EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER, UNA “SECTA” GERMANA NEONAZI

octubre 27, 2016

 

reichsburger

Concentración del movimiento Reichsbürger (foto publicada en Dialog International).

¿QUÉ ES EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER? Se trata de un fenómeno de cierta similitud con las milicias estadounidenses de extrema derecha.

Este mes ha cobrado notoriedad porque la madrugada del 19 de octubre uno de sus seguidores -un hombre de 49 años con licencia de caza y que poseía 30 armas- disparó a cuatro policias sin mediar palabra durante un registro policial en Georgensgmünd.

El agresor pertenece al movimiento Reichsbürger  [Ciudadanos del Reich o del Imperio], que -como señala la agencia Efe– “no reconoce la legalidad de la República Federal Alemana (RFA) y niega el holocausto judío en la II Guerra Mundial”.

Según el Ministerio de Interior de Brandemburgo es una “‘especie de secta de ultraderecha’ con un ‘núcleo de derecha radical no inofensivo’”. Por su parte, el ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann, definió a sus miembros “como ‘extremistas’ y ‘peligrosos’, porque no reconocen la legalidad, por lo que están vigilados por los servicios de inteligencia”.

A continuación reproducimos la información y las imágenes sobre este movimiento de Wolfgang Dick, publicada por la corporación estatal Deutsche Welle sobre los “Ciudadanos del Reich” (19/X/2016) y que  define sus principales rasgos. Puede accederse al texto original clicando aquí.

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¿Quiénes son los “Ciudadanos del Reich”?

Son radicales y violentos, como demuestra el reciente ataque con arma de fuego contra cuatro policías en Baviera. ¿Quién está detrás del llamado movimiento de los “Ciudadanos del Reich” y cuán peligroso es?

Joachim Widera, miembro de los Ciudadanos del Reich, muestra orgulloso su pasaporte.

Joachim Widera, miembro de los “Ciudadanos del Reich”, muestra orgulloso su pasaporte.

Este miércoles (19.10.2016), un ultraderechista de los “Ciudadanos del Reich” abrió fuego contra la Policía durante un registro en Núremberg, en el sur de Alemania, hiriendo a cuatro agentes.

¿Quiénes son estos “ciudadanos”? Están convencidos de que Alemania sigue siendo un territorio ocupado por los aliados occidentales y que no es más que una entidad administrativa. Solo reconocen las fronteras del Imperio Alemán (Deutsches Reich) de 1937. Los llamados “Ciudadanos del Reich” agobian a las administraciones alemanas con demandas y también hacen uso de la violencia.

Se trata de grupos pequeños y de ciudadanos aislados, que viven sobre todo en Brandemburgo, Mecklemburgo-Antepomerania y Baviera. Rechazan la República Federal de Alemania y sus autoridades estatales. Se rehúsan a pagar impuestos y han creado pequeños “territorios estatales” propios con nombres como “Segundo Imperio Alemán”, “Estado Libre de Prusia” o “Principado Germano”.

Estos grupos incluso imprimen pasaportes y licencias de conducir para sus supuestos territorios estatales. También producen playeras y banderas con fines publicitarios. El hecho de que todo esto sea ilegal y que ninguna autoridad alemana lo reconozca es ignorado por los “Ciudadanos del Reich”. En sus páginas web exhortan a seguir luchando contra la República Federal de Alemania.

¿Un puñado de locos?

De acuerdo con informaciones de algunos servicios de inteligencia federales, existen en Alemania unos cuantos cientos de “Ciudadanos del Reich”. Se estima que en Brandemburgo viven entre 150 y 200 miembros. En la mayoría de los casos, se trata de hombres, en promedio mayores de 50 años, pertenecientes a estratos sociales bajos. Entre sus seguidores hay muchos populistas de derecha y defensores de ideologías antisemitas y nazis. Un juez en Sajonia-Anhalt los describió como “teóricos de la conspiración” y personas “permanentemente descontentas”.

Sobre todo la creciente radicalización de este movimiento se ha vuelto un problema. Generalmente, inundan a las autoridades locales con solicitudes y rechazos a órdenes y avisos de pago. Y es que, independientemente del contenido, las autoridades están obligadas por ley a tramitar todas las solicitudes formalmente correctas.

Los alcaldes de varios municipios se quejan de que, además, son atacados verbal y físicamente por los “Ciudadanos del Reich”. Muchas veces los agresores graban sus ataques y los suben a la red.

Miembros de los Ciudadanos del Reich protestan frente al Bundestag.Miembros de los “Ciudadanos del Reich” protestan frente al Bundestag.

En Baviera, los ultranacionalistas irrumpieron en una sala de audiencia, robando documentos de la mesa del juez. En la localidad de Wittenburg, en el estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, los empleados de un ayuntamiento recibieron capacitación en seguridad para hacer frente a los ataques. En Brandemburgo se están probando sistemas de alarma para las oficinas tributarias.

Violencia extrema

En tiempos recientes, los “Ciudadanos del Reich” han llamado la atención por su violencia. A principios de año, un policía fue amenazado con un cuchillo. En la localidad de Reuden, en Sajonia-Anhalt, un miembro del movimiento disparó contra agentes de seguridad de un comando especial.

En el marco de varios registros domiciliarios, la policía ha encontrado armas y municiones. Los seguidores de los “Ciudadanos del Reich” se siguen armando. En la localidad de Höxter, en Renania del Norte-Westfalia, un grupo del “Estado Libre de Prusia” intentó crear su propia policía comunitaria con armas conseguidas en el extranjero.

Tras el reciente caso de violencia en Baviera, el ministro del Interior de ese estado federado, Joachim Hermann, anunció que en el futuro se vigilará más a los “Ciudadanos del Reich”.

 


EL REGRESO DE “MI LUCHA”: EDICIONES, DEBATES Y POLÉMICAS

enero 15, 2016

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Ejemplar de Mi lucha, de Adolf Hitler (foto de Deutsche Welle).

AL CUMPLIRSE LOS 70 AÑOS TRANSCURRIDOS PARA QUE EXPIREN LOS DERECHOS DE AUTOR DE MI LUCHA, que hasta ahora poseía el Estado de Baviera, es posible editar de nuevo la obra de Hitler, como ya anunciamos en nuestro blog al analizar el éxito del libro en la India.

En este sentido, nos parece de interés para nuestros lector@s reproducir el interesante artículo de Ricardo de Querol y Luis Doncel publicado en el suplemento literario Babelia del diario El País el 14/XII/2015, al ofrecer una panorámica sobre el tema con referencias bibliográficas.

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Desmontando el ‘Mein Kampf’ (sin silenciarlo)

Una edición crítica a cargo de historiadores alemanes y una novela recuperan el libro de Hitler al expirar sus derechos. Para rebatir cada una de sus mentiras y mensajes de odio.

Detalle del tebeo ‘Mein Kampf’, dibujado por Clément Moreau en 1937 para ridiculizar el libro del dictador.

Nadie que hubiera leído con detenimiento Mein Kampf, de Adolf Hitler, tras su publicación (el primer volumen en 1925, el segundo en 1928) podía sorprenderse de todo lo que vino después: ahí estaba, negro sobre blanco, su propósito genocida, su apuesta por un expansionismo militar, su obsesión por la pureza racial, su deseo de apartar primero y exterminar después a judíos y discapacitados, su desprecio a la democracia, el humanismo o el pacifismo. La idea central es explícita: el fuerte tiene la obligación de aplastar al débil.

Todo eso estaba ahí escrito y, sin embargo, fueron muchos los que no vieron venir la tiranía, la guerra o el Holocausto. Por ejemplo, The New York Times publicó en 1933 una crítica nada desfavorable del libro de este “hombre extraordinario”, que “hace mucho por Alemania”, patriota, unificador del país y defensor del derecho a la propiedad, según escribía James W. Gerard, exembajador en Alemania, quien solo se desmarcaba del Führer por su feroz antisemitismo. Algunos años después, en 1940, estuvo más finoGeorge Orwell en New En­glish Weekly al reseñar una nueva edición en inglés. Hitler, avisaba Orwell, estaba anunciando “un horrible imperio descerebrado” que se extendería de forma violenta hasta Afganistán. El luego autor de 1984 se preguntaba perplejo cómo el jefe nazi había sido capaz de imponer a sus compatriotas “esa visión monstruosa”.

Quitando su evidente valor como documento histórico, Mein Kampf hoy resulta un plomizo y reiterativo ensayo repleto de argumentos pseudocientíficos o pseudohistóricos que no resisten un análisis serio. Que solo convencerá al predispuesto a convencerse. A punto de cumplirse el plazo de 70 años para que expiren los derechos de autor, hasta ahora en manos del Estado de Baviera, un grupo de historiadores publicará el próximo enero una edición crítica con más de 3.500 notas que desmenuzan y contextualizan las tesis del libro del que hasta 1945 se imprimieron más de 12 millones de ejemplares.

Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition —del que por ahora no hay planes de ser traducido al español— ofrece “información objetiva, explica los conceptos ideológicos, revela las fuentes materiales y contrasta las valoraciones o medias verdades de Hitler con los hechos históricos”, explica Magnus Brechtken, subdirector del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich-Berlín, que ha impulsado la obra. Coincidiendo con esta ambiciosa publicación, muchos se preguntan estos días si el libro-fetiche de la ideología que destruyó gran parte de Europa da aún miedo. Disponible a pocos clics para cualquier internauta, el mensaje de odio de Hitler es jaleado en páginas web, incluidas algunas yihadistas, y goza de una chocante popularidad en países como India.

Pero en Alemania el halo de peligro de Mein Kampf parece haberse evaporado. Un reciente informe de los servicios secretos señalaba que en los últimos 20 años el interés de los ultras por las tesis hitlerianas ha disminuido. Los neonazis, señalaban las autoridades alemanas, encuentran en estas páginas pocos elementos con los que identificarse, exceptuando algunas ideas clave como el antisemitismo. Y los populismos de derechas que crecen con fuerza en media Europa se esfuerzan por distanciarse del nacionalsocialismo y apuntan a la inmigración musulmana como el enemigo, en lugar de a los judíos. “La obra de Hitler triunfó porque ofrecía respuestas fáciles a los problemas de principios del siglo XX. Pero esas respuestas no funcionan para el mundo actual”, resume Marc Buggeln, historiador de la Universidad Humboldt especializado en el nacionalsocialismo.

Portada de una de las primeras ediciones de Mein Kampf.

En contra de una creencia muy extendida, Mein Kampf no estaba prohibido hasta ahora en Alemania, como es el caso de otros símbolos nazis. Simplemente, el Estado de Baviera, poseedor de los derechos, se negaba a editarlo de nuevo. Pero el libro podía encontrarse sin demasiadas dificultades en ediciones antiguas o en la Red. Por eso, los historiadores consultados coinciden en que la estrategia de silenciarlo no tiene sentido. Antony Beevor, autor de libros de referencia sobre la Segunda Guerra Mundial, es uno de ellos. “El intento de ocultarlo, ya sea a través del tabú social o de la legislación, solo sirve para aumentar el atractivo de lo prohibido. Los neonazis o los yihadistas podrán citarlo, pero esa es una razón de más para disponer de ejemplares que demuestren la deshonestidad intelectual y falsedades que impregnan cada página”, señala.

Christian Hartmann, jefe del equipo de investigación responsable de la nueva edición, define a Hitler como el perfecto demagogo que mezcla mentiras, medias verdades y hechos reales. Y precisamente contra esta confusión se dirige su proyecto. Las notas que acompañan al texto original no solo matizan o desmienten las tesis de Mi lucha,también sirven para ridiculizar al autor en sus encendidos momentos de exaltación patriótica. Un ejemplo es la narración de los días iniciales de la Primera Guerra Mundial.  “Entonces comenzó lo que para mí, como supongo que para cualquier alemán, fue el más grande e inolvidable momento de mi vida terrenal. (…) Con orgullosa melancolía pienso ahora en esos días de los que ahora se conmemora el décimo aniversario; en esas semanas en las que comenzó la batalla heroica de nuestro pueblo que me permitió participar en el noble destino de nuestra patria”, escribía Hitler en 1924 con afectada intensidad.

“Los ultras de hoy encuentran poco con que identificarse en el libro de Hitler. Menos aún los nuevos populismos”.

Pero las notas que acompañan este pasaje restan heroísmo y añaden un involuntario toque cómico. Los investigadores de Múnich recogen los recuerdos de Rudolf Hess sobre la gestación de estas páginas. “Oigo su voz en la habitación de al lado. Parece que está en pleno proceso de revivir sus experiencias de la guerra, imitando los ruidos de granadas y de ametralladoras, salta de forma salvaje en medio de la habitación, arrastrado por su fantasía”, escribe el hombre que más tarde sería el número dos en la jerarquía nazi. A los pocos días, Hess retomaría el episodio al contar que Hitler le leyó en voz alta el relato de su bautismo de fuego en la Gran Guerra preso de la emoción sin contener las lágrimas.

La nueva edición sirve también para saber hasta qué punto Hitler idealizó sus andanzas. Así, el hombre que dos décadas más tarde destruiría gran parte de Europa explicaba su salida de Austria en mayo de 1913 exclusivamente por motivos políticos. “No quería luchar por el Estado de los Habsburgo, pero sí estaba preparado para morir en cualquier momento por mi pueblo y por el imperio que lo encarnaba”, escribe enfático. Los historiadores explican que su traslado a Múnich se debió principalmente a motivos económicos; y que un año más tarde, un examen en Salzburgo lo declaró no apto para las armas.

Portada de la nueva edición crítica de Mein Kampf.

La llegada a las librerías del ideario nazi no es el único síntoma de que, 70 años después del suicidio del tirano, Alemania ha normalizado su relación con Hitler, objeto incluso del humor. Hace dos meses, medio Berlín apareció empapelado con carteles en los que se reconocía su inconfundible flequillo y bigotito. “Ha vuelto”, alertaban los anuncios. En realidad, se trataba de la campaña de promoción de una comedia que imagina qué pasaría si Hitler apareciera en la Alemania actual. En cinco semanas, más de dos millones de espectadores han visto esta película basada en la novela homónima que también batió récords de ventas. “Me parece muy bien que se puedan hacer bromas sobre él, porque, además de un asesino en masa, también era una figura ridícula. Las generaciones anteriores no podían reírse de él, pero ahora es posible, en parte, porque ha perdido su halo de peligro”, asegura Buggeln.

El del Instituto de Historia Contemporánea no es el único trabajo que trata de poner contexto a Mein Kampf. El historiador y periodista Sven Feliz Kellerhoff publica Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX un ensayo en el que aborda cómo Hitler falsificó su propia biografía y se profundiza en la procedencia de su ideario. Una de las conclusiones de libro, lanzado en septiembre en Alemania y que Crítica publica en español este próximo enero, es que Hitler se enriqueció gracias a la difusión masiva del libro cuando los nazis se instalaron en el poder. Kellerhoff critica que el Estado de Baviera haya obstaculizado hasta ahora el conocimiento y el debate entre los expertos sobre esta obra que califica de “espantosa”.

Su lucha, de Patricio Lenard.

Otro acercamiento interesante aMein Kampf recién llegado a las librerías tiene forma de novela. Su lucha, del argentino Patricio Lenard, es un ficticio diario de Rudolf Hess que este habría escrito mientras Hitler le dictaba el primer volumen en la cárcel militar de Landsberg, donde ambos cumplían pena por el intento de golpe de Estado o Putsch. Es una excusa para el making of,para narrar cómo se ideó el libro en una prisión donde los cabecillas nazis recibían un trato privilegiado. También para contextualizar sus capítulos principales, que se reproducen en parte. “Es un periodo del que no hay demasiada información. La forma de diario me obligó a investigar qué ocurrió en aquellos meses de 1924. Fue útil para mí obrar como historiador en mi rol de novelista”, explica Lenard, para quien esta es la primera incursión en el terreno de la ficción.

Su lucha tiene como gran atractivo una profusión de detalles sobre la personalidad, costumbres y manías del que luego fue dictador alemán. Un puritano que se niega a fumar, beber alcohol o comer carne, lo que Lenard relaciona con la muerte de su padre de un derrame cerebral sobre su vaso de vino matutino. “El complicado trasfondo familiar de Hitler, con un padre alcohólico y maltratador, queda fuera de Mein Kampf, como tantas otras cosas que se contradecían con la imagen que él pretendía dar”. Esos elementos sí se recogen en el supuesto diario de Hess, quien “anota las confidencias de su líder escrupulosamente”. El otro pilar de la novela es ese foco puesto en Hess, un personaje desconcertante que sentía devoción por Hitler y fue su escribiente; que en 1941 protagonizó un rocambolesco viaje a Escocia para negociar un acuerdo sin conseguirlo; que en 1987 fue el último jefe del Reich en morir en prisión. “De los jerarcas nazis, Hess fue el más enigmático de todos. Desde un punto de vista literario, funciona como el comparsa que provee la distancia mínima necesaria para abordar un personaje inabarcable como Hitler”, explica el autor.

“’El racismo tiene que ser combatido al margen de que los racistas lean este texto histórico’, afirma el historiador Brechtken”

Pero, entonces, ¿sigue siendo peligroso Mein Kampf? “Es una fuente histórica”, responde Magnus Brechtken. “Contiene visiones ideológicas de los años veinte que reflejan un discurso de ese tiempo, especialmente en racismo, antisemitismo y militarismo en la política exterior. Está escrito en un estilo que suena extraño a los lectores de hoy. El racismo y el antisemitismo no han desaparecido desde entonces. Pero tienen que ser combatidos al margen de que los racistas y antisemitas lean este texto histórico”.

Para Lenard, “con el paso del tiempo, el panfleto de Hitler ha pasado a ser un documento histórico más que un vehículo de propaganda y, mal que nos pese, uno de los libros más importantes del siglo XX. Que los neonazis y los negacionistas de la Shoah no se dediquen a la glorificación de los crímenes de los nazis, sino a su minimización o banalización, habla a las claras de que nadie podría hoy planificar el advenimiento de un Cuarto Reich inspirándose en sus páginas. La necesidad de releerlo no solo debería servir para empezar a levantar un tabú que no ha hecho más que acrecentar la leyenda negra que pesa sobre el libro, sino para generar anticuerpos frente al peligro de la extrema derecha y el fascismo, hoy cada vez más presente”.

En el epílogo de La zona de interés (Anagrama), su novela sobre el Holocausto, el británico Martin Amis se pregunta si es posible meterse en la mente de Hitler. Y encuentra la respuesta en La tregua,del superviviente de los campos Primo Levi, para quien resulta un “alivio” sentirse incapaz de entender al líder nazi. “Quizás sea deseable que sus palabras (y también, por desdicha, sus actos) no sean susceptibles de comprensión por nuestra parte”.

Costará entender al personaje, pero se podía entender lo que iba a traer. La escritora Alice Hamilton lo vio claro en 1933, cuando escribió en su reseña para Atlantic Monthly que el líder nazi “no es un enigma: no hay ningún misterio sobre él”, ya que no disimula su “brutalidad naif”. Porque el autor del Mein Kampf, concluía, “no está pensando en persuadir: está proclamando principios que deben ser aceptados porque hay fuerza, fuerza física, detrás de ellos”.

Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition. Christian Hartmann, Thomas Vordermayer, Othmar Plöckinger y Roman Töppel. Instituts für Zeitgeschichte München-Berlin. Múnich, enero de 2016. Cerca de 2.000 páginas. 59 euros.

Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX. Sven Felix Kellerhoff. Crítica. Barcelona, enero de 2016. 304 páginas. 20,81 euros

Su lucha. Patricio Lenard. Adriana Hidalgo. Buenos Aires, 2015. 384 páginas. 26,55 euros.


¿QUÉ QUEDA DE FRANCO? CASI UN 20% DE ESPAÑOLES CONVIVIRÍA CON UN RÉGIMEN AUTORITARIO

diciembre 18, 2015

Sombra de franco

La sombra de Franco es ya solo una sombra difusa (imagen de www.elmundotoday.com).

SOLO UN 1% DE ESPAÑOLES SE SIENTE ORGULLOSO DEL RÉGIMEN DE FRANCO, aunque uno de cada cinco no tendría problemas con convivir bajo un régimen autoritario, el mismo porcentaje que  critica actualmente la Transición a la democracia.

Éstas son algunas de las conclusiones que el analista Carles Castro destacaba a partir de un análisis de datos del CIS publicado en La Vanguardia (23/XI/2015) y reproducimos a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores.

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Franquismo, cuatro décadas para olvidar

Cuatro décadas duró su régimen y cuatro décadas han pasado ya desde que Francisco Franco expiró en una cama de hospital, el 20 de noviembre de 1975. El dictador que se impuso militarmente a más de media España sólo pudo ser derrotado por el tiempo. Todo lo que él combatió a sangre y fuego –la democracia, los partidos políticos, las autonomías o la libertad de costumbres– se hizo realidad tan pronto desapareció de escena.

Quizás por eso, la figura de Francisco Franco se ha convertido en una sombra, otra más, del pasado, y en un oscuro fantasma que se diluye en la memoria inmediata de las nuevas generaciones. Y, sin embargo, las huellas de su dictadura (los muertos olvidados en las cunetas, los monumentos que evocan las siniestras hazañas de la Guerra Civil o el respingo colectivo que siempre produce recordar lo que realmente ocurrió) siguen ahí. Casi el 60% de los españoles y un 70% de los catalanes creen que “el recuerdo del franquismo continúa muy vivo en la memoria” de los ciudadanos. Pero, al mismo tiempo, hasta un tercio de los encuestados por el CIS (en España y en Catalunya) consideraban hace menos de una década que “es mejor olvidarse del pasado porque, si se remueve, podría volver a repetirse la Guerra Civil”.

Graficos-FrancoInfografía de La Vanguardia realizada a partir de datos del CIS.

De hecho, sólo en Catalunya son mayoría –y corta– los partidarios de esclarecer las violaciones de los derechos humanos que se registraron durante el franquismo. Y ello a pesar del reconocimiento generalizado (del 80% en España y del 91% en Catalunya) de que “durante el franquismo se violaron los derechos humanos”.

Pero la realidad ibérica es siempre más compleja. Muchos años después de su demolición, el porcentaje de españoles que emitían un juicio benévolo sobre el franquismo permanecía invariable: casi un 50% consideraba que la dictadura “tuvo cosas buenas y malas” y otro 10% la calificaba incluso de “positiva para España”.

Sin embargo, esa mirada laxa hacia el pasado ha convivido con una apuesta decidida por el régimen de libertades. Es verdad que el apoyo a la democracia ha disminuido a raíz de la crisis económica e institucional que estalló a partir del 2008, pero la tasa de españoles que muestran su preferencia por el régimen de libertades alcanza al 75% y sigue siendo superior a la que se registraba a mediados de la década de los ochenta, cuando aún estaban muy presentes las imágenes del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Eso sí, uno de cada cinco españoles sigue afrontando sin la menor aprensión la eventualidad de un régimen autoritario. Es el mismo porcentaje (superior al 20%) que a día de hoy critica la transición a la democracia, frente a un 72% –la cifra más baja de los últimos 40 años– que se siente orgulloso del proceso de democratización que protagonizó España.

En realidad, y pese a que un 40% de los españoles y casi el 46% de los catalanes sienten rabia o tristeza al evocar el franquismo, el sentimiento predominante es el deseo de pasar página y dejar definitivamente atrás un periodo del que ­sólo se siente orgulloso el 1% de la población. Tal vez por ello los sondeos detectan una mayoría (rotunda en España y aplastante en Catalunya) a favor de que “los símbolos que rinden homenaje a Franco y al franquismo sean retirados de los lugares públicos”. No se trata sólo de olvidar al dictador sino, sobre todo, a la España violenta e intolerante (aunque muy “plácida” para algunos) que él llegó a representar tan eficazmente.


TERROR GLOBAL “LOW COST”*

noviembre 30, 2015

terror global

Hollande perfila una Europa-fortaleza capaz de restringir libertades y desdibujar la UE sin acabar con el terrorismo.

Los atentados de París evidencian la dificultad de combatir de modo efectivo el terror islamista. Desde nuestra óptica, en esta situación han confluido tres factores.

En primer lugar, estos sucesos son inseparables de 15 años de intervenciones de Estados Unidos y sus aliados europeos en el mundo árabe-musulmán, iniciadas en Afganistán en el 2001 e Irak en el 2003. Su acción pretendía instaurar sistemas democráticos en la región, pero ha acabado remodelándola en sentido opuesto al deseado, pues ha contribuido a originar estados fallidos.

En segundo lugar, nuestra información sobre estos conflictos ha sido deficiente y ha conducido a gruesos errores, como resalta Patrick Cockburn, profundo conocedor de Irak, en Isis (2014). De este modo, EEUU ha considerado aliados a Arabia Saudí y Pakistán, cuando -según Cockburn- estos países fueron los más involucrados en apoyar a Al Qaeda. Igualmente, este reportero destaca que los medios occidentales proyectaron una imagen simplista de lasprimaveras árabes del 2011 al asimilarlas a revueltas democráticas pese a que su trasfondo era heterogéneo. Además, señala que al demonizarse en extremo a Sadam Husein, Muamar el Gadafi y Bashar al Asad se dificultaron posibles transiciones pactadas. Y refleja que hemos carecido de una idea clara de la capacidad militar del ISIS, pues en el verano del 2014 protagonizó su gran expansión y capturó Mosul (la capital del norte de Irak) sin hallar un serio obstáculo en los 350.000 soldados del corrupto Ejército iraquí, en el que se habían invertido 41.600 millones de dólares desde el 2008.

En tercer lugar, las grandes potencias no se enfrentan ahora a ejércitos o colectivos terroristas convencionales, sino a una amenaza nueva, exterior e interior a la vez. Como detalla la economista Loretta Napoleoni, esta amenaza se articula desde las redes sociales a un bajo coste (sus activistas se forman on line y se entrenan con videojuegos) y deja libertad de acción a quienes se acogen a la yihad desde los arrabales metropolitanos europeos. ¿Podremos detener a todos los lobos solitarios que desean inmolarse apoyados por una Umma o comunidad islámica virtual?

Así las cosas, las respuestas de Rusia y Francia al desafío yihadista son discutibles. Las medidas de seguridad anunciadas por François Hollande perfilan una Europa-fortaleza capaz de restringir libertades y desdibujar la UE sin acabar con el terror. Y la mayor implicación militar en Siria o Irak contradice soluciones recomendadas por expertos como el politólogo Robert A. Pape.Este, en Morir para ganar (2005), definió al terrorismo suicida como «una estrategia extrema de liberación nacional utilizada contra los ocupantes extranjeros con un sistema político democrático» y, en consecuencia, planteó que si EEUU quería evitarlo debía retirar sus tropas del golfo Pérsico y adoptar allí una estrategia de equilibrio regional de poder que garantizara sus intereses. Pues bien, nos dirigimos al escenario opuesto.

Cabe concluir de lo expuesto que si no se modifica sustancialmente este panorama deberemos prepararnos para convivir largo tiempo contra un enemigo invisible, nuevo y peligroso: el terror low cost.

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* Artículo publicado en El Periódico (19/XI/2015).


UN MUNDO PEOR O CÓMO LA CIENCIA FICCIÓN HA ANTICIPADO SOCIEDADES TOTALITARIAS*

agosto 13, 2015

1984Imagen del film 1984, dirigido por Michael Radford, basado en la novela homónima de George Orwell y estrenado ese año.

LA LITERATURA DE ANTICIPACIÓN TIENE EN JULIO VERNE SU FIGURA ESTELAR, pero muchos otros escritores han imaginado también el futuro, en ocasiones con tintes apocalípticos. ¿Quiénes han sido estos “visionarios” y hasta qué punto se han cumplido sus profecías?

Han pasado casi quinientos años desde que en 1516 Tomás Moro imaginó una sociedad ideal en Utopía. El título aludía a una isla ubicada en América y regida por una organización social a sus ojos ideal. Su nombre fue resultado de unir los términos griegos ou (“no”) y topos (“lugar”): un ”no-lugar”. Al diseño de un mundo mejor trazado por Moro siguieron muchos otros en distintas épocas. El último de cierto eco fue la novela Ecotopía (1975), de Ernest Callenbach, que describe un paraíso ecológico.

En cambio, hasta inicios del siglo XX no aparecieron las primeras antiutopías, llamadas distopías (del griego dus, “malo”), un término acuñado en 1688 por el economista inglés John Stuart Mill. Aunque suele contarse entre ellas La Máquina del tiempo de H.G. Wells de 1895, la primera del siglo XX fue obra del soviético Yevgueni Zamiatín. Este imaginó, en su novela Nosotros (1924), una sociedad totalitaria a partir del control ejercido por el pujante bolchevismo. La obra fue publicada fuera de la URSS y fue la base del célebre 1984 de George Orwell.

Pero aparecieron otras distopías destacadas. EI británico Aldous HuxIey percibió las amenazas de la biotecnología en Un mundo feliz (1932), donde dibujó una comunidad uniforme a causa de las clonaciones. Ya en r953, el norteamericano Ray Bradbury describió otra sociedad totalitaria en Fahrenheit 451, cuyo eje era un férreo control cultural basado en la destrucción de libros.

En este aspecto, si Zamiatín y Orweil diseñaron sociedades totalitarias sustentadas en la represión, Huxley y Braibury las recrearon a través de la adhesión ciega al poder de sus miembros. Finalmente incluimos una antiutopía menos relevante, pero que cobra cierta actualidad: El campamento de los santos (1973), del francés Jean Raspail, que describe la “invasión” de la “Europa blanca” por parte de inmigrante llegados en barcos desde el Tercer Mundo.

Varias décadas después de su aparición hemos analizado si estas obras acertaron con su visión pesimista. Este es el balance.

Del paraíso comunista al infierno

NosotrosEn Nosotros, Yevgueni Zamiatín (1884- 1937) expuso el potencial desarrollo totalitario de la entonces emergente sociedad soviética. La trama se desarrolla en un futuro indeterminado y presenta un llamado “Estado Único” gobernado por un dictador, “El Bienhechor”. Los habitantes son seres despersonalizados, designados con guarismos y cuya vida está regulada por el Estado en todos sus detalles, lo que les garantiza supuestamente su felicidad. La novela está construida a partir de las anotaciones del protagonista, D-503, un matemático que se enamora de I-330, una disidente del Estado Único.  Su idilio imposible se resuelve con el lavado de cerebro de D-503 (que denuncia a I-330) y su reinserción en el sistema.

Nosotros retrata así a una sociedad en la que imperan la tecnología y la racionalidad, con seres que carecen de derecho e intimidad (tienen vivienda de cristal) y cuyos sentimientos son reprimidos (el mal diagnosticado a D-503 consiste en que se la ha formado un alma), mientras El Bienhechor es reelegido en un simulacro de elecciones.

¿De qué fuentes bebió Zamiatín para escribir su obra? Se inspiró en H. G. Wells (a quien dedicó su ensayo), pero sobre todo –como explica el gran experto en cultura soviética Orlando Figes, autor de El baile de Natasha, 2006- en los rasgos más avanzados de la Unión Soviética de los años 20 del pasado siglo, como sus viviendas comunales; estas impedían la privacidad en todos los ámbitos; contaban con un gran dormitorio único y cuartos aislados para mantener relaciones sexuales: “Se construyeron pocos edificios de esa clase aunque tuvieron mucho peso en […] novelas futuristas como Nosotros”, advierte Figes. Remarca que Zamiatín conoció las ideas del ingeniero Alexei Gastey que en aras de la eficacia previó considerar a las personas como unidades proletarias identificadas con números, anunció la desaparición de las emociones y señaló que el alma no se mediría “por un grito o una sonrisa, sino con una válvula de presión o un velocímetro”.

En suma, este escritor, que murió en el exilio, advirtió pronto la pavorosa dictadura que anidaba bajo diseños de felicidad proletaria y la plasmó en un texto de indudable fuerza que inspiró el 1984 de Orwell influyó en Un mundo feliz de Huxley.

Del Padrecito al Gran Hermano

1984-dosLo que, en Zamiatín, era intuición sobre la dictadura soviética, en 1984 (1949) de George Orwell (pseudónimo de Eric Blair, 1903 1950), era en gran medida realidad. 1984 está basada en el relato de Zamiatín. Muestra una sociedad totalitaria identificada con la Unión Soviética de Stalin, cuyo alter ego en la novela es el Gran Hermano que supervisa toda la actividad de los ciudadanos gracias a grandes pantallas.

En el mundo existen tres superpotencias aparentemente en guerra continua: Oceanía −donde transcurre la acción−, Eurasia y Asia Oriental. El dictador, objeto de un desmedido culto a la personalidad, ejerce un control total de los individuos. Para ello cuenta con múltiples medios, como la reescritura de la historia, una brutal represión de la que se encarga, paradójicamente, por el Ministerio del Amor- y la tergiversación sistemática de la verdad: “La guerra es paz; la libertad es esclavitud; la ignorancia es fuerza”, rezan las máximas de esta sociedad.

Como en la obra de Zamiatín, el amor de1 protagonista, Winston Smith, por una mujer, |julia, hace entrar en crisis su fe en el Gran Hermano. Se 1o acusa entonces de ser seguidor del gran enemigo Goldstein (en realidad Lev Trotski) y de formar parte de su supuesta Hermandad, que conspira contra el Gran Hermano.

La fábula de Orwell, desde nuestra óptica actual, no constituyó tanto una novela de anticipación sino un reflejo hiperbólico del boyante estalinismo, consolidado tras la Segunda Guerra Mundial: el desmedido culto al Padrecito Stalin: la dictadura represiva que ejercía un control extraordinario sobre la población; el poder omnímodo del Partido Comunista; la justificación del sistema en la supuesta felicidad que aportaba a la sociedad; la invención de un enemigo imaginario -el trotskismo- al que se atribuían múltiples complots, o la reescritura del pasado según las conveniencias.

Orwell, pues, proyectó en 1984 una pesadilla que ya era real cuando fue publicada la obra, en 1949.Para constatar hasta qué punto acertó al diseñar su retrato de la Unión Soviética, basta leer las novedades aparecidas en los últimos años sobre Stalin y su era: desde las sucesivas biografías del dictador (D. Rayfield, S. Sebag, R. Service) hasta la descripción de la brutal censura que conocieron los escritores (V. Shentalinsky).

Merece subrayarse que entre Zamiatín y Orwell existe un claro nexo, el nosotros frente al yo. Nosotros viene de Dios y yo del Diablo esa es la idea imperante en el universo de Zamiatín: “nosotros controlamos la vida en cada uno de sus aspectos”, explica un dirigente del Partido al protagonista de 1984. En ambos casos el individuo no existe, solo un impersonal y diluido nosotros.

EI ADN y la clonación

UnmundofelizEn Un mundo feliz (1932), Aldous Huxley (1894-1963)  mostró una sociedad totalitaria organizada en torno a dos ejes: el culto a 1a producción -la máxima deidad se llama Ford- y la meticulosa vigilancia técnica y científica de la reproducción humana (los individuos ya nacen dentro de una suerte de sistema de castas que los predestina a sus futuros menesteres) y de las emociones gracias al consumo de una droga, el soma.

Las personas pierden así su individualidad en una sociedad amorfa de fácil control social. Pero en este mundo existen reservas de humanos -los salvajes- que viven a la antigua usanza. Cuando un miembro de la comunidad la abandona junto con su madre, emergen las con tradiciones: la madre fallece y el salvaje intenta sin éxito vivir como un humano de antaño. Asediado por la prensa y por miles de curiosos, se suicida.

El libro fue una ácida y temprana reflexión sobre las amenazas de la biotecnología. Ya en 1946, Huxley señaló que un rasgo de 1as sociedades totalitarias futuras sería que sus jerarcas gobernarían “una población de esclavos” mediante “un dominio tecnológico y científico”. Por consiguiente, centró la novela en “la aplicación en los seres humanos de los resultados de la futura investigación biológica, psicológica y fisiológica. Apuntó que en su relato la “uniformidad del producto humano ha sido llevada a un extremo sorprendente, aunque quizás no imposible pues consideraba que esa sociedad podía hacerse realidad” en el plazo de un solo siglo

¿Hasta qué punto Huxley dio en el blanco? Él mismo lo analizó en Nueva visita a un mundo feliz (1958), pero era pronto para vislumbrar sus aciertos. Hoy sabemos que los avances biotecnológicos refrendaron parte de sus fantasías, como señaló un gran divulgador de la ciencia, Michio Kaku, en Vísiones (1998): “Las predicciones de Huxley fueron proféticas. Escribió en una época en que las leyes del desarrollo embrionario eran, en gran medida, desconocidas. Menos de cuarenta años después, sin embargo, nació Louise Brown, la primera bebé probeta […]. Y con la llegada de la revolución biomolecular, muchas de sus otras predicciones podrían estar también al alcance”.

En cuanto a si Huxley tenía razón al considerar que tales avances pueden comportar una amenaza para nuestra libertad, creemos que si, en la medida en que planteó un debate hoy candente: el uso de información genética contra los individuos, como advierte Kaku. Por ejemplo, ante el aumento creciente de costes sanitarios, no se puede descartar “que alguien, desde el Gobierno, sienta la tentación de exigir 1a obligación de someterse a pruebas para detectar enfermedades genéticas y negarse simplemente a pagar los costes sanitarios de un niño cuya enfermedad habría sido evitable en caso de haberse realizado pruebas”. Es más, en un futuro, “las personas que tengan hijos sin someterse a pruebas genéticas podrían ser tratadas como parias”. En suma, es muy posible que e1 Estado acabe disponiendo, en el porvenir, de bancos de información genética de cada individuo, con todo lo que ello comportaría.

La destrucción de libros

Farenheit 451Ray Bradbury (1920) escribió Fahrenheit 451 en 1953 con el telón de fondo de la Caza de Brujas anticomunista desatada por el senador Joseph McCarthv. Su obra plantea un problema recurrente en la historia: cómo ejercer el control social mediante 1a censura.

El título de su fábula alude a los grados de temperatura que ha de alcanzar el papel para arder. Su trama se basa en la evolución que experimenta su protagonista, Guy Montag, un bombero pirómano: su labor -como la de todos los bomberos de su sociedad no es apagar fuegos, sino actuar policialmente quemando los libros prohibidos y las casas que los almacenan, incluyendo a sus moradores si se resisten a dejarlas.

En la novela, Montag se cuestiona su labor y las normas de su sociedad. Deviene así enemigo del sistema y su mujer acaba denunciándolo a los bomberos-policías. Ella vive subyugada por un mecanismo de control audiovisual: grandes pantallas de televisión situadas en las paredes del hogar que permiten interactuar a los espectadores con los programas, en lo que parece constituir una suerte de Gran Hermano televisivo: “Es mi familia”, dice la mujer de Montag al referirse a ellos. En esta sociedad, quienes leen inquietan al poder que ve en los libros “fusiles cargados”. Así las cosas, Montag se une a los proscritos que conservan en su memoria diferentes obras para salvaguardarlas, convertidos en libros vivientes.

Bradbury explicitó viejos problemas con mimbres nuevos. Por una parte, recordó que un mecanismo esencial del totalitarismo es la censura de libros, como refleja Fernando Báez en su Historia universal de la destrucción de libros (2004). Pero, además, planteó otras cuestiones hoy vigentes: ¿Hasta qué punto puede sucumbir la cultura escrita ante la audiovisual?, ¿Pueden los grandes hermanos televisivos regir nuestras vidas, como en el film El show de Truman (Peter Weir, 1997)? Y si nos preguntamos si son un ensueño las pantallas televisivas domésticas de Bradbury gigantes e interactivas, Kaku -en su mencionado ensayo Visiones– vislumbra algo de cierto parecido en 1a vivienda inteligente del futuro: “Los tableros, de aproximadamente un metro de longitud, son enormes pantallas informatizadas que se cuelgan en la pared. En casa […] pueden funcionar como pantallas de vídeo de tamaño mural para la televisión interactiva o la web explica.

La “invasión” del Tercer Mundo

campamento de los santosEl temor a la sociedad multicultural cuenta asimismo con una antiutopía: El campamento de los santos, publicada en 1973 por el escritor francés Jean Raspail (1925) y traducida a diversos idiomas (el español entre ellos). La novela recrea el ocaso de Europa debido a una invasión pacífica del Tercer Mundo, iniciada con un convoy de navíos que sale de la India con un millón de indigentes. La expedición parte por sorpresa y es orquestada por un poder oculto.

La prensa progresista bautiza el convoy como “la flota de la última esperanza”, que es rechazada por Australia, Egipto y Sudáfrica, hasta desembarcar en las costas de Francia. En este país las conciencias han sido adormecidas por un clima de opinión políticamente correcto generado por los medios de comunicación y la Iglesia (gobernada por un papa brasileño que ha vendido 1as riquezas del Vaticano para dar testimonio de pobreza). Al aproximarse la flota a la costa, se multiplican en todo el mundo iniciativas migratorias similares, un asalto pacífico por parte de1 Tercer Mundo que constituye e1 preludio del ocaso de Occidente. La llegada de la flota al Midi genera una revolución multirracial y el último reducto de defensores de Occidente es aniquilado. Sucumbe así la raza blanca y la propia Europa. El título de la novela procede del Apocalipsis y, según afirmó Raspail en 1985, su parábola se haría realidad en los primeros decenios del tercer milenio. Lo argumentó en función del desequilibrio demográfico: “Cercados en medio de 7.000 millones de hombres, 700 millones de blancos solamente […], frente a una vanguardia de cerca de 400 millones de magrebíes y musulmanes. ¿Puede imaginarse alguien en un segundo y en nombre de qué ceguera de avestruz es posible la supervivencia de este desequilibrio?

En suma, la obra articula toda la mitología ultrapatriota sobre el eclipse de nuestra civilización: hordas procedentes del Tercer Mundo asaltan pacíficamente Europa, obedeciendo planes ocultos, y hallan una sociedad aletargada.

Ello permite considerarla como una antiutopía que sintetiza los temores y obsesiones propios de la ultraderecha, que denuncia los peligros de la inmigración concebida como invasión. Así 1o reflejó Jean-Marie Le Pen en el 2002: “Se puede estimar que la población de origen extranjero reciente [en Francia] en el año 2000 es del orden de 8 millones, […] en una población francesa global de 58,5 millones. La asimilación no es ya posible. Uno piensa entonces en la profecía de Jean Raspail”.

Trailer del film Fahrenheit 451, dirigido por François Truffaut (1966) y basado en la novela homónima de Ray Bradbury.

Espejo de nuestros temores

E1 siglo XXI parece haber arrinconado en e1 baúl de la historia las esperanzas de utopías relacionadas con una humanidad libre de desigualdades, armónica con su medio natural, sin dictaduras y dotada de instrumentos para dirimir conflictos sin guerras. En cambio, las pesadillas plasmadas por algunos de estos escritores –visionarios aún estremecen.

E1lo se comprende en la medida en que las sociedades que imaginaron han reflejado los terrores obsesivos de inicios y fines del siglo XX: miedo a los sistemas totalitarios, a los peligros de la biotecnología, a los de la censura, a la invasión migratoria. Vistas sus fábulas en perspectiva, se han alejado de la realidad por su carácter apocalíptico, pero se han acercado extraordinariamente a ella por su capacidad de enfatizar los grandes temores del siglo pasado y del nuevo milenio

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* Este artículo fue publicado originalmente con el título “Un mundo peor. El futuro más negro imaginado por la literatura clásica”, Qué leer, 121 (mayo 2007), pp. 44-48. Posteriormente, lo reprodujo la revista Minatura, 123 (julio del 2013) accesible en PDF aquí.

 

 

 

Publicado en la revista Que leer (mayo #121, 2007)


¿QUIEN FUE GABRIELE D’ANNUNZIO? EL PRIMER DUCE (2)

diciembre 5, 2014

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Como complemento a nuestra entrada sobre Gabriele d’Annunzio en el blog, nos ha parecido interesante reproducir el artículo de Núria Escur en La Vanguardia (14/XI/2014) sobre la publicación en España de la biografía de este poeta titulada El gran depredador, de Lucy Hughes-Hallett (le hemos añadido subtítulos para facilitar la lectura). Puede accederse al primer capítulo de la obra clicando aquí.

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Gabriele d’Annunzio, el gran depredador

Una completa biografía presenta al ideólogo del Estado libre de Fiume como precursor del futurismo y adicto al sexo | “En Il Vittoriale, al lado de su mesa de trabajo, donde murió, todavía se encuentran frascos medicinales” | Secretos de d’Annunzio, en el libro triplemente premiado de Lucy Hughes-Hallett

A orillas del lago de Garda, en el municipio de Gardone Riviera, se erige Il Vittoriale, villa y alrededores donde un día se retiró para escribir y pasar sus últimos años Gabriele d’Annunzio. Un bar destartalado y una decadente tienda de camisetas abren paso a un palacio rodeado de esos jardines donde una vez él ordenó plantar diez mil rosales, hoy complejo turístico y lugar de peregrinación de todos cuantos sienten curiosidad por este personaje poliédrico.

El temor al deterioro físico

Al entrar la oscuridad es evidente. Así lo quiso el poeta tras un accidente que lesionó su vista el 16 de enero de 1916 cuando el enemigo alcanzó su avión y él salió despedido. Nunca recuperaría la visión de uno ojo. Todo sigue igual. Interiores sombríos, persianas bajadas, sofás con fundas de terciopelo burdeos, salones llenos -atiborrados- de recuerdos, flanqueados por pesados cortinajes y juegos de mármoles. Quien fue el más grande de los poetas italianos desde Dante dispuso una habitación para orar, otra para las maquetas de aviones. Como un niño que se resiste a crecer. La casa la mantienen, aún hoy, llena de orquídeas, tejidos indios, bordados, estatuas de Buda, jarrones con plumas de pavo real y platos de malaquita llenos de melocotones…

Dos fotos presiden la mesita de azulejos: una de su madre y otra de la actriz Eleonora Duse, quien fue el amor de su vida. A ella regaló una tortuga gigante cuya réplica en escultura sigue impertérrita sobre la mesa de uno de los comedores donde el poeta, sus últimos años, acogía a sus amigos sin dejarse ver él.

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D’Annunzio, aviador.

No soportaba la idea de que presenciaran su deterioro físico, el de un hombre que un día fue apuesto y ahora -rostro desdentado y lleno de arrugas- un cuerpo donde han hecho mella enfermedades venéreas y una creciente adicción a la cocaína. Quince sirvientes tenía vigilando sus manías obsesivas contra la suciedad. Los mantos debían ser de color malva, obligatorio broncearse, los incensarios a punto, un hábito de fraile para días especiales. Archihedonista, su lema es “vivir, escribir”.

D’Annunzio, que fue un gran hipocondriaco, quería tenerlo todo a mano. Apenas un metro a la izquierda de su mesa de trabajo -en el despacho donde le encontraron muerto el 1 de marzo de 1938 de un derrame cerebral- sigue abierta la puerta de un lavabo repleto de estanterías donde el turista puede encontrar decenas de frascos medicinales. El ambiente es claustrofóbico.

El poeta soldado

El Gran Depredador (Ariel), obra de Lucy Hughes-Hallett, es la biografía que ahora aporta detalles más completos de este personaje, tanto que sido galardonada con tres prestigiosos premios de ensayo: el Samuel Johnson, el Costa Award y el Duff Cooper Prize. La historia de ese Gabriele d’Annunzio que nace en Pescara en 1863, hijo de un terrateniente, publica su primer libro de poesía a los 16 años, pronto ingresa en la Universidad de La Sapienza de Roma, donde forma parte de diversos grupos literarios y a los veinte años ya deja embarazada a la hija de un duque.

Quien sería “il Vate”, “el Poeta Profeta”, publicó en 1889 su primera novela, Il piacere. Se casó con Maria Hardouin di Gaselle en 1883 pero el matrimonio duró poco. Con ella tuvo tiene tres hijos pero la deja por una condesa siciliana. Ambas intentan suicidarse cuando él las abandona. Elegido miembro de la Cámara de los Diputados, es obligado a dimitir por su “estilo de vida temerario” y marcha a Francia huyendo de sus acreedores.

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D’Annunzio y Mussolini, una relación compleja.

Poeta, aviador, nacionalista, considera que la muerte debe ser heroica. André Gide describe su mirada como “fría y de refinadas sensualidad”. A todos los dannunzianos les atrae por igual lo espantoso y lo bucólico. Él se avanza a su tiempo. Muchos años antes de que se publique el popular manifiesto futurista de Marinetti, por ejemplo, d’Annunzio ya ha propugnado su pasión por “lo dinámico”, de aeroplanos a automóviles.

La originalidad y el decadentismo de sus textos -también escribió el guión de la película Cabiria– se reflejan en sus habitaciones, con techos y paredes que incluyen anagramas grandilocuentes, lemas, inscripciones llenas de símbolos, objetos que son casi amuletos. “Cuando escribo se apodera de mí una fuerza magnética, como un ataque epiléptico”.

D’Annunzio está obsesionado con su físico: a los treinta años empieza a perder pelo y su figura acaba siendo la de alguien “bajito, calvo, estrecho de hombros y, aun así, podía parecer esbelto, acicalado y seductor”. Su compulsiva promiscuidad le arrastra.

En una de las salas la puerta es tan pequeña que hay que agacharse para entrar. Dentro, una biblioteca. Así la diseñó d’Annunzio para que quien entrara se viera obligado a inclinarse ante “un espacio sagrado de cultura”. Una señal de veneración. Abajo, el pequeño museo que rinde homenaje a su amante, guantes, gafas, corsés de Eleonora Duse (“detesto a Gabriele pero le adoro, le amo tanto, le odio tanto”) y piezas de ropa y escritorio del propio d’Annunzio.

Conoce a Eleonora cuando la gran actriz tiene 37 años, cinco más que él. “Me gustan sus manos blancas -escribe- observadas desde mi monóculo, la mejor zona erógena imaginable”. Una diva y un megalómano tomando champán Mumm, con el mundo a sus pies, puede ser una mezcla explosiva. Su relación acaba de modo tormentoso.

A d’Annunzio le fascinan las mujeres bisexuales como la pintora Romaine (“talento y belleza, mi pequeña cenicienta llena de lirios y violetas”) porque “están seguras de sí mismas”. Pero lo que verdaderamente le vuelve loco es una mujer enferma, “más las amo cuanto más cerca de la muerte”. Tuvo múltiples relaciones -Alessandra, Nike, Amaranta, Giuseppina… incontables-, dejó escritas sus preferencias en la cama con todo lujo de detalle y reconoció ser un verdadero adicto al sexo.

La seducción del fascismo

“Il Vate” no llama a la puerta del sistema fascista italiano, pero los fascistas le buscan. Maravillados por sus construcciones ideológicas, le imitan, lo adoptan. De d’Annunzio les seduce todo. A pesar de apropiarse de sus mensajes, él nunca llega a estar involucrado directamente en sus gobiernos. Se le considera, pues, precursor de sus ideales. Copian su estética -“camisas negras, saludo romano, cantos de guerra”- y se ciegan con su talento literario trufado de escándalos amorosos.

Fiume

D’Annunzio en la Fiume ocupada por sus seguidores decora una bandera.

D’Annunzio regresa a Italia, piloto de guerra voluntario, comandante del escuadrón número 87, conocido como La Serenísima. La guerra refuerza sus ideas nacionalistas. La cesión de la ciudad de Fiume -hoy Rijeka en Croacia- en la conferencia de París en 1919 le irrita enormemente. Así que d’Annunzio decide, desafiando las potencias aliadas, declarar Fiume Estado constitucional independiente.

Para el “Estado libre de Fiume”, un modelo que copiaría después el sistema fascista italiano, d’Annunzio redacta, junto a Alceste de Ambris, una constitución -la Carta de Carnaro, 1920-, que declara, entre otras cosas, la música como principio fundamental del Estado. Durante quince meses dirige dictatorialmente esa ciudad estado, que será paraíso de cocaína libre, prostitutas y aristócratas diletantes.

La suya es una de las vidas mejor documentadas de la historia. Quien se denomina a sí mismo Duce es nombrado, en 1937, miembro de la Real Academia Italiana. A su muerte, esquinado del mundo, a los 74 años, Mussolini -a quien D’Annunzio consideró un vulgar imitador- le ofrece funerales de Estado.

Poeta, aviador, ególatra, seductor e ideólogo

Gabriele d’Annunzio ha pasado a la historia como personaje poliédrico al que le gustaba escucharse. Ególatra, megalómano, gran poeta, se avanzó a los futuristas mucho antes de que ellos publicaran su manifiesto y acabó solo, retirado en Il Vittoriale, hoy lugar de peregrinación. Una de sus mayores excentricidades fue crear el “Estado libre de Fiume”, un modelo que acabó siendo paraíso para cocainómanos, prostitutas y aristócratas diletantes. Para vertebrarlo redactó una constitución –la Carta de Carnaro, 1920– donde se declara, entre otras cosas, la música como principio fundamental del Estado. En la última imagen, el retrato que le hizo una de sus amantes, la pintora Romaine Brooks.


¿QUIEN FUE GABRIELE D’ANNUNZIO? EL PRIMER DUCE (1)*

noviembre 16, 2014

 dannunzfiume Gabriele d’Annunzio en Fiume.

ITALIA INTERVINO EN LA GRAN GUERRA JUNTO A LA ENTENTE, PERO AL CONCLUIR LA CONTIENDA NO RECIBIÓ LOS TERRITORIOS QUE ESPERABA. Cobró entonces popularidad en el país la idea de que su victoria había sido «mutilada· por sus aliados. ¿Por qué se generó esta sensación de fracaso?

El coste del conflicto

Para comprenderlo debe tenerse en cuenta que Italia era un país recién llegado a la escena internacional (su unificación finalizó en 1871), sin mucho éxito al crear un imperio colonial, pues Abisinia le infligió una humillante derrota en Adua en 1896. En este marco, la Gran Guerra le brindó la oportunidad de aumentar sus territorios. En 1914 Italia estaba aliada a las potencias centrales, pero al iniciarse el conflicto cambió de bando y se alineó con la Entente. ¿La razón? En caso de triunfar, los aliados se comprometieron a cederle las regiones austríacas de Trentino, Istria y Dalmacia en un Tratado de Londres, de abril de 1915.

La participación italiana en la contienda fue controvertida, pues su ejecutivo la negoció a espaldas del parlamento, careció de amplio apoyo social y su ejército mostró graves deficiencias, como ilustró su derrota en Caporetto en 1917, en la que el enemigo hizo 300.000 prisioneros. Además, el conflicto pasó a Italia una abultada factura: medio millón de muertos y otro medio millón de heridos y en 1919 debía a sus aliados 700 millones de libras.

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Imagen idealizada de D’Annunzio.

Así las cosas, cuando los líderes aliados se reunieron en París ese año para acordar la paz, el presidente italiano, Vittorio E. Orlando, les reclamó los territorios acordados y la ciudad portuaria de Fiume (actual Rijeka croata), necesaria para mantener el comercio con Trieste. Pero los aliados habían decidido crear Yugoslavia y no podían satisfacer sus reivindicaciones, desencadenando en Italia una gran campaña exigiendo la Dalmacia.

Las lecciones de Fiume

En este marco, Benito Mussolini formó en marzo de 1919 sus Fascio di combattimento sin éxito, pero la reivindicación de Fiume de los meses siguientes le aportó enseñanzas decisivas para llegar al poder.

Fiume

Localización de Fiume (en el círculo).

Todo empezó el 12 de septiembre de 1919, cuando unos cientos de ultranacionalistas (excombatientes, fascistas, militares) ocuparon la ciudad liderados por Gabriele d’Annunzio, aclamado excombatiente y poeta autor de la expresión «victoria mutilada». Éste declaró la ciudad anexionada a Italia y en agosto de 1920 se atribuyó todos los poderes civiles y militares, conformando un ensayo del mussolinismo (su biógrafo Michael A. Ledeen lo califica de «primer Duce»).

La situación del enclave se resolvió en noviembre de ese año, cuando un acuerdo entre el gobierno italiano y el yugoslavo dio a Fiume el estatus de Estado libre unido a Italia por una lengua de tierra, constituyendo una victoria para los nacionalistas.

 

MussdCamisas negras en Bolonia, con Mussolini al frente, en la “Marcha sobre Roma”.

El episodio enseñó a Mussolini que un golpe de Estado civil podía tener éxito político y lo escenificó tres años después con su «marcha sobre Roma»: el 22 de octubre de 1922, 40.000 seguidores se dirigieron a la capital para exigir el poder y el Rey aceptó que el líder fascista formara gobierno.

Como señala la historiadora Margaret MacMillan, «Mussolini demostró lo bien que había aprendido la lección de Fiume». En suma, la «victoria mutilada» abrió el camino al fascismo.

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* Este artículo lo hemos publicado originalmente en El Periódico con el título original  “De la victoria mutilada al fascismo” (19/VIII/2014).