ENTREVISTA A JOSEP PICH: “LA REVOLUCIÓN DE JULIO DE 1909 EN BARCELONA FUE EL PRIMER GRAN AVISO DE LA GUERRA CIVIL”

pichJOSEP PICH MITJANA es profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y miembro del Grup de Recerca en Estats Nacions i Sobiranies [GRENS]. Su tesis doctoral analizó la figura de Valentí Almirall y la génesis del catalanismo político. Ha ganado ex aequo el premio Joan Givanel i Mas del Institut d’Estudis Catalans (2001) y el XXI premio Ferran Soldevila (2004).

Ha participado en diversas obras colectivas y monografías, como El Centre Català (2002);   Almirall i el Diari Català (2003); Federalisme i catalanisme: Valentí Almirall i Llozer (1841-1904) (2004); Valentí Almirall i el federalisme intransigent (2006) y Francesc Pi y Margall y la crisis de Melilla de 1893-1894 (2008).   Asismimo es autor de tres e-books:  Les dues guerres mundials i el període d’entreguerres (1914-1945)La Setmana Tràgica 1909: Sagnant, roja, negra o gloriosa y La Guerra Freda i el món contemporani (1945-1989). Sus líneas de investigación son el federalismo, el catalanismo y el imperialismo español.

El motivo de esta entrevista es su interesante trabajo “La revolución de Julio de 1909”, publicado en la revista Hispania, Vol. LXXV, 249 (enero-abril 2015), accesible en PDF aquí. En este estudio ofrece una lectura muy diferente de la “Semana Trágica” de 1909 en Barcelona: no se trató de una revuelta anticlerical y antimilitarista sino de un estallido revolucionario mucho más importante que el de 1917 y que -por su magnitud- anticipó el conflicto que vislumbró la Guerra Civil. Por esta razón le hemos entrevistado y le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras cuestiones.

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barricada-semana-tragicaLevantamiento de una barricada en Barcelona durante la “Semana Trágica” de 1909.

Usted considera que la “Semana trágica” de Barcelona de 1909 ofrece una interpretación muy distinta a la de una simple revuelta anticlerical. ¿Por qué?

Porque el impacto de los sucesos que afectaron a buena parte de Cataluña, entre el 26 de julio y el 1 de agosto de 1909, fue de tal magnitud que gran parte de la población que los vivió dividía su vida en el antes y el después de la “semana trágica”. Sin embargo, no todo el mundo recordaba aquellos hechos como una tragedia, negra, penosa o bárbara, ya que para los liberales y las diferentes tendencias republicanas y obreristas era una semana roja, es decir, revolucionaria, así como gloriosa, porque consideraban que era digna de alabanza.

Algunos, como los redactores del semanario humorístico Papitu, afirmaban que fueron unos días alegres, ya que ante la imposibilidad de salir de casa, especialmente en la ciudad de Barcelona, se habría incrementado la natalidad. Autores vinculados a opciones ideológicas muy dispares, como el anarquista Leopoldo Bonafulla -seudónimo que ocultaba a Joan Baptista Esteve-, el socialista Josep Comaposada, el periodista de tendencia liberal José Brissa, el reaccionario, antiguo rector de la Universidad de Oñate, Modesto H. Villaescusa calificaban aquellos acontecimientos de revolucionarios.

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Que los conozcamos mayoritariamente como “semana trágica”, posiblemente, se debe al estudio de Josep Benet sobre el poeta Joan Maragall de 1963 titulado Maragall i la Setmana Tràgica, y la magnífica investigación de la profesora norteamericana Joan Connelly Ullman, The Tragic Week: a study of Anti-Clericalism in Spain de 1968. De hecho, la última semana de julio de 1909 es un referente de la historia política española del siglo XX, en el que se entrecruzan política colonial y movimiento antiimperialista, la pugna entre clericales y anticlericales, el fracaso del proyecto del líder conservador y presidente Antonio Maura de regenerar el sistema político de la Restauración, y el intento de revolución republicana más relevante, hasta la proclamación de la segunda República el 14 de abril de 1931; una revolución republicana que, en cierta manera, se ha visto minusvalorada por la historiografía.

¿Por qué la revolución quedó confinada a Barcelona?

El inicio del conflicto sorprendió al Gobierno, ya que el presidente, Maura, se encontraba de vacaciones, mientras que el ministro de gobernación, figura equivalente al actual ministerio del interior, Juan de la Cierva ejercía la jefatura del gobierno en funciones. Éste temía que la huelga general revolucionaria que afectaba a gran parte de Cataluña se expandiese al resto de España. Por tanto, explica en sus memorias que dejó que circulase el rumor de que se trataba de un movimiento separatista.

El bulo era totalmente infundado, tal como muestra el hecho que, el jueves 29 de julio, cuando un grupo de insurrectos, mayoritariamente libertarios, asaltaron en Barcelona el local del batallón de la libertad se apoderaron de una gran bandera española que pasearon por la ciudad. Sin embargo, la mayor parte de los españoles del período se lo creyeron por el apabullante éxito de la candidatura de Solidaritat Catalana, en las elecciones de 1907. Ésta era una plataforma electoral que unió desde republicanos federales a carlistas con el objetivo de derogar la ley de jurisdicciones, y aprobar un cierto autogobierno para Cataluña; unas reivindicaciones que eran presentadas como separatistas por los partidarios del sistema políticamente centralista y culturalmente uniformador del período de la Restauración.

“Para evitar que la revolución se extendiera al resto de España el entonces presidente en funciones -Juan de la Cierva- dejó circular el rumor de que se trataba de un movimiento separatista”

La posibilidad de que se tratase de un movimiento secesionista conllevó el inició de un boicot en contra de los productos catalanes que no finalizó hasta que el jefe del Gobierno, Maura, explicó que eran los catalanes los principales afectados por los hechos revolucionarios. En 1909, paradójicamente, habría generado más patriotismo la posibilidad de abortar una presunta rebelión separatista catalana que el tradicional espíritu bélico que surgía cuando las tropas españolas se enfrentaban a los marroquíes, que en aquel período eran identificados genéricamente como moros.

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Los dirigentes políticos rechazan la posibilidad de proclamar la República en 1909.

¿Qué papel tuvo el anticlericalismo en la revuelta?

Una de las aportaciones de mi investigación ha sido un intento de “cartografiar” la huelga y el movimiento revolucionario, con mapas de las poblaciones que apoyaron la huelga general, de las que actuaron los republicanos y de las afectadas por actos anticlericales. La huelga general abarcó a la mayor parte de Cataluña. En cambio, el movimiento republicano y el anticlerical fueron más limitados. El primero tuvo como epicentro la ciudad de Sabadell y algunas poblaciones gerundenses, mientras que el segundo se centró en la capital catalana.

st-4La huelga se transformó en algunas poblaciones catalanas en un movimiento anticlerical más interesado en la destrucción de edificios y de símbolos católicos que en el asesinato de los religiosos/as. En cambio, durante la Guerra Civil, atacaron tanto a los edificios y los símbolos, como a las personas.

Los principales líderes republicanos barceloneses se negaron a encabezarlo. Su negativa a liderar el movimiento revolucionario ha generado diversas interpretaciones. Los republicanos lerrouxistas eran el principal partido entre el proletariado barcelonés y Connelly Ullman defiende la tesis que sus principales dirigentes habrían optado por transformar la huelga general en una rebelión anticlerical, para evitar el inicio de una verdadera revolución que podía resultar muy peligrosa para sus intereses, si no triunfaba.

En cambio, Josep Benet, Joaquín Romero-Maura o Joan Baptista Culla sostienen que los organizadores de la huelga general buscaron el apoyo de los lerrouxistas, pero éstos, de la misma manera que hicieron los republicanos catalanistas, no quisieron asumir la responsabilidad de dirigir el movimiento revolucionario, con lo que la huelga general se transformó en un movimiento acéfalo y caótico, en el que estalló el movimiento anticlerical.

“La revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917″

¿Hasta qué punto fue un movimiento espontáneo u organizado?

No puedo afirmar si fue espontáneo o planificado, pero sí que puso de manifiesto que los dirigentes obreristas no estaban preparados para dirigirlo. A partir de estos sucesos, los republicanos catalanistas y especialmente los lerrouxistas perdieron gran parte de su capacidad de influencia en el obrerismo catalán. De hecho, tanto los coetáneos como la historiografía actual no se han puesto de acuerdo en si se trató de un movimiento espontáneo u organizado.

Posiblemente, porqué existió una organización para iniciar la huelga general, con un Comité integrado por Antonio Fabra Ribas de la Federación Socialista catalana del PSOE, por Miguel Villalobos Moreno, que en realidad se llamaba Miguel Sánchez González, y era el representante de Solidaridad Obrera, mientras que el tercero no sabemos si era Francisco Miranda o José Rodríguez Romero, pero uno de los dos sería el designado por los anarquistas para formar parte del Comité.

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Francisco Ferrer i Guardia detenido.

Miranda, Rodríguez Romero y Miguel Villalobos Moreno estaban muy vinculados a Francisco Ferrer y Guardia. No obstante, de lo que no hay duda es que cuando la huelga general en contra de la guerra se transformó en un movimiento revolucionario le faltó dirección.

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¿Fue más importante este episodio que la huelga de 1917? ¿Por qué?

Es discutible, pero pienso que la revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917. Ésta tuvo un impacto más amplio que la de 1909, ya que afectó a Madrid, Barcelona, Sabadell, Bilbao, Villena, Sax, Yecla, Riotinto, Nerva, Zaragoza, Asturias, entre otros territorios. Sin embargo, no hubo movimiento anticlerical, y tampoco proclamaciones republicanas. De hecho, el oficial de la Guardia Civil Modesto de Lara Molina que vivió ambos sucesos aseguraba que: «1909 fue más anárquico, más vergonzoso, más sangriento».

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Además, el contexto internacional de 1909 era muy distinto al de 1917. En 1910, la revolución republicana portuguesa triunfó con un movimiento revolucionario relativamente parecido al iniciado en Barcelona en julio de 1909, aunque menos sangriento. En cambio, en 1917, en plena Gran Guerra, los gobiernos de la Entente, y especialmente el francés, no eran partidarios de desestabilizar a la monarquía española.

Asimismo, más allá del interés común, tanto en el gobierno de París como en el de Madrid, de mantener pacificados y bajo control los correspondientes protectorados marroquíes. Por tanto, las autoridades españolas sabían que no habría protestas internacionales por la represión contra los huelguistas.

¿La podemos considerar el preludio de la Guerra Civil?

La revolución de julio de 1909 fue el primer gran aviso de la guerra que se inició al cabo de veintisiete años.

El rastro de las destrucciones, es decir, las heridas físicas de la revolución desaparecieron rápidamente, ya que los edificios incendiados fueron reparados y/o reconstruidos, así como las vías del ferrocarril, las líneas telegráficas, los pavimentos arrancados y la iluminación pública destruida. Los detenidos acabaron por ser indultados y los cinco ejecutados cayeron en el olvido, excepto el pedagogo y dirigente revolucionario Ferrer y Guardia.

Las heridas gangrenadas fueron las doctrinales, ya que el movimiento anticlerical y revolucionario, así como su posterior represión impulsaron, tanto entre las izquierdas revolucionarias como en las derechas reaccionarias, discursos excluyentes, maniqueos y autocomplacientes que únicamente eran realizables con la eliminación de sus respectivos rivales.

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