¿CUÁL FUE LA RELACIÓN DE FRANCO Y LA FAMILIA REAL? ¿Y CON EL CARLISMO? ¿HUBO OTROS CANDIDATOS AL TRONO MÁS ALLÁ DE JUAN CARLOS? LO EXPLICAMOS EN “FRANCO Y LOS BORBONES. HISTORIA NO OFICIAL DE LA CORONA ESPAÑOLA”

agosto 17, 2019

 

X. Casals, Franco y los Borbones. Historia no oficial de la Corona española, Ariel, Barcelona, 2019, 684 pp., ISBN: 978-84-344-2970-3.

¿CUÁL FUE LA RELACIÓN ENTRE FRANCO Y JUAN CARLOS I? Se ha escrito mucho al respecto, pero no así sobre la compleja relación que tuvo el dictador con quienes aspiraron al Trono de España, pues este tuvo otros pretendientes más allá de Don Juan de Borbón y su primogénito.

Asimismo, las visiones dominantes de la transición democrática han proyectado la idea de una continuidad dinástica inalterada entre Alfonso XIII, Don Juan de Borbón y Juan Carlos I, la realidad fue muy distinta, como hemos analizado en Franco y los Borbones, un voluminoso ensayo reeditado este año. Dado el interés que ha suscitado el post, lo reproducimos de nuevo con un fragmento de la obra en PDF para quiénes están interesados en el tema.

Una visión panorámica de un tema complejo

Nuestro trabajo analiza las relaciones entre Francisco Franco y la familia real alfosina y carlista. Lo hace desde sus orígenes –cuando Franco devino un militar favorito de Alfonso XIII, quien le nombró gentilhombre de cámara- hasta el final de su vida. El resultado es una historia coral que describe como el dictador jugó una gigantesca partida de ajedrez consigo mismo al establecer su sucesión.

De este modo, maniobró con las aspiraciones de alfonsinos y carlistas, multiplicó los pretendientes al Trono para neutralizar sus apoyos y se mantuvo como árbitro último entre las diversas facciones. Fue así un rey sin Corona, que encarnó el tránsito de la figura del “rey soldado” representada por Alfonso XIII a la del “soldado rey”, en un régimen de poder personal cuyo antecedente fue la dictadura militar de Miguel Primo de Rivera (1923-1930).

El ensayo se estructura en tres partes. La primera la dedica al período 1902-1941, con el título “Alfonso XIII y Franco. Del ‘rey soldado’ al ‘soldado rey’”, y analiza las trayectorias personales de éste último soberano y las de Franco, mostrando cómo ambos se conocieron y cómo el militar se labró fama en España. Termina con la muerte de un Alfonso XIII desengañado de la lealtad de Franco, pues fallece en su exilio en 1941 sin haber sido coronado ni él ni su hijo y sucesor Don Juan tras finalizar la Guerra Civil. Antes de morir, dedicó a su protegido amargas palabras: “Elegí a Franco cuando no era nadie. Él me ha traicionado y engañado a cada paso”.

La derrota de Don Juan

La segunda parte, que abarca la etapa 1941-1948 (“Franco y Don Juan, la pugna de dos reyes sin corona, 1941-1948)”, examina la sinuosa trayectoria política de Don Juan de Borbón durante la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra. Por consiguiente, expone la complicada relación entre Don Juan y Franco, pues éste último sabía que sólo le podía desplazar del poder una restauración monárquica, ya que la de una Tercera República era harto improbable por la división de su oposición y la desfavorable imagen que ésta había proyectado durante la Guerra Civil.

En este contexto, Don Juan exploró contactos con el Tercer Reich y la Italia de Mussolini, a la vez que su candidatura al Trono fue una posibilidad tangible en 1941 cuando Gran Bretaña pensó en crear un gobierno alternativo a Franco en las Canarias si España entraba en guerra junto al Eje. Franco, aunque renunció a ser Rey (pues su entorno se lo planteó), afirmó su posición creando nuevos candidatos al Trono (como “Carlos VIII”) y en 1947 instauró su monarquía electiva con la Ley de Sucesión, que le permitía elegir su sucesor a título de Rey y cambiar al escogido si éste no resultaba de su agrado.

La elección de Juan Carlos

Don Juan, viendo que los Aliados no derribarían a Franco, se instaló en Estoril pensando que desde allí podía llegar rápidamente a Madrid si se producía un golpe de Estado. Entonces desplegó una zigzagueante política a múltiples bandas: flirteó con la oposición, incluyendo socialistas y anarquistas (los “anarcomonárquicos”), se aproximó al carlismo y, finalmente, trató directamente con Franco. En 1948 alcanzó un acuerdo con éste a bordo del yate “Azor” para que su hijo Juan Carlos –Juanito– se educara en España bajo la tutela del autócrata. Ello cercenó sus posibilidades como candidato al Trono de la oposición a la dictadura e hipotecó su actuación posterior.

De forma paralela, como muestran estas dos primeras partes de la obra, Franco rompió con la familia real carlista, encabezada por Don Javier de Borbón-Parma, ya durante la Guerra Civil. Así las cosas, en la posguerra promocionó un candidato tradicionalista, el citado “Carlos VIII”, originando un efímero movimiento “carlo-octavista”. De esta forma, las relaciones entre el dictador y la esfera carlista se tensionaron.

La tercera parte (“De Franco a Juan Carlos I: del ‘soldado rey’ al rey constitucional, 1949-1978)”) analiza la compleja llegada al Trono de Juan Carlos. Durante el período examinado, se produjo un relieve generacional entre los diversos pretendientes al Trono. Si Juan Carlos devino el nuevo pretendiente alfonsino -a pesar de su padre Don Juan-, también lo fue Alfonso de Borbón Dampierre (primogénito de Don Jaime, el hermano mayor sordomudo de Don Juan) y Carlos Hugo de Borbón-Parma, primogénito de Don Javier.

El ensayo analiza sus respectivos matrimonios en la carrera hacia el Trono y examina como Juan Carlos logró perdurar como candidato final de Franco en un contexto no siempre favorable. Especialmente cuando Alfonso de Borbón Dampierre se casó con la nieta del Caudillo y Carmen Polo y su yerno, el marqués de Villaverde, acariciaron la posibilidad de que la pareja reinara.

La sucesión, una “gran partida” de ajedrez

El Epílogo (“De ‘rey soldado’ a ‘rey constitucional’, 1975-1978)”) muestra el proceso de desmantelamiento del régimen de Franco tras su fallecimiento y el vacío legal que creó la tardía renuncia de Don Juan al Trono, al existir un Rey de hecho -Juan Carlos- y otro de derecho, Don Juan. Finalmente, expone como la “gran partida” de ajedrez que Franco jugó con los diversos pretendientes dejó a las familias de estos rotas y truncadas: el Rey se enfrentó con su padre; Carlos Hugo con dos de su hermanos y Don Jaime, su primogénito Alfonso y su nieto tuvieron trágicas muertes.

En las conclusiones (“Diez tesis sobre la monarquía instaurada”) se ofrece una visión general de diversas cuestiones abordadas en el libro, planteando -entre otros temas- si el franquismo fue un paréntesis dinástico o una etapa de formación de reyes. El estudio cuestiona numerosos tópicos ampliamente extendidos, cómo el de las supuestas penurias económicas de la familia real o la continuidad dinástica entre Alfonso XIII y Juan Carlos I, y advierte cómo actualmente se ha pasado de la idealización de la monarquía a la vulgarización de esta institución.

Una edición actualizada

Una coda final actualiza la información y bibliografía para la edición presente, ya que esta es una reedición de Franco y los Borbones (Planeta, 2005) que incluye aspectos relevantes sobre el tema de la obra y las aportaciones bibliográficas acaecidas desde su primera aparición.

Puede verse aquí el sumario y un fragmento de la obra en PDF por cortesía de la editorial Portada-Sumario-Fragmento-Franco y los Borbones


¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

agosto 10, 2019

foto

Reeditamos la entrada más visitadas del blog publicada en  2012.

CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo analizamos en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012) De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Cuál es su origen? Lo explicamos a continuación.

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


OTTO RAHN: LAS CONEXIONES ENTRE CATARISMO Y NAZISMO*

agosto 3, 2019

himmlergrail

Iconografía nazi en torno a la búsqueda del Grial (publicado por La Opinión de La Coruña)

UNA DE LAS FIGURAS  QUE MÁS FASCINACIÓN HA EJERCIDO EN RELACIÓN AL MUNDO “NEOCÁTARO” ES OTTO RAHN, que buscó el Santo Grial en la fortaleza de Montségur. Miembro de las SS que acabó expulsado de sus filas, dejó una obra escrita breve pero influyente en el entorno hitleriano al amalgamar nazismo y catarismo.

otto_rahnSabemos muy poco de él, pues su trayectoria está rodeada de toda suerte de especulaciones. Y es que su personalidad fue harto chocante: francófilo y al parecer homosexual, se desenvolvió en un universo nazi pangermánico y exaltador de la virilidad. Así las cosas, los interrogantes sobre Rahn (a la derecha, imagen de Wikipedia) son numerosos, abarcan todos los órdenes de su vida y tienen difícil respuesta con las fuentes disponibles: ¿Fue un estudioso del catarismo o lo empleó como pretexto para labores de espionaje? ¿Actuó como un nazi convencido o su condición de homosexual y la falta de medios le llevaron a las filas de las SS? ¿Murió en 1939 o se orquestó una farsa para “blanquear” sus supuestos ancestros judíos? Al margen de sus móviles, sabemos con certeza que nazificó el catarismo y mereció la atención y la complacencia del máximo dirigente de las SS, Heinrich Himmler.

De Monsalvat a Montségur

Rahn nació en Michelstadt en 1904, en el seno de una familia provinciana muy religiosa. Desde su primera juventud ambicionó ser un gran escritor y en 1930 viajó a París, en busca de fortuna en el mundo del cine y para continuar su tesis doctoral sobre el poeta Wolfram von Eschenbach (¿1170-1220?).

Fue su curiosidad por su obra Perceval la que le llevó al mundo cátaro, al aludir a la existencia del Grial en un lugar llamado Mountsalvatsche, bajo la influencia de El cuento del Grial, del escritor francés del siglo XII Chrètien de Troyes. A su vez, Richard Wagner (1813-1883) se inspiró en Perceval al escribir su drama Parsifal, que situó la leyenda del Grial en Montsalvat, en los Pirineos. Se abrió así una brecha que condujo a Rahn a identificar Mountsalvatsche y Montsalvat con el Montségur occitano y a los cátaros con los custodios del Grial.

Castillo cátaro de Montsegur.

Instalado en la capital francesa con pocos recursos, Rahn frecuentó medios bohemios esotéricos que avivaron su interés por el catarismo. Y en 1931, viajó por el sur de Francia y contactó con Antonin Gadal, que poseía un museo cátaro y una extensa librería sobre el tema y era miembro de una sociedad de Amigos de Montségur y el Grial. Esta entidad -expone Peter Levenda en su estudio sobre nazismo y ocultismo Unholy Alliance (1995)- estaba convencida de que existía una conexión entre el movimiento cátaro y los romances sobre el Grial. Asimismo, el joven germano trabó estrecha relación con la condesa Myrianne de Pujol-Murat, descendiente de la condesa cátara Esclarmunda de Foie (1155-1240).

Obra en la que Rhan germanizó al catarismo.

Rahn, sin embargo, tuvo que regresar a su país al ser sospechoso de practicar espionaje (aunque sus erráticas andanzas no parecen cooroborarlo) y en 1933 plasmó sus tesis sobre los cátaros en Cruzada contra el Grial. Conoció entonces una lenta aproximación al entorno de Himmler que le animó a seguir sus indagaciones. Una vez más, es difícil dilucidar las claves de la carrera de Rahn en medios hitlerianos, aunque sabemos que contó con el beneplácito del influyente Karl Maria Wiligut (considerado como el “Rasputín” de Himmler).

Éste pertenecía a la galaxia de los “ariosofistas” (exaltados nacionalistas que preconizaban la existencia de una antigua raza aria) y manifestaba tener una “memoria ancestral” que le permitía captar las andanzas de sus antepasados teutones miles de años atrás. Afirmaba que la Cristiandad había sido invención germánica, incluyendo la Biblia. Sus teorías le ganaron la confianza de un crédulo Himmler, que le convirtió en asesor áulico al organizar la Anhenerbe (“Memoria ancestral”), una entidad de las SS que debía rastrear huellas arias a través del planeta en la que convergieron expertos y lunáticos.

rahnFoto de Rahn con 29 años. Lleva la fecha y su firma (imagen de Otto Rahn Memorial).

La germanización de los cátaros

Rahn formó parte de este tinglado en el que sus teorías sobre el Grial –como era de preveer- hallaron un campo fértil para arraigar y dar un paso adelante: “germanizar” el catarismo. En 1937 Rahn lo hizo en La corte de Lucífer, complaciendo a Himmler hasta el punto de que éste regaló a Adolf Hitler una lujosa edición de la obra por su cumpleaños.

En ella Rahn exponía que los cátaros no consideraban a Lucífer el maligno, sino todo lo contrario. Le percibían como Luzbel, el portador de la Luz, y le asimilaban con el Norte, diferenciándole del maligno Satán, identificado con el Sur. En esta cosmovisión, el Grial era una piedra preciosa caída de la Corona de Lucífer de la que la Iglesia se había apropiado y convertido en símbolo cristiano (el cáliz que sostiene Jesús). Asimismo hizo al monasterio benedictino de Montserrat depositario del Santo Grial. Ateniéndonos a lo expuesto, no es de extrañar la célebre visita que Himmler y su séquito realizaron al cenobio catalán en octubre de 1940.

Karl Maria Wiligut, el “Rasputín” de Himmler.

El resultado de esta lectura cátara de Rahn era una mutación de papeles: ahora los herejes encarnaban una rebelión espiritual contra Roma y Jerusalén, y los cruzados eran servidores de un Satán identificado con la Iglesia católica y, en sentido amplio, con la cultura judeocristiana, señala su biógrafo Mario Baudino (Il mito che uccide, 2004). En este aspecto, la visión de los “perfectos” de Rahn sintonizaba con las teorías raciales hitlerianas, ya que la cruzada anticátara se insertaba en un intento de los hombres del Sur por asaltar al Norte y acabar con los cátaros, que conservaban una memoria ancestral de sus orígenes nórdicos.

¿Asesinato, suicidio o… resurrección?

diccionario-critico-de-mitos-y-simbolos-del-nazismoEn marzo de 1939 Rahn fue expulsado de las SS y, siguiendo a la germanista Roser Sala Rose (Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, 2003), ello obedeció a su homosexualidad, a problemas con la bebida y a sus dudas sobre el sistema nazi. Se especula al respecto que el buscador del Grial pasó un cuatrimestre en el campo de Dachau en 1937 como guardián en sanción por su adicción al alcohol, y quizá reflexionó sobre las similitudes entre el sistema punitivo nazi y el que conocieron los herejes occitanos, aunque ello es pura especulación. Igualmente, el 9 de noviembre de 1938 se desencadenó la “noche de los cristales rotos”, que marcó el inicio de los pogromos antisemitas. ¿Cobró conciencia Rahn de haber obrado al servicio de un Estado criminal? También llama la atención de que fue apartado de las SS al mismo tiempo que Wiligut: ¿Compartieron ambos algún secreto?

En todo caso, poco sabemos de sus últimos días y el mes de mayo de ese año fue hallado su cadáver en los Alpes austriacos, en el monte Kufstein. Aparentemente se suicidó por sobredosis de somníferos, pero su muerte –como todo lo que rodea a Rhan- ha merecido teorías imaginativas y se han disparado las especulaciones. De este modo, su fallecimiento se ha atribuido a la intervención de oficiales de la Wehrmacht o a una orden de suicidio. Por otra parte, se ha apuntado que Rahn habría tenido antecedentes familiares judíos y para “blanquearlos” las SS urdieron una “falsa muerte”. Después de ésta, Otto Rahn adoptó la identidad de Rudolf Rahn, último embajador plenipotenciario alemán en Italia. Ernesto Milá, en Nazismo y esoterismo (s. a.; versión francesa de 1990), apunta que tal tesis es verosímil.

himmler-montserratHimmler durante su visita a Montserrat en 1940.

En definitiva, Rahn y su catarismo nazi han acabado por conformar un juego de muñecas rusas: si abrimos la mayor con su efigie, en su interior hallamos otras más pequeñas de Himmler y Wiligut, dramaturgos y trovadores atraídos por Grial, estudiosos y bohemios del mundo cátaro. Las figurillas explican la obra de Rahn a la vez que le rodean de un halo enigmático que le convierte en “héroe del ocultismo”, en expresión de su biógrafo Baudino. Rhan contribuyó a ello en la medida que se forjó una identidad heterodoxa: “Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes”, escribió en La Corte de Lucífer.

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* Artículo publicado con el título “¿Qué se esconde tras el catarismo nazi?”, Especial Clío, 1 (marzo 2009), pp. 100-101. Editado en el blog en julio de 2011; fue reeditado en 2017 y ahora otra vez al recibir peticiones y sugerencias al respecto.


ENTREVISTA A FLORENTINO RODAO: “EL SENTIMIENTO DE CULPA EN JAPÓN POR SU PARTICIPACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL ES MUY DIFERENTE AL DE ALEMANIA”

julio 27, 2019

 

FLORENTINO RODAO ES UN HISTORIADOR EXPERTO EN JAPÓN Y BUEN CONOCEDOR DEL MUNDO ASIÁTICO. Este catedrático de la Universidad Complutense nacido en Madrid en 1960 es bien conocido por diversos trabajos: Españoles en Siam (1997), Franco y el imperio japonés (2002) o Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil española desde Filipinas (2012).

Ahora acaba de publicar La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 (Crítica), una visión amplia y desde diversos puntos de vista de la evolución de este país tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial. De este modo, el ensayo no se ciñe a cuestiones estríctamente de historia e incide -entre otros aspectos- en la vida social o el rol de la mujer y el de la religión. Puede leerse un fragmento en PDF aquí.

Dado que consideramos la obra de interés para nuestr@s lector@s, le hemos hecho una entrevista por email. Le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿En el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en Japón hay una sensación de culpabilidad como en Alemania?

Por supuesto que hay sentimiento de culpa, y muy intenso. En muchos casos he oído a japoneses sacarlo sin venir a cuento. El recuerdo de la guerra, eso sí, ha estado más politizado y usado por los políticos que en España. Yo creo que ha sido así porque al juzgar a los presuntos criminales de guerra ha predominado más el sentimiento nacional sobre la posible culpabilidad de los procesados. Frente a una Alemania que ha aceptado las peticiones de juzgar alemanes como criminales de guerra en otros países, Japón ha sido diferente.

En parte, por el mal ejemplo que dio el Tribunal de Guerra de Tokio, que ha sido visto como el ejercicio de la Justicia de los vencedores. Y en parte, por la propaganda de esos años, que se centró en la justicia de sus objetivos más que en la maldad de los enemigos. La vieja imagen del bolchevique o del judío perverso que debía morir hizo palpable el error y el arrepentimiento al acabar la guerra. Incluso las percepciones niponas de los aviadores norteamericanos, los más odiados, fueron relativamente benignas: se les siguió considerando humanos, no ratas o monos, que fue lo más normal entre sus enemigos.

La masacre de Nanjing es la más conocida de la Guerra Chino-Japonesa y su cifra de víctimas es en torno a 70.000 personas. Fue cometida en diciembre de 1937, tras el reconocimiento por Italia (una gran potencia entonces) de su conquista del Manchukuo y cuando pensaban que China se derrumbaría. Tenían la intención de acabar con el ejercito nacionalista chino: se buscó en especial a los que tenían botas o vestimenta del ejército nacionalista, aunque se acabaron cometiendo numerosos desmanes. Por ello, los comunistas la marginaron inicialmente (Imagen de Wikipedia: Ciudadanos chinos son enterrados vivos).

A partir de los años ochenta, la multitud de visitas a un memorial de esta masacre (que cifra en su entrada 300.000 muertos, en grandes letras) y un libro de Iris Chang, La violación de Nanjing (1997, 2016 en la edición en español) que lo describe con mucha emotividad han ayudado a recordar la masacre. De hecho, el museo  ha sido ampliado recientemente, del éxito que ha tenido

Japón lo vive algo desconcertado, porque al comienzo de los años noventa del siglo XX había una gran expectativa de colaboración conjunta. De hecho, Tokio fue el primer país que ayudó a China a aliviar el aislamiento tras la masacre de Tiananmen en 1989. Parece que Japón confió demasiado en el efecto de la cooperación al desarrollo que estuvieron brindando y descuidó las imágenes remanentes del pasado.

¿Fue el emperador Hiro-Hito un criminal de guerra?

Desde un punto de vista que considere que Hiro-Hito como Jefe del Estado es el responsable de las maldades cometidas en nombre del Estado, sí. Desde otros puntos de vista, también, porque se utilizó su figura para militarizar el país e incluso los paquetes de tabaco de los soldados aseguraban que era un regalo del emperador. Y una vez que Japón entró en guerra, el emperador también deseaba que la ganara.

Ahora bien, otra cosa es si realmente el emperador tenía autoridad para detener la espiral militarista en la que estaba inmerso el país. Un intento de negociación del Primer Ministro Fumimaro Konoe en China, con la idea llegar a un acuerdo con el presidente Roosevelt de EE.UU., por ejemplo, se fue al garete porque los propios militares detuvieron al mediador al llegar a China. La idea era llegar a un acuerdo con EE.UU. que fuera aprobado inmediatamente por el emperador, con lo que los militaristas no podrían negarlo. Frente al “pensamiento de grupo”, la capacidad de reacción era limitada, incluso para el propio emperador (Imagen de Wikipedia: El emperador Hiro Hito en 1938).

¿Se produjo una “desfascistización” de la administración y de las élites japonesas en 1945?

Se produjo una democratización en la medida que se permitieron de forma inmediata los sindicatos, partidos políticos y se puso en marcha una constitución democrática, muy avanzada para su época incluso en los derechos de las mujeres más que en EE.UU.. El militarismo y todo lo que oliera a fascismo fueron asociados con los tres lustros bélicos y la democracia pasó a ser vista como la palanca para la modernización.

En definitiva, se produjo una desmilitarización total y absoluta. Y se acabaron una buena parte de las razones que llevaron al militarismo, como una reforma agraria radical que igualó las rentas en el país. Pero cuidado, no confundamos eso con el autoritarismo y el control social, que ha seguido vigente.

¿Cuál ha sido el legado del militarismo derrotado en 1945? ¿Aún persiste?

Más allá de personajes curiosos como Yukio Mishima, un participante asiduo en las manifestaciones de izquierda que creía en la divinidad imperial, los ultraderechistas tienen escasa entidad (Imagen de Wikipedia: Mishima, que practicó el culto al universo del samurai).

El Ejército es muy reducido y no parece muy entusiasmado de entrar en una guerra. Además, los militares cada vez están más identificados con las actividades humanitarias, como en tantos otros países, desde que ayudaron a la democratización de Camboya, en los años noventa. Ahora hacen campañas de afiliación porque la vida del ejército no atrae mucho a la juventud, como en tantos otros países.

El campo de acción de la ultraderecha nacionalista (uyoku, como se le suele llamar) está en las islas Kuriles, conquistadas a última hora en la Guerra Mundial y en la crítica a los coreanos, muchos de ellos descendientes de los trasladados a trabajar en tiempos del imperio que no pudieron regresar tras la guerra, al contrario que los taiwaneses.

¿ Actualmente la ultraderecha política e intelectual tiene peso en el país?

Tiene una característica parecida a la italiana: su vinculación con la mafia, la yakuza. Desde comienzo del siglo XX, el lumpen ha sido utilizado para minar las campañas de protesta, bien portando palos, espadas, porras e incluso pistolas para reventar mítines o intimidad oponentes políticos, en parte porque el uso de fuerza física era aceptado tácitamente.

Un ultraderechista asesinó durante un mitín al líder comunista Inejiro Asanuma el 12 de octubre 1960.

Después de la guerra, la violencia es mucho menor, pero están comprobados los planes para utilizar a la mafia con el fin socavar las manifestaciones previstas ante la visita del presidente Dwight Eisenhower a Japón en 1960 para firmar el Tratado de Seguridad, Anpo. A través de Yoshio Kodama, la mafia ofreció 18.000 gánsteres para contrarrestar los cientos de miles de manifestantes opositores que se preveían, aunque la visita se canceló. Posteriormente, ha aparecido de forma recurrente en escándalos de tipo político: pueden dar mítines contra determinados políticos y pueden dejar de darlos contra otros.


UN SIGLO DE LAZOS, ULTRAS E INDEPES (1919-2019)*

julio 20, 2019

Propaganda del nacionalismo radical catalán editada en inglés en vistas a lograr eco internacional en vistas al futuro orden europeo de la posguerra (foto de Wikipedia).

 

EN LA SOCIEDAD CATALANA IMPERA LA SENSACIÓN DE VIVIR UN MOMENTO EXCEPCIONAL E IRREPETIBLE CREADO POR LA CRISIS SECESIONISTA. Pero un viaje en el tiempo a la Cataluña de 1919, marcada por el fin de la Gran Guerra con la victoria Aliada en noviembre, ofrece cierta familiaridad con el presente. Veámoslo.

La internacionalización de las aspiraciones catalanistas

En enero de 1918 Woodrow Wilson, presidente de EE.UU., hizo una declaración de 14 puntos en la que consideró esencial para la paz futura el principio de autodeterminación. En medios catalanistas estalló el optimismo, sobre todo en los nacionalistas radicales. Como explican los historiadores Joan Esculies y David Martínez Fiol, entonces 2.000 voluntarios catalanes luchaban en la Legión francesa (pero su cifra se elevó a 12.000 al sumarle a los soldados galos del Rosellón) para internacionalizar la “causa” de Cataluña y obtener un autogobierno en la posguerra. Así, aquel 11 de septiembre circuló propaganda independentista en francés e inglés con un “¡Gloria a Wilson!”.

Entonces la Lliga Regionalista lideró una campaña suprapartidista que acaudilló Francesc Cambó y reclamó autonomía para Cataluña y los ayuntamientos, suscribiendo la demanda el 98% de consistorios. Al presentarse el resultado el 16 de noviembre en el Ayuntamiento barcelonés, la “estelada” ondeó por primera vez en la Plaza de Sant Jaume. Reflejó el separatismo emergente de Francesc Macià, diputado independiente, y grupos juveniles.

Los choques entre catalanistas y ultraespañolistas en La Rambla: La Liga Patriótica Española

Como Alfonso XIII había dado su aval a Cambó para efectuar la campaña autonomista, este pensó que sería exitosa, pero la oposición en el Congreso y en el resto de España fue desalentadora. Hubo boicots comerciales y una manifestación de 120.000 personas en Madrid el 9 de diciembre. Así las cosas, señala el historiador Enric Ucelay-Da Cal, “la agitación patriótica de los catalanes el noviembre de 1918 llevó a tres meses de virtual rebelión nacionalista”. Los catalanistas adoptaron lazos y distintivos con la señera y diariamente, señala el investigador, “cuando las tiendas cerraban, dependientes, estudiantes y algunos obreros se encontraban en la Rambla para gritar consignas independentistas y cantar canciones catalanistas, ‘Els Segadors’ y ‘La Marsellesa’”. Sus demostraciones concluían con choques con policías.

Como respuesta surgió la Liga Patriótica Española [LPE] el 19 de diciembre en la Rambla, al acudir allí un grupo con garrotes contrario a los catalanistas. Al día siguiente catalanistas y ultraespañolistas se enfrentaron en la plaza Cataluña. Y la noche del 22 un teniente de seguridad fue gravemente herido (o muerto) por un francotirador en la calle de la Cera. La temperatura política subió.

La LPE tuvo su sede en el número 7 de La Rambla de Canaletas y sus seguidores fueron fans de la cantante Mary Focela, festejando en el teatro Goya la tonada de su canción “La hija de Malasaña”: “Lucho como una leona, al grito de ¡Viva España!”.

En enero los catalanistas acudieron a estas actuaciones para boicotearlas, armándose un guirigay que continuaba a la salida. A la vez, los choques físicos continuaron en La Rambla y aledaños.

Los ligueros (que reunían sobre todo a militares y policías de paisano) provocaban a los catalanistas y les intentaban quitar los lazos, oyéndose gritos de “¡Viva España!” y “Visca Catalunya lliure!”. Estos incidentes adquirieron suma gravedad al ser asesinados dos catalanistas (Manuel Miralpeix, de 17 años, y Joan Benet, de 15) y remitieron cuando el 28 de enero el gobernador civil prohibió enseñas no oficiales y lazos e hizo cerrar las sedes de la LPE y de los dependientes catalanistas (el CADCI). Pero solo desaparecieron cuando la campaña autonomista quedó eclipsada por el impacto del conflicto laboral de la empresa eléctrica La Canadiense, que en febrero dejó Barcelona a oscuras.

Lecciones del pasado

¿Ofrecen alguna lección los hechos descritos? Sí, que nacionalistas catalanes y ultraespañolistas mantienen patrones de movilización de hace un siglo. Los primeros recurren a campañas cívicas unitarias, auto-disciplinadas y que internacionalizan el “problema catalán” en busca de ayuda externa (Wilson en 1918, la UE en 2017). Los segundos denuncian la “amputación” de España, se movilizan ostentosamente en la vía pública y reiteran objetivos de la LPE, pues abogó por el castellano como único idioma oficial, una instrucción pública exclusiva del Estado y la disolución de la Mancomunidad (el gobierno regional) por ir “contra la unidad nacional”. Es más, como ha señalado Esculies, la LPE quiso imputar a Cambó y otros dos líderes de la Lliga delitos de desórdenes públicos, rebelión y sedición. ¿A qué les suena la historia?

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* Este artículo fue publicado originalmente como Xavier Casals, “Un siglo de lazos, ultras e ‘indepes’ (1919-2019)”, El Periódico (14/VII/2019).


UN ASESINATO TERRORISTA DE 1960 FINALMENTE RESUELTO: BEGOÑA URROZ FUE VÍCTIMA DEL DRIL (NO DE ETA)

julio 13, 2019

Begoña y sus padres Juan Urroz y Jesusa Ibarrola, en una foto de su bautismo en 1958 (foto El País).

 

LA NIÑA BEGOÑA URROZ IBARROLA MURIÓ POR EL IMPACTO DE UNA BOMBA EL 28 DE JUNIO DE 1960, CON SOLO 22 MESES.  El artefacto explotó en la estación de Amara, en San Sebastián, el día anterior, 27 de junio, a las 19:10 horas. Su muerte había sido atribuida por error a ETA y tal idea perduró en el tiempo hasta que se ha clarificado que la autoría de aquel atentado fue obra de una organización lusoespañola, el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación [DRIL], relativamente poco conocida.

Ahora, un estudio monográfico de Gaizka Fernández Soldevilla y el documentalista Manuel Aguilar (Muerte en Amara), que ha editado el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, disecciona  la tragedia de Urroz. El trabajo es concluyente en la autoría del DRIL y ofrece la más detallada y completa reconstrucción de la historia de este colectivo gracias a la consulta de numerosas fuentes, que lo convierte en una referencia obligada. Esta es la sinopsis del  presente trabajo que ofrece Fernández Soldevilla en su web:

Entre el 26 y el 29 de junio de 1960 el norte de España sufrió una cadena de explosiones. El 27 una bomba estalló en la estación de tren de Amara (San Sebastián), hiriendo a la niña Begoña Urroz, que falleció al día siguiente. Desde hace unos años, ha sido habitual que se atribuyese aquella muerte a ETA. Por ese motivo la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, estableció el 27 de junio como día de recuerdo y homenaje a las víctimas del terrorismo. Ahora bien, el presente trabajo demuestra documentalmente que la responsabilidad de los atentados de 1960 no recae en ETA, sino en el DRIL: un grupo hispanoluso antifranquista y antisalazarista que unos meses antes ya había colocado artefactos explosivos en Madrid y que sería conocido internacionalmente cuando secuestró el trasatlántico portugués Santa María en enero de 1961. Allí causó su segunda víctima mortal, João José do Nascimento Costa.

Puede accederse al informe completo (102 pp) en PDF aquí.

Como subraya el estudio, la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo de 2011 tiene como punto de partida cronológico el 1 de enero de 1960 por ser el año de la muerte de Urroz. Igualmente, en 2010 el Congreso de los Diputados declaró Día de las Víctimas del Terrorismo el 27 de junio, también en su recuerdo.


VOX EN AGUAS PANTANOSAS: SU APOYO CAE EN LAS ENCUESTAS, SE ENREDA EN LOS PACTOS DE GOBIERNO Y GENERA NOTICIAS DESFAVORABLES

julio 6, 2019

Santiago Abascal en un acto de Vox: ¿Se desinfla la atracción de su marca política? (foto de magnet)

 

¿VAN BIEN LAS COSAS PARA VOX? En un artículo que publicamos el pasado 30 de  mayo  (“Vox tras el 26-M: Nubes en el horizonte”), analizábamos las dificultades inmediatas a las que Vox se enfrentaba entonces y que podían impedir su consolidación y arraigo. La situación actual del partido parece indicar que las dificultades persisten, como mostramos en los tres apuntes que siguen.

1. La pérdida de apoyos de Vox continuaría y su 10.3% del 28-A caería hoy al 5.1%

Como advertimos en el citado artículo, las elecciones europeas reflejaron que en un mes Vox había perdido casi la mitad de sus votos (48.1%), al pasar de 2.677.173 el 28-A (10.1%) a 1.388.681 el 26-M (6.2%). Un sondeo de GAD3 de junio y el último barómetro del CIS este julio rubrica esta tendencia.

Así, según GAD3, el 10.3% del voto obtenido el 28-A y el 6.2% de las europeas del 26-M se reduciría en junio al 5.6% y, un mes después, según el barómetro del CIS, al 5.1% (como muestra este gráfico de El País)

2. Se complican los acuerdos tripartitos de gobierno de derechas

La fórmula tripartita que surgió de las elecciones del 2-D de 2018 en Andalucía (un acuerdo de PP, C’s y Vox para formar mayorías de gobierno) parecía fácilmente exportable al resto de España. Ahora, las difíciles negociaciones en tal sentido en Murcia y Madrid demuestran que las cosas no son tan fáciles.

Como ya señalamos en el mencionado artículo, una razón importante de tales idas y venidas de Vox es que en tales negociaciones la formación puede perder votantes “antisistema” si claudica fácilmente y puede perder los que proceden del PP o C’s si entorpece los acuerdos e impide formar mayorías.

Sea cual sea el resultado final de las negociaciones, no parece que Vox pueda salir indemne en cuanto a eventuales costes electorales.

3. El partido genera noticias negativas de las que no puede culpar a los medios

Vox pierde fuelle también por las noticias desfavorables que el propio partido genera y de las que no puede culpar a los medios de información por una supuesta tendenciosidad, como en ocasiones sucede.

Así, Iván Espinosa de los Monteros, dirigente del partido (y esposo de la también dirigente Rocío Monasterio) ha sido condenado por por dejar sin pagar obras de su mansión, una suma que asciende a más de 50.000 euros. El líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano ha sido desautorizado por la jefatura del partido por sus declaraciones críticas sobre la sentencia relativa a “la manada”. Tampoco ha salido muy airoso Vox de su encontronazo en twitter con C’s por el lenguaje empleado, que tuvo que rectificar. Fue igualmente problemático para el partido la torpe respuesta de su diputado por Castilla y León, Jesús García-Conde, ante una pregunta sobre “ideología de género”, momento ampliamente difundido en las redes sociales.

Una coyuntura desfavorable

Lo aquí expuesto puede apuntalar la tendencia a la baja del apoyo a Vox que refleja la demoscopia. No obstante, estamos ante una situación coyuntural y es necesaria una mayor perspectiva temporal para valorar la situación del partido, aunque, por ahora, no parece halagüeña.