JAIR BOLSONARO, LA NUEVA ESTRELLA DE LA ULTRADERECHA EN BRASIL: COMPARADO A MENUDO CON TRUMP Y DUTERTE, ES RACISTA, SEXISTA Y MILITARISTA

diciembre 3, 2017

Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil (imagen de EFE en El País).

Jair Bolsonaro es un diputado y capitán del ejército en la reserva de 62 años que lidera el Partido Social Cristão [Partido Social Cristiano, PSC].  Según los sondeos acapara ya el 17% de los votos en vistas a las elecciones presidenciales de 2018.

Considerado el “Trump” o el “Duterte” brasileño, su mensaje es ultraconservador y provocador, sexista y racista. Exalta las bondades de una intervención militar y, como señala María Martín en su sugerente perfil de El País (2/XII/2017), su discurso “defiende la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía”.

Asimismo, Martín remarca que “su colección de frases estridentes es interminable: ‘los gais son producto del consumo de drogas’, ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, ‘los policías que no matan no son policías’ o ‘las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas’. Bolsonaro —de segundo nombre Messias— interpreta su propia versión, aunque un tanto suavizada, del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, conocido por defender la ejecución de consumidores y traficantes de drogas”.

En suma, en Bolsonaro confluyen dos vectores tradicionales de la derecha extremista brasileña -el mesianismo bíblico y una sólida tradición de intervencionismo militar- con un populismo autoritario en sintonía con los nuevos aires de EE.UU. (Trump) y Filipinas (Duterte).

A continuación reproducimos la interesante crónica “Con la bala y la Biblia”, de Andy Robinson, publicada en La Vanguardia (3/XII/2017). En ella se expone la coalición de intereses que apoya a Bolsonaro y sus sucesivas mutaciones para sintonizar con un amplio espectro del electorado (la imagen reproducida procede del mismo artículo).

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Con la bala y la Biblia

El militar ultra Jair Bolsonaro presenta batalla a Lula da Silva por la presidencia de Brasil

Manifestación en Sao Paulo a favor de un golpe militar, el pasado 15 de noviembre, día de la república (Andy Robinson).

Dos encuentros, hace un par de semanas, en la avenida Paulista de São Paulo durante la fiesta anual del día de la República dieron la medida de hasta qué punto la nueva derecha en Brasil está ganando espacio político.

Por un lado, un grupo de cristianos evangélicos levantaban las manos y cantaban con gestos de euforia “¡Brasil es la tierra de la Santa Cruz!” animados por un pastor que despotricaba contra la inmoralidad de las exposiciones en el museo de arte que está en frente. Eran integrantes de una comunidad de protestantes fundamentalistas, socialmente ultraconservadores que crecen como la espuma en Brasil. De los 13 millones que había en 1990, han pasado a 45 millones, más del 20% de la población.

La derecha católica sube también y queda ya muy lejos aquella teología de la liberación que ayudó a llegar al poder el Partido del Trabajo (PT) de Lula Inacio da Silva hace 14 años.

El mismo día, 15 de noviembre pasado, un poco más arriba en misma avenida Paulista, medio millar de personas se congregaban en torno a un enorme monigote hinchable de unos 10 metros de altura que representaba un soldado de uniforme.

Portaban pancartas que rezaban “El comunismo mata, la corrupción también. ¡Intervención militar, ya!”. “El pueblo brasileño esta siendo masacrado por los políticos y los medios de comunicación; si los militares no actúan este país pronto dejará de existir”, dijo Paulo Ferreira da Silva , un parado de 57 años, subido a un taburete y con un cartel en la mano que decía: “ Armed Forces, save Brasil” (“Fuerzas Armadas, salvad Brasil”).

Según un sondeo del instituto Pew, el 38% de los brasileño considera “positiva” una alternativa militar a la democracia. Muchos aún recuerdan con nostalgia los 21 años (1963-1984) de gobiernos militares.

“Bolsonaro, popular entre los jóvenes y los nostálgicos de la dictadura, sube gracias a las redes sociales”

Acercándose las elecciones presidenciales del 2018, el candidato en boca de todos es Jair Bolsonaro, capitán en la reserva del ejército. El año pasado, este diputado ultraconservador de 62 años hizo guiños a una intervención militar antes de la destitución de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff. Nostálgico de los tiempos de los generales, Bolsonaro abarca las dos corrientes de la nueva derecha brasileña: la bala y la Biblia.

Defiende la pena de muerte, el derecho a poseer armas de fuego, una guerra militarizada contra la delincuencia en las favelas y el encarcelamiento de delincuentes menores de edad a pesar del peligro que se vive en las prisiones. Tras la noticia de la muerte de une decena de residentes de una favela en Rio acribillados por la policía la semana pasada, Bolsonaro respondió: “Un policía que no mata no es un policía”. Con el apoyo de los principales líderes de la derecha cristiana, Bolsonaro ha librado una guerra cultural contra el Estado laico y la libertad artística. Arremete contra un supuesto sesgo de izquierdas en la educación. Sostiene que la homosexualidad es el precursor de la pederastia. Es abiertamente racista y agresivamente misógino.

“Ni mereces ser violada”, le espetó a una diputada del PT en el Congreso el año pasado tras dedicar su voto contra Rousseff al general Carlos Alberto Brillhante, el militar que torturó a la ex presidenta durante la dictadura.

Pese a todo esto, Bolsonaro es el número dos en los sondeos con el 18% de la intención de voto (después de Lula que registra el 32%, pero cuya candidatura se ve amenazada por un caso de corrupción).

“Brasil recuerda un poco a España; tuvimos una transición pactada desde arriba; mucho ha cambiado y mucho, no”, opina Jorge Chaloub , analista político de la Universidad Católica de Rio (PUC). Pero quizás lo más chocante es que el 60% los admiradores de Bolsonaro no habían nacido durante aquellos años de gobiernos militares. Tiene 4,5 millones de seguidores en Facebook, la mayoría jóvenes. “Acabo de regresar de Brasilia y en el aeropuerto todo el mundo se hacía selfies con Bolsonaro y gritaba ¡Presidente!”, dijo perplejo el rabino Nilton Bonder, del centro Midrash en Rio.

El ascenso de Bolsonaro, al que hace tres o cuatro años nadie tomaba muy en serio, es el resultado –quizás inesperado– de la gran operación política y mediática para acabar con el poder del PT.

Fue urdida por grupos conservadores como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vemprarrua y Cruzada por la Libertad, con el apoyo de las grandes empresas y bancos cuyas sedes en gigantescos rascacielos ensombrecen la avenida Paulista.

Estos grupos, algunos financiados directamente desde los grandes think thanks conservadores de Washington como Atlas, fueron cruciales para la convocatoria de las manifestaciones contra Rousseff en el 2015. Al igual que sus homólogos en la derecha alternativa estadounidense ( alt-right)supieron movilizarse en internet. “Hay que crear foros en la red con posturas anárquicas, iconoclastas, con montajes toscos y groseros”, recomendaron los fundadores del MBL. Así se prendería la mecha para una autentica rebelión popular.

“Lula Da Silva lidera los sondeos pero tiene un proceso pendiente y a la élite económica en contra”

Lo interesante es que los grupos que ahora defienden a Dios y los valores de la familia tradicional hace dos años eran de corte liberal. Defendían las privatizaciones, las reformas laborales, el desmantelamiento del sistema de pensiones, la apertura comercial. No hablaban mucho de la moralidad cristiana. El líder de MBL, Kim Kataguiri, con su melena larga y camiseta, parecía un tertuliano libertario en un seminario patrocinado por The Economist.

Pero estas ideas no sirven para ganar elecciones en un pueblo que puede ser conservador en lo social pero es de izquierdas en lo económico, como sucede en muchas otras partes de América Latina. Sirven todavía menos cuando los estragos de la recesión y la subida del paro, aunque disminuyen, aún no se han superado. La valoración popular del presidente Michel Temer, por ejemplo, está en el 3%.

“MBL hizo un rebranding”, explica el bloguero Gabriel Barceló en la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. “Empezaron a atacar escuelas y exposiciones de arte como beatos con antorchas en las manos”.

“¿Ganará las elecciones el ‘Trump brasileño’? Análisis del Club de Prensa El País (11/XI/2017).

Paradójicamente, Bolsonaro ha tenido que hacer justo lo contrario. Tras defender durante años el intervencionismo y el nacionalismo económico, ahora propone privatizaciones y una apertura liberal. La semana pasada hizo un viaje a Nueva York donde fue recibido por Shannon O’Neill del respetable Council on Foreign Relations. Los analistas bursátiles en Sao Paulo ahora dicen que la elección de Bolsonaro podría cotizar al alza.

Pero Bolsonaro será el último recurso para la poderosa elite brasileña, necesario solamente en caso de que los jueces o los otros candidatos no pueden parar los pies a Lula. Geraldo Alckmin, el moderado gobernador del Estado de São Paulo, es el candidato que más elogiado en los grandes medios. Joao Doria, el radical alcalde de la ciudad de São Paulo es otra posibilidad, aunque su popularidad ha caído desde que ganó las elecciones a finales del año pasado.

Una victoria de Lula causa tanto temor que hasta se ha tanteado convencer a Luciano Huck para que se presente. Huck protagoniza un reality show que bate los récords de audiencia con una formula infalible en Brasil: selecciona a un pobre y concédele su deseo; una visita al Vaticano, por ejemplo.

En estos tiempos de rabia y hartazgo con la clase política no se puede descartar que Bolsonaro dé la sorpresa y cambie para siempre la imagen del país de la tolerancia, el buen humor y el placer.


EE.UU.: LA IMPORTANCIA DE LA ‘ALT-RIGHT’ Y DEL SUPREMACISMO EN LA ERA TRUMP*

septiembre 17, 2017

Supremacistas estadounidenses (imagen de AP/John Flavell en Salon).

LA CONCENTRACIÓN SUPREMACISTA DE CHARLOTTESVILLE  (Virginia, Estados Unidos) del 19 de agosto y sus secuelas han tenido hondas repercusiones. En ella falleció una contramanifestante antifascista embestida por el automóvil de un joven neonazi Donald Trump evitó condenar a los racistas por este acto y lo imputó por igual a los extremistas y sus oponentes. Un sondeo indicó que un 64% de sus votantes compartiría tal actitud, lo que plantea un tema importante: ¿se expande el supremacismo en EEUU?

Al responder la cuestión es necesario tener en cuenta que el rótulo supremacismo designa un mosaico político que ha conocido cambios importantes a lo largo del tiempo. De este modo, en los años 20 el Ku Klux Klan (KKK) creció en las grandes urbes, engrosando sus filas con los blancos anglosajones y protestantes (los ‘wasp’), inquietos por la competencia laboral de la población negra e inmigrante, y en 1925 sumó cinco millones de miembros. Pero en 1965 el fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell, alteró este discurso. Ante el éxito de la consigna “Black power” del nacionalismo negro, optó por exaltar el “White power”.

“El movimiento combina mitos raciales autóctonos  y temores extendidos en varios países de la UE”

Al hacerlo, acabó con el dogma nazi de que la «raza» superior era la de alemanes, escandinavos y anglosajones, pues ahora latinoamericanos, mediterráneos y europeos del Este también pertenecían a ella en pie de igualdad. Según el historiador Frederick J. Simonelli, Rockwell atrajo así “a aquellos a los que Hitler habría rechazado” y “cambió la fisonomía del racismo en América”.

Legitimación teológica

A la vez, el supremacismo ha sido inseparable de una legitimación teológica que le aporta Identidad Cristiana. Esta conforma un movimiento heterogéneo que aglutina a grupos, organizaciones e iglesias. Sus orígenes remiten al Israelismo Británico, que se originó en el siglo XVII y se expandió en el XIX. Sostenía que los ingleses eran el pueblo escogido de Dios y que, por tanto, sus integrantes eran los verdaderos israelitas. Tales ideas se popularizaron en EEUU desde los años 20, exaltando aquí a los blancos anglosajones y protestantes como pueblo elegido. Este mesianismo se vincula a tesis que denuncian un complot antinacional. A sus ojos, regiría el Estado un Ejecutivo oculto, un pretendido Gobierno de Ocupación Sionista (designado como ZOG, su acrónimo en inglés). De ahí que de forma errática hayan actuado grupos terroristas contra este poder considerado ilegítimo, como La Orden o Hermandad Silenciosa en los años 80.

En este panorama, la Alternative Right o ‘alt-right’ (derecha alternativa) ha comportado otra redefinición del supremacismo. Sus seguidores apoyaron a Trump en las urnas, galvanizados por Steve Bannon, asesor áulico del magnate durante la campaña electoral y luego efímero estratega jefe de la Casa Blanca. La ‘alt-rigth’ (término que acuñó el académico derechista Paul Gottfried en el 2008) tiene sus orígenes en los años 60 y ha emergido en un contexto marcado por el fin de la guerra fría y la globalización.

Tres rasgos comunes

Los análisis de tres expertos recogidos por el magacín político Salon en junio destacan tres rasgos de la misma. Uno es la importancia de sus vínculos e intercambios ideológicos con la ultraderecha europea, pues la ‘alt-right’ combina mitos raciales autóctonos y temores extendidos en diversos países de la Unión Europea ante la inmigración o el islam. Otro es la aparición de nuevos liderazgos en la escena extremista –como el joven Matthew Heimbach (un promotor de la concentración de Charlottesville)– tras fallecer sus dirigentes históricos. El tercero es su relevancia. Según el politólogo Michael Barkun, con la ‘alt-right’ las ideas del nacionalismo blanco habrían superado la marginalidad y ganado una importante audiencia, hasta el punto de no descartar una posibilidad hasta poco inconcebible: “La potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca”, algo no visto desde el KKK de los años 20.

“El experto Michael Barkun no descarta ‘la potencial reaparición pública de una organización supremacista blanca’ de amplio seguimiento”

Los incidentes de Charlottesville, en definitiva, pueden ser una anécdota, pero también un inquietante aviso sobre el potencial auge de un supremacismo renovado y desacomplejado en la era de Trump.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico: Xavier Casals, “La ‘alt-right’ y el supremacismo”, El Periódico (15/IX/2017).


RESISTENCIA SIN LIDERAZGO, EL NUEVO TERROR*

agosto 23, 2017

Cartel del Frente de Liberación Nacional Socialista de 1973/1974 llamando a la lucha armada.

LOS ACTUALES ATENTADOS YIHADISTAS EN OCCIDENTE LOS COMETEN INDIVIDUOS (LOS LLAMADOS LOBOS SOLITARIOS) O CÉLULAS REDUCIDAS que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como podría ser el caso de Barcelona. Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa. Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

“Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como ‘Hunter’, de William L. Pierce, que narra la actuación de un lobo solitario”

La amenaza más peligrosa

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

Apoyo literario

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente. Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

No obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS.

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


LA LEGISLACIÓN DEL “DISCURSO DEL ODIO” Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: EL CASO DE DINAMARCA

febrero 4, 2017

islamophobia

La UE tiene problemas para dominar un poderoso can -la islamofobia- en nombre de la libertad de expresión (caricatura de www.correomadrid.com)

¿PENALIZAR EL “DISCURSO DEL ODIO” PUEDE COARTAR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN? Este interrogante plantea un debate nada fácil.

Por nuestra parte, en términos generales, consideramos que la persecución penal no es efectiva para combatir el vance de la ultraderecha. De hecho, hemos reflexionado ya en este blog sobre el efecto que tienen las diversas estrategias empleadas en tal sentido y nos hemos pronunciado por aquellas que pasan por la argumentación y la actuación sobre las causas directas del ascenso del extremismo, no por las de su persecución legal.

En este marco, consideramos de especial interés el reportaje publicado por Óscar Gutiérrez en El País titulado  “El precio del odio en Dinamarca” (30/I/2017). En él analiza el efecto del artículo 266b del Código Penal vigente en este país, que -según sus detractores- es de difícil encaje con la libertad de expresión e  impacto limitado en Internet.

baixaMerece destacarse que la editorial Gota a Gota, de la Fundación FAES, ya en el 2008 editó un ensayo de Karen Jespersen y Ralf Pittelkow que incidía en el debate público que el Islam genera en Dinamarca: Islamistas y buenistas. Escrito de acusación.

La controversia al respecto es relevante en la medida que actualmente -como señala Gutiérrez- la UE promueve que sus integrantes impulsen legislaciones para combatir el “discurso del odio”. Por esta razón, reproducimos a continuación el citado reportaje de El País (también puede accederse al original clicando aquí).

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El precio del odio en Dinamarca

La criminalización de expresiones racistas o xenófobas, nacida durante el auge del nazismo, divide aún hoy al país nórdico. La UE quiere ahora que todos sus miembros cuenten con leyes para penalizar este tipo de discurso, estandarte hoy de islamófobos e incontrolable en las redes sociales

Llamada oculta. Al otro lado del teléfono suena una voz muy grave, fuerte, de un hombre con un inglés de ligero acento escandinavo. “Soy Lars Hedegaard, creo que querías hablar conmigo”. Verse no es posible. Ni se encuentra en Copenhague ni puede dar su paradero al estar bajo protección policial. Hedegaard, historiador y periodista danés de 74 años, es un reconocido y duro crítico del islam. Le grabaron en su casa, sin previo aviso según defiende, diciendo cosas como que en las familias musulmanas, las niñas eran violadas por padres, tíos y sobrinos. Por esto fue multado en 2011 con unos 700 euros. Recurrió y un año después fue absuelto por el Supremo danés, pero su imagen quedó ya como la del gran condenado en Dinamarca por las leyes contra el discurso de odio. Y una cosa más: el 5 de febrero de 2013 sufrió un intento de asesinato en su domicilio por un individuo miembro hoy del Estado Islámico.

El artículo 266b

El artículo 266b del Código Penal danés dice lo siguiente: “Cualquier persona que públicamente o con intención de una amplia divulgación,  haga declaraciones o divulgue otras informaciones por las que un grupo de personas se vea amenazado, insultado o degradado a propósito de su raza, color, origen étnico o nacional, religión o inclinación sexual se expondrá a una multa o cárcel por un periodo no superior a dos años”.

Hedegaard, según él mismo dice, no cambiaría nada de esa u otras críticas que ha hecho de la religión que practican alrededor de un 4% de los daneses. Ahí va otra: “El islam”, señala al teléfono, “no es una religión sino una ideología totalitaria”. El tipo que trató de matarle a punta de pistola en la puerta de su casa, tras hacerse pasar por un cartero, se llama Basil Hassan y según la investigación, no actuó solo. Logró huir y acabar entre Siria e Irak vía Turquía. El Departamento de Estado norteamericano le ha vinculado al aparato yihadista de operaciones externas.

Intento de asesinato al margen, lo que fastidia a Hedegaard es que un juez le pueda condenar por decir lo que dice atendiendo al ya viejo artículo 266b del Código Penal danés. Muchos lo llaman el “párrafo”, porque es famoso y lo conoce todo el mundo. Este penaliza con multa o cárcel de hasta dos años las expresiones que públicamente amenacen, ridiculicen o degraden a un grupo por su raza, etnia, color de piel, sexo o religión. Llegó al Código Penal danés en 1939 para evitar las vejaciones verbales contra los judíos. Hoy se aplica, sobre todo, en casos que salpican a musulmanes. Y es polémico porque, según sus críticos, casa mal con la libre expresión, cuya plataforma hoy más manoseada, visceral e ingobernable es la Red. Ahí, el 266b no puede más que matar moscas a cañonazos.

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El periodista danés Lars Hedegaard, en una foto tomada en febrero de 2010 (imagen de Henning Bagger/AFP, publicada por El País).
Pese ello, el Parlamento Europeo trabaja ahora para reforzar en su revisión de la directiva de medios audiovisuales la prohibición por ley del denominado discurso de odio. Dinamarca es el paradigma. El texto de la directiva europea, aún por cerrar, sería más concreto: la incitación pública a la violencia o el odio contra un grupo debe ser penalizada.

“El Islam no es un religión sino una ideología totalitaria”

Lars Hedegaard, periodista danés

Dinamarca es el país de la felicidad. Del Estado del bienestar, del pleno empleo, de la economía fuerte y del hygge, esa suerte de gusto por las pequeñas cosas, ya sea beberse unas cervezas con los amigos viendo el querido balonmano patrio o tomarse un chocolate con la familia, en casa y con una lamparita en la ventana. Es la vida, lo demás son complementos para un país pequeño (seis millones de habitantes) y rico. Pero Dinamarca es también mucho diálogo. Los gobiernos son de consenso, no hay mayorías -el actual Ejecutivo conservador de Lars Lokke Rasmussen está formado por tres partidos- y el debate es una tradición. Que cada uno suelte lo que quiera.

Una ley contra los imanes radicales

Cuando uno pregunta en Dinamarca sobre discursos radicales, el nombre de Abu Bilal Ismail sale con frecuencia. Una cámara oculta de la cadena danesa TV2 le filmó en febrero del pasado año durante un sermón en la mezquita Grimhoj, en la localidad de Aarhus. Entre otras cosas abogaba por lapidar a las mujeres adulteras. Dos años antes, Ismail había sido cazado por otra grabación pidiendo la destrucción de los judíos. Este tipo de discursos han llevado recientemente al Parlamento danés a aprobar una nueva ley (Ley 18) que prevé multas o penas de hasta tres años para aquellas “autoridades religiosas” -no menciona confesión alguna, aunque la norma ha sido pensada para frenar el discurso salafista violento- que defiendan la comisión de actos violentos.

El Parlamento danés, el Folketing, en la capital, Copenhague, es un buen sitio para verlo. Kenneth Kristensen Berth es diputado del Partido Popular Danés [Dansk Folkeparti, DF], la segunda fuerza en escaños (37) en la Cámara. Un juez tiró del artículo 266b en 2003 para condenarlo por racismo a 14 días de prisión, que no tuvo que cumplir. Su delito: difundió un póster en el que alertaba contra una sociedad multiétnica. El cartel, y aquí es donde recae la pena, mostraba a dos individuos cubiertos de sangre con un Corán en la mano.

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Cartel del Partido Popular Danés que generó una condena de racismo.

Lo que Kristensen quiso decir, según relata ahora, es que ese tipo de sociedades llevan a “más criminalidad”. Mantiene que así ha sido a la postre y añade otro caso que sacudió a su partido: “Uno de nuestros parlamentarios, Jesper Langballe, ya fallecido, dijo en un debate que era un problema que padres musulmanes violaran e incluso mataran a sus hijas. Fue llevado al tribunal y condenado, a pesar incluso de que es un hecho que entre los musulmanes existen crímenes de honor”. La idea se repite: ¿por qué condenar una expresión por fuerte que sea si hay “hechos” que la avalan? Otra cosa es comprobar esos “hechos”.

Sobra decir que tanto Kristensen como el veterano Hedegaard quieren abolir el 266b.

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Mujeres musulmanas tocadas con velo pasean por el centro de Copenhague, en octubre de 2011 (imagen de Francis Dean Getty, publicada por El País).
Los daneses están acostumbrados a la inmigración (un 10% de la población es de origen inmigrante), también a la que profesa el islam. Pero la sensación entre los ciudadanos es que la llegada de nuevos inmigrantes o refugiados se ha instalado en la clase política y en los medios como una amenaza para el país. Y de ahí a discursos degradantes hay un paso. Siguiendo la calle Stroget, una de las peatonales más largas de Europa, muy cerca del Folketing, hasta la plaza del Ayuntamiento, se eleva un bloque lleno de cabeceras de diarios daneses. La seguridad en las entradas a las redacciones es elevada, 11 años después de la ola de protestas y amenazas por las caricaturas de Mahoma publicadas en uno de esos diarios, el Jyllands Posten.

¿La ley contra el discurso de odio limita a los reporteros? “No, el mayor problema es la autocensura”, contesta Marcus Rubin, editor del respetado diario Politiken, “sobre todo a la hora de decir lo que uno quiera sobre islam, musulmanes o terrorismo, no por temor a que la policía venga y te arreste sino por temor a los terroristas”. El famoso artículo 266b no coarta a la prensa, como tampoco obsesiona a los ciudadanos. Como apunta la columnista y editora de Radio24syv Sofie Allarp, acostumbrada a los comentarios de radicales, sobre todo en la Red, la condena del discurso de odio es parte de la cultura y tradición danesas. Pero alerta del escenario retórico actual: “El mensaje de que la inmigración es solo un problema y no una solución para el futuro es demasiado fuerte”.

“El mayor problema es la autocensura, sobre todo a la hora de decir lo que uno quiera sobre islam, musulmanes o terrorismo”

Marcus Rubin, editor de Politiken

El 266b del Código Penal danés ha caído sobre un grupo variopinto de daneses. A los Hedegaard y Kristensen se podrían añadir el poeta superventas palestino-danés Yahyah Hassan, la artista danesa-iraní Firoozeh Bazrafkan, el imán de origen sirio Mohammed al Jaled Samha… O el joven, no identificado, condenado hace tres años a pagar 280 euros por comparar islam y nazismo en un comentario de un post de Facebook sobre la organización salafista Hizb ut Tahrir. Rebuscado, pero pasó. Hubo más sentencias en el pasado, pero si tomamos esta última, por ejemplo, y la de Kristensen han transcurrido más de una docena de años y las multas o penas no frenan ciertos discursos por mucha tradición que haya.

En la orilla oriental, no muy lejos de la sirenita, icono de Copenhague, en uno de esos edificios inteligentes, trabaja una de las voces más críticas contra el artículo 266b. El abogado Jacob Mchangama es director del think tank jurídico Justitia. Su oposición a criminalizar el discurso de odio es clara. Pero más interesante es su alternativa a la pena: “El contradiscurso, por supuesto”, dice. “Si estás en contra de limitar la libertad de expresión, como yo lo estoy, tienes una obligación moral de pronunciarte en contra del discurso de odio”. Es de los que cree que si penalizas, ganan los radicales y se engorda el mensaje. Pone un ejemplo: “La radicalización es un problema en la comunidad musulmana de Dinamarca, pero no en la hindú o budista; es un hecho y tenemos que poder hablar de ello para resolverlo”.

“Hay cosas que no puedes decir en cualquier sociedad porque son ilegales”

Rune Lund, diputado de la Alianza Roji-Verde

Si bien son muchos en Dinamarca los que aceptan la existencia del 266b, a los que no lo hacen se les oye más. De vuelta al Folketing, el diputado sirio-danés Naser Khader comparte la visión de Mchangama. Como este último, Khader, nacido en Damasco hace 53 años, cree que el debate abierto funciona mejor que el castigo. Y para muestra el botón de la vecina Suecia, con altos índices de violencia de ultraderecha que, según coinciden ambos, tiene mucho que ver con que hablan muy poco de inmigración. Khader, miembro del Partido Conservador, ha sufrido también la presión de los que condenan su visión del islam, pero él mantiene su postura. Y no es habitual: “Forma parte de la cultura danesa burlarse de las religiones, los dioses, los profetas sin ninguna discriminación, ya sea Jesús, Moisés, ¿por qué no Mahoma? ¿Por qué tienen los musulmanes que forzar los tabúes? Si no te gustan unas caricaturas no compres el periódico”.

El rechazo a la criminalización del discurso de odio no cuaja, sin embargo, ni en la calle ni en el Folketing, donde partidos como el Venstre, liberal y a las riendas de la jefatura de Gobierno, o la opositora Alianza Roji-Verde, conviven bien con el artículo. “Funciona como última estancia contra el racismo y el discurso de odio”, señala Rune Lund, portavoz de la alianza de centroizquierda. ¿Y la libre expresión? “Hay limitaciones, por supuesto”, continúa el diputado danés, “pero hay cosas que no puedes decir en cualquier sociedad porque son ilegales”.


EL OLVIDADO ANTIZIGANISMO EUROPEO

abril 12, 2016

Sap34Marcha antizigana es Sofía (Bulgaría). Imagen de Wikipedia (autoría: De Иван – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0).

EL ANTIZIGANISMO O RECHAZO A LOS GITANOS ES UN FENÓMENO QUE GENERALMENTE MERECE ESCASA ATENCIÓN. Por tal razón nos ha parecido de interés reproducir a continuación esta información publicada por la corporación estatal germana Deutsche Welle (8/IV/2016), de cuya web proceden tanto el texto como las imágenes que lo ilustran, destacando un evento al respecto aque tuvo lugar en Berlín este 8 de abril.

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Antiziganismo en Europa, un fenómeno actual

Los romaníes y los sinti son todavía discriminados en Europa, y el antiziganismo es un fenómeno muy actual. En Berlín, una alianza contra el racismo llamó a la solidaridad con esas minorías étnicas.

Cristina, de 15 años, vive en un asentamiento marginal de gitanos romaníes en un pueblo de la región de Transilvania, en Rumania.Tiene siete hermanos de siete padres diferentes, cuenta a DW Eginald Schlattner, pastor protestante del pueblo y conocido autor en Alemania. Cristina vive con su abuela: “cuatro generaciones, once personas en una casilla con tres camas”.

Basta de marginalización: este 8 de abril se llamó a la solidaridad con los sinti y los roma.Basta de marginalización: este 8 de abril se llamó a la solidaridad con los sinti y los roma.

 Extrema pobreza, violencia, criminalidad y casi ninguna posibilidad de salir de ese círculo vicioso: así vive la mayoría de los romaníes. A pesar de los programas de ayuda en Rumania, muy pocos logran salir de la marginalidad. Por eso las iniciativas privadas son cada vez más importantes. Schlattner logró que unos 25 niños roma del pueblo pudieran asistir a la escuela, en la ciudad vecina de Sibiu. Gracias a donaciones de Suiza, Austria y Alemania, el sacerdote logró continuar con su proyecto.

La lucha contra los prejuicios

“Los romaníes son los perdedores de la unificación europea”, opina, por su parte, Petra Rosenberg, miembro de la minoría étnica sinti en Alemania y una de sus representantes más renombradas. La situación de los romaníes en los países balcánicos, sobre todo, es un problema sobre el que se debe llamar la atención, explicó en conversación con DW. Debido a siglos de hostilidad, la mayoría de los romanies viven hoy en la indigencia y sus oportunidades de acceder a la educación y al mercado laboral son casi inexistentes. A menudo se enfrentan al acoso y al odio.

Su última esperanza es emigrar a Europa occidental. “Pero aquí tampoco se les presta atención, sino que se topan con los mismo prejuicios”, señala Rosenberg, presidenta de la Asociación Provincial de los Sinti y los Romaníes Alemanes en Berlín-Brandeburgo. Y eso no se aplica solo a los romaníes, sino también a los sinti en Alemania, que son reconocidos como minoría, añade. Sin embargo, “todavía se los excluye y se los rechaza”, subraya. Es por eso que muchos de ellos, especialmente los jóvenes, ocultan su origen.

Uwe Neumärker (izqda.), con el exfutoblista Arne Friedrich, que apoya la campaña con su fundación.Uwe Neumärker (izqda.), con el exfutoblista Arne Friedrich, que apoya la campaña con su fundación.

El director de la Fundación para la Memoria de los Judíos Asesinados en Europa, Uwe Neumärker, llamó a participar en una campaña contra el antiziganismo y por la solidaridad con los sinti y los romaníes en una Conferencia Internacional de los Roma en Berlín, este 8 de abril de 2016. Más de 20 organizaciones de la política, la sociedad civil y la cultura alemanas formaron una alianza para llamar la atención sobre la persistente discriminación de las dos grandes minorías europeas.

“El racismo que viven los sinti y los roma en toda Europa en la vida cotidiana es insoportable. ¡Y a nadie le preocupa!”, criticó Neumärker al presentar de su iniciativa. Según dijo, no se debe permitir que sean las mismas víctimas de la discriminación las que llamen la atención sobre el antiziganismo, cuyas consecuencias a menudo amenazan sus vidas. “Nosotros, como mayoría, debemos nombrar esta situación de una vez por su nombre y hacerlo públicamente, juzgarla y luchar por que deje de existir.”

Niños y jóvenes sinti y roma casi no tienen acceso a la educación y al trabajo.Niños y jóvenes sinti y roma casi no tienen acceso a la educación y al trabajo.

La alianza cuenta con el apoyo del exfutbolista alemán Arne Friedrich. La fundación que lleva su nombre tiene por objetivo la integración de niños y jóvenes inmigrantes. Sin educación e igualdad de oportunidades, dijo Friedrich, esos chicos no tienen ninguna posibilidad de integrarse a la sociedad.

El exfutbolista, junto con otras figuras del arte y la cultura alemanas, como el director de cine Rosa von Praunheim, leyeron un llamado a la solidaridad con los romaníes y los sinti durante la manifestación que tuvo lugar cerca de la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, y en la que participó también el presidente alemán, Joachim Gauck. Asimismo, el vicepresidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Mark Dainow, recordó durante el acto a los 500.000 romaníes y sinti asesinados por el régimen nazi e hizo hincapié en que valores como el respeto, la tolerancia y la igualdad deben valer para todos.

 


DE LA VIEJA A LA NUEVA JUDEOFOBIA*

febrero 17, 2016

Crónica televisiva del asalto isalmista radical al supermercado judío de París en enero de 2015.

LOS JUDÍOS DE FRANCIA  TEMEN POR SU SEGURIDAD TRAS LOS ATENTADOS ISLAMISTAS Y MARCHAN DEL PAÍS: 7.000 ya partieron a Israel en el 2014, el doble que en el 2013. Su éxodo refleja la mutación de la judeofobia surgida en el siglo XIX. Veámoslo.

Si la judeofobia medieval persiguió en Europa la conversión de los judíos al cristianismo, la que irrumpió en el siglo XIX -como señalan Elena Castelló y Uriel Macías- quiso eliminarlos y su estigma alcanzó a todos los judíos (religiosos o no). En su eclosión confluyeron el rechazo a su emancipación debido a la Revolución francesa de 1789; la configuración de un nuevo racismo a partir del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, del conde de Gobineau (1816-1882); la irrupción de los nacionalismos y los cambios sociales por la industrialización, la urbanización y la política de masas.

El ‘caso Dreyfus’

DreyfussAsí, en la Viena finisecular devino alcalde Karl Lueger (1897-1910), cuyo Partido Social Cristiano definió un antisemitismo populista que canalizó el descontento social e influyó en un joven Adolf Hitler. En Francia, el caso Dreyfus alumbró la izquierda y derecha modernas: en 1894, el capitán de ascendencia judía Alfred Dreyfus fue condenado injustamente por espiar para Alemania y no fue rehabilitado tras descubrirse al culpable. Entonces los dreyfusards invocaron la justicia y la libertad para revisar su caso. En cambio, los antidreyfusards conformaron una liga que defendió el Ejército, el honor y la patria desde el antisemitismo, y Dreyfuss no fue rehabilitado hasta 1906. En tal marco, Theodor Herzl (1860-1904), un judío austrohúngaro inquieto por el vigor antisemita, preconizó en 1896 crear una patria judía en El Estado judío. Sus seguidores celebraron congresos sionistas (Sión era una colina de Jerusalén que designó a la ciudad) con ese objetivo.

La judeofobia se globalizó desde Rusia. Allí, en 1903, en la corte zarista se fabricó un falso documento: Los protocolos de los sabios de Sión, que describían supuestos planes judíos secretos para dominar el mundo. Los zares los creyeron y la Revolución de 1917 demostró para los rusos anticomunistas que eran proféticos. Para captar apoyos los distribuyeron en altas esferas del congreso de paz de París que en 1919 puso fin a la Gran Guerra. El documento ganó entonces difusión mundial, traduciéndose incluso al japonés y al árabe. Por ejemplo, influyó en el Partido Nazi (que entre 1919 y 1939 publicó 23 ediciones) o en el magnate del automóvil Henry Ford. En suma, Los protocolos dieron una coartada a la persecución judía de entreguerras, que desembocó en un genocidio en la segunda guerra mundial (1939-1945).

Entonces España acogió a judíos con cuentagotas, señala el historiador Isidro González. La Segunda República se mostró favorable a ellos para cuidar su imagen exterior: quiso traer a España a figuras como Marc Chagall o Albert Einstein, pero rechazó asumir grandes contingentes al temer que avivaran un antisemitismo derechista. Franco tampoco fue generoso al respecto, pese a que en 1936 la comunidad judía de Marruecos contribuyó a su sublevación.

El Estado de 1948

fundacion-israelAcabada la contienda mundial en 1945, Palestina fue el destino de miles de judíos en busca de amparo. Habían empezado a emigrar a aquel lugar a inicios del siglo XX, y en 1917 los ingleses se comprometieron a crear allí un «hogar nacional judío» con la Declaración Balfour. Cuando el territorio fue un mandato británico en 1922 afluyó allí emigración judía, y al dejar de serlo en 1948 se cumplió la meta del sionismo, pues su comunidad judía proclamó el Estado de Israel. Su creación desató una guerra con los árabes, a la que siguieron otras en 1967 y 1973, y el nuevo Estado, protegido por EEUU, fue un foco de tensión internacional que generó nuevos estereotipos antijudíos.

De este modo, en el 2000 el politólogo Pierre-André Taguieff detectó en Francia un aumento de actos antisemitas que asoció a una judeofobia nueva y planetaria vía internet. A su juicio, esta amalgamaba a judíos, sionistas e israelís como representantes de una potencia maléfica -Israel- causante de los problemas del mundo. A la vez, asociaba el sionismo a un imperialismo o racismo detestable. Fue este odio indiscriminado al judío el que alentó el atentado islamista a un supermercado kósher en París el 9 de enero del 2015 y dejó 4 muertos.

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* Artículo publicado en El Periódico (13/II/2016).


CLAVES SOBRE EL ASCENSO POPULISTA EN EUROPA*

octubre 17, 2015

 

DissolutionEl populismo quiere devolver al pueblo su soberanía, supuestamente secuestrada por élites políticas y económicas (cartel del Front National francés).

EL POPULISMO NO ES UN FENÓMENO MARGINAL O DE PROTESTA Y BASTA, SINO UN VECTOR POLÍTICO QUE ESTÁ AFECTANDO EL CORAZÓN MISMO DEL ORDEN POLÍTICO DE LA POSGUERRA”, sostiene el politólogo holandés René Cuperus.[1] Y es que este término ha devenido omnipresente y habitualmente es empleado como un término descalificador.

¿Es fundada la afirmación de Cuperus? Este breve ensayo pretenden exponerlo. No obstante, antes de continuar la exposición, se impone una mínima aproximación al concepto de populismo, que ha sido objeto de definiciones y valoraciones muy distintas.[2]

Un concepto ambiguo y polémico

PopulismoEl populismo denuncia una distancia entre gobernantes y gobernados, los de “arriba” y los de “abajo”: la existencia de élites oligárquicas que se adueñan de la soberanía popular y nacional en beneficio de sus intereses, conformando una “casta” alejada de los intereses ciudadanos. Para acabar con su poder, las opciones populistas exhortan al “pueblo sano” a movilizarse y recuperar sus derechos, de modo que su mensaje se define por el anti-elitismo.[3]   Ahora bien, no existe un consenso sobre este concepto entre los estudiosos, ya que designa una forma de movilización política maleable y que puede adoptar cualquier sector ideológico. Sus mensajes revisten una gran ambigüedad, ya que -como advierte el politólogo Marco Tarchi- pretenden “refundar la democracia, no destruirla, pretensión que a veces desemboca en un riesgo de hiperdemocratismo, es decir, en una idealización de la disponibilidad del hombre de la calle como ciudadano activo”.[4]

Tampoco hay unanimidad sobre su carácter positivo o negativo sobre la democracia, aunque abundan los juicios desfavorables. Así, el académico Ralf Dahrendorf sostiene que el populismo estimula la pérdida de protagonismo y la debilidad de los parlamentos,[5] mientras el pensador Ernesto Laclau consideró que garantizaba la vigencia de democracia, al evitar que se limitara a una “mera administración”.[6]

“El otro”: la frontera entre izquierda y derecha populista

AfficheRequinImmigrationNo obstante, no puede homologarse el populismo de extrema derecha con el de otros ámbitos, ya que su mensaje aúna anti-elitismo y xenofobia. El politólogo y filósofo Pierre-André Taguieff alude a él como “nacional-populismo”. Sus formaciones y líderes, señala, se dirigen al pueblo con un llamamiento centrado en su dimensión “nacional”, partiendo de la premisa de que el pueblo es “homogéneo” (su división de clases sociales es irrelevante) y “se confunde con la nación unida, dotada de una unidad sustancial y de una identidad permanente”. En consecuencia, lo que diferencia a los partidos nacional-populistas del resto es que el objeto de su denuncia y crítica prioritaria no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de enfrente” (los extranjeros): “Más exactamente: las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”, subordinando así el anti-elitismo a la xenofobia, destaca Taguieff. Este populismo integrado al nacionalismo proyecta la figura de un enemigo nuevo: la del “otro”, el extranjero-invasor.[7]

El ascenso del nacional-populismo obedece a que sus partidos conforman un movimiento antiglobalización, aunque no se define ni reconoce como tal. De este modo, sus formaciones enarbolan la bandera de la “identidad nacional” y la protesta contra el establishment: se oponen a flujos migratorios o deslocalizaciones industriales; denuncian la pérdida de soberanía nacional en beneficio de organismos supraestatales (la UE es su diana predilecta) y afirman que la identidad peligra ante etnias o culturas foráneas, identificando al Islam como principal amenaza.[8]

Los comicios europeos del 2014 demostraron que la extrema derecha se ha normalizado en el paisaje político y es capaz de ser primera fuerza. Destacaron especialmente los resultados del Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP] (26.7% de los votos), del Partido Popular de Dinamarca [DF] (26.6%), del Frente Nacional [FN] francés (24.8%) y del partido de la Libertad de Austria [FPÖ] (19.7%). Además, sus formaciones ya han participado o participan en gobierno de coalición o brindado apoyo parlamentario a ejecutivos.

Cinco fracturas que favorecen el ascenso nacional-populista

FranceaufrontUn análisis del ascenso del lepenismo en Francia realizado por el politólogo Pascal Perrineau retrata las distintas tendencias que generan su crecimiento y que, desde nuestra óptica, consideramos en buena medida extrapolables al conjunto de nacional-populismos. De este modo, alude a cinco “fracturas”.[9]

La fractura económica, que en una Europa en crisis severamente afectada por la globalización, opone a los “perdedores de la mundialización” y a quienes se benefician de ella o la valoran de forma positiva. Se trata de una nueva línea divisoria entre estatistas y liberales, pero dotada de distinto sentido: “la posición estatista es cada vez más proteccionista y defensiva, mientras que la posición liberal se vincula cada vez más a la competitividad nacional en los mercados mundiales”.[10]

La fractura en torno a una sociedad abierta o cerrada, que opone a quienes desean y pretenden ampliar el movimiento de obertura internacional de la sociedad y quienes desean el retorno a “orientaciones más nacionales y proteccionistas” o, si se quiere, una sociedad más cerrada. Este “clivaje” no es solo económico (mayor apertura a los mercados), sino también político (mayor integración en Europa, en la Organización Mundial de Comercio o en las misiones de la ONU) o social (el debate sobre los costes y beneficios de la inmigración).

La fractura cultural, que opone a los partidarios de avanzar en el llamado “liberalismo cultural” (concepto acuñado por los politólogos Gérard Grunberg y Étienne Schweisguth que alude al desarrollo de normas y valores hedonistas y antiautoritarios siguiendo la tendencia conformada en el periodo posterior a mayo de 1968)[11] y los que desean lo contrario: frenar esta dinámica y retornar a los valores tradicionales, en lo que configura una “contrarevolución silenciosa”, en términos del politólogo Piero Ignazi.[12] Esta oposición sería inseparable de una “renacionalización” de la política en la que se insertan los valores tradicionales que defienden “valores nacionales” ante las amenazas foráneas. Ello no impide una tolerancia de valores adscritos al “liberalismo cultural” en la esfera privada, como la libertad sexual, el laicismo o el aborto. La derecha populista encarna, sobre todo, “una demanda de orden público ligada a la importancia de la autoridad en la agenda pública.[13]

La fractura geográfica, vinculada a los cambios que experimenta el territorio. De esta forma, la derecha populista arraiga en las zonas  en las que los cambios económicos han comportado una desindustrialización y han generado fenómenos de “periurbanidad” o “neo-ruralidad” en la medida que los espacios se ruralizan, argumenta el economista Laurent Davezies. Mientras la ciudad es una “máquina de modernización”, los habitantes de espacios urbanos conocen una deriva hacia valores rurales: propiedad, casas unifamiliares, colectividades culturalemnte homogéneas). En definitiva, los polos de centralidad urbana se oponen a los territorios periféricos “más o menos desclasados”.[14] Es decir, grandes ciudades dinámicas y emprendedoras, insertas en los circuitos internacionales, y una periferia de ciudades medianas o pequeñas excluidas de esta economía, con clases medias erosionadas y dependientes de beneficios sociales.

La fractura política, hoy quizá la más visible, y que ante la desconfianza hacia la política crea dos grandes polos: el de quienes defienden “culturas de gobierno” ante esta situación y quienes apuestan por “culturas antisistema”. Son los decepcionados de la política los que nutren las filas populistas.

Las redes sociales o el “ciberpopulismo” que viene

grilloNo obstante, consideramos que a estas cinco dinámicas hay que añadir otra: el impacto político de las redes sociales, que pueden constituir la base de proyectos populistas de signo opuesto. En los últimos comicios europeos lo reflejaron el Movimiento 5 Estrellas [M5S], orquestado por Beppe Grillo (21.1% de los votos), y Podemos, liderado por Pablo Iglesias (7.9%). Ambos rótulos, más allá de diferencias ideológicas, plasman cómo Internet altera la política.

Grillo, un popular humorista y actor nacido en 1948, formó su partido el 2009 a través del éxito de su blog.[15] Ganó celebridad al convocar una exitosa iniciativa de protesta el 8 de septiembre del 2007, el “Vaffanculo-Day” o V-Day: congregó a cien mil personas en la plaza Maggiore de Bolonia por un “parlamento limpio” (límite máximo de dos mandatos e imposibilidad de concurrir al parlamento quienes hubieran sido condenados). Asumió, como Podemos, la denuncia de las élites. Según su programa, el Parlamento no representa a la mayoría de ciudadanos, que no pueden elegir al candidato, sólo el símbolo del partido. Asimismo, los partidos han suplantado la voluntad popular y se han sustraído a su control. En los comicios legislativos del 2013 fue la lista más votada (25.5%) y exploró un acuerdo fallido con el líder del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani. Entonces Grillo tildó de “padres puteros” a los líderes rivales y afirmó que gobernaban “dándonos por el culo” desde hacía años. Tras los citados comicios europeos clarificó su ideología al unirse al grupo parlamentario eurófobo que lidera Nigel Farage (dirigente del UKIP). Tomó esta decisión se a través de un referéndum on-line con 29.584 participantes y un 78.1% de votos favorables.[16]

Podemos surgió también como un movimiento de protesta contra el establishment y tomó como eje de su discurso el concepto “casta”, empleado previamente por otros políticos en Cataluña,[17] para designar a una clase política supuestamente oligárquica (según Iglesias, “señala a los ladrones que construyen dispositivos políticos para robar la democracia a la gente”).[18] Tras lograr un gran éxito en breve tiempo (pues se constituyó en enero del 2014 y se registró en marzo) ese ha emplazado en una órbita opuesta, pues en Estrasburgo se integró en el grupo de la Izquierda Unitaria y su antecedente es el movimiento indignado, surgido el 15 de mayo del 2011 [15-M] con el eslogan “No nos representan”.

Estas formaciones desean hacer realidad la “plaza electrónica” que proyecta Internet: una democracia horizontal, inmediata y sin liderazgos verticales. Podemos lo refleja en su círculo, símbolo y forma de organización a la vez. Escenificó este afán el 21 de agosto, cuando estrenó su canal de comunicación por móvil y casi 11.000 personas participaron en las votaciones.[19] Cristalizó así un partido “15-M”, portador de un populismo crítico con la política de austeridad, aunque su retórica agresiva -como reconoce Iglesias- envuelve un programa que hubieran podido asumir partidos socialdemócratas hace tres o cuatro décadas.[20]

En suma, Podemos y el M5S quieren trasladar la democracia de Internet a la política institucional. Reflejan así lo que el sociólogo Guy Hermet considera ciberpopulismo, al desear articular una democracia directa, “desprofesionalizada” y participativa en tiempo real.[21] Tal tendencia entraña una ruptura espectacular con la vieja política porqu e aúna cambio tecnológico, relevo generacional e hiperdemocracia. Esta política, además, ha venido para quedarse, como anunció el candidato grillino a la alcaldía de Parma, Federico Pizzarotti: “No somos antipolítica. Ahora somos nueva política”.[22]

¿El futuro es populista?

lavoixdupeupleA partir de lo que expuesto, el populismo parece cada vez más presente en el horizonte político europeo, tanto en la derecha como en la izquierda, en gran medida como resultado de un doble efecto de la globalización.

Por una parte, porque los cambios que ha comportado “han excavado un surco entre vencedores y perdedores”, generando entre los últimos una situación psicológica “impregnada de resentimiento, desilusión y chasco sobre la cual los partidos populistas capitalizan sus éxitos, capeando y fomentando la protesta contra las clases políticas responsables de la situación”, advierte Tarchi.[23]

Hoy los partidos tradicionales se reposicionan tanto en la dimensión económica y social (en la que se ha reforzado la oposición clásica entre defensores del Estado y partidarios del libre mercado), como en la cultural (en la que la oposición al liberalismo se ha traducido en una “etnización” de la política, al adoptar ésta un carácter nacional). A la vez, ganan centralidad actitudes que son críticas ante la integración en Europa y defensivas frente a la inmigración.

En el contexto descrito, las expresiones políticas populistas tienden a expandirse porque en la era de la globalización permiten expresar mejor las inquietudes que ésta genera en una gran parte de la ciudadanía, sobre todo porque las “élites” denostadas adquieren a la vez un carácter concreto (son la “casta” política local, regional o estatal) e indeterminado (son la burocracia europea o “Eurocracia” o entes como el FMI). Todo ello crea desconcierto en una población enfrentada en “un mundo sin rumbo”, en expresión del periodista Ignacio Ramonet.[24]

Por otra parte, la globalización ha tenido una incidencia decisiva al generar la “aldea global” comunicativa que apuntó a los años sesenta el filósofo canadiense Marshall McLuhan. Ahora las redes sociales generan una comunicación inmediata y conforman un ágora virtual que se define por la participación de sus miembros sin jerarquías. Internet, pues, abre las puertas a una “democracia electrónica” que puede ser tan imperfecta como la real y -como subraya Taguieff- deviene “de manera inmediata como la forma natural de populismo de nuestra época”.[25]

Notas

[1] R. Cuperus, “La revolta populista contra la Globalització. Reflexions basades en el ‘laboratori populista d’Holanda’”, L’espill, 38 (otoño 2011), p. 73. Véase también W. T. Bau, Populisme de droite en Europe: Phénomène passager ou transition vers un courant polítique dominant?  (Friedrich Ebert Stiftung-Bureau de Paris, abril 2011).

[2] Lo hemos examinado ampliamente en X. Casals, El pueblo contra el parlamento (Pasado & Presente, Barcelona, 2013). Véase el apéndice dedicado a las definiciones del concepto de populismo, pp. 287-300.

[3] Véase al respecto F. Panizza (comp.), “Introducción”, en El populismo como espejo de la democracia (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009 [1ª ed 2005]), p. 13.

[4] M. Tarchi, L’Italia populista. Dal qualunquismo ai girotondi (Il Mulino, Bolonia, 2003), p. 32.

[5] R. Dahrendorf (entrevista d’Antonio Polito), Después de la democracia (Crítica, Barcelona, 2002), p. 108.

[6]Ernesto Laclau: ‘El populismo garantiza la democracia‘”, www.lanacion.com.ar (10/VII/2005).

[7] P.-A. Taguieff, L’illusion populiste (Berg International, París, 2002), pp. 132.

[8] Véase al respecto los trabajos de J. P. Zúquete, “The European extreme-right and Islam: New directions?”, Journal of Political Ideologies (octubre 2008), 13(3), pp.321–344; J. P. Zúquete, “Novos tempos, novos ventos? A extrema-direita europeia e o Islão”, Análise Social, vol. XLVI (201), 2011, 653-677.

[9] Véase P. Perrineau, La France au Front. Essai sur l’avenir du Front National (Fayard, París, 2014), pp. 103-171.

[10] P. Perrineau, Ibídem, p. 114.

[11] Citado por P. Perrineau, Id, p. 106, nota 1. Sobre el concepto, véase É. Schweisguth, Le libéralisme culturel aujourd’hui (Baromètre politique français, 1ère vague, CEVIPOF, printemps 2006), 26 p.

[12] P. Ignazi, “The silent counter-revolution. Hypothesis on the emergence of extreme right-wing parties in Europe”, European Journal of Political Research, vol. 22, n. 1 (julio 1992), pp. 3-34.

[13] P. Perrineau, La France au Front, p. 145.

[14] Ibíd., pp. 106-107.

[15] Véase una visión favorable a su movimiento en E. Greblo, Filosofia di Beppe Grillo. Il movimento 5 stelle (Mimesis, Milán, 2011). Sobre la importancia de Internet en el M5S, véase pp. 48-53 y 70-74.

[16] “Alleanze in Europa, il M5S sceglie l’Ukip di Farage. Ma la base accusa: votazione pilotata”, http://www.repubblica.it (12/VI/2014).

[17] Iglesias sitúa el origen del término en el ensayo de los periodistas italianos S. Rizzo y G. A. Stella, La casta (2007). Véase P. Iglesias, Disputar la democracia. Política para tiempos de crisis (Akal, Madrid, 2014), p. 154. No obstante, tanto la ultraderechista Plataforma per Catalunya [PxC], liderada por Josep Anglada, y el partido independentista Solidaritat Catalana per la Independencia [SI], bajo la dirección de Alfons López Tena, lo habían empleado previamente. Véase una aproximación histórica al uso del término en A. Maestre, “El concepto ‘casta’, de Manuel Azaña a Hermann Terstch”, La Marea (19/VIII/2014).

[18] P. Iglesias, Disputar la democracia, p. 21.

[19] “Podemos suma casi 11.000 personas en el estreno de su aplicación para debatir y votar vía móvil”, La Vanguardia (22/VIII/2015).

[20] P. Iglesias, Disputar la democracia, p. 173.

[21] G. Hermet, Les populismes dans le monde. Une histoire sociologique XIX-XX siècle (Fayard, París, 2001), p. 399.

[22] “Italia cambia de color”, El País (22/V/2014).

[23] M. Tarchi, L’Italia populista. Dal qualunquismo ai girotondi (Il Mulino, Bolonia, 2003), p. 70.

[24] I. Ramonet, Un mundo sin rumbo. Crisis fin de siglo (Temas de Debate, Madrid, 1997 [2ª ed.]).

[25] P. A. Taguieff, L’illusion populiste, p. 120.

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* Artículo publicado en SOS racismo, Informe anual 2015 Sobre el racismo en el estado español (Tercera prensa-Hirugarren prentsa s.l., Donostia/San Sebastiá, 2015), pp.  261-267. Puede descargarse aquí el PDF de este artículo Casals-clavespopulismo