EL PRIMER FASCISMO ESPAÑOL: LOS “HIJOS DE MALASAÑA” Y LA LIGA PATRIÓTICA ESPAÑOLA*

agosto 19, 2016

Una de las escasas fotos de Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general  Severiano Martínez Anido

HACE 90 AÑOS NACIÓ EN  BARCELONA EL PRIMER FASCISMO ESPAÑOL. Su promotor fue Ramón Sales Amenós, un carlista de acción leridano, nacido en La Fuliola, que pasó a la historia por fundar oficialmente en octubre de 1919 el Sindicato Llibre. Esta organización se enfrentó a tiros a la poderosa Confederación Nacional del Trabajo [CNT] en el marco de una “guerra social” que conmocionó Barcelona.

El Libre logró un importante protagonismo en los años veinte, pues bajo la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930) se extendió por toda España como Confederación Nacional de Sindicatos Libres [CNSL] e igualó en afiliados a la Unión General de Trabajadores [UGT] socialista. Así, en 1929 la organización dirigida por Sales tenía 197.853 miembros y más de un 40% residía fuera de Cataluña (unos 81.000).

La Liga Patriótica, los primeros fascistas

Pues bien, en los meses previos a la creación del Sindicato Libre, Sales perteneció y promovió el primer colectivo ultrapatriota que surgió en el país: la Liga Patriótica Española [LPE]. Ésta configuró un ente ultraespañol de combate que surgió ante la campaña de demanda de autonomía promovida por la Lliga desde noviembre de 1918, secundada por republicanos y la mayoría del carlismo y radicalizada por los nacionalistas que lideraba Francesc Macià, oficial que dejó el Ejército tras el asalto al Cu-Cut! y fundó la ultracatalanista Federació Democràtica Nacionalista [FDN] el mismo 1918.

Según el primer y más minucioso estudioso de la LPE, Enric Ucelay-Da Cal, la agitación catalanista condujo a “tres meses de virtual rebelión nacionalista” entre noviembre de 1918 y febrero de 1919, al generar una espiral de manifestaciones espontáneas seguidas de represiones policiales. En diciembre de 1918 un oficial fue herido grave de bala y un sargento acabó con la cabeza abierta por un garrotazo. El diario El Imparcial retrató alarmista el clima barcelonés: “Para dar un ¡Viva a España! Hay que empuñar la browning, o hallarse dispuesto a ir a la casa de socorro”.

Esta situación generó la confluencia de elementos españolistas en la Liga que, con la complicidad de policías y militares, “limpió” de separatistas las Ramblas –donde tenía su sede- con bastones y pistolas. Cristalizó así un núcleo ultraespañol nutrido por oficiales de paisano, funcionarios de bajo rango, policías fuera de servicio, e “hinchas” del club de fútbol Español que constituyeron -según Ucelay-Da Cal- “la reducida clientela del fascismo español en Barcelona hasta 1936”.

“A todos los buenos españoles”

La nueva Liga editó un manifiesto fundacional (“¡Viva España!”) dirigido “A todos los buenos españoles” denunciando que en “este trozo de España que se llama Cataluña” unos malvados catalanes “pretenden intervenir en la conferencia de paz [de París] para que le sea concedida a Cataluña la independencia que los villanos sueñan les llegue impuesta por el mandato de Europa”, como Cuba al mediar EE.UU.. El texto exhortaba “un día y otro día a aclamar [¡Viva España!] para ahogar con él las vociferaciones de esos perros separatistas”.

El colectivo tuvo su sede sobre el teatro Petit Pelayo, en la Rambla (desde donde hostilizaba actos de signo catalanista), y su “grito de guerra” fue la canción “La hija de Malasaña” que cantaba en el teatro Goya la cupletista “Mary Focela” y concluía así:

“Lucho como una leona/ al grito de viva España!/ Y es que por mis venas corre/ la sangre de Malasaña”.

Finalmente, el desarrollo de una gran huelga entre febrero y abril de 1919 de la gran empresa suministradora de luz de Barcelona –llamada popularmente La Canadiense (la Barcelona Traction Light and Power)-  tuvo un impacto social que eclipsó súbitamente la agitación catalanista y la LPE.

La capital del fascismo: Barcelona, no Madrid

No obstante, como Sales hizo de puente en estos meses entre tres ámbitos distintos -la oficialidad, el carlismo radicalizado y los elementos ultraespañolistas- creó el sustrato que alumbró los Sindicatos Libres y su particular radicalismo blanco, que les ha hecho  ser considerados por su gran investigador Colin M. Winston como prefascistas o, según el historiador Manuel Pastor, como claramente fascistas (Los orígenes del fascismo en España, 1975).

Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo.

Cuando se cumplen 90 años de la creación del eclipse de la LPE y la creación del Libre por Sales (murió en noviembre de 1936 fusilado o descuartizado con vehículos que ataron a sus extremidades), éste ha sido borrado de la historia del fascismo español, cuyo protagonismo ha acaparado el tardío fascismo madrileño y vallisoletano, que han generado una abundante literatura y distorsionado su historia en España: al igual que en Italia surgió en el Norte -en una Barcelona muy similar a Milán- y no en la capital. Y lo hizo también con un carácter escuadrista y combativo.

Para concluir, apuntaremos que esta situación de “vanguardismo” ideológico catalán ha perdurado en la ultraderecha española todo el siglo XX: Barcelona ha sido el gran centro innovador y exportador ideológicamente y -salvando las distancias- el actual Movimiento Social Revolucionario [MSR] testimonia aún esta vitalidad. Si esta dinámica ha cambiado en la última década ha sido precisamente por los esfuerzos ideológicos importadores de los núcleos de Barcelona o la innovación autóctona que ha supuesto la irrupción de un populismo islamófobo como la Plataforma per Catalunya [PxC].

Bibliografía

Sobre la LPE, véase Enric Ucelay-Da Cal, El nacionalisme radical català i la resistencia a la dictadura de Primo de Rivera, 1923-1931, Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 1983, s. n.. Véase asimismo la voz de la LPE en I. Molas (ed.),  Diccionari dels partits polítics de Catalunya segle XX, Institut de Ciències Polítiques i Socials / Enciclopèdia Catalana, Barcelona, 2000, pp. 150-151. Sobre el Sindicato Libre, véase Colin M. Winston, La clase trabajadora y la derecha en España (1900-1936), Cátedra, Madrid, 1989.

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* Reproducimos esta entrada debido a la consulta de un lector interesado en el tema, pues fue publicada originalmente en el blog en 2012.


FEROCIDADES DE LA TRANSICIÓN: CÓMO LA VIOLENCIA POLÍTICA ESTABILIZÓ DESESTABILIZANDO

agosto 13, 2016

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Cadáver de Yolanda González, cuyo asesinato en 1980 fue reivindicado en nombre del BVE.

¿CUÁL FUE LA IMPORTANCIA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA DURANTE LA TRANSICIÓN? El periodista Carles Geli publicó al respecto en El País (6/VIII/1985) la siguiente reflexión sobre nuestro último libro, La transición española. El voto ignorado de las armas, que reproducimos a continuación por considerarla de interés para nuestros lectores.

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Ferocidades de la Transición

El historiador Xavier Casals disecciona la paradoja de la violencia que buscaba radicalizar la situación entre 1975 y 1982 y acabó alejando a los extremismos de uno y otro lado.

¿Qué es eso del Batallón Vasco Español?”, inquirió el rey Juan Carlos al líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Podía haber sido una pregunta capciosa, pero más bien era así: la cúpula del Estado no tenía mucha información sobre la guerra sucia en plena Transición. En paralelo, el ministro de la Presidencia, José Manuel Otero Novas, alertaba a Adolfo Suárez de la resistencia de las organizaciones paramilitares contraterroristas a someterse al Gobierno y el temor a que se creara un Estado dentro del Estado. Suárez le decía que estaba en ello, intentando eliminar una que se conocía como Batallón Vasco Español.

PortadaHabía de todo: aparatos parapoliciales, paramilitares, el Ejército, la ultraderecha, la extrema izquierda anarquista y comunista, el independentismo vasco, catalán y canario… Silenciada la mayoría de las veces o usada como espantapájaros, la violencia política se cobró unos 700 muertos entre 1975 y 1982, en unas 3.200 acciones conflictivas. ¿No influyó todo ello en los resultados políticos? Esa es la pregunta que plantea en La Transición española: el voto ignorado de las armas(Pasado & Presente) el historiador Xavier Casals. Y una de las primeras respuestas es de las que solo se dan en España: sí, el temor a una involución rebajó las expectativas de la reforma política y moderó la oposición, pero la desestabilización que buscaba la violencia acabó, mutatis mutandis, estabilizando el país.

“La violencia generó una gran paradoja: buscaba radicalizar la situación pero acabo alejando a los extremismos de uno y otro bando, los dejó fuera del proceso, por lo que se apostó por los partidos que daban estabilidad; y, por otro lado, los partidarios de la reforma exageraron esa realidad violenta para jugar a su favor, lo que facilitó la consolidación de Suárez”, resume Casals. Su trayectoria (es autor, entre otros títulos, de La tentación neofascista en España) y la bibliografía empleada ahora (más de 500 referencias y 133 páginas de notas) le llevan a afirmar que “la Transición tuvo un punto de azarosa, pero no hubo una teoría conspirativa, un gran diseño de todo desde las alcantarillas del Estado: cada episodio tuvo su dinámica propia”.

La matanza de Atocha

Quizá no hubo conspiración, pero lo parece: cada acción violenta acabó beneficiando el proceso democrático. El paradigma quizá fue, en el caso de la ultraderecha, la matanza de Atocha (1977), que solo aceleró lo que se quería impedir: la legalización del Partido Comunista de España. El carlismo quedó tocado y hundido con el episodio sangriento de Montejurra (mayo de 1976): se les vetó concurrir a las primeras elecciones de 1977 y llegaron muy afectados y divididos a las de 1979. El atentado anarquista en la sala Scala de Barcelona en 1978 aceleró la implosión del movimiento. Aquel mismo año, el intento de asesinato (con visos de ser orquestado desde el aparato policial del Estado) del líder del movimiento independentista canario, Antonio Cubillo, evitó que el proceso de autodeterminación de las islas saltara al panorama internacional de la ONU. El Grapo quedó bajo sospecha como “grupo raro” con el secuestro del político Antonio María de Oriol y el militar Emilio Villaescusa, pero más criminalizado y residual acabó el independentismo catalán violento, con los sangrientos secuestros del empresario Josep Maria Bultó (1977) y del exalcalde de Barcelona Joaquim Viola y su esposa (1978). El golpe de Estado del 23-F resultó también una vacuna contra la deriva pretoriana del Ejército: tras él aguantó sin más sobresaltos un Gobierno tan débil de la UCD como el de Calvo Sotelo, cuando hasta entonces el ruido de sables permanente más el golpismo de papel de la ultraderecha hacían irrespirable la situación, según Casals. Para el historiador, eso pesaba más que la llamada “estrategia de la tensión” ultraderechista. Solo el terrorismo de ETA fue una excepción a todo ello.

“Mayormente, son casualidades: el Gobierno no controlaba todo esto porque los hechos así lo demuestran, pero sí revela que había una autonomía importante de determinados aparatos del Estado, difíciles de perfilar y con elementos oscuros que permitieron desde extorsiones a atentados fabricados desde las entrañas del poder”, resume Casals, que lo achaca a “querer hacerse una Transición democrática manteniendo todo el antiguo aparato policial del Estado franquista”. El paradigma de ello sería la figura del comisario Roberto Conesa, turbia estrella de la lucha antiterrorista de la época.

La traducción política de esa violencia puede incluso entreverse en la Constitución. Así, la actitud pretoriana del Ejército explicaría su presencia garante en los artículos 2 y 8.1 de la Ley Fundamental, mientras que ETA generó, en particular, el 55.2 (la suspensión de derechos fundamentales por temas de terrorismo). También parecen evidentes los réditos en lo económico: Canarias, Euskadi y Navarra, conflictiva cartografía durante la Transición, gozan hoy de un trato fiscal distinto, y se deja una puerta abierta a la unión entre Navarra y el País Vasco, que contrasta con el cerrojo para Cataluña, Valencia y Baleares, como constata el artículo 145.1. “No se puede documentar una causa-efecto, pero sin duda abre una reflexión sobre el peso del voto violento”, cree Casals.

Son muchos los aspectos a estudiar porque la violencia en la Transición ha quedado un poco en la cuneta historiográfica. “La Transición tiene su mito fundacional en la propia Transición, por lo que no puede darse protagonismo a la violencia: como tal mito, ha de ser ejemplar y exportable”. Hay hoy más documentación, pero aun así falta “poder acceder a archivos de los Servicios de Información del Estado o recuperar papeles como el sumario sobre Montejurra, perdido, o tener una buena biografía de Conesa”.

Acabadas las 800 páginas del libro, uno no sabe qué vertiente refuerza de la actual discusión sobre si la Transición fue la única posible o un lamentable pacto a la baja. “¿Cómo se podía hacer una ruptura democrática teniendo un Ejército que ya en 1971 tenía planes secretos para tomar el poder y frenar la subversión? Creo que el resultado fue francamente estimable; visto lo visto, la Transición salió bien de precio”.

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Dinero para un ejército independentista catalán

El independentismo armado catalán es uno de los episodios más chocantes de la Transición. El misterioso grupo EPOCA (Exèrcit Popular Català), nacido en 1969 en el entorno del Front Nacional de Cataluña, no afloró hasta mayo de 1977, cuando intentó extorsionar al empresario Josep Maria Bultó colocándole una bomba lapa en el pecho que acabó estallando. 10 meses después colocó sendas bombas al último alcalde franquista de Barcelona, Joaquim Viola, y a su esposa. También explotaron. En ambos casos, fueron atentados con poco sentido político, lo que acentuó el rechazo de una sociedad catalana ya escarmentada con el atentado ultra a la revista satírica El Papusy otro anarquista a la sala Scala. El grupo EPOCA fue desarticulado en 1980, coincidiendo con un supuesto plan para atentar contra Jordi Pujol. Quedan enigmas, como la aparición de un agente secreto del Mossad israelí muerto en casa de unos familiares de un miembro del grupo; o para qué pedir la friolera de 500 millones de 1977 como rescate a Bultó. Esa cifra solo engarza con la idea de crear “una fuerza armada a disposición de una futura autoridad catalana legítima”, como dijeron algunos componentes que era su función. Solo cuatro miembros fueron a Terra Lliure, que en 1981 tuvo su caso más mediático con el atentado al periodista Federico Jiménez Losantos. En 1992 se disolvió.


ANTES DE MUNICH FUE BÉLGICA: LAS MASACRES DE SUPERMERCADOS MÁS ENIGMÁTICAS

agosto 5, 2016

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Imagen de las víctimas de los asesinos de Brabante (imagen de AFP).

LA MASACRE COMETIDA EN JULIO EN UN CENTRO COMERCIAL DE MUNICH por el joven germano-iraní Ali David Sonboly ha conmocionado la opinión pública europea. Sin embargo, consideramos importante destacar que Bélgica conoció en los años ochenta graves matanzas gratuitas de civiles que aún hoy no han sido aclaradas y podrían tener vínculos políticos.

Los “asesinos locos” de Brabante

De este modo,  un grupo criminal -designado por los medios de comunicación como los tueurs fous [asesinos locos] de Brabante- entre 1982 y 1985 asesinó 28 personas (incluyendo niños) de forma indiscriminada en supermercados, notablemente de la cadena Delhaize.
TueursLos asesinos entraban armados y con el rostro cubierto en los establecimientos y abrían fuego sobre los clientes. Nunca se logró desentrañar cuáles eran sus móviles ni qué objetivos tenían, dando pábulo a toda suerte de especulaciones.

En este sentido, nos pareció interesante en la época la lectura de la obra de G. Dupont y P. Ponsaers, Les tueurs fous du Brabant Wallon (1989) , aunque hay otras más (como regoge wikipedia)

¿Hacia un golpe de Estado?

En este marco, queremos destacar que una de las hipótesis que se ha barajado para explicar tales crímenes es la existencia de una trama oculta que conduciría a ignotos sectores del aparato del Estado. ¿Cuál sería la razón?

Dado que entonces tuvo lugar la acción simultánea del grupo armado maoísta Cellules Communistes Combattantes [CCC, Células Comunistas Combatientes], que cometió diversos atentados entre 1984 y 1985, y la de los tueurs fous se considera que se habría pretendido desestabilizar el país.

No obstante, también se ha hecho la lectura contraria, señalando que tales acciones habrían pretendido reforzar los aparatos de seguridad y formar “un gobierno fuerte”.  De hecho, en esta tesitura el monarca, Balduino, se planteó formar “un Gobierno de salvación nacional por encima de los partidos políticos”.

Documental de 1997 sobre les “tueurs fous” (en el minuto 28 se expone la hipótesis de una desestabilización política tras la masacre).

Un crimen impune

En suma, tras estas masacres gratuitas podría haber existido una trama que no se vincularía a la delincuencia, sino a sectores de la seguridad del Estado. Incluso se ha señalado a la llamada red armada clandestina Gladio creada por la OTAN durante la Guerra Fría. Pero cuando han transcurrido más de 30 años nada puede asegurarse al respecto.


¿QUIÉN MATÓ A “PERTUR”? ¿UN GRUPO PARAPOLICIAL O LA PROPIA ETA?

julio 30, 2016

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Pertur (imagen de EFE, publicada por eitb.ews).

ESTE JULIO SE HAN CUMPLIDO 40 años de la desaparición del dirigente de ETA Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur. Como narra la crónica que reproducimos en esta entrada, de Luis R. Aizpolea y publicada en El País (23/VII/2016), existe una controversa imposible de dilucidar sobre la autoría de su muerte.

De este modo,  una hipótesis apunta que fue obra de los propios etarras por las posiciones ideológicas que Pertur sostenía, otra la atribuye a la actuación de un grupo de ultraderecha de carácter parapolicial.
PortadaPor nuestra parte, tras analizar el tema en nuestro último estudio La transición española. El voto ignorado de las armas, concluímos que la hipótesis más verosímil fue su asesinato por parte de miembros de la propia ETA.

Invitamos al lector interesado a consultar nuestros argumentos. Haciendo un extracto de los mismos, debe tenerse en cuenta que tras los llamados hechos de Montejurra de mayo de aquel año pareció haber un reflujo de episodios violentos en el país vascofrancés, aunque sin cesar por completo. Así las cosas, si nos atenemos a grupos que reivindicaron el asesinato de Pertur, constatamos que la Triple A era inexistente, mientras el BVE se limitó a afirmar que había “sido ejecutado y enterrado en un pueblo de Navarra”. Si fue así y quería vanagloriarse de ello, lo lógico era indicar dónde estaba el cuerpo. 

En este marco, es más verosímil atribuir su muerte a miembros de ETA, sin que pueda descartarse la acción de elementos parapoliciales.

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¿Qué fue de Pertur?

En el 40 aniversario de su desaparición, amigos y familia reclaman a “quienes saben, que hablen”

Han transcurrido 40 años desde la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, y seguimos sin conocer su paradero. El esclarecimiento de su secuestro y desaparición sigue siendo una tarea pendiente que no debe obviarse”, señala Martin Auzmendi, compañero de militancia de Pertur, hermano de su pareja, Lourdes, y representante de la familia en la causa. Auzmendi se une al llamamiento de la familia para que “los que sepan algo sobre su paradero lo hagan saber” en el aniversario de aquel 23 de julio de 1976 en que desapareció el que fue líder de ETA político-militar (pm) y promotor de su desdoblamiento en un partido, que derivó en Euskadiko Ezkerra y concurrió en las primeras elecciones democráticas de 1977.

Pertur tenía 25 años

Auzmendi —abogado, exconsejero del Gobierno vasco y expresidente del Consejo de Relaciones Laborales—, que ha seguido el caso ante la Audiencia Nacional, archivado provisionalmente en 2012 por el juez Andreu “por falta de fundados indicios sobre lo que pasó”, está convencido de que hay gentes que conocen lo sucedido y callan. “Todo hace indicar que, con la intervención de alguna persona de su confianza, Pertur fue víctima de una cita trampa, cuyo objetivo era conducirle a quienes tenían preparado su secuestro y desaparición”.

El caso Pertur es la desaparición política más emblemática tras la muerte de Franco por la personalidad de la víctima y el mantenimiento de la incógnita de su autoría. El juez Andreu, en el archivo provisional de la causa en 2012, no se definió ante las dos hipótesis investigadas: servicios policiales y el sector Bereziak de ETA pm, hostil a Pertur.

Auzmendi interpela a los poderes públicos ante la “total ausencia de investigación en la fecha de los hechos y a lo largo de estos años por parte de las autoridades policiales españolas” así como por ETA. El juez constató que ni el gobernador civil de Gipuzkoa, Emilio San Román; ni el comisario López Maturana ni el jefe de la Inteligencia Militar (Cesed), Ángel Ugarte, hicieron nada entonces por esclarecer el caso. ETA abrió una investigación, que cerró en un mes sin aclarar tampoco nada.La familia de Pertur atribuyó su desaparición, inicialmente, a servicios policiales españoles, directamente o a través de ultraderechistas, pues en aquella etapa ya proliferaban ataques contra etarras refugiados en el sur de Francia. La reivindicación de Antiterrorismo ETA (ATE), el 26 de julio, y del Batallón Vasco Español (BVE), el día 29, parecían avalarlo.

Sospechas de Beretziak

Año y medio después, en 1978, la familia afloró las sospechas de que podía haber sido asesinado por los Beretziak, el sector de ETA crítico con su política. Lo sustentaban en que Francisco Múgica, Pakito y Miguel Angel Apalategi, Apala, dirigentes de los Bereziak, fueron los últimos en ver a Pertur antes de su desaparición. Pakito, en su declaración ante la policía francesa, aseguró que mientras viajaban en su vehículo por el centro de San Juan de Luz vieron a Pertur y les pidió que le trasladaran a Behobia, junto a la frontera.

Pero si las sospechas recayeron en ellos fue, sobre todo, por sus fuertes discrepancias con Pertur por su intento por transformar ETA-pm en un partido político. Una carta enviada a su pareja poco antes de su desaparición acusaba a los Beretziak de crear en la organización un clima de “estado policial”, una de cuyas muestras fue un intento de retención por la fuerza para que no acudiera a una reunión de cuadros de ETA pm. Tres meses antes, habían discrepado, también, por el desenlace del secuestro del empresario Ángel Berazadi. Mientras Pertur defendió su liberación, tras el pago del secuestro, los Beretziak optaron por asesinarlo y lo ejecutaron.

Es un hecho que la víspera de su desaparición, la librería Mugalde de Hendaia recibió una llamada telefónica con un encargo: “Decidle a Pertur que vaya al bar Consolation de San Juan de Luz a las 9.30 horas. Le estará esperando uno que estuvo con él el mes pasado”. Pertur no llegó a entrar en el bar. Antes, se encontró con alguien que le pasó una nueva cita en Behobia. Posteriormente, Pertur se topó con Pakito y Apala, que le trasladaron a Behobia en coche. Un militante de ETA-pm, Eleuterio Jauregui, los vio y habló con Pertur, al que notó tan relajado que bromeó con él, lo que el juez destacó en sus conclusiones. El punto débil de esta hipótesis es que Pakito y Apala secuestraran a Pertur a plena luz del día y con testigos. Asimismo, el juez llamó a declarar a un ex miembro de ETA que había comentado a Lourdes Auzmendi que Apala le dijo, en Nicaragua, que ellos fueron los autores. Pero no lo ratificó ante el juez.

En mayo de 2008, los padres de Pertur presentaron una querella para que la Audiencia Nacional investigara su desaparición, que el juez Andreu admitió. Había nuevos datos. Angelo Izzo, un neofascista italiano, había declarado ante el Tribunal Penal y Civil de Roma que un camarada suyo, Pierluigi Concutelli, le había revelado que en el verano de 1976 habían secuestrado a un etarra en el sur de Francia y entregado a los servicios policiales españoles. Todo apuntaba a que era Pertur. El juez Andreu, desplazado a Italia, no logró la confirmación.

Canje por policías

Tampoco se avanzó en la hipótesis, apuntada en julio de 1976, de que Pertur pudo ser secuestrado para canjearlo por los inspectores de policía españoles José Luis Martínez y Jesús González, desaparecidos el 4 de abril de ese año. Sus restos aparecieron un año después en la playa de Anglet, tras ser asesinados por etarras. De esta hipótesis se hizo eco el diario gipuzkoano Unidad del 28 de julio de 1976 con este título: ‘¿Canje del etarra por los dos policías secuestrados?’.El día anterior a la desaparición de Pertur, otro compañero suyo, Sabin Achalandabaso, recibió el aviso de una cita con el veterano político abertzale, Telesforo Monzón, a la que no acudió por cuestión de agenda. Supo después que Monzón no le había citado. Probablemente salvó la vida pues, como señala Auzmendi, “todo hace indicar que, con intervención de alguna persona de su confianza, Pertur fue víctima de una cita trampa”.


LA TERCERA ESPAÑA DE LA GUERRA CIVIL*

julio 23, 2016
Picture dated1936 showing thousands of Republicans demonstrating in the streets of Madrid against Franco s attempt to overthrow the Spanish Republic Spain marked 70 years since the outbreak of the Spanish Civil War 18 July 2006 as opinion polls acknowledged divisions still run deep over the legacy of a conflict which left half a million dead Traditionally since General Francisco Franco s Nationalist forces triumphed and disbanded the elected institutions of the Second Republic replacing them with a military dictatorship Spaniards have marked the date in low-key fashion maintaining a so-called pact of silence AFP PHOTO

Miles de republicanos se manifiestan en Madrid contra el golpe de Estado, en 1936 (foto de AFP reproducida  por El Periódico).

“ESPAÑOLITO QUE VIENES / AL MUNDO TE GUARDE DIOS. / UNA DE LAS DOS ESPAÑAS / HA DE HELARTE EL CORAZÓN”. Estos famosos versos deAntonio Machado han servido para ilustrar la supuesta existencia de “dos Españas” cuyo enfrentamiento secular desembocó fatalmente en la guerra civil. Sin embargo, la realidad es más complicada y el historiador Santos Juliá observó que esta idea dedos Españas originalmente fue “una figura retórica para invitar a nuevas generaciones llegadas a su primera madurez en los años 10 [del siglo XX] a romper con la vieja política”, pero como la guerra civil “escindió inevitablemente a España en dos” se consideró que tal división “fue la causa inevitable de la guerra civil”. Se codificó así un relato que el franquismo alimentó al justificar que la sublevación de 1936 fue una cruzada de la verdadera España contra la anti-España, una pretendida alianza de masones, izquierdistas y separatistas.

¿Solo hubo “dos Españas”?

De hecho, en el conflicto iniciado en julio de 1936 hubo más de “dos Españas” enfrentadas: en el bando sublevado convergieron falangistas (que eran antimonárquicos) con monárquicos carlistas y alfonsinos (que rivalizaban entre sí) y un amplio conglomerado derechista y católico, que pese a su diversidad ideológica luchó de forma eficaz gracias al mando unificado asumido por Franco. A la vez, el bando republicano conformó una coalición más heterogénea aún, con marxistas estalinistas (PCE-PSUC) y antiestalinistas (POUM), socialistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas vascos y catalanes. La ausencia de una dirección militar eficiente y la desunión interna determinaron en buena medida su fracaso. Y es que la contienda no solo fue una pugna entre fascismo y antifascismo, sino también entre proyectos contradictorios de Estado autoritario y republicano. Pero el fragor de la batalla puso sordina a estas importantes diferencias.

“2,5 millones de hombres lucharon en alguno de los dos bandos pero otros 2,5 millones evitaron hacerlo”

Es más, después de 1939 perduraron las tensiones. De este modo, durante el franquismo, desde laFalange se aludió a una “revolución pendiente” (porque supuestamente Franco no cumplió el ideario de José Antonio Primo de Rivera), mientras los monárquicos alfonsinos quisieron entronizar a don Juan de Borbón y el carlismo intensificó su presión política al final de la dictadura, cuando Carlos Hugo de Borbón-Parma lideró este movimiento. A la vez, afloraron grandes tensiones entre los republicanos vencidos, con acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad de la derrota sufrida. En síntesis, reducir las complejas fuerzas enfrentadas en ambos bandos a la lucha entre “dos Españas” arroja escasa luz sobre la naturaleza y dinámica de la guerra civil.

¿Hubo una “Tercera España”?

En este aspecto, no han faltado los intentos de erigir una “tercera España” que se sintió ajena al conflicto fratricida. Este concepto lo sugirió Salvador de Madariaga en Spain (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas: el dictador Franco; el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

No obstante, más allá de esta idea planteada por Madariaga y que ha tenido continuidad posterior en el plano intelectual (como ilustró la obra Las tres Españas del 36 de Paul Preston), hay un hecho que testimoniaría la existencia de una “tercera España”. Según estima Pedro Corral en Desertores (2006), quienes evitaron acudir a filas durante la contienda habrían sido tantos como los combatientes. Estima que pudo haber 2,5 millones de hombres que lucharon encuadrados en ambos bandos y otros 2,5 millones que evitaron hacerlo, formando un verdadero “Ejército invisible” nutrido de prófugos (cerca de 1,8 millones) y “recomendados o falsos inútiles, que explotaron los más variados recursos para no pisar el frente y ni siquiera pasar por un centro de instrucción”. Automutilarse o contraer enfermedades venéreas fueron algunos de los medios empleados con tal fin.

“Automutilarse o contraer enfermedades venéreas fueron algunos de los medios empleados para no pisar el frente”

Esta tesis pone de manifiesto la endeblez del mito de las “dos Españas”, pues la mitad de los españoles evitó coger el fusil ante la llamada de los clarines bélicos. En suma, la “tercera España” existió, pero fue invisible.

El fin del mito

El mito persistió incólume hasta el fin del franquismo y solo empezó a quebrarse con la restauración de la democracia entre 1976 y 1978, a la que contribuyó de modo decisivo el gravoso recuerdo de la contienda por su elevado coste humano. Las estimaciones recogidas por el historiador Stanley G. Payne al respecto son impresionantes: los soldados muertos de ambos bandos sumaron unos 150.000, mientras las víctimas de la represión fueron igualmente elevadas, si bien no superaron las 120.000. Se exiliaron casi 480.000 personas, de las que unas 162.000 no retornaron. La derrota llenó las cárceles (en 1939 habría 270.719 presos) y entre 1939 y 1942 hubo 28.000 ejecuciones, mientras la penuria, el hambre y las enfermedades pudieron causar otras 200.000 muertes en la posguerra.

Este legado siniestro marcó a la sociedad y en la transición favoreció, por una parte, el aislamiento de sectores violentos y, por otra, la existencia de grandes consensos, ya que la mayoría de ciudadanos no quería repetir un enfrentamiento fratricida. Y es que para la politóloga Paloma Aguilar, entonces se quisieron “olvidar los rencores del pasado y hacer borrón y cuenta nueva para todos”. Lo ilustró la canción más famosa de 1976, del grupo Jarcha: ‘Libertad sin ira’. Empezó de este modo el lento ocaso del mito de dos Españas cainitas.

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* Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico (18/VII/2016).


‘LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA’: UNA DEMOCRACIA DE SANGRE Y PLOMO

julio 16, 2016

Imágenes del entierro de los abogados asesinados en la matanza de Atocha.

NUESTRO ENSAYO LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS ha tenido una buena acogida de crítica y público.  A continuación reproducimos la reseña del libro que ha escrito el historiador Gustau Nerín en el diario digital El Nacional (17/VI/2016), que pasa revista a distintos aspectos y temas abordados en el libro.

Portada

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La transición española‘: una democracia de sangre y plomo

La editorial Pasado & Presente presenta La transición española. El voto ignorado de las armas, de Xavier Casals. En contra de las visiones edulcoradas de la transición, Casals pone énfasis en que éste no fue un proceso pacífico y armónico. Se refiere a la “transición de plomo”. La teoría de este historiador es que el “voto de las armas”, durante la transición, en algunos casos fue tan decisivo como el “voto de las urnas”. Recuerda que entre 1975 y 1982 hubo 504 muertos por violencia política; la transición estuvo asociada a las armas: se inició con un atentado, el que mató a Carrero Blanco, y se acabó con un golpe de Estado, el 23-F.

Un libro con muchos ejes

El estudio de Casals no es un texto monolítico. De hecho, se ve obligado a abordar temáticas muy diversas, porque la violencia política durante la transición llegó por varios canales y tuvo implicaciones muy diferentes. De hecho, es una tarea enciclopédica en que se trata de sintetizar una serie de materiales de orígenes bien diferentes.

Equilibrio

La transición española apunta que los grupos violentos, lejos de desestabilizar la transición, consiguieron fortalecerla, ya que para evitar una deriva violenta, colectivos muy diversos, desde herederos del franquismo hasta comunistas, se vieron obligados a negociar y a llegar a acuerdos. Casals rechaza la teoría conspirativa de algunos autores, según la cual había una “estrategia de la tensión”, acordada por la extrema derecha y la extrema izquierda, para acabar con la transición. Casals se decanta más bien por la existencia de un “equilibrio de terror”: la presión simultánea de los grupos armados de extrema izquierda y de extrema derecha acabaron por reforzar a los grupos situados en el centro. La violencia habría tenido un efecto contrario al deseado por sus autores, que confiaban con entrar en una espiral de acción-reacción que llevara a una situación explosiva y a un cambio revolucionario.

No todo era negociable

Una de las cosas que queda clara en esta obra es que el redactado de la Constitución no dependió sólo de la voluntad popular, sino que en buena parte fue acondicionado por el ejército. El rumor de sables constituyó la banda sonora de la transición. Fraga afirmó, abiertamente, que en la democratización “no todo era negociable”. En La transición española se revela que varios aspectos de la Constitución fueron decididos por la presión de las fuerzas armadas: la indisoluble unidad de España, la suspensión de derechos en caso de terrorismo… Pero también hubo puntos que se pactaron con el fin de desarticular la amenaza de los grupos terroristas: el régimen fiscal especial para el Canarias y para el País Vasco, la posibilidad de incorporar Navarra a Euskadi…

La extrema derecha y el bunker

El libro se pregunta en muchas ocasiones sobre las complicidades entre los grupos armados de ultraderecha y el llamado bunker, los poderes fácticos franquistas que se negaban a democratizar el país. Casals constata que no hay una división clara entre grupos ultraderechistas y fuerzas de orden público; actúan en colaboración. De hecho, significativamente, las fuerzas policiales no mataron ni a un solo ultraderechista, y en cambio, provocaron numerosas víctimas de grupos de extrema izquierda e independentistas. Queda clara la combinación entre ambos sectores en la guerra fría contra ETA. Pero también en numerosos otros casos. Ahora bien, finalmente Casals apunta que en algunos casos los ultraderechistas fueron manipulados por las fuerzas de seguridad. La relación, pues, sería bastante ambigua.

Juego sucio

El papel de los servicios secretos y de los servicios de información en la transición fue muy complejo. No faltaron los casos escandalosos: por ejemplo, en 1977 los servicios secretos prepararon un falso atentado contra el Rey en Mallorca con el objetivo de que se les atribuyeran más recursos. También queda claro que el atentado de un grupo anarquista contra la sala de fiestas Scala estuvo dirigido y coordinado por un confidente policial. Y en los enfrentamientos de Montejurra en 1977 entre diferentes facciones carlistas, también tuvieron un turbio papel grupos parapoliciales. Ahora bien, los servicios secretos fueron muy autónomos durante bastante tiempo, y no queda claro si actuaron por cuenta propia o por encargo del Gobierno.

Los terrorismos

Casals pone énfasis en la existencia de cuatro polos de terrorismo, con diferentes tipos de terrorismo en cada uno, durante la transición. En Barcelona se concentraba el terrorismo anarquista, y había una fuerte presencia de grupos violentos ultraderechistas y focos armados independentistas. El País Vasco actuaba ETA, y también diferentes grupos ultras. En Madrid se concentraba el terrorismo de ETA, el del GRAPO y el de los grupos ultras. Y en Canarias había un pequeño movimiento armado independentista, que ponía en peligro la estabilidad del Estado al internacionalizar su reivindicación. Las fuerzas de seguridad pudieron ir neutralizando los diferentes grupos: el MPAIAC canario a través de un atentado contra Antonio Cubillo, su máximo dirigente; los grupos anarquistas mediante el caso Scala; los grupos independentistas catalanes sufrieron un fuerte rechazo popular después de los atentados contra Bultó y Viola, que los llevó a su extinción…

El efecto ETA

El único grupo que durante décadas supuso un riesgo de desestabilización para el Gobierno español fue ETA. Casals apunta que ETA estuvo en el origen del bunker: fue el proceso de Burgos el que empezó a movilizar la reivindicación del poder para el ejército, que se convertiría en el leitmotiv de los grupos involucionistas durante toda la transición. Más adelante, después de la muerte de Franco, la reacción contra ETA sería el principal catalizador del nacionalismo español. Y el sacrificio en vidas humanas del ejército y de las fuerzas de seguridad en manos de ETA fue el principal motivo para no depurar las fuerzas armadas a pesar de su ultraderechismo: hasta hoy. ETA, al fin, constituyó un obstáculo para una democratización en profundidad de la sociedad española. Trajo pretorianismo, guerra sucia, torturas, falta de transparencia, centralismo, corporativismo de los policías y guardias civiles…

El Rey sin propaganda

Muchas veces se ha mitificado al Rey como el salvador de la democracia española el 23-F. Casals reconoce que Juan Carlos paró el golpe en un momento en qué los partidos y la ciudadanía no actuaron. Y, a pesar de todo, apunta que el Rey tuvo una responsabilidad clara en los hechos. En primer lugar, de forma inconstitucional, presionó a Suárez para que dimitiera. Y, además, tuvo conversaciones con Armada y con otros actores políticos de cara a la constitución de un gobierno de unidad nacional dirigido por un militar (el llamado “golpe blando”). De esta forma habría vulnerado la Constitución que establece que los militares tienen que estar apartados de la política. Así pues, Joan Carles sería el bombero pirómano, que apaga el incendio que ha contribuido a encender.

Un 23-F muy amplio

Casals considera que el 23-F implicó a mucha más gente que la que se juzgó. Y apunta que el “golpe blando” movilizó a mucha gente que actuó en contra de los principios democráticos: apunta que en él habría tenido un papel relevante el expresident Tarradellas, pero que también habría involucrado a gente como el alcalde socialista de Lleida, Antoni Siurana, o el presidente de la CEOE, Joan Rosell. Argumenta que el consejo de guerra no lo investigó en profundidad expresamente, porque el número de implicados era elevadísimo.

Desmitificador

Casals apunta que el escrutinio del referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 podría haber sido manipulado. Algunos testigos aseguran que se hincharon los datos de participación con el fin de simular que el 50% de los españoles habían votado a favor del texto, cuando en realidad no habría sido así. Se trataba de dar una imagen de consenso que convirtiera la Constitución en un elemento incuestionable e intocable del ordenamiento jurídico. Si esta maniobra existió, obviamente tuvo éxito.

Un largo engaño

Xavier Casals ha trabajado, básicamente, con libros y con prensa. Es decir, buena parte de los datos que aporta eran públicos, pero habían quedado ocultos, sumergidos bajo una avalancha de informaciones, de baja calidad, laudatorias de los partidos políticos mayoritarios y repletas de referencias hagiográficas al Rey y a los personajes clave del periodo. Queda claro que durante mucho tiempo los medios mayoritarios han tenido tendencia a despreciar ciertos aspectos incómodos de la transición que podían contribuir al cuestionamiento del actual sistema democrático.

La culminación de una trayectoria

Este es un libro muy sólido, de este tipo de obras de síntesis que sólo están al alcance de investigadores con un largo recurrido en una materia. Casals pone orden a una bibliografía muy dispersa, en una hemeroteca muy rica, y a algunos testigos excepcionales. Y todo eso rehuyendo teorías especulativas y reconociendo las contradicciones entre las fuentes: cuando hay hechos que no quedan claros, Casals lo explicita y no intenta forzar una explicación si no tiene pruebas. Un índice exhaustivo, una completa bibliografía y un buen aparato de notas hacen que este libro sea esencial para los investigadores. Y eso no saca que, por su ágil redacción, puede ser de gran interés para cualquier interesado en la historia reciente de España. En tiempo de cambio como los que corren, este es un libro esencial para entender las dinámicas de cambio en nuestro país.

Quizás ya basta

Ahora bien, pese a los evidentes méritos del libro de Casals, al fin hay un grave problema de fuentes, que no depende del investigador. Casals, en muchos casos, se ve obligado a sugerir varias hipótesis, que no puede corroborar por no poder acceder a los archivos. Así, buena parte del debate está basado en aquello que dijo uno o aquello que dijo otro. Testimonios poco fiables, de individuos que en muchos casos han estado implicados en hechos delictivos o que quieren borrar un pasado poco ejemplar. Algunas de las declaraciones en que se basa la reconstrucción de los hechos fueron hechas 30 años después de los sucesos, y eran diferentes de las hechas 20 años antes, o incluso de las hechas un día antes. En muchos casos los testigos se contradicen. Hay personajes clave que rehúsan aportar sus informaciones… Queda claro que algunos temas, sólo se pueden acabar de conocer si se da acceso a los investigadores a los archivos. “Hay cosas que es mejor no saber”, alegan bastantes de los implicados. La administración parece que está de acuerdo. A cuarenta años de la muerte del dictador, quizás es hora que tengamos derecho a conocer nuestro pasado. Hasta que no podamos saber qué sucedió, la transición no se habrá completado


CINCO REFLEXIONES SOBRE EL BREXIT O LA GRAN VICTORIA DE LA DERECHA POPULISTA*

julio 11, 2016

Aununcio UKIP
Polémico anuncio anti-inmigración del UKIP en la campaña del Brexit que muestra una aglormeración de inmigrantes en la frontera de Eslovenia.

AUNQUE LAS IMPLICACIONES DEL REFERÉNDUM BRITÁNICO FAVORABLE AL BREXIT aún tardarán en conocerse, podemos señalar cinco aspectos de interés en relación a la derecha populista.

1. El discurso de la ultraderecha se ha impuesto en el debate

El primer ministro David Cameron quiso convocar el referéndum sobre la UE presionado, por una parte, ante el avance del UK Independence Party [UKIP, Partido de la Independencia del Reino Unido]. Constituido en 1993 (que ya ha sido objeto de análisis en este blog), su dirigente es Nigel Farage.

Libra UKIPSu principal bandera ideológica es la oposición a la UE (de modo significativo, su símbolo es el de la libra), en torno a la cúal articula el resto de su discurso, notablemente su oposición a la inmigración.

Por otra parte, Cameron actuó presionado también por la división de su propio partido, al existir una notable fractura interna en las filas tories entre partidarios de la permanencia en la UE y adversarios declarados, liderando estos últimos el exlacalde londinense Boris Johnson.

Así pues, Cameron al convocar el plebiscito no actuó movido por intereses nacionales sino partidistas. Al hacerlo posiblemente no contempló el triunfo del Brexit. ¿La razón? Había negociado antes de la consulta un estatus “a la carta” para la continuidad de Gran Bretala en la UE que -entre otros aspectos- contemplaba limitar los derechos sociales de los inmigrantes durante los cuatro primeros años de estancia en el país, lo que suponía acercarse a los temas de la derecha populista.

2. El UKIP ha sido decisivo pese a tener solo un escaño

El UKIP solo cuenta con un representante en la Cámara de los comunes, aunque en los comicios legislativos del 2015 obtuvo casi cuatro millones de votos (3.881.099, el 12.6% del total).

Sin embargo, merece destacarse que en los europeos del 2014 superó esa cifra de modo holgado (obtuvo 4.376.635 de sufragios, el 27.5% del total y 24 diputados). En este sentido, Farage preside un grupo euroescéptico y populista en el parlamento de Estrasburgo: el Grupo Europa de la Libertad y la Democracia Directa.

Pese a su marginalidad en el parlamento británico, el UKIP ha impuesto sus temas en el debate público, polarizándolo -en buena medida- como una adhesión o rechazo al EstablishmentA ello ha contribuido también el sector euroescéptico de los tories liderado por Johnson  Tal situación recuerda que la influencia de los partidos de derecha populista en la agenda política es superior a su importancia en las urnas.

A la vez, no está de más recordar que estas formaciones se mueven por el tacticismo y no dudan en utilizar argumentos falaces para cosechar votos, como ha reconocido el propio Farage tras el referéndum.

Propaganda pro-Brexit de la UKIP que presenta a la UE como un gallinero rígidamente controlado.

3.  El resultado ilustra el impacto de las fracturas que crea la globalización y nutren el populismo

Las fracturas que ha creado el voto del referéndum reflejan en buena medida las del impacto de la globalización.

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En este aspecto, un artículo de La Vanguardia, “Gran Bretaña se parte en dos” (25/VI/2016), de Rafael Ramos, analizaba el resultado del voto (el mapa reproducido procede del artículo). Su contenido mostraba que nos hallamos ante un voto de protesta generacional y que, en buena medida, confronta a perdedores y ganadores de la globalización.

Pero la radiografía del voto, sobre todo, refleja en buena medida el impacto de cinco grandes fracturas creadas por la globalización y que, según el politólogo Pascal Perrineau (La France au Front. Essai sur l’avenir du Front National, 2014), nutren el voto de la derecha populista. La económica, que opone a beneficiarios y perdedores de la mundialización. La nacionalista, que opone a quienes desean ampliar la obertura internacional de la sociedad con sus detractores. La cultural, que confronta a partidarios de valores antiautoritarios y defensores de los tradicionales. La geográfica, que configura zonas desindustrializadas y marginadas de las insertas en una economía dinámica y global. Y la política, que opone a defensores de culturas de gobierno y a los desencantados con la política tradicional que apuestan por culturas antisistema.

En este aspecto, Ramos traza el siguiente retrato en su citado artículo sobre el voto favorable o contrario a la UE:

Los británicos se han rebelado precisamente contra el orden establecido, contra un mundo de deslocalizaciones, contratos basura, salario mínimo, flexibilidad laboral mal entendida y mileurismo, contra el poder de las grandes corporaciones, el paro crónico de los mayores de cincuenta años, el desaprovechamiento de los jóvenes, la falta de oportunidades, la imposibilidad de comprar un piso, el castigo a unos clases medias que han tenido que pagar el rescate de los bancos, la destrucción del Estado de bienestar.

No todos los británicos han votado así, en un país que ha quedado partido por la mitad, tanto a nivel geográfico como generacional y de clases. El Brexit ha sido el triunfo de una coalición de nacionalistas, de nostálgicos del imperio y un pasado que siempre fue mejor, de abuelas bucólicas que se resisten a usar internet, vicarios y coroneles retirados del campo, del inglés emprenyat [cabreado] y de las clases obreras de la Inglaterra post industrial, de ciudades como Peterborough, Wigan o Hartlepool con un paisaje apocalíptico como al estilo Blade Runner, con comercios y pubs cerrados a cal y canto, gente ociosa en las calles, grafitis en las paredes y colas ante las oficinas del paro. Son la Inglaterra (y el País de Gales) que se han caído del tren de la globalización, y votaron la ruptura de la UE por márgenes enormes, con una participación de más del 70 por ciento.

Frente a ese mundo, separadas por una enorme grieta, se encuentran las grandes metrópolis como Manchester, Newcastle, Leeds, Leicester, Bristol o Liverpool, y las ciudades universitarias como Oxford y Cambridge, con poblaciones más jóvenes y de mayor nivel educativo que saben navegar por las aguas de la modernidad. También Londres, por supuesto, como gran capital universal del multiculturalismo y capital de las finanzas.  Y Escocia, con su propia agenda nacionalista, que votó por Europa pero sin una gran movilización, dividida entre el deseo de permanecer en la UE y el de castigar a Cameron y abrir las puertas a un nuevo referéndum de independencia.

4. El plebiscito supone un impulso a consultas similares

Las formaciones de derecha populista están exultantes ante el resultado, que consideran una contundente derrota de la UE. Como era previsible ante el éxito del Brexit, ahora exigen la convocatoria de plebiscitos similares en otros países de la UE y algunos de sus líderes  -como Marine Le Pen o Geert Wilders- ya han anunciado su voluntad de convocar referendos en tal sentido.

Brexit.Maintenant.la_.FranceCartel del Frente Nacional exigiendo un refrendo sobre la UE en Francia.

En consecuencia, para el FN que dirige Marine Le Pen, el Brexit abre la puerta a crear una “Europa de las naciones” que acabe con la UE, rechazando de este modo “una inmigración masiva presentada por los tecnócratas de Bruselas y sus cómplices nationales como «una oportunidad» económica”.

5. El apoyo de Trump al Brexit muestra que nos hallamos en la cristalización de una derecha populista “euroamericana”

El candidato republicano Donald Trump ha saludado el triunfo del Brexit al considerar que los móbiles del electorado británico contrario a la UE (rechazo de la inmigración, control de las fronteras, protesta contra el Establishment) pueden ser también los suyos.

En tal sentido, como se ha subrayado desde la BBC, no está desencaminado: asistimos  a una tendencia de normalización y creciente homologación de una derecha populista euroamericana.

Tal confluencia no es una novedad y existe una obra de referencia la respecto que cuenta ya con casi dos décadas: Jeffrey Kaplan y Leonard Weinberg, The Emergence of a Euro-American Radical Right (1999).

Conclusión: mucho más que un tema británico

En resumen, el triunfo de la opción del Brexit no solo es un tema británico, sino que ha tenido y tendrá un importante efecto galvanizador en la derecha populista eurófoba o euroescéptica, que ya ha empezado a promover consultas similares en otros países de la UE.

A la vez, muestra cómo empieza a cristalizar un discurso transoceánico cada vez más homologable, ya que -en buena medida- las tendencias que nutren el electorado de Trump y el de la derecha eurófoba se alimentan de reacciones semejantes ante la globalización.

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* Artículo originalmente publicado en Agenda Pública (5/VII/2016)

 


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