, España 2000, el lepenismo (donde ha conocido una progresiva estilización) e incluso el candidato republicano Ted Cruz parece haber inspirado su logotipo de la campaña presidencial en la famosa llama.

Bibliografía

IGNAZI, Piero. Il polo escluso. Profilo del Movimento Sociale Italiano (Il Mulino, Bolonia, 1989).

TARCHI, Marco.  Cinquant’anni di nostalgia. La destra italiana dopo ilfascismo (Rizzoli, Milán, 1995).