LOS ATENTADOS DE NUEVA ZELANDA: ¿UN NUEVO CASO DEL TERRORISMO DE “RESISTENCIA SIN LIDERAZGO”?

marzo 17, 2019

Vídeo elaborado por El País sobre el atentado de Nueva Zelanda.

LOS ATENTADOS ISLAMÓFOBOS COMETIDOS EN NUEVA ZELANDA ESTE VIERNES TIENEN APARENTEMENTE EL MISMO PATRÓN QUE OTROS QUE SON OBRA DE EXTREMISTAS DE DERECHA E ISLAMISTAS RADICALES. Los cometen individuos (los llamados “lobos solitarios”) o células reducidas que actúan de modo autónomo en nombre de una entidad, como sucedió en el múltiple atentado de Barcelona el 17 de agosto de 2017 [17-A].

Las ventajas de esta estrategia

Ello minimiza riesgos de detección policial (no hay cadenas claras de mando tras los autores que lleven a organizaciones), otorga gran margen de maniobra a los terroristas y permite perpetrar acciones mortíferas ‘low cost’ en cualquier lugar. Paradójicamente, esta estrategia conocida como “resistencia sin liderazgo” la desarrollaron originalmente ultraderechistas estadounidenses supremacistas u opuestos a un Estado denunciado como opresor.

El origen (1974): el Frente de Liberación Nacional Socialista

Su embrión, según el historiador Jeffrey Kaplan, radicó en el minúsculo Frente de Liberación Nacional Socialista. Constituido en 1974, quiso contrarrestar el ascendente de la “nueva izquierda” y sus grupos armados en campus universitarios. Así, intentó imitar a las guerrillas urbanas de izquierda y consideró que las acciones contra el Estado debía promoverlas una reducida vanguardia activa (el cartel de la izquierda se considera la plasmación plástica de tal intento).

Sin embargo, solo 4 de sus 43 miembros perpetraron actos individuales violentos irrelevantes y el grupo acabó su andadura al ser asesinado en 1975 su líder, Joseph Tommasi. Pero para Kaplan plasmó por vez primera el concepto de “resistencia sin liderazgo” sin recibir tal nombre.

Los años 80: la difusión de la “resistencia sin líderes”

A inicios de los 80 otro colectivo supremacista y antisemita violento marcó un hito en la radicalización de la ultraderecha: La Hermandad Silenciosa, llamada también La Orden. Liderada por Robert J. Mathews, efectuó sus crímenes con individuos o células que -según un exmiembro- debían hacer los “esfuerzos de resistencia […] que se sientan capaces de instituir”. Para el FBI fue la amenaza terrorista interna más peligrosa, desarticulada al morir Mathews en 1984 en un enfrentamiento.

Los sectores extremistas impactados por su acción fueron galvanizados por lo que -a sus ojos- devinieron sucesivas afrentas de un Estado opresor: en 1989 se celebró un juicio por sedición en Arkansas contra figuras prominentes de la ultraderecha; en 1992 el FBI mató en un enfrentamiento a la mujer y al hijo de un radical, Randy Weaver; y en 1993 las tropas federales asaltaron un rancho de la secta de Adventistas del Séptimo Día en Waco (Texas) con 80 muertes. En este marco, advierte Kaplan, se difundió el concepto de “resistencia sin liderazgo”, que el supremacista Louis R. Beam ya había plasmado en 1983. Este adoptó las tesis que un coronel de inteligencia -Ulius Louis Amoss- concibió en 1962 para luchar con guerrillas ante una eventual invasión comunista de EE.UU. De este modo, arguyó que se debía combatir con iniciativas individuales o “células fantasma” ajenas a organizaciones, siempre infiltrables.

“Hunter” (1989): la novela que la popularizó en las milicias

Contribuyeron a popularizar esta estrategia novelas como Hunter (Cazador, 1989), de William L. Pierce, que narra la actuación de un “lobo solitario”. Aparentemente la adoptaron activistas de este espectro político, aunque es difícil establecer hasta qué punto lo hicieron conscientemente.

Lo reflejan casos como los de Timothy McVeigh al atentar en 1995 contra el edificio del Gobierno Federal en Oklahoma y matar a 168 personas (en respuesta “al ataque estadounidense contra un edificio gubernamental en Serbia, Irak u otras naciones”) o el del noruego Anders Behring Breivik, autor de la masacre de Utoya en 2011 con 69 muertes de jóvenes socialistas.

El gran salto de 2005: de la extrema derecha al islamismo radical

1426882959_369084_1426885760_noticia_normalNo obstante, el criminólogo Travis Morris remarca que también lo hicieron sendas organizaciones de extrema izquierda: el Frente de Liberación de la Tierra y el Frente de Liberación Animal. Finalmente, la habría incorporado el yihadismo posiblemente a través de Abu Musab al Suri en 2005, asumiéndola Al Qaeda primero y luego el ISIS (en la foto, Abu Musab al Suri con Osama Ben Laden; imagen de US Attorney’s Office – Southern District of New York).

En suma, la “resistencia sin liderazgo” surgida en la ultraderecha estadounidense ha sido ampliamente difundida y asumida por diversos antagonistas conformando un terrorismo difícil de prever y desarticular, con gran capacidad destructora.

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* Esta entrada recupera el contenido esencial de nuestro artículo publicado originalmente en agosto de 2017: Xavier Casals, “Resistencia sin liderazgo, el nuevo terror”, El Periódico (18/VIII/2017).


ESPECIAL 23-F (Y 5): EL 23-F, UN EJEMPLO DE CÓMO EN ESPAÑA LOS SECRETOS DE ESTADO SON ETERNOS

febrero 25, 2019

Antonio Tejero el 23-F (imagen de Manuel Hernández de León).

Especial 23-F: ante Esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. Esta es la quinta y última entrega de la serie. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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MÁS DE 37 AÑOS DESPUÉS DEL 23-F AÚN NO SE PUEDE ACCEDER A DOCUMENTOS OFICIALES SOBRE EL TEMA y no parece que este escenario vaya a cambiar, según expone Irene Castro en www.el diario.es (23/III/2018). Esta periodista analiza la enmienda presentada por el PNV sobre desclasificación de secretos oficiales, que permitiría “la publicación inmediata de cientos de páginas oficiales sobre la historia de España”, pero advierte que ello genera reticencias en el PP.

Esta última formación solo quiere “desvelar de forma automática los papeles anteriores a 1968”, de modo que a partir del 1 de enero de 2023 “se darían a conocer todas las materias secretas de 1968”. El PSOE, aunque parece sintonizar con la propuesta del PNV, “da un margen de 10 años al Gobierno para que publicite las materias clasificadas, pese a que hayan pasado más de 25 años sin ver la luz”. El resultado, de prosperar su enmienda, sería que “los documentos elaborados durante el golpe de 1981 podrían quedarse en el cajón hasta 2028”.

No hay prisa alguna, pues, por desclasificar secretos y abunda la inquietud por ocultarlos.

La dificultad de adentrarse en el 23-F

Esta obstrucción -tan injustificada como injustificable impide adentrarse en el conocimiento del fallido golpe de Estado del 23-F y conocer mejor sus dinámicas y entresijos. Ahora que el episodio casi ha cumplido cuatro décadas… ¿qué sentido tiene no poder acceder a documentación oficial del mismo? ¿Acaso el secuestro del Congreso en el marco de un diseño golpista no atañe a toda la ciudadanía y forma parte de nuestra historia?

De hacerse accesibles los secretos oficiales al respecto ignoramos hasta qué punto variaría el conocimiento de los hechos, expuesto por nuestra parte en La transición española. El voto ignorado de las armas (2016). Intuimos que sus grandes dinámicas y protagonistas esenciales posiblemente permanecerían inalterados, pero podríamos entender mejor lo sucedido. Asimismo, al no ser accesibles los documentos oficiales se alimenta toda suerte de especulaciones vertidas sobre el golpe (que no son pocas), facilitando que la rumorología existente tenga visos de verosimilitud aunque carezca de fundamento.

En suma, vetar el acceso a los papeles del 23-F alimenta los rumores, confunde a los investigadores y priva a la ciudadanía de conocer un acontecimiento de primera magnitud.

“Spain is different” también en secretos oficiales

El problema abordado tiene otra dimensión relevante. Y es que el 23-F no es un hecho aislado en el oscurantismo que impera en los archivos oficiales. Lo testimonian los esfuerzos de la difunta ministra socialista Carme Chacón por desclasificar 10.000 documentos de Defensa, que finalmente quedaron en nada.  Y ello pese a que se trataba de cuestiones -según recogía Fernando García en La Vanguardia (21/II/2018)– como “’detención de extranjeros, censura, destierros, claves, cifrados’ o nombres de ‘protegidos y agentes franceses’ en la Guerra Civil; datos sobre ‘campos de trabajo, batallones de soldados trabajadores, arrestos, denuncias, deserciones, sospechos y sabotajes’ antes de 1968, o notas acerca de ‘desembarcos alemanes, memorias de la defensa de Melilla y contabilidad del servicio secreto’”.

La Fundación Nacional Francisco Franco posee secretos de Estado.

El lamentable caso español, además, tiene visos de esperpento, en la medida que el ministerio de Defensa incluso ha pretendido ocultar documentos ya publicados y el gobierno ha reconocido que la Fundación Nacional Francisco Franco -un ente privado que enaltece la figura de este dictador- posee “secretos oficiales” que debe entregar al Estado siguiendo lo estipulado por la ley, pero permanecen en su custodia. A la vez, esta fundación ha desclasificado “de facto” documentos que debían permanecer secretos. Como apunta la historiadora y experta en archivos Remei Perpinyà, “el resultado final de esta actuación es que los ciudadanos no podemos acceder a los documentos, cuando -al fin y al cabo- somos en última instancia los auténticos propietarios”.

Secretos de Estado “eternos”

En definitiva, lo que podría ser el argumento de una comedia de enredo genera un manto de secretismo a menudo acéfalo, amparado de modo inexplicable por quienes supuestamente pretenden garantizar mayor calidad democrática en un derecho tan básico como el de la información (especialmente en la era de la transparencia). De nada sirven los periódicos manifiestos de los historiadores denunciando este triste panorama.

Ahora el tema ha cobrado nueva visibilidad al incluir el 23-F. Pero que nadie se haga muchas ilusiones, ya que -como señaló Carmen Rengel en El Huffington Post (8/XII/2015)- “Los secretos de Estado son ‘eternos’ en España”. Y parece que el grueso de la clase política se empeña en perpetuar este estado de cosas con obvio menosprecio hacia la ciudadanía que representa.


ESPECIAL ANIVERSARIO 23-F (2): ALFONSO ARMADA: EL “GRAN TRAIDOR” DEL 23-F

febrero 19, 2019

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El general Alfonso Armada y el Rey.

 

Especial 23-F: ante la cercanía de esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

EN DICIEMBRE DE 2013 FALLECIÓ EL EXGENERAL ALFONSO ARMADA, uno de los protagonistas del fracasado golpe del 23 de febrero de 1981 y que quedó más aislado de sus compañeros de milicia juzgados por el intento. Con motivo de su fallecimiento publicamos un artículo en el diario catalán Ara (3/XII/2013) del que ahora, con motivo del aniversario del 23-F, ofrecemos aquí una versión más extensa en castellano.

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Alfonso Armada, el gran traidor

La muerte de Alfonso Armada ha vuelto poner bajo el foco mediático su actuación el 23-F. ¿Fue un militar megalómano de ínfulas dictatoriales? Este cliché envuelve su figura, pero la información publicada desde 1981 muestra una realidad diferente: este general, formado en Francia y admirador de Charles de Gaulle, a finales de 1980 capitalizó amplios apoyos políticos y sociales para presidir un gobierno “de unidad nacional”.

¿Por qué hoy nadie lo quiere recordar? Porque cuando Armada fracasó devino el traidor por excelencia: para los demócratas lideró el golpe; para los ultraderechistas lo hizo fracasar; para los monárquicos abusó de la confianza regia y el mismo monarca se sintió engañado. Llegados aquí, un retrato de Armada permite entender su conducta y el afán de sepultarlo en el olvido: era incómodo para todo el mundo.

Un “Carrero Blanco” del Rey?

El general fue uno de los preceptores del monarca, su ayudante desde 1965 y a la muerte de Franco el secretario general de la Casa del Rey. En este cargo Armada destacó por su celo en  que los Reyes cumplieran sus compromisos, según afirmó: “Yo en la Zarzuela era incómodo” porque “era un poco el ‘Pepito grillo’ que critica”. Pero sobre todo habría sido un general “político”. En qué sentido?

El periodista Francisco Medina (23-F. La verdad, 2006) recoge un testimonio según el cual Armada habría creído que a la muerte de Franco “podría ser un nuevo Carrero Blanco del Rey, con poderes absolutos” y desde 1975 “comezó a sentirse de alguna manera como un jefe de Gobierno”. En este marco, el choque con Suárez fue inevitable y después de legalizar el PCE, Suárez habría planteado una disyuntiva al Rey: o él o Armada. Juan Carlos eligió al presidente y el general volvió al Ejército.

Un “de  Gaulle” español?

Pero la Transición fue una montaña rusa y a finales de 1980 los papeles se habían invertido. El presidente conocía sus horas más bajas y el monarca temía que su declive lo perjudicara. Así, el Rey hizo confianza a Armada, que volvió a Madrid, porque le informaba del malestar castrense.

Sin embargo, previamente el general habría desplegado amplios contactos para liderar un gobierno de “unidad nacional” de cariz “gaullista” y constitucional, con un gran apoyo político y social (alcanzaría desde el PSOE hasta la iglesia y la patronal) y contaría con el eventual visto bueno del Rey. Al menos, así lo afirmó -entre otros- el exsenador Juan de Arespacochaga (Cartas a unos capitanes, 1994).

“O César o nada”: el perdedor olvidado

La dimisión inesperada de Suárez el enero de 1981 cogió a Armada con el pie cambiado y frustró su proyecto. Entonces el militar habría visto en el golpe de estado la vía de acceso al poder y el 23-F negoció con Antonio Tejero la evacuación de los diputados a cambio de que él presidiera un gobierno de concentración, proposición que el golpista rechazó en redondo (quería una involución, no un gobierno cívil-militar) y Armada lo perdió todo (carrera, reputación y poder), devino el gran traidor y restó sumido en el olvido.

El resultado es que hoy se tiene poco presente que a la época importantes estamentos depositaron la confianza en el general y sectores relevantes de la sociedad percibieron como deseable un giro como el que Armada habría encarnado sin recurrir a la fuerza. Recordemos “el golpe de timón” que reclamaba Josep Tarradellas o, como Francesc de Carreras expuso en La Vanguardia (24/II/2013), que en enero de 1981 la “solución Armada” era un secreto a voces: su padre, Narciso de Carreras, le explicó en que consistía de principio a fin. Hoy, pero, se prefiere olvidar esta vertiente de Armada -que revela la debilidad de la democracia española- y despacharlo con la etiqueta de “golpista”. Es más cómodo que hurgar en el pasado.

En este sentido, si Armada desarrolló ambiciones presidenciales fue porque un amplio e influyente espectro social aparentemente depositó en él sus esperanzas de cambio político y de haber desembocado la crisis en la formación del famoso ejecutivo de “concentración” presidido por este general la evolución de la democracia española hubiera podido ser muy distinta a la que hemos conocido.

Armada dejó dos testimonios publicados, uno fue su obra Al servicio de la Corona (Planeta, Barcelona, 1983), muy difundido en la época, y el otro es menos conocido pero más interesante: un libro-entrevista a cargo del historiador José Manuel Cuenca Toribio, Conversaciones con Alfonso Armada. El 23-F (Actas Editorial, Madrid, 2001).


ESPECIAL ANIVERSARIO 23-F (1): ¿QUÉ PASÓ EL 23-F DE 1981?*

febrero 17, 2019

general-armadaEl general Alfonso Armada en el Congreso de los diputados.

 

Especial 23-F: ante la cercanía de esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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¿QUÉ PASÓ EL 23-F DE 1981? PARA ENTENDERLO HAY QUE RETROCEDER AL 1980. Suárez había ganado los comicios del año anterior, pero vivía el peor momento político. El presidente perdía la confianza del monarca, la UCD se hacía añicos y el PSOE hacía una dura oposición con ansia de tocar poder, mientras la crisis económica y un pretendido desbarajuste autonómico creaban inquietud por todas partes. A la vez, se tejían tramas golpistas y ETA alcanzaba el récord criminal con 215 acciones y 97 muertos, cosa que exacerbaba tensiones en el seno de los cuerpos armados.

En este marco, Alfonso Armada, un general conservador y monárquico, tuvo éxito en unir las diversas tramas golpistas y políticas contra Suárez bajo su amparo para presidir un gobierno de unidad de los grandes partidos, militares y miembros del mundo empresarial. Los promotores de esta solución la justificaron haciendo un símil con la Francia de 1958, cuando un alzamiento militar partidario de la Argelia francesa exigió el retorno al poder de Charles de Gaulle con poderes excepcionales, de forma que Armada sería un “De Gaulle español”. Para conseguirlo, el general articuló una vía constitucional de acceso a la presidencia, mediante una moción de censura, y otra “pseudoconstitucional”, que pasaba por crear un hecho excepcional para que los diputados lo invistieran presidente.

¿Y si Armada hubiera sido investido presidente?

Pero Suárez frustró la vía constitucional de Armada en dimitir de forma repentina el 29 de enero de 1981 y designar a un sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo. Entonces el general activó la otra, que pasó por la ocupación del Congreso el 23 de febrero por Antonio Tejero y la salida de los tanques en Valencia por orden de Jaime Milans del Bosch. Pero cuando Armada fue a las Cortes a proponerse como presidente, Tejero se negó al ver que quería hacer gobierno con socialistas y comunistas y el proyecto fracasó. Cuando el rey compareció aquella noche por televisión y se opuso al putsch, remachó el clavo. Estas son las coordenadas del golpe fallido, bien explicadas en la tesis doctoral de Roberto Muñoz, que expurgó el sumario del caso y lo contrastó con las fuentes disponibles: 23-F (2015).

Sin embargo, no se ha meditado para nada sobre qué habría pasado si ese día Armada hubiera sido investido presidente: ¿el Congreso y el monarca lo habrían podido revocar al día siguiente fácilmente?, ¿la democracia no habría quedado tutelada por los pretorianos y la vida política hibernada? Posiblemente falta interés en plantear estas cuestiones porque el rey vio con buenos ojos la vía constitucional de Armada, como también lo hicieron figuras de UCD, del PSOE, de AP y de ámbitos mediáticos y empresariales. Pero después todos callaron como muertos y el 23-F quedó codificado como una “militarada” condenada al fracaso de antemano y Armada como el gran malo de la película. Ya sabemos que la memoria es selectiva, pero la del 23-F es amnésica. ¿Por qué será?

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* Artículo publicado en el diario catalán Ara (23/II/2016). Fue publicada inicialmente en este blog el 23-F de 2016.


ASÍ FUE EL ENTIERRO DE FRANCO: EL 23-N Y LA “OPERACIÓN LUCERO”*

noviembre 24, 2018

Entierro de Franco en el Valle de los Caídos, el 23 de noviembre de 1975 (imagen de EFE).

 

EL DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE TUVO LUGAR EL ENTIERRO DE FRANCISCO FRANCO, que se desarrolló según un minucioso plan del Servicio Central de Documentación [SECED], dependiente del presidente Carlos Arias. Fue la “Operación Lucero”, que un exmiembro de ese ente, Juan Mª de Peñaranda, expuso en un ensayo homónimo (Operación Lucero, 2017). Este operativo quiso garantizar que el entierro de Franco transcurriera con normalidad y elaboró un protocolo que cubrió todos los aspectos de la muerte del dictador, desde su uniforme mortuorio hasta la jura del príncipe Juan Carlos como sucesor. Tal diseño tuvo su origen en el asesinato de Luis Carrero Blanco en diciembre de 2013, pues entonces el régimen improvisó las honras fúnebres, lo que se quiso evitar al fallecer el dictador.

Temor a alborotos y aislamiento internacional

Así, para evitar problemas de orden público se hizo un seguimiento de la oposición y se detuvo a los líderes del PCE del interior. A la vez, se observó las movilizaciones ultraderechistas al temer incidentes, pues circuló el rumor de que un núcleo de excombatientes quería presionar al Rey para que hiciera un juramento público de lealtad al régimen y al Movimiento.

En este marco, a las 7 de la mañana del día 23 se cerró la capilla ardiente de Franco en el Palacio de El Pardo y le velaron los miembros del Consejo de Regencia y del gobierno. A las 10 se celebró un multitudinario funeral de córpore insepulto en la plaza de Oriente que presidieron los flamantes monarcas. El cardenal primado de España, Marcelo González, hizo la elegía del dictador. Le asoció a la cruz y la espada, símbolos en los que “se encierra medio siglo de nuestra historia patria”, pero señaló que “recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable”. También se constató el aislamiento del país (en septiembre habían tenido lugar las últimas ejecuciones de la dictadura), pues la presencia de mandatarios extranjeros se limitó al rey Hussein de Jordania, el príncipe Rainiero de Mónaco, el vicepresidente norteamericano Nelson Rockefeller, la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos, y el dictador chileno Augusto Pinochet (que quedó fascinado por el Valle de los Caídos y comentó que le gustaría uno similar).

Tras la ceremonia, un camión militar Pegaso modelo 3050 acogió el cuerpo de Franco y partió hacia el Valle de los Caídos, en cuya fachada se colocaron 400 coronas mortuorias. El convoy funerario llegó allí poco después de las 13 horas y el abad de la basílica, Luis Mª de Lojendio, quiso ver el cuerpo de Franco, pero el ataúd estaba soldado.

 

Gentío en Cuelgamuros que aguarda la llegada de los restos de Franco (imagen de EFE).

El Valle de los Caídos entra en escena

Paradójicamente, el entierro de Franco en Cuelgamuros no obedeció a una decisión previa de Franco, sino de Arias. Según Peñaranda, el cadáver se llevó allí porqué “no había un sitio permanente en Madrid donde poder enterrarle”. Y apuntó que la familia del dictador fue informada, más que consultada: “Al inicio del otoño [de 1975] quizá Arias se lo dice a la familia… Y Doña Carmen [Polo] debió decirle: ‘Haced lo que os parezca más oportuno'”. De hecho, la hija de Franco afirmó que “no tenía ni idea de dónde quería ser enterrado” su padre.

En el Valle de los Caídos el féretro fue transportado por ayudantes de Franco y miembros de la familia (Alfonso de Borbón, el marqués de Villaverde y nietos) hasta el umbral de la basílica. Mientras tanto, en la explanada, que reunía a miles de congregados (se estimó que hasta 100.000 personas), se oyeron gritos rituales de “¡Franco, Franco, Franco!”, así como cánticos del himno falangista “Cara al Sol”, del carlista “Oriamendi” y del de la Legión.

Luego el ataúd fue trasladado hasta el altar mayor, donde el abad lo bendijo e hizo jurar a los jefes de las Casa Civil y Militar del autócrata que el difunto estaba en su interior. Allí se había excavado una fosa de tres metros revestida de bronce con relieves de cuatro escudos: de jefe del Movimiento, de Capitán General de los Ejércitos, de su Casa y del Estado. Cubrir aquel gran vacío (2.25 metros de largo y 1 de ancho) requirió una lápida de 1.500 kilos de granito que solo tenía la lacónica inscripción “Francisco Franco” y una cruz. Hacia las 14.15 la pesada losa cubrió el sepulcro. Un Rey emocionado oró brevemente y partió.

Cuando dejó el lugar empezó a cerrarse la historia de la dictadura, a la vez que el mausoleo adquirió un profundo simbolismo político al acoger a Franco junto a José Antonio Primo de Rivera. Y es que enterrado el hombre, empezó a tejerse el mito que exaltarían hasta hoy sus devotos admiradores.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (23/XI/2018): Xavier Casals, “23-N: La operación Lucero”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


ENTREVISTA A CARLOS FONSECA: “CONOCEMOS SOLO UNA PARTE DE LA TRASTIENDA DEL ASESINATO DE YOLANDA GONZÁLEZ”

octubre 7, 2018

Carlos Fonseca.

 

EL PERIODISTA Y ESCRITOR CARLOS FONSECA (MADRID, 1959) HA PUBLICADO UN MÁS QUE INTERESANTE LIBRO SOBRE EL ASESINATO DE YOLANDA GOZÁLEZ, militante del extraparlamentario Partido Socialista de los Trabajadores [PST]: No te olvides de mí. Yolanda González, el crimen más brutal de la Transición. Su homicidio fue cometido el 1 de febrero de 1980 por dos ultraderechistas, Emilio Hellín e Ignacio Abad. Ambos formaban parte de un grupo organizado que reivindicó la muerte en nombre del Batallón Vasco Español [BVE] y cuyas conexiones con ámbitos de la Seguridad del Estado no se aclararon.

Fonseca es autor -entre otras obras- del bestseller Trece rosas rojas (2004, llevado al cine); Mañana cuando me maten (2015), que reconstruye las últimas ejecuciones del franquismo; y Garrote vil para dos inocentes (1998), sobre dos anarquistas ejecutados en 1963 por un crimen que no cometieron. Ahora se ha aproximado al caso de Yolanda González, que ha reconstruido en un ensayo bien documentado, pues cuenta con testimonios de familiares, abogados y compañeros de militancia. Escrito con prosa ágil, lo recomendamos a quienes estén interesados por la violencia durante la Transición (puede accederse a un fragmento de la obra aquí).

Dado el tema del ensayo, hemos entrevistado a Fonseca en nuestro blog y le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿Por qué considera que el asesinato de Yolanda González fue “el crimen más brutal de la transición”?

Estamos hablando de una época, la transición, muy compleja y conflictiva, en la que muchos jóvenes estudiantes como Yolanda perdieron la vida por disparos “al aire” de la Policía o a manos de grupos de ultraderecha. Estoy hablando de José Luis Montañés, de 23 años, y Emilio Martínez, de 20, que perdieron la vida el 13 de diciembre de 1979 en la Ronda de Valencia (Madrid) alcanzados por disparos de la Policía al concluir una manifestación de protesta contra las reformas educativas del Gobierno de Adolfo Suárez. Hablo también de Carlos González, de 21 años, asesinado en septiembre de 1976 por un comando ultraderechista al término de una protesta al cumplirse el primer aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. O de Arturo Ruiz, de 19 años, a quien un ultraderechista atravesó el corazón de un disparo en enero de 1977 cuando se manifestaba a favor de la amnistía, o de Mari Luz Nájera, que resultó muerta al día siguiente tras ser alcanzada en la cabeza por un bote de humo lanzado por la Policía cuando protestaba por la muerte de Arturo.

La lista de víctimas de aquel tiempo es enorme, pero el caso de Yolanda tiene para mí unas connotaciones especiales que le convierten en el más brutal de la transición. En su caso, fue vigilada previamente, secuestrada en su casa y conducida a un descampado de San Martín de Valdeiglesias, donde le descerrajaron dos tiros en la cabeza.

Yolanda González, asesinada con 19 años.

¿Qué novedades aporta su libro sobre este asesinato?

No soy tan pretencioso como para pensar que iba a resolver un crimen perpetrado hace ya 38 años, pero la historia que se contó en los periódicos está deshilachada, le falta un hilo conductor que explique lo ocurrido. Quería también desmitificar una etapa de nuestra historia reciente, la transición, de la que nos han “vendido” una imagen demasiado edulcorada en la que todo eran acuerdos y consenso, cuando la realidad es que fue un periodo tremendamente convulso en el que las libertades estuvieron a punto de irse por el garete de la historia con dos intentonas golpistas afortunadamente fallidas (la Operación Galaxia y el 23-F).  Es mentira que la transición sea obra de unos pocos personajes como el Rey Juan Carlos I o el presidente Adolfo Suárez. La transición fue una obra colectiva en la que se implicaron numerosas personas anónimas, algunas de las cuales se dejaron la vida en el intento, y una de ellas fue Yolanda.

“Estamos ante una investigación incompleta y muy controvertida, que impidió llegar hasta el fondo en las implicaciones políticas del caso”.

Sirviéndome de abundante documentación, parte de ella inédita, y del testimonio de quienes vivieron los hechos, he intentado armar un puzzle cuyas piezas estaban sueltas para, a partir de la imagen obtenida, llegar a la conclusión aproximada de lo que ocurrió, por qué ocurrió y quienes fueron los responsables. Sin olvidarme tampoco del lado humano, de la Yolanda mujer que añora a su familia, que se viene a vivir a Madrid porque se ha enamorado de un joven nueve años mayor que ella, que trabaja y estudia, y a la que sus inquietudes políticas llevan a implicarse en la lucha por la recuperación de las libertades. El libro contiene cartas personales cruzadas con sus padres y hermanos, diligencias policiales inéditas, las declaraciones de los asesinos… que me llevan a la convicción de que estamos ante una investigación incompleta y muy controvertida, que impidió llegar hasta el fondo en las implicaciones políticas del caso.

¿Se pudo saber qué ramificaciones tenían los asesinos con las fuerzas y los cuerpos de seguridad del Estado?

No. Sabemos que un policía nacional acompañó a los integrantes del comando que asesinó a Yolanda hasta su domicilio la noche del crimen. Sabemos que Emilio Hellín, el autor material de los disparos que acabaron con la vida de la joven, alardeaba de sus excelentes contactos con miembros de los cuerpos de seguridad y del Ejército. Sabemos que varios días después del asesinato viajó a Vitoria y se entrevistó con tres policías en la capital alavesa. Sabemos que Hellín tenía cintas grabadas con datos de miembros de ETA dictados por una persona que, por la información facilitada, solo podía ser policía. Sabemos que el propio Hellín implica en el crimen a un policía de los servicios de información de nombre Antonio, al que nunca se identificó. Hay datos, indicios, hilos de los que tirar, de los que nunca se tiró.

Emilio Hellín, uno de los condenados por el secuestro y asesinato de González (imagen de Público).

¿Por qué el comando asesino se autodenominó Grupo 41?

El comando estaba integrado por cuatro militantes del partido ultraderechista Fuerza Nueva del distrito de Arganzuela (Madrid) que decidieron autodenominarse Grupo 41, pero desconozco si el nombre tiene alguna connotación. Lo cierto es que se dedicaban a labores de seguridad tales como prestar protección en los actos públicos del partido o recabar información sobre las personas que pretendían afiliarse a FN para asegurarse de su lealtad a la causa. Estaban al mando de un exguardia civil, David Martínez Loza, jefe nacional de Seguridad de FN, que les encargaba también otros “trabajos”. De hecho, el día que asesinaron a Yolanda tenían previsto inicialmente colocar una bomba en las oficinas de la Agencia Cinco Cero, distribuidora de la revista Interviú, contra la que el partido había iniciado una campaña por varios artículos sobre la ultraderecha.

¿Qué cabos han quedado sueltos sobre aquel crimen cuando han transcurrido casi 40 años?

Muchos. Te cito algunos. Por ejemplo, los investigadores recuperaron las dos pistolas utilizadas en el crimen. Ambas tenían el número de serie borrado, pero consiguieron reconstruir el de una de ellas, lo que abría la posibilidad de seguir la pista al arma, localizar a su último poseedor y descubrir cómo había llegado a manos de los asesinos. El juez se limitó a comprobar si estaba registrada por algún particular en la Intervención de Armas de la Guardia Civil, pero se negó, pese a la insistencia de los abogados de la acusación, a indagar si formaba parte de la dotación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, lo que impidió conocer si había policías o guardias civiles relacionados con los hechos.

“No tengo ninguna duda de que las seis personas que fueron condenadas estaban implicadas en el caso, pero estoy convencido también de que hay más personas que consiguieron eludir la acción de la justicia”.

Otro ejemplo más. Los investigadores encontraron un arsenal de armas y explosivos en la academia que Emilio Hellín regentaba en los aledaños de la Gran Vía de Madrid. La academia se precintó y allí quedaron depositados elementos de convicción, como un terminal de ordenador que los abogados de la acusación sospechaban podía estar conectado con algún servicio de información policial. Cuando, más de un año después, el juez envió a dos peritos para analizar las pruebas resulta que había desaparecido todo. Nunca más se supo su paradero.

Estado en el que fue halldo el cuerpo de Yolanda González.

Y otro ejemplo más: Hellín escapó de la prisión de Alcalá de Henares seis meses después del crimen, en agosto de 1980. Una fuga rocambolesca, a punta de pistola, que se frustró esa misma tarde. Un juzgado abrió una investigación para conocer los pormenores de la fuga y si el ultraderechista había recibido ayuda del exterior. Se llegó a procesar a su hermana y…. la causa desapareció durante años. Cuando por fin se recuperó los hechos habían prescrito y fue archivada.

Son muchos detalles, unos más relevantes y otros menos, que llevan a pensar que conocemos solo una parte de la trastienda del caso. Es probable que Hellín tenga la respuesta a muchas preguntas, pero no ha querido colaborar en el libro. Estuve con él en su despacho y me dijo que no se había contado toda la verdad del caso, que ni siquiera él conocía. ¿Miente? Francamente, no lo sé. Lo que sí sé es que durante la instrucción del caso cambió su versión de los hechos, es decir, que mintió. Personalmente, no tengo ninguna duda de que las seis personas que fueron condenadas estaban implicadas en el caso, pero estoy convencido también de que hay más personas que consiguieron eludir la acción de la justicia.


UN GUARDIA CIVIL CONOCEDOR DE LA LUCHA CONTRA ETA, CREE QUE EL ETARRA PERTUR FUE ASESINADO POR UN GRUPO DEDICADO A LA “GUERRA SUCIA”

septiembre 17, 2018

Pertur

Pertur (imagen de EFE, publicada por eitb.ews).

¿FUE UN GRUPO PARAPOLICIAL EL AUTOR DE LA MUERTE DE PERTUR? En julio de 2016 pasado, cuando se cumplieron 40 años de la desaparición del dirigente de ETA-político militar Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, hicimos una entrada en el blog que reprodujo una crónica de Luis R. Aizpolea en El País (23/VII/2016). En ella se exponía la controversa existente sobre la autoría de su muerte.

Una desaparición sobre la que circulan versiones opuestas

De este modo, una hipótesis apunta que su desaparición fue obra de los propios etarras por las posiciones ideológicas que Pertur sostenía, mientras otra la atribuye a la actuación de un grupo de ultraderecha de carácter parapolicial dedicado a la llamada “guerra sucia” contra ETA. Por nuestra parte, tras analizar el tema en nuestro último estudio La transición española. El voto ignorado de las armas, apuntamos que la hipótesis más verosímil sobre su desaparición fue su asesinato por parte de miembros de la propia ETA.

Sin embargo, este año se ha publicado el testimonio de un agente de la Guardia Civil, Manuel Pastrana (Pastrana, en el nombre de la guerra sucia), que sostiene la versión opuesta de los hechos

Así, expone su opinión sobre la muerte de Pertur a partir de su conocimiento de la lucha contra ETA, que es substancialmente diferente a la que nosotros hemos argumentado. La reproducimos a continuación por su interés sobre el tema:

“[…] Las teorías son innumerables para explicar su muerte [de Pertur]. Alguna alude incluso a un ajuste de cuentas entre facciones de ETA. Yo no soy quién para desmentir ninguna, pero creo que las cosas fueron diferentes. La Armada había montado un equipo de inteligencia naval. Más que un equipo eran unos juramentados, con el objetivo de no descansar hasta que dieran venganza a la muerte del almirante Carrero Blanco. Más tarde hice amistad fuerte con uno de los de ese equipo. Conocido como ‘Pedro el marino’, realmente Juan Manuel Rivera Urruti, capitán de fragata. Todos o casi todos los miembros del comando de ETA de la Operación Ogro [nombre que ETA empleó para aludir al operativo que asesinó a Carrero el 20 de diciembre de 1973] cayeron tarde o temprano por la tenacidad de este equipo. Pertur, estoy convencido de que entregado por su propio primo a cambio de dinero, también cayó. Y creo que literalmente cayó desde la borda de un patrullero en alta mar. Jamás se encontró su cadáver” (p. 158).

La polémica sigue

Así pues, según el punto de vista de Pastrana, Pertur fue víctima de la “guerra sucia”. Por consiguiente, la controversia sobre su muerte dista de estar cerrada. El apunte  de este guardia civil no puede ser echado en saco roto por su conocimiento sobre la lucha del Estado contra ETA. De ahí que nos hagamos eco del mismo, sin que ello suponga que el caso está cerrado.