2019: EL AÑO DE VOX Y CHEGA Y DEL FIN DE LA EXCEPCIONALIDAD IBÉRICA DE LA ULTRADERECHA

diciembre 23, 2019

André Ventura, líder de Chega, felicita a Vox por sus buenos resultados.

 

EL AÑO 2019 HA SIDO EL DE LA ECLOSIÓN DE VOX Y CHEGA, lo que ha marcado y redefinido la política española mientras está por ver su efecto en la portuguesa. En este sentido, nos parece interesante hacer tres precisiones.

1. Vox y Chega, el fin de la excepcionalidad ibérica

El año 2019 ha marcado el fin de la excepcionalidad ibérica en cuanto a la presencia de la extrema derecha en los parlamentos estatales con el ingreso de Vox en España y Chega en Portugal (sus rostros públicos son Santiago Abascal y André Ventura) y ahora el único país europeo sin una formación de este espectro político en su hemiciclo es Irlanda. Ello refleja la tendencia expansiva de este sector ideológico, aunque configura una familia continental con partidos que presentan divergencias programáticas importantes.

2. El techo de crecimiento de Vox y Chega aún se desconoce

Si la ultraderecha portugesa que representa Chega obtuvo un modesto 1.3% del voto total y un escaño para su líder, Ventura, los sondeos le auguran un crecimiento y ahora su intención de voto rondaría el 5%. Por su parte, Vox ha mostrado un crecimiento discontinúo, que hemos analizado en este blog. De este modo, en las elecciones europeas del 26-M perdió casi la mitad del apoyo logrado el 28-A (su porcentaje de voto pasó del 10,1% al 6,2%). Además, según el CIS, en julio cayó al 3,3% y en octubre, antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas, era el 7,9%. Pero el 10-N alcanzó el 15%. En suma, actualmente no se vislumbra un techo electoral claro en el crecimiento de la extrema derecha peninsular.

3. Una extrema derecha parecida

En los dos casos, Vox y Chega, sus líderes no son antiguos ultraderechistas que llegan a sus parlamentos después de una larga etapa política de marginalidad (Ventura perteneció al Partido Social Demócrata [PSD] y Abascal al PP) y sus programas comparten una visión económica neoliberal, por lo que pueden predominar más las  semejanzas que las diferencias a medio plazo.

¿Hacia una ultraderecha “ibérica”?

Lo expuesto indica que Vox y Chega parecen configurar una ultraderecha “ibérica” en la medida que podrían compartir diferentes temas y enfoques. No obstante, son partidos que aún experimentan una definición programática y es necesario esperar un tiempo prudencial antes de extraer conclusiones al respecto.


CHEGA, LA ULTRADERECHA PORTUGUESA QUE HA ENTRADO EN EL PARLAMENTO. REPRODUCIMOS UN ANÁLISIS DE STEVEN FORTI EN CTXT. ES

diciembre 15, 2019

 

André Ventura, diputado de Chega (foto de observador.pt).

 

EL INGRESO EN EL PARLAMENTO EN LAS ELECCIONES PORTUGUESAS DE OCTUBRE DE ANDRÉ VENTURA, DEL PARTIDO CHEGA! [CH, BASTA], PARECE PONER FIN A LA EXCEPCIONALIDAD LUSA en cuanto a ausencia de formaciones de este espectro en las instituciones. Sin embargo, este tema ha merecido escasa atención mediática en España.

La excepción el respecto ha sido la revista contexto, ctxt.es, que ha publicado un interesante análisis del historiador Steven Forti (“Chega, la nueva ultraderecha portuguesa”, 11/XII/2019), a quien ya entrevistamos en este blog por su obra El peso de la nación sobre tránsfugas políticos de la izquierda al fascismo (1, 2 y 3). Actualmente es profesor asociado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa. A continuación, reproducimos su citado análisis de Chega.

*****

Chega, la nueva ultraderecha portuguesa

En las elecciones del 6 de octubre la formación ultra consiguió un diputado. El discurso y la estrategía de su líder, André Ventura, es cercano a Abascal, pero tiene aún más sintonía con Bolsonaro

 

Hasta hace poco se repetía que la península ibérica era una excepción en una Europa arrasada por la ola ultraderechista. Las sociedades española y portuguesa, se decía, tenían unos anticuerpos que habrían evitado el contagio del virus por debajo de los Pirineos. Pues bien, la excepción ha terminado: Vox se ha convertido en solo doce meses en la tercera fuerza en el Congreso, al obtener el 15% de los votos el pasado 10-N, mientras que una nueva fuerza de extrema derecha, Chega, acaba de hacer su ingreso en el Parlamento luso. De momento, solo Irlanda y Malta no cuentan con diputados ultras en sus cámaras.

Es cierto que el resultado de Chega en las elecciones legislativas portuguesas del pasado mes de octubre –1,3%, 67.826 votos– no es en absoluto comparable con la explosión de la formación de Abascal. En comparación con los 52 diputados de Vox, un solo parlamentario ultra en Lisboa, el joven líder de la formación André Ventura, de 36 años, parece casi “inocuo”. Además, con otro sistema electoral, como el español, no habría conseguido siquiera representación parlamentaria. A orillas del Tajo el fenómeno es sin duda limitado. Sin embargo, la aparición de Chega es sintomática de una serie de procesos que se están dando a nivel internacional y merece la pena prestarle atención. Además, es la primera vez desde la Revolución de los Claveles de 1974 que la extrema derecha entra en el Parlamento de Lisboa.

Un partido ultraliberal

Chega, literalmente Basta, nació el pasado mes de abril como una escisión del Partido Social Demócrata (PSD), la fuerza principal de la derecha portuguesa. Ventura, de hecho, fue militante del PSD. En abril de 2017 fue candidato por el partido de Passos-Coelho a la alcaldía de Loures, un municipio en la periferia norte de la capital lusa gobernado por los comunistas. Quedó muy lejos de ganar, pero fue elegido concejal y, sobre todo, radicalizó el discurso de la derecha conservadora clásica, a lomos del antigitanismo. En mayo de este año se presentó a las elecciones europeas en la coalición Basta!, junto a otros pequeños partidos, como los monárquicos y los pro-vida. No consiguió ser elegido, pero obtuvo 50.000 votos, el 1,5%. Fue un pequeño avance para la extrema derecha, históricamente muy fragmentada y con porcentajes de voto inferiores al 1%.

Chega se considera un partido “conservador en las costumbres, liberal en la economía, nacional en la identidad y personalista”. Cuando se le pregunta si es de extrema derecha, Ventura contesta que es sencillamente “antisistema” o “políticamente incorrecto”. Nada nuevo, por otro lado. A Salvini no le gusta que le digan que es un ultraderechista, aboga por definirse como el representante del sentido común de los italianos. Según Goffredo Adinolfi, historiador e investigador en el Instituto Universitario de Lisboa, Chega es sin lugar a dudas “un partido populista de extrema derecha”, similar a Vox y a la Liga: “Todos son hijos del mismo magma cultural que se adapta al contexto nacional donde actúa”. Manuel Loff, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Oporto, va más allá. Para el, la de Ventura es una formación “nacional-populista con rasgos evidentes de neofascismo”.

Desde el punto de vista ideológico, efectivamente, Chega se enmarca perfectamente en la extrema derecha 2.0 que tras la crisis de 2008 ha ido expandiéndose por toda Europa. Las analogías con Vox, aún más que con otros partidos, son evidentes: no solo por el discurso contra la inmigración, las políticas de género, el “marxismo cultural”, la corrupción y el clientelismo o en defensa de la familia tradicional y la mano dura en temas de seguridad –propone la cadena perpetua y la castración química para los violadores; presentó como candidato en Oporto a Hugo Ernano, militar de la Guardia Nacional Republicana que en 2008 asesinó un muchacho de 13 años durante una persecución policial–, sino, sobre todo, por las políticas ultraliberales en temas económicos. Además de la bajada de impuestos –considerados una “extorsión fiscal” y “terrorismo de Estado”–, una de sus medidas estrella es el desmantelamiento del sistema público de salud y educación y la eliminación del Ministerio de Educación. En resumen, privatización a toda costa. No por casualidad, Ventura, que se considera un fan de Reagan, tenía una estupenda relación con Passos Coelho, el exprimer ministro conservador que aplicó entre 2011 y 2015 las políticas de austeridad más duras de la historia lusa. El que fuera presidente del PSD hasta 2018 fue su principal valedor cuando se presentó a la alcaldía de Loures.

Siendo Portugal un país mucho más centralizado que España y sin pulsiones secesionistas, Chega no propone con tanta fuerza una recentralización del sistema como Vox, pero sí aboga por una reforma completa de la Tercera República. En su programa, propone la extinción del cargo de primer ministro, la instauración de un sistema presidencialista y una drástica reducción de los diputados (de 230 a 100). Un discurso no solo favorable a un líder fuerte que no encuentre obstáculos en la separación de poderes, sino también una crítica al funcionamiento mismo del sistema democrático, sean estos los “chiringuitos”, como en el caso de Vox, o el número de parlamentarios, como el Movimiento 5 Estrellas. La democracia, en síntesis, es presentada como un gasto inútil.

En temas económicos, Chega entra en competición con Iniciativa Liberal (IL), una nueva formación que ha obtenido también un diputado en las últimas elecciones. IL es otra escisión del PSD que en los últimos comicios ha obtenido el peor resultado de su historia (27,7%), al perder más de un millón de votos con respecto a 2011. Lo mismo puede decirse de la otra fuerza tradicional de la derecha lusa, el Centro Democrático Social (CDS), que, con solo el 4,2%, ha tocado fondo. La crisis y la fragmentación de la derecha es una de las explicaciones de la aparición de Chega.

¿Quién vota a Chega?

Como en España y en otros países, uno de los grandes debates post-electorales en Portugal es acerca de si la extrema derecha ha conquistado  a exvotantes de izquierdas. Tanto el Bloco de Esquerda (BE) como el Partido Comunista Portugués (PCP) han perdido votos respecto a 2015 (50.000 y 114.000, respectivamente), al sufrir, aunque de forma limitada, el desgaste de apoyar al Gobierno de minoría socialista de António Costa, pero, según Loff, “no se confirma la tesis de que Chega recoge voto de la izquierda y sobre todo voto comunista”. De hecho, en la orilla sur de Lisboa, donde se encuentran históricas alcaldías comunistas, como Almada o Barreira, la extrema derecha no llega al 2% –supera escasamente la media nacional– y las izquierdas siguen siendo las primeras fuerzas. Según Loff, el de Chega es “un electorado patriarcal cabreado, salido del armario del reaccionarismo histórico de los últimos años, gracias a temas como los inmigrantes ‘inasimilables’, la denuncia de la ideología de género y la reivindicación de la grandeza histórica y la tradición portuguesas. Es un voto que proviene de entornos populares hasta ahora poco movilizados y, sobre todo, de gente mayor, que ve mucha televisión”.

El de la televisión, efectivamente, es un factor importante en el caso de Chega. Y explica, además, por qué en el norte del país, tradicionalmente conservador, no ha sacado votos, y ha quedado muy por debajo de la media nacional. André Ventura, profesor de derecho en una universidad privada, se dio a conocer en el canal de televisión CMTV, propiedad del periódico Correio da Manhã –en el que también es columnista– como tertuliano de deportes y de sucesos, un formato importado de Brasil. Es un opinador que representa al Benfica y, posiblemente por eso, no ha tenido éxito en el norte, una región donde las simpatías son todas para el Oporto. “De momento, es un voto regional, alrededor de Lisboa, y vinculado sobre todo al municipio de Loures, donde Ventura tiene una visibilidad política desde hace más de un bienio”, zanja Loff.

Sin embargo, en el análisis del voto entra también otro factor: la geografía de las minorías étnicas y, sobre todo, de los gitanos. Chega obtuvo más del 5% en Elvas, ciudad fronteriza a pocos kilómetros de Badajoz, y en Campo Maior, sede de Cafés Delta, municipios donde existe una importante comunidad gitana. “Ese no es el mapa de las alcaldías y los votos comunistas, sino del racismo y la xenofobia. El de Chega es un voto claramente gitanófobo”, añade el profesor de la Universidad de Oporto. Esto le ha permitido absorber votantes –y también algunos dirigentes– del Partido Nacional Renovador (PNR), la formación neofascista portuguesa que ha tenido en sus filas a miembros de grupos neonazis. Nacido en 2000 como compendio de diferentes pequeñas formaciones ultras y aliada en Europa de Jobbik y el British National Party, el PNR ha perdido la mitad de sus votantes el pasado octubre respecto a 2015, pasando del 0,5 al 0,3% de los votos. Hablamos de pequeñas cifras, pero los flujos son evidentes, como en el caso de Falange y Vox. Además, el programa electoral de Chega es obra de Diego Pacheco de Amorim, anteriormente autor de los programas de Nova Democracia, otra de las pequeñas formaciones de la ultraderecha portuguesa.

Inmigración y abstencionismo

El tema de la inmigración es clave para explicar la entrada de Chega en el Palacio de São Bento. Es cierto que Portugal no vivió la crisis de los refugiados de 2015 y que el número de extranjeros es menor que en otros países europeos –los residentes son poco más de medio millón sobre una población de 10,3 millones y la mayoría provienen de Brasil y las excolonias africanas, todos países lusófonos–, pero también lo es que ha ido aumentando en el último trienio, debido a las necesidades de la economía portuguesa y a la pérdida de capital humano, con la emigración de más de medio millón de jóvenes en los años más duros de la crisis. Además, según Goffredo Adinolfi, “Chega ha roto el acuerdo implícito existente entre las fuerzas políticas lusas: el de no utilizar la inmigración como un elemento de propaganda política”.

Queda otro elemento: la altísima abstención que, en octubre, superó el 51% (300.000 personas más que en 2015). “Una parte del país vive completamente fuera de la vida política”, explica el investigador del Instituto Universitario de Lisboa. “Es posible que estos sectores se decanten en el futuro por la extrema derecha. En los barrios más pobres la abstención es, de hecho, un 15 o un 20% más alta que en los barrios acomodados. Si a esto le añadimos los altos niveles de pobreza y un salario medio de solo 800 euros, es fácil entender cómo Chega tiene posibilidades de crecer”.

En cuanto a las conexiones internacionales, Chega se considera cercana a Vox, Le Pen y Salvini. En septiembre, Ventura se reunió en Madrid con dos dirigentes de Vox, Rubén Gallardo y Javier García Martín, y tras el 10-N felicitó en las redes a Abascal, anunciando una próxima reunión con el líder ultra español, que, por lo que se sabe, todavía no se ha celebrado. Sin embargo, según Manuel Loff, Chega tiene aún más sintonía con Bolsonaro y su éxito depende de la importación del discurso y la estrategia bolsonarista. Por un lado, la capacidad de llegar a un público despolitizado y de entornos populares a través de los programas de televisión dedicados al deporte y al crimen. Por el otro, la utilización de las redes sociales con un gasto notable en campaña electoral. Todos admiten que, además, Ventura es un buen comunicador. Por último, la crítica a la cultura política marxista cuyo inspirador no es solo el presidente brasileño, sino también Jaime Nogueira Pinto, el gran padre de la extrema derecha portuguesa desde el final de la dictadura salazarista.

A esto debe añadirse un elemento externo: la actitud de los medios de comunicación. Hasta las elecciones de octubre no prestaron especial atención a Chega, pero después de la entrada de Ventura en el Congreso se le está dando una enorme visibilidad. “Está cada día en los programas de televisión. Se le ha banalizado. No ha habido un debate serio sobre cómo los medios deben tratar a la extrema derecha”, confirma Loff. Eso sí, ha habido una reacción muy fuerte en la izquierda, socialistas incluidos, mientras en la derecha hay un gran debate: la actual dirigencia del PSD, encabezada por el exalcalde de Oporto Rui Rio, ha tomado distancia de Ventura, considerándolo incompatible con su cultura política, mientras que los sectores críticos –que en enero le disputarán la presidencia del partido– defienden un acercamiento y una gran coalición de toda la derecha, incluyendo a Chega. El objetivo de estos últimos es una radicalización del PSD, basada en el ultraliberalismo económico, el racismo cultural y la política del miedo. En síntesis, ser Merkel o Johnson; ese es el dilema de la derecha lusa. Según Loff, “el CDS se radicalizará aún más a la derecha para intentar absorber a Chega. Pero la clave es qué pasará en el PSD: si Rui Rio gana las primarias, es posible que mucha gente se vaya con Ventura”. El futuro de Chega dependerá, en buena medida, de lo que haga la derecha tradicional.

Comparado con otros contextos nacionales, Chega no parece de momento una amenaza, sino más bien una excentricidad para un país con una clara mayoría progresista. Ahora bien, las cosas pueden cambiar rápidamente. Lo hemos visto en España. Chega puede ser una nota a pie de página en la historia portuguesa o puede convertirse en una referencia más en la geografía de la extrema derecha 2.0.


CUATRO OBRAS SOBRE VOX PUBLICADAS EN 2019

diciembre 6, 2019

Acto de Vox con su cúpula dirigente en el Palacio de Vistalegre en octubre de 2019 (foto de Álvaro García Atlas).

 

ACTUALIZAMOS AQUÍ LA ENTRADA PUBLICADA EL 25 DE NOVIEMBRE SOBRE LIBROS RELATIVOS A VOX. En diciembre de 2018 habíamos abordado ya la cuestión en  Vox habla sobre Vox. Tres libros para conocer el partido”. Al abordar de nuevo este aspecto hace dos semanas comentamos tres títulos aparecidos desde entonces y se nos pasó por alto un ensayo de Miguel Urbán que ahora añadimos a la información entonces proporcionada.

La sorpresa Vox

John Müller, (coordinador), La sorpresa Vox. Prólogo de Arcadi Espada (Deusto, Barcelona, 2019).

Esta obra es un Instant Book colectivo (reúne 10 colaboraciones) para explicar el crecimiento inesperado de Vox en los comicios andaluces del 2-D de 2018, cuando el partido hizo una eclosión espectacular al obtener 395.185 votos (10.9% del total) y 12 escaños.

Como sucede en obras realizadas con premura los textos son de calidad desigual, obra de académicos y periodistas mayoritariamente colaboradores de El Mundo (siete de los autores colaboran en este medio, uno en El Español y otro en Libertad Digital). El conjunto de trabajos, pese a sus limitaciones, ofrece una radiografía limitada del partido en el momento que es interesante para comprender su ascenso en los comicios autonómicos, proporcionando algunas claves que puede ignorar un lector desconocedor de la realidad andaluza. De esta forma, entre otros aspectos ofrece un perfil sociológico de su electorado o una aproximación a cómo Vox logró un apoyo substancial en el campo andaluz, incidiendo en aspectos como la caza y la tauromaquia.

Por cortesía de la editorial puede accederse aquí al sumario y a la contribución de Narciso Michavila (presidente de GAD3) sobre el electorado de Vox en PDF: La_sorpresa_Vox

España vertebrada

Fernando Sánchez Dragó. Santiago Abascal. España vertebrada (Barcelona: Planeta, 2019).

Libro entrevista del célebre y controvertido ensayista y escritor Sánchez Dragó con el líder de Vox, Santiago Abascal, a cuyos encuentros asiste el adlátere de este último, Kiko-Méndez Monasterio, que tercia de forma aleatoria en las conversaciones. El autor y entrevistador manifiesta de forma explícita sus simpatías hacia su entrevistado y el partido que lidera.

Aunque la obra es inevitablemente repetitiva en cuestiones ya planteadas en otro libro entrevista que hemos comentado en este blog (Hay un camino a la derecha), permite adentrarse más en las ideas de Abascal. De este modo, podemos constatar su concepción emocional y épica de la política, pues considera que esta última debe conectar “con los sentimientos y las convicciones: el honor, el patriotismo y cosas así”. Afirma así que “la política no es solo el plan de urbanismo, ni el horario escolar, ni el alumbrado de las calles. Todo eso a mí  nunca me ha interesado, aunque he sido concejal durante ocho años. Son debates en los que me da igual una cosa que su contraria. Y no me importa decirlo, aunque escandalice” (p. 43).

Entre otras cuestiones, Abascal muestra también sus dudas sobre el papel atribuido al magnate George Soros en la promoción de la inmigración desde ámbitos de ultraderecha (“¿Pero qué se le ha perdido a un señor como Soros en semejante barrizal?”, p. 57) o sobre una eventual alianza con Vladimir Putin (“sigo sin entender por qué Vox […] debería acercarse a Putin”, p. 95). También se constata su afán de prudencia en el ámbito de la economía (“no vaya a ser que nos la carguemos y el remedio sea peor que la enfermedad”, p. 130).

Vox. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria

Pedro Carlos González Cuevas, Vox. Entre el liberalismo conservador y la derecha identitaria (La Tribuna del País Vasco, noviembre de 2019 [2ª ed.], San Sebastián).

El autor es un profesor universitario conocido experto en el estudio de la derecha española y sus distintas tradiciones. En este caso no nos hallamos ante un estudio académico sino ante un documentado ensayo partidista, pues González Cuevas manifiesta su empatía hacia lo que -desde su óptica- Vox y su ideario encarnan en el ámbito de la derecha española. Afirma en tal sentido  que “la aparición de un nuevo partido político como VOX debe ser celebrada” (p. 13) en la medida que encarna una respuesta y protesta “contra lo más caduco y cínico del conservadurismo español contemporáneo, una derecha permanentemente disfrazada de ‘centrismo’” (p. 279).

Desde tal perspectiva la obra se estructura en dos partes. La primera ocupa las primeras cien páginas y pretende trazar el contexto que explica el surgimiento de Vox. La segunda ocupa unas 170 páginas y se centra en el análisis de Vox: su eclosión y evolución hasta los comicios del 26-M. Esta es la más interesante, más allá de las consideraciones ideológicas presentes en el análisis. Lo apuntamos en la medida que su exposición se basa en el recurso a una abultada hemeroteca (el texto incorpora las referencias de las fuentes citadas) que permite seguir la evolución del partido desde sus orígenes hasta los pactos postelectorales del 26-M.

En las conclusiones el autor señala el dilema no resuelto que afrontaría Vox: su apuesta por un liberalismo económico asociado a un conservadurismo moral que “solo puede ser funcional en sociedades como Estados Unidos, pero no en Europa, y mucho menos en España” (p. 284), alejándo al partido de un eventual electorado obrero y de izquierdas.

La emergencia de Vox. Apuntes para combatir a la extrema derecha española

Miguel Urbán Crespo, La emergencia de Vox. Apuntes para combatir a la extrema derecha española, Sylone, Barcelona, 2019, 184 pp.

 

Como se indica en el título, este ensayo es una obra de combate, y su autor, Urbán, ha sido fundador de Izquierda Anticapitalista y de Podemos, siendo actualmente eurodiputado de Unidas Podemos.

Pese al planteamiento no académico de la obra y abiertamente beligerante con Vox, consideramos que es interesante por dos cuestiones. Por una parte, porque focaliza el interés del lector o lectora en cuestiones carentes de un abordaje substancial en relación a Vox que carecen aún de análisis de calado, como es el caso de la lucha de Vox contra lo que este partido denomina “ideología de género” o el universo digital que rodeó la eclosión de la formación. Por otra parte, el texto remite a una bibliografía que es un tanto opaca para el lector no avezado en la temática y que puede ser de su interés, como  Neofascismo. La bestia neoliberal (2019) o Spanish Neocon (2012). Ello hace que el libro, de pequeño formato, pueda ser útil a quien tenga interés por la nueva extrema derecha española que encarna Vox.


VOX DINAMITA A LA DERECHA

noviembre 17, 2019

Ilustración de Leonard Beard para este artículo publicada en El Periódico.

 

EL PROGRESO DE VOX EL 10-N, QUE PASA DEL 10.1% DEL VOTO (24 ESCAÑOS) AL 15% (52), afianza el liderazgo de Santiago Abascal y y fractura de forma profunda el bloque de la derecha. Su crecimiento noquea a Cs, cuyo voto cae del 15,8% (57) al 6,7% (10), resultado que ha provocado la dimisión de su presidente, Albert Rivera. A la vez, Vox cortocircuita la recuperación del PP que dirige Pablo Casado. Este pasa del 16,7% (66) al 20,8% (88), pero queda lejos de sus expectativas (100-110) y mantiene una competición reñida con Abascal en varias provincias, quien le supera en Murcia y Ceuta. Vox, pues, ha roto los equilibrios internos de la derecha española en su provecho y, como analizaremos, lo ha conseguido con su antisecesionismo catalán.

Vox es el gran vencedor en la derecha

Sin embargo, su voto es volátil. En las elecciones europeas del 26-M perdió casi la mitad del logrado el 28-A (pasó del 10,1% al 6,2%). Además, según el CIS, en julio cayó al 3,3% y en octubre, antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas, era el 7,9%. En la campaña electoral, Vox vendió sus temas (antisecesionismo, ‘invasión migratoria’, ‘guerra cultural’) con oposición escasa: la derecha orbitó en torno a su discurso y la izquierda lo usó para movilizar a sus votantes y alcanzó el 15%. Lo hizo posiblemente al capitalizar la oposición a exhumar el cadáver de Franco y, sobre todo, al secesionismo catalán. Y es que Vox fue el ‘partido del castigo’ del independentismo por excelencia: clamó por suprimir las autonomías, por declarar el estado de excepción en Catalunya y por encarcelar a su presidente. PP y Cs quisieron rivalizar aquí con Vox, lo que –como veremos- fue un grave error.

El PP tocado y Cs hundido

Cs ha perdido 2,5 millones de electores, de los que 1,5 habrían apoyado a PP y Vox, refugiándose el resto en la abstención. Tal resultado puede poner fin al cuarto intento de crear un partido bisagra entre PP y PSOE que facilite la gobernabilidad del país sin recurrir a nacionalistas vascos y catalanes. Ese eventual fracaso de Cs, que agrandaría el campo de juego de Vox, se sumaría a los precedentes del Centro Democrático y Social (CDS) que lideró Adolfo Suárez (1982-1991); del Partido Reformista Democrático (PRD) que apadrinaron Miquel Roca y Jordi Pujol (1986); y de Unión Progreso y Democracia (UPyD) que acaudilló Rosa Díez (2007-2015).

Por su parte, el PP queda seriamente afectado por el ascenso de Vox (que ahora puede recurrir leyes al Tribunal Constitucional al superar los 50 escaños y estará en la Mesa del Congreso). Le impide recuperarse para ser una clara alternativa de Gobierno y limita sus movimientos, pues Vox denunciará todo trato de Casado con Pedro Sánchez como una cesión vergonzosa (especialmente si es sobre Catalunya) para erosionar su voto. El PP, pues, deberá medir sus pasos.

Catalunya, la clave

En la creación de este escenario, Catalunya ha sido central. Para comprenderlo debemos tener presente que desde la derecha ha sido recurrente la denuncia de la amenaza secesionista y de diseños conjuntos del PSOE y nacionalistas periféricos para liquidar el Estado. En el 2005 Mariano Rajoy afirmó que con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se asistía “a un plan muy elaborado para el desmantelamiento del Estado según las directrices que imponen algunas minorías nacionalistas y muy particularmente el Gobierno tripartito de Catalunya”. Y este julio, Rivera alertó de la existencia de un “plan” de Sánchez para “liquidar el Estado constitucionalista” con una “banda” que incluía a los secesionistas que apoyaron su investidura.

Pero PP y Cs no pueden llevar tal argumento al extremo, como hace Vox, pues -al fin y al cabo- son partidos de Gobierno y deben contener su radicalismo verbal. En cambio, Vox obtiene el máximo rendimiento del tema, ya que la defensa de la nación española es su razón de ser y le quedan lejos las responsabilidades de Gobierno. De este modo, su belicoso antiseparatismo es su motor: justifica derogar las autonomías (eje de su programa) y su populismo punitivo contra el separatismo (que plasma el lema “Torra a la mazmorra”) galvaniza a sus seguidores. Así las cosas, Cs y PP se han lanzado a una competición suicida con Vox en este ámbito: incapaces de superarle en radicalidad (su demanda de aplicar el artículo 155 resulta mojigata ante el discurso de Abascal), han dado centralidad y respetabilidad al mensaje de Vox y le han transferido parte sustancial de sus votos. Esta torpeza explica en gran medida los resultados del 10-N y el batacazo de Cs debería ser aleccionador al respecto. Veremos si es así.

_______

* Artículo publicado originalmente en El Periódico (14/XI/2019): Xavier Casals, “Vox dinamita a la derecha”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


EL ADOQUÍN DE RIVERA, MUNICIÓN PARA VOX

noviembre 8, 2019

Ilustración de María Titos para este artículo en El Periódico (6/XI/2019)

 

DURANTE EL DEBATE TELEVISADO ESTE LUNES Albert Rivera exhibió un adoquín que habrían lanzado manifestantes de la plaza de Urquinaona a la policía. La imagen de Rivera y su loseta se hizo viral, pero es probable que no le aporte un alud de votos, pues -según las encuestas- Santiago Abascal, líder de Vox, le estaría substituyendo como gran beneficiario del antisecesionismo. De confirmarlo las urnas, el 10-N asistiremos a la substitución del nacionalismo español desacomplejado de Cs, de marchamo liberal, por el esencialista de Vox. De este modo, como analizamos a continuación, podría empezar a concluir una etapa política iniciada en el 2006.

Cs y UPyD: la extraña pareja

Ese año se constituyó Cs en Catalunya liderado ya por Rivera y en los comicios catalanes celebrados entonces obtuvo tres escaños que revalidó en los del 2010. Hizo bandera de los derechos lingüísticos de los castellanohablantes y se declaró contrario al nacionalismo catalán desde un claro nacionalismo español (visible en su lema ‘Catalunya es España. Tú lo piensas, nosotros lo decimos’). Aunque se autodefinió de centro-izquierda y socialdemócrata, en las elecciones europeas del 2009 se coaligó con el partido conservador y euroescéptico Libertas.

A la vez, fue el referente de una formación similar surgida contra el nacionalismo vasco en el 2007, Unión, Progreso y Democracia (UPyD), que lideró la exsocialista Rosa Díez. Este partido y Cs, incapaces de pactar, protagonizaron una pugna surrealista que plasmaron sus lemas en los comicios europeos de 2014: ‘La unión hace la fuerza’ (UPyD) y ‘La fuerza de la unión’. Finalmente se impuso electoralmente Cs, con un Rivera jaleado como líder de la “resistencia constitucional” en Catalunya.

Rivera y la ‘operación Roca’ al revés

Ello le permitió protagonizar una suerte de ‘operación Roca’ a la inversa. Tal expresión designó en 1983 el apadrinamiento por CiU del Partido Reformista Democrático (PRD), que acaudilló Miquel Roca. Concebido como “una propuesta catalana para la modernización del Estado”, el PRD debía ser una bisagra centrista entre PSOE y PP. Pero fracasó en las elecciones de 1986 (0,9% del voto) y desapareció. Desde tal óptica, el 2015 fue el turno de una ‘operación Rivera’: ese año la reacción contra el proceso secesionista catalán catapultó a Cs al Congreso de los diputados (13,9%) como aparente partido bisagra de PP y PSOE.

En sintonía con este marco, en el 2017 Cs se definió como “constitucionalista, liberal, democrático y progresista”. Pero en los comicios de Andalucía del 2019, en los que Vox emergió institucionalmente (10,9%), Cs empezó a virar a la derecha al formar un gobierno allí con el PP con apoyo de Abascal. Y tras las elecciones del 28-A un Cs crecido (15,8%) se negó a pactar con el PSOE al apostar por substituir a un PP a la baja (16,6%) como gran partido del centroderecha.

Vox: ¿Llega y gana?

En tal escenario, el contundente antisecesionismo de Abascal ha superado al de Rivera y Pablo Casado. Pero mientras el PP ha sobrevivido como gran partido, Cs parece hundirse ante Vox. Su demanda de aplicar un ‘155 premium’ en Catalunya (compartida con Casado) palidece ante la supresión de las autonomías que reclama Vox y su petición de declarar el estado de excepción. También el liderazgo antisecesionista de Rivera parece sucumbir ante el de Abascal. Este, nacido en Amurrio, se forjó en los ámbitos más duros del PP vasco y porta pistola, un recuerdo de las amenazas que recibió de ETA. Además, Vox lideró el castigo al independentismo al representar a la acusación popular en el juicio a los líderes independentistas. Por consiguiente, Vox rentabiliza hoy la protesta antisecesionista en España al situarla los sondeos como tercera o cuarta fuerza. El adoquín de Rivera es, pues, munición para un Abascal a quien se ha aludido como eventual vicepresidente de un Gobierno que liderase el PP si las urnas lo permitieran.

De Cs a Vox: un cambio decisivo

Ahora bien, Vox defiende un patriotismo esencialista muy distinto al “patriotismo constitucional” de Cs. Abascal escribió en el 2008 -con el filósofo Gustavo Bueno- que la nación designa a los vivos y “a los muertos que la constituyeron y mantuvieron, y a los hijos que aún no han empezado a vivir”, por lo que “el Pueblo no puede decidir, y menos aún una parte suya, sobre la Nación española”. En suma, Vox quiere preservar una España cuyo origen se diluye en el tiempo contra el secesionismo y una supuesta “invasión migratoria”. Así las cosas, su más que probable ‘sorpasso’ de Cs este domingo transformará por completo la política española.

_______

* Artículo publicado originalmente en El Periódico 6/XI/2019): Xavier Casals, “El adoquín de Rivera, munición para Vox”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


ESPAÑA SUMA, UN RETO COMPLICADO PARA VOX*

septiembre 22, 2019

Pablo Casado quiere que Albert Rivera y Santiago Abascal se unan a España Suma (foto: El Español). 

 

LA PROPUESTA DEL PP DE CREAR UNA ALIANZA ELECTORAL CON VOX y otras fuerzas con el rótulo de “España Suma” parece haber creado dudas en el partido ultraderechista. Pese al rechazo tajante de Santiago Abascal a participar en ella, el portavoz de la formación, Iván Espinosa de los Monteros, contempló la posibilidad contraria, aunque luego la rectificó.

¿Pero que es “España Suma”? Esta marca quiere repetir los buenos resultados de “Navarra Suma”, candidatura conjunta de Unión del Pueblo Navarro [UPN], C’s y PP en los comicios legislativos, locales y autonómicos de 2019 que hizo de Navarra el “laboratorio” de la derecha. Con ella el PP quiere “que sigan convergiendo aquí los votantes que se fueron a Vox, a Ciudadanos y los socialdemócratas enfadados con su partido, la España de los balcones”. Tal oferta es un reto para Vox por razones tácticas y estratégicas.

Las razones estratégicas: la necesidad de competir en la derecha

Vox ha rechazado proyectarse como una opción “antisistema” similar al Reagrupamiento Nacional lepenista o la Lega italiana para devenir un partido de protesta socialmente transversal. Tal posicionamiento hubiera implicado -entre otros aspectos- buscar el voto obrero y popular con un discurso proteccionista, ultranacionalista y defensor de un “chauvinismo del Bienestar” (plasmado por el lema “los españoles primero”). Tal apuesta es difícil de casar con su política económica neoliberal y -de modo llamativo- hasta ahora Vox no ha hecho incursiones significativas en el voto obrero.

Ello le sitúa en un especio político de competencia directa con PP y C’s que comporta una relación compleja con ambas fuerzas: debe alcanzar acuerdos con ellas para crear mayorías allá donde se puede desbancar a la izquierda de las instituciones, pero al hacerlo debe evitar que su perfil político quede diluido.

El resultado de esta situación ha sido que Vox, C’s y PP han actuado de modo disciplinado en sus acuerdos postelectorales y la derecha no ha perdido el control de ninguna institución donde podía tenerlo tras los comicios del 26-M. Al suscribir los pactos para formar mayorías Vox ha buscado un “alineamiento crítico” que le permita un equilibrio entre su rol de partido de protesta y el de gobierno (de ahí la escenificación de un difícil acuerdo por parte de Vox en la presidencia de la Comunidad de Murcia, que también se logró). Y es que su electorado quiere que Vox encarne una “derecha dura” que no comprometa las victorias del bloque de derechas.

Las razones tácticas: ¿”España Suma” realmente suma para Vox?

En tal escenario “España Suma” es un brete para Vox también por razones tácticas. Según las encuestas, el voto de la derecha tiende a reagruparse en torno al PP, en detrimento de Vox (y C’s), que no pudo transformar en escaños 700.000 de los votos que recibió el 28-A. Ello penalizó al partido y en los comicios europeos del 26-M Vox perdió el 48.1% de su apoyo del 28-A (pasó de 2.677.173 a 1.388.681 votos) y el último sondeo del CIS le otorga un 3.3% (frente el 10.1% del 28-A).

Por tanto, si Vox acude en solitario a la nueva cita electoral puede perder apoyos relevantes en provincias con pocos escaños en juego y en sus candidaturas al Senado. Además, ello puede contrariar a una parte substancial de su electorado que apoya unirse a “España suma” (podría ser hasta un 63.6%). Pero si opta por tal alianza, Vox puede ver difuminado su perfil y espacio electoral. En definitiva, decida lo que decida puede perder sufragios.

Una posición complicada y una carta por jugar

El partido ultraderechista se halla así en una encrucijada difícil ante “España Suma”. Descartada aparentemente la apertura decidida hacia el voto obrero y el universo sociológico “de izquierdas” (aunque quizá su crítica al Vaticano es un intento de captar un voto anticlerical popular marcando distancias del PP), Vox debe competir en el caladero de voto de la derecha. De este modo, como hemos señalado, si se une a “España Suma” puede difuminar su perfil y si no lo hace puede sufrir un correctivo en las urnas.

En tal tesitura la formación cuenta con un activo potencial que aún no pueden captar los sondeos: su capacidad de canalizar la reacción contra el secesionismo cuando se haga pública la sentencia del proceso a los líderes independentistas y en Cataluña se abra un ciclo de protestas contra ella. El anti-separatismo es el artículo estelar del fondo de comercio de Vox y falta por ver en qué grado liderará una respuesta de “afirmación española” rentable en votos.

_______

* Artículo publicado originalmente como Xavier Casals, “España suma, un reto complicado para Vox”, Agenda Pública (20/IX/2019).


¿LOS PARTIDOS DE EXTREMA DERECHA VIENEN PARA QUEDARSE? EL CASO DE GRECIA DEMUESTRA QUE NO SE PUEDEN HACER PRONÓSTICOS

septiembre 14, 2019

El periodista Kyriakos Velopóulos, que fundó y lidera Solución Griega (foto de E. M. en elmundo.es).

CUANDO IRRUMPE INSTITUCIONALMENTE UNA FUERZA DE ULTRADERECHA SUELE DECIRSE QUE “HA VENIDO PARA QUEDARSE”. Sin embargo, los partidos de este espectro presentan en algunos casos gran volatilidad de voto. A continuación analizamos el caso de Grecia, que ilustra cómo se han sucedido formaciones que se han eclipsado. Veámoslo como un drama que por el momento tiene tres actos (aunque podrían ser más).

Primer acto: Ascenso y caída de LAOS (2004-2012)

Al concluir la dictadura helena de los coroneles en 1974, como ya explicamos en este blog,  este sector ideológico devino marginal tras conocer una breve presencia en el parlamento. Pero retornó al mismo antes del crash del 2008, cuando en los comicios europeos del 2004 el partido Alerta Popular Ortodoxa [LAOS], que lideró Georgios Karatzaferis, obtuvo un escaño y en los legislativos del 2007 logró 10 con el 3.8% de los votos.

LAOS, que combinó su discurso radical con el pragmatismo, en noviembre del 2011 se integró en un gobierno de coalición con conservadores y socialdemócratas que seguía pautas de la troika en relación a la deuda contraída. Al hacerlo, desagradó a sus electores y, pese a dejar el ejecutivo en febrero del 2012, en los comicios de mayo de ese año devino extraparlamentario.

Segundo acto: Ascenso y caída de ANEL y Amanecer Dorado (2012-2019)

Su vacío, por una parte, lo ocupó Griegos Independientes [ANEL], fuerza dirigida por Panos Kammenos, de carácter igualmente nacionalista y xenófobo, pero opuesta frontalmente al rescate. En las elecciones de mayo en las que LAOS se hundió obtuvo el 10.5% de votos (33 escaños) y en las celebradas este enero, el 4,7% (13).

Por otra parte, emergió también Amanecer Dorado. Fundado en 1983 por su líder Nikos Michaloliakos, este partido  de orígenes neonazis fue marginal durante un cuarto de siglo. No obstante, en el 2008 inició una estrategia de implantación en el distrito sexto de Atenas y en los comicios locales del 2010 captó el 5.3 % de votos y Michaloliakos fue elegido concejal. La crisis activó su crecimiento: en las elecciones legislativas de mayo del 2012 captó el 7% de votos y saltó a 9.4% en las europeas del 2014. Pareció conocer entonces una dinámica ascendente.

Pero en las de 2019  su resultado cayó al 4.8% y pasó de 3 a 2 escaños. Finalmente, en los comicios legislativos de ese año devino extraparlamentario (2.9%).  ANEL tampoco tuvo mejor suerte: tras formar un gobierno de coalición con Syriza desde 2015, dejó el ejecutivo en enero de 2019 y, como Amanecer Dorado, también quedó fuera del parlamento en los comicios europeos de ese año (0.8%) y ya no concurrió a los legislativos.

Tercer acto: la emergencia de Solución Griega (2019…)

No obstante, la extrema derecha no ha desaparecido de las instituciones, pues ha emergido una nueva formación de este sector político: Solución Griega.

Esta formación fue constituida en 2016 y la lidera un ex-parlamentario de LAOS, Kyriakos Velopoulos. En los comicios europeos de 2019 obtuvo un escaño (1.1%) y en los legislativos 10 (3.7%). Ha iniciado así una aparente andadura ascendente.

Conclusión: toda cautela es poca en los pronósticos

En suma, Grecia ilustra que las fuerzas de extrema derecha no necesariamente “vienen para quedarse”, pues su electorado puede experimentar una gran volatilidad y sus partidos pueden conocer irrupciones espectaculares y mediáticas seguidas de eclipses súbitos y silenciosos. Se impone la prudencia, pues, al hacer pronósticos sobre este espectro, ya que en este país hemos asistido al eclipse de LAOS, ANEL y Amanecer Dorado.

En España podemos ver como Vox también refleja una elevada volatilidad electoral: en las elecciones europeas perdió casi un 48.1% de sus sufragios de las del 28-A y los sondeos indican que su tendencia a la baja persiste: el último del CIS le otorga un 3.3% (el 28-A obtuvo el 10.1%). Ello indica que se impone la prudencia al hacer prospectiva.