ESPAÑA: LA TRANSICIÓN MÁS SANGRIENTA DE EUROPA

enero 11, 2018

Información de la llamada “masacre de Atocha” cometida en enero de 1977.

GENERALMENTE, SE CONSIDERA QUE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA FUE PACÍFICA y que ello contribuyó a conferirle un carácter modélico y ejemplar. Sin embargo, en nuestro último estudio La Transición española. El voto ignorado de las armas (2016), hemos analizado su impacto político y hemos constatado que este fue muy importante, hasta el extremo de conformar la Transición más violenta de Europa.

El tema no es menor porque este año se cumplen cuatro décadas de episodios como el caso Scala (la destrucción de esta sala de fiestas en Barcelona por un atentado ácrata), el fallido intento de asesinato del líder independentista canario Antonio Cubillo en Argel (en lo que se consideró un crimen de Estado) o el asesinato del matrimonio Viola en Barcelona por parte de un grupo separatista catalán (bautizado por la policía como EPOCA, Ejército Popular Catalán). Todos estos hechos y muchos otros, como el 23-F, son analizados y diseccionados en esta obra.

Portada de nuestro último estudio.

Nuestra tesis: ¿Una Transición pacífica?

[A continuación reproducimos literalmente un fragmento de la introducción]

Ante esta alabada y difundida “Transición pacífica” se alzan aportaciones recientes que demuestran que el terrorismo fue omnipresente en la época. De esta manera, un estudio minucioso del sociólogo Ignacio Sánchez-Cuenca y la citada politóloga Paloma Aguilar constató que entre el 1 de enero de 1975 y el 31 de diciembre de 1982 la violencia política causó 504 víctimas mortales: su gran mayoría (96.2%) falleció por la acción de grupos terroristas, siendo ETA autora de 361 asesinatos (un 71.6%), mientras un 3.8% lo hizo en incidentes diversos (manifestaciones, disturbios o enfrentamientos).[i] Este balance ofrece una perspectiva menos halagadora de la Transición, ya que “resultó mucho más sangrienta que la griega o la portuguesa, ambas iniciadas en 1974” (la primera se saldó con 29 víctimas y la segunda con menos) y “ha sido la más sangrienta en Europa”, exceptuando la de Rumanía.[ii] Asimismo, un detallado estudio del periodista Mariano Sánchez Soler contabilizó entre el 20 de noviembre de 1975 y el 30 de diciembre de 1983 un total de 2.663 víctimas (sumando muertes y heridos hospitalizados), de las que fallecieron 591.[iii] Ya en el 2012, la historiadora francesa Sophie Baby en un minucioso análisis de la violencia política durante la Transición computó entre 1975 y 1982 un mínimo de 3.200 acciones violentas y más de 700 víctimas mortales, 530 de las cuales fueron causadas por terroristas.[iv] Tal balance de víctimas dibuja una Transición menos modélica y, sobre todo, mucho menos “pacífica” en relación a la percepción imperante.

Es importante destacar que este nivel de violencia no fue excepcional, pues otros países de Europa occidental y América latina lo conocieron en los llamados “años del plomo” (los años sesenta y setenta del pasado siglo).[v] De hecho, como advierte el historiador Juan Avilés, la Transición “se produjo en el momento de mayor auge del terrorismo en la historia reciente de Europa. El período más sangriento fue el comprendido entre 1971 y 1976 en Irlanda del Norte y entre 1978 y 1982 en Italia. A partir de entonces comenzó el declive y a finales de los años ochenta sólo subsistían en Europa dos organizaciones terroristas de alguna entidad, las dos de carácter nacionalista, el IRA y ETA”.[vi] En este aspecto, Sophie Baby considera que el nivel de violencia política en España la sitúa a “la altura de la Italia de los años de plomo”.[vii]

Quienes lideraron el tránsito a la democracia en España han remarcado la importancia de esta violencia con posterioridad, pero evitando que confiriera una aura tenebrosa al fresco ejemplarizante de la Transición. Así, Martín Villa en 1984 manifestó que, junto a la crisis económica, el fenómeno terrorista “fue la principal dificultad con que tropezó la transición democrática”.[viii] Adolfo Suárez lo expuso así en 1988: “Teníamos serias dificultades interiores [durante la Transición]: desórdenes y pretensiones involucionistas y, sobre todo, sufríamos un fuerte acoso terrorista, que actuaba como excitación constante de los más implacables enemigos del cambio político”.[ix] En 1997 Felipe González fue más contundente y advirtió que “la democracia que vivimos […] ha estado condicionada por el terrorismo, el antiterrorismo y la involución en lo que a Seguridad del Estado se refiere”.[x]

En realidad, desde los años ochenta se denunció este importante impacto de la violencia desde ópticas ideológicas contrapuestas. La extrema derecha se hizo eco del mismo asociando democratización a desorden público, mientras la izquierda denunció la criminalidad de la extrema derecha y de ámbitos de los cuerpos de seguridad cómo una demostración de pervivencia de reductos franquistas.[xi] En todo caso, de lo expuesto hasta aquí emerge una certeza poco conocida: la Transición estuvo mucho más marcada por la violencia de lo que dan a entender sus visiones más difundidas. Baby lo ha subrayado en estos términos: “no cabe ninguna duda de que la fuerte presencia de la violencia política ha determinado el ritmo y el alcance del proceso de democratización español, mucho más allá del mito tan difundido de la ‘Inmaculada Transición'”.[xii] Por nuestra parte consideramos que constituyó su banda sonora más inquietante.

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* Puede descargarse gratuitamente el sumario y la introducción completa de la obra en PDF clicando aquí.

* Pueden verse los comentarios y reseñas publicados sobre la obra clicando aquí.

Notas

[i] Véase I Sánchez-Cuenca y P. Aguilar, “Violencia política y movilización social en la Transición española”, en S. Baby, O. Compagnon y E. González Calleja (eds)., “Violencia y transiciones políticas a finales del siglo XX”, Collection Casa de Velázquez (110), Madrid, 2009, p. 99. Véase la versión en inglés del trabajo en I Sánchez-Cuenca y P. Aguilar, “Terrorist Violence and Popular Mobilization: The Case of the Spanish Transition to Democracy”, Politics & Society, Vol. 37, nº 3 (septiembre 20099, pp. 435.

[ii] I Sánchez-Cuenca, “La violencia terrorista en la transición española a la democracia”, Historia del presente, 14 (2009/II), 2ª época, pp. 9-10.

[iii] M. Sánchez Soler, La transición sangrienta, p. 353.

[iv] S. Baby, Le mythe de la transition pacifique, p. 427.

[v] Véase su uso en I. San Sebastián, Los años del plomo: memoria en carne viva de las víctimas.

[vi] J. Avilés, El terrorismo en España: de ETA a Al Qaeda, p. 27.

[vii] S. Baby, Le mythe de la transition pacifique, p. 427.

[viii] R. Martín Villa, Al servicio del Estado, p. 158.

[ix] A. Suárez, “Consideraciones sobre la Transición española”, Cuenta y Razón, 41 (1988), p. 16.

[x] F. González, “Prólogo” a J. Barrionuevo, 2.001 días en Interior, p. II.

[xi] Véase al respecto la amplia panorámica de la violencia de EQUIPO ‘D’, 1973/1983 La década del terror (con el explícito subtítulo de “datos para una causa general”), publicada en 1984, y, por otra parte, la Crónica negra de la transición española 1976–1985 del ensayista libertario Eduardo Pons Prades (1920-2007), que vio la luz en 1987 y su versión actualizada del 2005 en Los años oscuros de la transición española.

[xii]  S. Baby, “Estado y violencia en la Transición española”, en S. Baby, O. Compagnon y E. González Calleja, Violencia y transiciones politicas a finales del siglo XX, p. 198.


¿EL SECESIONISMO CATALÁN HA DESPERTADO A LA ULTRADERECHA?*

enero 4, 2018

Militantes de ultraderecha queman una bandera independentista en la manifestación del 12-O en Montjuïc (foto de Manolo García en el diari Ara).

LAS SUCESIVAS MANIFESTACIONES DE LA ULTRADERECHA EN CATALUÑA ACAPARAN LA ATENCIÓN MEDIÁTICA y parecen augurar su crecimiento. De hecho, Pablo Iglesias acusó el independentismo de “contribuir a despertar el fantasma del fascismo”. ¿Es así? Desde nuestra óptica, afirmaciones como esta pueden proyectar una imagen errónea o deformada de la ultraderecha en España. Lo argumentamos a continuación a partir de tres reflexiones.

1. La visibilidad mediática no implica éxito a las urnas

Como ya remarcamos en “Independentismo y ultraderecha, un binomio inseparable”, el protagonismo mediático de la extrema derecha por sus actos en la vía pública no implica un aumento de sus expectativas electorales. Por una parte, porque el marco político actual es muy competitivo y votar una opción marginal no resulta muy tentador. Por otra parte, porque si este sector ideológico aparece vinculado a desórdenes o violencia, una parte de su electorado potencial puede girarle la espalda. Recordemos al respecto que durante la Transición -como explicamos de forma detallada en La tentación neofascista en España (1998)- el partido Fuerza Nueva movilizó miles de seguidores, pero quedó asociado a episodios de criminalidad y perdió votantes.

En este sentido, la federación Respeto -que reúne a España 2000, Plataforma por Cataluña [PxC] y el Partido por la Libertad [PxL]- ha actuado con pragmatismo no concurriendo a los comicios del 21-D para no restar sufragios “al bloque contrario a la independencia”.

2. Las movilizaciones de Barcelona empañan la importancia de Madrid

Ciertamente, el epicentro del seísmo político que conmueve España está en Barcelona y aquí es donde la extrema derecha ha cobrado dinamismo. Pero a la hora de valorar el apoyo a las urnas de este ámbito ideológico hay que recordar que tanto PxC como España 2000 en Valencia experimentaron un notable descenso de apoyos en los comicios locales del 2015.

En cambio, Madrid parece ganar peso en el seno de este espacio político: España 2000 revalidó su edil en Alcalá de Henares el 2015 con más votos que el 2011 (pasó del 5.1% al 5.8%) y aumentó la presencia en la zona con regidores a San Fernando de Henares, Velilla de San Antonio y Los Santos de la Humosa, mientras que el PxL obtuvo uno en Valdeavero. Además, Hogar Social Madrid refleja como la ultraderecha ha articulado un tejido social minoritario pero consistente en la capital española, lo que contrasta con el cierre del Casal Tramuntana en Barcelona. Por consiguiente, la capitalidad política de la extrema derecha ahora podría desplazarse a Madrid.

3. La vía electoral posiblemente seguirá siendo local

Finalmente, hay que recordar que la vía de progreso electoral de este espectro ideológico se centra en el ámbito local. Ello se ha podido constatar desde los comicios locales del 2003 y no parece que la dinámica vaya a cambiar a corto plazo, si bien tal posibilidad no puede descartarse atendida la fluida situación política catalana y española.

En este contexto se debe tener en cuenta especialmente el electorado de periferias metropolitanas, porque puede ser receptivo a un discurso derechista centrado en la inseguridad ciudadana y la inmigración, como muestran Alcalá de Henares, con el edil obtenido por España 2000, y Badalona, con el éxito obtenido por el líder del Partido Popular, Xavier García Albiol, mediante un discurso centrado en la seguridad ciudadana y la inmigración (tema ya analizado en este blog).

Conclusión: un impacto aún difícil de valorar

La actual agitación de la extrema derecha, pues, puede crear una imagen distorsionada de este ámbito político en cuanto a su crecimiento, capitalidad y esfera de incidencia electoral. Asimismo, se deberá tener en cuenta también si su discurso antisecesionista variará, exaltando -por ejemplo- un “catalanismo hispánico” de carácter neoforal o asociando el independentismo a otros enemigos de España, como el yihadismo. En síntesis, los hechos de octubre del 2017 seguramente influirán en la ultraderecha, pero todavía es temprano para saber cómo lo harán y en qué medida.

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Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿El secessionisme ha despertat la ultradreta?”,  Ara (29/XII/2017).


LAS TRES ENTRADAS DEL BLOG MÁS VISTAS DEL 2017

diciembre 31, 2017

EN EL AÑO 2017 LAS TRES ENTRADAS MÁS VISITADAS HAN SIDO LAS SIGUIENTES:

Franco y el “20-N”: los mitos de una fecha legendaria, con 3.853 visitas

La Diada y el catalanismo: historia de la fiesta nacional de Cataluña, con 2659 visitas

Andreu Nin, el marxista que Stalin ordenó asesinar, con 2.289 visitas

Aprovechamos la ocasión para desear un feliz año a nuestr@s lector@s.


AUSTRIA O LA NORMALIZACIÓN DE LA ULTRADERECHA

diciembre 24, 2017

El líder del Partido Popular de Austria (ÖVP) y el del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), Heinz-Christian Strache, que han formado un gobierno de coalición (foto de Roland Schlager-AFP).

LA FORMACIÓN DE UN GOBIERNO DE COALICIÓN ENTRE LA DERECHA Y LA ULTRADERECHA EN AUSTRIA ES UN HECHO RELEVANTE por tres razones que detallamos a continuación.

1. Indica que la derecha está dispuesta a modular un discurso cercano a la ultraderecha y a pactar con ella. El ÖVP que lidera Sebastian Kurz (conocido como el “Macron austriaco”) utilizó en la campaña electoral un discurso cercano al del ultraderechista FPÖ, que lidera Heinz-Christian Strache, hasta el extremo de que el último acusó al primero de haberle “robado” su programa. Tras los comicios ambas formaciones han constituido un gobierno de coalición. Tal decisión supone una normalización política de la derecha populista que encarna el FPÖ y de sus mensajes, dotados de “respetabilidad” al difundirse en el conjunto del espectro político de la derecha primero y al acceder al gobierno después.

2. La reacción de oposición ante la entrada del FPÖ en el gobierno ha tenido escaso impacto si la comparamos con la que suscitó su primer gobierno de coalición entre 1999 y 2002. Entonces la UE presionó a Austria y el nuevo ejecutivo, sujeto a tensiones externas e internas, acabó convocando comicios anticipados. Ahora la UE ha dado su beneplácito al gobierno, que se ha comprometido a no convocar ningún referéndum sobre una eventual abandono de la organización por parte de Austria.

Esta escasa oposición a la extrema derecha se advirtió también en las elecciones presidenciales francesas celebradas en mayo de 2017, cuando Marine Le Pen logró pasar a la segunda vuelta. Las reacciones de rechazo hacia la candidata fueron entonces un pálido reflejo en relación a las que produjo el acceso a la segunda vuelta de su padre, Jean-Marie Le Pen, en los comicios presidenciales de 2002. Y si este obtuvo entonces el 17.7% de los votos ahora su hija ha captado el 33.9%. Por consiguiente, el rechazo hacia la ultraderecha institucionalizada se diluye cada vez más.

3. El nuevo ejecutivo está dispuesto a batallar más allá del plano simbólico por la modificación de las fronteras. Lo ha demostrado la intención de Viena de conceder el pasaporte austríaco a la minoría germanófona del Alto Adigio, lo que ha supuesto un choque con Roma ante tal intrusión en sus fronteras. De este modo, el gobierno ÖVP-FPÖ parece no estar dispuesto a andarse con remilgos a la hora de proyectar un desacomplejado nacionalismo expansivo que supone un enfrentamiento con países vecinos, algo inusual en un gobierno de la UE.

En síntesis, el caso de Austria ilustra la progresiva normalización de la ultraderecha: su ingreso en el gobierno no suscita grandes reacciones de inquietud por parte de la UE, abre la puerta a la emulación de una alianza similar en otros países y, además, cuestiona las fronteras entre miembros de la misma organización. Será necesario, pues, seguir con atención su trayectoria.


EL “ASESINO DEL LÁSER” ULTRADERECHISTA JUZGADO DE NUEVO, AHORA EN ALEMANIA

diciembre 17, 2017

John Ausonius (a la derecha) en Frankfurt con su abogado (Boris Roessler / AP).

JOHN AUSONIUS, CONOCIDO COMO EL “ASESINO DEL LÁSER” Y QUE CUMPLE CADENA PERPETUA EN SUECIA, SERÁ JUZGADO AHORA EN ALEMANIA. En un clima de opinión de xenofobia acentuada y marcado por el ascenso de Nueva Democracia [Ny Demokrati, ND, ya analizado en este blog], entre el 3 de agosto de 1991 y el 12 de junio de 1992, este perturbado se lanzó a la “caza de inmigrantes” utilizando un puntero láser para señalar a sus víctimas al dispararles.

Descubrir su identidad requirió la mayor investigación policial del país después del asesinato de Olof Palme y el año pasado se público la reconstrucción de su trayectoria por parte del periodista Gellert Tamas (1 y 2) -que mantuvo diversas conversaciones con el asesino- en El asesino del láser (editado por Debate en castellano y La Campana en catalán).

Ahora será juzgado de nuevo en Alemania por otro asesinato en febrero de 1992, la trabajadora de un restaurante. Pero lo más interesante, según recoge Félix Flores en La Vanguardia (14/XII/2017), es que Ausonius habría podido crear una escuela criminal: “En Alemania -señala Flores- se especula con que inspiró los homicidios del grupúsculo Clandestinidad Nacionalsocialista (Nationalsozialistischer Untergrund), ocho inmigrantes turcos, uno griego y una agente de policía, entre el 2000 y el 2006. En Noruega, el supremacista Anders Breivik, que mató a 77 personas en julio del 2011 en Oslo y la isla de Utøya, afirmó que el asesino del láser era su modelo, pero no quedó claro si se refería a Ausonius o a su verdadero émulo, Peter Mangs, el tirador de la ciudad sueca de Malmö que en el 2010 le imitó, disparando contra una docena de inmigantes. Mató a dos de ellos”.

Portada de Der Spiegel del 2011 dedicada a la neonazi  Clandestinidad Nacionalsocialista. 

Hemos considerado de interés para nuestros lectores reproducir a continuación el artículo que el periodista Antonio Lozano publicó sobre el libro en la revista Qué leer (nº 161), pues ofrece una buena síntesis del contenido de la obra. La reproducimos inicialmente en julio de 2011 a raíz de las masacres de Oslo cometidas por Breivik y que reeditamos de nuevo por su interés.

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“LASERMANN”, el cazador de inmigrantes

“Quería que supieran que aquí no estaban seguros. Quería aterrarles. Simplemente, espantarles tanto que pensaran en marcharse (…) Los quería mandar al infierno. Eran malignos y eran muchos”. Así justificaba John Ausonius que una madrugada de verano apuntara su rifle recortado con mira láser a David Gebremarian, un emigrante de Eritrea a punto de empezar a estudiar antropología en la Universidad de Estocolmo. Los dos hechos que ocurrieron de forma inmediata tras el primer tiroteo se acabarían erigiendo en los símbolos principales del caso. Por un lado, la xenofobia: hasta tres individuos rechazaron socorrer a un Gebremarian que se desangraba en el suelo. Por el otro, el laberinto policial: treinta personas llamaron para notificar que habían sido apuntadas con un haz de láser, a la postre proveniente del bolígrafo con el que un joven se divertía asustando a los viandantes.

El “asesino del láser” iluminaba a sus víctimas -emigrantes- con un puntero láser antes de dispararlas.

El bidón de gasolina

En sintonía con gran parte del norte de Europa, a principios de la década de 1990 Suecia experimentó un crecimiento muy significativo de las fuerzas políticas de extrema derecha, cuyo credo populista y su mensaje de odio caló entre amplias capas de una población enfrentada al paro y a la recesión económica. En las elecciones parlamentarias de 1991, el Ny demokraty, un partido abiertamente racista y xenófobo, fundado por un aristócrata y el dueño de una discográfica, obtuvo un 6,7 por ciento de los votos. Uno de sus miembros declaró que a los negros que vivían en Suecia no había que tenerles lástima porque, total, en África se los comían los leones. Otro se inventó que los inmigrantes estaban detrás del 80 por ciento de actos criminales que sufría el país. Por la misma época, se sentaban en el banquillo Klaus Lund y Christoffer Rangne, líderes del VAM, un movimiento de resistencia aria que tenía como lema “Revolución blanca sin perdón”. Acusados de atracar un banco, ambos no tardaron en convertirse en superestrellas mediáticas.

La escalada de odio fue espeluznante. Los ataques contra campos de refugiados pasaron de 36 en 1990 a 52 (uno por semana) en 1991, se multiplicaron los atentados con explosivos contra negocios regentados por suecos de origen extranjero, se profanaron cementerios judíos… Los medios de comunicación fueron cómplices de la barbarie. Aunque un estudio demostró que la mayoría de inmigrantes suecos no había cometido jamás un delito, la criminalidad que protagonizaban era el segundo tema más tratado en las noticias. En otoño de 1993, el periódico de mayor tirada nacional, Expressen, titulaba su portada en grandes caracteres: “ECHADLES”.

En contraste con la imagen progresista servida al mundo, Suecia poseía en los 1990 una legislación tan débil e intrincada sobre criminalidad por motivos racistas y xenófobos que, por ejemplo, las doscientas denuncias por discriminación étnica en el trabajo presentadas en 1996 acabaron sin condena. En este turbio caldo no es de extrañar que uno de los gritos más coreados en las manifestaciones de la extrema derecha a lo largo de 1992 fuera: “Hombre del láser, ¡tira a matar!”.

La cerilla

El mayor asesino en serie de Suecia era hijo de inmigrantes alemanes. A los 7 años, Wolfgang Alexander Zaugg vio cómo su madre echaba a su padre de casa por mujeriego. Con frecuencia le pegaba y le decía “Todos los hombres son mentirosos y traidores”. En el colegio era el único entre 2.000 alumnos que tenía el pelo oscuro, por lo que se mofaban de él llamándole “negro”. Otra ironía es que, ya de adulto, su ideología conservadora llevaba a que las chicas le espetaran: “Tienes maneras de turco”. Ya de joven desarrolló una obsesión por el orden y el sentido práctico, rechazó todo vicio como el alcohol y el tabaco, moldeó un carácter dominante, tozudo e iracundo, y se le detectó un principio de psicosis y trastorno de personalidad. Condujo un taxi y fue operador de un cine X antes de estudiar química.

La ludopatía le condujo a vivir en la calle, pero el asco que le despertaba la sociedad del bienestar promovida por los socialdemócratas le hizo rechazar toda ayuda social. En dos ocasiones fue internado a la fuerza en un hospital psiquiátrico, pero se le permitió realizar el servicio militar y, durante un tiempo, fue destinado al palacio real, a unos centenares de metros del despacho del monarca.

Sus problemas económicos lo condujeron a estafar bancos y luego a robarlos. Fue condenado a catorce meses de prisión por un total de veinte demandas, pero se escondió seis meses ejerciendo de taxista con un carnet de conducir falso. Lo apresaron, pero esa misma tarde se escapó de la cárcel. Volvieron a detenerle y volvió a escaparse a los pocos meses. Pasó a una prisión de máxima seguridad. Al salir libre y empezar su cacería mortal, había entrado en un círculo vicioso consistente en ahorrar dinero con el taxi e invertirlo en Bolsa de cara a pegarse la buena vida para, acto seguido, perderlo todo en el casino y verse forzado a acudir a la casa de empeños y a desvalijar bancos (llegó a cometer veinte atracos e intentos de atraco, siempre en bicicleta, que le reportaron un botín de más de un millón de coronas suecas).

Portada 

Portada de la obra de Tamas.

Su fijación por ser un perfecto sueco le impulsó a cambiar dos veces de nombre –una ironía más: el último apellido que adoptó, Ausonius, lo tomó prestado de un poeta rumano al que leyó en la cárcel–, a gastarse fortunas en teñirse el pelo de un horrendo color zanahoria, dado que el rubio era imposible de conseguir, y a lucir unas lentillas azul cielo. El asesino del láser fluctuó entre la astucia a la hora de camuflarse y borrar sus huellas –en parte gracias a las enseñanzas de “El Vigilante”, el personaje de Charles Bronson en una de sus películas favoritas, El justiciero de la ciudad– y la chapucería –sólo mató a uno de sus nueve objetivos y fue detenido por un error de lo más inocente, pero es evidente que se aprovechó del despropósito conjunto de la policía y los testigos oculares.

Los bomberos

Al cerrar el caso –Ansonius fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal Supremo el 19 de mayo de 1995–, el expediente de la investigación constaba de 20.000 páginas. Se habían realizado 6.000 interrogatorios, anotado 5.200 sucesos, documentado 9.700 nombres. Lo más llamativo es que, de los 6.000 avisos de los ciudadanos, ninguno de ellos acertó con la identidad del responsable, y eso que la difusión del retrato robot había colapsado durante horas las once líneas telefónicas habilitadas.

A medida que los inmigrantes iban entrando en la mirilla láser de Ausonius, el caos y el pánico se apoderaron del país. Carlos Gustavo XVI se dirigió a sus súbditos por tercera vez en su reinado; el primer ministro, Carl Bildt, hizo su primer discurso a la nación por una cuestión particular; por primera vez, una organización no sindical (un conglomerado de asociaciones de extranjeros) convocó una huelga de ámbito nacional; las manifestaciones antirracistas y xenófobas se sucedían en las calles; grupos de inmigrantes amenazaron con formar guerrillas de autodefensa… Ante semejante panorama, centenares de agentes dedicados al asesinato del primer ministro Olof Palme pasaron a trabajar en el caso y se ofreció una recompensa de un millón de coronas por pistas fiables.

Su afición a las casas de empeño y a los videoclubs, y, sobre todo, un desliz al alquilar un coche con su propio nombre acabaron con la trayectoria de un Ausonius que agredió a sus abogados en el juicio y casi completa con éxito una nueva fuga de prisión a los dos días de su ingreso.


ALTERNATIVA PARA ALEMANIA RENUEVA SU DIRECCIÓN Y AFIRMA LA “ALA DURA” DEL PARTIDO

diciembre 10, 2017

 

Alternativa para Alemania (AfD) ha elegido a su nueva dirección en un congreso celebrado en Hanóver. Reportaje de Euronews (3/XII/2017).

 

 ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (ALTERNATIVE FÜR DEUTSCHLAND, AfD) ELIGIÓ A SU NUEVA DIRECCIÓN EN UN CONGRESO CELEBRADO EN HANÓVER LOS DÍAS 2 Y 3 DE DICIEMBRE. Los copresidentes que resultaron electos fueron Alexander Gauland y Jörg Meuthen.

Tal opción ha reforzado al ala dura del partido al imponerse el llamado sector etnonacionalista del partido, del que llama la atención su escasa feminización: únicamente cuenta con un 13% de mujeres entre sus votantes. A continuación reproducimos el extenso y muy completo reportaje al respecto de Elizabeth Schumacher publicado por Deutsche Welle (4/XII/2017), del que procede la información citada y también las imágenes empleadas.

Recomendamos a l@s lector@s interesados en la evolución de la derecha populista germana la entrevista en este blog a Andreu Jerez, coautor junto a Franco Delle Donne  de Factor AfD, un ensayo imprescindible para comprender la situación actual de este partido.

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Los nuevos viejos jefes derechistas de AfD

El sector etnonacionalista de AfD logró imponerse con la elección de Alexander Gauland y Jörg Meuthen como copresidentes. Elizabeth Schumacher informa desde Hanóver.

Los nuevos copresidentes de AfD, Jörg Meuthen, a la derecha, y Alexander Gauland, a la izquierda (imagen de picture-alliance-dpa).

“Somos un partido de libertad, de justicia y de democracia directa”, dijo Jörg Meuthen a DW durante la convención de Alternativa para Alemania (AfD) en Hanóver el domingo, un día después de ser reelegido copresidente del partido populista de derecha.

Meuthen respondía así a la crítica de que AfD, como otros partidos europeos de ideología similar, simplemente pretende perturbar la política, en lugar de perseguir cambios específicos.

“No queremos abandonar la Unión Europea, por ejemplo”, añadió Meuthen, trazando una línea diferenciadora respecto a la campaña del Brexit llevada a cabo por el Partido de la Independencia de Reuno Unido, antes liderado por Nigel Farage. “Queremos cambiarla”.

El futuro es el pasado

Los miembros de AfD se sienten cómodos convirtiendo sus posturas en ataques al statu quo, pero para todo ese discurso de estar “preparados para el futuro”, la convención de Hanóver mostró hasta qué punto el partido está anclado en el pasado.Quizás el mayor ejemplo de esta nostalgia fue cuando Beatrix von Storch, quien representa a AfD en el Parlamento Europeo, declaró: “queremos conservar la Alemania en la que crecimos” -ganándose el aplauso de muchos de los presentes.Y, a pesar de lo mucho que se habla de una “nueva dirección” del partido ahora que ha entrado en el Bundestag, AfD eligió el domingo a Alexander Gauland para liderar el partido, además de volver a nombrar copresidente a su firme aliado Meuthem. Antes de la votación del sábado, Gauland había declarado que no se presentaría al puesto, pero posteriormente insistió en que “el destino quería otra cosa”.

Beatrix von Storch (centro) y Alice Weidel en la convención de AfD en Hanóver  (imagen de picture-alliance-dpa).

Por otra parte, se prestó poca atención a los deseos de Alice Weidel, copresidenta junto a Gauland durante la campaña y ahora líder parlamentaria de la formación, de incrementar el número de mujeres que forman parte o apoyan al partido. Solo un 13% de los votantes de AfD en las elecciones generales de septiembre fueron mujeres. De las decenas de ponentes que se dirigieron a los 600 delegados a lo largo del fin de semana, solo dos eran mujeres.

La legisladora del estado federado de Schleswig-Holstein, Doris von Say-Wittgenstein, se vio obligada a dejar a un lado su candidatura, pues Gauland se negó a retirarse. Y solo unas pocas y dispersas mujeres se sentaban entre las filas y filas de participantes masculinos.

“Una rebelión conservadora”

Miembros del ala joven del partido, la Joven Alternativa (representada en el Parlamento solo por hombres), fue la nota disonante al sugerir que AfD es un partido para hombres mayores.

“Ofrecemos un futuro en el que vale la pena vivir”, dijo uno, “ciñéndonos a nuestra manera libre de vivir, a nuestra cultura y a nuestra lengua”.

Al ser preguntado por ejemplos concretos de cómo AfD pretende hacer realidad este “futuro”, otro respondió que hay en marcha una “rebelión conservadora contra la política izquierdista de vieja escuela que ha fracasado a la hora de ofrecer algo concreto a la gente joven”.

Todavía queda por ver si Gauland, de 76 años, y Meuthen, de 56, tienen algo que ofrecer a la juventud alemana en caso de lograr su objetivo de estar “listos para gobernar” el país en un período de cuatro años, cuando se convoquen los siguientes comicios para el Bundestag.

Junto a Höcke

Quizás lo más significativo de la elección de Gauland y Meuthen fue la señal de que el ala más radical de AfD marcará el curso del partido en el Bundestag. Ambos han apoyado los objetivos etnonacionalistas del partido, frente a miembros que pretendían volver a sus raíces euroescépticas y de ideología conservadora en la dimensión financiera.

Meuthen y Gauland han defendido al personaje más controvertido de AfD, Björn Höcke, quien realizó unas polémicas declaraciones sobre el monumento al Holocausto de Berlín, y estuvo en el origen de varios pequeños escándalos.

“Björn Höcke pertenece a nuestro partido”, dijo Meuthen a DW. “Ello no significa que esté de acuerdo con todas y cada una de sus posturas”, añadió.

De hecho, a medida que los candidatos a los escalafones de liderazgo más bajos fueron hablando, todos expresaron un apoyo inequívoco a Höcke.

Björn Höcke en una plenaria del Parlamento regional de Turingia el 2 de diciembre (imagen de imago).

Ataque al islam

Pese a que se habló poco de las políticas en una cita que básicamente consistió en decidir quién jugará qué rol a partir de ahora, la retórica de la convención del domingo puso de manifiesto cuán absoluta es la victoria del sector más derechista de AfD. Uno de los ponentes fue incluso más allá del lema del partido “El islam no forma parte de Alemania” y declaró: “El islam no es una religión”.

A esto se suma el comentario del vicepresidente de AfD, Kay Gottschalk, que señaló que los manifestantes de izquierda que intentaron ponerlo en un apuro el sábado “podrían haber dirigido un campo de concentración” hace 75 años.

“Es el crepúsculo de la era de Merkel”, dijo la colíder parlamentaria Weidel, felicitándose a sí misma y a sus compañeros por los resultados electorales de septiembre. “Estamos recuperando nuestro país de las manos de los políticos que lo han dejado de lado”, expresó.

A pesar de que aún queda por ver si los nacionalistas demuestran ser “hostiles a la democracia”, como argumentan los partidos convencionales, el encuentro de la formación en Hanóver fue una clara demostración del nivel de discurso que Alemania puede esperar de los 92 diputados de AfD que ahora se sientan en el Bundestag.


JAIR BOLSONARO, LA NUEVA ESTRELLA DE LA ULTRADERECHA EN BRASIL: COMPARADO A MENUDO CON TRUMP Y DUTERTE, ES RACISTA, SEXISTA Y MILITARISTA

diciembre 3, 2017

Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil (imagen de EFE en El País).

Jair Bolsonaro es un diputado y capitán del ejército en la reserva de 62 años que lidera el Partido Social Cristão [Partido Social Cristiano, PSC].  Según los sondeos acapara ya el 17% de los votos en vistas a las elecciones presidenciales de 2018.

Considerado el “Trump” o el “Duterte” brasileño, su mensaje es ultraconservador y provocador, sexista y racista. Exalta las bondades de una intervención militar y, como señala María Martín en su sugerente perfil de El País (2/XII/2017), su discurso “defiende la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía”.

Asimismo, Martín remarca que “su colección de frases estridentes es interminable: ‘los gais son producto del consumo de drogas’, ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, ‘los policías que no matan no son policías’ o ‘las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas’. Bolsonaro —de segundo nombre Messias— interpreta su propia versión, aunque un tanto suavizada, del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, conocido por defender la ejecución de consumidores y traficantes de drogas”.

En suma, en Bolsonaro confluyen dos vectores tradicionales de la derecha extremista brasileña -el mesianismo bíblico y una sólida tradición de intervencionismo militar- con un populismo autoritario en sintonía con los nuevos aires de EE.UU. (Trump) y Filipinas (Duterte).

A continuación reproducimos la interesante crónica “Con la bala y la Biblia”, de Andy Robinson, publicada en La Vanguardia (3/XII/2017). En ella se expone la coalición de intereses que apoya a Bolsonaro y sus sucesivas mutaciones para sintonizar con un amplio espectro del electorado (la imagen reproducida procede del mismo artículo).

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Con la bala y la Biblia

El militar ultra Jair Bolsonaro presenta batalla a Lula da Silva por la presidencia de Brasil

Manifestación en Sao Paulo a favor de un golpe militar, el pasado 15 de noviembre, día de la república (Andy Robinson).

Dos encuentros, hace un par de semanas, en la avenida Paulista de São Paulo durante la fiesta anual del día de la República dieron la medida de hasta qué punto la nueva derecha en Brasil está ganando espacio político.

Por un lado, un grupo de cristianos evangélicos levantaban las manos y cantaban con gestos de euforia “¡Brasil es la tierra de la Santa Cruz!” animados por un pastor que despotricaba contra la inmoralidad de las exposiciones en el museo de arte que está en frente. Eran integrantes de una comunidad de protestantes fundamentalistas, socialmente ultraconservadores que crecen como la espuma en Brasil. De los 13 millones que había en 1990, han pasado a 45 millones, más del 20% de la población.

La derecha católica sube también y queda ya muy lejos aquella teología de la liberación que ayudó a llegar al poder el Partido del Trabajo (PT) de Lula Inacio da Silva hace 14 años.

El mismo día, 15 de noviembre pasado, un poco más arriba en misma avenida Paulista, medio millar de personas se congregaban en torno a un enorme monigote hinchable de unos 10 metros de altura que representaba un soldado de uniforme.

Portaban pancartas que rezaban “El comunismo mata, la corrupción también. ¡Intervención militar, ya!”. “El pueblo brasileño esta siendo masacrado por los políticos y los medios de comunicación; si los militares no actúan este país pronto dejará de existir”, dijo Paulo Ferreira da Silva , un parado de 57 años, subido a un taburete y con un cartel en la mano que decía: “ Armed Forces, save Brasil” (“Fuerzas Armadas, salvad Brasil”).

Según un sondeo del instituto Pew, el 38% de los brasileño considera “positiva” una alternativa militar a la democracia. Muchos aún recuerdan con nostalgia los 21 años (1963-1984) de gobiernos militares.

“Bolsonaro, popular entre los jóvenes y los nostálgicos de la dictadura, sube gracias a las redes sociales”

Acercándose las elecciones presidenciales del 2018, el candidato en boca de todos es Jair Bolsonaro, capitán en la reserva del ejército. El año pasado, este diputado ultraconservador de 62 años hizo guiños a una intervención militar antes de la destitución de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff. Nostálgico de los tiempos de los generales, Bolsonaro abarca las dos corrientes de la nueva derecha brasileña: la bala y la Biblia.

Defiende la pena de muerte, el derecho a poseer armas de fuego, una guerra militarizada contra la delincuencia en las favelas y el encarcelamiento de delincuentes menores de edad a pesar del peligro que se vive en las prisiones. Tras la noticia de la muerte de une decena de residentes de una favela en Rio acribillados por la policía la semana pasada, Bolsonaro respondió: “Un policía que no mata no es un policía”. Con el apoyo de los principales líderes de la derecha cristiana, Bolsonaro ha librado una guerra cultural contra el Estado laico y la libertad artística. Arremete contra un supuesto sesgo de izquierdas en la educación. Sostiene que la homosexualidad es el precursor de la pederastia. Es abiertamente racista y agresivamente misógino.

“Ni mereces ser violada”, le espetó a una diputada del PT en el Congreso el año pasado tras dedicar su voto contra Rousseff al general Carlos Alberto Brillhante, el militar que torturó a la ex presidenta durante la dictadura.

Pese a todo esto, Bolsonaro es el número dos en los sondeos con el 18% de la intención de voto (después de Lula que registra el 32%, pero cuya candidatura se ve amenazada por un caso de corrupción).

“Brasil recuerda un poco a España; tuvimos una transición pactada desde arriba; mucho ha cambiado y mucho, no”, opina Jorge Chaloub , analista político de la Universidad Católica de Rio (PUC). Pero quizás lo más chocante es que el 60% los admiradores de Bolsonaro no habían nacido durante aquellos años de gobiernos militares. Tiene 4,5 millones de seguidores en Facebook, la mayoría jóvenes. “Acabo de regresar de Brasilia y en el aeropuerto todo el mundo se hacía selfies con Bolsonaro y gritaba ¡Presidente!”, dijo perplejo el rabino Nilton Bonder, del centro Midrash en Rio.

El ascenso de Bolsonaro, al que hace tres o cuatro años nadie tomaba muy en serio, es el resultado –quizás inesperado– de la gran operación política y mediática para acabar con el poder del PT.

Fue urdida por grupos conservadores como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vemprarrua y Cruzada por la Libertad, con el apoyo de las grandes empresas y bancos cuyas sedes en gigantescos rascacielos ensombrecen la avenida Paulista.

Estos grupos, algunos financiados directamente desde los grandes think thanks conservadores de Washington como Atlas, fueron cruciales para la convocatoria de las manifestaciones contra Rousseff en el 2015. Al igual que sus homólogos en la derecha alternativa estadounidense ( alt-right)supieron movilizarse en internet. “Hay que crear foros en la red con posturas anárquicas, iconoclastas, con montajes toscos y groseros”, recomendaron los fundadores del MBL. Así se prendería la mecha para una autentica rebelión popular.

“Lula Da Silva lidera los sondeos pero tiene un proceso pendiente y a la élite económica en contra”

Lo interesante es que los grupos que ahora defienden a Dios y los valores de la familia tradicional hace dos años eran de corte liberal. Defendían las privatizaciones, las reformas laborales, el desmantelamiento del sistema de pensiones, la apertura comercial. No hablaban mucho de la moralidad cristiana. El líder de MBL, Kim Kataguiri, con su melena larga y camiseta, parecía un tertuliano libertario en un seminario patrocinado por The Economist.

Pero estas ideas no sirven para ganar elecciones en un pueblo que puede ser conservador en lo social pero es de izquierdas en lo económico, como sucede en muchas otras partes de América Latina. Sirven todavía menos cuando los estragos de la recesión y la subida del paro, aunque disminuyen, aún no se han superado. La valoración popular del presidente Michel Temer, por ejemplo, está en el 3%.

“MBL hizo un rebranding”, explica el bloguero Gabriel Barceló en la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. “Empezaron a atacar escuelas y exposiciones de arte como beatos con antorchas en las manos”.

“¿Ganará las elecciones el ‘Trump brasileño’? Análisis del Club de Prensa El País (11/XI/2017).

Paradójicamente, Bolsonaro ha tenido que hacer justo lo contrario. Tras defender durante años el intervencionismo y el nacionalismo económico, ahora propone privatizaciones y una apertura liberal. La semana pasada hizo un viaje a Nueva York donde fue recibido por Shannon O’Neill del respetable Council on Foreign Relations. Los analistas bursátiles en Sao Paulo ahora dicen que la elección de Bolsonaro podría cotizar al alza.

Pero Bolsonaro será el último recurso para la poderosa elite brasileña, necesario solamente en caso de que los jueces o los otros candidatos no pueden parar los pies a Lula. Geraldo Alckmin, el moderado gobernador del Estado de São Paulo, es el candidato que más elogiado en los grandes medios. Joao Doria, el radical alcalde de la ciudad de São Paulo es otra posibilidad, aunque su popularidad ha caído desde que ganó las elecciones a finales del año pasado.

Una victoria de Lula causa tanto temor que hasta se ha tanteado convencer a Luciano Huck para que se presente. Huck protagoniza un reality show que bate los récords de audiencia con una formula infalible en Brasil: selecciona a un pobre y concédele su deseo; una visita al Vaticano, por ejemplo.

En estos tiempos de rabia y hartazgo con la clase política no se puede descartar que Bolsonaro dé la sorpresa y cambie para siempre la imagen del país de la tolerancia, el buen humor y el placer.