VOX HABLA SOBRE VOX. TRES LIBROS PARA CONOCER EL PARTIDO*

enero 30, 2019

Santiago Abascal en un acto de Vox (imagen de www.economiadigital.es).

 

LOS RESULTADOS DE VOX EN ANDALUCÍA Y SU PACTO DE GOBIERNO SUSCRITO CON EL PP en esta comunidad han generado enorme interés sobre la formación. Su ideario parece hallarse aún en construcción y tiene como eje vertebrador un ultranacionalismo bélico asociado a la “Reconquista” o a una “Covadonga 2.0”. El partido lo identifica con una visión biológica y palingenética de la patria, la “España viva”, pero también con una cultura de inspiración católica. Todo ello se traduce en un repertorio de lugares comunes de exaltación nacional.

Llama la atención su falta de concreción sobre el ámbito europeo, más allá de mostrar sintonía con Marine Le Pen, Alternativa para Alemania (AfD) o posicionarse de forma afín al grupo de Visegrado. En este marco, para conocer mejor al partido recomendamos leer sendos libros-entrevista, Hay un camino a la derecha y La España viva, así como el testimonio de su líder, Santiago Abascal, No me rindo, comentados a continuación.

Santiago Abascal, Hay un camino a la derecha (Stella Maris, Barcelona, 2015 [2ª ed.]).

Este libro-entrevista del periodista Kiko Méndez-Monasterio está prologado por el sociólogo Amando de Miguel, que concluye sus palabras con un “Dios los bendiga” dirigido a quienes se identifiquen con la prédica “cristalina” de Abascal. En la obra el líder de Vox desgrana su trayectoria vital, ideario y génesis del partido, que cuando el texto se editó tenía poco más de un año. Abascal sistematiza aquí sus invectivas al PP (“la derecha cautiva y desarmada”, “un juguetillo de la izquierda”, p. 55), apunta detalles de interés de la formación (su nombre lo acuñó el periodista y publicitario Rafael Núñez Huesca, p. 75) y efectúa una autocrítica de los errores iniciales (p. 85). El texto despliega ampliamente su visión sobre lo que a su juicio es ser de derechas. De modo inexplicable, la obra carece de sumario, lo que dificulta su manejo.

Gonzalo Altozano y Julio Llorente, La España Viva. Conversaciones con 12 dirigentes de Vox (Kalma, Madrid, 2018).

Esta obra prologada por el alma mater del partido, José Antonio Ortega Lara, despliega el ideario de Vox con un recopilatorio de entrevistas a doce dirigentes (cuatro mujeres y ocho hombres), cual si de los doce apóstoles de Vox se tratara.

El libro se publicó en octubre de 2018, “la víspera del acto de Vox en Vistalegre” y “aniversario de la batalla de Lepanto”, según se indica. Su lectura permite conocer dirigentes del partido menos expuestos a los focos mediáticos (aunque el tándem Abascal-Ortega Smith acapara 60 páginas de las 230 de entrevistas), como el del líder del partido en Cataluña, Ignacio Garriga Vaz de Conciao, presentado como “mulato y catalán” (p. 217) y originario de la antigua Guinea española; el responsable de las redes sociales, Manuel Mariscal; Alicia Rubio, vicesecretaria de movilización, que superó su adicción a la heroína y presenta así los dos grandes combates que ha vivido: “A nuestra generación la diezmaron con la heroína; a la de ahora le ha tocado bregar con la ideología de género” (p. 145). En este sentido, Rocío Monasterio (vicesecretaria de acción social presentada como descendiente de Concepción Arenal) manifiesta que “el feminismo de hoy es retrógrado: pretende oprimir a la mujer y mantenerla bajo su tutela” (p. 91).

Santiago Abascal con Gabriel Altozano. No me rindo. Sin miedo contra ETA y frente a la cobardía política (La esfera, Madrid, 2014).

Esta obra autobiográfica de Abascal se publicó cuando era secretario general de Vox y consideramos que permite conocer al hoy máximo líder del partido y entender su evolución a partir de su militancia en el PP vasco, pero especialmente desde sus orígenes familiares amurrianos, con un abuelo -Manuel- alcalde franquista y un padre -Santiago- militante histórico de Alianza Popular.

Destaca también la beligerancia de Abascal ante el derecho de autodeterminación (cuyo conocimiento plasmó en una publicación del Centro de Estudios Constitucionales, ¿Derecho de autodeterminación? Sobre el pretendido derecho de secesión del “Pueblo Vasco”, Madrid, 2004) y lo ha expresado en publicaciones de diverso formato. Uno es un opúsculo de reducidas dimensiones (un “libro pulga” de 128 pp.), Secesión y exclusión en el País Vasco (Ikusager ediciones, Vitoria, 2004). Otro es un libro extenso, La farsa de la autodeterminación. El Plan Ibarretxe: al asalto del País Vasco y España (Áltera, Madrid, 2005, 378 pp.). Cuenta con un prólogo del expresidente José Mª Aznar en el que éste manifiesta su orgullo de escribir las páginas preliminares y elogia al autor como un “hombre libre” (p. 11).

Otras novedades sobre Vox

Por lo demás, no conocemos otros libros sobre Vox más allá de un breve texto anónimo (81 pp.) elaborado a partir de la hemeroteca de consulta útil para conocer la génesis y trayectoria del partido: Vox. La tentación populista española (Ikusle, Gran Bretaña, marzo 2018, editado en papel y e-book). Finalmente, apuntamos que Blas Piñar Pinedo (nieto del homónimo fundador de Fuerza Nueva, Blas Piñar), adherido al partido que lidera Abascal, ha publicado un breve e-book, Del PP a Vox: De la traición de Rajoy a la nueva derecha española, prologado por Fernando Paz. En esencia, el opúsculo recopila textos con la visión del autor sobre la Transición y la evolución del PP y que quedan un tanto deslavazados. Su crónica llega hasta febrero de 2015 e ilustra la sintonía de un sector del ámbito ideológico que el autor encarna hacia el partido ultraderechista.

Finalmente, advertimos que se anuncia la publicación en breve de un instant book sobre el partido: John Freddy Müller González (coord.), La sorpresa Vox, con prólogo de Arcadi Espada. Posiblemente sea el pistoletazo de salida de otras obras, como ha sucedido con Podemos y C’s, que han creado verdaderos subgéneros políticos.

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* Artículo publicado originalmente como Xavier Casals, “Vox habla sobre Vox. Tres libros para conocer el partido”, Agenda Pública (19/I/2019).


¿ES POSIBLE FRENAR EL ASCENSO DE VOX? ANALIZAMOS LAS DISTINTAS ESTRATEGIAS DE CONTENCIÓN DE LA EXTREMA DERECHA

enero 16, 2019

Imagen de un acto de Vox (imagen de www.republica.com).

 

ANTE EL CRECIMIENTO DE VOX se han planteado las posibles estrategias a adoptar ante el ascenso de la derecha populista, como ya ha sucedido en numerosos países europeos. Por esta razón, reeditamos un post ya publicado en este blog en marzo de 2014 y reproducido por El Periódico (27/III/2014).

La más conocida de las estrategias de contención -y que ahora se debate en España- es crear “cordones sanitarios” (que en Francia se denominaron también “alianzas republicanas”) para evitar que los representantes de la ultraderecha accedan a responsabilidades políticas o cargos institucionales relevantes. Es decir, unirse todos los partidos para impedir el avance frentista. ¿Hasta qué punto puede ser efectiva tal estrategia?

En realidad, estamos ante un debate recurrente. Ya en los años ochenta del siglo pasado el ascenso del FN hizo que en Francia se ensayaran distintas estrategias para frenar su crecimiento que luego se han adoptado en otros países ante el ascenso de la nueva ultraderecha. El politólogo y pensador Pierre-André Taguieff sistematizó en “Antilepénisme: les erreurs à ne plus commettre”, en D. Martin-Castelarnau (dir.), Combattre le Front National (Editions Vinci, París, 1995), pp. 213-230.

Las estrategias ya exploradas

A continuación mostramos sus respectivos costes y beneficios políticos, con reflexiones de otros países que corroboran las tesis de este investigador francés.

De la relación de estrategias estudiadas por Taguieff, primero presentamos las cinc que ya fueron exploradas en la Francia de los años noventa con éxito desigual o fracasos.

1. Ilegalizar a la ultraderecha.

Esta medida es contraproducente por varios motivos: instala a sus partidos en el centro de la polémica ideológica y mediática; crea un debate moral y no político que impide abordar temas importantes (inseguridad ciudadana, corrupción política, patriotismo) y moviliza a sus votantes. Así, cuando en el 2004 el Vlaams Blok [VB] fue ilegalizado, continuó su actividad como Vlaams Belang [VB] y aumentó su popularidad.

2. Crear silencio mediático en torno a la ultraderecha.

Esta opción elimina a sus partidos del centro del debate, pero les permite emitir su discurso sin oposición. A la vez, sus líderes pueden presentarse como víctimas de un establishment que desea silenciarles. Además, la opinión pública carece de elementos de información para entender el eventual ascenso de estos partidos.

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Crear “cordones sanitarios” para frenar a la derecha populista tiene un impacto limitado y altos costes.

3. Efectuar una “imitación” calculada de su discurso por parte de los partidos tradicionales.

Esta opción puede disminuir el  atractivo de la ultraderecha a corto plazo, pero al asumir sus temas la derecha conservadora les confiere centralidad y legitimidad y contribuye a “normalizarlos”.

4. Integrar a la derecha populista en el gobierno.

Cuando los partidos populistas se integran en el gobierno pierden su carácter de protesta y manifiestan tensiones y contradicciones. Lo han testimoniado las escisiones de la Lega Nord [LN] en 1994 y el Freiheitliche Partei Österreichs [FPÖ] en el 2005 tras participar en sus respectivos gobiernos, así como el rápido declive de la Pim Fortuyn Lijst al formar parte del gobierno holandés en el 2002.

Sin embargo, esta estrategia no siempre funciona, ya que los partidos de la derecha populista han hallado fórmulas para proyectarse de modo simultáneo como partidos de gobierno y de oposición.

Por ejemplo, la LN, en el segundo mandato de Berlusconi, ha actuado como partido de gobierno apoyando a este mandatario y como partido de oposición al criticar a los otros socios de gobierno, la Alleanza Nazionale [AN] y la Unione dei Democratici Cristiani e di Centri [UDC].

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Integrar a la derecha populista en el gobierno no siempre garantiza su declive. Imagen de Silvio Berlusconi y Umberto Bossi.

Igualmente, el Schweizerische Volkspartei/Union Démocratique du Centre  [SVP/UDC] ha escenificado su carácter de partido de protesta promoviendo plebiscitos contra la política del gobierno federal de la que es también responsable.

En suma, los partidos populistas pueden formar parte de gobiernos sin  conocer un retroceso importante si mantienen su carácter de protesta. Finalmente, esta estrategia tiene otro efecto: el ingreso de la ultraderecha en el gobierno comporta un deslizamiento del escenario político hacia la derecha, a la vez que se popularizan sus temas centrales.

5. Establecer “cordones sanitarios” o alianzas multipartidistas para frenar el acceso al gobierno de estos partidos.

Estas alianzas aíslan a la ultraderecha del gobierno. En contrapartida, permite a sus líderes emitir un discurso victimista y denunciar que el resto de partidos “son iguales”. Igualmente, relega la división derecha/izquierda del sistema político a un segundo plano.

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Ilegalizar partidos tampoco supone frenar su ascenso: el Vlaams Blok fue ilegalizado y continuó su actividad como Vlaams Belang.

Dos estrategias por explorar: intervenir y argumentar

En definitiva, no existe ninguna estrategia de contención sin elevados costes para los rivales de la derecha populista y ésta suele beneficiarse de todas ellas en mayor o menor grado.

Ante esta situación, como ya señaló Taguieff en 1995, se dibujaban dos estrategias en las que profundizar:

6. Una intervención de los poderes públicos en las causas sociales del ascenso de la derecha populista.

Ello implica -por ejemplo- actuar de modo directo sobre el paro, la precariedad laboral, la inseguridad ciudadana o la degradación de suburbios, pese a la actual crisis económica.

7. La “lucha intelectual”: argumentar y no estigmatizar.

Ello supone poner de manifiesto las contradicciones y falsedades de su discurso. Esta última opción posiblemente tiene un impacto limitado, pero recupera la función pedagógica de la política, algo esencial en un momento de reinvención de los sistemas democráticos.


VOX NO SOLO HA RECIBIDO VOTOS DE LA DERECHA, SINO TAMBIÉN DE LA IZQUIERDA

diciembre 13, 2018

Mitin de Vox en Sevilla (Gogo Lobato / AP)

CS Y VOX, LOS DOS PARTIDOS QUE MÁS HAN CRECIDO EN ANDALUCÍA, HABRÍAN RECIBIDO MÁS DE 200.000 VOTOS PROCEDENTES DE LA IZQUIERDA. Esta es una conclusión del interesante análisis sobre el ascenso de Vox que ha elaborado Carles Castro y reproducimos a continuación al considerarlo de interés quienes siguen este blog. Fue publicado con el título “España primero” en La Vanguardia (4/XII/2018) y tanto la imagen de esta entrada como su infografía también proceden de esta fuente.

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España primero

El sufragio a Vox reúne electores de la derecha clásica, pero también votos populares que apoyaban a la izquierda

Un fantasma recorre el mundo y el domingo hizo una parada a orillas del Guadalquivir. Algunos lo llaman Donald Trump pero tiene homólogos en todas partes. Su estrategia de rompe y rasga ha demostrado hasta qué punto los conflictos horizontales pueden redibujar las fronteras del mapa electoral. Choques territoriales, identitarios, migratorios… Sus efectos combinados han dinamitado ya buena parte del paisaje político europeo. Y en un contexto de crisis de las expectativas socioeconómicas de mucha gente, se convierten en el motor del cambio y fabrican líderes inverosímiles, como el propio Trump. Si en Catalunya el proceso independentista ha acabado por aupar a la primera posición y ha multiplicado por diez el capital electoral de un partido que sumaba 100.000 votos hasta hace seis años, ¿qué podía esperarse que ocurriera en el resto de España?

Andalucía ha sido el primer campo de pruebas para medir el impacto electoral de ese conflicto existencial de España tras los sucesos de octubre del 2017, pero también del acelerado incremento de la inmigración ilegal a través del Estrecho a lo largo del año en curso. Y a caballo de las incertidumbres silenciosas que provocaban esos temas, el punto de mira del electorado ha girado 180 grados. Como en un ejercicio de amnesia tan colectivo como selectivo, el PP ya no era el partido de la Gürtel; Ciudadanos nunca fue socio preferente de un PSOE andaluz manchado por la malversación de los ERE, y Vox no es una marca cuyo líder ha vivido de los cuantiosos fondos que le ha proporcionado el Partido Popular. El evangelio trumpiano lo resumiría así: “Explotad esos temas y todos vuestros pecados os serán perdonados”.

Es más: como en la peor distopía trumpiana, el antifeminismo, la homofobia o la xenofobia declaradas de los dirigentes de Vox no sólo no les ha restado votos, sino que se los ha proporcionado en abundancia. Casi 400.000. Y según los sondeos, el 40% podrían ser mujeres. Pero Vox no ha hecho más que surfear sobre la espuma generada por la explotación estereofónica que han llevado a cabo el PP y Cs del impacto de la crisis catalana o de los flujos migratorios. Y el efecto ha sido triple: movilizar de forma intensiva a los votantes potenciales del centro a la derecha, captar voto de izquierda y centroizquierda sensible a esas inquietudes y desmovilizar al tradicional voto sociológico de izquierdas (desconectado de las ofertas de ese signo por una gestión y un liderazgo socialistas valorados negativamente por más del 43% según el CIS, pero también por un discurso desde la izquierda alternativa que no responde a sus desasosiegos).

 

Elecciones andaluzas: correlación de fuerzas izquierda-derecha (La Vanguardia). 

Las cifras globales parecen confirmar este diagnóstico, con algún matiz. El PSOE ha perdido más de siete puntos de cuota electoral, pero Adelante Andalucía ha retrocedido casi seis con relación a la suma de Podemos e IU en el 2015. En total, más de 13 puntos. Una caída bastante homogénea si se observa por provincias, aunque algo más acentuada en demarcaciones como Huelva o Cádiz, donde el PSOE o Podemos obtuvieron buenos resultados en el 2015. Y por el flanco derecho, el crecimiento electoral de ese espacio se eleva justamente hasta 13 puntos.

Las cifras absolutas son aún más elocuentes. Las izquierdas han perdido casi 700.000 votos (400.000 el PSOE y 282.000 Adelante Andalucía). A su vez, la participación ha caído en algo más de 330.000 sufragios. Es decir, 350.000 electores de izquierdas podrían haber cambiado el signo de su papeleta. Pero para precisar esa cifra hay que ver qué ha ocurrido en el espacio del centro a la derecha. Ahí, el saldo es positivo frente al 2015 y supera los 200.000 votos agregados (pues Cs ha añadido casi 300.000 y Vox, 377.000, pero el PP ha perdido más de 300.000 papeletas, a las que hay que añadir en torno a 130.000 procedentes de otras formaciones de centro que prácticamente han desaparecido).

A partir de ahí, si se restan de los 350.000 votantes de izquierdas que teóricamente no se han sumergido en la abstención los más de 100.000 que suponen el alza del voto nulo (que se ha duplicado hasta rebasar las 80.000 papeletas) y el de otras formaciones minoritarias (como el Pacma), las cifras encajan mejor: Cs y Vox –las dos formaciones que más crecen– se habrían beneficiado de más de 200.000 votos procedentes de la izquierda. De ese modo, y a la luz de las encuestas preelectorales, los partidos de Rivera y Abascal se habrían nutrido de votos procedentes del PP y, en menor medida, de siglas ya desaparecidas. Y se habrían repartido, además, esos más de 200.000 sufragios de la izquierda.

En el caso de Vox, han convergido votantes de la derecha clásica, pero también sectores populares en contacto con la inmigración que hasta ahora votaban al PSOE o a Podemos (o que no votaban). Y esa hipótesis se apoya en el hecho de que los resultados de la izquierda en zonas con alta presencia migratoria suelen situarse por debajo de la media (y los de Vox, por encima). Y eso ha ocurrido incluso en históricos feudos socialistas o comunistas.

¿Por qué los sondeos no detectaron ese gigantesco maremoto? Seguramente porque gran parte de los sufragios de Vox son votos de la medianoche, que se deciden en los últimos compases de la campaña o el día de los comicios (igual que el dilema de votar). Pero estas cábalas encajan con otra hipótesis más desconcertante: la inversión electoral; es decir, electores que se quedan en casa y son relevados por otros que no suelen votar. La prueba: los votos del centro a la derecha en las andaluzas del 2018 suman la misma cifra que los del 2012, cuando la izquierda reunió medio millón más.


VOX: EL MAZAZO. LAS CLAVES DEL ASCENSO DE VOX EN ANDALUCÍA*

diciembre 7, 2018

Ilustración de este artículo de Leonard Beard en la edición original del presente artículo en El Periódico (4/XII/2018).

LOS DOCE ESCAÑOS DE VOX Y SUS 395.185 VOTOS (10.9%) EN LAS ELECCIONES ANDALUZAS, decisivos para formar una mayoría de gobierno que desaloje al PSOE de la Junta, han constituido un formidable mazazo en la política estatal. ¿Qué ha pasado? El cataclismo no obedece a una única causa y requiere un análisis multifactorial. A continuación apuntamos cómo se han concatenado tres aspectos que permiten comprenderlo, sin que su orden de exposición presuponga una jerarquía en importancia ni agoten los factores explicativos.

En primer lugar, la demoscopia ha sido clave para la visibilidad de Vox. El barómetro del CIS de septiembre le otorgó un 1.4% del voto (que sondeos precedentes ya habían consignado) y situó a esta formación de modo definitivo en el debate público y en un foco mediático que tendió a sobredimensionarla. Entonces lo que era un rótulo extraparlamentario surgido de una escisión del PP empezó a tomar corporeidad como alternativa política. Ello fue posible porque Vox, desde los comicios europeos de 2014 (cuando captó 244.929 votos en toda España, 1.5%) había hecho una labor de zapa que hoy ha dado frutos. Así, a diferencia de lo ocurrido en los comicios andaluces de 2015 (cuando solo cosechó 18.017 sufragios, 0.4%), ahora este rótulo tenía un liderazgo estatal conocido (Santiago Abascal, Javier Ortega y José Antonio Ortega Lara), un candidato ajeno a la política profesional que repetía (el magistrado Francisco Serrano) y puntos programáticos asociados a su marca que combinan la protesta derechista anti-establishment y un ultranacionalismo español desacomplejado. De este modo, en su mensaje coexisten temas tradicionales de la extrema derecha y la derecha radical (como la reivindicación de Gibraltar, el antiseparatismo, la supresión de las autonomías o el rechazo del feminismo y la ley de “memoria histórica”) con otros nuevos (la erección de muros en Ceuta y Melilla ante la inmigración, una denuncia del Islam radical o un euroescepticismo próximo al grupo de Visegrado). Así pues, Vox ofrece una síntesis de viejos y nuevos temas de la ultraderecha.

En segundo lugar, Vox ha contado con un escenario donde no solo ha hecho su campaña, sino que también se la han hecho sus rivales al darle centralidad en el debate. El PSOE y Podemos han agitado a Vox para movilizar a su electorado, mientras que el PP ha difuminado sus fronteras ideológicas en pos del votante de Vox y C’s ha evitado calificarlo de “ultraderecha”. De hecho, en el tramo final de la campaña PP y C’s han considerado a Vox un eventual socio de gobierno para alzarse con la Junta. Así, lejos de ser estigmatizada como una fuerza antisistema en el campo de la derecha, ha sido considerada protagonista del mismo con plena carta de naturaleza.

En tercer lugar, Vox se ha beneficiado de una conjunción de dinámicas políticas locales y estatales. Nos referimos al hartazgo de 36 años de un gobierno socialista que parecía imbatible, que en su última legislatura ha tenido el apoyo de C’s (lo que descartaba a esta formación como opción rupturista) unido a un PP en recomposición, salpicado por la corrupción y descafeinado ideológicamente durante el rajoyato a ojos de sus sectores más combativos, quienes verían en Casado un joven del aparato tan ambicioso como dúctil en lo que a principios se refiere. Ello habría hecho más seductor el liderazgo del purista Abascal, un militante popular desde su juventud por tradición familiar, bregado en un País Vasco castigado por ETA (como expone en No me rindo) y dispuesto a acaudillar en sentido literal un rearme ideológico de la derecha, una nueva “reconquista” según Vox. Merece destacarse que Andalucía ha conocido ya liderazgos populistas de distinto signo, siendo relevantes las odiseas de dos controvertidos empresarios del ladrillo: Jesús Gil con su Grupo Independiente Liberal [GIL] y Rafael Gómez, Sandokán, con su Unión Cordobesa [UCOR].

¿Y ahora qué? Dado que los comicios andaluces han demostrado que Vox no solo aglutina un voto útil, sino también potencialmente decisivo para forjar o condicionar gobiernos, su tendencia de voto aumentará. A la vez, su eclosión ha ido acompañada de un crecimiento significativo del PACMA (los 31.735 votos de 2015, 0.8%, pasan a 69.660, 1.9%), una alta abstención (el 36% de 2015 se dispara al 41.3%) y un alza del voto en blanco y nulo (su suma pasa del 2.3% de 2015 al 3.7%), lo que advierte que la insatisfacción del electorado perdura y parece conducir a un mapa partidista aún más fragmentado. Así las cosas, el éxito de Vox en Andalucía podría ser un aviso de futuros aldabonazos.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (4/XII/2018): Xavier Casals, “Vox: el Mazazo”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


VOX SÍ, PACMA NO: UN GRAVE ERROR*

noviembre 17, 2018

 

Cartel del Pacma en las elecciones autonómicas y municipales de 2015.

VOX HA LOGRADO HACERSE MUY PRESENTE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, a diferencia del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal [PACMA], que lidera Silvia Barquero, ha merecido una atención informativa limitada. Y ello pese a que su estimación de voto según el CIS (1.6%) es mayor que la de Vox (1.4%).  ¿Por qué se ha produce esta situación? Desde nuestra óptica se explica por tres dinámicas que interactúan entre sí y que comentamos a continuación.

Infografía de El País (26/X/2018)

Las dinámicas que favorecen el influjo mediático de Vox

Por una parte, el hecho de constituir Vox la acusación particular del proceso secesionista catalán le ha brindado notable protagonismo informativo. Por otra parte, hay una marcada competencia entre PP, C’s y Vox por su potencial electorado. Desde esta óptica, también es lógico aludir a Vox en términos informativos, especialmente cuando sondeos como el del CIS le otorgan presencia institucional. Finalmente, una tercera dinámica actúa como trampolín mediático de Vox: el progreso de la ultraderecha europea. Cada vez que se produce un ascenso de partidos de este espectro ideológico en algún país se hace una referencia al caso español, en el que Vox es el aparente rótulo emergente.

Sin embargo, otro elemento estimula la información continuada sobre Vox: la asociación de la ultraderecha a la amenaza por excelencia de la democracia. Al proyectar este enfoque aquí, el “enemigo de la democracia” que tanto progresa en Europa parece hallarse ahora en ciernes de realizar el asalto a las instituciones en España. Y ello es novedoso después de los 36 años transcurridos desde que el partido neofranquista Fuerza Nueva [FN] se disolvió al perder su escaño en el Congreso en 1982. Este factor hace que Vox merezca una atención sobredimensionada y sea noticia sin generar novedad alguna. Logra así una cuota de visibilidad que puede estimular su apoyo en las urnas (al proyectarse como una marca de “voto útil”) y cumplir una autoprofecía: los medios de comunicación anunciaron que podía entrar en las instituciones y lograrlo finalmente.

El apagón informativo del Pacma

La proyección de Vox contrasta con el eclipse informativo del Pacma. Ciertamente, es un partido monotemático (centrado en defender los derechos de los animales) y su leitmotiv ya es conocido, por lo que suscita limitado interés. No obstante, hay dos elementos que deberían mover a la reflexión sobre su falta de visibilidad en contraste a la de Vox.

Por una parte, como hemos visto, el CIS le otorga mayor intención de voto que a Vox. Por otra parte, si bien es cierto que Vox logró mejores resultados en los comicios europeos de 2014 (244.929 votos, 1.5%) que el Pacma (176.237 votos, 1.1%), esta última formación obtuvo grandes apoyos en las urnas en los últimos comicios legislativos: 1.199.759 sufragios en el Senado (1.9%) y 284.848 en el Congreso (1.2%). Es más, en Cataluña, pese a la situación política de máxima polarización, sus apoyos no han cesado de crecer en los comicios autonómicos: 20.861 votos (0.5%) en 2012; 30.157 (0.7%) en 2015; y 38.743 (0.8%) en 2017. Pese a ello, el Pacma aparece poco en foros mediáticos y su liderazgo e ideario casi no se comenta, por lo que resulta prácticamente desconocido (¿alguien sabe algo de las políticas de empleo de su programa electoral?).

Pero, sobre todo, no se tiene en cuenta que Vox y el Pacma plasman un fenómeno importante y que pasa desapercibido: muestran la insatisfacción de la ciudadanía con la política tradicional no ha terminado con el tetrapartidismo actual (PP, PSOE, C’s y Podemos) y puede configurar un mapa político aún más fragmentado.

En este sentido, la comparación de sus supuestos apoyos ofrece datos de interés innegable, pues -según un artículo de El Confidencial (6/X/2018)– “los perfiles de sus votantes […] son prácticamente lo contrario. Si el votante medio de Vox es un varón de 55 años de derechas, el del Pacma es una mujer de 33 de izquierdas”.

Conclusión: un error importante

En suma, hoy se sobredimensiona la importancia de Vox y se infravalora la del Pacma. Ello no solo es una equivocación al calibrar su respectiva relevancia, sino también un error de calado. Ambos rótulos son el anverso y el reverso de un mismo fenómeno: la persistencia de la insatisfacción del electorado ante los partidos actuales, sean tradicionales o nuevos. Prestar atención a solo una de sus caras (Vox) deforma la realidad política emergente y amputa una de sus dinámicas, ya que solo parece crecer la ultraderecha cuando no sucede así, como testimonia el Pacma.

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Artículo publicado originalmente en El Periódico (15/XI/2018): Xavier Casals, “Vox, sí; PACMA, no: un grave error”.


LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

noviembre 10, 2018

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

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* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF, y que reproducimos ahora a petición de diversos lectores y lectoras ante el ascenso de Vox en las encuestas.


CLAVES PARA COMPRENDER El ASCENSO DE VOX*

octubre 14, 2018

El acto de Vox en Vistalegre el 7 d’octubre (imatge d’EFE).

 

EL DOMINGO 7 DE OCTUBRE VOX LLENÓ EL PALACIO DE VISTALEGRE CON 10.000 PERSONAS, todo un hito para un partido extraparlamentario y para la ultraderecha española, que desde la etapa que la lideró Fuerza Nueva (disuelto el 1982) no había manifestado este poder de convocatoria. Además, el último barómetro del CIS atribuye a Vox una estimación del 1.4% del voto, que de cumplirse en las urnas le permitiría estar presente a las instituciones.

Una escisión exitosa del PP

Vox ha sido la primera escisión derechista exitosa del PP (a diferencia del PADE creado el 1997). Inicialmente la lideraron Aleix Vidal-Quadras y Santiago Abascal, exdirigente del PP del País Vasco y expresidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española [DENAES]. Constituido el partido en enero de 2014, en los comicios europeos de junio centró el mensaje al reducir el tamaño del Estado, situando a las autonomías a la diana. Captó 244.929 votos (1.5%) y ningún escaño. Vidal-Quadras dejó pronto la presidencia y el febrero de 2015 también Vox (al preconizar una aproximación con UPyD y C’s).

Abascal devino entonces líder del partido, que conoció una radicalización que lo ha favorecido al confluir con cuatro factores. Uno ha sido el hecho de ejercer la acusación popular del proceso secesionista en el Tribunal Supremo, al conferirle visibilidad y permitirle erigirse en una alternativa antiseparatista “dura” ante un PP a sus ojos fracasado (para Vox es la “derechita cobarde”, mientras C’s es “la veleta naranja” por sus cambios de criterio). Un segundo factor ha sido la controversia generada por la exhumación del cadáver de Franco (recordamos que C’s y PP optaron para abstenerse al respecto al Congreso). Ello ha puesto en primer plano a la “ley de la memoria histórica”, la oposición a la misma es una bandera de Vox. Un tercer elemento ha sido la recomposición de un PP dividido (como testimonió la derrota de la exvicepresienta Soraya Sáenz de Santamaría) y castigado por la corrupción. Finalmente, hay que incluir la rivalidad de PP y C’s por el voto derechista, que los ha llevado a dar peso a la inmigración en la agenda política, en beneficio de Vox.

Igualmente, los dos partidos mencionados han optado por una cautela posiblemente errónea ante la formación de Abascal: C’s no habla de este partido y el PP no lo critica frontalmente. Ambas estrategias ya fracasaron a los años noventa en Francia con el lepenismo, en la medida que sus rivales no reforzaban las fronteras políticas entre centroderecha y ultraderecha, sino que las diluían. Por este camino, pues, Vox puede ganar respetabilidad política, marcar la agenda y forzar a moverse en su campo de juego tanto a C’s como al PP.

Un artefacto complejo

Vox no refleja un retorno del neofranquismo. No ha asumido una filiación ideológica con la dictadura y se ubica en un cruce de temas tradicionales de la derecha radical o la extrema derecha española que combina con otros nuevos. Entre los primeros, como hemos visto, hallamos la oposición en la ley de “memoria histórica” y al independentismo, así como la defensa de la política familiar, la reivindicación de la españolidad de Gibraltar o el secesionismo lingüístico ante el idioma catalán. Y es que Vox se coaligará con Actúa Baleares, cuyo presidente, Jorge Campos, afirma “Somos Baleares, no somos catalanes”.

El partido ha incidido igualmente en temas nuevos, como la denuncia de las supuestas amenazas que comporta la expansión del Islam en España. Incluso en Vistalegre reivindicó la España de Lepanto, ya que salvó “a la civilización occidental frente a la barbarie”. A la vez, Vox es combativo ante la inmigración ilegal y manifiesta que “los españoles estarán primero”.

También ha adoptado elementos del trumpismo, como la consigna “Hacer España grande otra vez” y buscar un leitmotiv político en la erección de un muro fronterizo a Ceuta y Melilla. A la vez, Vox ha contactado con Steve Bannon (el exestratega electoral y exasesor presidencial de Trump), que ha definido a esta formación como “un partido basado en la soberanía y la identidad del pueblo español”. Vox, pues, se ubica a caballo del pasado y del presente, posicionamiento que le homologa a la derecha populista europea mientras preserva rasgos propios.

Vox y el Pacma: ¿Nuevos actores de un cambio inacabado?

Finalmente, debemos remarcar que la eventual irrupción de Vox en las instituciones sería pareja a la del PACMA, al que el CIS otorga el 1.6% del voto (de hecho, en los comicios legislativos de 2016 logró 1.199.759 de votos al Senado). Desde esta óptica, el hipotético ascenso de ambas fuerzas podría reflejar un voto de protesta en ambos extremos del arco político, que permanecería aún latente y estaría políticamente huérfano de representación.

Ahora bien, una cosa son los sondeos y la otra los votos. Y hasta que estos últimos no se pronuncien, todo son conjeturas.

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* Una versión algo más breve de este artículo fue publicada en catalán en Xavier Casals, “Vox: la ultradreta que creix per tornar a fer ‘gran’ Espanya”, Ara (12/XII/2018).