FRANCO Y EL “20-N”: LOS MITOS DE UNA FECHA LEGENDARIA*

noviembre 19, 2017

Prensa franco

La prensa recoge la muerte de Franco. 

LA COINCIDENCIA DE LA MUERTE DE FRANCO con la de José Antonio Primo de Rivera la misma fecha el 20 de noviembre (20-N), generó una mitología popular en torno a dicha jornada. Asimismo, la prolongada agonía de Franco también originó lecturas que apuntaban a una eventual voluntad de pervivencia del régimen.

Franco no murió el 20-N

Pese a que la fecha oficial de la muerte de Franco es el 20 de noviembre de 1975, la realidad fue otra. En su reciente obra Crónica de la Transición, 1973-1978 (Ediciones B, 2009), Joaquín Bardavío -quien fue entre otros cargos jefe de los servicios informativos de presidencia del gobierno (1970-1973) es rotundo al respecto:

Franco no murió a las 5.25 del día 20 de noviembre de 1975, como dice el parte médico oficial. Falleció varias horas antes, como al filo de la medianoche. Ya al anochecer del día anterior se había decidido dejarle morir ante la larga angustia de su mujer y su hija y la inutilidad de tenerlo conectado a una vida artificial. Que su óbito coincidiera con el treinta y nueve aniversario de [la muerte] de José Antonio Primo de Rivera pudo ser causa de alargar su existencia unas horas, quizá un poco más de un día. Aunque si el objetivo era sacralizar una coincidencia, no se consiguió en absoluto”.

Y añade que sobre las 9 de la noche o antes del 19 de noviembre, el Marqués de Villaverde -yerno de Franco- despidió amablemente a los doctores que cuidaban al dictador y -sin testigos- procedió a desentubar y desconectar los mecanismos que permitían a Franco mantenerse en vida. Concluye Bardavío que “el fallecimiento real pudo ocurrir verosímilmente en las últimas horas del día 19 o como muy tarde, en los primeros minutos del día 20”.

Guardar la noticia permitió ganar tiempo al universo oficial del régimen para preparara a la población y estar preparado ante eventuales reacciones populares, por lo que había preparado un dispositivo en relación a su defunción -la “operación lucero”.

Las fantasías: no es lo mismo morir el día 19 que el 20

Como señala lo expuesto, un rumor muy extendido afirmó que la larga agonía del dictador tuvo un propósito: hacer coincidir la fecha de su defunción con la de Primo de Rivera, ejecutado el 20 de noviembre de 1936 en la cárcel de Aliacante. De ese modo, el 20-N devenía una jornada llena de simbolismo porque unía en el recuerdo de los devotos y nostálgicos de ambos su memoria y la cripta del Valle de los Caídos el lugar donde podían reunirse para rememorar a los dos “ausentes”.

joseantonio-La Falange

La muerte de Franco el 20-N unía su figura a la del legendario fundador de la Falange.

Sin embargo, circuló otra cábala de signo opuesto sobre la fecha de la muerte del Generalísimo, que atribuyó su óbito entonces que se prolongó su existencia para evitar que su muerte acaeciera el día 19. para ello se argumentó que la suma de la fecha oficial de inicio de la Guerra Civil (18-07-1936) y la de su fin (01-04-1939) proporcionaba un llamativo resultado: 19-11-1975. Es decir, la ecuación contenía una profecía latente con la fecha de la muerte de Franco.

 El “26-N”: siete días que hubieran podido cambiar la historia

La agonía del Caudillo ha merecido otras lecturas carentes de mitología y que han apuntado intenciones políticas claras y, por ello, verosímiles. Así, el difunto escritor y ensayista José Luis de Vilallonga, fallecido en 2007, aseguró en su libro-entrevista con Juan Carlos I (El Rey, Plaza & janés, 1993) que el largo final de Franco obedeció a un intento desesperado de su yerno, el marqués de Villaverde, de mantenerlo vivo una semana más. Su meta habría sido -según la lectura de Vilallonga- cambiar el futuro titular de la monarquía, reemplazando al príncipe Juan Carlos y Sofía por el marido de la hija del marqués y nieta de Franco (Carmen Martínez Bordiu), casada con Alfonso de Borbón Dampierre, primo hermano del actual monarca. Ello -fantaseando- hubiera podido ser posible porque la Ley de Sucesión franquista permitía al dictador revocar en cualquier momento su sucesor a título de Rey. Villaverde había acariciado así la posibilidad de que el anciano moribundo cambiase su elección de monarca. Pero tal interpretación parece infundada, pues Franco -ya terminal- dejó muy claro a su hija Carmen que su sucesor no era otro que Juan Carlos.

No obstante, existe otra hipótesis sobre la prolongación artificial de la agonía de Franco que apunta hacia importantes consecuencias institucionales: de haber vivido éste una semana más, ello habría eventualmente permitido prorrogar el mandato del presidente de las Cortes franquistas, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, y sumir en la incertidumbre la reforma política que el Rey preparaba: si Rodríguez de Valcárcel hubiera continuado en su cargo, el “ingeniero” de la reforma del régimen, Torcuato Fernández Miranda, no hubiera podido acceder a esa responsabilidad, tan estratégica como decisiva para efectuar la reforma política.

Por su parte, la hija de Franco, en el libro Franco, mi padre (La esfera, 2008), de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, que recoge su testimonio, desmiente que la familia hubiera quisiera extender la agonía de Franco. “No lo deseábamos”, afirma, y niega que se quisiera mantener a Rodríguez de Valcárcel en su cargo de presidente de las Cortes para garantizar el control de los cambios políticos: “Eso es pura fantasía. Eso no es verdad. Fueron una serie de circunstancias las que hicieron que la agonía de mi padre fuera así de larga, pero no fue una cosa premeditada por una cuestión política ni por preparar de alguna forma algo. No, eso no es verdad”.

Desde nuestra perspectiva, como analizamos en Franco y los Borbones (Planeta, 2005), es verdad que el marqués deseaba prorrogar a Rodríguez Valcárcel al frente del Consejo del Reino, siendo verosímil que prolongara artificialmente la vida de su suegro con tal fin, en lo que insistió Don Alfonso. Pero era imposible que con tal operación se lograra el cambio del titular del Trono Es más que dudoso que un Franco moribundo revocara a un Juan Carlos que ejercía funciones de jefe de Estado por segunda vez y entronizara a su primo. En todo caso, debe subrayarse que, en efecto, el presidente del Consejo del Reino hubiera podido prorrogar su mandato de sobrevivir Franco hasta el día 26. Con Rodríguez de Valcárcel al frente del entramado institucional franquista hasta noviembre de 1981 y con Arias en el timón del gobierno hasta enero de 1979, Juan Carlos se hubiera hallado atado de pies y manos.

De hecho, sabedor Rodríguez de Valcárcel que el monarca no deseaba su continuidad en sus cargos, el día de la coronación concluyó su intervención prevista suprimiendo una invocación al inicio de una nueva etapa acordada con Juan Carlos. Así, en lugar de manifestar “¡Señores procuradores, señores consejeros: desde la emoción del recuerdo de Franco, nueva era ¡Viva el Rey! ¡Viva España!”, suprimió la mención a una nueva etapa: “¡Señores procuradores, señores consejeros: desde la emoción del recuerdo de Franco ¡Viva el Rey! ¡Viva España!”. Merece destacarse que su discurso en aquella sesión se cerró con una gran ovación coreada con el rítmico grito “Franco, Franco, Franco”. Fue la última voz que se oyó en las Cortes. A partir de entonces sería entonado en las concentraciones de nostálgicos del dictador.

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* Esta entrada fue publicada originalmente en el blog hace dos años. Debido al tráfico de visitas que conoce de nuevo, la hemos reeditado. Asimismo, los lectores interesados en el tema pueden leer un artículo en el diario catalán Ara obre este tema. Puede leerse de modo gratuito con registro previo aquí.

 


¿AVANZA LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA? CUATRO APUNTES Y UNA CONCLUSIÓN*

noviembre 12, 2017

Ultraderechistas revientan la manifestación catalanista del 9 de octubre en Valencia (foto de EFE en www.teinteresa.es).

 

LAS DISTINTAS CONCENTRACIONES Y MARCHAS QUE PROTAGONIZAN GRUPOS ULTRANACIONALISTAS ESPAÑOLES han llamado la atención de los medios de comunicación, que plantean hasta qué punto constituyen un síntoma de crecimiento de este espectro político. Por nuestra parte ya hemos publicado análisis al respecto, pero –dado el flujo de información sobre el tema- consideramos pertinente hacer cuatro apuntes sobre el tema.

1. ¿Hasta qué punto el independentismo moviliza a la ultraderecha? 

En efecto, como ya hemos analizado anteriormente, el secesionismo moviliza a la ultraderecha española ahora como ya lo ha hecho en el pasado, desde los inicios del siglo XX hasta hoy. Ello es así porque el ultranacionalismo español se configuró en nuestro país en torno a su oposición al “troceamiento” de España: surgió en la isla de Cuba, ante el separatismo autóctono, y al ser repatriadas las tropas derrotadas en 1898 el fantasma de una “segunda Cuba” se proyectó primero sobre el emergente regionalismo catalán.

Con el tiempo lo hizo también sobre el autonomismo, considerado como un paso previo hacia el independentismo. Ello fue visible con la eclosión de la Liga Patriota Española en la Barcelona de 1918, cuyos miembros se enfrentaban físicamente con los catalanistas y seguidores de Francesc Macià en las Ramblas.

Tal actitud se prolongó en el tiempo hasta llegar el presente y fue visible –por ejemplo- en colectivos políticos (como la Falange), deportivos (como la Peña Deportiva Ibérica formada por seguidores radicales del RCD Español) o, ya en los años ochenta, por colectivos de la cultura juvenil Skinhead. Estos –como ha estudiado el historiador Carles Viñas– se hallaron ubicados en una intersección de caminos ubicada en la periferia de la política y en la que confluían la música, la presencia en los estadios y la alineación laxa y compleja con formaciones de ultraderecha.

Por consiguiente, podemos concluir que, ciertamente, el independentismo agita al ultranacionalismo español, pero ello no constituye un cambio cualitativo en relación al pasado. Al contrario, es la reafirmación de una pauta de actuación política con un siglo de continuidad.

2. ¿Puede romperse el PP y ver emerger una opción a su derecha?

Si algo ha demostrado la crisis que ha estallado en Cataluña es que en el mapa político español nada se puede descartar. Ahora bien, como ya hemos advertido también en un análisis reciente, para que tal cosa suceda es necesario que confluyan dos elementos. Por una parte, que el PP fracase de modo evidente en la gestión de la crisis, lo que ahora no puede afirmarse. Por otra parte, debe existir una opción política capaz de canalizar este documento y este segundo factor tampoco parece muy visible en estos momentos.

Lo afirmamos en la medida que la extrema derecha y la derecha radical española no disponen de formaciones competitivas en las urnas. Hasta ahora solo dos siglas han sido capaces de recoger apoyos significativos en las urnas: Vox y la Federación Respeto.

Vox en los comicios europeos de junio de 2014 tuvo como candidato a Alejo Vidal-Quadras y obtuvo 244.929 votos (1.56% del total), faltándole cerca de 50.000 para alcanzar representación según unas fuentes y tan solo 3.000 según el partido. La Federación Respeto reúne a la Plataforma per Catalunya [PxC] (que entre los sucesivos comicios locales de 2003 y los de 2015 conoció un proceso de ascenso progresivo y colapso súbito), España 2000 (que ha logrado mantener un edil en Alcalá de Henares pese a haber retrocedido de forma sensible en la Comunidad Valenciana) y el Partido por la Libertad [PxL], sin presencia institucional remarcable. Por ahora no parece que Vox y Respeto estén capacitados para lograr efectuar un salto político cualitativo que les permita competir con éxito con el PP, pese a que existiría un espacio electoral potencial.

En suma, para que irrumpa institucionalmente la ultraderecha debe fracasar el PP en la crisis catalana (a ojos de una parte significativa de su electorado) y producirse un rápido conocimiento de líderes, siglas e idearios del espectro de la derecha populista y la ultraderecha, algo que difícilmente puede suceder en breve tiempo.

3. ¿El ultranacionalismo español es importante como partido o como grupo de presión?

En este sentido, consideramos que la importancia del ultranacionalismo español o el nacionalismo español más belicoso que ha adquirido visibilidad con la crisis catalana (plasmado en consignas como “¡A por ellos!” o “¡Puigdemont a prisión!”) posiblemente sea relevante como grupo de presión para exigir una política de mano dura a La Moncloa ante el secesionismo. Se pudo apreciar tal situación en la concentración celebrada en Madrid que fue convocada por DENAES el pasado 28 de octubre en Colón. Allí, el líder de Vox, Santiago Abascal, pidió “la ilegalización de los partidos que tienen como objetivo romper España”.

No obstante, esta presión de dureza no solo la representa la ultraderecha, sino que José María Aznar –desde la FAES que preside– también ha lanzado mensajes inequívocos al respecto. Asimismo, el expresidente no se ha recatado de mostrar sus simpatías hacia Ciutadans, un partido ajeno a la ultraderecha y que defiende la españolidad de Cataluña, que concibe como una Comunidad Autónoma más.  La ultraderecha, pues, tampoco logra tener el monopolio de las “posiciones duras” ante la política del Estado en Cataluña.

4. ¿Existe un único discurso ultraderechista sobre Cataluña?

Para finalizar el análisis queremos destacar que existen distintos discursos sobre Cataluña en el seno del ultranacionalismo español que se ubica a la derecha del PP.

De esta manera, el discurso españolista de carácter unitario y centralista coexiste con otro exaltador de un catalanismo neoforal. Por consiguiente, no hay un único discurso sobre Cataluña en el seno de la extrema derecha. Ello tiene consecuencias programáticas y, por ejemplo, mientras España 2000 ha apoyado el secesionismo lingüístico que representa el idioma valenciano distinto del catalán, la PxC ha rubricado la unidad de la lengua catalana. Es más, incluso existe una minúscula ultraderecha independentista, Som Catalans.

Conclusión: Agitación, pero no necesariamente progresión

En síntesis, la agitación actual de la extrema derecha refleja la del mainstream del nacionalismo español, inquieto por la magnitud del desafío secesionista. De ahí a concluir que asistimos a la emergencia de un partido de ultraderecha a corto plazo hay un buen trecho y hasta un eventual salto al vacío, como hemos intentado argumentar. Igualmente, hemos querido resaltar la complejidad y fragmentación de este espectro ideológico, lo que dificulta efectuar simplificaciones.

Ahora bien, no puede descartarse que la situación actual genere un desenlace que suponga un cambio cualitativo del escenario político actual (sin ir más lejos, la falta de apoyo del PNV a los presupuestos dibuja un horizonte electoral no solo en Cataluña sino también en España). De ahí que todo pronóstico tenga una vigencia harto limitada y deba tomarse con cautela, incluyendo el que hemos realizado. En última instancia, solo el paso del tiempo podrá aportar información substancial sobre cómo la crisis independentista ha modificado el espacio ideológico de la ultraderecha.

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Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Avanza la ultraderecha en España? Cuatro apuntes y una conclusión”,  Agenda Pública (7/XI/2017).

ENTREVISTA A JESÚS VILLANUEVA: “LA LEYENDA NEGRA ESTÁ EN LA RAÍZ DE LAS DOS ESPAÑAS”

noviembre 5, 2017

Carga policial del 1 de octubre en Barcelona (imagen de EFE en Público.es).

EL IMPACTO DE LA CRISIS CATALANA Y DETERMINADAS IMÁGENES (como la represión del 1-O o o el encarcelamiento de parte del gobierno catalán) han insuflado nueva actualidad a la existencia de “dos Españas” propia de la “leyenda negra” asociada a la Historia de España. Por esta razón, hemos considerado interesante reeditar esta entrevista publicada en nuestro blog en diciembre de 2011, al exponer su origen y principales tópicos.

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EL HISTORIADOR JESÚS VILLANUEVA (Terrassa, 1969) acaba de publicar un ensayo sobre la leyenda negra española tan conciso como interesante y sugerente: Leyenda negra. Una polémica nacionalista en la España del siglo XX (La Catarata, 2011).

Doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona, Villanueva se ha interesado por la historia del pensamiento político español del siglo XVII y previamente ha publicado Política y discurso histórico en la España del siglo XVII: las polémicas sobre los orígenes medievales de Cataluña (Universidad de Alicante, 2004).

En esta nueva obra ahonda en el impacto ideológico que ha tenido la leyenda negra en la España del pasado siglo, un enfoque novedoso, pues  demuestra que este concepto es impreciso en términos de contenido y no se ha constatado que sea resultado de una secular campaña antiespañola. A la vez, Villanueva plasma la importancia que ha tenido en la configuración del imaginario de las “dos Españas” y su instrumentalización por parte de las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y Franco.

El resultado es un ensayo ágil y asequible y harto recomendable por su planteamiento. Por todo ello hemos entrevistado al autor y le agradecemos su amabilidad de contestar a nuestras preguntas.

¿Cómo podríamos definir la “leyenda negra”?

Todo depende de la perspectiva que se elija, o de lo que se considere más significativo. En un primer plano, se referiría a una visión negativa de la historia de España elaborada en el extranjero y que tiene como elementos centrales la imagen de Felipe II como déspota, el papel de la Inquisición, la guerra de Flandes o la conquista de América. En un segundo plano, la leyenda negra se definiría por la conciencia que los españoles tienen de la existencia de esa leyenda, la importancia que le dan y la forma en que reaccionan frente a ella. El problema en todo caso es el de establecer lo que esa leyenda negra tiene de peculiar, si lo tiene.

La Inquisición ha sido una  piedra angular de la leyenda negra.

Visiones negativas sobre países extranjeros las ha habido siempre y se dan en todas direcciones, entre españoles y franceses, franceses y británicos, alemanes y polacos, etc. En todos esos casos es fácil apoyar el resentimiento hacia otro país en alguna referencia histórica más o menos rebuscada. En España, en cambio, lo que se ha afirmado es que la leyenda negra es un fenómeno absolutamente singular, una descalificación radical de la historia y la cultura española por parte del extranjero, ya sea por una forma de conspiración antiespañola, ya por un desprecio cultural, y que esa descalificación que se habría mantenido a lo largo de mucho tiempo, cuatro siglos nada menos.

Este enfoque de la leyenda negra como algo excepcional y único es el que planteó Julián Juderías en su libro de 1914, y lo mantenía todavía Julián Marías en diversos escritos, como “España inteligible”, de 1986. Otros autores, sin argumentarlo explícitamente, dan por supuesta esta peculiaridad.

Es un enfoque posible, pero en todo caso habría que argumentarlo y demostrarlo en términos historiográficos. Es decir, habría que mostrar historiográficamente la continuidad de esta imagen negativa, “negra”, de la historia de España a lo largo de cuatro siglos, el que esa imagen sea producto de algún tipo de hostilidad, que los españoles hayan estado siempre obsesionados por el tema. En mi opinión, esa demostración no se ha hecho y la idea de la peculiaridad de la leyenda negra española, como mínimo, se ha exagerado mucho. 

¿Cuándo surge y se populariza la expresión “leyenda negra”?

El término en castellano surge exactamente en 1899, en una conferencia de Emilia Pardo Bazán en París, que trataba de las consecuencias del desastre del 98. Lo toma seguramente de una obra francesa anterior, pero a partir de ese texto la expresión cobra un sentido específico en castellano. Ahora bien, lo importante es tener en cuenta que no se trata únicamente de la invención de un término con más o menos gancho, sino que su éxito se debe a que se entrelaza con una serie de debates políticos que se dan en esos años posteriores al 98. Para Pardo Bazán la leyenda negra es la descalificación de España que hacen los publicistas estadounidenses en el contexto de la guerra de Cuba, a través de la prensa de gran circulación, el periodismo “amarillo”, como lo llama también ella.

La escritora Emilia Pardo Bazán.

Pero la leyenda negra tendrá casi inmediatamente una segunda aplicación, será la imagen crítica del régimen español que surge desde otro lado, en un determinado movimiento de izquierdas europeo, sobre todo anarquista, que denuncia los abusos del régimen de la Restauración en la represión del anarquismo que se producen en esos años: redadas masivas, torturas, ejecuciones sin pruebas. Los dos casos más conocidos son los procesos de Montjuïc en 1896 y el de Francisco Ferrer y Guardia en 1909, como responsable de la revuelta de la “Semana Trágica”. Ahí surge la asociación entre España y la Inquisición, más exactamente, entre el régimen español (gobierno, ejército, policía, Iglesia) y la tradición inquisitorial, con el tema de las torturas y la opresión ideológica.

“El término en castellano surge en 1899 en una conferencia de Emilia Pardo Bazán en París sobre el desastre del 98”.

Esa asociación hoy nos parece demagógica y sin base histórica, pero era un recurso de propaganda y guerra ideológica que hay que situar en su momento. La reacción de las fuerzas conservadoras en España llevará a calificar esas denuncias de tipo anarquista o izquierdista como una forma de “leyenda negra”, y a considerar que son un ataque a España, y no a un régimen determinado. El caso Ferrer y Guardia será el momento decisivo en la génesis de esta idea conservadora de la leyenda negra, y el libro de Julián Juderías, de 1914 (La leyenda negra y la verdad histórica: contribución al estudio del concepto de España en Europa, de las causas de este concepto y de la tolerancia política y religiosa en los países civilizados), es una derivación directa de esa crisis.

Ferrer y Guardia esposado tras su detención.

¿Qué papel ha tenido en el debate político español?

Habría que distinguir dos planos. Por un lado, está su utilización propagandística, en la línea de la respuesta conservadora a la crisis de 1914. Desde ese momento la refutación indignada de la leyenda negra se convierte en algo recurrente en el pensamiento nacionalista conservador español y eso se ve muy claro durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), en el movimiento ultranacionalista español de la II República y en la dictadura de Francisco Franco.

Franco en especial recurrió mucho al tema en su operación para crear una solidaridad nacional en torno a su régimen dictatorial y rechazar críticas exteriores que se consideraban como ataques a España y continuación de la malquerencia de los pueblos liberales hacia la España católica y su modelo político especial. Lo que se ve en esos períodos (1923-1930 y 1936-1975) es una repetición machacona del tema a través de todos los canales de propaganda: discursos, conferencias, libros de texto, artículos de periódico, etc.

Desde luego, todo eso no es “pensamiento”, sino propaganda pura y dura, frente a la cual también se elaboraron motivos de contrapropaganda igual de primarios; pienso en todo el tema de la “España negra”, la afirmación de que España es presa de una tradición oscurantista y despótica que también sería una herencia de tiempos de Felipe II y la Inquisición.

En el libro expongo el desarrollo de este tipo de propaganda, sin ser exhaustivo porque es un tipo de retórica muy poco original y que produce bastante hastío. La parte que más me ha interesado en esa historia de la leyenda negra, y que para mí era más desconocida, es la reacción que se produjo frente a esta propaganda nacionalista, o ultranacionalista, por parte de una serie de intelectuales que denuncian el simplismo de la idea de la leyenda negra, lo absurdo de creer que España había sido víctima de una conspiración de cuatro siglos de duración, y que también señalan los efectos perversos de este tipo de ideología.

Franco recurrió mucho  a la leyenda negra para crear una solidaridad nacional en torno a su régimen. 

Miguel de Unamuno, por ejemplo, tiene unos artículos magníficos durante la primera guerra mundial, en los que rectifica totalmente la idea que él mismo había lanzado muy pocos años antes de España como “gran calumniada de la historia”. En 1918 Unamuno dice ya expresamente que lo de la leyenda negra es un caso de manía persecutoria y la califica de “frenopática”. Ramón M. del Valle Inclán también incluirá una burla sobre el tema en Luces de bohemia. Los intelectuales republicanos la criticarán durante la dictadura de Primo de Rivera, como Gabriel AlomarRamón Pérez de Ayala o Américo Castro. Bajo el franquismo este tipo de crítica liberal frente a la leyenda negra sigue ejerciéndose, en España o en el exilio. Y en la Transición hay una rectificación clara y un rechazo de la propaganda franquista en esta cuestión.

Creo que, en toda la historia de la leyenda negra, esta es la parte que más vale la pena recordar, todos esos autores que la impugnan “en caliente”, por motivos diversos, sea sentido común, militancia contra una dictadura, o conciencia europeísta…

¿Los estereotipos de la “leyenda negra” han ayudado a codificar la idea de “dos Españas”?

La leyenda negra fue un motivo que no sólo servía para dar respuesta a una supuesta visión negativa de España elaborada en el extranjero, sino que también estaba dirigido contra el rival ideológico interno, aquel que no compartía el nacionalismo afirmativo que se pone de moda desde los años de la primera guerra mundial. Esa tibieza patriótica se atribuye al hecho de haber “interiorizado” la leyenda negra elaborada en el extranjero.

El tema de la “interiorización” es una constante y se explica como una forma de presión ideológica nacionalista. También se proyectaba hacia el pasado, hacia los españoles “traidores” que habrían creado la leyenda negra en el siglo XVI, sobre todo Bartolomé de las Casas.

Por tanto, sí, la leyenda negra está en la raíz de las dos Españas, de la misma manera que la superación de ese cisma en los primeros años después de la Guerra Civil (1936-1939) toma la forma de una superación de la leyenda negra.

¿Está aún vigente en el siglo XXI?

Depende de qué hablemos. El discurso de la leyenda negra tiene un ámbito de aplicación del que hablo poco en el libro pero que posee gran importancia, el de América; ahí el motivo sigue una trayectoria a la vez paralela a la del tema estrictamente español y con sus propios ritmos. Es posible que la discusión sobre la leyenda negra americana tenga hoy más vigencia que la hispana.

Por otra parte, está el uso estrictamente historiográfico del concepto de leyenda negra, que sigue dándose, aunque no sea más que como fórmula más o menos publicitaria o por el “morbo” que la cuestión parece acarrear. Personalmente pienso que habría que ser riguroso en el uso historiográfico del término; como mínimo induce a confusión el que se hable de leyenda negra por igual en referencia a la Apología del Guillermo de Orange contra Felipe II, del artículo de enciclopedia de Masson de Morvilliers en 1782 o de la propaganda antiespañola de la guerra de Cuba. Son contextos totalmente diferentes y usar el mismo término definitorio sugiere una continuidad que tiene mucho de ficticio. Aun así, podría argumentarse que la leyenda negra designa una cierta recurrencia en la caracterización de la historia y la cultura española y una transmisión de motivos por vía literaria o educativa, pero entonces convendría determinar el alcance de esas caracterizaciones, que a menudo son muy superficiales, y situarlas en su contexto propio.

“Hoy apunta la tentación de resucitar el victimismo sobre una leyenda negra en el contexto de crisis económica internacional, con las críticas contra los países del sur de Europa por parte de la prensa económica inglesa o desde Alemania”.

Otra cuestión es la del uso propagandístico. En la Transición el tema desapareció en gran medida del discurso público (el periodístico, en todo caso) y a la altura de 1992 parecía enterrado. Luego se ha dado un cierto renacimiento en el contexto de un determinado discurso españolista, sea de simple propaganda o “columna de opinión” o bien de forma más argumentada. Ese recurso en algunos casos viene a ser una forma de recuperación del nacionalismo español tal como se definió en las dos primeras décadas del siglo XX y se desarrolló, en especial en lo referente a la descalificación del rival ideológico interno.

El victimismo español de la leyenda negra parece retornar con la crisis, ante las críticas emitidas por Alemania.

Es difícil hacer un balance de la cuestión, aunque creo que la leyenda negra no ha tenido en los últimos años la misma presencia que en los diversos períodos anteriores a 1975. Lo mismo podría decirse de la tentación que parece apuntar más recientemente todavía a resucitar el victimismo sobre una leyenda negra que habría revivido en el contexto de crisis económica internacional, con las críticas contra los países del sur de Europa por parte de la prensa económica inglesa o desde Alemania. Se ven artículos o comentarios puntuales que aluden a una nueva leyenda negra, pero son simples anécdotas en el contexto de un debate en el que se manejan datos concretos y precisos y en el que son los economistas quienes llevan la voz cantante, no los historiadores.


INDEPENDENTISMO Y ULTRADERECHA, UN BINOMIO INSEPARABLE*

octubre 29, 2017

Propaganda de la Plataforma Adelante Cataluña (2007).

HECHOS COMO LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS DE VALENCIA EL 9 DE OCTUBRE o la concentración extremista de Zaragoza el 24 de septiembre contra el encuentro de cargos electos convocado por Podemos proyectan la idea de que el ultranacionalismo español repunta con el secesionismo catalán y puede irrumpir políticamente. ¿Es así? Lo respondemos a continuación a partir de tres reflexiones.

La movilización actual contra la secesión no es una novedad

Al valorar la situación actual se debe tener presente que las manifestaciones agresivas contra la independencia son inherentes al ultrapatriotismo español desde sus orígenes. Este surgió a fines del siglo XIX para oponerse al secesionismo cubano y con la derrota de 1898 arraigó el temor a que el regionalismo convirtiera en Cataluña en una “segunda Cuba”. Ya en 1918 la llamada Liga Patriótica Española [LPE] denunció que había catalanistas deseosos de lograr una independencia “impuesta mediante el mandato de Europa”, aprovechando la conferencia de paz de la Gran Guerra.

Esta idea persistió y en septiembre de 1934 (la vigilia de los “hechos de octubre”) José Antonio Primo de Rivera creía que la Generalitat proclamaría la independencia con apoyo internacional y el Estado se tendría que enfrentar a “la anti–España de las potencias europeas”. El miedo al troceamiento de España reapareció durante la Transición, cuando la ultraderecha vio el catalanismo como el primer paso cabe el separatismo. Hoy, pues, contemplamos la enésima movilización contra la ruptura de España.

Presencia en la calle no quiere decir votos a las urnas

En el marco actual parece difícil que la extrema derecha obtenga réditos en las urnas porque –cómo veremos- no tiene una fuerza vertebrada que aglutine al grueso de su espectro ideológico ni líderes conocidos. Además, hace falta no olvidar que hacer bandera de temas que inquietan a la sociedad (en este caso la unidad de España) no implica un apoyo mecánico a las urnas.

Puede ilustrarlo la ultraderechista Plataforma Adelante Cataluña, que concurrió a los comicios autonómicos de 2006 con el lema “¡Defendemos Cataluña, Defendemos España!” y preconizó derogar el nuevo estatuto y defendió el bilingüismo. Incluso su lema del 12-O del 2007 fue el que se ha impuesto este año: “Orgulloso de ser español”. Pese a ello, sólo captó 2.529 votos por su marginalidad.

El ultraespañolismo puede iniciar un proceso de acumulación de fuerzas

En gran medida el futuro cercano de la extrema derecha depende de cómo Mariano Rajoy afronte el conflicto de Cataluña: si no evita que este se cronifique o decepciona a los sectores ultrapatriotas puede crearse un espacio político a su derecha. Pero ello no implica necesariamente que irrumpa en el Congreso una opción extremista, porque hoy sólo hay dos fuerzas que difícilmente pueden competir con éxito con el PP: Vox y la federación Respeto (que reúne la PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad).

¿Qué podemos concluir de lo expuesto? Que el ultranacionalismo español, espoleado por el secesionismo, hoy –más que devenir capaz de vertebrar una alternativa al PP- conforma un potente grupo de presión. Llegados aquí se divisan dos eventuales escenarios: uno es que el mapa político no conozca cambios porque Rajoy es capaz de aglutinar a este electorado belicoso (sin que esto implique que el PP sea de ultraderecha); el otro es que este ultrapatriotismo inicie un proceso de acumulación de fuerzas ideológicamente transversal, como ha hecho el independentismo desde 2012. Si sucede esto último, posiblemente más temprano que tarde se visualizará a la política española por vías ahora difíciles de prever, como pueden ser –entre otras posibles plasmaciones- la eclosión de partidos, asociaciones o una involución autonómica.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán como Xavier Casals, “Independentisme vs. ultradreta: un binomi inseparable”, Ara (15/X/2017).


LA EXTREMA DERECHA PROGRESA EN EUROPA: AUSTRIA COMO AVISO*

octubre 22, 2017

Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ (foto de El Periódico).

EL 15 DE OCTUBRE EN LOS COMICIOS DE BAJA SAJONIA LA ULTRADERECHISTA ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (AFD) HA ENTRADO EN SU PARLAMENTO y ya está en 14 de las 16 cámaras regionales, así como en la federal y la europea. A su vez, en las elecciones austriacas han ganado los conservadores del ÖVP (31.6%), seguidos del socialdemócrata SPÖ (26.9%) y el extremista Partido de la Libertad (FPÖ) (26%). ¿Cuál es la importancia de estos datos? Podemos resumirla en tres reflexiones.

En primer lugar, aunque el FPÖ ha quedado tercero, se perfila como un “perdedor-ganador”. Lo afirmamos en la medida que su discurso se ha normalizado porque el líder del ÖVP, Sebastian Kurz, lo ha adoptado en gran medida haciéndolo digerible a un electorado amplio. Así, los temas del FPÖ (como los refugiados o la islamofobia) han dominado la campaña. De hecho, este partido, que estuvo a punto de ganar los comicios presidenciales del 2016 (46,7%), se ha apuntalado como el vector antisistema más poderoso del país.

El FPÖ hizo una campaña innovadora con una miniserie sitcom The Hubers, sobre el “miedo al turismo de bienestar social y a la superpoblación”.

En segundo lugar, FPÖ y ÖVP pueden formar un Gobierno de coalición capaz de aproximar Austria al grupo de Visegrado. Este último reúne a los gobiernos de Polonia (liderado por el ultraderechista Partido Ley y Justicia), Hungría (cuyo presidente Viktor Orbán ha experimentado una deriva extremista cada vez más ostentosa), la República Checa y Eslovaquia. El colectivo ha rechazado la política de cuotas de refugiados de la UE (percibida como negativa y creadora de un “efecto llamada”) y quiere reformarla potenciando a los parlamentos estatales. De este modo, podría cobrar mayor consistencia un bloque receloso y contestatario del poder de Bruselas en la Mitteleuropa.

Finalmente, los resultados de Austria son un jarro de agua fría para quienes tras el ‘brexit’ y la victoria de Donald Trump vieron una contención del “tsunami populista” en el fracaso relativo en las elecciones neerlandesas del Partido por la Libertad de Geert Wilders (PVV), que quedó segundo (13,1%), y en el de Marine Le Pen en las presidenciales francesas (33,9%). Ambos líderes no ganaron, pero dejaron poco espacio para el alborozo europeísta. Lo plasmó la conversión de AfD en tercera fuerza (12,6%) en las elecciones germanas de septiembre.

Hoy Austria evidencia que los diques de contención a la derecha populista cada vez son más endebles y porosos. Parecen capaces de evitar que esta conquiste un Gobierno o presidencia clave de la UE, pero no de impedir su expansión en las urnas, que sus líderes ganen respetabilidad y su discurso contamine el de la derecha. Además, los recursos a los que se echa mano para evitarlo son cada vez más penosos. En Roma se ha aprobado un sistema electoral (el Rosatellum) para impedir un eventual triunfo del ‘antiestablishment’ Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo (M5S). Y en Viena la derecha conservadora ha cometido un craso error al urdir un remedo ‘light’ del ideario del FPÖ. ¿Cuál es el riesgo de tal estrategia? Lo explicitó Jean-Marie Le Pen al afirmar que, en estos casos, los electores “prefieren el original a la copia”. Cuidado, pues, con los plagios.

Resultados de los comicios de Austria (diario Ara).

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* Artículo publicado originalmente como X. Casals, “Austria como aviso“, El Periódico (17/X/2017).


¿RESURGE EN ESPAÑA LA ULTRADERECHA?*

octubre 15, 2017

Manifestantes de ultraderecha (foto de EFE en www.eldiario.es).

LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS QUE TUVIERON LUGAR CONTRA MANIFESTANTES DE IZQUIERDA E INDEPENDENTISTAS EL 9 DE OCTUBRE EN VALENCIA han puesto sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿Asistimos finalmente al ascenso de la extrema derecha en España? La cuestión es pertinente en la medida que el episodio citado fue precedido por otros dos llamativos. Uno fue que entre los asistentes a la concentración multitudinaria de Barcelona del 8 de octubre figuraban colectivos extremistas y se profirieron insultos a los Mossos y gritos de “Puigdemont a prisión” (que desautorizó Sociedad Civil Catalana, entidad convocante). Otro sucedió en Zaragoza el 24 de septiembre. Entonces hasta 600 ultraderechistas se agruparon en un pabellón donde se celebraba una asamblea de cargos electos de toda España convocada por Podemos y la presidenta de las Cortes de Aragón fue agredida por los concentrados con una botella de agua.

Aparentemente, pues, la extrema derecha parece rebrotar. Pero tal percepción no se ajusta necesariamente a la realidad, lo que argumentamos mediante las respuestas a tres cuestiones planteadas a continuación.

1. ¿El independentismo hace crecer las filas de la ultraderecha?

Debemos tener en cuenta que una cosa es que el separatismo catalán movilice y galvanice a este sector ideológico y otra muy distinta es que sus partidos logren presencia institucional significativa. En este aspecto es importante destacar que el separatismo ha sido un enemigo esencial de la extrema derecha española desde sus orígenes en el siglo XX. Y -por ejemplo- José Antonio Primo de Rivera en 1934 ya manifestó literalmente que un a “República independiente de Catalunya” no era “nada inverosímil”. Por tanto, no debe sorprender la vistosa combatividad ante el separatismo del ultranacionalismo español.

Ahora bien, que esta última se convierta en votos es harina de otro costal por dos razones. Una es que desconocemos la magnitud de sus seguidores: si bien los incidentes que estos protagonizan generan una cobertura mediática amplia, sus autores pueden reducirse a unos centenares. En este sentido, se da la paradoja de que la ultraderecha es una minoría institucionalmente irrelevante, pero de visibilidad desmedida. La segunda razón es que aunque sus seguidores aumenten no tiene porqué producirse de forma mecánica un salto cualitativo de sus siglas en votos.

2. ¿La crisis actual puede crear un espacio a la derecha del PP?

Es imposible ofrecer una respuesta clara a este interrogante porque ignoramos el desenlace del proceso político abierto en Catalunya. De este modo, ignoramos si el PP podrá presentarse como un gestor exitoso de la crisis ante los sectores ultranacionalistas más beligerantes (aquellos eventualmente identificados con la consigna “¡A por ellos!”). En este sentido, los ultrapatriotas pueden desempeñar un papel destacado en el conflicto al constituir un lobby de presión si el Gobierno, para satisfacer a este electorado más belicoso, opta por una política de dureza en relación al contencioso.

El tema no es baladí porque si el PNV no aprueba los presupuestos el año próximo se deberán convocar comicios y Mariano Rajoy podría presentarse entonces como el adalid de la unidad de España, lo que le podría beneficiar en las urnas. Pero si el problema de Catalunya se cronifica o el ejecutivo estatal es percibido como incapaz de atajarlo puede crearse un espacio de protesta a su derecha que podría ocupar una opción ultranacionalista española. Sin embargo, esta última posibilidad tampoco debe comportar per se la eclosión institucional de la extrema derecha.

3. ¿Quién puede ocupar hoy un espacio a la derecha del PP?

Para que se produzca un despuntar ultraderechista estatal no basta que exista un espacio político. Este es una condición imprescindible para su desarrollo, aunque insuficiente porque es necesario que también exista un partido capaz de ocuparlo, algo que por ahora no se vislumbra.

Por una parte, la Plataforma per Catalunya [PxC] y España 2000 en la Comunidad Valenciana experimentaron un severo varapalo en los comicios locales de 2015 que puso fin a su crecimiento en la esfera municipal. De este modo, España 2000 pasó de 8.066 sufragios (0.3%) y 4 ediles a 5.845 sufragios (0.2%) y 1 edil. El caso de PxC fue más dramático: pasó de 65.905 votos (2.3%) y 65 ediles (dos de ellos en L’Hospitalet, segunda urbe catalana en población) a 27.348 votos (0.8%) y 8 ediles. Así las cosas, la derecha populista española es un yermo en el que destacan la federación Respeto (que aglutina a PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad [PxL]) y Vox, que en las elecciones europeas de 2014 cosechó 246.833 votos (1.5 %). Ninguno de ambos rótulos cuenta con presencia institucional relevante, liderazgos conocidos por amplios sectores sociales y capacidad inmediata de erigirse como una oferta competitiva.

En tal sentido, las elecciones europeas de 2014 aportan una enseñanza importante en relación a la extrema derecha y es que esta tuvo una presencia insignificante en los países más afectados por la crisis económica: Portugal, España, Irlanda, Chipre y Grecia. Se objetará que en este último caso se alumbró dos formaciones extremistas (Amanecer Dorado y Griegos Independientes), pero ambas suman el 12.8% de los votos, cifra muy alejada -por ejemplo- del 24.9% del lepenismo o del 26.7% del UKIP “brexiter”. La causa de esta diferencia en el voto es simple: la crisis económica y la de los refugiados beneficiaron a partidos de extrema derecha competitivos y presentes en las instituciones políticas, pero no los crearon donde estaban ausentes.

Conclusión: cualquier pronóstico es arriesgado

Pese a lo expuesto, se impone prudencia al hacer un balance. ¿El motivo? si algo enseña el contencioso de Catalunya es que la política estatal ha devenido una montaña rusa que genera nuevos escenarios con rapidez inusitada y el tablero político experimenta cambios inesperados . En esta situación convulsa es importante recordar que el analista Carles Castro apuntó en enero que una opción de “españolidad radical” tendría una bolsa potencial de un millón de votantes, que podría aumentar si confluía con un mensaje crítico sobre la inmigración ( La Vanguardia, 7/I/2017 ) . Por consiguiente, aunque es improbable una eclosión institucional de la ultraderecha, toda cautela es poca al trazar previsiones a corto y medio plazo.

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* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Resurge en España la ultraderecha?”, www.eldiario.es (14/X/2017).


¿POR QUÉ DESDE LA ULTRADERECHA EUROPEA SE APOYA AL SECESIONISMO CATALÁN?

octubre 7, 2017

Diputados de la Lega Nord luciendo camisetas con la bandera separatista catalana en el parlamento italiano (foto del blog Terra i Poble).

EL INDEPENDENTISMO CATALÁN HA RECIBIDO APOYO DE SECTORES DE DERECHA POPULISTA EUROPEA. ¿Por qué?

Ha existido un apoyo táctico del eurófobo Partido de la Independencia del Reino Unido, el UKIP [United Kingdom Independence Party]. Este último criticó la represión policial en Cataluña y su exlíder Nigel Farage señaló la pasividad de la Unión Europea ante la represión policial en Cataluña para poner de manifiesto su pretendida inoperancia ante problemas graves y reivindicar al Brexit, del que su partido hizo bandera: “Nunca hubiera pensado que vería a la Policía de un Estado miembro hiriendo a 900 personas en un intento de frenarles para que no votaran, sea legal o no, solo por expresar su opinión”, afirmó. Denunció asimismo que era “increíble que Juncker no diga nada” y exaltó la salida de Gran Bretaña de la UE: “Gracias a Dios que nos vamos, el ‘brexit’ ha sido un acto de liberación”. En esta misma línea de actuación, por ejemplo, se sitúan las denuncias de la represión en Cataluña por parte de Geert Wilders, dirigente del Partido por la Libertad [Partij voor de Vrijheid].

Sin embargo, el apoyo de la extrema derecha se explica también por una cuestión de fondo y de mayor calado. Y es que, por una parte, existen partidos que defienden Estados-nación, como el Frente Nacional [Front National] que lidera Marine Le Pen.  La formación se posicionó de manera clara y frontal contra el independentismo catalán ya en 2016, al ser escogido Carles Puigdemont presidente de la Generalitat.

Pero, por otra parte, existen formaciones que defienden naciones carentes de Estado, como Interés Flamenco [Vlaams Belang, el antiguo Vlaams Blok] o la Liga Norte [Lega Nord]. De ese modo, el apoyo a la independencia catalana ya se plasmó de forma vistosa en 2013 cuando asistieron al parlamento con camisetas que tenían una bandera “estelada” impresa. Precisamente, el actual apoyo de la Liga al separatismo catalán ha provocado tensiones con su socio electoral, Hermanos de Italia [Fratelli d’Italia], que concibe a Italia como un Estado nación.

Asimismo, Heinz-Christian Strache -líder del Partido de la Libertad de Austria, el FPÖ [Freiheitliche Partei Österreichs] empleó la represión policial del 1-O en Cataluña para cuestionar a la UE (“Unas imágenes increíbles que dejan sin palabras. ¿Dónde está la condena de la UE?”). Sin embargo, el líder del FPÖ defiende también la autodeterminación de los pueblos, principio que también suscribió la Plataforma per Catalunya [PxC] en mayo de 2010. De hecho, esta cuestión acabó influyendo en una escisión independentista de la formación, Som catalans.

En suma, en los apoyos de extrema derecha al independentismo confluyen tacticismo para cuestionar a la UE, pero también una concepción ultraderechista de Europa que cuestiona los Estados nación.