¿VUELVE EL FASCISMO? ¿LA ULTRADERECHA ACTUAL REFLEJA EL RETORNO DEL FASCISMO? DOS HISTORIADORES EXPERTOS EXPERTOS EN EL TEMA ANALIZAN LA CUESTIÓN

agosto 31, 2019

 

Los historiadores Emilio Gentile (izq.) y Enzo Traverso (der.).

DONALD TRUMP, MATTEO SALVINI, MARINE LE PEN, NIGEL FARAGE… ¿VUELVE AL FASCISMO? Esta es una pregunta habitual en los medios de comunicación y foros ante el ascenso de la extrema derecha. Ahora disponemos de dos textos breves solventes y legibles, redactados en forma de entrevista que abordan la cuestión.

Ambos reflejan las tesis de dos reputados historiadores italianos de dilatado currículum y sólida reputación: Emilio Gentile (nacido en Bojano en 1946), en Quién es fascista (2019), y Enzo Traverso (nacido en Gavi en 1957),  en Las nuevas caras de la derecha (2018), del que existe versión en catalán, Els nous rostres del feixisme.

Del fascismo al postfascismo: ¿Qué ha cambiado?

¿Es posfascista la ultraderecha actual? Traverso plantea esta y otras cuestiones en una entrevista con el antropólogo Régis Meyran de 110 páginas con 87 notas. Es un diálogo con referencias numerosas a estudios, hechos y debates, y con unas respuestas llenas de matices. Todo ello le otorga complejidad sin limitar la comprensión.

Ahora bien, como la obra fue publicada en francés el 2017, la conversación pone el foco en Francia, a veces tiene referencias que el lector o lectora puede desconocer (como sucede aludir al Partido de los Indígenas de la República o al Comité Invisible). Pese a ello, los análisis perspicaces de Traverso compensan el esfuerzo.

El historiador prefiere el término “postfascismo” para aludir a la ultraderecha actual ante los de derecha populista o el de “nacional-populismo”. Con él designa “un estado inestable, expresión de una transición inacabada entre un fascismo superado -pero que no deja de ser la matriz de su movimiento- y una derecha nacionalista que no siempre aparece como legítima y respetable en una democracia liberal”. Es, pues, “un fenómeno transitorio, en mutación, que no ha cristalizado”, desvinculado del neofascismo. Este término, de hecho, sería un oxímoron: no designa algo nuevo, sino “residual” en querer “prolongar y regenerar el viejo fascismo”.

“El fascismo ha muerto definitivamente”

Muy distinto es el punto de vista de Gentile, opuesto a la pretendida existencia de un fascismo que ha pervivido hasta el presente, como se plantea de forma habitual. Es rotundo al respecto: “El fascismo ha muerto definitivamente, pues nadie hoy -ni siquiera los neofascistas- quiere restaurar el régimen que fue derribado por la victoria irreversibles de las fuerzas antifascistas, unidas para restituir al pubelo italiano la libertady la soberanía”.

Discípulo del célebre historiador Renzo de Felize, este investigador ha escrito una breve ensayo en forma de entrevista, pues esta no refleja un diálogo real. Ello obedece a que el autor ha organizado su argumentación a lo largo de 220 páginas de reducido tamaño a partir de una secuencia de preguntas que le han formulado a lo largo de su carrera y que aún se repiten. Este formato tiene la virtud de poder plantear numerosas cuestiones habituales en foros y medios de comunicación con respuestas sintéticas.

Al desarrollar sus tesis, Gentile insiste en acotar el fascismo a su época, evitando las simplificaciones que insisten en la existencia de un “fascismo eterno” o de su permanente retorno. Al hacerlo aporta explicaciones ilustradas con hechos y episodios históricos que le confieren solidez.

En este sentido, analiza muchas cuestiones interesantes, como las relaciones entre la Resistencia y el antifascismo o la actitud del comunismo italiano ante el fascismo. Esta última fue compleja y en 1934, tras llegar Hitler al poder el año anterior y consolidarse el régimen de Mussolini, pasó de identificar a los socialistas como “socialfascistas” a buscar la colaboración con estos y con el resto de formaciones antifascistas.

Miembros de Casa Pound en Roma con máscaras con los colores de la bandera italiana (foto: Reuters).

Dos visiones divergentes y sugerentes

En suma, estamos ante dos lecturas que se complementan, que coinciden en rechazar algunos lugares comunes del debate público o mediático (como la existencia de un “islamofascismo”) y que muestran cómo se pueden argumentar visiones muy distintas sobre la relación entre la ultraderecha actual y el fascismo con solidez, por lo que recomendamos su lectura. En una época en la que se repiten tópicos desde la pobreza de información y la pereza intelectual, estos dos textos breves ofrecen sendas perspectivas inteligentes y documentadas sobre la eventual persistencia del fascismo.

 


ENTREVISTA A LOS AUTORES DE “VIAJEROS EN EL PAÍS DE LOS SÓVIETS”: “AQUELLO QUE MÁS REPELÍA A LOS VISITANTES DE LA RUSIA REVOLUCIONARIA ERA LA DINÁMICA DICTATORIAL QUE ADOPTABA”

junio 8, 2019

 

Los editores del libro Viajeros en el país de los soviets: Josep Pich (1), Josep Puigsech (2), David Martínez Fiol (3) y Andreu Navarra (4). Imágenes cedidas por los autores, salvo la 4 (de www.ariadna-web.org).

 

VIAJEROS EN EL PAÍS DE LOS SOVIETS es un libro reciente que recoge los testimonios y experiencias de una veintena de españoles que viajaron al país de los soviets y recoge sus impresiones y experiencias editado por los historiadores Josep Pich, David Martínez Fiol, Andreu Navarra y Josep Puigsech. La obra incluye sendos trabajos suyos y los de otros 14 investigadores e investigadoras. El resultado es un fresco histórico que refleja la atracción y rechazo que ofreció la Rusia soviética en sus años iniciales (puede descargarse la introducción en PDF Prólogo viajeros)

Dado que nos ha parecido un trabajo interesante para l@s lector@s de nuestro blog les hemos hecho una entrevista por correo electrónico y desde aquí les agradecemos que hayan aceptado contestarla.

¿Por qué en los años veinte se aludió en España a “romerías a Rusia” o a “peregrinos de la revolución”?

Debido fundamentalmente, por un lado, al componente de curiosidad que generaba en los círculos políticos y culturales del país la aplicación de un modelo como el comunista que pretendía crear una nueva sociedad desde la raíz, en una especie de nuevo comienzo de la humanidad; y por el otro, debido al efecto llamada que supuso para el obrerismo español la creación de la Internacional Comunista en marzo de 1919 y, con ello, la posibilidad de integrarse o desmarcarse formalmente del proyecto comunista encabezado desde la Rusia soviética y, posteriormente, desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La expresión “romerías a Rusia”, originalmente sarcástica, empleada para identificar la pasión por viajar al país de los sóviets proviene de uno de los principales ideólogos del fascismo español: Ernesto Giménez Caballero (Gecé, 1899-1988), que definió con su habitual sarcasmo  aquella fiebre viajera. En una línea similar, el periodista Josep Escofet (1884-1945) aseguró que se publicaban tantos libros sobre la Rusia revolucionaria que si los juntaban “formarían un Himalaya”. En cuanto, a “peregrinos de la revolución” es el título del libro que en 2010 publicó el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha Miguel Cortés Arrese. Éste argumenta que los viajeros españoles que viajaron a Rusia entre 1917 y 1931, período en que centra su estudio, quisieron comprobar in situ el desarrollo de la primera revolución proletaria y, posteriormente, nos legaron sus testimonios de lo que vieron en su “peregrinaje”.

¿Qué era lo que más les fascinaba¿ ¿Y lo que més les repelía?

Lo que atraía a los “viajeros” que estudiamos en nuestro libro (Sofía Casanova, Josip Broz (Tito), Ángel Pestaña, Fernando de los Ríos, Andreu Nin, Antonio Gramsci, Óscar Pérez Solís, Paul Marion, Julio Álvarez del Vayo, Eric Obst, Egon Erwin Kisch, Walter Benjamin, Julián Gorkin, Josep Pla, Eugeni Xammar, Joseph Roth, Manuel Chaves Nogales, Francesc Blasi, los hermanos Santiago/Jaume y Carles Pi i Sunyer, Ferran Valls i Taberner, Rodolfo Llopis, y Antoni Rovira i Virgili) era observar directamente el triunfo de una revolución republicana, que era al mismo tiempo la de la primera alternativa al sistema parlamentario liberal basado en la economía de mercado, es decir, a los sistemas capitalistas.

Al mismo tiempo, lo que más fascinaba a los que habían adoptado la nueva fe comunista era, precisamente, cómo se llevaba a cabo la aplicación práctica de un proyecto que pretendía generar una sociedad igualitaria, sin clases. Durante los años del estalinismo y especialmente en la época de la Guerra Civil Española, las transformaciones económicas de la URSS y su alianza con la República española comportó que se difundiese una imagen positiva en España del modelo soviético en base a su desarrollo industrial como alternativa a la crisis del mundo capitalista iniciada en 1929.

En cambio, aquello que más les repelía era la dinámica dictatorial que adoptaba el modelo político soviético, en contraste con la teórica democracia liberal que caracterizaba a Europa Occidental, aunque, precisamente, la España de 1923-30 no era precisamente un ejemplo de ello. A muchos de ellos les repelió, especialmente en el período inmediatamente posterior a la revolución, la inflexibilidad de las políticas comunistas que implicaban un gran sufrimiento para la población, la magnitud del mercado negro o la relevancia de la temible policía política, la checa que, posteriormente, fue identificada como OGPU para transformarse en el NKVD y, finalmente, en el KGB.

¿En qué viajeros del libro su viaje a la URSS reforzó su ideología comunista?

Los casos más evidentes son el de Andreu Nin, Josip Broz Tito y Antonio Gramsci, que se convirtieron en en figuras destacadas del movimiento comunista dirigido desde Moscú, aunque paradójicamente en el caso de Nin y de Tito acabaron convirtiéndose, posteriormente en fervientes críticos del comunismo estalinista, que no del comunismo. Chaves Nogales, aunque no en tanto que cuadro comunista destacado, representó otra vertiente de esta identificación, y con una cronología relativamente diferente a la de los anteriores protagonistas.

¿Y a qué viajeros les llevó a rechazar el comunismo?

Fueron numerosos, pero entre ellos el caso inicial de Sofía Casanova, que cronológicamente fue el primero en tanto que vivió en primera persona la evolución de Rusia tras Octubre de 1917, partiendo de una posición personal e ideológicamente profundamente conservadora. Ángel Pestaña, en la esfera del anarco-comunismo y Fernando de los Ríos en la socialista, ejemplificaron el rechazo frontal tanto de la CNT como del PSOE a la integración a la Internacional Comunista (IC) tras sus viajes. También son relevantes los casos de Óscar Pérez Solís o Paul Marion, que partiendo de una identificación con el modelo comunista, acabaron años después no solo denunciando el comunismo estalinista, sino también el comunismo en el sentido más amplio, para acabar evolucionando al fascismo. En cierta manera es el caso de Julián Gorkin que impulsó el POUM, una formación comunista pero anti estalinista.

Desde una óptica demoliberal podríamos encontrar a Rovira i Virgili, aunque su caso sería para reforzar su antibolchevismo de toda la vida. Rovira, ya en 1917, fue un caso patológico de dureza antibolchevique sin haber visitado aún la URSS. Un antibolcheviquismo que contrastaba con la de republicanos catalanes, como Màrius Aguilar, Marcelino Domingo y alguno que otro dirigente del Partit Republicà Català, que en 1917-1919 creyeron que debían otorgar una prórroga a un régimen que, finalizada la Gran Guerra, se definía como República.

Rovira, sin embargo, no haría su peregrinaje al país de los sóviets hasta unos veinte años después de 1917; en concreto, a finales de la Guerra Civil. Y sus impresiones le confirmaron la visión negativa que de la Rusia bolchevique se había construido en 1917-1918. La URSS no era un modelo de república democrática, por mucho que, en 1938, estuviese ayudando al gobierno del Frente Popular en la Guerra Civil. A lo sumo, Rovira planteó que la URSS podía ser un buen ejemplo de solución del problema de las nacionalidades. Pero ahí acabó su placet a los soviets.

Finalmente, encontramos en la dimensión cultural la figura de Eugeni Xammar, que representaría una línea similar a la de Sofía Casanova, aunque posteriormente. Xammar, desde el nacionalismo radical catalán, tenía -como Rovira- una visión idealizada de la democracia liberal en la que no tenía cabida la URSS. A esas alturas seguía siendo un nostálgico del wilsonismo y de lo que podía haber sido y no fue la Sociedad de Naciones.

¿Cuáles son los viajes más desconocido que el libro explica? 

Sin lugar a dudas, los casos de Erich Obst, Egon Kisch y Joseph Roth. Todos ellos estaban situados en la esfera lingüística alemana y eran unos desconocidos para la mayor parte del público de la Europa Occidental, en la medida que pertenecen a la esfera germana y, dentro de ella, a posiciones que no corresponden a destacados líderes revolucionarios alemanes.

¿Cuál fue el legado de las “romerías a Rusia”?

La identificación o animadversión hacia el comunismo en la vertiente política, y la curiosidad y la amplitud de miras desde la óptica cultural. Pero debe calibrarse también las “no romerías”. Es decir, la cantidad ingente de intelectuales (las más de las veces, pseudo intelectuales o enteradillos) que nunca fue a la URSS y hablaban de sus excelencias como si hubiesen vivido la experiencia soviética en primera persona. Es evidente que dirigentes de poco calado en partidos de ínfima relevancia deben situarse en este paradigma.

De igual modo, todos aquellos anticomunistas que lanzaban todo tipo de improperios contra la Patria de los Trabajadores sin conocer para nada el experimento soviético. Sin duda, estos “no viajes” no fueron exclusivos del ejemplo de la URSS. En la actualidad, el chavismo y el antichavismo en Venezuela es debatido por cualquiera que haya leído cualquier diario (digital o en papel), o haya escuchado o visto en radio o televisión cualquier noticia al respecto, como también sucedió en su día con la revolución cubana de 1959.

No obstante, la creación del primer Estado autocalificado como socialista de la historia, no dejó indiferente a nadie, ya que la génesis y la consolidación del país de los sóviets fue uno de los principales acontecimientos de la Historia Contemporánea.


EL ADIÓS INTERMINABLE DEL FRANQUISMO (1939-2019)

abril 6, 2019

Desfile victoria 1939

Imagen del desfile de la victoria de 1939.

EL 1 DE ABRIL DE 1939 CONCLUYÓ LA GUERRA CIVIL INICIADA EL 18 DE JULIO DE 1936 CON EL TRIUNFO DE LAS TROPAS DE FRANCISCO FRANCO. Pese a que este falleció en 1975, su figura y la contienda fratricida aún gozan de protagonismo político. Ello sorprende porque dos tercios de la población era menor de 15 años o no había nacido el año en el que murió el dictador. Para entenderlo, debemos analizar cómo ha persistido hasta hoy el recuerdo de la guerra y del franquismo.

La irrupción del búnker (1966-1975)

En los años 60 la tímida apertura política que experimentó el régimen alarmó a sus sectores más intransigentes, que creían amenazada la victoria de 1939 y se movilizaron para evitarlo. Así, en 1966 se creó Fuerza Nueva (FN) Editorial, que animó Blas Piñar y editó una revista homónima para preservar los principios del “18 de julio”, en alusión al inicio de la guerra civil. En 1974 se creó la Confederación Nacional de Excombatientes con una declaración diáfana: “No somos excombatientes. Somos combatientes de España y de la revolución nacional”. Y ese año el falangista Antonio Labadie hizo esta proclama ante Franco: “Defenderemos con uñas y dientes la legitimidad de una victoria que es hoy patrimonio de todo el pueblo español”. Los inmovilistas del régimen, el llamado “búnker”, se aprestaban a preservar incólume el legado de 1939.

La Transición y el fracaso del neofranquismo (1975-1982)

Al morir Franco, esta ultraderecha se fragmentó y solo destacó FN, convertida en partido e identificada con Franco y una guerra civil concebida como “cruzada”. Pero tuvo un recorrido breve: tras ganar un escaño en los comicios de 1979, en los de 1982 se hundió y se disolvió. Su problema era que el retorno del franquismo que pregonaba era inviable sin la persona del dictador, como reflejó una consigna ultraderechista: “Franco resucita, España te necesita”. Por su parte, Alianza Popular (AP, origen del PP actual), que lideró el exministro franquista Manuel Fraga, reivindicó la dictadura. Pero a diferencia de FN, como subraya el historiador Ferran Gallego, AP destacó la paz y el progreso que esta habría brindado (más que la guerra) para atraer a los afectos al franquismo que temían cambios traumáticos. Finalmente, quién acaparó el grueso de este voto fue Adolfo Suárez y su Unión de Centro Democrático (UCD), que en las citadas elecciones de 1979 captó el 53% de votantes con un recuerdo positivo del dictador. Al fin y al cabo, Suárez procedía del Movimiento Nacional, el partido único del régimen.

La sombra alargada de Franco (1982-2018)

Acabada la Transición, durante el felipismo (1982-1996) y el aznarato (1996-2004), el recuerdo de Franco se difuminó y se evitó incidir políticamente en la guerra civil para no reabrir heridas. Incluso en 1985 se inauguró en la madrileña plaza de la Lealtad un monumento dedicado a todos los caídos en la contienda, aunque no tuvo éxito como espacio público de reconciliación. Según el historiador Stanley G. Payne, durante este largo periodo los descendientes o herederos ideológicos de los vencidos mostraron mayor preocupación por recordar el conflicto al creer que “su causa y sus sufrimientos nunca habían sido adecuadamente reivindicados”.

La presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero (2006-2011) se hizo eco de ello e impulsó en el 2007 la ley de memoria histórica con medidas destinadas a “quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. La iniciativa generó una controversia que devolvió protagonismo a la guerra fratricida. La presidencia de Mariano Rajoy (2011-2018) no derogó la ley, pero la puso en dique seco al dejarla sin presupuesto. En este escenario, la decisión del gabinete de Pedro Sánchez de exhumar el cuerpo de Franco ha coincidido con la irrupción de Vox, que se opone a tal medida y a la ley del 2007 (que junto al PP y Cs quiere substituir por otra “de concordia”).

Una cultura guerracivilista

La causa de fondo que explica los vaivenes del franquismo y de la guerra civil en el debate público la apuntó Enric Ucelay Da-Cal al advertir que nuestra cultura política es “guerracivilista”. Este historiador considera que al faltar en España un gran consenso sobre instituciones, identidad y valores esenciales, las facciones políticas instrumentalizan el pasado contra sus adversarios. Así, la izquierda tacha de franquista a la derecha para deslegitimarla y esta asocia a la izquierda con episodios violentos de la Segunda República y de la contienda. La confrontación política actual aviva esta dinámica, de ahí que la figura de Franco recupere proyección y que la guerra concluida en 1939 se perpetúe en las redes sociales, sus nuevas trincheras de combate.


EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER, UNA “SECTA” GERMANA NEONAZI

octubre 27, 2016

 

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Concentración del movimiento Reichsbürger (foto publicada en Dialog International).

¿QUÉ ES EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER? Se trata de un fenómeno de cierta similitud con las milicias estadounidenses de extrema derecha.

Este mes ha cobrado notoriedad porque la madrugada del 19 de octubre uno de sus seguidores -un hombre de 49 años con licencia de caza y que poseía 30 armas- disparó a cuatro policias sin mediar palabra durante un registro policial en Georgensgmünd.

El agresor pertenece al movimiento Reichsbürger  [Ciudadanos del Reich o del Imperio], que -como señala la agencia Efe– “no reconoce la legalidad de la República Federal Alemana (RFA) y niega el holocausto judío en la II Guerra Mundial”.

Según el Ministerio de Interior de Brandemburgo es una “‘especie de secta de ultraderecha’ con un ‘núcleo de derecha radical no inofensivo’”. Por su parte, el ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann, definió a sus miembros “como ‘extremistas’ y ‘peligrosos’, porque no reconocen la legalidad, por lo que están vigilados por los servicios de inteligencia”.

A continuación reproducimos la información y las imágenes sobre este movimiento de Wolfgang Dick, publicada por la corporación estatal Deutsche Welle sobre los “Ciudadanos del Reich” (19/X/2016) y que  define sus principales rasgos. Puede accederse al texto original clicando aquí.

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¿Quiénes son los “Ciudadanos del Reich”?

Son radicales y violentos, como demuestra el reciente ataque con arma de fuego contra cuatro policías en Baviera. ¿Quién está detrás del llamado movimiento de los “Ciudadanos del Reich” y cuán peligroso es?

Joachim Widera, miembro de los Ciudadanos del Reich, muestra orgulloso su pasaporte.

Joachim Widera, miembro de los “Ciudadanos del Reich”, muestra orgulloso su pasaporte.

Este miércoles (19.10.2016), un ultraderechista de los “Ciudadanos del Reich” abrió fuego contra la Policía durante un registro en Núremberg, en el sur de Alemania, hiriendo a cuatro agentes.

¿Quiénes son estos “ciudadanos”? Están convencidos de que Alemania sigue siendo un territorio ocupado por los aliados occidentales y que no es más que una entidad administrativa. Solo reconocen las fronteras del Imperio Alemán (Deutsches Reich) de 1937. Los llamados “Ciudadanos del Reich” agobian a las administraciones alemanas con demandas y también hacen uso de la violencia.

Se trata de grupos pequeños y de ciudadanos aislados, que viven sobre todo en Brandemburgo, Mecklemburgo-Antepomerania y Baviera. Rechazan la República Federal de Alemania y sus autoridades estatales. Se rehúsan a pagar impuestos y han creado pequeños “territorios estatales” propios con nombres como “Segundo Imperio Alemán”, “Estado Libre de Prusia” o “Principado Germano”.

Estos grupos incluso imprimen pasaportes y licencias de conducir para sus supuestos territorios estatales. También producen playeras y banderas con fines publicitarios. El hecho de que todo esto sea ilegal y que ninguna autoridad alemana lo reconozca es ignorado por los “Ciudadanos del Reich”. En sus páginas web exhortan a seguir luchando contra la República Federal de Alemania.

¿Un puñado de locos?

De acuerdo con informaciones de algunos servicios de inteligencia federales, existen en Alemania unos cuantos cientos de “Ciudadanos del Reich”. Se estima que en Brandemburgo viven entre 150 y 200 miembros. En la mayoría de los casos, se trata de hombres, en promedio mayores de 50 años, pertenecientes a estratos sociales bajos. Entre sus seguidores hay muchos populistas de derecha y defensores de ideologías antisemitas y nazis. Un juez en Sajonia-Anhalt los describió como “teóricos de la conspiración” y personas “permanentemente descontentas”.

Sobre todo la creciente radicalización de este movimiento se ha vuelto un problema. Generalmente, inundan a las autoridades locales con solicitudes y rechazos a órdenes y avisos de pago. Y es que, independientemente del contenido, las autoridades están obligadas por ley a tramitar todas las solicitudes formalmente correctas.

Los alcaldes de varios municipios se quejan de que, además, son atacados verbal y físicamente por los “Ciudadanos del Reich”. Muchas veces los agresores graban sus ataques y los suben a la red.

Miembros de los Ciudadanos del Reich protestan frente al Bundestag.Miembros de los “Ciudadanos del Reich” protestan frente al Bundestag.

En Baviera, los ultranacionalistas irrumpieron en una sala de audiencia, robando documentos de la mesa del juez. En la localidad de Wittenburg, en el estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, los empleados de un ayuntamiento recibieron capacitación en seguridad para hacer frente a los ataques. En Brandemburgo se están probando sistemas de alarma para las oficinas tributarias.

Violencia extrema

En tiempos recientes, los “Ciudadanos del Reich” han llamado la atención por su violencia. A principios de año, un policía fue amenazado con un cuchillo. En la localidad de Reuden, en Sajonia-Anhalt, un miembro del movimiento disparó contra agentes de seguridad de un comando especial.

En el marco de varios registros domiciliarios, la policía ha encontrado armas y municiones. Los seguidores de los “Ciudadanos del Reich” se siguen armando. En la localidad de Höxter, en Renania del Norte-Westfalia, un grupo del “Estado Libre de Prusia” intentó crear su propia policía comunitaria con armas conseguidas en el extranjero.

Tras el reciente caso de violencia en Baviera, el ministro del Interior de ese estado federado, Joachim Hermann, anunció que en el futuro se vigilará más a los “Ciudadanos del Reich”.

 


EL REGRESO DE “MI LUCHA”: EDICIONES, DEBATES Y POLÉMICAS

enero 15, 2016

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Ejemplar de Mi lucha, de Adolf Hitler (foto de Deutsche Welle).

AL CUMPLIRSE LOS 70 AÑOS TRANSCURRIDOS PARA QUE EXPIREN LOS DERECHOS DE AUTOR DE MI LUCHA, que hasta ahora poseía el Estado de Baviera, es posible editar de nuevo la obra de Hitler, como ya anunciamos en nuestro blog al analizar el éxito del libro en la India.

En este sentido, nos parece de interés para nuestros lector@s reproducir el interesante artículo de Ricardo de Querol y Luis Doncel publicado en el suplemento literario Babelia del diario El País el 14/XII/2015, al ofrecer una panorámica sobre el tema con referencias bibliográficas.

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Desmontando el ‘Mein Kampf’ (sin silenciarlo)

Una edición crítica a cargo de historiadores alemanes y una novela recuperan el libro de Hitler al expirar sus derechos. Para rebatir cada una de sus mentiras y mensajes de odio.

Detalle del tebeo ‘Mein Kampf’, dibujado por Clément Moreau en 1937 para ridiculizar el libro del dictador.

Nadie que hubiera leído con detenimiento Mein Kampf, de Adolf Hitler, tras su publicación (el primer volumen en 1925, el segundo en 1928) podía sorprenderse de todo lo que vino después: ahí estaba, negro sobre blanco, su propósito genocida, su apuesta por un expansionismo militar, su obsesión por la pureza racial, su deseo de apartar primero y exterminar después a judíos y discapacitados, su desprecio a la democracia, el humanismo o el pacifismo. La idea central es explícita: el fuerte tiene la obligación de aplastar al débil.

Todo eso estaba ahí escrito y, sin embargo, fueron muchos los que no vieron venir la tiranía, la guerra o el Holocausto. Por ejemplo, The New York Times publicó en 1933 una crítica nada desfavorable del libro de este “hombre extraordinario”, que “hace mucho por Alemania”, patriota, unificador del país y defensor del derecho a la propiedad, según escribía James W. Gerard, exembajador en Alemania, quien solo se desmarcaba del Führer por su feroz antisemitismo. Algunos años después, en 1940, estuvo más finoGeorge Orwell en New En­glish Weekly al reseñar una nueva edición en inglés. Hitler, avisaba Orwell, estaba anunciando “un horrible imperio descerebrado” que se extendería de forma violenta hasta Afganistán. El luego autor de 1984 se preguntaba perplejo cómo el jefe nazi había sido capaz de imponer a sus compatriotas “esa visión monstruosa”.

Quitando su evidente valor como documento histórico, Mein Kampf hoy resulta un plomizo y reiterativo ensayo repleto de argumentos pseudocientíficos o pseudohistóricos que no resisten un análisis serio. Que solo convencerá al predispuesto a convencerse. A punto de cumplirse el plazo de 70 años para que expiren los derechos de autor, hasta ahora en manos del Estado de Baviera, un grupo de historiadores publicará el próximo enero una edición crítica con más de 3.500 notas que desmenuzan y contextualizan las tesis del libro del que hasta 1945 se imprimieron más de 12 millones de ejemplares.

Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition —del que por ahora no hay planes de ser traducido al español— ofrece “información objetiva, explica los conceptos ideológicos, revela las fuentes materiales y contrasta las valoraciones o medias verdades de Hitler con los hechos históricos”, explica Magnus Brechtken, subdirector del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich-Berlín, que ha impulsado la obra. Coincidiendo con esta ambiciosa publicación, muchos se preguntan estos días si el libro-fetiche de la ideología que destruyó gran parte de Europa da aún miedo. Disponible a pocos clics para cualquier internauta, el mensaje de odio de Hitler es jaleado en páginas web, incluidas algunas yihadistas, y goza de una chocante popularidad en países como India.

Pero en Alemania el halo de peligro de Mein Kampf parece haberse evaporado. Un reciente informe de los servicios secretos señalaba que en los últimos 20 años el interés de los ultras por las tesis hitlerianas ha disminuido. Los neonazis, señalaban las autoridades alemanas, encuentran en estas páginas pocos elementos con los que identificarse, exceptuando algunas ideas clave como el antisemitismo. Y los populismos de derechas que crecen con fuerza en media Europa se esfuerzan por distanciarse del nacionalsocialismo y apuntan a la inmigración musulmana como el enemigo, en lugar de a los judíos. “La obra de Hitler triunfó porque ofrecía respuestas fáciles a los problemas de principios del siglo XX. Pero esas respuestas no funcionan para el mundo actual”, resume Marc Buggeln, historiador de la Universidad Humboldt especializado en el nacionalsocialismo.

Portada de una de las primeras ediciones de Mein Kampf.

En contra de una creencia muy extendida, Mein Kampf no estaba prohibido hasta ahora en Alemania, como es el caso de otros símbolos nazis. Simplemente, el Estado de Baviera, poseedor de los derechos, se negaba a editarlo de nuevo. Pero el libro podía encontrarse sin demasiadas dificultades en ediciones antiguas o en la Red. Por eso, los historiadores consultados coinciden en que la estrategia de silenciarlo no tiene sentido. Antony Beevor, autor de libros de referencia sobre la Segunda Guerra Mundial, es uno de ellos. “El intento de ocultarlo, ya sea a través del tabú social o de la legislación, solo sirve para aumentar el atractivo de lo prohibido. Los neonazis o los yihadistas podrán citarlo, pero esa es una razón de más para disponer de ejemplares que demuestren la deshonestidad intelectual y falsedades que impregnan cada página”, señala.

Christian Hartmann, jefe del equipo de investigación responsable de la nueva edición, define a Hitler como el perfecto demagogo que mezcla mentiras, medias verdades y hechos reales. Y precisamente contra esta confusión se dirige su proyecto. Las notas que acompañan al texto original no solo matizan o desmienten las tesis de Mi lucha,también sirven para ridiculizar al autor en sus encendidos momentos de exaltación patriótica. Un ejemplo es la narración de los días iniciales de la Primera Guerra Mundial.  “Entonces comenzó lo que para mí, como supongo que para cualquier alemán, fue el más grande e inolvidable momento de mi vida terrenal. (…) Con orgullosa melancolía pienso ahora en esos días de los que ahora se conmemora el décimo aniversario; en esas semanas en las que comenzó la batalla heroica de nuestro pueblo que me permitió participar en el noble destino de nuestra patria”, escribía Hitler en 1924 con afectada intensidad.

“Los ultras de hoy encuentran poco con que identificarse en el libro de Hitler. Menos aún los nuevos populismos”.

Pero las notas que acompañan este pasaje restan heroísmo y añaden un involuntario toque cómico. Los investigadores de Múnich recogen los recuerdos de Rudolf Hess sobre la gestación de estas páginas. “Oigo su voz en la habitación de al lado. Parece que está en pleno proceso de revivir sus experiencias de la guerra, imitando los ruidos de granadas y de ametralladoras, salta de forma salvaje en medio de la habitación, arrastrado por su fantasía”, escribe el hombre que más tarde sería el número dos en la jerarquía nazi. A los pocos días, Hess retomaría el episodio al contar que Hitler le leyó en voz alta el relato de su bautismo de fuego en la Gran Guerra preso de la emoción sin contener las lágrimas.

La nueva edición sirve también para saber hasta qué punto Hitler idealizó sus andanzas. Así, el hombre que dos décadas más tarde destruiría gran parte de Europa explicaba su salida de Austria en mayo de 1913 exclusivamente por motivos políticos. “No quería luchar por el Estado de los Habsburgo, pero sí estaba preparado para morir en cualquier momento por mi pueblo y por el imperio que lo encarnaba”, escribe enfático. Los historiadores explican que su traslado a Múnich se debió principalmente a motivos económicos; y que un año más tarde, un examen en Salzburgo lo declaró no apto para las armas.

Portada de la nueva edición crítica de Mein Kampf.

La llegada a las librerías del ideario nazi no es el único síntoma de que, 70 años después del suicidio del tirano, Alemania ha normalizado su relación con Hitler, objeto incluso del humor. Hace dos meses, medio Berlín apareció empapelado con carteles en los que se reconocía su inconfundible flequillo y bigotito. “Ha vuelto”, alertaban los anuncios. En realidad, se trataba de la campaña de promoción de una comedia que imagina qué pasaría si Hitler apareciera en la Alemania actual. En cinco semanas, más de dos millones de espectadores han visto esta película basada en la novela homónima que también batió récords de ventas. “Me parece muy bien que se puedan hacer bromas sobre él, porque, además de un asesino en masa, también era una figura ridícula. Las generaciones anteriores no podían reírse de él, pero ahora es posible, en parte, porque ha perdido su halo de peligro”, asegura Buggeln.

El del Instituto de Historia Contemporánea no es el único trabajo que trata de poner contexto a Mein Kampf. El historiador y periodista Sven Feliz Kellerhoff publica Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX un ensayo en el que aborda cómo Hitler falsificó su propia biografía y se profundiza en la procedencia de su ideario. Una de las conclusiones de libro, lanzado en septiembre en Alemania y que Crítica publica en español este próximo enero, es que Hitler se enriqueció gracias a la difusión masiva del libro cuando los nazis se instalaron en el poder. Kellerhoff critica que el Estado de Baviera haya obstaculizado hasta ahora el conocimiento y el debate entre los expertos sobre esta obra que califica de “espantosa”.

Su lucha, de Patricio Lenard.

Otro acercamiento interesante aMein Kampf recién llegado a las librerías tiene forma de novela. Su lucha, del argentino Patricio Lenard, es un ficticio diario de Rudolf Hess que este habría escrito mientras Hitler le dictaba el primer volumen en la cárcel militar de Landsberg, donde ambos cumplían pena por el intento de golpe de Estado o Putsch. Es una excusa para el making of,para narrar cómo se ideó el libro en una prisión donde los cabecillas nazis recibían un trato privilegiado. También para contextualizar sus capítulos principales, que se reproducen en parte. “Es un periodo del que no hay demasiada información. La forma de diario me obligó a investigar qué ocurrió en aquellos meses de 1924. Fue útil para mí obrar como historiador en mi rol de novelista”, explica Lenard, para quien esta es la primera incursión en el terreno de la ficción.

Su lucha tiene como gran atractivo una profusión de detalles sobre la personalidad, costumbres y manías del que luego fue dictador alemán. Un puritano que se niega a fumar, beber alcohol o comer carne, lo que Lenard relaciona con la muerte de su padre de un derrame cerebral sobre su vaso de vino matutino. “El complicado trasfondo familiar de Hitler, con un padre alcohólico y maltratador, queda fuera de Mein Kampf, como tantas otras cosas que se contradecían con la imagen que él pretendía dar”. Esos elementos sí se recogen en el supuesto diario de Hess, quien “anota las confidencias de su líder escrupulosamente”. El otro pilar de la novela es ese foco puesto en Hess, un personaje desconcertante que sentía devoción por Hitler y fue su escribiente; que en 1941 protagonizó un rocambolesco viaje a Escocia para negociar un acuerdo sin conseguirlo; que en 1987 fue el último jefe del Reich en morir en prisión. “De los jerarcas nazis, Hess fue el más enigmático de todos. Desde un punto de vista literario, funciona como el comparsa que provee la distancia mínima necesaria para abordar un personaje inabarcable como Hitler”, explica el autor.

“’El racismo tiene que ser combatido al margen de que los racistas lean este texto histórico’, afirma el historiador Brechtken”

Pero, entonces, ¿sigue siendo peligroso Mein Kampf? “Es una fuente histórica”, responde Magnus Brechtken. “Contiene visiones ideológicas de los años veinte que reflejan un discurso de ese tiempo, especialmente en racismo, antisemitismo y militarismo en la política exterior. Está escrito en un estilo que suena extraño a los lectores de hoy. El racismo y el antisemitismo no han desaparecido desde entonces. Pero tienen que ser combatidos al margen de que los racistas y antisemitas lean este texto histórico”.

Para Lenard, “con el paso del tiempo, el panfleto de Hitler ha pasado a ser un documento histórico más que un vehículo de propaganda y, mal que nos pese, uno de los libros más importantes del siglo XX. Que los neonazis y los negacionistas de la Shoah no se dediquen a la glorificación de los crímenes de los nazis, sino a su minimización o banalización, habla a las claras de que nadie podría hoy planificar el advenimiento de un Cuarto Reich inspirándose en sus páginas. La necesidad de releerlo no solo debería servir para empezar a levantar un tabú que no ha hecho más que acrecentar la leyenda negra que pesa sobre el libro, sino para generar anticuerpos frente al peligro de la extrema derecha y el fascismo, hoy cada vez más presente”.

En el epílogo de La zona de interés (Anagrama), su novela sobre el Holocausto, el británico Martin Amis se pregunta si es posible meterse en la mente de Hitler. Y encuentra la respuesta en La tregua,del superviviente de los campos Primo Levi, para quien resulta un “alivio” sentirse incapaz de entender al líder nazi. “Quizás sea deseable que sus palabras (y también, por desdicha, sus actos) no sean susceptibles de comprensión por nuestra parte”.

Costará entender al personaje, pero se podía entender lo que iba a traer. La escritora Alice Hamilton lo vio claro en 1933, cuando escribió en su reseña para Atlantic Monthly que el líder nazi “no es un enigma: no hay ningún misterio sobre él”, ya que no disimula su “brutalidad naif”. Porque el autor del Mein Kampf, concluía, “no está pensando en persuadir: está proclamando principios que deben ser aceptados porque hay fuerza, fuerza física, detrás de ellos”.

Hitler, Mein Kampf. Eine kritische Edition. Christian Hartmann, Thomas Vordermayer, Othmar Plöckinger y Roman Töppel. Instituts für Zeitgeschichte München-Berlin. Múnich, enero de 2016. Cerca de 2.000 páginas. 59 euros.

Mi lucha. La historia del libro que marcó el siglo XX. Sven Felix Kellerhoff. Crítica. Barcelona, enero de 2016. 304 páginas. 20,81 euros

Su lucha. Patricio Lenard. Adriana Hidalgo. Buenos Aires, 2015. 384 páginas. 26,55 euros.


¿QUÉ QUEDA DE FRANCO? CASI UN 20% DE ESPAÑOLES CONVIVIRÍA CON UN RÉGIMEN AUTORITARIO

diciembre 18, 2015

Sombra de franco

La sombra de Franco es ya solo una sombra difusa (imagen de www.elmundotoday.com).

SOLO UN 1% DE ESPAÑOLES SE SIENTE ORGULLOSO DEL RÉGIMEN DE FRANCO, aunque uno de cada cinco no tendría problemas con convivir bajo un régimen autoritario, el mismo porcentaje que  critica actualmente la Transición a la democracia.

Éstas son algunas de las conclusiones que el analista Carles Castro destacaba a partir de un análisis de datos del CIS publicado en La Vanguardia (23/XI/2015) y reproducimos a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores.

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Franquismo, cuatro décadas para olvidar

Cuatro décadas duró su régimen y cuatro décadas han pasado ya desde que Francisco Franco expiró en una cama de hospital, el 20 de noviembre de 1975. El dictador que se impuso militarmente a más de media España sólo pudo ser derrotado por el tiempo. Todo lo que él combatió a sangre y fuego –la democracia, los partidos políticos, las autonomías o la libertad de costumbres– se hizo realidad tan pronto desapareció de escena.

Quizás por eso, la figura de Francisco Franco se ha convertido en una sombra, otra más, del pasado, y en un oscuro fantasma que se diluye en la memoria inmediata de las nuevas generaciones. Y, sin embargo, las huellas de su dictadura (los muertos olvidados en las cunetas, los monumentos que evocan las siniestras hazañas de la Guerra Civil o el respingo colectivo que siempre produce recordar lo que realmente ocurrió) siguen ahí. Casi el 60% de los españoles y un 70% de los catalanes creen que “el recuerdo del franquismo continúa muy vivo en la memoria” de los ciudadanos. Pero, al mismo tiempo, hasta un tercio de los encuestados por el CIS (en España y en Catalunya) consideraban hace menos de una década que “es mejor olvidarse del pasado porque, si se remueve, podría volver a repetirse la Guerra Civil”.

Graficos-FrancoInfografía de La Vanguardia realizada a partir de datos del CIS.

De hecho, sólo en Catalunya son mayoría –y corta– los partidarios de esclarecer las violaciones de los derechos humanos que se registraron durante el franquismo. Y ello a pesar del reconocimiento generalizado (del 80% en España y del 91% en Catalunya) de que “durante el franquismo se violaron los derechos humanos”.

Pero la realidad ibérica es siempre más compleja. Muchos años después de su demolición, el porcentaje de españoles que emitían un juicio benévolo sobre el franquismo permanecía invariable: casi un 50% consideraba que la dictadura “tuvo cosas buenas y malas” y otro 10% la calificaba incluso de “positiva para España”.

Sin embargo, esa mirada laxa hacia el pasado ha convivido con una apuesta decidida por el régimen de libertades. Es verdad que el apoyo a la democracia ha disminuido a raíz de la crisis económica e institucional que estalló a partir del 2008, pero la tasa de españoles que muestran su preferencia por el régimen de libertades alcanza al 75% y sigue siendo superior a la que se registraba a mediados de la década de los ochenta, cuando aún estaban muy presentes las imágenes del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Eso sí, uno de cada cinco españoles sigue afrontando sin la menor aprensión la eventualidad de un régimen autoritario. Es el mismo porcentaje (superior al 20%) que a día de hoy critica la transición a la democracia, frente a un 72% –la cifra más baja de los últimos 40 años– que se siente orgulloso del proceso de democratización que protagonizó España.

En realidad, y pese a que un 40% de los españoles y casi el 46% de los catalanes sienten rabia o tristeza al evocar el franquismo, el sentimiento predominante es el deseo de pasar página y dejar definitivamente atrás un periodo del que ­sólo se siente orgulloso el 1% de la población. Tal vez por ello los sondeos detectan una mayoría (rotunda en España y aplastante en Catalunya) a favor de que “los símbolos que rinden homenaje a Franco y al franquismo sean retirados de los lugares públicos”. No se trata sólo de olvidar al dictador sino, sobre todo, a la España violenta e intolerante (aunque muy “plácida” para algunos) que él llegó a representar tan eficazmente.


TERROR GLOBAL “LOW COST”*

noviembre 30, 2015

terror global

Hollande perfila una Europa-fortaleza capaz de restringir libertades y desdibujar la UE sin acabar con el terrorismo.

Los atentados de París evidencian la dificultad de combatir de modo efectivo el terror islamista. Desde nuestra óptica, en esta situación han confluido tres factores.

En primer lugar, estos sucesos son inseparables de 15 años de intervenciones de Estados Unidos y sus aliados europeos en el mundo árabe-musulmán, iniciadas en Afganistán en el 2001 e Irak en el 2003. Su acción pretendía instaurar sistemas democráticos en la región, pero ha acabado remodelándola en sentido opuesto al deseado, pues ha contribuido a originar estados fallidos.

En segundo lugar, nuestra información sobre estos conflictos ha sido deficiente y ha conducido a gruesos errores, como resalta Patrick Cockburn, profundo conocedor de Irak, en Isis (2014). De este modo, EEUU ha considerado aliados a Arabia Saudí y Pakistán, cuando -según Cockburn- estos países fueron los más involucrados en apoyar a Al Qaeda. Igualmente, este reportero destaca que los medios occidentales proyectaron una imagen simplista de lasprimaveras árabes del 2011 al asimilarlas a revueltas democráticas pese a que su trasfondo era heterogéneo. Además, señala que al demonizarse en extremo a Sadam Husein, Muamar el Gadafi y Bashar al Asad se dificultaron posibles transiciones pactadas. Y refleja que hemos carecido de una idea clara de la capacidad militar del ISIS, pues en el verano del 2014 protagonizó su gran expansión y capturó Mosul (la capital del norte de Irak) sin hallar un serio obstáculo en los 350.000 soldados del corrupto Ejército iraquí, en el que se habían invertido 41.600 millones de dólares desde el 2008.

En tercer lugar, las grandes potencias no se enfrentan ahora a ejércitos o colectivos terroristas convencionales, sino a una amenaza nueva, exterior e interior a la vez. Como detalla la economista Loretta Napoleoni, esta amenaza se articula desde las redes sociales a un bajo coste (sus activistas se forman on line y se entrenan con videojuegos) y deja libertad de acción a quienes se acogen a la yihad desde los arrabales metropolitanos europeos. ¿Podremos detener a todos los lobos solitarios que desean inmolarse apoyados por una Umma o comunidad islámica virtual?

Así las cosas, las respuestas de Rusia y Francia al desafío yihadista son discutibles. Las medidas de seguridad anunciadas por François Hollande perfilan una Europa-fortaleza capaz de restringir libertades y desdibujar la UE sin acabar con el terror. Y la mayor implicación militar en Siria o Irak contradice soluciones recomendadas por expertos como el politólogo Robert A. Pape.Este, en Morir para ganar (2005), definió al terrorismo suicida como «una estrategia extrema de liberación nacional utilizada contra los ocupantes extranjeros con un sistema político democrático» y, en consecuencia, planteó que si EEUU quería evitarlo debía retirar sus tropas del golfo Pérsico y adoptar allí una estrategia de equilibrio regional de poder que garantizara sus intereses. Pues bien, nos dirigimos al escenario opuesto.

Cabe concluir de lo expuesto que si no se modifica sustancialmente este panorama deberemos prepararnos para convivir largo tiempo contra un enemigo invisible, nuevo y peligroso: el terror low cost.

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* Artículo publicado en El Periódico (19/XI/2015).