VOX: EL MAZAZO. LAS CLAVES DEL ASCENSO DE VOX EN ANDALUCÍA*

diciembre 7, 2018

Ilustración de este artículo de Leonard Beard en la edición original del presente artículo en El Periódico (4/XII/2018).

LOS DOCE ESCAÑOS DE VOX Y SUS 395.185 VOTOS (10.9%) EN LAS ELECCIONES ANDALUZAS, decisivos para formar una mayoría de gobierno que desaloje al PSOE de la Junta, han constituido un formidable mazazo en la política estatal. ¿Qué ha pasado? El cataclismo no obedece a una única causa y requiere un análisis multifactorial. A continuación apuntamos cómo se han concatenado tres aspectos que permiten comprenderlo, sin que su orden de exposición presuponga una jerarquía en importancia ni agoten los factores explicativos.

En primer lugar, la demoscopia ha sido clave para la visibilidad de Vox. El barómetro del CIS de septiembre le otorgó un 1.4% del voto (que sondeos precedentes ya habían consignado) y situó a esta formación de modo definitivo en el debate público y en un foco mediático que tendió a sobredimensionarla. Entonces lo que era un rótulo extraparlamentario surgido de una escisión del PP empezó a tomar corporeidad como alternativa política. Ello fue posible porque Vox, desde los comicios europeos de 2014 (cuando captó 244.929 votos en toda España, 1.5%) había hecho una labor de zapa que hoy ha dado frutos. Así, a diferencia de lo ocurrido en los comicios andaluces de 2015 (cuando solo cosechó 18.017 sufragios, 0.4%), ahora este rótulo tenía un liderazgo estatal conocido (Santiago Abascal, Javier Ortega y José Antonio Ortega Lara), un candidato ajeno a la política profesional que repetía (el magistrado Francisco Serrano) y puntos programáticos asociados a su marca que combinan la protesta derechista anti-establishment y un ultranacionalismo español desacomplejado. De este modo, en su mensaje coexisten temas tradicionales de la extrema derecha y la derecha radical (como la reivindicación de Gibraltar, el antiseparatismo, la supresión de las autonomías o el rechazo del feminismo y la ley de “memoria histórica”) con otros nuevos (la erección de muros en Ceuta y Melilla ante la inmigración, una denuncia del Islam radical o un euroescepticismo próximo al grupo de Visegrado). Así pues, Vox ofrece una síntesis de viejos y nuevos temas de la ultraderecha.

En segundo lugar, Vox ha contado con un escenario donde no solo ha hecho su campaña, sino que también se la han hecho sus rivales al darle centralidad en el debate. El PSOE y Podemos han agitado a Vox para movilizar a su electorado, mientras que el PP ha difuminado sus fronteras ideológicas en pos del votante de Vox y C’s ha evitado calificarlo de “ultraderecha”. De hecho, en el tramo final de la campaña PP y C’s han considerado a Vox un eventual socio de gobierno para alzarse con la Junta. Así, lejos de ser estigmatizada como una fuerza antisistema en el campo de la derecha, ha sido considerada protagonista del mismo con plena carta de naturaleza.

En tercer lugar, Vox se ha beneficiado de una conjunción de dinámicas políticas locales y estatales. Nos referimos al hartazgo de 36 años de un gobierno socialista que parecía imbatible, que en su última legislatura ha tenido el apoyo de C’s (lo que descartaba a esta formación como opción rupturista) unido a un PP en recomposición, salpicado por la corrupción y descafeinado ideológicamente durante el rajoyato a ojos de sus sectores más combativos, quienes verían en Casado un joven del aparato tan ambicioso como dúctil en lo que a principios se refiere. Ello habría hecho más seductor el liderazgo del purista Abascal, un militante popular desde su juventud por tradición familiar, bregado en un País Vasco castigado por ETA (como expone en No me rindo) y dispuesto a acaudillar en sentido literal un rearme ideológico de la derecha, una nueva “reconquista” según Vox. Merece destacarse que Andalucía ha conocido ya liderazgos populistas de distinto signo, siendo relevantes las odiseas de dos controvertidos empresarios del ladrillo: Jesús Gil con su Grupo Independiente Liberal [GIL] y Rafael Gómez, Sandokán, con su Unión Cordobesa [UCOR].

¿Y ahora qué? Dado que los comicios andaluces han demostrado que Vox no solo aglutina un voto útil, sino también potencialmente decisivo para forjar o condicionar gobiernos, su tendencia de voto aumentará. A la vez, su eclosión ha ido acompañada de un crecimiento significativo del PACMA (los 31.735 votos de 2015, 0.8%, pasan a 69.660, 1.9%), una alta abstención (el 36% de 2015 se dispara al 41.3%) y un alza del voto en blanco y nulo (su suma pasa del 2.3% de 2015 al 3.7%), lo que advierte que la insatisfacción del electorado perdura y parece conducir a un mapa partidista aún más fragmentado. Así las cosas, el éxito de Vox en Andalucía podría ser un aviso de futuros aldabonazos.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (4/XII/2018): Xavier Casals, “Vox: el Mazazo”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


VOX SÍ, PACMA NO: UN GRAVE ERROR*

noviembre 17, 2018

 

Cartel del Pacma en las elecciones autonómicas y municipales de 2015.

VOX HA LOGRADO HACERSE MUY PRESENTE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, a diferencia del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal [PACMA], que lidera Silvia Barquero, ha merecido una atención informativa limitada. Y ello pese a que su estimación de voto según el CIS (1.6%) es mayor que la de Vox (1.4%).  ¿Por qué se ha produce esta situación? Desde nuestra óptica se explica por tres dinámicas que interactúan entre sí y que comentamos a continuación.

Infografía de El País (26/X/2018)

Las dinámicas que favorecen el influjo mediático de Vox

Por una parte, el hecho de constituir Vox la acusación particular del proceso secesionista catalán le ha brindado notable protagonismo informativo. Por otra parte, hay una marcada competencia entre PP, C’s y Vox por su potencial electorado. Desde esta óptica, también es lógico aludir a Vox en términos informativos, especialmente cuando sondeos como el del CIS le otorgan presencia institucional. Finalmente, una tercera dinámica actúa como trampolín mediático de Vox: el progreso de la ultraderecha europea. Cada vez que se produce un ascenso de partidos de este espectro ideológico en algún país se hace una referencia al caso español, en el que Vox es el aparente rótulo emergente.

Sin embargo, otro elemento estimula la información continuada sobre Vox: la asociación de la ultraderecha a la amenaza por excelencia de la democracia. Al proyectar este enfoque aquí, el “enemigo de la democracia” que tanto progresa en Europa parece hallarse ahora en ciernes de realizar el asalto a las instituciones en España. Y ello es novedoso después de los 36 años transcurridos desde que el partido neofranquista Fuerza Nueva [FN] se disolvió al perder su escaño en el Congreso en 1982. Este factor hace que Vox merezca una atención sobredimensionada y sea noticia sin generar novedad alguna. Logra así una cuota de visibilidad que puede estimular su apoyo en las urnas (al proyectarse como una marca de “voto útil”) y cumplir una autoprofecía: los medios de comunicación anunciaron que podía entrar en las instituciones y lograrlo finalmente.

El apagón informativo del Pacma

La proyección de Vox contrasta con el eclipse informativo del Pacma. Ciertamente, es un partido monotemático (centrado en defender los derechos de los animales) y su leitmotiv ya es conocido, por lo que suscita limitado interés. No obstante, hay dos elementos que deberían mover a la reflexión sobre su falta de visibilidad en contraste a la de Vox.

Por una parte, como hemos visto, el CIS le otorga mayor intención de voto que a Vox. Por otra parte, si bien es cierto que Vox logró mejores resultados en los comicios europeos de 2014 (244.929 votos, 1.5%) que el Pacma (176.237 votos, 1.1%), esta última formación obtuvo grandes apoyos en las urnas en los últimos comicios legislativos: 1.199.759 sufragios en el Senado (1.9%) y 284.848 en el Congreso (1.2%). Es más, en Cataluña, pese a la situación política de máxima polarización, sus apoyos no han cesado de crecer en los comicios autonómicos: 20.861 votos (0.5%) en 2012; 30.157 (0.7%) en 2015; y 38.743 (0.8%) en 2017. Pese a ello, el Pacma aparece poco en foros mediáticos y su liderazgo e ideario casi no se comenta, por lo que resulta prácticamente desconocido (¿alguien sabe algo de las políticas de empleo de su programa electoral?).

Pero, sobre todo, no se tiene en cuenta que Vox y el Pacma plasman un fenómeno importante y que pasa desapercibido: muestran la insatisfacción de la ciudadanía con la política tradicional no ha terminado con el tetrapartidismo actual (PP, PSOE, C’s y Podemos) y puede configurar un mapa político aún más fragmentado.

En este sentido, la comparación de sus supuestos apoyos ofrece datos de interés innegable, pues -según un artículo de El Confidencial (6/X/2018)– “los perfiles de sus votantes […] son prácticamente lo contrario. Si el votante medio de Vox es un varón de 55 años de derechas, el del Pacma es una mujer de 33 de izquierdas”.

Conclusión: un error importante

En suma, hoy se sobredimensiona la importancia de Vox y se infravalora la del Pacma. Ello no solo es una equivocación al calibrar su respectiva relevancia, sino también un error de calado. Ambos rótulos son el anverso y el reverso de un mismo fenómeno: la persistencia de la insatisfacción del electorado ante los partidos actuales, sean tradicionales o nuevos. Prestar atención a solo una de sus caras (Vox) deforma la realidad política emergente y amputa una de sus dinámicas, ya que solo parece crecer la ultraderecha cuando no sucede así, como testimonia el Pacma.

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Artículo publicado originalmente en El Periódico (15/XI/2018): Xavier Casals, “Vox, sí; PACMA, no: un grave error”.


LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

noviembre 10, 2018

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

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* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF, y que reproducimos ahora a petición de diversos lectores y lectoras ante el ascenso de Vox en las encuestas.


CLAVES PARA COMPRENDER El ASCENSO DE VOX*

octubre 14, 2018

El acto de Vox en Vistalegre el 7 d’octubre (imatge d’EFE).

 

EL DOMINGO 7 DE OCTUBRE VOX LLENÓ EL PALACIO DE VISTALEGRE CON 10.000 PERSONAS, todo un hito para un partido extraparlamentario y para la ultraderecha española, que desde la etapa que la lideró Fuerza Nueva (disuelto el 1982) no había manifestado este poder de convocatoria. Además, el último barómetro del CIS atribuye a Vox una estimación del 1.4% del voto, que de cumplirse en las urnas le permitiría estar presente a las instituciones.

Una escisión exitosa del PP

Vox ha sido la primera escisión derechista exitosa del PP (a diferencia del PADE creado el 1997). Inicialmente la lideraron Aleix Vidal-Quadras y Santiago Abascal, exdirigente del PP del País Vasco y expresidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española [DENAES]. Constituido el partido en enero de 2014, en los comicios europeos de junio centró el mensaje al reducir el tamaño del Estado, situando a las autonomías a la diana. Captó 244.929 votos (1.5%) y ningún escaño. Vidal-Quadras dejó pronto la presidencia y el febrero de 2015 también Vox (al preconizar una aproximación con UPyD y C’s).

Abascal devino entonces líder del partido, que conoció una radicalización que lo ha favorecido al confluir con cuatro factores. Uno ha sido el hecho de ejercer la acusación popular del proceso secesionista en el Tribunal Supremo, al conferirle visibilidad y permitirle erigirse en una alternativa antiseparatista “dura” ante un PP a sus ojos fracasado (para Vox es la “derechita cobarde”, mientras C’s es “la veleta naranja” por sus cambios de criterio). Un segundo factor ha sido la controversia generada por la exhumación del cadáver de Franco (recordamos que C’s y PP optaron para abstenerse al respecto al Congreso). Ello ha puesto en primer plano a la “ley de la memoria histórica”, la oposición a la misma es una bandera de Vox. Un tercer elemento ha sido la recomposición de un PP dividido (como testimonió la derrota de la exvicepresienta Soraya Sáenz de Santamaría) y castigado por la corrupción. Finalmente, hay que incluir la rivalidad de PP y C’s por el voto derechista, que los ha llevado a dar peso a la inmigración en la agenda política, en beneficio de Vox.

Igualmente, los dos partidos mencionados han optado por una cautela posiblemente errónea ante la formación de Abascal: C’s no habla de este partido y el PP no lo critica frontalmente. Ambas estrategias ya fracasaron a los años noventa en Francia con el lepenismo, en la medida que sus rivales no reforzaban las fronteras políticas entre centroderecha y ultraderecha, sino que las diluían. Por este camino, pues, Vox puede ganar respetabilidad política, marcar la agenda y forzar a moverse en su campo de juego tanto a C’s como al PP.

Un artefacto complejo

Vox no refleja un retorno del neofranquismo. No ha asumido una filiación ideológica con la dictadura y se ubica en un cruce de temas tradicionales de la derecha radical o la extrema derecha española que combina con otros nuevos. Entre los primeros, como hemos visto, hallamos la oposición en la ley de “memoria histórica” y al independentismo, así como la defensa de la política familiar, la reivindicación de la españolidad de Gibraltar o el secesionismo lingüístico ante el idioma catalán. Y es que Vox se coaligará con Actúa Baleares, cuyo presidente, Jorge Campos, afirma “Somos Baleares, no somos catalanes”.

El partido ha incidido igualmente en temas nuevos, como la denuncia de las supuestas amenazas que comporta la expansión del Islam en España. Incluso en Vistalegre reivindicó la España de Lepanto, ya que salvó “a la civilización occidental frente a la barbarie”. A la vez, Vox es combativo ante la inmigración ilegal y manifiesta que “los españoles estarán primero”.

También ha adoptado elementos del trumpismo, como la consigna “Hacer España grande otra vez” y buscar un leitmotiv político en la erección de un muro fronterizo a Ceuta y Melilla. A la vez, Vox ha contactado con Steve Bannon (el exestratega electoral y exasesor presidencial de Trump), que ha definido a esta formación como “un partido basado en la soberanía y la identidad del pueblo español”. Vox, pues, se ubica a caballo del pasado y del presente, posicionamiento que le homologa a la derecha populista europea mientras preserva rasgos propios.

Vox y el Pacma: ¿Nuevos actores de un cambio inacabado?

Finalmente, debemos remarcar que la eventual irrupción de Vox en las instituciones sería pareja a la del PACMA, al que el CIS otorga el 1.6% del voto (de hecho, en los comicios legislativos de 2016 logró 1.199.759 de votos al Senado). Desde esta óptica, el hipotético ascenso de ambas fuerzas podría reflejar un voto de protesta en ambos extremos del arco político, que permanecería aún latente y estaría políticamente huérfano de representación.

Ahora bien, una cosa son los sondeos y la otra los votos. Y hasta que estos últimos no se pronuncien, todo son conjeturas.

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* Una versión algo más breve de este artículo fue publicada en catalán en Xavier Casals, “Vox: la ultradreta que creix per tornar a fer ‘gran’ Espanya”, Ara (12/XII/2018).


BANNON APUESTA POR LA FORMACIÓN DE CUADROS POLÍTICOS DE ULTRADERECHA EN UN CENTRO QUE IMPULSA CERCA DE ROMA

septiembre 23, 2018

Steve Bannon y Marine Le Pen (foto de AFP/Philippe Huguen).

THE MOVEMENT, LA PLATAFORMA DE STEVE BANON CREADA PARA AYUDAR A LA ULTRADERECHA EUROPA A COORDINARSE Y MEJORAR SUS RESULTADOS, YA TIENE SEDE.

De forma progresiva, el proyecto de Bannon, cuyo anuncio comentamos en este blog, cobra forma. Daniel Verdú ha publicado un extenso artículo al respecto en El País (21/IX/2018), “El templo populista de Steve Bannon en Italia”, que reproducimos a continuacion por su interés para  nuestros lectores y lectoras. Como puede apreciarse, el proyecto incluye una suerte de centro de formación de cuadros políticos, cuya sede estaría en la cartuja de Trisulti (Collepardo), a 130 km. de Roma.

Llama la atención al respecto el hecho de que la formación parece ser una meta importante para la derecha populista. Lo apuntamos en la medida que la sobrina de Marine Le Pen, Marion Maréchal-Le Pen, cuando se retiró de la política e impulsó el Institut des sciences sociales, économiques et politiques [ISSEP].  Asimismo, creó la marca de un servicio de comunicación, idées’O. ¿Acabará tejiendo Maréchal-Le Pen algún vínculo con el proyecto de Bannon? Lo ignoramos.

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El templo populista de Steve Bannon en Italia

El exasesor de Donald Trump promueve la creación de una suerte de academia política-religiosa en un monasterio de Roma.

La cartuja de Trisulti (Collepardo), un monasterio construido en 1204 e inaugurado por el papa Inocencio III en la cima de una montaña a 130 kilómetros al sureste de Roma, es el nuevo templo de Steve Bannon en Europa. El monumento religioso será la flamante sede de una suerte de universidad del populismo que el exasesor de Donald Trump ha diseñado junto con su mano derecha en la capital italiana y animador de los círculos ultraconservadores del Vaticano, Benjamin Harnwell. El nuevo artefacto aportará todo el apoyo ideológico y religioso a una estrategia amasada durante años para trasladar el trumpismo  a Europa y convertirlo en una suerte de Internacional Populista. Y la nave avanza. El líder de la Liga, Matteo Salvini, muy cercano al estadounidense, ya ha aceptado y mañana estará junto a Bannon y a la ultraderechista Giorgia Meloni en Roma para certificar un acuerdo para el asalto a Europa.

La tormenta populista que acecha el cielo europeo tiene su epicentro en Roma. Y Bannon lo sabe desde hace tiempo. El exasesor de Trump, cerebro de una exitosa campaña en 2016 y de gran parte del actual cuerpo ideológico antiestablishment del presidente de EE UU, vive obsesionado con trasladar sus métodos al Viejo continente desde uno de los hubs políticos y religiosos más importantes. No es casualidad que Bannon abriese en Roma una de las primeras sedes internacionales de Breitbart News, la publicación que dirigía. Aquí dos partidos de corte populista —Liga y Movimiento 5 Estrellas— gobiernan desde el 4 de marzo, cuando arrasaron en las elecciones. Además, la ciudad ofrece otro elemento clave para la nueva estrategia.

Bannon dio en junio de 2014 una insólita conferencia dentro del Vaticano promocionada por el Instituto Dignitatis Humanae (DHI), el think tank católico que dirige Harnwell e integra a destacados miembros de la oposición al papa Francisco. El presidente de su consejo asesor es Raymond Burke, líder de la corriente opositora a Francisco y nexo de unión entre el la derecha religiosa estadounidense y la Santa Sede. El presidente honorario de DHI es el cardenal Renato Martino, salpicado en el reciente escándalo Viganò, en cuya carta el exnuncio en Washington le acusaba de pertenecer a la corriente homosexual de la Iglesia. Un error estratégico de bulto que ha provocado que tanto Harnwell como Bannon, pese a su oposición a Francisco, se desmarcasen de aquel ataque. “No somos una organización contra el Papa”, señala Harnwell tras una pausa dramática de 20 segundos.

Italia contiene todo el pasado que Bannon necesita para acreditar una coartada cultural judeocristiana a su teoría política. Pero también es la cristalización del futuro de sus experimentos electorales. El laboratorio perfecto para lanzar una criatura independiente como The Movement, una plataforma que busca aglutinar a todos los partidos populistas de Europa de cara a las elecciones del próximo mayo. Una fundación inscrita en Bruselas en 2017 por Mischaël Modrikamen, abogado y miembro del minoritario Partido Popular belga. Una suerte de respuesta a Open Society, de George Soros, que financia luchas civiles y que Bannon ha definido como “un mal, pero una idea brillante”. Harnwell prefiere no entrar en detalles, pero asegura que “funcionará de arriba abajo, tal y como se forjó el Tea Party”.

Las visitas de Bannon a Italia se han multiplicado desde las pasadas elecciones yya ha anunciado que, a partir de ahora, pasará entre el 80% y el 90% del tiempo en Europa. Los contactos con la Liga se han intensificado y su influencia ha sido palpable, incluso eslóganes como “Primero los italianos”. Harnwell subraya la oportunidad del lugar elegido para levantar este particular centro. “Italia no es el primer país que combate el establishment. Lo ha hecho antes el trumpismo en EE UU y el Brexit en Reino Unido. Pero todo se ve muy claro aquí. Italia puede guiar a otros movimientos europeos desde su experiencia e iniciativa. Existe un hartazgo en Europa por seguir siempre los que pasa en EE UU, pero si algo nace dentro de estas fronteras será distinto. Hay que reconocer que antes de Salvini ya estaba Viktor Orbán, de modo que esto ya lleva tiempo cultivándose. Y Bannon los ha puesto en sintonía”, apunta dando un paseo por el templo, cedido como concesión por el Estado italiano.

Harnwell, curtido como asesor político y lobista durante años en Bruselas, muestra las instalaciones de lo que será la academia. Austero, muy devoto —lleva la trasera del coche forrada con adhesivos de Cristo— clava la rodilla en el suelo cada vez que pasa por delante de algunos de los altares. Marcadamente ideológico, pero con un incontenible humor británico, incluso para bromear sobre sí mismo, acepta el término populista para definir la corriente política que defienden. “Yo la uso en el contexto bannonista, trumpista. Significa dos cosas: una reacción contra la globalización y dar el poder al pueblo y quitárselo a las élites. No se trata de ir contra los ricos, sino contra la corrupción del Estado, contra el establishment. Los pobres no lo son por culpa de los ricos, sino por culpa de las leyes. La élite no debe usar el Estado para sus intereses. Ha de quedar claro: el populismo de Trump y Bannon no se basa en una dialéctica marxista. Es más bien en el american way”, señala sentado en una sala detrás de una de las capillas.

La universidad populista, financiada con donaciones privadas —según Harnwell— todavía necesitará un año para arrancar. El lugar, donde solo queda el viejo prior del monasterio, necesita algunas reformas para poder acoger a los alumnos. “Haremos retiros, cursos de formación, cursos educativos con profesores de reputación elevada. ¿Bannon? Es el hombre más demandado del mundo en este periodo. Pero tomará las decisiones más importantes del desarrollo del proyecto. Estamos en comunicación constante. Decidirá quiénes serán los profesores, las materias y los títulos”. Bannon, de 64 años, se ha divorciado tres veces. Salvini, pese a que a la mínima oportunidad blande un rosario y un Evangelio en los mítines, tuvo un hijo fuera del matrimonio y también vive con su pareja tras un divorcio. Nada extraño, pero poco acorde con la doctrina que se defiende desde Dignitatis Humanae. Harnwell sonríe. “Bueno, Bannon siempre ha dicho que no es ningún católico modélico, pero ve la importancia del cristianismo”.


ENTREVISTA A BEATRIZ ACHA: “LOS SUCESOS DE CHEMNITZ NO FAVORECERÁN NECESARIAMENTE A LA ULTRADERECHISTA AfD”

septiembre 10, 2018

BEATRIZ ACHA UGARTE es profesora de Sociología en la Universidad Pública de Navarra y se doctoró en el programa de derecho y ciencia política de la UAM con una interesante tesis sobre la ultraderecha alemana: Éxito y fracaso de los nuevos partidos de extrema derecha en Europa Occidental: el caso de los Republikaner en el Land de Baden-Württemberg. En ella reflexiona sobre las causas del nivel de éxito desigual de los partidos de ultraderecha en Europa Occidental.

Acha integra la red de investigación EREPS (Extreme Right Electorates and Party Success)  y entre sus líneas de investigación prioritarias figuran -entre otras- los partidos de derecha radical, los extremismos y las transformaciones en los sistemas de partidos europeos.

Por estas razones la hemos entrevistado sobre los recientes sucesos de Chemnitz para conocer su análisis de estos y sus implicaciones en la política alemana. Le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas vía email para los lectores de nuestro blog.

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Policia y manifestantes en Chemnitz el pasado 27 de agosto (foto de Odd Andersen/AFP/Getty Images).

¿Por qué ha sucedido este estallido xenófobo tan importante ahora en Chemnitz?

El detonante parece claro: la detención de un sirio y un iraquí como supuestos responsables de la muerte de un ciudadano alemán el pasado 25 de agosto desató una oleada de protestas y ataques contra inmigrantes que, apoyada por grupos neonazis, derivó en una peligrosa escalada de violencia de tintes xenófobos y racistas, inicialmente mal controlada por los efectivos policiales.

Los sucesos recuerdan a los tristemente vividos décadas atrás, entre los años 1991 y 1993. Entonces, como ahora, en Alemania se vivía con preocupación el dramático aumento del número de solicitantes de asilo político (más de 400.000 personas cursaron su solicitud en 1992), lo que propició la reforma pactada de la hasta entonces generosa Ley de Asilo. La llegada de más de millón y medio de de personas migrantes desde 2015 ha desencadenado otra importante crisis migratoria –y de gobierno- que sirve de trasfondo a los conflictos en Chemnitz.

La protesta por la muerte de Daniel H. en esta ciudad se ha mezclado así con la feroz crítica a la política migratoria de puertas abiertas defendida por la Canciller Merkel, por mucho que ésta se haya debilitado y que los flujos migratorios no alcancen ahora las cifras de hace dos años. Adicionalmente, se añade a esto el elemento de rechazo de un sistema político que –se denuncia- hace oídos sordos a las demandas y preocupaciones ciudadanas en una zona del país con abundantes carencias.

¿Qué particularidad tiene la región o Land de Sajonia en relación al extremismo de derecha?

Desde que se gestó esta nueva crisis migratoria se han dado conflictos puntuales entre ciudadanos de origen alemán e inmigrantes, pero las protestas no habían  alcanzado las dimensiones vividas ahora en Chemnitz. Desde la reunificación alemana, las elecciones celebradas en los Länder del este alemán mostraron un considerable respaldo a candidaturas como las de los Republikaner, y otras formaciones consideradas más extremistas como el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) o la Unión del Pueblo Alemán (DVU).

Es también conocido que en Sajonia nació el movimiento autodenominado Pegida (Acrónimo de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), que se ha unido a las protestas y manifestaciones ultras en contra de los extranjeros. Asimismo, Alternativa para Alemania (AfD) consiguió ya un importante apoyo en las últimas elecciones regionales sajonas en 2014, y un espectacular resultado en las elecciones federales de 2017, en las que pasó a convertirse en la primera fuerza política del Land.

El importante respaldo electoral que obtiene la ultraderecha en Sajonia, y en general, en el Este alemán, da fe de la profunda división social, política y económica existente, todavía hoy, entre las dos partes del país.

Manifestación de Pegida (imagen de Euronews).

¿Existen complicidades entre la policía y los ultraderechistas?

Éste es un tema relativamente recurrente en los medios de comunicación en Alemania. De tanto en cuanto la policía es criticada por su inactividad o pasividad (como ocurrió en los graves incidentes en Hoyerswerda, precisamente en Sajonia, en 1991). La sospecha de que la filtración de la identidad de uno de los autores de la muerte proviniera del cuerpo policial ha alimentado la creencia en la connivencia entre fuerzas policiales y, sobre todo, el movimiento Pegida.

También en otras épocas miembros de la policía han ocupado puestos de cierta responsabilidad en la dirección de partidos de ultraderecha como los Republikaner o el NPD, que atraían con sus mensajes a favor de la ley y el orden a miembros de los cuerpos de seguridad, pero esto es distinto de hablar de una amplia complicidad.

¿Asistimos al inicio de una nueva fase del extremismo de derecha en Alemania? ¿Vuelve el neonazismo?

Creo que  aún es pronto para determinarlo, y, en todo caso, depende de a qué fenómeno concreto se esté aludiendo con el término de “extremismo de derecha”. Por una parte, es cierto que los distintos grupos neonazis están mostrando una extraordinaria capacidad de movilización, y que los acontecimientos en Chemnitz parecen marcar un antes y un después en la historia de la ultraderecha, pero los movimientos de protesta y lucha en las calles tienden a desinflarse pasado un tiempo.

Por otra parte, en la literatura académica suele considerarse que el breve auge del partido de los Republikaner a finales de los años ochenta y primeros noventa marcó el inicio de la tercera fase de extremismo de derechas. Si bien algunos autores creyeron ver en el más moderado repunte del NPD en la primera década de este siglo el signo de una cuarta e incipiente fase de extremismo, la gran novedad en la evolución electoral de la ultraderecha viene dada, más recientemente, por el espectacular resultado de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de septiembre de 2017. La entrada de un partido de esta ideología en el Bundestag es un acontecimiento de enorme trascendencia política y simbólica.

¿La ultraderecha alemana está unida?

La ultraderecha alemana engloba una multitud de movimientos, asociaciones, grupos neo-nazis y de skinheads de muy distinto origen, trayectoria e ideología, así como de grupos de presión, editoriales, think-tanks,…y partidos políticos. La lucha contra la inmigración constituye un nexo de unión importante entre todos estos actores, pero las diferencias programáticas, estratégicas  y organizativas siguen siendo grandes y no parece que puedan eliminarse de un plumazo. La aparente imagen de unidad en las marchas y manifestaciones en Chemnitz podría ser sólo temporal.

Manifestación del grupo ultraderechista ProChemnitz el 1 de septiembre (foto de John MacDougall/AFP). 

¿Qué implicaciones políticas puede tener a corto y medio plazo este episodio?

En primer lugar, es evidente que los partidos políticos tradicionales se ven ahora forzados a enfrentarse a un fenómeno –el de la violencia xenófoba- que se ha recrudecido inusitadamente en apenas unos días, alimentado por la amplia cobertura mediática, estatal e internacional, de los acontecimientos vividos en Chemnitz desde el asesinato de Daniel H. Esto añade dificultades adicionales a la difícil gestión del tema de la inmigración para los partidos en el Gobierno federal, y, sobre todo, para la CDU, al mando del ejecutivo del Land de Sajonia desde la reunificación.

Las próximas elecciones bávaras de este octubre, ya convertidas en escenario de dura competencia partidista, servirán previsiblemente para medir el desgaste de las formaciones tradicionales y el atractivo de AfD entre el electorado. No creo que AfD tenga que verse necesariamente favorecida por los acontecimientos de los últimos días en Sajonia.

De hecho, el partido se esfuerza por desmarcarse de la violencia xenófoba y de los grupos que la practican en su búsqueda continuada de la respetabilidad. Es en este aspecto en el que pueden entenderse sus recientes declaraciones recordando su impronta democrática y su adhesión a los principios constitucionales. En sentido contrario, AfD sí podría beneficiarse del más reciente debate sobre su posible supervisión por parte de la Oficina de la Protección de la Constitución (Verfassungschutzamt), si es capaz de presentarse al electorado como la “víctima” de una campaña desacreditadora por parte de los otros partidos.

En el pasado –sin ir más lejos, en los años noventa- los Republikaner sufrieron negativamente las consecuencias de esta supervisión y su clasificación como partido de extrema derecha (y no sólo de derecha radical). Pero la historia no siempre se repite, y lo cierto es que los Republikaner no disfrutaron nunca de la fortaleza electoral e institucional de AfD. Más aún, las tensiones entre el director de la citada Oficina, Hans-Georg Maassen, y otros miembros del gobierno del que depende podrían desencadenar una crisis institucional sin precedentes.

 


¿POR QUÉ LA INMIGRACIÓN ESTÁ ENTRANDO EN EL DEBATE POLÍTICO ESPAÑOL? UN INTERESANTE ANÁLISIS DE CARLES CASTRO LO EXPLICA

agosto 20, 2018

 

Propaganda de un acto de Vox en Algeciras el pasado 8 de agosto con el tema de las fronteras y la inmigración como eje.

 

¿POR QUÉ LA INMIGRACIÓN ENTRA AHORA EN EL DEBATE POLÍTICO EN ESPAÑA? Los peregrinajes políticos de José Ortega (Vox) a Ceuta y Melilla pasaron desapercibidos en los grandes medios de comunicación. Pero no ha sucedido así -lógicamente- con los de Albert Rivera (C’s) a Ceuta y Pablo Casado (PP) a Ceuta. El resultado ha sido que el tema de la inmigración y la seguridad de la “frontera sur” se ha introducido en la agenda política española de un modo aparentemente súbito.

Las razones de este cambio las expone en un excelente artículo el analista Carles Castro publicado en La Vanguardia (19/VIII/2018) y que reproducimos de modo íntegro (con sus imagen y gráficos). Los datos que aporta clarifican las maniobras partidistas de esta cuestión y su eventual influjo en el debate político y público. 

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El debate de la inmigración y los votos del desasosiego

El debate sobre la inmigración resucita como una de las principales amenazas de erosión electoral, pero ya no sólo para la izquierda

 

El debate de la inmigración y los votos del desasosiego

Llega al puerto de Algeciras el buque de Salvamento Marítimo “Concepción Arenal” con 274 inmigrantes rescatados (A.Carrasco Ragel / EFE).

 

EL DEBATE SOBRE LA INMIGRACIÓN PARECÍA UN TEMA ZANJADO EN ESPAÑA HASTA HACE UN PAR DE MESES. En el barómetro de junio del CIS, sólo un 3,5% de los consultados lo señalaban como uno de los tres principales problemas del país. Nada que ver, por tanto, con los indicadores de hace diez años, cuando más del 30% de los españoles señalaban la inmigración como una de sus primeras preocupaciones. De hecho, la percepción de que la cifra de extranjeros en España es excesiva había caído en los últimos años por debajo de los porcentajes de 1996, cuando el número de personas procedentes de otros países suponía una décima parte del que se registra actualmente. Y, sin embargo, entre junio y julio pasados el porcentaje de ciudadanos que señalan la inmigración como uno de los principales problemas de España casi se ha cuadruplicado y ha pasado de poco más del 3% a algo más del 11%. ¿Qué ha ocurrido?

Fundamentalmente, dos cosas. La primera, un visible repunte del número de llegadas de pateras desde enero pasado, que podría suponer un 50% más con respecto a las cifras del 2017. Claro que ese año ya se cerró con un récord en la arribada de pateras, de modo que hasta octubre habían llegado a España más del doble de embarcaciones ilegales y de personas a bordo que en todo el año anterior. Pero, aun así, la preocupación por la inmigración ilegal cayó entonces incluso por debajo del 3%.

La llegada de ilegales ha pasado en un mes de ser visto como problema por el 3% a preocupar a uno de cada 10 españoles.

El otro factor que podría explicar el incipiente viraje en la opinión pública española se explica en el cambio de Gobierno, ya que el Gabinete de Pedro Sánchez –a diferencia del anterior– ha asumido un papel muy activo en el reparto europeo de las cargas que supone la inmigración ilegal. Y a ese vistoso cambio de actitud (con el Aquarius como un llamativo estandarte) hay que añadir la incorporación del debate sobre la inmigración a la estrategia del centroderecha (tanto del desalojado del poder, el nuevo PP de Pablo Casado, como del que disfrutaba de grandes expectativas de alcanzarlo: los Ciudadanos de Albert Rivera).

En consecuencia, la agitación de este tema por parte de la oposición parece haber tenido un efecto directo e inmediato en la opinión pública, aunque de recorrido imprevisible. La pregunta, a la vista de lo sucedido con la extrema derecha en Alemania, Austria, Italia o Francia, es por qué el centroderecha tradicional español agita un debate que podría volverse en su contra (y buena prueba de ello es el retroceso electoral de los democristianos de Angela Merkel en beneficio de los ultras de Alternativa por Alemania, o el naufragio de los conservadores franceses en provecho del viejo Frente Nacional de Marine Le Pen). El mismo PP ya ha experimentado la letal competencia de Cs en uno de esos temas cuyos réditos electorales parecía monopolizar: la defensa rígida de la unidad de España frente a los nacionalismos periféricos.

20 AÑOS ESPAÑA
20 AÑOS ESPAÑA (Rosa M.ª Anechina)

Sin embargo, es posible que la ausencia en España de una formación xenófoba con expectativas electorales relevantes –como sí ocurre en otros países de la UE– lleve al conjunto del centroderecha a contemplar sólo las lecciones del pasado. Y ahí, los indicadores reflejan que el debate sobre la inmigración puede tener efectos electorales muy dañinos para la izquierda. La experiencia en el ámbito local (con Badalona o Castelldefels como ejemplos muy cercanos de consistorios que el PP arrebató a los socialistas con un discurso de dureza frente a la inmigración) es bastante elocuente. Eso sí, en el caso catalán la onda expansiva acabó afectando a fuerzas de centro nacionalista como la extinta CiU, con pérdidas de entre 15 y 30 puntos en muchas capitales de comarca que vivieron la eclosión de candidaturas xenófobas (que no han ido a más como resultado de procesos internos autodestructivos).

Ahora bien, en términos generales la resistencia del PP durante la etapa de gobierno del socialista Zapatero no puede explicarse sin el impacto electoral de la inmigración. Los indicadores de las encuestas eran entonces inequívocos. Por ejemplo, casi el 60% de los electores del PP consideraba a finales de la década pasada que la cifra de inmigrantes era excesiva. Pero la tasa de votantes del PSOE que compartía esa percepción superaba el 45%. Asimismo, un 90% de los electores de Rajoy juzgaban “más bien o demasiado tolerantes” las leyes de inmigración, una cifra que rozaba el 70% de los votantes socialistas.Y lo mismo sucedía sobre el impacto de los inmigrantes en la educación o la sanidad, con opiniones negativas que oscilaban entre el 50% y el 60% de los electores del PSOE o del PP.

20 AÑOS ESPAÑA
20 AÑOS ESPAÑA (Rosa M.ª Anechina)

Otras actitudes revelaban la falta de sintonía entre los partidos de izquierda y un segmento importante de su electorado. Por ejemplo, un 56% de los votantes socialistas consideraba que los inmigrantes recibían “mucha o bastante protección por parte del Estado” frente a colectivos como las personas mayores o los desempleados. De hecho, casi el 50% del electorado socialista pensaba que los inmigrantes recibían del Estado más de lo que aportaban, y un 55% exigía un mayor “esfuerzo para limitar su entrada”, mientras que más de la mitad apoyaba la prohibición del velo islámico.

Está por ver que estas percepciones se mantengan hoy en idéntica magnitud y que el impacto electoral del desasosiego se circunscriba únicamente a la izquierda. En la década pasada, la inmigración afectaba en términos darwinistas al electorado de la izquierda sociológica (que la sufría en forma de competencia directa y de roces en la convivencia) mientras que la izquierda política no abordaba nunca la inmigración en su dimensión problemática. Pero eso también podría cambiar.