ALTERNATIVA PARA ALEMANIA RENUEVA SU DIRECCIÓN Y AFIRMA LA “ALA DURA” DEL PARTIDO

diciembre 10, 2017

 

Alternativa para Alemania (AfD) ha elegido a su nueva dirección en un congreso celebrado en Hanóver. Reportaje de Euronews (3/XII/2017).

 

 ALTERNATIVA PARA ALEMANIA (ALTERNATIVE FÜR DEUTSCHLAND, AfD) ELIGIÓ A SU NUEVA DIRECCIÓN EN UN CONGRESO CELEBRADO EN HANÓVER LOS DÍAS 2 Y 3 DE DICIEMBRE. Los copresidentes que resultaron electos fueron Alexander Gauland y Jörg Meuthen.

Tal opción ha reforzado al ala dura del partido al imponerse el llamado sector etnonacionalista del partido, del que llama la atención su escasa feminización: únicamente cuenta con un 13% de mujeres entre sus votantes. A continuación reproducimos el extenso y muy completo reportaje al respecto de Elizabeth Schumacher publicado por Deutsche Welle (4/XII/2017), del que procede la información citada y también las imágenes empleadas.

Recomendamos a l@s lector@s interesados en la evolución de la derecha populista germana la entrevista en este blog a Andreu Jerez, coautor junto a Franco Delle Donne  de Factor AfD, un ensayo imprescindible para comprender la situación actual de este partido.

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Los nuevos viejos jefes derechistas de AfD

El sector etnonacionalista de AfD logró imponerse con la elección de Alexander Gauland y Jörg Meuthen como copresidentes. Elizabeth Schumacher informa desde Hanóver.

Los nuevos copresidentes de AfD, Jörg Meuthen, a la derecha, y Alexander Gauland, a la izquierda (imagen de picture-alliance-dpa).

“Somos un partido de libertad, de justicia y de democracia directa”, dijo Jörg Meuthen a DW durante la convención de Alternativa para Alemania (AfD) en Hanóver el domingo, un día después de ser reelegido copresidente del partido populista de derecha.

Meuthen respondía así a la crítica de que AfD, como otros partidos europeos de ideología similar, simplemente pretende perturbar la política, en lugar de perseguir cambios específicos.

“No queremos abandonar la Unión Europea, por ejemplo”, añadió Meuthen, trazando una línea diferenciadora respecto a la campaña del Brexit llevada a cabo por el Partido de la Independencia de Reuno Unido, antes liderado por Nigel Farage. “Queremos cambiarla”.

El futuro es el pasado

Los miembros de AfD se sienten cómodos convirtiendo sus posturas en ataques al statu quo, pero para todo ese discurso de estar “preparados para el futuro”, la convención de Hanóver mostró hasta qué punto el partido está anclado en el pasado.Quizás el mayor ejemplo de esta nostalgia fue cuando Beatrix von Storch, quien representa a AfD en el Parlamento Europeo, declaró: “queremos conservar la Alemania en la que crecimos” -ganándose el aplauso de muchos de los presentes.Y, a pesar de lo mucho que se habla de una “nueva dirección” del partido ahora que ha entrado en el Bundestag, AfD eligió el domingo a Alexander Gauland para liderar el partido, además de volver a nombrar copresidente a su firme aliado Meuthem. Antes de la votación del sábado, Gauland había declarado que no se presentaría al puesto, pero posteriormente insistió en que “el destino quería otra cosa”.

Beatrix von Storch (centro) y Alice Weidel en la convención de AfD en Hanóver  (imagen de picture-alliance-dpa).

Por otra parte, se prestó poca atención a los deseos de Alice Weidel, copresidenta junto a Gauland durante la campaña y ahora líder parlamentaria de la formación, de incrementar el número de mujeres que forman parte o apoyan al partido. Solo un 13% de los votantes de AfD en las elecciones generales de septiembre fueron mujeres. De las decenas de ponentes que se dirigieron a los 600 delegados a lo largo del fin de semana, solo dos eran mujeres.

La legisladora del estado federado de Schleswig-Holstein, Doris von Say-Wittgenstein, se vio obligada a dejar a un lado su candidatura, pues Gauland se negó a retirarse. Y solo unas pocas y dispersas mujeres se sentaban entre las filas y filas de participantes masculinos.

“Una rebelión conservadora”

Miembros del ala joven del partido, la Joven Alternativa (representada en el Parlamento solo por hombres), fue la nota disonante al sugerir que AfD es un partido para hombres mayores.

“Ofrecemos un futuro en el que vale la pena vivir”, dijo uno, “ciñéndonos a nuestra manera libre de vivir, a nuestra cultura y a nuestra lengua”.

Al ser preguntado por ejemplos concretos de cómo AfD pretende hacer realidad este “futuro”, otro respondió que hay en marcha una “rebelión conservadora contra la política izquierdista de vieja escuela que ha fracasado a la hora de ofrecer algo concreto a la gente joven”.

Todavía queda por ver si Gauland, de 76 años, y Meuthen, de 56, tienen algo que ofrecer a la juventud alemana en caso de lograr su objetivo de estar “listos para gobernar” el país en un período de cuatro años, cuando se convoquen los siguientes comicios para el Bundestag.

Junto a Höcke

Quizás lo más significativo de la elección de Gauland y Meuthen fue la señal de que el ala más radical de AfD marcará el curso del partido en el Bundestag. Ambos han apoyado los objetivos etnonacionalistas del partido, frente a miembros que pretendían volver a sus raíces euroescépticas y de ideología conservadora en la dimensión financiera.

Meuthen y Gauland han defendido al personaje más controvertido de AfD, Björn Höcke, quien realizó unas polémicas declaraciones sobre el monumento al Holocausto de Berlín, y estuvo en el origen de varios pequeños escándalos.

“Björn Höcke pertenece a nuestro partido”, dijo Meuthen a DW. “Ello no significa que esté de acuerdo con todas y cada una de sus posturas”, añadió.

De hecho, a medida que los candidatos a los escalafones de liderazgo más bajos fueron hablando, todos expresaron un apoyo inequívoco a Höcke.

Björn Höcke en una plenaria del Parlamento regional de Turingia el 2 de diciembre (imagen de imago).

Ataque al islam

Pese a que se habló poco de las políticas en una cita que básicamente consistió en decidir quién jugará qué rol a partir de ahora, la retórica de la convención del domingo puso de manifiesto cuán absoluta es la victoria del sector más derechista de AfD. Uno de los ponentes fue incluso más allá del lema del partido “El islam no forma parte de Alemania” y declaró: “El islam no es una religión”.

A esto se suma el comentario del vicepresidente de AfD, Kay Gottschalk, que señaló que los manifestantes de izquierda que intentaron ponerlo en un apuro el sábado “podrían haber dirigido un campo de concentración” hace 75 años.

“Es el crepúsculo de la era de Merkel”, dijo la colíder parlamentaria Weidel, felicitándose a sí misma y a sus compañeros por los resultados electorales de septiembre. “Estamos recuperando nuestro país de las manos de los políticos que lo han dejado de lado”, expresó.

A pesar de que aún queda por ver si los nacionalistas demuestran ser “hostiles a la democracia”, como argumentan los partidos convencionales, el encuentro de la formación en Hanóver fue una clara demostración del nivel de discurso que Alemania puede esperar de los 92 diputados de AfD que ahora se sientan en el Bundestag.


JAIR BOLSONARO, LA NUEVA ESTRELLA DE LA ULTRADERECHA EN BRASIL: COMPARADO A MENUDO CON TRUMP Y DUTERTE, ES RACISTA, SEXISTA Y MILITARISTA

diciembre 3, 2017

Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia de Brasil (imagen de EFE en El País).

Jair Bolsonaro es un diputado y capitán del ejército en la reserva de 62 años que lidera el Partido Social Cristão [Partido Social Cristiano, PSC].  Según los sondeos acapara ya el 17% de los votos en vistas a las elecciones presidenciales de 2018.

Considerado el “Trump” o el “Duterte” brasileño, su mensaje es ultraconservador y provocador, sexista y racista. Exalta las bondades de una intervención militar y, como señala María Martín en su sugerente perfil de El País (2/XII/2017), su discurso “defiende la venta libre de armas, la tortura de delincuentes y las ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía”.

Asimismo, Martín remarca que “su colección de frases estridentes es interminable: ‘los gais son producto del consumo de drogas’, ‘el error de la dictadura fue torturar y no matar’, ‘los policías que no matan no son policías’ o ‘las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas’. Bolsonaro —de segundo nombre Messias— interpreta su propia versión, aunque un tanto suavizada, del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, conocido por defender la ejecución de consumidores y traficantes de drogas”.

En suma, en Bolsonaro confluyen dos vectores tradicionales de la derecha extremista brasileña -el mesianismo bíblico y una sólida tradición de intervencionismo militar- con un populismo autoritario en sintonía con los nuevos aires de EE.UU. (Trump) y Filipinas (Duterte).

A continuación reproducimos la interesante crónica “Con la bala y la Biblia”, de Andy Robinson, publicada en La Vanguardia (3/XII/2017). En ella se expone la coalición de intereses que apoya a Bolsonaro y sus sucesivas mutaciones para sintonizar con un amplio espectro del electorado (la imagen reproducida procede del mismo artículo).

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Con la bala y la Biblia

El militar ultra Jair Bolsonaro presenta batalla a Lula da Silva por la presidencia de Brasil

Manifestación en Sao Paulo a favor de un golpe militar, el pasado 15 de noviembre, día de la república (Andy Robinson).

Dos encuentros, hace un par de semanas, en la avenida Paulista de São Paulo durante la fiesta anual del día de la República dieron la medida de hasta qué punto la nueva derecha en Brasil está ganando espacio político.

Por un lado, un grupo de cristianos evangélicos levantaban las manos y cantaban con gestos de euforia “¡Brasil es la tierra de la Santa Cruz!” animados por un pastor que despotricaba contra la inmoralidad de las exposiciones en el museo de arte que está en frente. Eran integrantes de una comunidad de protestantes fundamentalistas, socialmente ultraconservadores que crecen como la espuma en Brasil. De los 13 millones que había en 1990, han pasado a 45 millones, más del 20% de la población.

La derecha católica sube también y queda ya muy lejos aquella teología de la liberación que ayudó a llegar al poder el Partido del Trabajo (PT) de Lula Inacio da Silva hace 14 años.

El mismo día, 15 de noviembre pasado, un poco más arriba en misma avenida Paulista, medio millar de personas se congregaban en torno a un enorme monigote hinchable de unos 10 metros de altura que representaba un soldado de uniforme.

Portaban pancartas que rezaban “El comunismo mata, la corrupción también. ¡Intervención militar, ya!”. “El pueblo brasileño esta siendo masacrado por los políticos y los medios de comunicación; si los militares no actúan este país pronto dejará de existir”, dijo Paulo Ferreira da Silva , un parado de 57 años, subido a un taburete y con un cartel en la mano que decía: “ Armed Forces, save Brasil” (“Fuerzas Armadas, salvad Brasil”).

Según un sondeo del instituto Pew, el 38% de los brasileño considera “positiva” una alternativa militar a la democracia. Muchos aún recuerdan con nostalgia los 21 años (1963-1984) de gobiernos militares.

“Bolsonaro, popular entre los jóvenes y los nostálgicos de la dictadura, sube gracias a las redes sociales”

Acercándose las elecciones presidenciales del 2018, el candidato en boca de todos es Jair Bolsonaro, capitán en la reserva del ejército. El año pasado, este diputado ultraconservador de 62 años hizo guiños a una intervención militar antes de la destitución de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff. Nostálgico de los tiempos de los generales, Bolsonaro abarca las dos corrientes de la nueva derecha brasileña: la bala y la Biblia.

Defiende la pena de muerte, el derecho a poseer armas de fuego, una guerra militarizada contra la delincuencia en las favelas y el encarcelamiento de delincuentes menores de edad a pesar del peligro que se vive en las prisiones. Tras la noticia de la muerte de une decena de residentes de una favela en Rio acribillados por la policía la semana pasada, Bolsonaro respondió: “Un policía que no mata no es un policía”. Con el apoyo de los principales líderes de la derecha cristiana, Bolsonaro ha librado una guerra cultural contra el Estado laico y la libertad artística. Arremete contra un supuesto sesgo de izquierdas en la educación. Sostiene que la homosexualidad es el precursor de la pederastia. Es abiertamente racista y agresivamente misógino.

“Ni mereces ser violada”, le espetó a una diputada del PT en el Congreso el año pasado tras dedicar su voto contra Rousseff al general Carlos Alberto Brillhante, el militar que torturó a la ex presidenta durante la dictadura.

Pese a todo esto, Bolsonaro es el número dos en los sondeos con el 18% de la intención de voto (después de Lula que registra el 32%, pero cuya candidatura se ve amenazada por un caso de corrupción).

“Brasil recuerda un poco a España; tuvimos una transición pactada desde arriba; mucho ha cambiado y mucho, no”, opina Jorge Chaloub , analista político de la Universidad Católica de Rio (PUC). Pero quizás lo más chocante es que el 60% los admiradores de Bolsonaro no habían nacido durante aquellos años de gobiernos militares. Tiene 4,5 millones de seguidores en Facebook, la mayoría jóvenes. “Acabo de regresar de Brasilia y en el aeropuerto todo el mundo se hacía selfies con Bolsonaro y gritaba ¡Presidente!”, dijo perplejo el rabino Nilton Bonder, del centro Midrash en Rio.

El ascenso de Bolsonaro, al que hace tres o cuatro años nadie tomaba muy en serio, es el resultado –quizás inesperado– de la gran operación política y mediática para acabar con el poder del PT.

Fue urdida por grupos conservadores como Movimiento Brasil Libre (MBL), Vemprarrua y Cruzada por la Libertad, con el apoyo de las grandes empresas y bancos cuyas sedes en gigantescos rascacielos ensombrecen la avenida Paulista.

Estos grupos, algunos financiados directamente desde los grandes think thanks conservadores de Washington como Atlas, fueron cruciales para la convocatoria de las manifestaciones contra Rousseff en el 2015. Al igual que sus homólogos en la derecha alternativa estadounidense ( alt-right)supieron movilizarse en internet. “Hay que crear foros en la red con posturas anárquicas, iconoclastas, con montajes toscos y groseros”, recomendaron los fundadores del MBL. Así se prendería la mecha para una autentica rebelión popular.

“Lula Da Silva lidera los sondeos pero tiene un proceso pendiente y a la élite económica en contra”

Lo interesante es que los grupos que ahora defienden a Dios y los valores de la familia tradicional hace dos años eran de corte liberal. Defendían las privatizaciones, las reformas laborales, el desmantelamiento del sistema de pensiones, la apertura comercial. No hablaban mucho de la moralidad cristiana. El líder de MBL, Kim Kataguiri, con su melena larga y camiseta, parecía un tertuliano libertario en un seminario patrocinado por The Economist.

Pero estas ideas no sirven para ganar elecciones en un pueblo que puede ser conservador en lo social pero es de izquierdas en lo económico, como sucede en muchas otras partes de América Latina. Sirven todavía menos cuando los estragos de la recesión y la subida del paro, aunque disminuyen, aún no se han superado. La valoración popular del presidente Michel Temer, por ejemplo, está en el 3%.

“MBL hizo un rebranding”, explica el bloguero Gabriel Barceló en la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. “Empezaron a atacar escuelas y exposiciones de arte como beatos con antorchas en las manos”.

“¿Ganará las elecciones el ‘Trump brasileño’? Análisis del Club de Prensa El País (11/XI/2017).

Paradójicamente, Bolsonaro ha tenido que hacer justo lo contrario. Tras defender durante años el intervencionismo y el nacionalismo económico, ahora propone privatizaciones y una apertura liberal. La semana pasada hizo un viaje a Nueva York donde fue recibido por Shannon O’Neill del respetable Council on Foreign Relations. Los analistas bursátiles en Sao Paulo ahora dicen que la elección de Bolsonaro podría cotizar al alza.

Pero Bolsonaro será el último recurso para la poderosa elite brasileña, necesario solamente en caso de que los jueces o los otros candidatos no pueden parar los pies a Lula. Geraldo Alckmin, el moderado gobernador del Estado de São Paulo, es el candidato que más elogiado en los grandes medios. Joao Doria, el radical alcalde de la ciudad de São Paulo es otra posibilidad, aunque su popularidad ha caído desde que ganó las elecciones a finales del año pasado.

Una victoria de Lula causa tanto temor que hasta se ha tanteado convencer a Luciano Huck para que se presente. Huck protagoniza un reality show que bate los récords de audiencia con una formula infalible en Brasil: selecciona a un pobre y concédele su deseo; una visita al Vaticano, por ejemplo.

En estos tiempos de rabia y hartazgo con la clase política no se puede descartar que Bolsonaro dé la sorpresa y cambie para siempre la imagen del país de la tolerancia, el buen humor y el placer.


ARNAU GONZÀLEZ I VILALTA: “LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA ESTUVO ENCIMA DE LA MESA DE LOS MINISTERIOS DE EXTERIORES DE EUROPA”

noviembre 26, 2017

 

EL HISTORIADOR ARNAU GONZÁLEZ I VILALTA  (Barcelona, 1980) es profesor del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona desde 2007. Es autor de una quincena libros sobre el periodo republicano español, la Cataluña de entreguerras, el nacionalismo catalán y la diplomacia europea. Entre otros destacan en el ámbito diplomático Cataluña bajo vigilancia. El Consulado italiano y el Fascio de Barcelona (1930-1943), PUV, 2009; Quan Catalunya preocupava a Europa. Diplomàcia i premsa internacional durant la Guerra Civil, Base, 2014. En estos momentos está preparando una amplia síntesis de las miradas diplomáticas y periodísticas de la Cataluña republicana después de un largo trabajo de archivo alrededor del continente americano y de la mayoría de países europeos.

Ahora ha comisariado la exposición “Une Catalogne Indépendante? Geopolítica y Guerra Civil (1936-1939)”, que explica cómo durante la contienda española las cancillerías europeas y americanas y la prensa internacional valoraron seriamente una eventual proclamación de la independencia de Cataluña. Asimismo, ha coordinado un libro colectivo homónimo –Une Catalogne Indépendante?– en el que han participado destacados académicos (como Enric Ucelay-Da Cal, Xosé Manoel Nuñez Seixas o Josep Sánchez Cervelló). La muestra puede visitarse en Barcelona, en el Memorial Democràtic, hasta el 2 de marzo de 2018.

 

Dado que esta cuestión no había sido abordada hasta ahora con amplitud (si bien existen diversos trabajos al respecto) y la consideramos de interés para nuestr@s lector@ hemos entrevistado a Arnau González. Le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras preguntas. Asimismo, las diversas imágenes reproducidas a continuación pueden contemplarse en la exposición.

¿Se planteó seriamente la independencia de Cataluña durante la Guerra Civil?

Ciertamente estuvo encima de la mesa de los ministerios de exteriores de la Europa del 1936-1939, fue objeto de constante análisis en la prensa occidental -democrática y dictatorial-, así como sobrevoló la política catalana y española de ambos bandos de manera evidente. De hecho gran parte de los desacuerdos entre la Generalitat de Cataluña y los gobiernos de Francisco Largo Caballero y Juan Negrín así como con Manuel Azaña, provienen de esa opción. Una posibilidad que estaba ahí, que parecía moverse entre el rumor, la propaganda interesada y la realidad factible. La documentación diplomática y la prensa de todo el mundo lo acredita de manera apabullante.

¿Una Cataluña independiente habría tenido algún apoyo de las grandes potencias? 

Creo que esa no es la pregunta. El principal interrogante y de eso se trataba era: ¿Qué puede sacar de una Cataluña soberana cada potencia? Porque la mirada europea -y americana en menor medida- pondría el ojo en Cataluña por su especial e interesante situación geoestratégica. En una Europa próxima a una nueva conflagración continental, el lugar ocupado por el territorio catalán, al sur de los Pirineos y con una costa muy interesante y próxima a Menorca, podía ser de especial interés para Francia.

De hecho, la ayuda francesa, en forma de protectorado o de ocupación directa por parte de l’Armée, sería lo que se plantearía más seriamente, tanto en 1936 como en diferentes momentos de 1938-1939. Se valoraba ocupar Cataluña segregándola de España para romper el cerco al que Hitler, Mussolini e hipotéticamente Franco acabarían sometiendo al Hexágono. Eso, junto al interés de la Marine Nationale para evitar la conexión marítima mediterránea de Italia con España (este-oeste) para cortar las línias norte-sur (Europa-África Francesa del Norte), decidiría París a planteralo seriamente.

Los británicos no se mojaban, esperaban acontecimientos. Los alemanes estaban en contra, aunque se mostrasen dispuestos a no cerrar su consulado en Barcelona, mientras que la URSS no se mostró nunca favorable a esa opción.

 

Cartel francés de 1936 alertando sobre unos Pirineos convertidos en vía de entrada del enemigo alemán: “¿Francés, quieres que esto sea posible mañana”? Queda patente así la importancia estratégica de Catalunya.

¿Los líderes del bando republicano contemplaron esta posibilidad?

Absolutamente. Tantos los jefes de gobierno como el presidente de la República mantuvieron un constante desencuentro con Lluís Companys y la Generalitat con sus principales líderes Josep Tarradellas o Carles Pi i Sunyer, a tenor de las informaciones sobre sondeos de los delegados de la Generalitat en las principales capitales de Europa.

De hecho, por ejemplo, y en pro de no dar ningúna presencia en la esfera internacional, a finales de 1936 tanto Francisco Franco como Largo Caballero se negaron a firmar un tratado de evacuación de no combatientes de ambas zonas porque el documento llevaba la firma de Companys y el Lehendakari José Anotnio Aguirre. Unos y otros afearon a la Cruz Roja Internacional, promotora del pacto, que hubiera equiparado a una “província” más con el Estado español.

¿Y los del bando franquista?

Sólo deben recogerse los temores de sus aliados italianos y alemanes para entender que la incursión francesa en Cataluña, de haberse producido, hubiera desatado un conflicto de consecuencias impredecibles. De hecho, los ministros de exteriores de Hitler y Mussolini llegarían a explicitar por escrito en un acuerdo más amplio la oposición a “la creación y consolidación de un estado catalán”. Lo firmarían en octubre de 1936 Konstantin von Neurath y Galeazzo Ciano. No obstante, en alguna ocasión el Duce llegaría a pedir a Franco que abandonase Cataluña y se centrara en ganar la guerra en el resto de la Península. Del mismo modo, el Vaticano y el propio Papa se mostrarían alarmados por la posibilidad de la eventual constitución de una Cataluña soviética.

Por su parte, la propaganda rebelde habló de ello en manifiestas ocasiones, especialmente vinculando esta opción a una ayuda soviética que derivaría en la creación de una República Comunista Catalana. Cosa que provocó el pavor, entre real y propagandístico, entre todos los círculos católicos y conservadores europeos y americanos.Por otro lado, a Franco le plantearon en diversas ocasiones esta cuestión ciertos periodistas, mientras que algunos de sus acólitos como Gonzalo Queipo de Llano lanzaban mensajes amenazadores ante en relación a una secesión catalana. Cabe entender la actitud castellanizadora que manifestó el franquismo teniendo en cuenta esta realidad.

 

Propaganda franquista alertando del peligro de separación de Cataluña y el País Vasco durante la contienda.

¿Puede trazarse alguna analogía entre el pasado y la actualidad?

Las analogías las carga el diablo. Los contextos entre 1936-1939 y el presente son tan alejados que sólo podemos especular y plantearnos, diría yo, si hay líneas de continuidad. Especialmente en las actitudes de los movimientos nacionalistas españoles. En ese sentido, más allá de advertir una analogía en la unión de quienes defienden España por encima de ideologías opuestas, lo demás ha cambiado todo.

Así, en los años treinta en Cataluña no había separatistas, ahora los hay; entonces todo el mundo era catalanohablante, ahora sólo lo es la mitad de la población; igualmente, se pretendía que la independencia fuera un gesto de una élite política -como siempre se habían hecho las independencias- y ahora se pretende hacerlo a través del refrendo de los ciudadanos; los pequeños estados no tenían garantizada su supervivencia y en estos momentos no se plantea la solución de conflictos identitarios por la fuerza de las armas, a pesar de lo sucedido en Kosovo o Crimea. 

En último lugar, en los años treinta la comunidad internacional era extremadamente agresiva y no contaba con acuerdos continentales, de modo que la guerra europea podía estallar en cualquier momento. Hoy en día eso es imposible.

La exposición tiene piezas muy curiosas. ¿Hay alguna que quiera destacar?

Sin lugar a dudas. Al margen de crear un producto expositivo que no concede argumentos a nadie en la actualidad, hemos conseguido un muy buen repertorio de piecas. Entre las más curiosas, por poco difundidas, destaca el primer cartel que se puede visualizar al entrar en la exposición y en el que la propaganda franquista explica como Francia quería aprovecharse de la guerra para, con los “traidores” catalanistas y vasquistas, apropiarse de Cataluña y Euskal Herria [es la imagen anterior que ilustra la entrevista].

Y, en segundo lugar, el documento del 21 de noviembre del 1938 redactado por Nicolau Mª Rubió i Tudurí, que no se llegó a enviar y que propone al Gobierno de Francia ayudar a Cataluña a quedar fuera de la guerra de España a cambio de que la Generalitat provoque un golpe de Estado contra el presidente Negrín que facilite la derrota de la República y el fin de la guerra [reproducido a continuación].

 


FRANCO Y EL “20-N”: LOS MITOS DE UNA FECHA LEGENDARIA*

noviembre 19, 2017

Prensa franco

La prensa recoge la muerte de Franco. 

LA COINCIDENCIA DE LA MUERTE DE FRANCO con la de José Antonio Primo de Rivera la misma fecha el 20 de noviembre (20-N), generó una mitología popular en torno a dicha jornada. Asimismo, la prolongada agonía de Franco también originó lecturas que apuntaban a una eventual voluntad de pervivencia del régimen.

Franco no murió el 20-N

Pese a que la fecha oficial de la muerte de Franco es el 20 de noviembre de 1975, la realidad fue otra. En su reciente obra Crónica de la Transición, 1973-1978 (Ediciones B, 2009), Joaquín Bardavío -quien fue entre otros cargos jefe de los servicios informativos de presidencia del gobierno (1970-1973) es rotundo al respecto:

Franco no murió a las 5.25 del día 20 de noviembre de 1975, como dice el parte médico oficial. Falleció varias horas antes, como al filo de la medianoche. Ya al anochecer del día anterior se había decidido dejarle morir ante la larga angustia de su mujer y su hija y la inutilidad de tenerlo conectado a una vida artificial. Que su óbito coincidiera con el treinta y nueve aniversario de [la muerte] de José Antonio Primo de Rivera pudo ser causa de alargar su existencia unas horas, quizá un poco más de un día. Aunque si el objetivo era sacralizar una coincidencia, no se consiguió en absoluto”.

Y añade que sobre las 9 de la noche o antes del 19 de noviembre, el Marqués de Villaverde -yerno de Franco- despidió amablemente a los doctores que cuidaban al dictador y -sin testigos- procedió a desentubar y desconectar los mecanismos que permitían a Franco mantenerse en vida. Concluye Bardavío que “el fallecimiento real pudo ocurrir verosímilmente en las últimas horas del día 19 o como muy tarde, en los primeros minutos del día 20”.

Guardar la noticia permitió ganar tiempo al universo oficial del régimen para preparara a la población y estar preparado ante eventuales reacciones populares, por lo que había preparado un dispositivo en relación a su defunción -la “operación lucero”.

Las fantasías: no es lo mismo morir el día 19 que el 20

Como señala lo expuesto, un rumor muy extendido afirmó que la larga agonía del dictador tuvo un propósito: hacer coincidir la fecha de su defunción con la de Primo de Rivera, ejecutado el 20 de noviembre de 1936 en la cárcel de Aliacante. De ese modo, el 20-N devenía una jornada llena de simbolismo porque unía en el recuerdo de los devotos y nostálgicos de ambos su memoria y la cripta del Valle de los Caídos el lugar donde podían reunirse para rememorar a los dos “ausentes”.

joseantonio-La Falange

La muerte de Franco el 20-N unía su figura a la del legendario fundador de la Falange.

Sin embargo, circuló otra cábala de signo opuesto sobre la fecha de la muerte del Generalísimo, que atribuyó su óbito entonces que se prolongó su existencia para evitar que su muerte acaeciera el día 19. para ello se argumentó que la suma de la fecha oficial de inicio de la Guerra Civil (18-07-1936) y la de su fin (01-04-1939) proporcionaba un llamativo resultado: 19-11-1975. Es decir, la ecuación contenía una profecía latente con la fecha de la muerte de Franco.

 El “26-N”: siete días que hubieran podido cambiar la historia

La agonía del Caudillo ha merecido otras lecturas carentes de mitología y que han apuntado intenciones políticas claras y, por ello, verosímiles. Así, el difunto escritor y ensayista José Luis de Vilallonga, fallecido en 2007, aseguró en su libro-entrevista con Juan Carlos I (El Rey, Plaza & janés, 1993) que el largo final de Franco obedeció a un intento desesperado de su yerno, el marqués de Villaverde, de mantenerlo vivo una semana más. Su meta habría sido -según la lectura de Vilallonga- cambiar el futuro titular de la monarquía, reemplazando al príncipe Juan Carlos y Sofía por el marido de la hija del marqués y nieta de Franco (Carmen Martínez Bordiu), casada con Alfonso de Borbón Dampierre, primo hermano del actual monarca. Ello -fantaseando- hubiera podido ser posible porque la Ley de Sucesión franquista permitía al dictador revocar en cualquier momento su sucesor a título de Rey. Villaverde había acariciado así la posibilidad de que el anciano moribundo cambiase su elección de monarca. Pero tal interpretación parece infundada, pues Franco -ya terminal- dejó muy claro a su hija Carmen que su sucesor no era otro que Juan Carlos.

No obstante, existe otra hipótesis sobre la prolongación artificial de la agonía de Franco que apunta hacia importantes consecuencias institucionales: de haber vivido éste una semana más, ello habría eventualmente permitido prorrogar el mandato del presidente de las Cortes franquistas, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, y sumir en la incertidumbre la reforma política que el Rey preparaba: si Rodríguez de Valcárcel hubiera continuado en su cargo, el “ingeniero” de la reforma del régimen, Torcuato Fernández Miranda, no hubiera podido acceder a esa responsabilidad, tan estratégica como decisiva para efectuar la reforma política.

Por su parte, la hija de Franco, en el libro Franco, mi padre (La esfera, 2008), de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, que recoge su testimonio, desmiente que la familia hubiera quisiera extender la agonía de Franco. “No lo deseábamos”, afirma, y niega que se quisiera mantener a Rodríguez de Valcárcel en su cargo de presidente de las Cortes para garantizar el control de los cambios políticos: “Eso es pura fantasía. Eso no es verdad. Fueron una serie de circunstancias las que hicieron que la agonía de mi padre fuera así de larga, pero no fue una cosa premeditada por una cuestión política ni por preparar de alguna forma algo. No, eso no es verdad”.

Desde nuestra perspectiva, como analizamos en Franco y los Borbones (Planeta, 2005), es verdad que el marqués deseaba prorrogar a Rodríguez Valcárcel al frente del Consejo del Reino, siendo verosímil que prolongara artificialmente la vida de su suegro con tal fin, en lo que insistió Don Alfonso. Pero era imposible que con tal operación se lograra el cambio del titular del Trono Es más que dudoso que un Franco moribundo revocara a un Juan Carlos que ejercía funciones de jefe de Estado por segunda vez y entronizara a su primo. En todo caso, debe subrayarse que, en efecto, el presidente del Consejo del Reino hubiera podido prorrogar su mandato de sobrevivir Franco hasta el día 26. Con Rodríguez de Valcárcel al frente del entramado institucional franquista hasta noviembre de 1981 y con Arias en el timón del gobierno hasta enero de 1979, Juan Carlos se hubiera hallado atado de pies y manos.

De hecho, sabedor Rodríguez de Valcárcel que el monarca no deseaba su continuidad en sus cargos, el día de la coronación concluyó su intervención prevista suprimiendo una invocación al inicio de una nueva etapa acordada con Juan Carlos. Así, en lugar de manifestar “¡Señores procuradores, señores consejeros: desde la emoción del recuerdo de Franco, nueva era ¡Viva el Rey! ¡Viva España!”, suprimió la mención a una nueva etapa: “¡Señores procuradores, señores consejeros: desde la emoción del recuerdo de Franco ¡Viva el Rey! ¡Viva España!”. Merece destacarse que su discurso en aquella sesión se cerró con una gran ovación coreada con el rítmico grito “Franco, Franco, Franco”. Fue la última voz que se oyó en las Cortes. A partir de entonces sería entonado en las concentraciones de nostálgicos del dictador.

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* Esta entrada fue publicada originalmente en el blog hace dos años. Debido al tráfico de visitas que conoce de nuevo, la hemos reeditado. Asimismo, los lectores interesados en el tema pueden leer un artículo en el diario catalán Ara obre este tema. Puede leerse de modo gratuito con registro previo aquí.

 


¿AVANZA LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA? CUATRO APUNTES Y UNA CONCLUSIÓN*

noviembre 12, 2017

Ultraderechistas revientan la manifestación catalanista del 9 de octubre en Valencia (foto de EFE en www.teinteresa.es).

 

LAS DISTINTAS CONCENTRACIONES Y MARCHAS QUE PROTAGONIZAN GRUPOS ULTRANACIONALISTAS ESPAÑOLES han llamado la atención de los medios de comunicación, que plantean hasta qué punto constituyen un síntoma de crecimiento de este espectro político. Por nuestra parte ya hemos publicado análisis al respecto, pero –dado el flujo de información sobre el tema- consideramos pertinente hacer cuatro apuntes sobre el tema.

1. ¿Hasta qué punto el independentismo moviliza a la ultraderecha? 

En efecto, como ya hemos analizado anteriormente, el secesionismo moviliza a la ultraderecha española ahora como ya lo ha hecho en el pasado, desde los inicios del siglo XX hasta hoy. Ello es así porque el ultranacionalismo español se configuró en nuestro país en torno a su oposición al “troceamiento” de España: surgió en la isla de Cuba, ante el separatismo autóctono, y al ser repatriadas las tropas derrotadas en 1898 el fantasma de una “segunda Cuba” se proyectó primero sobre el emergente regionalismo catalán.

Con el tiempo lo hizo también sobre el autonomismo, considerado como un paso previo hacia el independentismo. Ello fue visible con la eclosión de la Liga Patriota Española en la Barcelona de 1918, cuyos miembros se enfrentaban físicamente con los catalanistas y seguidores de Francesc Macià en las Ramblas.

Tal actitud se prolongó en el tiempo hasta llegar el presente y fue visible –por ejemplo- en colectivos políticos (como la Falange), deportivos (como la Peña Deportiva Ibérica formada por seguidores radicales del RCD Español) o, ya en los años ochenta, por colectivos de la cultura juvenil Skinhead. Estos –como ha estudiado el historiador Carles Viñas– se hallaron ubicados en una intersección de caminos ubicada en la periferia de la política y en la que confluían la música, la presencia en los estadios y la alineación laxa y compleja con formaciones de ultraderecha.

Por consiguiente, podemos concluir que, ciertamente, el independentismo agita al ultranacionalismo español, pero ello no constituye un cambio cualitativo en relación al pasado. Al contrario, es la reafirmación de una pauta de actuación política con un siglo de continuidad.

2. ¿Puede romperse el PP y ver emerger una opción a su derecha?

Si algo ha demostrado la crisis que ha estallado en Cataluña es que en el mapa político español nada se puede descartar. Ahora bien, como ya hemos advertido también en un análisis reciente, para que tal cosa suceda es necesario que confluyan dos elementos. Por una parte, que el PP fracase de modo evidente en la gestión de la crisis, lo que ahora no puede afirmarse. Por otra parte, debe existir una opción política capaz de canalizar este documento y este segundo factor tampoco parece muy visible en estos momentos.

Lo afirmamos en la medida que la extrema derecha y la derecha radical española no disponen de formaciones competitivas en las urnas. Hasta ahora solo dos siglas han sido capaces de recoger apoyos significativos en las urnas: Vox y la Federación Respeto.

Vox en los comicios europeos de junio de 2014 tuvo como candidato a Alejo Vidal-Quadras y obtuvo 244.929 votos (1.56% del total), faltándole cerca de 50.000 para alcanzar representación según unas fuentes y tan solo 3.000 según el partido. La Federación Respeto reúne a la Plataforma per Catalunya [PxC] (que entre los sucesivos comicios locales de 2003 y los de 2015 conoció un proceso de ascenso progresivo y colapso súbito), España 2000 (que ha logrado mantener un edil en Alcalá de Henares pese a haber retrocedido de forma sensible en la Comunidad Valenciana) y el Partido por la Libertad [PxL], sin presencia institucional remarcable. Por ahora no parece que Vox y Respeto estén capacitados para lograr efectuar un salto político cualitativo que les permita competir con éxito con el PP, pese a que existiría un espacio electoral potencial.

En suma, para que irrumpa institucionalmente la ultraderecha debe fracasar el PP en la crisis catalana (a ojos de una parte significativa de su electorado) y producirse un rápido conocimiento de líderes, siglas e idearios del espectro de la derecha populista y la ultraderecha, algo que difícilmente puede suceder en breve tiempo.

3. ¿El ultranacionalismo español es importante como partido o como grupo de presión?

En este sentido, consideramos que la importancia del ultranacionalismo español o el nacionalismo español más belicoso que ha adquirido visibilidad con la crisis catalana (plasmado en consignas como “¡A por ellos!” o “¡Puigdemont a prisión!”) posiblemente sea relevante como grupo de presión para exigir una política de mano dura a La Moncloa ante el secesionismo. Se pudo apreciar tal situación en la concentración celebrada en Madrid que fue convocada por DENAES el pasado 28 de octubre en Colón. Allí, el líder de Vox, Santiago Abascal, pidió “la ilegalización de los partidos que tienen como objetivo romper España”.

No obstante, esta presión de dureza no solo la representa la ultraderecha, sino que José María Aznar –desde la FAES que preside– también ha lanzado mensajes inequívocos al respecto. Asimismo, el expresidente no se ha recatado de mostrar sus simpatías hacia Ciutadans, un partido ajeno a la ultraderecha y que defiende la españolidad de Cataluña, que concibe como una Comunidad Autónoma más.  La ultraderecha, pues, tampoco logra tener el monopolio de las “posiciones duras” ante la política del Estado en Cataluña.

4. ¿Existe un único discurso ultraderechista sobre Cataluña?

Para finalizar el análisis queremos destacar que existen distintos discursos sobre Cataluña en el seno del ultranacionalismo español que se ubica a la derecha del PP.

De esta manera, el discurso españolista de carácter unitario y centralista coexiste con otro exaltador de un catalanismo neoforal. Por consiguiente, no hay un único discurso sobre Cataluña en el seno de la extrema derecha. Ello tiene consecuencias programáticas y, por ejemplo, mientras España 2000 ha apoyado el secesionismo lingüístico que representa el idioma valenciano distinto del catalán, la PxC ha rubricado la unidad de la lengua catalana. Es más, incluso existe una minúscula ultraderecha independentista, Som Catalans.

Conclusión: Agitación, pero no necesariamente progresión

En síntesis, la agitación actual de la extrema derecha refleja la del mainstream del nacionalismo español, inquieto por la magnitud del desafío secesionista. De ahí a concluir que asistimos a la emergencia de un partido de ultraderecha a corto plazo hay un buen trecho y hasta un eventual salto al vacío, como hemos intentado argumentar. Igualmente, hemos querido resaltar la complejidad y fragmentación de este espectro ideológico, lo que dificulta efectuar simplificaciones.

Ahora bien, no puede descartarse que la situación actual genere un desenlace que suponga un cambio cualitativo del escenario político actual (sin ir más lejos, la falta de apoyo del PNV a los presupuestos dibuja un horizonte electoral no solo en Cataluña sino también en España). De ahí que todo pronóstico tenga una vigencia harto limitada y deba tomarse con cautela, incluyendo el que hemos realizado. En última instancia, solo el paso del tiempo podrá aportar información substancial sobre cómo la crisis independentista ha modificado el espacio ideológico de la ultraderecha.

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Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Avanza la ultraderecha en España? Cuatro apuntes y una conclusión”,  Agenda Pública (7/XI/2017).

ENTREVISTA A JESÚS VILLANUEVA: “LA LEYENDA NEGRA ESTÁ EN LA RAÍZ DE LAS DOS ESPAÑAS”

noviembre 5, 2017

Carga policial del 1 de octubre en Barcelona (imagen de EFE en Público.es).

EL IMPACTO DE LA CRISIS CATALANA Y DETERMINADAS IMÁGENES (como la represión del 1-O o o el encarcelamiento de parte del gobierno catalán) han insuflado nueva actualidad a la existencia de “dos Españas” propia de la “leyenda negra” asociada a la Historia de España. Por esta razón, hemos considerado interesante reeditar esta entrevista publicada en nuestro blog en diciembre de 2011, al exponer su origen y principales tópicos.

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EL HISTORIADOR JESÚS VILLANUEVA (Terrassa, 1969) acaba de publicar un ensayo sobre la leyenda negra española tan conciso como interesante y sugerente: Leyenda negra. Una polémica nacionalista en la España del siglo XX (La Catarata, 2011).

Doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona, Villanueva se ha interesado por la historia del pensamiento político español del siglo XVII y previamente ha publicado Política y discurso histórico en la España del siglo XVII: las polémicas sobre los orígenes medievales de Cataluña (Universidad de Alicante, 2004).

En esta nueva obra ahonda en el impacto ideológico que ha tenido la leyenda negra en la España del pasado siglo, un enfoque novedoso, pues  demuestra que este concepto es impreciso en términos de contenido y no se ha constatado que sea resultado de una secular campaña antiespañola. A la vez, Villanueva plasma la importancia que ha tenido en la configuración del imaginario de las “dos Españas” y su instrumentalización por parte de las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y Franco.

El resultado es un ensayo ágil y asequible y harto recomendable por su planteamiento. Por todo ello hemos entrevistado al autor y le agradecemos su amabilidad de contestar a nuestras preguntas.

¿Cómo podríamos definir la “leyenda negra”?

Todo depende de la perspectiva que se elija, o de lo que se considere más significativo. En un primer plano, se referiría a una visión negativa de la historia de España elaborada en el extranjero y que tiene como elementos centrales la imagen de Felipe II como déspota, el papel de la Inquisición, la guerra de Flandes o la conquista de América. En un segundo plano, la leyenda negra se definiría por la conciencia que los españoles tienen de la existencia de esa leyenda, la importancia que le dan y la forma en que reaccionan frente a ella. El problema en todo caso es el de establecer lo que esa leyenda negra tiene de peculiar, si lo tiene.

La Inquisición ha sido una  piedra angular de la leyenda negra.

Visiones negativas sobre países extranjeros las ha habido siempre y se dan en todas direcciones, entre españoles y franceses, franceses y británicos, alemanes y polacos, etc. En todos esos casos es fácil apoyar el resentimiento hacia otro país en alguna referencia histórica más o menos rebuscada. En España, en cambio, lo que se ha afirmado es que la leyenda negra es un fenómeno absolutamente singular, una descalificación radical de la historia y la cultura española por parte del extranjero, ya sea por una forma de conspiración antiespañola, ya por un desprecio cultural, y que esa descalificación que se habría mantenido a lo largo de mucho tiempo, cuatro siglos nada menos.

Este enfoque de la leyenda negra como algo excepcional y único es el que planteó Julián Juderías en su libro de 1914, y lo mantenía todavía Julián Marías en diversos escritos, como “España inteligible”, de 1986. Otros autores, sin argumentarlo explícitamente, dan por supuesta esta peculiaridad.

Es un enfoque posible, pero en todo caso habría que argumentarlo y demostrarlo en términos historiográficos. Es decir, habría que mostrar historiográficamente la continuidad de esta imagen negativa, “negra”, de la historia de España a lo largo de cuatro siglos, el que esa imagen sea producto de algún tipo de hostilidad, que los españoles hayan estado siempre obsesionados por el tema. En mi opinión, esa demostración no se ha hecho y la idea de la peculiaridad de la leyenda negra española, como mínimo, se ha exagerado mucho. 

¿Cuándo surge y se populariza la expresión “leyenda negra”?

El término en castellano surge exactamente en 1899, en una conferencia de Emilia Pardo Bazán en París, que trataba de las consecuencias del desastre del 98. Lo toma seguramente de una obra francesa anterior, pero a partir de ese texto la expresión cobra un sentido específico en castellano. Ahora bien, lo importante es tener en cuenta que no se trata únicamente de la invención de un término con más o menos gancho, sino que su éxito se debe a que se entrelaza con una serie de debates políticos que se dan en esos años posteriores al 98. Para Pardo Bazán la leyenda negra es la descalificación de España que hacen los publicistas estadounidenses en el contexto de la guerra de Cuba, a través de la prensa de gran circulación, el periodismo “amarillo”, como lo llama también ella.

La escritora Emilia Pardo Bazán.

Pero la leyenda negra tendrá casi inmediatamente una segunda aplicación, será la imagen crítica del régimen español que surge desde otro lado, en un determinado movimiento de izquierdas europeo, sobre todo anarquista, que denuncia los abusos del régimen de la Restauración en la represión del anarquismo que se producen en esos años: redadas masivas, torturas, ejecuciones sin pruebas. Los dos casos más conocidos son los procesos de Montjuïc en 1896 y el de Francisco Ferrer y Guardia en 1909, como responsable de la revuelta de la “Semana Trágica”. Ahí surge la asociación entre España y la Inquisición, más exactamente, entre el régimen español (gobierno, ejército, policía, Iglesia) y la tradición inquisitorial, con el tema de las torturas y la opresión ideológica.

“El término en castellano surge en 1899 en una conferencia de Emilia Pardo Bazán en París sobre el desastre del 98”.

Esa asociación hoy nos parece demagógica y sin base histórica, pero era un recurso de propaganda y guerra ideológica que hay que situar en su momento. La reacción de las fuerzas conservadoras en España llevará a calificar esas denuncias de tipo anarquista o izquierdista como una forma de “leyenda negra”, y a considerar que son un ataque a España, y no a un régimen determinado. El caso Ferrer y Guardia será el momento decisivo en la génesis de esta idea conservadora de la leyenda negra, y el libro de Julián Juderías, de 1914 (La leyenda negra y la verdad histórica: contribución al estudio del concepto de España en Europa, de las causas de este concepto y de la tolerancia política y religiosa en los países civilizados), es una derivación directa de esa crisis.

Ferrer y Guardia esposado tras su detención.

¿Qué papel ha tenido en el debate político español?

Habría que distinguir dos planos. Por un lado, está su utilización propagandística, en la línea de la respuesta conservadora a la crisis de 1914. Desde ese momento la refutación indignada de la leyenda negra se convierte en algo recurrente en el pensamiento nacionalista conservador español y eso se ve muy claro durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), en el movimiento ultranacionalista español de la II República y en la dictadura de Francisco Franco.

Franco en especial recurrió mucho al tema en su operación para crear una solidaridad nacional en torno a su régimen dictatorial y rechazar críticas exteriores que se consideraban como ataques a España y continuación de la malquerencia de los pueblos liberales hacia la España católica y su modelo político especial. Lo que se ve en esos períodos (1923-1930 y 1936-1975) es una repetición machacona del tema a través de todos los canales de propaganda: discursos, conferencias, libros de texto, artículos de periódico, etc.

Desde luego, todo eso no es “pensamiento”, sino propaganda pura y dura, frente a la cual también se elaboraron motivos de contrapropaganda igual de primarios; pienso en todo el tema de la “España negra”, la afirmación de que España es presa de una tradición oscurantista y despótica que también sería una herencia de tiempos de Felipe II y la Inquisición.

En el libro expongo el desarrollo de este tipo de propaganda, sin ser exhaustivo porque es un tipo de retórica muy poco original y que produce bastante hastío. La parte que más me ha interesado en esa historia de la leyenda negra, y que para mí era más desconocida, es la reacción que se produjo frente a esta propaganda nacionalista, o ultranacionalista, por parte de una serie de intelectuales que denuncian el simplismo de la idea de la leyenda negra, lo absurdo de creer que España había sido víctima de una conspiración de cuatro siglos de duración, y que también señalan los efectos perversos de este tipo de ideología.

Franco recurrió mucho  a la leyenda negra para crear una solidaridad nacional en torno a su régimen. 

Miguel de Unamuno, por ejemplo, tiene unos artículos magníficos durante la primera guerra mundial, en los que rectifica totalmente la idea que él mismo había lanzado muy pocos años antes de España como “gran calumniada de la historia”. En 1918 Unamuno dice ya expresamente que lo de la leyenda negra es un caso de manía persecutoria y la califica de “frenopática”. Ramón M. del Valle Inclán también incluirá una burla sobre el tema en Luces de bohemia. Los intelectuales republicanos la criticarán durante la dictadura de Primo de Rivera, como Gabriel AlomarRamón Pérez de Ayala o Américo Castro. Bajo el franquismo este tipo de crítica liberal frente a la leyenda negra sigue ejerciéndose, en España o en el exilio. Y en la Transición hay una rectificación clara y un rechazo de la propaganda franquista en esta cuestión.

Creo que, en toda la historia de la leyenda negra, esta es la parte que más vale la pena recordar, todos esos autores que la impugnan “en caliente”, por motivos diversos, sea sentido común, militancia contra una dictadura, o conciencia europeísta…

¿Los estereotipos de la “leyenda negra” han ayudado a codificar la idea de “dos Españas”?

La leyenda negra fue un motivo que no sólo servía para dar respuesta a una supuesta visión negativa de España elaborada en el extranjero, sino que también estaba dirigido contra el rival ideológico interno, aquel que no compartía el nacionalismo afirmativo que se pone de moda desde los años de la primera guerra mundial. Esa tibieza patriótica se atribuye al hecho de haber “interiorizado” la leyenda negra elaborada en el extranjero.

El tema de la “interiorización” es una constante y se explica como una forma de presión ideológica nacionalista. También se proyectaba hacia el pasado, hacia los españoles “traidores” que habrían creado la leyenda negra en el siglo XVI, sobre todo Bartolomé de las Casas.

Por tanto, sí, la leyenda negra está en la raíz de las dos Españas, de la misma manera que la superación de ese cisma en los primeros años después de la Guerra Civil (1936-1939) toma la forma de una superación de la leyenda negra.

¿Está aún vigente en el siglo XXI?

Depende de qué hablemos. El discurso de la leyenda negra tiene un ámbito de aplicación del que hablo poco en el libro pero que posee gran importancia, el de América; ahí el motivo sigue una trayectoria a la vez paralela a la del tema estrictamente español y con sus propios ritmos. Es posible que la discusión sobre la leyenda negra americana tenga hoy más vigencia que la hispana.

Por otra parte, está el uso estrictamente historiográfico del concepto de leyenda negra, que sigue dándose, aunque no sea más que como fórmula más o menos publicitaria o por el “morbo” que la cuestión parece acarrear. Personalmente pienso que habría que ser riguroso en el uso historiográfico del término; como mínimo induce a confusión el que se hable de leyenda negra por igual en referencia a la Apología del Guillermo de Orange contra Felipe II, del artículo de enciclopedia de Masson de Morvilliers en 1782 o de la propaganda antiespañola de la guerra de Cuba. Son contextos totalmente diferentes y usar el mismo término definitorio sugiere una continuidad que tiene mucho de ficticio. Aun así, podría argumentarse que la leyenda negra designa una cierta recurrencia en la caracterización de la historia y la cultura española y una transmisión de motivos por vía literaria o educativa, pero entonces convendría determinar el alcance de esas caracterizaciones, que a menudo son muy superficiales, y situarlas en su contexto propio.

“Hoy apunta la tentación de resucitar el victimismo sobre una leyenda negra en el contexto de crisis económica internacional, con las críticas contra los países del sur de Europa por parte de la prensa económica inglesa o desde Alemania”.

Otra cuestión es la del uso propagandístico. En la Transición el tema desapareció en gran medida del discurso público (el periodístico, en todo caso) y a la altura de 1992 parecía enterrado. Luego se ha dado un cierto renacimiento en el contexto de un determinado discurso españolista, sea de simple propaganda o “columna de opinión” o bien de forma más argumentada. Ese recurso en algunos casos viene a ser una forma de recuperación del nacionalismo español tal como se definió en las dos primeras décadas del siglo XX y se desarrolló, en especial en lo referente a la descalificación del rival ideológico interno.

El victimismo español de la leyenda negra parece retornar con la crisis, ante las críticas emitidas por Alemania.

Es difícil hacer un balance de la cuestión, aunque creo que la leyenda negra no ha tenido en los últimos años la misma presencia que en los diversos períodos anteriores a 1975. Lo mismo podría decirse de la tentación que parece apuntar más recientemente todavía a resucitar el victimismo sobre una leyenda negra que habría revivido en el contexto de crisis económica internacional, con las críticas contra los países del sur de Europa por parte de la prensa económica inglesa o desde Alemania. Se ven artículos o comentarios puntuales que aluden a una nueva leyenda negra, pero son simples anécdotas en el contexto de un debate en el que se manejan datos concretos y precisos y en el que son los economistas quienes llevan la voz cantante, no los historiadores.


INDEPENDENTISMO Y ULTRADERECHA, UN BINOMIO INSEPARABLE*

octubre 29, 2017

Propaganda de la Plataforma Adelante Cataluña (2007).

HECHOS COMO LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS DE VALENCIA EL 9 DE OCTUBRE o la concentración extremista de Zaragoza el 24 de septiembre contra el encuentro de cargos electos convocado por Podemos proyectan la idea de que el ultranacionalismo español repunta con el secesionismo catalán y puede irrumpir políticamente. ¿Es así? Lo respondemos a continuación a partir de tres reflexiones.

La movilización actual contra la secesión no es una novedad

Al valorar la situación actual se debe tener presente que las manifestaciones agresivas contra la independencia son inherentes al ultrapatriotismo español desde sus orígenes. Este surgió a fines del siglo XIX para oponerse al secesionismo cubano y con la derrota de 1898 arraigó el temor a que el regionalismo convirtiera en Cataluña en una “segunda Cuba”. Ya en 1918 la llamada Liga Patriótica Española [LPE] denunció que había catalanistas deseosos de lograr una independencia “impuesta mediante el mandato de Europa”, aprovechando la conferencia de paz de la Gran Guerra.

Esta idea persistió y en septiembre de 1934 (la vigilia de los “hechos de octubre”) José Antonio Primo de Rivera creía que la Generalitat proclamaría la independencia con apoyo internacional y el Estado se tendría que enfrentar a “la anti–España de las potencias europeas”. El miedo al troceamiento de España reapareció durante la Transición, cuando la ultraderecha vio el catalanismo como el primer paso cabe el separatismo. Hoy, pues, contemplamos la enésima movilización contra la ruptura de España.

Presencia en la calle no quiere decir votos a las urnas

En el marco actual parece difícil que la extrema derecha obtenga réditos en las urnas porque –cómo veremos- no tiene una fuerza vertebrada que aglutine al grueso de su espectro ideológico ni líderes conocidos. Además, hace falta no olvidar que hacer bandera de temas que inquietan a la sociedad (en este caso la unidad de España) no implica un apoyo mecánico a las urnas.

Puede ilustrarlo la ultraderechista Plataforma Adelante Cataluña, que concurrió a los comicios autonómicos de 2006 con el lema “¡Defendemos Cataluña, Defendemos España!” y preconizó derogar el nuevo estatuto y defendió el bilingüismo. Incluso su lema del 12-O del 2007 fue el que se ha impuesto este año: “Orgulloso de ser español”. Pese a ello, sólo captó 2.529 votos por su marginalidad.

El ultraespañolismo puede iniciar un proceso de acumulación de fuerzas

En gran medida el futuro cercano de la extrema derecha depende de cómo Mariano Rajoy afronte el conflicto de Cataluña: si no evita que este se cronifique o decepciona a los sectores ultrapatriotas puede crearse un espacio político a su derecha. Pero ello no implica necesariamente que irrumpa en el Congreso una opción extremista, porque hoy sólo hay dos fuerzas que difícilmente pueden competir con éxito con el PP: Vox y la federación Respeto (que reúne la PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad).

¿Qué podemos concluir de lo expuesto? Que el ultranacionalismo español, espoleado por el secesionismo, hoy –más que devenir capaz de vertebrar una alternativa al PP- conforma un potente grupo de presión. Llegados aquí se divisan dos eventuales escenarios: uno es que el mapa político no conozca cambios porque Rajoy es capaz de aglutinar a este electorado belicoso (sin que esto implique que el PP sea de ultraderecha); el otro es que este ultrapatriotismo inicie un proceso de acumulación de fuerzas ideológicamente transversal, como ha hecho el independentismo desde 2012. Si sucede esto último, posiblemente más temprano que tarde se visualizará a la política española por vías ahora difíciles de prever, como pueden ser –entre otras posibles plasmaciones- la eclosión de partidos, asociaciones o una involución autonómica.

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* Este artículo fue publicado originalmente en catalán como Xavier Casals, “Independentisme vs. ultradreta: un binomi inseparable”, Ara (15/X/2017).