DON JUAN DE BORBÓN O EL MITO DEL PRETENDIENTE AL TRONO DEMÓCRATA

marzo 26, 2017

Acto de renuncia de Don Juan a sus derechos dinásticos el 14 de mayo de 1977.

ESTE AÑO SE CUMPLEN CUARENTA AÑOS  DE LA RENUNCIA DE DON JUAN A SUS DERECHOS DINÁSTICOS, que tuvo lugar el 14 de mayo de 1977, un hecho sobre el que se suele pasar de puntillas porque empañaba la legitimidad de su hijo en el Trono.

Dado que tiende a reproducirse una biografía idealizada del mismo que le presenta como una alternativa demócrata a la dictadura de Franco, hemos considerado pertinente reproducir esta semblanza que publicamos en el 2007 al respecto.*

Como puede apreciarse a continuación, éste distó mucho de ser un demócrata rectilíneo. En general, tuvo una trayectoria política errática y oportunista, que le llevó a transitar por el autoritarismo, ya que su principal afán fue llegar a reinar. Quien esté interesado en más información al respecto, puede consultar nuestro ensayo Franco y los Borbones (2005). 

 

JUAN III: EL REY QUE NUNCA REINÓ

El pasado 14 de mayo se cumplieron treinta años de la renuncia de Don Juan de Borbón y Battenberg a sus derechos a la Corona en favor de su hijo Juan Carlos I. La efeméride no ha merecido conmemoración alguna porque ésta evidenciaría de nuevo las contradicciones iniciales que revistió la legitimidad dinástica del actual monarca: fue Rey de hecho desde noviembre de 1975, cuando fue proclamado como tal por las Cortes, pero no lo fue de derecho hasta que su padre hizo esta renuncia.

Esta situación explica las trabas que halló Don Juan para hacerla como deseaba: con una vistosa ceremonia en la cubierta del Dédalo, ante el ataúd de Alfonso XIII. Su propuesta fue desestimada por temor a realzar un acto que podía crear confusión en la opinión pública. La reina Sofía defendió que la renuncia “se hiciera simplemente por carta” y Torcuato Fernández-Miranda afirmó que no debía producirse, pues “significaba enmendarle la plana al régimen”.

Don Juan no era el primogénito de Alfonso XIII, sino su tercer hijo varón (en la imagen está de pie a la derecha).

Finalmente Don Juan la llevó a cabo en un acto televisado: “En virtud de esta mi renuncia, sucede en la plenitud de los derechos dinásticos como Rey de España a mi padre el Rey Alfonso XIII, mi hijo y heredero el Rey Juan Carlos I”, declaró. No obstante, tras este gesto dinástico “anormal”, que restableció la “normalidad” dinástica, siguió empleando el título de conde de Barcelona, pese a ser un título de soberanía del Rey de España y resultar incongruente con su renuncia.

Ésta última habría marcado una inflexión vital, pues según el juanista Víctor Salmador “dejó de interesarle todo” e “hizo un esfuerzo sobrehumano para sobreponerse a la apatía y a la tristeza”. En 1982 regresó a España, poniendo fin a su exilio en la ciudad lusa de Estoril (donde residía desde 1946) con su esposa Doña María. En octubre de 1992 hizo unas declaraciones al Diario de Navarra reflejando una visión pesimista de España (“La veo mal, algo desgarrada y con su unidad amenazada”) y su gran frustración: “Me hubiera gustado ser Rey de todos los españoles. Fue mi vocación para la que me educaron y para la que viví, pero renuncié plenamente [a ella] porque era para el bien de España”. Falleció poco después, en abril de 1993.

 

Alfonso XIII con Don Juan en el exilio.

Hijo de Rey y padre de Rey, nunca reinó

La renuncia de Don Juan en 1977 puso fin a su dilatado esfuerzo por reinar. Nacido en 1913 del matrimonio de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, fue su tercer hijo varón y no devino heredero de la Corona hasta 1933, cuando la familia real ya vivía en el exilio. Ignoramos la razón de este tardío reconocimiento, pues su hermano mayor, Don Alfonso, era hemofílico y el segundo, Don Jaime, sordomudo. Don Juan, por tanto, era ya desde su niñez el único vástago capaz de suceder a Alfonso XIII. ¿Por qué el monarca no tomó esta decisión cuando reinaba? El republicano Rafael Borràs apunta una respuesta: de abdicar el Rey en Don Juan según la Constitución de 1876, las Cortes debían sancionar su decisión, lo que pudo disuadirle al herir “su orgullo de rey” y poner de manifiesto las limitaciones de sus hijos.

En todo caso, sólo cuando sus dos hermanos mayores renunciaron en 1933 a sus derechos dinásticos y contrajeron sendos matrimonios desiguales quedó expedito su camino al Trono. Enrolado entonces Don Juan en la Royal Navy, recibió un lacónico telegrama paterno en Colombo (Sri Lanka): “Por renuncia de tus dos hermanos mayores, quedas tú como mi heredero. Cuento contigo para que cumplas con tu deber”. Su condición de heredero al Trono truncó la vocación naval de Don Juan (“Se acabó la Marina, se acabó todo”, recordó años después) y pronto se halló inmerso en las tensiones que rodearon a Alfonso XIII en el exilio: el grueso de monárquicos –liderado por José Calvo Sotelo- quiso que el Rey renunciara a sus derechos en favor de Don Juan y éste tuvo que maniobrar entre su padre y sus belicosos leales.

Don Juan se presentó como combatiente voluntario del bando alzado. En la foto lleva la boina carlista y el símbolo falangista.

Iniciada la Guerra Civil (1936-1939) Don Juan fue invitado a protagonizar un “salto dinástico” en dos ocasiones al menos. Por una parte Dionisio Ridruejo le propuso iniciar en la Falange una carrera como militante de base para devenir monarca después. Don Juan rechazó el despropósito: “Yo les dije que si les fallaba como jefe local, ya no me harían Rey”.

Por otra parte, el historiador Ricardo de la Cierva señaló un eventual acuerdo que posteriormente se frustró entre Don Juan y el general Franco: “Franco le confirmó secreta y personalmente como su futuro sucesor a título de rey sin fecha fija”. Dio fe de tales rumores un significado confidente de Alfonso XIII en Suiza, Ramón de Franch: “¿Manteníanse contactos entre Burgos y la residencia romana de D. Juan, a espaldas de su padre? En Lausanne se andaba de puntillas sobre el terreno resbaladizo de las hipótesis”, escribió.

En 1941 falleció Alfonso XIII y Don Juan empleó desde entonces el título de conde de Barcelona, aunque sus leales le aclamaron como “Juan III”. Entre ese año y 1948 la actuación política de Don Juan fue errática y oportunista. Entre 1941 y 1942 tanteó círculos nazis y fascistas en busca de avales para reinar, pero en realidad apostó de forma decidida por los aliados, en especial con su Manifiesto de Lausana (1945), lo que irritó profundamente a Franco.

Acabada la Segunda Guerra Mundial, e instalado en Estoril, Don Juan mantuvo su complejo juego político entre 1946 y 1948. Entonces estableció las llamadas Bases de Estoril –que definían una monarquía corporativa y antiliberal- y a la vez buscó un pacto con la oposición al franquismo, incluyendo a anarquistas y socialistas. Todo fue en vano: el anticomunismo de la Guerra Fría consolidó la dictadura de Franco y éste vio aprobada en un referéndum celebrado en 1947 una Ley de Sucesión que dejó a su arbitrio el nombramiento de su sucesor a título de Rey.

Encuentro de Franco y Don Juan en el Azor en 1948.

En agosto de 1948 Don Juan mantuvo una entrevista con Franco a bordo del yate Azor, en el Cantábrico, en la que se decidió que estudiara en España su hijo Juan Carlos, nacido en 1938. Con tan valioso rehén en manos del dictador, poco pudo hacer ya Don Juan para acceder al Trono, salvo esperar un golpe de Estado que nunca llegó. Había perdido la batalla de la Corona y en sus empeños dilapidó su credibilidad política ante franquistas y antifranquistas, ya que sus vaivenes acuñaron una imagen de hombre sin criterios.

Así, cuando Franco comentó al escritor monárquico José M. Pemán que “Don Juan, hombre afable por acogedor, se deja influir por el último que llega”, recibió esta réplica: “Pues llegue usted el último”. Igualmente, Ibérica, revista del exilio sostenida en Nueva York por Victoria Kent y patrocinada por Salvador de Madariaga, expresó en 1960 su desencanto: “Don Juan unas veces dice a los hombres de ‘la Corte’ que su monarquía será liberal y otras veces declara […] que seguirá el ‘movimiento del general Franco’”.

Acto de aceptación de Juan Carlos como sucesor de Franco en 1969.

Paradójicamente, el “salto dinástico” que Franco decidió en 1969, al designar oficialmente a Don Juan Carlos sucesor, hizo que la desvaída figura del conde de Barcelona cobrase nuevo brillo: excluido del Trono, su figura fue contemplada por parte de la oposición al régimen como una “alternativa demócrata” a la presunta continuidad institucional de la dictadura encarnada por su hijo. Su proyección fue también realzada a posteriori por monárquicos que aludieron a la existencia de un “pacto de familia” entre Don Juan y Don Juan Carlos para llevar la democracia a España, aunando esfuerzos para evitar la instauración de una República.

De ese modo, el historiador Charles T. Powell apunta que los neojuanistas hacen suya “una visión juanista de la transición, según la cual fue el padre del Rey quien inspiró el proceso democratizador, a distancia y por persona interpuesta”. La realidad cuestiona esta conjetura: sin ir más lejos, Don Juan estuvo a punto de abanderar la oposición a su hijo en 1974, lo que dejó literalmente “aterrada” a su esposa, Doña Maria.

¿Drama personal o espejo generacional?

Una abundante publicística monárquica presenta el enfrentamiento entre Don Juan y su hijo como un drama personal, enfoque que confiere un protagonismo a la familia real de resonancias hagiográficas: son los “sacrificios” y “renuncias” de Don Juan y la mediación abnegada de Doña María entre esposo e hijo lo que permite restablecer la Corona y restaurar la democracia. Desde nuestra perspectiva, esta narración en clave de “epopeya dinástica” oculta sin pretenderlo una realidad más profunda: el “salto dinástico” que protagonizó Don Juan Carlos fue el reflejo más visible del cambio generacional que hizo viable la llamada Transición.

Durante el franquismo las organizaciones de la oposición se caracterizaron por un recambio generacional que supuso una relativa asimilación de la política española a la europea. Este cambio marcó el ocaso de las direcciones del exilio, comosucedió consocialistas como Rodolfo Llopis, anarquistas como Federica Montseny o incluso con la “vieja guardia” comunista. El caso de Don Juan fue similar al de estos exiliados: compartió con ellos un largo alejamiento, vanas esperanzas de regresar triunfante con complots más fantasiosos que factibles y la percepción distorsionada de la realidad española.

Todos ellos fueron grandes perdedores de la democratización y Don Juan, aunque no se contó entre los vencidos de la guerra ni los represaliados del franquismo, fue uno más, como escribió en 1958: “Yo soy el único exiliado que sin cometer delitos comunes o de sangre no me deja el General ir [a España]”. Hoy, “Juan III” -Rey que nunca reinó- aún espera una biografía crítica que supere distorsiones, filias y fobias en torno a su figura.

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*  Xavier Casals, “Juan III: el rey que no reinó”, El noticiero de las ideas, 32 (octubre-diciembre 2007), pp. 5-7. Reproducido inicialmente en este blog el 3 de febrero de 2013, con motivo del centenario del nacimiento de Don Juan.


EL PRÓXIMO GRAND ROUND POPULISTA: MACRON CONTRA LE PEN

marzo 19, 2017

Marine Le Pen y Emmanuel Macron, los grandes aspirantes a la presidencia francesa.

TRAS LAS ELECCIONES HOLANDESAS, el nuevo gran reto que planteará el populismo antieuropeísta tendrá lugar en las elecciones presidenciales francesas, cuya primera vuelta tendrá lugar el 23 de abril. Sus dos grandes contendientes son Marine Le Pen y Emmanuel Macron.

A continuación reproducimos un interesante artículo de Marc Bassets publicado por El País (19/III/2017) que ofrece una síntesis bien planteada de la contienda que se plantea entre lo que el autor considera “las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo”.

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Macron contra Le Pen, el pulso del populismo global

Francia es el próximo escenario del choque entre las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo

El banquero-filósofo y la rica heredera. El elitista y la populista. El liberal y la partidaria de un estado fuerte e intervencionista. El europeísta y la soberanista. El cosmopolita y la chovinista. Los puentes y los muros.

Pocas veces el contraste había sido tan nítido y políticamente explosivo. Emmanuel Macron —un banquero de inversiones con formación humanista, un exministro de Economía que hoy ocupa el centro del tablero en Francia— y Marine Le Pen —líder y transformadora del partido ultra que fundó su padre— serán los probables finalistas en las elecciones presidenciales en Francia de esta primavera. No es descartable que el candidato de la derecha hasta ahora hegemónica, François Fillon, se acabe colando en la ronda final, pero, si los sondeos aciertan, Macron y Le Pen encabezarán la primera vueltas, el 23 de abril, y se disputarán la victoria en la segunda, el 7 de mayo.

Espot oficial de Marine Le Pen.

Puede ser la batalla decisiva entre las fuerzas que llevan más de un año colisionando a ambas orillas del Atlántico. Los términos del combate —dos ideas de Francia, de Europa y del mundo frente a frente— están bien delineados, y son similares a los de los últimos meses en Reino Unido, Estados Unidos y, esta semana, Holanda.

En Francia los dos candidatos se parecen en algunos aspectos. Ni Macron ni Le Pen han pasado por primarias en sus partidos. Son partidos emergentes, como En Marche!, el de Macron. O, en el caso del Frente Nacional de Le Pen, marginales: no por su fuerza electoral, que es sólida y considerable, sino porque se coloca fuera del consenso republicano predominante en las últimas décadas, y porque su peso legislativo es escaso. Ambos candidatos se postulan como políticos antisistema, aunque Macron haya sido ministro, y Le Pen y antes su padre, Jean-Marie lleven en política desde hace más de medio siglo.

Es más: ambos rechazan las etiquetas de derecha e izquierda; quieren trascenderla. El primero, desde el campo de los progresistas de todo color frente a los conservadores de izquierda y derecha: un extremo centroque abarcaría el vasto espacio que han dejado abiertos los viejos partidos hegemónicos. La segunda, desde una extrema derecha que asume referentes de la izquierda tradicional, como las ideas del Nobel de Economía Joseph Stiglitz sobre la desigualdad, o la retórica patriótica de Jean Jaurès, el padre del socialismo francés, ambos citados en discursos recientes por Le Pen.

“Vivimos una desestructuración de las líneas divisorias. Es decir, la división derecha-izquierda sobre el que se estructuraba toda la vida política hace treinta años, poco a poco ha perdido su legibilidad y, para muchos franceses, su pertinencia”, dice Gilles Finchelstein, director general de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista, y autor del ensayo ‘Trampa de identidad. Reflexiones (inquietas) sobre la izquierda, la derecha y la democracia’. El cambio se explica, primero, por la fatiga tras décadas de coexistencia y alternancia del PS y el actual partido de Los Republicanos. Además, nuevos asuntos han dividido transversalmente a la izquierda y a la derecha, como Europa: los europeístas y los euroescépticos están a ambos lados.

Presentarse con el programa de Macron, y más en un país reticente a toda reforma como es Francia, tiene algo de kamikaze. Defender el liberalismo económico en tiempos de desconfianza hacia el capitalismo; promover la sociedad abierta en tiempos de repliegue; ser europeísta sin complejos en un momento en que defender la integración europea suponer ir contracorriente: su empeño es temerario.

Espot oficial de Emmanuel Macron.

Una clave de su éxito es haber adoptado una actitud antiestablishment, lo que algunos han definido como un populismo liberal. Joven, con poca experiencia política, exbanquero: en apariencia son debilidades. Podrían convertirse en ventajas si los franceses ven, en un recién llegado, no un novato sino una esperanza de renovación, y en un banquero no un oligarca sino una garantía de autonomía financiera y profesional y de competencia económica.

Si Le Pen ganase, “sería el final, de facto, de la Unión Europea”, avisa Jeremy Shapiro del laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Pero si gana Macron, continúa, significará que el liberalismo entendido en el sentido amplio, no solo económico, sino como progresismo social, no está muerto, que “el problema no era el liberalismo en sí sino como había quedado atado a las viejas élites y figuras del establishment”.

Significará, también, que el relato del Brexit y de Donald Trump en EE UU, el de la rabia populista que hace temblar a los gobiernos occidentales, tiene sus límites. No hay un solo hilo: la realidad —y los sistemas políticos— son más sinuosos. Trump ganó siendo su rival demócrata, Hillary Clinton, la más votada; Le Pen puede perder tras ser la más votada en la primera vuelta.

“Que Francia elija a un presidente que no tiene ni 40 años, que es proeuropeo, que está abierto al mundo, teniendo en cuenta la imagen que puede haber del país y a la inquietud que existe sobre Marine Le Pen, sería una señal extraordinaria”, dice Finchelstein. “Pero aún no hemos llegado a este punto”.

ANTIGLOBALIZACIÓN O ‘ANTIESTABLISHMENT’

“Emmanuel Macron será una prueba sobre si lo que está ocurriendo es antiglobalización o antiestablishment”, dice Jeremy Shapiro, investigador en el laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y alto funcionario en el Departamento de Estado durante la Administración Obama. “Macron es un rostro nuevo, y en la política francesa los rostros nuevos son bastante raros. Y contrasta con Marine Le Pen: ella y su padre han sido una presencia en la política desde hace décadas. Ella es antiglobalización pero él, en cierto modo, es antiestablishment”.


TRES LECTURAS PARA COMPRENDER EL FRENTE NACIONAL Y EL LEPENISMO

marzo 12, 2017

Marine Le Pen con el lema y símbolo de su campaña presidencial.

LA BIBLIOGRAFÍA DISPONIBLE SOBRE EL LEPENISMO Y LA ULTRADERECHA FRANCESA ES MÁS QUE ABUNDANTE. En este blog ya apuntamos en 2012 una primera sugerencia bibliográfica sobre el Front National marinista. A continuación sugerimos al lector otros tres títulos para aproximarse a este espectro ideológico cuando Francia se halla a las puertas de las elecciones presidenciales.

Joël Gombin, Le Front National. Va-t-elle diviser la France? 

La obra constituye una síntesis histórica sobre el FN lepenista interesante, sólidamente documentada y bien escrita.

El ensayo muestra la evolución de este partido desde sus orígenes en 1972 hasta el presente. Publicado en octubre de 2016, ofrece una panorámica muy actualizada del partido, que permite comprender cómo el marinismo se ha convertido en una importante oferta electoral. Muestra sus tensiones internas, fortalezas y debilidades. Lo hace con una prosa ágil y mínimas referencias bibliográficas para facilitar la lectura. Debe destacarse que el autor es un politólogo que realiza estudios de sociología electoral y el lepenismo ha sido uno de sus temas de investigación.

Todo lo expuesto la convierte en una síntesis idónea para obtener una panorámica histórica actualizada de esta formación.

Valérie Igounet, Les français d’abord: slogans et viralité du discours Front National (1972-2017)

A diferencia de la aproximación anterior al FN, Igounet ofrece aquí un muy sugerente estudio de la historia de este partido a partir de su propaganda: una selección de lemas, temas y carteles de la formación que permiten comprender su evolución. El reciente ensayo (se publicó en enero), bien ilustrado, ágil y breve, es una aportación interesante para comprender el éxito del lepenismo y la evolución de su ideario a través del tiempo: valora sus innovaciones y, a la vez, señala aparentes novedades propagandísticas que reciclan viejas temáticas del partido. Es especialmente interesante su análisis de cómo la fraseología e ideas-fuerza del FN han sido asumidas por otras fuerzas de derecha.

Como en el caso anterior, la autora es una historiadora solvente y buena conocedora de este espectro político, pues destacó por su estudio sobre el negacionismo del genocidio judío en Francia y es autora también de una historia del FN lepenista.

Dominique Albertini y David Doucet, La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net.

Extenso reportaje periodístico sobre la relevante presencia de la extrema derecha francesa en Internet.

Los autores, ambos periodistas, han realizado un extenso trabajo de documentación que traza la historia de los sitios web más significativos e incluye entrevistas con la mayoría de sus administradores. Como ya hemos señalado en un artículo sobre la extrema derecha e Internet, Albertini y Doucet examinan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o  los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.


OTTO RAHN: LAS CONEXIONES ENTRE CATARISMO Y NAZISMO*

marzo 4, 2017

himmlergrail

Iconografía nazi en torno a la búsqueda del Grial (publicado por La Opinión de La Coruña)

UNA DE LAS FIGURAS  QUE MÁS FASCINACIÓN HA EJERCIDO EN RELACIÓN AL MUNDO “NEOCÁTARO” ES OTTO RAHN, que buscó el Santo Grial en la fortaleza de Montségur. Miembro de las SS que acabó expulsado de sus filas, dejó una obra escrita breve pero influyente en el entorno hitleriano al amalgamar nazismo y catarismo.

otto_rahnSabemos muy poco de él, pues su trayectoria está rodeada de toda suerte de especulaciones. Y es que su personalidad fue harto chocante: francófilo y al parecer homosexual, se desenvolvió en un universo nazi pangermánico y exaltador de la virilidad. Así las cosas, los interrogantes sobre Rahn (a la derecha, imagen de Wikipedia) son numerosos, abarcan todos los órdenes de su vida y tienen difícil respuesta con las fuentes disponibles: ¿Fue un estudioso del catarismo o lo empleó como pretexto para labores de espionaje? ¿Actuó como un nazi convencido o su condición de homosexual y la falta de medios le llevaron a las filas de las SS? ¿Murió en 1939 o se orquestó una farsa para “blanquear” sus supuestos ancestros judíos? Al margen de sus móviles, sabemos con certeza que nazificó el catarismo y mereció la atención y la complacencia del máximo dirigente de las SS, Heinrich Himmler.

De Monsalvat a Montségur

Rahn nació en Michelstadt en 1904, en el seno de una familia provinciana muy religiosa. Desde su primera juventud ambicionó ser un gran escritor y en 1930 viajó a París, en busca de fortuna en el mundo del cine y para continuar su tesis doctoral sobre el poeta Wolfram von Eschenbach (¿1170-1220?).

Fue su curiosidad por su obra Perceval la que le llevó al mundo cátaro, al aludir a la existencia del Grial en un lugar llamado Mountsalvatsche, bajo la influencia de El cuento del Grial, del escritor francés del siglo XII Chrètien de Troyes. A su vez, Richard Wagner (1813-1883) se inspiró en Perceval al escribir su drama Parsifal, que situó la leyenda del Grial en Montsalvat, en los Pirineos. Se abrió así una brecha que condujo a Rahn a identificar Mountsalvatsche y Montsalvat con el Montségur occitano y a los cátaros con los custodios del Grial.

Castillo cátaro de Montsegur.

Instalado en la capital francesa con pocos recursos, Rahn frecuentó medios bohemios esotéricos que avivaron su interés por el catarismo. Y en 1931, viajó por el sur de Francia y contactó con Antonin Gadal, que poseía un museo cátaro y una extensa librería sobre el tema y era miembro de una sociedad de Amigos de Montségur y el Grial. Esta entidad -expone Peter Levenda en su estudio sobre nazismo y ocultismo Unholy Alliance (1995)- estaba convencida de que existía una conexión entre el movimiento cátaro y los romances sobre el Grial. Asimismo, el joven germano trabó estrecha relación con la condesa Myrianne de Pujol-Murat, descendiente de la condesa cátara Esclarmunda de Foie (1155-1240).

Obra en la que Rhan germanizó al catarismo.

Rahn, sin embargo, tuvo que regresar a su país al ser sospechoso de practicar espionaje (aunque sus erráticas andanzas no parecen cooroborarlo) y en 1933 plasmó sus tesis sobre los cátaros en Cruzada contra el Grial. Conoció entonces una lenta aproximación al entorno de Himmler que le animó a seguir sus indagaciones. Una vez más, es difícil dilucidar las claves de la carrera de Rahn en medios hitlerianos, aunque sabemos que contó con el beneplácito del influyente Karl Maria Wiligut (considerado como el “Rasputín” de Himmler).

Éste pertenecía a la galaxia de los “ariosofistas” (exaltados nacionalistas que preconizaban la existencia de una antigua raza aria) y manifestaba tener una “memoria ancestral” que le permitía captar las andanzas de sus antepasados teutones miles de años atrás. Afirmaba que la Cristiandad había sido invención germánica, incluyendo la Biblia. Sus teorías le ganaron la confianza de un crédulo Himmler, que le convirtió en asesor áulico al organizar la Anhenerbe (“Memoria ancestral”), una entidad de las SS que debía rastrear huellas arias a través del planeta en la que convergieron expertos y lunáticos.

rahnFoto de Rahn con 29 años. Lleva la fecha y su firma (imagen de Otto Rahn Memorial).

La germanización de los cátaros

Rahn formó parte de este tinglado en el que sus teorías sobre el Grial –como era de preveer- hallaron un campo fértil para arraigar y dar un paso adelante: “germanizar” el catarismo. En 1937 Rahn lo hizo en La corte de Lucífer, complaciendo a Himmler hasta el punto de que éste regaló a Adolf Hitler una lujosa edición de la obra por su cumpleaños.

En ella Rahn exponía que los cátaros no consideraban a Lucífer el maligno, sino todo lo contrario. Le percibían como Luzbel, el portador de la Luz, y le asimilaban con el Norte, diferenciándole del maligno Satán, identificado con el Sur. En esta cosmovisión, el Grial era una piedra preciosa caída de la Corona de Lucífer de la que la Iglesia se había apropiado y convertido en símbolo cristiano (el cáliz que sostiene Jesús). Asimismo hizo al monasterio benedictino de Montserrat depositario del Santo Grial. Ateniéndonos a lo expuesto, no es de extrañar la célebre visita que Himmler y su séquito realizaron al cenobio catalán en octubre de 1940.

Karl Maria Wiligut, el “Rasputín” de Himmler.

El resultado de esta lectura cátara de Rahn era una mutación de papeles: ahora los herejes encarnaban una rebelión espiritual contra Roma y Jerusalén, y los cruzados eran servidores de un Satán identificado con la Iglesia católica y, en sentido amplio, con la cultura judeocristiana, señala su biógrafo Mario Baudino (Il mito che uccide, 2004). En este aspecto, la visión de los “perfectos” de Rahn sintonizaba con las teorías raciales hitlerianas, ya que la cruzada anticátara se insertaba en un intento de los hombres del Sur por asaltar al Norte y acabar con los cátaros, que conservaban una memoria ancestral de sus orígenes nórdicos.

¿Asesinato, suicidio o… resurrección?

diccionario-critico-de-mitos-y-simbolos-del-nazismoEn marzo de 1939 Rahn fue expulsado de las SS y, siguiendo a la germanista Roser Sala Rose (Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, 2003), ello obedeció a su homosexualidad, a problemas con la bebida y a sus dudas sobre el sistema nazi. Se especula al respecto que el buscador del Grial pasó un cuatrimestre en el campo de Dachau en 1937 como guardián en sanción por su adicción al alcohol, y quizá reflexionó sobre las similitudes entre el sistema punitivo nazi y el que conocieron los herejes occitanos, aunque ello es pura especulación. Igualmente, el 9 de noviembre de 1938 se desencadenó la “noche de los cristales rotos”, que marcó el inicio de los pogromos antisemitas. ¿Cobró conciencia Rahn de haber obrado al servicio de un Estado criminal? También llama la atención de que fue apartado de las SS al mismo tiempo que Wiligut: ¿Compartieron ambos algún secreto?

En todo caso, poco sabemos de sus últimos días y el mes de mayo de ese año fue hallado su cadáver en los Alpes austriacos, en el monte Kufstein. Aparentemente se suicidó por sobredosis de somníferos, pero su muerte –como todo lo que rodea a Rhan- ha merecido teorías imaginativas y se han disparado las especulaciones. De este modo, su fallecimiento se ha atribuido a la intervención de oficiales de la Wehrmacht o a una orden de suicidio. Por otra parte, se ha apuntado que Rahn habría tenido antecedentes familiares judíos y para “blanquearlos” las SS urdieron una “falsa muerte”. Después de ésta, Otto Rahn adoptó la identidad de Rudolf Rahn, último embajador plenipotenciario alemán en Italia. Ernesto Milá, en Nazismo y esoterismo (s. a.; versión francesa de 1990), apunta que tal tesis es verosímil.

himmler-montserratHimmler durante su visita a Montserrat en 1940.

En definitiva, Rahn y su catarismo nazi han acabado por conformar un juego de muñecas rusas: si abrimos la mayor con su efigie, en su interior hallamos otras más pequeñas de Himmler y Wiligut, dramaturgos y trovadores atraídos por Grial, estudiosos y bohemios del mundo cátaro. Las figurillas explican la obra de Rahn a la vez que le rodean de un halo enigmático que le convierte en “héroe del ocultismo”, en expresión de su biógrafo Baudino. Rhan contribuyó a ello en la medida que se forjó una identidad heterodoxa: “Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes”, escribió en La Corte de Lucífer.

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* Artículo publicado en su versión inicial como “¿Qué se esconde tras el catarismo nazi?”, Especial Clío, 1 (marzo 2009), pp. 100-101. Esta entrada fue editada en este blog en julio de 2011 y la hemos recuperado ahora al recibir una petición.


ENTREVISTA A JOSEP PICH: “LA REVOLUCIÓN DE JULIO DE 1909 EN BARCELONA FUE EL PRIMER GRAN AVISO DE LA GUERRA CIVIL”

febrero 25, 2017

pichJOSEP PICH MITJANA es profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y miembro del Grup de Recerca en Estats Nacions i Sobiranies [GRENS]. Su tesis doctoral analizó la figura de Valentí Almirall y la génesis del catalanismo político. Ha ganado ex aequo el premio Joan Givanel i Mas del Institut d’Estudis Catalans (2001) y el XXI premio Ferran Soldevila (2004).

Ha participado en diversas obras colectivas y monografías, como El Centre Català (2002);   Almirall i el Diari Català (2003); Federalisme i catalanisme: Valentí Almirall i Llozer (1841-1904) (2004); Valentí Almirall i el federalisme intransigent (2006) y Francesc Pi y Margall y la crisis de Melilla de 1893-1894 (2008).   Asismimo es autor de tres e-books:  Les dues guerres mundials i el període d’entreguerres (1914-1945)La Setmana Tràgica 1909: Sagnant, roja, negra o gloriosa y La Guerra Freda i el món contemporani (1945-1989). Sus líneas de investigación son el federalismo, el catalanismo y el imperialismo español.

El motivo de esta entrevista es su interesante trabajo “La revolución de Julio de 1909”, publicado en la revista Hispania, Vol. LXXV, 249 (enero-abril 2015), accesible en PDF aquí. En este estudio ofrece una lectura muy diferente de la “Semana Trágica” de 1909 en Barcelona: no se trató de una revuelta anticlerical y antimilitarista sino de un estallido revolucionario mucho más importante que el de 1917 y que -por su magnitud- anticipó el conflicto que vislumbró la Guerra Civil. Por esta razón le hemos entrevistado y le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras cuestiones.

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barricada-semana-tragicaLevantamiento de una barricada en Barcelona durante la “Semana Trágica” de 1909.

Usted considera que la “Semana trágica” de Barcelona de 1909 ofrece una interpretación muy distinta a la de una simple revuelta anticlerical. ¿Por qué?

Porque el impacto de los sucesos que afectaron a buena parte de Cataluña, entre el 26 de julio y el 1 de agosto de 1909, fue de tal magnitud que gran parte de la población que los vivió dividía su vida en el antes y el después de la “semana trágica”. Sin embargo, no todo el mundo recordaba aquellos hechos como una tragedia, negra, penosa o bárbara, ya que para los liberales y las diferentes tendencias republicanas y obreristas era una semana roja, es decir, revolucionaria, así como gloriosa, porque consideraban que era digna de alabanza.

Algunos, como los redactores del semanario humorístico Papitu, afirmaban que fueron unos días alegres, ya que ante la imposibilidad de salir de casa, especialmente en la ciudad de Barcelona, se habría incrementado la natalidad. Autores vinculados a opciones ideológicas muy dispares, como el anarquista Leopoldo Bonafulla -seudónimo que ocultaba a Joan Baptista Esteve-, el socialista Josep Comaposada, el periodista de tendencia liberal José Brissa, el reaccionario, antiguo rector de la Universidad de Oñate, Modesto H. Villaescusa calificaban aquellos acontecimientos de revolucionarios.

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Que los conozcamos mayoritariamente como “semana trágica”, posiblemente, se debe al estudio de Josep Benet sobre el poeta Joan Maragall de 1963 titulado Maragall i la Setmana Tràgica, y la magnífica investigación de la profesora norteamericana Joan Connelly Ullman, The Tragic Week: a study of Anti-Clericalism in Spain de 1968. De hecho, la última semana de julio de 1909 es un referente de la historia política española del siglo XX, en el que se entrecruzan política colonial y movimiento antiimperialista, la pugna entre clericales y anticlericales, el fracaso del proyecto del líder conservador y presidente Antonio Maura de regenerar el sistema político de la Restauración, y el intento de revolución republicana más relevante, hasta la proclamación de la segunda República el 14 de abril de 1931; una revolución republicana que, en cierta manera, se ha visto minusvalorada por la historiografía.

¿Por qué la revolución quedó confinada a Barcelona?

El inicio del conflicto sorprendió al Gobierno, ya que el presidente, Maura, se encontraba de vacaciones, mientras que el ministro de gobernación, figura equivalente al actual ministerio del interior, Juan de la Cierva ejercía la jefatura del gobierno en funciones. Éste temía que la huelga general revolucionaria que afectaba a gran parte de Cataluña se expandiese al resto de España. Por tanto, explica en sus memorias que dejó que circulase el rumor de que se trataba de un movimiento separatista.

El bulo era totalmente infundado, tal como muestra el hecho que, el jueves 29 de julio, cuando un grupo de insurrectos, mayoritariamente libertarios, asaltaron en Barcelona el local del batallón de la libertad se apoderaron de una gran bandera española que pasearon por la ciudad. Sin embargo, la mayor parte de los españoles del período se lo creyeron por el apabullante éxito de la candidatura de Solidaritat Catalana, en las elecciones de 1907. Ésta era una plataforma electoral que unió desde republicanos federales a carlistas con el objetivo de derogar la ley de jurisdicciones, y aprobar un cierto autogobierno para Cataluña; unas reivindicaciones que eran presentadas como separatistas por los partidarios del sistema políticamente centralista y culturalmente uniformador del período de la Restauración.

“Para evitar que la revolución se extendiera al resto de España el entonces presidente en funciones -Juan de la Cierva- dejó circular el rumor de que se trataba de un movimiento separatista”

La posibilidad de que se tratase de un movimiento secesionista conllevó el inició de un boicot en contra de los productos catalanes que no finalizó hasta que el jefe del Gobierno, Maura, explicó que eran los catalanes los principales afectados por los hechos revolucionarios. En 1909, paradójicamente, habría generado más patriotismo la posibilidad de abortar una presunta rebelión separatista catalana que el tradicional espíritu bélico que surgía cuando las tropas españolas se enfrentaban a los marroquíes, que en aquel período eran identificados genéricamente como moros.

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Los dirigentes políticos rechazan la posibilidad de proclamar la República en 1909.

¿Qué papel tuvo el anticlericalismo en la revuelta?

Una de las aportaciones de mi investigación ha sido un intento de “cartografiar” la huelga y el movimiento revolucionario, con mapas de las poblaciones que apoyaron la huelga general, de las que actuaron los republicanos y de las afectadas por actos anticlericales. La huelga general abarcó a la mayor parte de Cataluña. En cambio, el movimiento republicano y el anticlerical fueron más limitados. El primero tuvo como epicentro la ciudad de Sabadell y algunas poblaciones gerundenses, mientras que el segundo se centró en la capital catalana.

st-4La huelga se transformó en algunas poblaciones catalanas en un movimiento anticlerical más interesado en la destrucción de edificios y de símbolos católicos que en el asesinato de los religiosos/as. En cambio, durante la Guerra Civil, atacaron tanto a los edificios y los símbolos, como a las personas.

Los principales líderes republicanos barceloneses se negaron a encabezarlo. Su negativa a liderar el movimiento revolucionario ha generado diversas interpretaciones. Los republicanos lerrouxistas eran el principal partido entre el proletariado barcelonés y Connelly Ullman defiende la tesis que sus principales dirigentes habrían optado por transformar la huelga general en una rebelión anticlerical, para evitar el inicio de una verdadera revolución que podía resultar muy peligrosa para sus intereses, si no triunfaba.

En cambio, Josep Benet, Joaquín Romero-Maura o Joan Baptista Culla sostienen que los organizadores de la huelga general buscaron el apoyo de los lerrouxistas, pero éstos, de la misma manera que hicieron los republicanos catalanistas, no quisieron asumir la responsabilidad de dirigir el movimiento revolucionario, con lo que la huelga general se transformó en un movimiento acéfalo y caótico, en el que estalló el movimiento anticlerical.

“La revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917″

¿Hasta qué punto fue un movimiento espontáneo u organizado?

No puedo afirmar si fue espontáneo o planificado, pero sí que puso de manifiesto que los dirigentes obreristas no estaban preparados para dirigirlo. A partir de estos sucesos, los republicanos catalanistas y especialmente los lerrouxistas perdieron gran parte de su capacidad de influencia en el obrerismo catalán. De hecho, tanto los coetáneos como la historiografía actual no se han puesto de acuerdo en si se trató de un movimiento espontáneo u organizado.

Posiblemente, porqué existió una organización para iniciar la huelga general, con un Comité integrado por Antonio Fabra Ribas de la Federación Socialista catalana del PSOE, por Miguel Villalobos Moreno, que en realidad se llamaba Miguel Sánchez González, y era el representante de Solidaridad Obrera, mientras que el tercero no sabemos si era Francisco Miranda o José Rodríguez Romero, pero uno de los dos sería el designado por los anarquistas para formar parte del Comité.

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Francisco Ferrer i Guardia detenido.

Miranda, Rodríguez Romero y Miguel Villalobos Moreno estaban muy vinculados a Francisco Ferrer y Guardia. No obstante, de lo que no hay duda es que cuando la huelga general en contra de la guerra se transformó en un movimiento revolucionario le faltó dirección.

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¿Fue más importante este episodio que la huelga de 1917? ¿Por qué?

Es discutible, pero pienso que la revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917. Ésta tuvo un impacto más amplio que la de 1909, ya que afectó a Madrid, Barcelona, Sabadell, Bilbao, Villena, Sax, Yecla, Riotinto, Nerva, Zaragoza, Asturias, entre otros territorios. Sin embargo, no hubo movimiento anticlerical, y tampoco proclamaciones republicanas. De hecho, el oficial de la Guardia Civil Modesto de Lara Molina que vivió ambos sucesos aseguraba que: «1909 fue más anárquico, más vergonzoso, más sangriento».

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Además, el contexto internacional de 1909 era muy distinto al de 1917. En 1910, la revolución republicana portuguesa triunfó con un movimiento revolucionario relativamente parecido al iniciado en Barcelona en julio de 1909, aunque menos sangriento. En cambio, en 1917, en plena Gran Guerra, los gobiernos de la Entente, y especialmente el francés, no eran partidarios de desestabilizar a la monarquía española.

Asimismo, más allá del interés común, tanto en el gobierno de París como en el de Madrid, de mantener pacificados y bajo control los correspondientes protectorados marroquíes. Por tanto, las autoridades españolas sabían que no habría protestas internacionales por la represión contra los huelguistas.

¿La podemos considerar el preludio de la Guerra Civil?

La revolución de julio de 1909 fue el primer gran aviso de la guerra que se inició al cabo de veintisiete años.

El rastro de las destrucciones, es decir, las heridas físicas de la revolución desaparecieron rápidamente, ya que los edificios incendiados fueron reparados y/o reconstruidos, así como las vías del ferrocarril, las líneas telegráficas, los pavimentos arrancados y la iluminación pública destruida. Los detenidos acabaron por ser indultados y los cinco ejecutados cayeron en el olvido, excepto el pedagogo y dirigente revolucionario Ferrer y Guardia.

Las heridas gangrenadas fueron las doctrinales, ya que el movimiento anticlerical y revolucionario, así como su posterior represión impulsaron, tanto entre las izquierdas revolucionarias como en las derechas reaccionarias, discursos excluyentes, maniqueos y autocomplacientes que únicamente eran realizables con la eliminación de sus respectivos rivales.


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febrero 18, 2017

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BARCELONA 1957: ¿ORDENÓ FRANCO ASESINAR AL CAPITÁN GENERAL POR PREPARAR UN GOLPE DE ESTADO?

febrero 11, 2017

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Imagen del capitán general de Cataluña, Juan Bautista Sánchez (Hemeroteca del buitre)

LA NOCHE DEL 29 DE ENERO DE 1957 FALLECIÓ EL CAPITÁN GENERAL DE CATALUÑA, Juan Bautista Sánchez González. En el momento de su muerte, este militar se hallaba en el punto de mira de los servicios de información del régimen, al considerarle dsafecto al régimen. Y ello a pesar de que éste pudo ser el “primer alzado” de la rebelión militar que desencadenó la Guerra Civil, pues -según su Hoja de servicios– “la noche del 16 de julio, inició el Movimiento Nacional en el Rif, sublevando en Torres de Alcalá el Tercer Tabor de Regulares de Alhucemas”.

¿Por qué Sánchez se distanció del régimen que contribuyó a instaurar? Debido, sobre todo, a sus crecientes simpatías monárquicas: convencido partidario de Don Juan de Borbón, discrepó de modo cada vez más abierto de la dictadura de Franco.

Un sublevado de 1936 distanciado de la victoria de 1939

¿Pero quién era este general? Su hijo Juan Bautista Sánchez Bilbao (a quien entrevistamos antes de fallecer el 2005 y que por su brillante carrera militar pudo disponer de información relativa a los hechos aquí analizados) definió a su padre como “un hombre del 18 de julio [de 1936], no del 1 de abril [de 1939]”. Es decir, no se identificó con el régimen surgido de la victoria franquista.

En 1943 su padre fue ascendido a teniente general. En abril de 1945 fue nombrado capitán general de Zaragoza, tras manifestar su apoyo a Franco en marzo, cuando el dictador reunió al Consejo Superior del Ejército. En 1949 fue nombrado capitán general de Cataluña y en diciembre de 1955 procurador en Cortes.

Como otros muchos sublevados en 1936, en los años cincuenta Sánchez González experimentó un progresivo desacuerdo con el régimen. Siguiendo el testimonio de su hijo, tuvo hasta un mínimo de tres encuentros –en solitario o acompañado- con Franco para pedirle que restableciera la Monarquía.

Sánchez no se recató de manifestar su oposición a la Falange ante sus subordinados, como explicó un soldado a su servicio cuando Franco visitó a Barcelona al celebrarse el Congreso Eucarístico el 28 de mayo de 1952. Entonces Sánchez oyó música del exterior y se asomó al balcón, viendo como pasaba un grupo de falangistas uniformados desfilando hizo esta afirmación: “Es una vergüenza que aún se tenga que presenciar esto”.

Franco trasladó su inquietud por Sánchez a su primo y confidente Francisco Franco Salgado-Araujo, Pacón. Éste constató en sus anotaciones que el Generalísimo estaba “preocupado” por la “actitud pasiva” del capitán general en Barcelona. Consideraba que “se inhibió por completo” de la llamada huelga de tranvías que tuvo lugar entre el 14 y el 25 de enero de 1957 “y no fue a visitar ni a ofrecerse a la autoridad civil hasta seis días después de haberse iniciado la huelga”.

Asimismo, Franco sabía que Sánchez “alardeaba de antifranquista y de monárquico partidario de Don Juan de Borbón” y había dicho al presidente de la Diputación “que ya era hora que el Caudillo trajese la monarquía con Don Juan”.

Se disparan los rumores de un asesinato ordenado por Franco

En este contexto se produjo la muerte inesperada de Sánche la noche del 29 de enero de 1957. Fue hallado sin vida en su habitación del Hotel del Prado de Puigcerdà, donde se había alojado durante su viaje de inspección de la línea de fortificaciones pirenaicas.

Oficialmente falleció a causa de una angina de pecho (padecía una afección cardiaca), pero pronto surgieron versiones alternativas de gran arraigo que atribuyeron su óbito a un asesinato o a la tensión que le causaron enviados de Franco, bien para disuadirle de sus propósitos golpistas, bien para anunciarle su cese.  Rafael Calvo Serer -un intelectual del Opus Dei de compleja trayectoria- incluso afirmó que su muerte frustró un levantamiento en ciernes de Sánchez con tres objetivos: establecer la regencia de Franco, nombrar jefe de Gobierno e incluso convocar elecciones libres.

El monárquico Pedro Sainz Rodríguez, ya en 1981, atribuyó a Franco un gráfico comentario sobre Sánchez: “La muerte ha sido piadosa con él. Ya no tendrá que luchar con las tentaciones que tanto le atormentaban en los últimos tiempos. Tuvimos mucha paciencia, ayudándole a evitar el escándalo que estuvo a punto de cometer”.

Según otras versiones, Franco fue más radical en su valoración y habría hecho una escueta y contundente manifestación sobre Sánchez en un Consejo de Ministros: “Era un traidor”. Incluso el historiador Ricardo de la Cierva –nada sospechoso de antifranquismo- aludió a otra supuesta frase del dictador en el citado Consejo que le fue revelada por uno de los allí presentes: “Mi general, te has ganado el derecho a morir”, habría dicho Franco repitiendo la frase que en 1932 dirigió al general José Sanjurjo cuando rechazó defenderle por su fallido golpe de Estado.

De lo expuesto se desprende –como mínimo- que Sánchez murió cuando Franco se disponía a relevarle al frente de Capitanía. En todo caso, como señaló el exministró Laureano López Rodó, con este óbito “la imaginación de muchos se desbordó”. El dictador fue consciente de ello, pues su primo Pacón lo recogió lacónicamente en sus notas: “Se dice que Franco mandó matar al capitán general de Cataluña Sánchez González”.

Por su parte, Franco fue explícito con Pacón: “Siento su muerte, pues era un gran soldado, pero al mismo tiempo se me ha quitado la preocupación de tenerlo que relevar, pues no convenía ni mucho menos que continuara ejerciendo el cargo de capitán general de Cataluña, dada su manera de pensar en relación con la política del régimen”, le dijo.

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Crónica del entierro de Sánchez González en La Vanguardia.

Los bulos del supuesto crimen benefician al dictador

Aunque sea paradójico, cabe pensar que estos rumores que circularon sobre el supuesto asesinato de Sánchez redundaron en favor del dictador, pues sólo podían tener una lectura: toda disidencia acarreaba fatales consecuencias para quien la protagonizara o secundara.

Esta percepción intimidó no sólo a los monárquicos, sino a todos los compañeros de armas del Generalísimo con sentimientos hostiles a su liderazgo. La “oportuna” muerte de Sánchez, pues, conjuró definitivamente maniobras pretorianas en su contra surgidas del descontento militar.

Sesenta años después de los hechos, consideramos interesante rememorar aquel episodio. De este modo, los lectores interesados en los mismos pueden acceder a nuestro exhaustivo estudio sobre el tema clicando aquí. 

Este texto en PDF publicadop en una revista académica reune toda la información dispersa publicada al respecto, incorpora testimonios orales y la consulta de diversos archivos (Archivo General Militar de Segovia, Archivo de las Cortes, Archivo General de la Guerra Civil Española y Archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco). Asimismo, en él constan en notas a pie de página las distintas fuentes de las afirmaciones realizadas en esta entrada del blog.