¿POR QUÉ LA INMIGRACIÓN ESTÁ ENTRANDO EN EL DEBATE POLÍTICO ESPAÑOL? UN INTERESANTE ANÁLISIS DE CARLES CASTRO LO EXPLICA

agosto 20, 2018

 

Propaganda de un acto de Vox en Algeciras el pasado 8 de agosto con el tema de las fronteras y la inmigración como eje.

 

¿POR QUÉ LA INMIGRACIÓN ENTRA AHORA EN EL DEBATE POLÍTICO EN ESPAÑA? Los peregrinajes políticos de José Ortega (Vox) a Ceuta y Melilla pasaron desapercibidos en los grandes medios de comunicación. Pero no ha sucedido así -lógicamente- con los de Albert Rivera (C’s) a Ceuta y Pablo Casado (PP) a Ceuta. El resultado ha sido que el tema de la inmigración y la seguridad de la “frontera sur” se ha introducido en la agenda política española de un modo aparentemente súbito.

Las razones de este cambio las expone en un excelente artículo el analista Carles Castro publicado en La Vanguardia (19/VIII/2018) y que reproducimos de modo íntegro (con sus imagen y gráficos). Los datos que aporta clarifican las maniobras partidistas de esta cuestión y su eventual influjo en el debate político y público. 

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El debate de la inmigración y los votos del desasosiego

El debate sobre la inmigración resucita como una de las principales amenazas de erosión electoral, pero ya no sólo para la izquierda

 

El debate de la inmigración y los votos del desasosiego

Llega al puerto de Algeciras el buque de Salvamento Marítimo “Concepción Arenal” con 274 inmigrantes rescatados (A.Carrasco Ragel / EFE).

 

EL DEBATE SOBRE LA INMIGRACIÓN PARECÍA UN TEMA ZANJADO EN ESPAÑA HASTA HACE UN PAR DE MESES. En el barómetro de junio del CIS, sólo un 3,5% de los consultados lo señalaban como uno de los tres principales problemas del país. Nada que ver, por tanto, con los indicadores de hace diez años, cuando más del 30% de los españoles señalaban la inmigración como una de sus primeras preocupaciones. De hecho, la percepción de que la cifra de extranjeros en España es excesiva había caído en los últimos años por debajo de los porcentajes de 1996, cuando el número de personas procedentes de otros países suponía una décima parte del que se registra actualmente. Y, sin embargo, entre junio y julio pasados el porcentaje de ciudadanos que señalan la inmigración como uno de los principales problemas de España casi se ha cuadruplicado y ha pasado de poco más del 3% a algo más del 11%. ¿Qué ha ocurrido?

Fundamentalmente, dos cosas. La primera, un visible repunte del número de llegadas de pateras desde enero pasado, que podría suponer un 50% más con respecto a las cifras del 2017. Claro que ese año ya se cerró con un récord en la arribada de pateras, de modo que hasta octubre habían llegado a España más del doble de embarcaciones ilegales y de personas a bordo que en todo el año anterior. Pero, aun así, la preocupación por la inmigración ilegal cayó entonces incluso por debajo del 3%.

La llegada de ilegales ha pasado en un mes de ser visto como problema por el 3% a preocupar a uno de cada 10 españoles.

El otro factor que podría explicar el incipiente viraje en la opinión pública española se explica en el cambio de Gobierno, ya que el Gabinete de Pedro Sánchez –a diferencia del anterior– ha asumido un papel muy activo en el reparto europeo de las cargas que supone la inmigración ilegal. Y a ese vistoso cambio de actitud (con el Aquarius como un llamativo estandarte) hay que añadir la incorporación del debate sobre la inmigración a la estrategia del centroderecha (tanto del desalojado del poder, el nuevo PP de Pablo Casado, como del que disfrutaba de grandes expectativas de alcanzarlo: los Ciudadanos de Albert Rivera).

En consecuencia, la agitación de este tema por parte de la oposición parece haber tenido un efecto directo e inmediato en la opinión pública, aunque de recorrido imprevisible. La pregunta, a la vista de lo sucedido con la extrema derecha en Alemania, Austria, Italia o Francia, es por qué el centroderecha tradicional español agita un debate que podría volverse en su contra (y buena prueba de ello es el retroceso electoral de los democristianos de Angela Merkel en beneficio de los ultras de Alternativa por Alemania, o el naufragio de los conservadores franceses en provecho del viejo Frente Nacional de Marine Le Pen). El mismo PP ya ha experimentado la letal competencia de Cs en uno de esos temas cuyos réditos electorales parecía monopolizar: la defensa rígida de la unidad de España frente a los nacionalismos periféricos.

20 AÑOS ESPAÑA
20 AÑOS ESPAÑA (Rosa M.ª Anechina)

Sin embargo, es posible que la ausencia en España de una formación xenófoba con expectativas electorales relevantes –como sí ocurre en otros países de la UE– lleve al conjunto del centroderecha a contemplar sólo las lecciones del pasado. Y ahí, los indicadores reflejan que el debate sobre la inmigración puede tener efectos electorales muy dañinos para la izquierda. La experiencia en el ámbito local (con Badalona o Castelldefels como ejemplos muy cercanos de consistorios que el PP arrebató a los socialistas con un discurso de dureza frente a la inmigración) es bastante elocuente. Eso sí, en el caso catalán la onda expansiva acabó afectando a fuerzas de centro nacionalista como la extinta CiU, con pérdidas de entre 15 y 30 puntos en muchas capitales de comarca que vivieron la eclosión de candidaturas xenófobas (que no han ido a más como resultado de procesos internos autodestructivos).

Ahora bien, en términos generales la resistencia del PP durante la etapa de gobierno del socialista Zapatero no puede explicarse sin el impacto electoral de la inmigración. Los indicadores de las encuestas eran entonces inequívocos. Por ejemplo, casi el 60% de los electores del PP consideraba a finales de la década pasada que la cifra de inmigrantes era excesiva. Pero la tasa de votantes del PSOE que compartía esa percepción superaba el 45%. Asimismo, un 90% de los electores de Rajoy juzgaban “más bien o demasiado tolerantes” las leyes de inmigración, una cifra que rozaba el 70% de los votantes socialistas.Y lo mismo sucedía sobre el impacto de los inmigrantes en la educación o la sanidad, con opiniones negativas que oscilaban entre el 50% y el 60% de los electores del PSOE o del PP.

20 AÑOS ESPAÑA
20 AÑOS ESPAÑA (Rosa M.ª Anechina)

Otras actitudes revelaban la falta de sintonía entre los partidos de izquierda y un segmento importante de su electorado. Por ejemplo, un 56% de los votantes socialistas consideraba que los inmigrantes recibían “mucha o bastante protección por parte del Estado” frente a colectivos como las personas mayores o los desempleados. De hecho, casi el 50% del electorado socialista pensaba que los inmigrantes recibían del Estado más de lo que aportaban, y un 55% exigía un mayor “esfuerzo para limitar su entrada”, mientras que más de la mitad apoyaba la prohibición del velo islámico.

Está por ver que estas percepciones se mantengan hoy en idéntica magnitud y que el impacto electoral del desasosiego se circunscriba únicamente a la izquierda. En la década pasada, la inmigración afectaba en términos darwinistas al electorado de la izquierda sociológica (que la sufría en forma de competencia directa y de roces en la convivencia) mientras que la izquierda política no abordaba nunca la inmigración en su dimensión problemática. Pero eso también podría cambiar.


¿TIENE BANNON UNA VARITA MÁGICA PARA LA ULTRADERECHA EUROPEA?*

julio 30, 2018

Steve Bannon y Marine Le Pen (foto de AFP/Philippe Huguen).

EL DESEMBARCO EN EUROPA DE STEVE BANNON, el ex estratega electoral y ex asesor presidencial de Donald Trump, ha levantado grandes expectativas. Bannon anunció el martes la creación de una estructura con sede en Bruselas para facilitar la coordinación de las fuerzas de derecha populista de la UE en vistas a los comicios del próximo año.

El ente que promueve se llama The Movement y su referente es la Open Society del magnate filántropo George Soros (aquí la respuesta de Patrick Gaspard, Presidente de Open Society Foundations). Pero si ésta difunde la democracia liberal en Europa, The Movement pretende asesorar a la ultraderecha sobre la difusión de mensajes y el uso de datos en la Red, y promover un macrogrupo en el Parlamento de Estrasburgo capaz de bloquear y minar la UE.

El anuncio ha levantado gran expectación mediática por el eventual impacto político que pueda tener la entidad, pero consideramos que debe verse con cautela por las tres razones que se exponen a continuación.

1. Unir a la ultraderecha europea ha sido imposible hasta hoy

La extrema derecha ha sido incapaz de unirse en un grupo en el Parlamento Europeo, pese a los beneficios e influencia que ello le reportaría. Es una vieja aspiración de este espectro político iniciada en 1979, cuando el Movimiento Social Italiano [MSI] impulsó la Euroderecha en las elecciones europeas de ese año. Entonces quiso tener grupo propio en Estrasburgo uniendo fuerzas de varios países, pero no tuvo éxito.

También han fracasado los intentos posteriores. Sucedió con el Grupo Técnico de Derechas Europeas, constituido en 1984 y liderado por Jean-Marie Le Pen, que se rompió en 1989 por tensiones de germanos e italianos por el Tirol. Le siguió en 2007 el grupo Identidad, Tradición y Soberanía [ITS], que concluyó abruptamente ese año al chocar rumanos e italianos.

Tras los comicios de 2014, las fuerzas de derecha populista formaron dos grupos en Estrasburgo: el Grupo Europa de la Libertad y la Democracia Directa [EFDD], que abandera el Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP], y el Frente Nacional lepenista (ahora Agrupación Nacional [RN]), que lidera la Europa de las Naciones y de las Libertades [ENF]. Es más, en el Hemiciclo europeo, formaciones que se asemejan en su afán de limitar la inmigración y revitalizar fronteras militan en grupos diversos: la magiar Fidesz está en el Partido Popular Europeo [EPP]; la polaca Ley y Justicia [PiS], en el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos [ECR], y la húngara Jobbik en ninguno.

¿Por qué se produce esta situación? Porque unificar la extrema derecha supone crear una internacional de ultranacionalistas cuyos intereses, por definición, pueden entrar en conflicto. Es, pues, improbable que Bannon resuelva este problema y se geste un macrogrupo en Estrasburgo, aunque en política nada es imposible.

A la vez, por encima de los discursos impera el pragmatismo. Existen cada vez más gobiernos críticos con políticas de la UE (como los del grupo de Visegrado), pero de ahí a predicar el fin de la Unión hay un trecho. En tal sentido, es significativo que Gran Bretaña no haya logrado crear una cuña para negociar bilateralmente aspectos del Brexit con algún Estado miembro. La UE, pues, mantiene su mala salud de hierro. Otra cosa es ver con qué principios y valores perdurará.

2. La ultraderecha europea ya es ducha en la Red

Bannon demostró en los comicios presidenciales de EE.UU. su habilidad en el manejo de datos de la Red para canalizar el mensaje político. ¿Supone esto que la extrema derecha europea va a obtener gracias a él réditos sustanciales de Internet? En realidad, sus partidos hace tiempo que explotan las redes sociales con habilidad, hasta el punto de que se ha hablado de una ‘fachosfera’.

El Frente Nacional fue la primera formación gala en disponer de web y Marine Le Pen tiene 1,5 millones de seguidores en Facebook. Asimismo, el Partido de la Libertad de Austria [FPÖ] ha hecho notables campañas virales: un rap que en 2013 cantó su líder y hoy vicepresidente, Heinz-Christian Strache, supera 1.300.000 visualizaciones (en un país de 8,3 millones de habitantes), y en las últimas elecciones austriacas el FPÖ creó la sitcom ‘The Hubers’ con gran éxito.

Bannon, pues, puede ofrecer know how en uso de Internet, especialmente en datos de usuarios, pero la influencia actual de la ultraderecha en este canal es ya harto importante. Por tanto, su ayuda no tiene por qué suponer necesariamente un cambio exponencial en este campo.

3. Existen audiencias múltiples de intereses contrapuestos

En los comicios presidenciales de Estados Unidos, Bannon trabajó con un electorado diverso, pero con relevantes denominadores comunes al ser unas elecciones presidenciales. En cambio, unos comicios simultáneos en la UE presentan electorados estatales y regionales, con intereses diversos y contrapuestos. Por tanto, es un reto más complejo dirigirse a una audiencia tan fragmentada con mensajes supuestamente unificadores.

Conclusión: ¿qué puede aportar Bannon?

Desde nuestra óptica, Bannon puede ciertamente influir en la eficacia de la campaña electoral ultraderechista, como ha remarcado su biógrafo Tilman Jens, y consideramos que puede hacerlo de dos formas. Uno es facilitar la relativa homogeneización de mensajes de la ultraderecha europea y estadounidense, en el marco de un proceso iniciado en los años 60 que originó una ‘extrema derecha euro-americana’. El otro es que Bannon, como agente externo al universo de la extrema derecha europea, pero con contactos diversificados en la misma, tiene cierto margen de maniobra para facilitar aproximaciones entre sus actores (aunque existen ya ámbitos de colaboración entre ellos, como ilustran los grupos de Estrasburgo).

Pero, sobre todo, debe resaltarse que el mero anuncio de The Movement, aún en mantillas, ha dado gran visibilidad a la ultraderecha europea. Ello indica que el influjo de este estratega radica en lo que ha hecho (llevar a la Casa Blanca a un extremista), más que en lo que pueda hacer. Encarna el Yes We Can, el Sí se puede, de la ultraderecha. Y si el teórico de la comunicación Marshall McLuhan afirmó que “el medio es el mensaje”, ahora el mensaje es el propio Bannon como icono de victorias ultraderechistas pasadas y futuras. He ahí la clave de su magnetismo.

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* Este artículo fue publicado originalmente como Xavier Casals, “¿Tiene Bannon una varita mágica para la ultraderecha europea?”, agendapublica.elperiodico.com (25/VII/2018).


¿HA EXISTIDO UN INDEPENDENTISMO CATALÁN FASCISTA TRAS LA MUERTE DE FRANCO?

julio 11, 2018

Cartel del PNSC (fondo de la UAB).

 

¿QUÉ RELACIÓN SE HA ESTABLECIDO HISTÓRICAMENTE ENTRE FASCISMO Y CATALANISMO? Esta ha sido la cuestión que han abordado desde distintos ángulos una veintena de historiadores en una obra colectiva en catalán titulada El catalanisme davant del feixisme (1919-2018), con distintos análisis abarcan un siglo de historia.

Los tres editores de esta interesante aportación (Enric Ucelay-Da Cal, Arnau Gonzàlez Vilalta y Xosé Manoel Núñez Seixas) han plasmado así la conclusión que puede extraerse de la lectura conjunta de los trabajos: “De este volumen, salen explicaciones nuevas, originales y de relevancia, que se pueden sintetizar en una primera conclusión: fascistas catalanistas, sí, ha habido, y quizás muchos, pero fascismo catalanista, no. Así de claro y de complicado a la vez”.

Por nuestra parte, hemos elaborado para la obra una aproximación al período que abarca desde la muerte de Franco hasta el presente. De este modo, nuestro capítulo se titula “Ha existit un feixisme nacionalista-independentista català (1975-2016)?” [¿Ha existido un fascismo nacionalista-independentista catalán (1975-2016)?]. En este estudio planteamos que durante el período reseñado, en Cataluña se produjeron tres evoluciones distintas. Estas, además, se sucedieron en términos cronológicos, como exponemos a continuación.

Una evolución desde la extrema derecha hacia el catalanismo (1978-1980)

La encarnó el disuelto Círculo Español De Amigos De Europa [CEDADE]. Entre 1978 y 1980 este colectivo neonazi (cuya sede central estaba en Barcelona) no solo editó propaganda en catalán y de carácter catalanista, sino que también creó un grupúsculo instrumental: el Partit NacionalSocialista Català [PNSC].

Este rótulo se difundió mediante adhesivos y carteles en el breve período de tiempo citado.

Una evolución del independentismo hacia la ultraderecha (1980-1982)

La plasmó el grupúsculo independentista Nosaltres Sols! [NS!], activo entre 1980 y 1982, con un efímero paso de sus integrantes por Estat Català. Este rótulo ganó eco al lanzar la campaña “xarnegos fora!” y su lema alcanzó notoriedad en la precampaña electoral de los comicios legislativos de octubre de 1982, al crear una significativa controversia política.

Para el lector no familiarizado con el término “xarnego”, señalamos que -según el Diec– este tiene una acepción peyorativa: “Inmigrante castellanoparlante residente en Cataluña, dicho despectivamente”.

Una nueva síntesis ideológica que supera la dicotomía Cataluña-España (2002-2015)

La reflejó la irrupción de la Plataforma per Catalunya [PxC], constituida el 2002 y que conoció un largo ciclo de ascenso y un súbito declive entre los comicios locales del 2003, 2007, 2011 y 2015. Aludimos en este caso a una nueva síntesis ideológica en la medida que este partido superó -aunque de forma limitada- las contradicciones que crea el eje catalanismo-españolismo con el lema “Primero los de casa”. Este eslogan proyectó un eje ideológico que contrapuso “autóctonos” (se sintieran estos catalanes o españoles) y foráneos (inmigrantes).

Como ya explicamos en este blog, la confluencia de tres factores provocó el eclipse de la PxC en los comicios locales de 2015: la crisis interna del partido; el impacto del proceso secesionista (que monopolizó la agenda política en detrimento de otras cuestiones y creó una dinámica electoral inclusiva); y la irrupción de nuevas marcas anti-establishment.

Pronósticos imposibles

En el libro mencionado finalizamos nuestro análisis señalando estas eventuales tendencias de futuro: “En este marco la ultraderecha puede continuar estancada y marginal, persistir su carácter dual (fracturada entre separatistas catalanes y ultranacionalistas españoles) o generar nuevas síntesis ideológicas hoy imprevisibles que le permitan progresar en las urnas”.

Desde nuestra óptica es difícil ir más allá de lo apuntado en la obra, pues -paradójicamente- el único pronóstico que hoy puede hacerse (tanto en relación a la política catalana como española) es que resulta imposible hacer pronósticos.


LA HISTORIA DE UNA FOTOGRAFÍA DE REFUGIADOS QUE SE HA CONVERTIDO EN ICONO DE LA ULTRADERECHA

abril 8, 2018

Imagen de refugiados que van de Croacia hacia Eslovenia en octubre de 2015 (Imagen Jeff Mitchell/Getty Images reproducida en The Guardian).

HOY SE CELEBRAN ELECCIONES LEGISLATIVAS EN HUNGRÍA, en las que Fidesz, el partido que dirige el presidente Viktor Orban (conocido como “Viktator” por sus detractores), parte como favorito. Como es sabido, Orban ha protagonizado una evolución política que le ha conducido del espectro de centroderecha al de la extrema derecha (pese a que su partido pertenece al Grupo Popular Europeo).

A la espera de conocer los resultados de los comicios nos parece interesante reproducir la historia de una imagen de propaganda contraria la inmigración que empleó primero el UKIP (el partido que ha liderado el eurófobo Nigel Farage) en el referendum del Brexit de 2016 y que ahora ha empleado el gobierno de Orban. Lo ha hecho en una campaña oficial de comunicación del gobierno para sensibilizar a la ciudadanía sobre “el riesgo muy serio” que desde su óptica supone la inmigración.

En esta imagen, que captó el fotógrafo Jeff Mitchell en Eslovenia (y que se siente “triste” por su uso), tanto el UKIP como el gobierno magiar han ocultado a la persona blanca que aparece en el ángulo inferior derecho. Entendemos que han obrado así con el fin de reforzar el carácter de pretendida “amenaza foránea” de los retratados.  La historia de la imagen y de su manipulación la ha explicado Rafael Cereceda en un interesante artículo (“El poster xenófobo del Gobierno calienta la campaña húngara”) en Euronews  (28/III/2018).

Reproducimos su análisis a continuación de forma íntegra, incluyendo sus imágenes (aunque hemos cambiado una para reflejar de modo íntegro el cartel del UKIP), por el interés que reviste para nuestr@s lector@s.

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El poster xenófobo del Gobierno calienta la campaña húngara

Imagen de Gábor Ács

Propaganda electoral xenófoba y con un tinte racista en Hungría. Esta semana el Gobierno ha llenado las calles con este explícito poster que llama a detener una supuesta invasión de inmigrantes.

Se trata de la misma foto -tomada en Eslovenia, por cierto- que utilizó Nigel Farage [líder del UKIP] en una campaña por el ‘brexit’ que fue denunciada a la policía por incitar al odio racial.

El caso es que en la foto original de Jeff Mitchell , además, se podía ver un hombre de raza blanca caminando junto a los inmigrantes. Pues bien. El Gobierno húngaro ha cortado el plano para que no se le vea.

Nigel Farage, casualmente utilizó la esquina derecha para poner un mensaje de voto a favor del sí, tapando también al blanco que “afeaba” la imagen.

El polémico poster de Farage, reutilizado por el Gobierno húngaro.

Entrevistado por The Guardian, el fotógrafo Jeff Mitchell consideraba “triste” que esta imagen hubiera sido utilizada contra la inmigración.

Nuestro compañero de la redacción de euronews en Budapest Gábor Ács ha podido fotografiar la campaña húngara en una parada de autobús.

La explícita campaña inunda las calles de Budapest (Gábor Ács).

Un ciudadano anónimo le añadió un papel con el siguiente mensaje extraído del Código Penal húngaro:

“Si alguien incita públicamente a la violencia o al odio contra un grupo nacional, étnico o religioso o contra cualquier miembro del grupo podría ser castigado con 3 años de prisión.

Mensaje de un ciudadano contra la campaña del Gobierno (Gábor Ács).

El Gobierno húngaro explica que la campaña forma parte de la comunicación del Ejecutivo sobre la inmigración, que entra en una nueva fase. “El Gobierno quiere subrayar el hecho de que las recomendaciones de la ONU sobre inmigración permitirían más inmigración. Creemos que la inmigración supone un riesgo muy serio y debe ser detenida. Los anuncios sobre este asunto seguirán publicándose hasta el 15 de abril” dice el comunicado de su página de Facebook.

Por email, un portavoz del Ejecutivo ha dicho a euronews que sus agencias de comunicación se limitan a utilizar imágenes que cumplen con la ley.


CINCO LECCIONES DE LAS ELECCIONES ITALIANAS SOBRE LA DERECHA POPULISTA

marzo 11, 2018

Resultado de las elecciones italianas (gráfico de ABC, 5/III/2018).

 

¿QUÉ BALANCE PUEDE HACERSE DE LAS ELECCIONES ITALIANAS EN RELACION AL MARCO EUROPEO?  Como es sabido, ha triunfado el Movimento 5 Stelle creado por Beppe Grillo (con el 32.7% de los votos) y la Lega que lidera Matteo Salvini (17.4%) ha superado a Forza Italia (14%), la formación de Silvio Berlusconi. Así las cosas, destacan cinco aspectos que consideramos de interés.

1. Salvini ha reinventado la Lega que heredó de Umberto Bossi con gran éxito

En este contexto, debe recordarse que la Liga obtuvo en las elecciones legislativas precedentes, celebradas en 2009, solo obtuvo un 4%. Salvini, pues, ha cuadriplicado los resultados y ha sabido reinventar el partido en el último quinquenio: la antigua Lega Nord ha renunciado a ser el abanderado de un Norte que reclama soberanía contra los abusos del Sur subsidiado para ser una Lega con presencia estatal.

2. El M5S acapara un tercio del voto total y deviene la opción de protesta meridional

A la vez, los cambios del sistema electoral (la aprobación del complejo Rosatellum) no ha deslucido la victoria del M5S, lo que ha dejado a Italia polarizada en torno a dos populismos: la del norte en torno al populismo identitario de la Lega y la del sur en torno al populismo protestatario que encarna el M5S. El mapa electoral es diáfano al respecto:

Infografía de El Periódico (5/III/2018)

3. Se configura una Italia de difícil gobierno y mayoría electoral de protesta

El voto al M5S y a la Lega suma el 50.1% Su ascenso contrasta con la debacle de los partidos representativos de la derecha e izquierda gubernamental: Forza Italia y el PD que lideraba Matteo Renzi.

4. Los resultados representan un claro avance del sector eurófobo del Parlamento europeo

Mientras el M5S pertenece al grupo Europa de la Libertad y de la Democracia Directa, cuyo líder visible es Nigel Farage (líder del UKIP, la formación defensora del Brexit), la Lega pertenece al grupo que lidera Marine Le Pen, el Movimiento Europa de las Naciones y de las Libertades.

5. Italia es un nuevo ejemplo del protagonismo de la derecha populista en la agenda política

Las sucesivas convocatorias electorales y refrendos que se han celebrado en la UE desde el plebiscito sobre el Brexit (analizadas en otra entrada del blog), han mostrado el progreso de las fuerzas de derecha populista.

Conclusión

El caso de Italia (tercera economía de la zona euro) constituye un serio aviso a navegantes de la inquietud ciudadana ante unas instituciones europeas percibidas como lejanas y una clara protesta contra las elites políticas tradicionales. En este aspecto, se perfila un escenario negativo para las fuerzas europeístas ante las próximas elecciones de la UE el año próximo.

No obstante, debe tenerse en cuenta que del mismo modo que las fuerzas de derecha populista experimentan avances y son capaces de reinventarse con éxito, también conocen retrocesos, como muestran los últimos sondeos sobre Marine Le Pen.

En cualquier caso, la erosión de la derecha conservadora es cada vez más visible y el recurso a modular programas en sintonía con las demandas de la derecha populista, como  Sebastian Kurz en Austria o Laurent Wauquiez en Francia) puede ser un hacha de doble filo. Lo afirmamos en la medida que puede cortocircuitar el avance electoral de estas formaciones al precio de asumir su agenda política, normalizarla y conferirle respetabilidad política.

Finalmente, como complemento a esta entrada, recomendamos el artículo en francés del periodista Pierre Haski en L’Obs, “Hélas, le populisme n’a pas encore atteint son pic en Europe” (05/III/2018).

 


¿EL POPULISMO DE IZQUIERDA ES DISTINTO DEL POPULISMO DE DERECHA? CLAVES PARA UNA RESPUESTA

febrero 8, 2018

Podemos

Podemos, la nueva manifestación del ciberpopulismo.

A RAÍZ DE HABER PLANTEADO ESTA CUESTIÓN RECIENTEMENTE VARIOS LECTORES, reeditamos en esta entrada nuestro artículo publicado en 2014 en el Boletín Ecos de la fundación FUHEM-ecosocial. Se trata del trabajo “El ascenso populista de Europa: ¿cómo interpretarlo?” (Boletín Ecos, 28, sept-nov. 2014). Puede accederse libremente al documento en PDF, reproducido a continuación.

En él analizamos qué se entiende por populismo y señalamos las claves de su ascenso en Europa, incluyendo tanto a formaciones de ultraderecha, como también a fenómenos que encarnan un “ciberpopulismo”, visible en casos como Podemos en España y el M5S que lidera Beppe Grillo en Italia.

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El ascenso populista de Europa: ¿Cómo interpretarlo?

¿Hasta qué punto está presente el populismo en el actual Parlamento Europeo? Es difícil valorarlo, pero anida en el conjunto del espectro político, aunque su ámbito más visible es el de la extrema derecha, aquí analizado. No obstante, antes de continuar la exposición, se impone una mínima aproximación a este concepto, objeto de definiciones y valoraciones muy distintas.

Un concepto discutible y discutido

El populismo, simplificando, denuncia una distancia entre gobernantes y gobernados, los de “arriba” y los de “abajo”: la existencia de unas élites oligárquicas que se han apoderado de la soberanía popular y nacional y la emplean en la defensa de sus propios intereses, constituyendo una “casta” alejada de los verdaderos intereses de los ciudadanos. Para acabar con su poder, las opciones populistas exhortan al “pueblo sano” a movilizarse y recuperar sus derechos, siendo el anti-elitismo el rasgo definitorio de su mensaje.[i]

Complejidad

¿Qué entendemos por populismo? A menude se confunde este concepto con una ideología cuando es una forma de moviliación política.

Este discurso, con tonos más o menos radicales y demagógicos ha cobrado centralidad creciente en la última década en Europa y más allá, como testimonian experiencias tan diferentes como el “chavismo” venezolano o el Tea Party estadounidense. La crisis económica ha favorecido esta dinámica, en la medida que entes como el Fondo Monetario Internacional [FMI] o el Banco Central Europeo [BCE] han tomado decisiones que muchos ciudadanos han percibido como contrarias a sus intereses y favorables a oligarquías lejanas o locales. Sin embargo, sería un error ligar el ascenso de dinámicas populistas a la crisis económica, pues éstas últimas suele ser resultado de múltiples factores, siendo decisivos los locales.

Tres precisiones sobre el populismo

Igualmente, para abarcar las múltiples realidades que pueden incluirse bajo el nebuloso rótulo de populismo, desde nuestra perspectiva es importante efectuar tres precisiones.

En primer lugar, debe subrayarse que no existe un consenso sobre este concepto entre los estudiosos, ya que no designa una ideología concreta, sino una forma de movilización política maleable y que puede adoptar cualquier sector ideológico. Su emergencia constituye una reacción a la pérdida de credibilidad que experimentan los sistemas representativos. Por esta razón, las formaciones populistas se dirigen al ciudadano anónimo (el “hombre de la calle”, la “buena gente” o “el pueblo” genérico) y lo movilizan contra élites que supuestamente se han adueñado de su soberanía o sus derechos. Los discursos de este tipo revisten una gran ambigüedad, en la medida que -como advierte el politólogo Marco Tarchi- los líderes que los emiten pretenden “refundar la democracia, no destruirla, pretensión que a veces desemboca en un riesgo de hiperdemocratismo, es decir, en una idealización de la disponibilidad del hombre de la calle como ciudadano activo” y, como tal, dispuesto a soportar los costes de su afán de “reapropiarse del ejercicio del poder”.[ii]

FN-marinista

Lema del Front National francés: “El pueblo primero”.

En segundo lugar, no hay unanimidad en relación a su pretendido carácter “positivo” o “negativo” en relación al funcionamiento de la democracia, aunque los pronunciamientos desfavorables son más extendidos. El polifacético académico Ralf Dahrendorf, por ejemplo, afirma que el populismo estimula voluntariamente la pérdida de protagonismo de los parlamentos y su debilidad. Como consecuencia de este hecho, la hiperdemocracia que los populistas preconizan se construiría -paradójicamente- sobre la desvalorización de la democracia. De hecho, Dahrendorf estima que el referéndum se habría devaluado al estar hoy “destinado a ser utilizado como un test de popularidad para los políticos y los gobiernos, porque está concebido expresamente para dejar al margen a las instituciones intermedias”.[iii] Aún así, otros estudiosos ofrecen visiones diferentes y el pensador Ernesto Laclau consideró que el populismo tenía una naturaleza democrática y que debía ser rescatado de su posición marginal en el discurso de las ciencias sociales, extrayéndole su estigma de antidemocrático: “Cuando las masas populares que habían estado excluidas se incorporan a la arena política, aparecen formas de liderazgo que no son ortodoxas desde el punto de vista liberal democrático, como el populismo. Pero el populismo, lejos de ser un obstáculo, garantiza la democracia, evitando que ésta se convierta en mera administración”, manifestó.[iv]

En tercer lugar, no puede homologarse el populismo de extrema derecha con el de otros ámbitos políticos, en la medida que su mensaje aúna anti-elitismo y xenofobia. El politólogo y filósofo Pierre-André Taguieff alude a él como “nacional-populismo”. Sus formaciones y líderes, señala, se dirigen al pueblo con un llamamiento centrado en su dimensión “nacional”, partiendo de la premisa de que el pueblo es “homogéneo” (la división de clases sociales no tiene relevancia) y “se confunde con la nación unida, dotada de una unidad sustancial y de una identidad permanente”. De esta forma, aquello que diferencia a los partidos nacional-populistas del resto es que el objeto de su denuncia y crítica prioritaria no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de enfrente” (los extranjeros): “Más exactamente: las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”, subordinando así el anti-elitismo a la xenofobia, destaca Taguieff. Este populismo integrado al nacionalismo proyecta la figura de un enemigo nuevo: la del extranjero-invasor.[v]

Este discurso constituye, en esencia, el eje argumental de la nueva ultraderecha o nueva derecha radical populista, que en Europa reúne formaciones de carácter muy diverso y en su mayoría se desvinculan del fascismo y neofascismo.

La normalización de la derecha populista

El nacional-populismo, por otra parte, conforma un movimiento antiglobalización que no se define ni reconoce como tal, pese a su éxito en las urnas. Lo afirmamos en la medida que sus partidos hacen bandera de la defensa de la “identidad nacional” y de la protesta contra el establishment, a la vez que plasman un repliegue comunitario. Sus líderes se oponen tanto a flujos migratorios como a deslocalizaciones industriales; denuncian la pérdida de soberanía nacional en beneficio de organismos supraestatales (notablemente la UE) y manifiestan defender una identidad que presuntamente peligra por la presencia de etnias o culturas foráneas. En esta última vertiente, destaca su islamofobia creciente: un rechazo al Islam, al ser percibido como una religión de conquista e identificado en bloque con sus sectores más extremistas, sin distinguir tendencias en su seno.

Mapaultraderecha

Mapa de la presencia institucional de la ultraderecha europea publicado por El País en octubre del 2013. ¿Este sector político avanza realmente en todo el continente?

Si observamos la presencia de este espectro el actual Parlamento Europeo a la luz de las pasadas elecciones, constatamos que numerosos partidos de ultraderecha han obtenido buenos resultados. No obstante, ello no debe confundirse con un avance generalizado de este sector ideológico en Europa, ni tampoco la reciente creación de un grupo parlamentario propio configura un hito en su evolución, como han tendido a presentar numerosos medios de comunicación.

De este modo, queremos subrayar que los comicios del pasado mayo rebatieron un tópico muy extendido: la asociación del ascenso de la extrema derecha a la agudización de los efectos de la crisis económica de manera mecánica. Lo ilustra el hecho de que solo uno de los países rescatados, Grecia, ha mostrado un ascenso llamativo de un partido de este signo, Amanecer Dorado [AD], con un 9.3% de los sufragios. Esta cifra es importante y modesta a la vez, ante los devastadores efectos de la crisis en este país. Sin embargo, ni España, Portugal, Irlanda y Chipre han asistido a la emergencia de fuerzas de este signo y en este último país el partido hermanado con AD, el Frente Nacional Popular [ELAM], solo ha cosechado un 2.6% de los votos. En cambio, los mejores resultados de este espectro los han cosechado formaciones de los países “ricos”, como el Partido de la Independencia del Reino Unido [UKIP] (26.7%), el Partido Popular de Dinamarca [DF] (26.6%), el Frente Nacional [FN] francés (24.8%) o el partido de la Libertad de Austria [FPÖ] (19.7%). Por consiguiente, los estereotipos no solo no ofrecen explicaciones de los cambios de este segmento político, sino que también se hallan en contradicción con la realidad.[vi]

Por otra parte, la formación de un grupo parlamentario de este signo en Estrasburgo (llamado Europa de la libertad y de la democracia directa) no es una novedad, pese al ruido mediático que acompañó su gestación, debido a la pugna desatada por su liderazgo entre la francesa Marine Le Pen (FN) y el británico Nigel Farage (UKIP), saldada con la victoria del último. Es importante recordar al respecto que en 1984 la extrema derecha ya formó un primer grupo, el Grupo Técnico de Derechas Europeas, más conocido como Grupo de Derechas Europeas o GDE. Lo lideró Jean-Marie Le Pen (padre de Marine), que en los comicios europeos de ese año hizo su desembarco estelar en la política francesa al obtener 10 escaños. Reunió representantes galos, italianos, helenos y del Ulster. No obstante, los resultados de las elecciones europeas de 1989 alteraron su composición. Los eurodiputados alemanes de los Republicanos [Die Rep] chocaron con los italianos por el contencioso histórico sobre Tirol del Sur. Entonces Le Pen eligió a los germanos como socios (en detrimento de los italianos), pero sufrieron una crisis interna que los dividió y acabó hundiendo al GDE.

UKIP

Finalmente, ha sido el líder del UKIP, Nigel Farage, quien ha formado grupo parlamentario en el parlamento de Estrasburgo y no Marine Le Pen.

Asimismo, tras proyectarse diferentes diseños de alianzas europeas sin resultados (como Euronat), en el 2007 se articuló un nuevo grupo de este espectro en Estrasburgo: Identidad, Tradición y Soberanía [ITS]. ITS unió a una veintena de parlamentarios al ingresar aquel año en el hemiciclo ultraderechistas búlgaros y rumanos que se sumaron -entre otros diputados- a la italiana Alessandra Mussolini (nieta del Duce). Pero la agrupación solo duró de enero a noviembre y acabó con estrépito. Ello se debió a que la nietísima criticó a los rumanos a raíz de un crimen cometido en Italia, ya que afirmó que para ellos “romper la ley” se había convertido en “un modo de vida”. Entonces los cinco eurodiputados de esta nacionalidad abandonaron ITS, que fue inviable al perder escaños.[vii] Así pues, en el 2014 la extrema derecha simplemente ha recuperado el grupo parlamentario que dejó de tener en 1994 e intentó recomponer sin fortuna en el 2007.

En realidad, lo que realmente han demostrado los últimos comicios europeos es que la extrema derecha ya forma parte del paisaje político europeo y es capaz de ser la primera fuerza en países como Francia, Gran Bretaña o Dinamarca, al margen de formaciones de este ámbito ya hayan participado previamente en coaliciones de gobierno o brindado su apoyo parlamentario a ejecutivos. A la vez, la dificultad de unir los esfuerzos de sus rótulos más importantes en Estrasburgo para conformar un único gran grupo ha mostrado las debilidades inherentes a todo intento de conformar lo que podríamos designar como una “internacional de ultranacionalistas”, dados los numerosos elementos de fricción que existen entre sus partidos.[viii] Además, esta dispersión indica que difícilmente podrán obstaculizar decisiones de la Eurocámara.

Desde nuestra perspectiva, pues, el ascenso de los nacional-populismos en las últimas elecciones del europarlamento no es un fenómeno novedoso, en la medida que se ha producido de forma ininterrumpida (aunque con altibajos) desde que en los comicios de 1984 el FN francés cosechó casi un 10.9% de los sufragios y está vinculado sobre todo al desgaste de los partidos tradicionales y sistemas políticos. En suma, los buenos resultados de diversas fuerzas de este ámbito “normalizan” su presencia en la escena política.

¿El futuro es ciberpopulista? Podemos y el M5S

La globalización, además, impulsa el populismo. Por una parte, los cambios que ha comportado “han excavado un surco entre vencedores y perdedores”, generando entre los últimos una situación psicológica “impregnada de resentimiento, desilusión y chasco sobre la cual los partidos populistas capitalizan sus éxitos, capeando y fomentando la protesta contra las clases políticas responsables de la situación”, advierte Tarchi.[ix] A la vez, ganan centralidad las actitudes críticas ante la integración en Europa y ante la inmigración.

BeppeGrillo

Beppe Grillo, líder del M5S.

Por otra parte, la globalización ha tenido una incidencia decisiva al generar la “aldea global” comunicativa que apuntó a los años sesenta el filósofo canadiense Marshall McLuhan. Ahora las redes sociales generan una comunicación inmediata y conforman una “plaza electrónica” que se define por la participación de sus miembros sin jerarquías. Internet permite así proyectar en el mundo virtual la utopía populista por excelencia: construir la “plaza” que reúne el pueblo sin jerarquías y donde todo el mundo participa en función de su afán e interés y abre las puertas a una “democracia electrónica” que puede ser tan imperfecta como la real.[x]

Las experiencias del Movimiento 5 estrellas [M5S] en Italia (con un 21.1% de los votos y 17 escaños) y de Podemos en España (con un 7.9% de los votos y 5 escaños) son sus indicadores más vistosos, más allá de sus obvias diferencias ideológicas, escenificadas en Estrasburgo: mientras Podemos se ha integrado en el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, el M5S lo ha hecho en el que lidera Nigel Farage antes citado, la Europa de la libertad y de la democracia directa. Actualmente, pues, asistimos a la eclosión de una oleada populista cuyas dinámicas son tan nuevas como desconocidas.

Notas

[i] Véase la respecto F. Panizza (comp.), “Introducción”, en El populismo como espejo de la democracia (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009 [1ª ed 2005]), p. 13.

[ii] M. Tarchi, L’Italia populista. Dal qualunquismo ai girotondi (Il Mulino, Bolonia, 2003), p. 32.

[iii] R. Dahrendorf (entrevista d’Antonio Polito), Después de la democracia (Crítica, Barcelona, 2002), p. 91.

[iv] “Ernesto Laclau: ‘El populismo garantiza la democracia’”, http://www.lanacion.com.ar/719992-ernesto-laclau-el-populismo-garantiza-la-democracia (10/VII/2005).

[v] P.-A. Taguieff, L’illusion populiste (Berg International, París, 2002), pp. 132.

[vi] Es interesante al respecto Cas Mudde, “The Far Right and the European Elections” Current History, Volume: 113, Issue: 761 (2014): 98-103. Es accesible on-line en http://works.bepress.com/cas_mudde/75

[vii] “La extrema derecha se queda sin grupo en la Eurocámara”, El País (15/XI/2007).

[viii] Sobre las dificultades de la extrema derecha para formar un grupo propio en Estrasburgo y sus tensiones, véase X. Casals, Ultrapatriotas. Extrema derecha y nacionalismo de la guerra fría a la era de la globalización (Crítica, Barcelona, 2003), pp. 139-156

[ix] M. Tarchi, L’Italia populista, p. 70.

[x] Véase al respecto Véase J. Sànchez, La democràcia electrònica (Barcelona, UOC, 2005).


¿EL SECESIONISMO CATALÁN HA DESPERTADO A LA ULTRADERECHA?*

enero 4, 2018

Militantes de ultraderecha queman una bandera independentista en la manifestación del 12-O en Montjuïc (foto de Manolo García en el diari Ara).

LAS SUCESIVAS MANIFESTACIONES DE LA ULTRADERECHA EN CATALUÑA ACAPARAN LA ATENCIÓN MEDIÁTICA y parecen augurar su crecimiento. De hecho, Pablo Iglesias acusó el independentismo de “contribuir a despertar el fantasma del fascismo”. ¿Es así? Desde nuestra óptica, afirmaciones como esta pueden proyectar una imagen errónea o deformada de la ultraderecha en España. Lo argumentamos a continuación a partir de tres reflexiones.

1. La visibilidad mediática no implica éxito a las urnas

Como ya remarcamos en “Independentismo y ultraderecha, un binomio inseparable”, el protagonismo mediático de la extrema derecha por sus actos en la vía pública no implica un aumento de sus expectativas electorales. Por una parte, porque el marco político actual es muy competitivo y votar una opción marginal no resulta muy tentador. Por otra parte, porque si este sector ideológico aparece vinculado a desórdenes o violencia, una parte de su electorado potencial puede girarle la espalda. Recordemos al respecto que durante la Transición -como explicamos de forma detallada en La tentación neofascista en España (1998)- el partido Fuerza Nueva movilizó miles de seguidores, pero quedó asociado a episodios de criminalidad y perdió votantes.

En este sentido, la federación Respeto -que reúne a España 2000, Plataforma por Cataluña [PxC] y el Partido por la Libertad [PxL]- ha actuado con pragmatismo no concurriendo a los comicios del 21-D para no restar sufragios “al bloque contrario a la independencia”.

2. Las movilizaciones de Barcelona empañan la importancia de Madrid

Ciertamente, el epicentro del seísmo político que conmueve España está en Barcelona y aquí es donde la extrema derecha ha cobrado dinamismo. Pero a la hora de valorar el apoyo a las urnas de este ámbito ideológico hay que recordar que tanto PxC como España 2000 en Valencia experimentaron un notable descenso de apoyos en los comicios locales del 2015.

En cambio, Madrid parece ganar peso en el seno de este espacio político: España 2000 revalidó su edil en Alcalá de Henares el 2015 con más votos que el 2011 (pasó del 5.1% al 5.8%) y aumentó la presencia en la zona con regidores a San Fernando de Henares, Velilla de San Antonio y Los Santos de la Humosa, mientras que el PxL obtuvo uno en Valdeavero. Además, Hogar Social Madrid refleja como la ultraderecha ha articulado un tejido social minoritario pero consistente en la capital española, lo que contrasta con el cierre del Casal Tramuntana en Barcelona. Por consiguiente, la capitalidad política de la extrema derecha ahora podría desplazarse a Madrid.

3. La vía electoral posiblemente seguirá siendo local

Finalmente, hay que recordar que la vía de progreso electoral de este espectro ideológico se centra en el ámbito local. Ello se ha podido constatar desde los comicios locales del 2003 y no parece que la dinámica vaya a cambiar a corto plazo, si bien tal posibilidad no puede descartarse atendida la fluida situación política catalana y española.

En este contexto se debe tener en cuenta especialmente el electorado de periferias metropolitanas, porque puede ser receptivo a un discurso derechista centrado en la inseguridad ciudadana y la inmigración, como muestran Alcalá de Henares, con el edil obtenido por España 2000, y Badalona, con el éxito obtenido por el líder del Partido Popular, Xavier García Albiol, mediante un discurso centrado en la seguridad ciudadana y la inmigración (tema ya analizado en este blog).

Conclusión: un impacto aún difícil de valorar

La actual agitación de la extrema derecha, pues, puede crear una imagen distorsionada de este ámbito político en cuanto a su crecimiento, capitalidad y esfera de incidencia electoral. Asimismo, se deberá tener en cuenta también si su discurso antisecesionista variará, exaltando -por ejemplo- un “catalanismo hispánico” de carácter neoforal o asociando el independentismo a otros enemigos de España, como el yihadismo. En síntesis, los hechos de octubre del 2017 seguramente influirán en la ultraderecha, pero todavía es temprano para saber cómo lo harán y en qué medida.

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Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿El secessionisme ha despertat la ultradreta?”,  Ara (29/XII/2017).