PERO… ¿QUÉ VOTAN MAÑANA EXACTAMENTE LOS ITALIANOS?

diciembre 3, 2016

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Matteo Renzi durante una rueda de prensa (foto de Agenda Pública).

LOS ITALIANOS HAN SIDO CONVOCADOS A LAS URNAS en un referéndum complejo que puede decidir la suerte de Matteo Renzi, su primer ministro.

A continuación reproducimos el artículo de Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat,  catedrático de catedrático de Ciencia Política, publicado en Agenda Pública el pasado 10 de noviembre y que ofrece un excelente análisis sobre el plebiscito y sus implicaciones.

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Y ahora, la reforma constitucional de Renzi

La reforma parcial de la Constitución italiana que se someterá a referéndum el 4 de diciembre tiene objetivamente pros y contras, pero el problema político que ha desencadenado es el de la hoy insalvable fractura entre el frente del “sí” (los partidarios de Matteo Renzi) y los del “no” (un heterogéneo conglomerado que incluye a opositores de todo tipo). En otras palabras, más allá de los aspectos técnicos discutibles de la reforma- que los hay- se está desarrollando una campaña esquemática, maniquea y descalificadora, de ahí que, sea cual sea el resultado, dejará un poso negativo.

El primer error de Renzi ha sido el de mezclar en una sola consulta popular dos cuestiones realmente muy diferentes: la supresión del bicameralismo paritario y el recorte de la autonomía regional. En principio, los dos objetivos gozaban de consenso social mayoritario (60% antes del verano), pero  con el paso del tiempo el actual equilibrio técnico entre ambas posiciones hace imprevisible el resultado final, en una consulta que tampoco suscita una gran movilización. El segundo error de Renzi fue el de personalizar la consulta al señalar que, en caso de derrota, cesaría como Primer Ministro, algo que después rectificó, pero que no ha podido impedir una dinámica polarizada (a favor/ en contra de Renzi), lo que ha reducido el referéndum constitucional a un mero plebiscito personal de carácter instrumental en el que la pregunta concreta es secundaria.

La propuesta de acabar con el anacrónico bicameralismo perfecto tiene mucho sentido ya que el actual modelo constitucional, aparte de insólito en las democracias pluralistas, es del todo disfuncional puesto que dificulta la formación y estabilidad de los gobiernos y complica innecesariamente el procedimiento legislativo. El problema es que la alternativa propuesta ha copiado (mal) el modelo alemán del Bundesrat. En esta reducida (tan solo 69 miembros) y especializada cámara alta están presentes delegados de los Gobiernos regionales de los Länder, lo que se ha revelado muy eficaz y práctico para la negociación interterritorial. El Senado de Renzi, de cien miembros, integra a 74 representantes de los Consejos regionales (Parlamentos)- no de los Gobiernos regionales- y a 21 representantes de los alcaldes (más los cinco vitalicios), con lo que se da paso a un extraño modelo mixto al incorporar tal cuota local.

Por su parte, es mucho más criticable la reforma regional – que, por ejemplo, resultaría políticamente explosiva en España- toda vez que se propone recentralizar competencias. En efecto, es como si el actual centroizquierda gobernante se hubiera arrepentido de la bastante avanzada reforma constitucional del regionalismo hecha en 2001 puesto que el proyecto actual amplía competencias exclusivas del Estado central, elimina las competencias concurrentes al alegarse problemas constantes de interpretación y da un genérico poder de intervención a aquel en aras de un indeterminado “interés nacional”.

El problema son las exageraciones y las descalificaciones a veces crispadas que se están viendo en la campaña: los partidarios del sí hacen notoria demagogia sobre el “abaratamiento” de los costes de la política que supondrá reducir el Senado a cien miembros (frente a los 315 actuales, además de los cinco vitalicios) – los del no afirman que bastaría reducir el sueldo a todos los parlamentarios sin tocar la Constitución para conseguir el mismo efecto- y alertan sobre hipotéticos riesgos de inmovilismo permanente (si no se hace ahora la reforma, no se hará nunca) e incluso involución en caso de que sus propuestas no sean aprobadas. Por su parte, los favorables al no afirman con tonos incluso apocalípticos que el nuevo Senado será “antidemocrático” y que si Renzi se sale con la suya su supuesto proyecto decisionista neoautoritario (el “partito della Nazione”) será imparable. En el primer caso, los críticos hacen dos afirmaciones erróneas: 1) que un Senado de elección indirecta es antidemocrático y 2) que una cámara tan pequeña en comparación con una baja tan enorme (630 diputados) genera un desequilibrio sin parangón en el mundo democrático. Basta señalar, una vez más, el ejemplo delBundesrat alemán (en el que se dan los dos hechos criticados) para desmentir tal tesis puesto que nadie considera que la cámara alta alemana sea “antidemocrática” (la cámara baja alemana tiene actualmente 630 miembros).

Lo más sorprendente es el alineamiento estratégico objetivo de todos los grupos anti-Renzi que van desde el inclasificable Movimento 5 Stelle de Beppe Grillo, pasando por la derecha radical populista de la Lega Nord de Matteo Salvini, hasta Forza Italia de Silvio Berlusconi, aunque en este último caso con notoria ambigüedad calculada. Sin embargo, lo más llamativo es la disidencia interna del Partito Democratico (en general, de la “vieja guardia” ex comunista) y la frontal oposición de notorios intelectuales progresistas: desde Massimo D’Alema (el campeón del rechazo) hasta Pier Luigi Bersani (en este caso, con matices: él  podría pasarse al “sí” si Renzi cambiara la actual  ley electoral, el “Italicum”) en el caso del Partito Democratico , hasta las severas y constantes descalificaciones técnicas y políticas de especialistas de relieve como Gustavo Zagrebelsky, Gianfranco Pasquino o Stefano Rodotà. Esta  circunstancial coincidencia de tantas oposiciones pone de relieve dos problemas: 1) la “sacralización” de la Costituzione più bella del mondo, lo que es algo excesivo y erróneo, y 2) la simplificación maniquea y esquemática que siempre tienen todoslos referéndums, como se ha podido ver en el Reino Unido, Holanda, Hungría o Colombia muy recientemente.

En suma, todo este heterogéneo conglomerado opositor está teniendo cada vez más protagonismo en la campaña, de ahí que en estos momentos el desenlace político para Italia sea del todo imprevisible ante esta crucial convocatoria.


HOFER Y LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA. ¿POR QUÉ CRECE EL FPÖ?*

noviembre 30, 2016

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Cartel de la campaña electoral de los comicios de abril del candidao del FPÖ con el lema “En defensa de Austria. Tu patria te necesita ahora”.

Ante la repetición de los comicios presidenciales en Austria el próximo domingo, recuperamos el artículo que publicamos en relación a los mismos cuando se celebraron el pasado 24 de abril, ya que las tesis que sostenemos no han perdido vigencia.

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LOS COMICIOS PRESIDENCIALES DE AUSTRIA HAN CONMOCIONADO A EUROPA porque el candidato del ultraderechista Partido de la Libertad (FPÖ), Norbert Hofer, venció en la primera vuelta con el 35% de los votos y fue derrotado in extremis en la segunda (con un 49,7%) por su rival, el ecologista Alexander van der Bellen. ¿Cómo explicar este hecho?

El tema de los refugiados ha influido, pero no basta para justificarlo, ni tampoco la crisis económica: el país tiene un 5,8% de paro. De hecho, las formaciones de este espectro están ausentes en cuatro países rescatados (Irlanda, Portugal, España y Chipre) y su presencia es acotada en Grecia (7% de votos a Amanecer Dorado y 4,8% a Griego Independientes, ANEL). Se impone, pues, un análisis más complejo. Veámoslo.

De marginales a centrales

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la extrema derecha o derecha populista ya no es marginal. Lo reflejaron los comicios europeos del 2014: el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) captó el 26,7% de los votos, el Partido Popular Danés (DF), el 26,6%; el Frente Nacional (FN) lepenista el 24,8% y el FPÖ el 19,7%. Además, desde el 2015 gobierna Polonia el reaccionario partido Ley y Justicia (PiS), que lidera Jaroslaw Kaczynski (ese año obtuvo el 37,7% de votos). Asimismo, en Hungría lo hace desde el 2010 Víktor Orbán (Viktátor para sus detractores), cuya Unión Cívica Húngara (Fidesz) experimenta una radicalización derechista y captó el 45% de votos el 2014.

Esta cartografía indica una aceptación social creciente de formaciones de derecha populista, muchas de cuyas siglas gozan de arraigo. Así, en 1973 ya ingresaron en el parlamento el Partido del Progreso en Dinamarca (origen del actual DF) con el 16% de votos y el de Noruega (FrP), con el 5%. Ambos agitaron la protesta fiscal y contra el ‘establishment’ y al exigir que las prestaciones sociales fueran para autóctonos configuraron un “chauvinismo del bienestar”. Una década después, en los comicios europeos de 1984 el FN logró un 11% de sufragios y se integró en la escena gala. A la vez, el FPÖ (formación con una ala liberal y otra nacionalista) conoció un giro populista en 1986 con Jorg Haider y captó el 10% de votos ese año. Así, tras décadas de existencia, estos partidos gozan ya de electorado fidelizado.

Los móviles: protesta e identidad

En segundo lugar, la extrema derecha cuenta con dos pilares de movilización: la afirmación de la “identidad nacional” y elrechazo a las élites tradicionales, que también ilustra el ascenso del FPÖ. De este modo, el politólogo Gaël Brustier remarca que su ultranacionalismo se enmarca en un país de lenta toma de conciencia nacional, pues aunque la actual república se constituyó en 1918, su acta de nacimiento fue un tratado de 1955 que puso fin a su ocupación aliada tras la segunda guerra mundial. Así, el FPÖ une a su islamofobia, antieuropeísmo y rechazo a los refugiados, un nacionalismo exaltado que incluye la reivindicación del Tirol del Sur italiano. A la vez, denuncia a los partidos tradicionales, cuestionando el Proporzsystem (un reparto de cargos institucionales en función de los votos), cuyos beneficios han monopolizado largo tiempo socialdemócratas (SPÖ) y conservadores (ÖVP). Ambas fuerzas, que gobiernan coaligadas, conocen una erosión y la primera vuelta de los comicios presidenciales solo sumaron el 22,4% de votos.

Sin embargo, el discurso de la derecha populista es distinto al de la izquierda. ¿En qué sentido? Porque no solo se limita a denunciar a las élites ante el “pueblo llano” por secuestrar presuntamente sus derechos políticos y sociales, sino que –como señala el politólogo Pierre-André Taguieff– también las denuncia por favorecer la inmigración y el multiculturalismo, constituyendo un imaginario “partido del extranjero” traidor a la nación. Este antielitismo asociado a la xenofobia proyecta un nuevo enemigo: el extranjero-invasor.

¿Fascismo o reacción antiglobalización?

En tercer lugar, el éxito de la derecha populista radica en constituir un exitoso movimiento contra la globalización que no se define como tal, muy diferente de los fascismos. Estos últimos emergieron en los años de entreguerras, en un marco de industrialización y de clases sociales nítidas, manifestaron una vocación totalitaria y su eje aglutinador fue el anticomunismo.

En cambio, la nueva derecha populista irrumpe en la era postindustrial, de clases sociales desdibujadas y con el comunismo extinto. Rechaza oficialmente el racismo y asume un singular “elogio de la diferencia”: afirma querer preservar la diversidad cultural evitando mestizajes para que las comunidades foráneas regresen a sus países de origen. Asimismo, a diferencia del fascismo, no desea un individuo pasivo, sino que le exhorta a movilizarse en las urnas y exalta el referéndum para manifestar la voluntad popular. Tal apuesta puede legitimar la exclusión, como testimonió, un plebiscito que promovió la Unión Democrática de Centro [UDC/SVP] suiza el 2000 en Emmen: sus habitantes decidieron si naturalizaban a 52 residentes extranjeros, rechazando a 48.

En definitiva, este espectro ideológico quiere erigirse en defensora del “hombre de la calle” ante las amenazas de la mundialización: económicas (flujos migratorios, deslocalizaciones industriales, competencia comercial), políticas (cesiones de soberanía a entes supranacionales, notablemente la Unión Europea) y culturales (presencia del Islam, multiculturalismo). El resultado, como indica el politólogo Cass Mudde, es que son las fuerzas de oposición a la globalización de más éxito electoral.

Un voto transversal

En cuarto lugar, entre su electorado tiende a estar sobrerrepresentado el masculino, urbano, joven y de bajo nivel de estudios. Parte de sus votantes no se considera ni de derecha ni de izquierda, de ahí que la politóloga Nonna Mayer les designe como “ninistas”.

Paralelamente, la asunción de la islamofobia por la derecha populista ha atraído un apoyo femenino y de ámbitos homosexuales al temer que el Islam genere un retroceso en libertad sexual e igualdad de género. Pero el rasgo más llamativo de estos partidos es su gran voto obrero, que –por ejemplo– representó el 31% del cosechado por Marine Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas del 2012.

En general, los apoyos de estas fuerzas, siguiendo al también politólogo Pascal Perrineau, proceden del impacto de cinco grandes fracturas. La económica, que opone a beneficiarios y perdedores de la mundialización. La nacionalista, que opone a quienes desean ampliar la obertura internacional de la sociedad con sus detractores. La cultural, que confronta a partidarios de valores antiautoritarios y defensores de los tradicionales. La geográfica, que configura zonas desindustrializadas y marginadas de las insertas en una economía dinámica y global. Y la política, ya citada, que opone a defensores de culturas de gobierno y a los desencantados con la política tradicional que apuestan por culturas antisistema.

Una realidad poliédrica

En suma, actualmente amplios sectores sociales apoyan a la derecha populista debido a dinámicas locales y globales, lo que favorece su normalización y respetabilidad. Esta realidad es igualmente visible en EEUU con Donald Trump: un gestor multimillonario de perfil antagónico al de un político profesional, antielitista y que ha alineado al Partido Republicano con un extremismo inquietante.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (29/V/2016) con el título “¡Heil Europa!” Es interesante el artículo de complemento “Los 12 rostros de la Europa ultra”, en el mismo diario.


ASÍ FUE LA VOLADURA CONTROLADA DEL FRANQUISMO*

noviembre 24, 2016

MADRID ADOLFO SUAREZ EN EL MOMENTO DE PRESTAR JURAMENTO DE SU CARGO COMO PRESIDENTE DEL GOBIERNO ANTE EL REY DON JUAN CARLOS LE TOMA JURAMENTO EL PRESIDENTE DEL CONSEJO DEL REINO TORCUATO FERNANDEZ MIRANDA FOTO EUROPAPRESS

Adolfo Suárez jura como presidente ante el Rey y Torcuato Fernández-Miranda el 5 de julio de 1976 (foto de Europa Press).

EL 18 DE NOVIEMBRE DE 1976, dos días antes del primer aniversario de la muerte de Franco, su régimen conoció una voladura controlada, pues ese día las Cortes aprobaron la Ley para la Reforma Política. La había promovido Juan Carlos I y diseñado Torcuato Fernández-Miranda (presidente del Consejo del Reino y estrecho colaborador del Rey), mientras el presidente Adolfo Suárez se encargó de que llegara a puerto.

Un mes después de esta votación, el 15 de diciembre, un referéndum aprobó la ley con una participación del 77,7% y un sí abrumador (94,4%). Quedó libre así el camino para transitar hacia la democracia y el 15 de junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones del posfranquismo. ¿Pero cómo fue posible este proceso tan rápido?

La fórmula mágica: “De la ley a la ley”

El cambio fue viable gracias a un artificio que Fernández-Miranda plasmó en la fórmula «de la ley a la ley». Indicó de este modo que no debía existir vacío legal en la evolución de la dictadura a la democracia. En este sentido, la Ley para la Reforma era esencial porque permitía modificar las leyes fundamentales del franquismo y acabar con sus instituciones. Pero antes de someter la ley a las Cortes, Suárez tuvo que lidiar con un Ejército reacio a la iniciativa.

Se reunió con la cúpula castrense el 8 de septiembre y logró convencerla de la bondad de su proyecto. Pese a ello, el día 23 dimitió el vicepresidente, el general Fernando de Santiago, al oponerse a la legalización de los sindicatos. Suárez capeó el temporal sustituyéndole por el general Manuel Gutiérrez Mellado, que se convirtió en su brazo derecho. Sorteado este importante escollo, el Gobierno sometió la Ley para la Reforma a las Cortes.

Las Cortes: ¿Un suicidio voluntario?

El hemiciclo la aprobó por amplia mayoría (425 votos favorables, 59 contrarios y 13 abstenciones), lo que plantea una importante pregunta: ¿por qué los procuradores de las Cortes que Franco creó en 1942 votaron dócilmente su fin y el del régimen? Se ha señalado que en tal decisión confluyeron varios factores. Por una parte, entre 1967 y 1971 se incorporaron al hemiciclo jóvenes procuradores proclives a un cambio político. Por otra parte, el Gobierno maniobró hábilmente. Así, advirtió a los procuradores que los tiempos cambiaban y animó a algunos de ellos a presentarse a futuras elecciones y les hizo creer que el Gobierno les ayudaría: «Si yo no hubiera tenido a mano escaños de senador para ofrecer a los procuradores, ¿cómo habría sacado adelante la reforma política?», manifestó Suárez.

En realidad, en las Cortes elegidas en 1977 solo tuvieron un escaño 37 exprocuradores. El Ejecutivo recurrió también a ardides formales, de modo que la votación de la ley no fue secreta, sino nominal (para dejar en evidencia a quienes se opusieran). Igualmente, el Gobierno logró el voto crucial del grupo de 183 procuradores que formaban Alianza Popular (una federación de partidos liderada por Fragaque se había constituido en octubre) al pactar con ellos el sistema de elección de las futuras Cortes democráticas. Por último, se ha subrayado que Suárez triunfó al presentar la aprobación de la ley como una cuestión decisiva, lo que le aportó muchos votos favorables.

No obstante, existe un aspecto menos conocido que podría contribuir a explicar el suicidio de las Cortes. Nos referimos a que se tiene constancia de que procuradores reacios a aprobar la Ley fueron extorsionados con dosieres desde el servicio de inteligencia (el SECED). Uno de sus miembros en la época afirmó que «eso de que las Cortes de Franco se hicieron el harakiri…, no se lo hicieron, es que a muchos les chantajearon».

Esta presión invisible quizá hace más comprensible cierta confusión que rodeó el éxito de la Reforma en las Cortes. Lo ilustró la reflexión de su vicepresidente, el conde de Mayalde, cuando le dijo al procurador Baldomero Palomares: «Baldomero, yo con estos follones ya no sé si soy de los nuestros».

¿La ley electoral: un legado franquista?

Sin embargo, cuando hoy se alude al fin de aquellas Cortes, se olvida que las bases del sistema electoral vigente fueron acordadas entonces. Como hemos visto, Suárez lo pactó con AP para aprobar la Ley para la Reforma y las primeras Cortes electas lo asumieron en buena medida. El constitucionalista Javier Pérez Royo ha descrito esta realidad en términos diáfanos: «Las Cortes Constituyentes se limitaron a hacer suyas las Cortes Generales definidas en su composición y sistema electoral por unas Cortes antidemocráticas y anticonstitucionales». En suma, este legado apenas conocido influye aún en las urnas.

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* Este artículo fue publicado originalmente como “La voladura controlada del franquismo”, El Periódico (17/XI/2016).

 


TRUMP Y LOS POPULISTAS EUROPEOS: ¿VOLVEMOS A LOS AÑOS TREINTA?*

noviembre 16, 2016

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Marine Le Pen y Donald Trump: ¿Encarnan un regreso a la era de los fascismos?

EL TRIUNFO DE DONALD TRUMP EN LOS EE.UU. y el ascenso de la derecha populista en Europa y más allá del continente (el partido Una Nación ha logrado este año en Australia el 4.3% de los votos del Senado) indican un aparente regreso a los fascismos de entreguerras. ¿La razón?

Presentan liderazgos fuertes con un discurso político que pretende situarse al margen de la dicotomía derecha-izquierda y combina xenofobia y exaltación nacionalista con ataques al Establishment y a las élites. ¿Pero asistimos realmente a un regreso en treinta? Más allá de estos parecidos hay diferencias importantes que proyectan un fenómeno de rasgos nuevos.

Del anticomunismo a la antiglobalización

redEn primer lugar, los contextos son muy diferentes. El fascismo surgió en una sociedad que se industrializaba, con una inmigración masiva del campo a la ciudad y una polarización política y social extrema marcada por la eclosión del comunismo. En cambio, la nueva ultraderecha irrumpe en una sociedad que se desindustrialitza y las clases sociales, apunta el politólogo Piero Ignazi, no están “muy definidas en sus contornos, ni tampoco son centrales como en el pasado”. Y si antes la amenaza era la revolución marxista, ahora lo es el efecto devastador de la globalización, que destruye ocupación y genera una bolsa creciente de perdedores.

En este escenario, y a diferencia de los totalitarismos de los años treinta, la derecha populista no otorga un papel central al Estado. De hecho, es ambivalente sobre su rol: quiere que intervenga de forma limitada en la economía, pero que sea activo para garantizar prestaciones sociales por los autóctonos o proteger fronteras. En última instancia, percibe al Estado como el gran baluarte ante corrientes migratorias y culturas foráneas, las deslocalizaciones industriales y la competencia extranjera o las entidades y acuerdos internacionales que depreden la soberanía.

De la diferencia racial a la cultural

antismeitismEn segundo lugar, si los fascismos asumieron cosmovisiones racistas, la derecha populista las rechaza de forma oficial. En contrapartida, enfatiza las diferencias culturales y, simplificando, quiere evitar mestizajes para que en un futuro no lejano las comunidades foráneas vuelvan a sus países de origen. Y en el caso de los musulmanes manifiesta una oposición frontal: proclama que no se pueden integrar al tener una religión retrógrada y de conquista.

Este rechazo del multiculturalismo y de los flujos migratorios vertebra el discurso ultraderechista porque su diana no son tanto “los de arriba” (las élites), como “los de en frente” (los extranjeros). Ahora, advierte el sociólogo Pierre-André Taguieff, “las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como ‘el partido del extranjero’”. Por tanto, defender la identidad nacional pasa para denunciar una pretendida “invasión” migratoria y, con ella, a las élites que lo favorecen.

De destruir la democracia a exigir hiperdemocracia

reichstagEn tercer lugar, los fascismos acabaron con los regímenes democráticos y querían una sociedad muda y pasiva, disciplinada y encuadrada en organizaciones de masas. En cambio, la ultraderecha actual hace un llamamiento constante a la movilización ciudadana para que vaya a las urnas.

Cómo señalan los politólogos Yves Mèny y Yves Surel, para la derecha populista “si el pueblo es la fuente de poder, nada puede contener su capacidad de decidir y de cuestionar”. Y ve la mejor forma de expresarla en los plebiscitos, dado que en ellos la ciudadanía no vota mediatizada por los partidos y sus intereses.

La nueva ultraderecha, pues, no rechaza en bloque el legado de la Ilustración, sino que  hace una lectura selectiva del mismo al dar protagonismo decisivo a la “voz del pueblo”. Pero no por ello deja de cuestionar los valores ilustrados que fundamentan las democracias actuales, como la igualdad, la tolerancia o el pluralismo.

Qué futuro político podemos esperar?

Los cambios descritos hacen que sea difícil prever los regímenes que pueden instaurar estas fuerzas populistas, pero se divisa un tipo de “neobonapartismo plebiscitario”. Con esta expresión queremos a aludir a regímenes de cariz presidencialista y nacionalista, dirigidos por líderes que limiten las libertades, rehúyan controles parlamentarios y aprueben decisiones polémicas mediante referéndums.

En cierta medida, un ejemplo de esta tendencia se puede apreciar en Hungría. Allí Viktor Orbán cada vez concentra más poder, ha hecho construir una valla de 175 km con Serbia para parar a los refugiados y en octubre convocó un plebiscito para oponerse a la política migratoria de la UE. En suma, como alerta el ensayista Anne Applebaum, en el futuro quizás “dejen de existir la democracia liberal y con ella Occidente, tal como los conocemos”.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán. Véase “Trump i els altres: retorn als anys 30?”, Ara (12/XI/2016)


LA MARGINALIDAD DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA*

noviembre 9, 2016
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Ilustración de Leonard Beard de este artíulo en El Periódico (7/XI/2016).

ESPAÑA APARENTEMENTE CUMPLE TODOS LOS REQUISITOS asociados al ascenso de la ultraderecha: gran impacto de la crisis económica, numerosos casos de corrupción política, rechazo de las élites tradicionales, 4,4 millones de extranjeros, una tasa de paro del 19,6% (44% la juvenil) y un 28,6% de ciudadanos en riesgo de pobreza. Con tales indicadores sorprende que no irrumpa aquí un partido importante de este signo. ¿Cuáles son las razones?

La ultraderecha y el PP

La respuesta habitual es quela extrema derecha se halla «dentro del PP». Ciertamente este partido ‘sateliza’ el voto de este ámbito desde 1982 e incluso en algunos lugares centra su mensaje en la inmigración y la seguridad, como en Badalona (tercera urbe catalana en población). Pero, desde nuestra óptica, la ausencia de la ultraderecha en las instituciones se explica por la trayectoria que este ámbito experimentó desde 1975.

pinarY es que tras fallecer el dictador este espectro ideológico se articuló en torno a Fuerza Nueva (FN), el partido liderado por Blas Piñar. Su resultado en los comicios de 1977 fue irrelevante, pues compitió con la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga que buscaba el voto del llamado ‘franquismo sociológico’.

Pero en las elecciones de 1979 Piñar obtuvo casi 380.000 votos y un escaño, un inicio prometedor que truncó su debacle en las elecciones de 1982, cuando Fraga aglutinó el voto útil antisocialista y FN se disolvió, marcando la entrada de la ultraderecha española en la atonía y la marginalidad.

Guerra y dictadura

Así las cosas, el discurso que este universo político codificó durante la Transición lastró su modernización ideológica y -con ella- sus posibilidades de éxito. Nos referimos a su reivindicación de la dictadura (visible en la consigna “Franco resucita, España te necesita’), su invocación a volver a las trincheras de la guerra civil y su ultracatolicismo.

Además, este último (al sostener la igualdad de los hombres ante Dios) dificultó aquí el arraigo de mensajes xenófobos y antiinmigración que galvanizaban a la derecha populista europea. Tal cosa era ya de por sí difícil porque nuestro país experimentó una emigración masiva de población en los años 60: ¿cómo estigmatizar, pues, a los emigrantes si muchos españoles lo eran?

ruiz-mateoAl disolverse FN dejaron la política sus seguidores de mediana edad, de forma que este espacio ideológico quedó fracturado generacionalmente entre una masa juvenil y otra formada por ancianos, careciendo de activistas de edades intermedias que hicieran de puente entre ambas. Esta división se solapó a otra que oponía a los sectores que asumían el discurso ‘piñarista’ con los que deseaban arrinconar la nostalgia y adoptar fórmulas triunfantes en Europa, siendo Jean-Marie Le Pen su gran referente.

La marginalidad de este espectro se acentuó al hacer eclosión dos liderazgos populistas protestatarios: José María Ruiz Mateos en los comicios europeos de 1989 (captó más de 600.000 votos y dos escaños) y Jesús Gil en los locales de 1991 en Marbella. El resultado fue que desde 1982 la ultraderecha quedó atomizaday eclipsada en España y su ausencia de las instituciones obedece a causas históricas en buena medida.

El “fenómeno Anglada”

cartelEsta situación solo cambió con los comicios locales del 2003, cuando Plataforma per Catalunya (PxC) irrumpió en cuatro consistorios liderada por un expiñarista, Josep Anglada, y pareció que una derecha populista podía despuntar en España. Su discurso centrado en la inmigración (notablemente musulmana), orden público y denuncia de las élites cuajó y PxC penetró en el 2011 en el área metropolitana.

Pero en las elecciones locales del 2015 se colapsó al confluir una crisis interna con una agenda marcada por el secesionismo (que hizo perder protagonismo a la inmigración en la agenda) y la eclosión de nuevas siglas que canalizaron la protesta contra el ‘establishment’.

¿Puede cambiar esta situación a corto y medio plazo? La respuesta es un ‘no’ cauteloso. La política actual es muy fluida, conoce súbitos cambios de calado y el electorado se muestra poco fiel a nuevas y viejas siglas, lo que impide formular pronósticos duraderos.  Asimismo, la experiencia de PxC y el resultado de Vox (una escisión del PP que en los comicios europeos del 2014 captó casi 245.000 votos) indican que eventuales derechas diferentes a la que encarna el PP pueden tener apoyos electorales significativos. Ahora bien, otra cosa muy distinta es que tales opciones surjan y los consigan.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (7/XI/2016).


PSOE Y PODEMOS, DOS IZQUIERDAS OPUESTAS*

noviembre 2, 2016

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LA DECISIÓN DE ABSTENERSE DEL COMITÉ FEDERAL DEL PSOE en la investidura de Mariano Rajoy configura esta formación como una izquierda cada vez más antitética a la que encarna Podemos. Lo afirmamos en tres aspectos vinculados entre si: el electorado, la articulación territorial y una actitud opuesta ante la disyuntiva de apuntalar el sistema o reformarlo, como exponemos a continuación.

Electorado: la brecha generacional

juventud-podemosEl politólogo Oriol Bartomeus ha analizado la importante brecha generacional que existe entre el electorado de viejos y nuevos partidos, bien ilustrada por el PSOE y Podemos. Entre el 2003 y el 2015 los votantes menores de 35 años del primero pasaron del 25% al 8.6%, mientras los mayores de 65 años ascendieron del 24.7% al 43.7%. En cambio, Podemos -según un barómetro del CIS del mayo pasado- tendría un 35% de menores de 35 años. Además, diferentes estudios han destacado que a Podemos tiene mayor presencia de voto joven urbano de estudios superiores.

Los electorados de ambos partidos también son distintos territorialmente. En los comicios de junio de 2016 Podemos mostró gran prédica a la periferia, visible en sus resultados del País Vasco (29% del voto total), Valencia y Baleares (25.3% en cada comunidad), Cataluña (24.5%) y Galicia (22.2%). En cambio, el PSOE es cada vez más meridional, como acreditan el liderazgo de Susana Díaz y el peso del sur en sus 85 diputados. Andalucía (31.2%) aporta 20 y 5 Extremadura (34.5%), de modo que ambas comunidades superan los 24 que representan el grueso de la periferia (7 Cataluña, 6 Galicia y 6 más Valencia, 3 el País Vasco y 2 Baleares).

Estructura: centro versus periferia

spot-en-comu-podemEstas bases electorales conforman dos izquierdas de diferente articulación territorial, dado que el importante voto periférico de Podemos se ha traducido en “confluencias” con otras formaciones, hasta el punto de desaparecer el rótulo del partido a las últimas elecciones gallegas.

Esta opción, que contrasta con la estructura del PSOE, parece un viaje  hacia el pasado. ¿En qué sentido? Cuando se articuló el PSOE entre 1976 y 1978 existía una Conferencia Socialista Ibérica que afirmó que su modelo de partido era federal y originó la Federación de Partidos Socialistas [FPS]. Esta entidad agrupó fuerzas como Eusko Socialistak, el PSC-Congrés [PSC-C], el Partit Socialista del País Valencià [PSPV] o el Partit Socialista de les Illes.

Pero las divergencias en el seno de la FPS favorecieron la entente de parte de sus fuerzas con el PSOE (como el PSC-C y el PSPV), lo que eclipsó la eventual configuración de un socialismo más plural y que 40 años después parece tomar corporeidad con Podemos.

¿El sistema: Pilar o ariete?

susana-diazAnte la crisis del sistema político instaurado en la Transición, un PSOE dividido ha optado por favorecer la investidura de Rajoy sin contrapartidas y cerrando los ojos a los casos de corrupción que rodean a los populares. De esta forma, se proyecta como una fuerza más preocupada para mantener el statu quo que por cuestiones ideológicas.

Podemos, en cambio, mantiene un discurso agresivo contra el Establishment y la supuesta “casta” que lo sustenta, visible en la lectura que ha hecho Iglesias de la abstención socialista para hacer presidente Rajoy: “se constata el fin del turnismo como sistema de partidos; nace una Gran Coalición que nos tendrá enfrente como alternativa”.

PSOE y Podemos, pues, dibujan izquierdas inversas. Podemos expresa especialmente un voto joven y urbano que recoge las inquietudes de los indignados y está arraigado en la periferia. Y el PSOE, con un electorado cada vez más envejecido, desplaza su epicentro hacia el sur y se muestra dispuesto a aguantar el bipartidismo, a pesar de deteriorar su imagen y hacer de Podemos la gran alternativa al PP.

¿Anverso y reverso de la izquierda?

En este escenario Podemos parece trazar una trayectoria alternativa a la seguida por el PSOE desde la Transición: si este último marcó distancias del PCE y se desembarazó del marxismo, Podemos ha querido aglutinar la izquierda y devenir su fuerza hegemónica. Recordemos que en las últimas elecciones se coaligó con Izquierda Unida [IU] y aspiró a gobernar con el PSOE. Y mientras el PSOE ha relegado al baúl de los recuerdos la defensa del derecho de autodeterminación de las nacionalidades del Estado, Podemos propone crear un nebuloso “ministerio de plurinacionalidad”.

Ahora se inicia un compás de espera para apreciar hasta que punto Podemos continuará divergiendo del PSOE o bien se moderará para ocupar su espacio. En definitiva, ignoramos en qué grado estamos ante una izquierda dispuesta a revisar el marco erigido durante la Transición, una sucesión de caudillismos (en la que el pablismo será una eventual reedición del felipismo adaptada a los nuevos tiempos) o una combinación de ambas opciones.

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* Artículo originalmente publicado en catalán en el diario Ara con el título “El PSOE i Podem, esquerres oposades” (24/X/2016).


EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER, UNA “SECTA” GERMANA NEONAZI

octubre 27, 2016

 

reichsburger

Concentración del movimiento Reichsbürger (foto publicada en Dialog International).

¿QUÉ ES EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER? Se trata de un fenómeno de cierta similitud con las milicias estadounidenses de extrema derecha.

Este mes ha cobrado notoriedad porque la madrugada del 19 de octubre uno de sus seguidores -un hombre de 49 años con licencia de caza y que poseía 30 armas- disparó a cuatro policias sin mediar palabra durante un registro policial en Georgensgmünd.

El agresor pertenece al movimiento Reichsbürger  [Ciudadanos del Reich o del Imperio], que -como señala la agencia Efe– “no reconoce la legalidad de la República Federal Alemana (RFA) y niega el holocausto judío en la II Guerra Mundial”.

Según el Ministerio de Interior de Brandemburgo es una “‘especie de secta de ultraderecha’ con un ‘núcleo de derecha radical no inofensivo’”. Por su parte, el ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann, definió a sus miembros “como ‘extremistas’ y ‘peligrosos’, porque no reconocen la legalidad, por lo que están vigilados por los servicios de inteligencia”.

A continuación reproducimos la información y las imágenes sobre este movimiento de Wolfgang Dick, publicada por la corporación estatal Deutsche Welle sobre los “Ciudadanos del Reich” (19/X/2016) y que  define sus principales rasgos. Puede accederse al texto original clicando aquí.

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¿Quiénes son los “Ciudadanos del Reich”?

Son radicales y violentos, como demuestra el reciente ataque con arma de fuego contra cuatro policías en Baviera. ¿Quién está detrás del llamado movimiento de los “Ciudadanos del Reich” y cuán peligroso es?

Joachim Widera, miembro de los Ciudadanos del Reich, muestra orgulloso su pasaporte.

Joachim Widera, miembro de los “Ciudadanos del Reich”, muestra orgulloso su pasaporte.

Este miércoles (19.10.2016), un ultraderechista de los “Ciudadanos del Reich” abrió fuego contra la Policía durante un registro en Núremberg, en el sur de Alemania, hiriendo a cuatro agentes.

¿Quiénes son estos “ciudadanos”? Están convencidos de que Alemania sigue siendo un territorio ocupado por los aliados occidentales y que no es más que una entidad administrativa. Solo reconocen las fronteras del Imperio Alemán (Deutsches Reich) de 1937. Los llamados “Ciudadanos del Reich” agobian a las administraciones alemanas con demandas y también hacen uso de la violencia.

Se trata de grupos pequeños y de ciudadanos aislados, que viven sobre todo en Brandemburgo, Mecklemburgo-Antepomerania y Baviera. Rechazan la República Federal de Alemania y sus autoridades estatales. Se rehúsan a pagar impuestos y han creado pequeños “territorios estatales” propios con nombres como “Segundo Imperio Alemán”, “Estado Libre de Prusia” o “Principado Germano”.

Estos grupos incluso imprimen pasaportes y licencias de conducir para sus supuestos territorios estatales. También producen playeras y banderas con fines publicitarios. El hecho de que todo esto sea ilegal y que ninguna autoridad alemana lo reconozca es ignorado por los “Ciudadanos del Reich”. En sus páginas web exhortan a seguir luchando contra la República Federal de Alemania.

¿Un puñado de locos?

De acuerdo con informaciones de algunos servicios de inteligencia federales, existen en Alemania unos cuantos cientos de “Ciudadanos del Reich”. Se estima que en Brandemburgo viven entre 150 y 200 miembros. En la mayoría de los casos, se trata de hombres, en promedio mayores de 50 años, pertenecientes a estratos sociales bajos. Entre sus seguidores hay muchos populistas de derecha y defensores de ideologías antisemitas y nazis. Un juez en Sajonia-Anhalt los describió como “teóricos de la conspiración” y personas “permanentemente descontentas”.

Sobre todo la creciente radicalización de este movimiento se ha vuelto un problema. Generalmente, inundan a las autoridades locales con solicitudes y rechazos a órdenes y avisos de pago. Y es que, independientemente del contenido, las autoridades están obligadas por ley a tramitar todas las solicitudes formalmente correctas.

Los alcaldes de varios municipios se quejan de que, además, son atacados verbal y físicamente por los “Ciudadanos del Reich”. Muchas veces los agresores graban sus ataques y los suben a la red.

Miembros de los Ciudadanos del Reich protestan frente al Bundestag.Miembros de los “Ciudadanos del Reich” protestan frente al Bundestag.

En Baviera, los ultranacionalistas irrumpieron en una sala de audiencia, robando documentos de la mesa del juez. En la localidad de Wittenburg, en el estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, los empleados de un ayuntamiento recibieron capacitación en seguridad para hacer frente a los ataques. En Brandemburgo se están probando sistemas de alarma para las oficinas tributarias.

Violencia extrema

En tiempos recientes, los “Ciudadanos del Reich” han llamado la atención por su violencia. A principios de año, un policía fue amenazado con un cuchillo. En la localidad de Reuden, en Sajonia-Anhalt, un miembro del movimiento disparó contra agentes de seguridad de un comando especial.

En el marco de varios registros domiciliarios, la policía ha encontrado armas y municiones. Los seguidores de los “Ciudadanos del Reich” se siguen armando. En la localidad de Höxter, en Renania del Norte-Westfalia, un grupo del “Estado Libre de Prusia” intentó crear su propia policía comunitaria con armas conseguidas en el extranjero.

Tras el reciente caso de violencia en Baviera, el ministro del Interior de ese estado federado, Joachim Hermann, anunció que en el futuro se vigilará más a los “Ciudadanos del Reich”.