¿HA EXISTIDO UN INDEPENDENTISMO CATALÁN FASCISTA TRAS LA MUERTE DE FRANCO?

julio 11, 2018

Cartel del PNSC (fondo de la UAB).

 

¿QUÉ RELACIÓN SE HA ESTABLECIDO HISTÓRICAMENTE ENTRE FASCISMO Y CATALANISMO? Esta ha sido la cuestión que han abordado desde distintos ángulos una veintena de historiadores en una obra colectiva en catalán titulada El catalanisme davant del feixisme (1919-2018), con distintos análisis abarcan un siglo de historia.

Los tres editores de esta interesante aportación (Enric Ucelay-Da Cal, Arnau Gonzàlez Vilalta y Xosé Manoel Núñez Seixas) han plasmado así la conclusión que puede extraerse de la lectura conjunta de los trabajos: “De este volumen, salen explicaciones nuevas, originales y de relevancia, que se pueden sintetizar en una primera conclusión: fascistas catalanistas, sí, ha habido, y quizás muchos, pero fascismo catalanista, no. Así de claro y de complicado a la vez”.

Por nuestra parte, hemos elaborado para la obra una aproximación al período que abarca desde la muerte de Franco hasta el presente. De este modo, nuestro capítulo se titula “Ha existit un feixisme nacionalista-independentista català (1975-2016)?” [¿Ha existido un fascismo nacionalista-independentista catalán (1975-2016)?]. En este estudio planteamos que durante el período reseñado, en Cataluña se produjeron tres evoluciones distintas. Estas, además, se sucedieron en términos cronológicos, como exponemos a continuación.

Una evolución desde la extrema derecha hacia el catalanismo (1978-1980)

La encarnó el disuelto Círculo Español De Amigos De Europa [CEDADE]. Entre 1978 y 1980 este colectivo neonazi (cuya sede central estaba en Barcelona) no solo editó propaganda en catalán y de carácter catalanista, sino que también creó un grupúsculo instrumental: el Partit NacionalSocialista Català [PNSC].

Este rótulo se difundió mediante adhesivos y carteles en el breve período de tiempo citado.

Una evolución del independentismo hacia la ultraderecha (1980-1982)

La plasmó el grupúsculo independentista Nosaltres Sols! [NS!], activo entre 1980 y 1982, con un efímero paso de sus integrantes por Estat Català. Este rótulo ganó eco al lanzar la campaña “xarnegos fora!” y su lema alcanzó notoriedad en la precampaña electoral de los comicios legislativos de octubre de 1982, al crear una significativa controversia política.

Para el lector no familiarizado con el término “xarnego”, señalamos que -según el Diec– este tiene una acepción peyorativa: “Inmigrante castellanoparlante residente en Cataluña, dicho despectivamente”.

Una nueva síntesis ideológica que supera la dicotomía Cataluña-España (2002-2015)

La reflejó la irrupción de la Plataforma per Catalunya [PxC], constituida el 2002 y que conoció un largo ciclo de ascenso y un súbito declive entre los comicios locales del 2003, 2007, 2011 y 2015. Aludimos en este caso a una nueva síntesis ideológica en la medida que este partido superó -aunque de forma limitada- las contradicciones que crea el eje catalanismo-españolismo con el lema “Primero los de casa”. Este eslogan proyectó un eje ideológico que contrapuso “autóctonos” (se sintieran estos catalanes o españoles) y foráneos (inmigrantes).

Como ya explicamos en este blog, la confluencia de tres factores provocó el eclipse de la PxC en los comicios locales de 2015: la crisis interna del partido; el impacto del proceso secesionista (que monopolizó la agenda política en detrimento de otras cuestiones y creó una dinámica electoral inclusiva); y la irrupción de nuevas marcas anti-establishment.

Pronósticos imposibles

En el libro mencionado finalizamos nuestro análisis señalando estas eventuales tendencias de futuro: “En este marco la ultraderecha puede continuar estancada y marginal, persistir su carácter dual (fracturada entre separatistas catalanes y ultranacionalistas españoles) o generar nuevas síntesis ideológicas hoy imprevisibles que le permitan progresar en las urnas”.

Desde nuestra óptica es difícil ir más allá de lo apuntado en la obra, pues -paradójicamente- el único pronóstico que hoy puede hacerse (tanto en relación a la política catalana como española) es que resulta imposible hacer pronósticos.


NOVEDADES EDITORIALES SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA DURANTE FINALES DEL FRANQUISMO Y LA TRANSICIÓN

junio 23, 2018

 

Imagen del entierro de las víctimas de Atocha en 1977 (Foto de A.G-Reuters-Live!).

EN LOS ÚLTIMOS MESES SE HAN PUBLICADO VARIAS NOVEDADES SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA relativa a la etapa final del franquismo y a la Transición (tema que abordamos en  La Transición española. El voto ignorado de las armas).  Ofrecemos aquí su relación.

El mito de la transición pacífica. Violencia y política en España (1975-1982), de la historiadora francesa Sophie Baby.

Se trata de la traducción de su tesis doctoral, publicada originalmente en francés en 2012. Es una obra detallada e imprescindible para analizar la violencia política, con una importante base de datos.

Aconsejamos su lectura a quienes estén interesados en el tema. En ella hallarán tanto una visión global de la violencia poilítica que cuestiona de modo solvente y  contundente la visión idealizada de una Transición pacífica.

 

Vides truncades. Repressió, víctimes i impunitat a Catalunya (1964-1980), de David Ballester.

El trabajo reconstruye una veintena de casos poco conocidos de muertes causadas por violencia institucional que han quedado relegadas a un segundo plano en las crónicas políticas y que, en algunos casos, nada tuvieron que ver con al política. Es una aportación de interés, ya que en el período que analiza su obra este tipo de violencia suele ser considerada poco relevante.

Aconsejamos al respecto la lectura de la entrevista con el autor publicada en este blog.

 

Pardines. Cuando ETA empezó a matar, obra colectiva coordinada por Gaizka Fernández Soldevilla y Florencio Domínguez.

El título de la obra alude a a primera víctima mortal de ETA en 1968, el agente de la Guardia Civil José Pardines. El libro presenta aportaciones tanto a aspectos generales de las víctimas de ETA como del asesinato de Pardines, del que muestra la falsedad de la versión del mismo que ETA difundió.

Aconsejamos al respecto la lectura de la entrevista con Gaizka Fernández publicada en este blog.

 

Verdugos impunes. El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos, de los historiadores Antonio Miguez, Gutmaro Gómez, José Babiano y Javier Tébar.

El ensayo ofrece una visión panorámica y actualizada de la cuestión con la bibliografía más destacada sobre el tema. El origen del libro es en un informe pericial  hecho a petición del equipo jurídico de la Coordinadora de Apoyo a la Querella Argentina contra los Crímenes del Franquismo (CEAQUA).

Aconsejamos al respecto la lectura de la entrevista con los autores publicada en este blog.

 

Caso Cipriano Martos, del periodista Roger Mateos.

Reconstrucción biográfica minuciosa y ágilmente narrada de la trayectoria de Cipriano Martos, un obrero vinculado a CC.OO. y a OSO, ente sindical del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y del FRAP. Martos fue detenido en Reus, torturado y murió en circunstancias no aclaradas. Según la versión oficial, ingirió ácido sulfúrico para suicidarse. Sus familiares no pudieron ver el cadáver.

Aconsejamos al respecto la entrevista- reportaje publicada por por Javier Coria para la revista R@mbla y reproducida en este blog.

 

La Transición sangrienta, del periodista Mariano Sánchez Soler.

Reedición de esta obra publicada en 2010. Su interés radica en reconstruir distintos episodios violentos, destacando el empleo de fuentes judiciales. Aborda la represión de movilizaciones ciudadana, crímenes asociados a ámbitos involucionistas y diversos atentados.

El ensayo devino pionero en presentar a la Transición como un proceso muy alejado de su proyección como “pacífico”.

Clicando aquí puede accederse a la lectura del primer capítulo en PDF.

 


¿ORDENÓ FRANCO EL ASESINATO DE UN GENERAL PARA INICIAR LA SUBLEVACIÓN DEL 18 DE JULIO?

enero 24, 2018

El general Amado Balmes: ¿Primer muerto de la Guerra Civil?

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog el 19 de julio del 2011 y la hemos reeditado y actualizado para exponer la polémica que ha resurgido en torno a la muerte de este general a partir de nuevas obras].

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EL HISTORIADOR ÁNGEL VIÑAS publicó en julio del 2011 el libro La conspiración del general Franco, donde abordó -entre otros aspectos- un tema controvertido desde el inicio de la Guerra Civil: si la supuesta muerte accidental del comandante militar de Canarias Amado Balmes el 16 de julio no fue un accidente o un suicidio (ya que el militar habría dudado sobre a  qué bando debía sumarse), sino un asesinato planificado por los complotados.

Recordemos que Francisco Franco estaba entonces destinado en Santa Cruz de Tenerife y antes de trasladarse a Marruecos a liderar el golpe debía eliminar “toda posibilidad de resistencia en Las Palmas” (un archipiélago leal a la República amenazaría el éxito de la rebelión en el Protectorado), por lo que la muerte de Balmes,  una persona “no segura” para los rebeldes, era decisiva para conseguirlo.

La versión oficial de los hechos

Según la versión oficial de los hechos, la mañana del  jueves 16 de julio Balmes partió al campo de tiro de la Isleta a efectuar prácticas con sus pistolas. Allí disparó con una Astra del calibre del 9 que se encasquilló y para arreglarla la asió con la mano derecha por el cañón, que apoyó en el vientre, y con la izquierda la sujetó por la culata y  un tiro fortuito le causó una gran hemorragia.

“Según Ángel Viñas, Franco ordenó asesinar al general Balmes para garantizar el triunfo del golpe en las Canarias”

Su chófer le llevó a la Casa de Socorro primero y después al Hospital Militar, donde fue imposible salvarle y falleció tras lamentar lo acaecido (“¡Maldita pistola!”, habría exclamado). Esta defunción aparentemente inesperada allanó el camino a los insurrectos, pues eliminó dos problemas de gope: apartó de su camino a un militar en el que no confiaban por su republicanismo y permitió el traslado de Franco desde su destino en Santa Cruz de Tenerife a Las Palmas sin levantar sospechas del gobierno, imprescindible para iniciar el golpe.

El ministerio de la Guerra le autorizó esa misma noche a viajar allí en barco a investigar lo ocurrido y presidir el entierro. Aquella muerte puso en marcha el engranaje del golpe: la mañana del 17 se celebró el sepelio de Balmes en Las Palmas que Franco presidió y esa tarde se sublevaron las guarniciones de Melilla, Tetuán y Ceuta. Al día siguiente Franco alzó las Canarias y partió en el “Dragon Rapide” (un DH89 Dragon Six) hacia el norte de Marruecos para liderar la rebelión en el protectorado.

¿Un asesinato?

Tras diseccionar las circunstancias que rodean la muerte de Balmes, Viñas  consideró que ésta fue en realidad un asesinato, justificándolo con diversos argumentos:

* Franco, al menos desde junio de 1936, había pedido un avión para trasladarse al norte de África y (según los planes de los conspiradores) debía llegar a Marruecos como muy tarde el sábado 18. Balmes “falleció” precisamente cuando el “Dragon Rapide”estaba ya en Las Palmas.

* Los testimonios del suceso tienen problemas de verosimilitud, como lo testimonia el hecho de que el general fallecido quisiera desencasquillar su pistola apoyando el cañón en su estómago y solo hubiera un testimonio relevante para explicarlo.

“Posteriormente Franco denegó una pensión a la viuda de Balmes alegando que el general no había muerto en combate

* El chofer de Balmes se olvidó guardar la pistola con las que el general se hirió y la dejó en el estribo del coche en el que le trasladó, perdiéndose por el camino. Asimismo, pese a la gran hemorragia del herido, le llevó primero a la Casa de Socorro y luego al Hospital, en una clara maniobra dilatoria.

* Los rebeldes se atribuyeron posteriormente simpatías a Balmes por el golpe (incluso afirmaron que debía sublevar las Canarias cuando le sobrevino la muerte), pero ni figuró en el panteón de héroes de “la Cruzada” y Franco negó a su viuda una pensión de guerra alegando que su esposo no pereció en combate, mientras la otorgó a otras mujeres en su misma situación.

Comida de Franco junto a mandos tinerfeños en julio de 1936.

¿Fue otra “muerte oportuna” de Franco?

En definitiva, desde esta perpsectiva, señalamos por nuestra parte que la muerte de Balmes no pertenecería a las llamadas “muertes oportunas” que facilitaron el ascenso militar y político de Franco.

Recordemos que en 1923 el fallecimiento en combate del teniente coronel Rafael de Valenzuela le permitió acceder al mando de la Legión; que los asesinatos de José Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera en julio y noviembre de 1936 respectivamente eliminaron sendos liderazgos políticos que podían entorpecer su ascenso; que las muertes de los generales José Sanjurjo y Emilio Mola (la del primero en julio de 1936 y la del segundo en  julio de 1937 en sendos accidentes de aviación) evitaron liderazgos militares alternativos. Finalmente, el fallecimiento por un ataque al corazón del capitán general Juan Bautista Sánchez en 1957 evitó un potencial golpe de Estado monárquico en Barcelona.

La muerte de Balmes se había incluido -aunque de modo dudoso- entre estas defunciones que encumbraron a Franco, unos sucesos luctuosos que se concatenaban debido a la legendaria suerte o baraka del dictador. Tras el estudio de Viñas, se convertiría en un homicidio oportuno.

La réplica de Moisés Domínguez y la respuesta de Viñas

En 2015 el historiador Moisés Domínguez afirmó poder rebatir la tesis del asesinato de Balmes e insistió en su muerte accidental. Afirmó así en ABC (5/IV/2015) que investigó buscando “sobre todo la verdadera perspectiva histórica del personaje, lejos de chismes y elucubraciones. He consultado todos y cada de uno de los archivos militares y civiles en busca de esos documentos ‘perdidos’ y demuestro que Balmes jamás fue un general republicano. La propia prensa de izquierdas lo tenía por golpista. Balmes tuvo un trayectoria inequívocamente monárquica antes de su muerte y participó en los prolegómenos y preparación del alzamiento militar”.

Remarcó también que “Balmes antes de morir estuvo consciente aunque fueran quince o veinte minutos. Antes de expirar habló con muchas personas y estos testigos directos, ni antes ni por supuesto en plena democracia, hablaron de un homicidio. Los cuatro forenses que participaron en la autopsia podrían haber hablado para aclarar el asunto y sin embargo guardaron silencio”.

Plasmó el resultado de sus investigaciones en el ensayo En busca del General Balmes, que se fundamentaba -como indicael resumen de la obra- “en la autopsia de Balmes y el testimonio del único testigo presente en el momento del disparo, las declaraciones de los oficiales que vivieron in situ aquellos momentos y las aportaciones de expertos militares en balística y peritaje forense e histórico”.

No obstante, ahora Viñas acaba de publicar un nuevo libro en el que reafirma sus tesis anteriores sobre el asesinato de Balmes, El primer asesinato de Franco, que acaba de salir a la venta.

Son coautores de la obra Miguel Ull y Cecilio Yusta. Según indicaba El País (20/I/2018), “el meollo del volumen está en el análisis, coma por coma, del informe de la autopsia que apareció en 2015. Viñas la invalida en su forma y fondo”.

En suma,  la polémica en torno a la muerte de Balmes continúa cuando han transcurrido más de 80 años del episodio.


EL “ASESINO DEL LÁSER” ULTRADERECHISTA JUZGADO DE NUEVO, AHORA EN ALEMANIA

diciembre 17, 2017

John Ausonius (a la derecha) en Frankfurt con su abogado (Boris Roessler / AP).

JOHN AUSONIUS, CONOCIDO COMO EL “ASESINO DEL LÁSER” Y QUE CUMPLE CADENA PERPETUA EN SUECIA, SERÁ JUZGADO AHORA EN ALEMANIA. En un clima de opinión de xenofobia acentuada y marcado por el ascenso de Nueva Democracia [Ny Demokrati, ND, ya analizado en este blog], entre el 3 de agosto de 1991 y el 12 de junio de 1992, este perturbado se lanzó a la “caza de inmigrantes” utilizando un puntero láser para señalar a sus víctimas al dispararles.

Descubrir su identidad requirió la mayor investigación policial del país después del asesinato de Olof Palme y el año pasado se público la reconstrucción de su trayectoria por parte del periodista Gellert Tamas (1 y 2) -que mantuvo diversas conversaciones con el asesino- en El asesino del láser (editado por Debate en castellano y La Campana en catalán).

Ahora será juzgado de nuevo en Alemania por otro asesinato en febrero de 1992, la trabajadora de un restaurante. Pero lo más interesante, según recoge Félix Flores en La Vanguardia (14/XII/2017), es que Ausonius habría podido crear una escuela criminal: “En Alemania -señala Flores- se especula con que inspiró los homicidios del grupúsculo Clandestinidad Nacionalsocialista (Nationalsozialistischer Untergrund), ocho inmigrantes turcos, uno griego y una agente de policía, entre el 2000 y el 2006. En Noruega, el supremacista Anders Breivik, que mató a 77 personas en julio del 2011 en Oslo y la isla de Utøya, afirmó que el asesino del láser era su modelo, pero no quedó claro si se refería a Ausonius o a su verdadero émulo, Peter Mangs, el tirador de la ciudad sueca de Malmö que en el 2010 le imitó, disparando contra una docena de inmigantes. Mató a dos de ellos”.

Portada de Der Spiegel del 2011 dedicada a la neonazi  Clandestinidad Nacionalsocialista. 

Hemos considerado de interés para nuestros lectores reproducir a continuación el artículo que el periodista Antonio Lozano publicó sobre el libro en la revista Qué leer (nº 161), pues ofrece una buena síntesis del contenido de la obra. La reproducimos inicialmente en julio de 2011 a raíz de las masacres de Oslo cometidas por Breivik y que reeditamos de nuevo por su interés.

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“LASERMANN”, el cazador de inmigrantes

“Quería que supieran que aquí no estaban seguros. Quería aterrarles. Simplemente, espantarles tanto que pensaran en marcharse (…) Los quería mandar al infierno. Eran malignos y eran muchos”. Así justificaba John Ausonius que una madrugada de verano apuntara su rifle recortado con mira láser a David Gebremarian, un emigrante de Eritrea a punto de empezar a estudiar antropología en la Universidad de Estocolmo. Los dos hechos que ocurrieron de forma inmediata tras el primer tiroteo se acabarían erigiendo en los símbolos principales del caso. Por un lado, la xenofobia: hasta tres individuos rechazaron socorrer a un Gebremarian que se desangraba en el suelo. Por el otro, el laberinto policial: treinta personas llamaron para notificar que habían sido apuntadas con un haz de láser, a la postre proveniente del bolígrafo con el que un joven se divertía asustando a los viandantes.

El “asesino del láser” iluminaba a sus víctimas -emigrantes- con un puntero láser antes de dispararlas.

El bidón de gasolina

En sintonía con gran parte del norte de Europa, a principios de la década de 1990 Suecia experimentó un crecimiento muy significativo de las fuerzas políticas de extrema derecha, cuyo credo populista y su mensaje de odio caló entre amplias capas de una población enfrentada al paro y a la recesión económica. En las elecciones parlamentarias de 1991, el Ny demokraty, un partido abiertamente racista y xenófobo, fundado por un aristócrata y el dueño de una discográfica, obtuvo un 6,7 por ciento de los votos. Uno de sus miembros declaró que a los negros que vivían en Suecia no había que tenerles lástima porque, total, en África se los comían los leones. Otro se inventó que los inmigrantes estaban detrás del 80 por ciento de actos criminales que sufría el país. Por la misma época, se sentaban en el banquillo Klaus Lund y Christoffer Rangne, líderes del VAM, un movimiento de resistencia aria que tenía como lema “Revolución blanca sin perdón”. Acusados de atracar un banco, ambos no tardaron en convertirse en superestrellas mediáticas.

La escalada de odio fue espeluznante. Los ataques contra campos de refugiados pasaron de 36 en 1990 a 52 (uno por semana) en 1991, se multiplicaron los atentados con explosivos contra negocios regentados por suecos de origen extranjero, se profanaron cementerios judíos… Los medios de comunicación fueron cómplices de la barbarie. Aunque un estudio demostró que la mayoría de inmigrantes suecos no había cometido jamás un delito, la criminalidad que protagonizaban era el segundo tema más tratado en las noticias. En otoño de 1993, el periódico de mayor tirada nacional, Expressen, titulaba su portada en grandes caracteres: “ECHADLES”.

En contraste con la imagen progresista servida al mundo, Suecia poseía en los 1990 una legislación tan débil e intrincada sobre criminalidad por motivos racistas y xenófobos que, por ejemplo, las doscientas denuncias por discriminación étnica en el trabajo presentadas en 1996 acabaron sin condena. En este turbio caldo no es de extrañar que uno de los gritos más coreados en las manifestaciones de la extrema derecha a lo largo de 1992 fuera: “Hombre del láser, ¡tira a matar!”.

La cerilla

El mayor asesino en serie de Suecia era hijo de inmigrantes alemanes. A los 7 años, Wolfgang Alexander Zaugg vio cómo su madre echaba a su padre de casa por mujeriego. Con frecuencia le pegaba y le decía “Todos los hombres son mentirosos y traidores”. En el colegio era el único entre 2.000 alumnos que tenía el pelo oscuro, por lo que se mofaban de él llamándole “negro”. Otra ironía es que, ya de adulto, su ideología conservadora llevaba a que las chicas le espetaran: “Tienes maneras de turco”. Ya de joven desarrolló una obsesión por el orden y el sentido práctico, rechazó todo vicio como el alcohol y el tabaco, moldeó un carácter dominante, tozudo e iracundo, y se le detectó un principio de psicosis y trastorno de personalidad. Condujo un taxi y fue operador de un cine X antes de estudiar química.

La ludopatía le condujo a vivir en la calle, pero el asco que le despertaba la sociedad del bienestar promovida por los socialdemócratas le hizo rechazar toda ayuda social. En dos ocasiones fue internado a la fuerza en un hospital psiquiátrico, pero se le permitió realizar el servicio militar y, durante un tiempo, fue destinado al palacio real, a unos centenares de metros del despacho del monarca.

Sus problemas económicos lo condujeron a estafar bancos y luego a robarlos. Fue condenado a catorce meses de prisión por un total de veinte demandas, pero se escondió seis meses ejerciendo de taxista con un carnet de conducir falso. Lo apresaron, pero esa misma tarde se escapó de la cárcel. Volvieron a detenerle y volvió a escaparse a los pocos meses. Pasó a una prisión de máxima seguridad. Al salir libre y empezar su cacería mortal, había entrado en un círculo vicioso consistente en ahorrar dinero con el taxi e invertirlo en Bolsa de cara a pegarse la buena vida para, acto seguido, perderlo todo en el casino y verse forzado a acudir a la casa de empeños y a desvalijar bancos (llegó a cometer veinte atracos e intentos de atraco, siempre en bicicleta, que le reportaron un botín de más de un millón de coronas suecas).

Portada 

Portada de la obra de Tamas.

Su fijación por ser un perfecto sueco le impulsó a cambiar dos veces de nombre –una ironía más: el último apellido que adoptó, Ausonius, lo tomó prestado de un poeta rumano al que leyó en la cárcel–, a gastarse fortunas en teñirse el pelo de un horrendo color zanahoria, dado que el rubio era imposible de conseguir, y a lucir unas lentillas azul cielo. El asesino del láser fluctuó entre la astucia a la hora de camuflarse y borrar sus huellas –en parte gracias a las enseñanzas de “El Vigilante”, el personaje de Charles Bronson en una de sus películas favoritas, El justiciero de la ciudad– y la chapucería –sólo mató a uno de sus nueve objetivos y fue detenido por un error de lo más inocente, pero es evidente que se aprovechó del despropósito conjunto de la policía y los testigos oculares.

Los bomberos

Al cerrar el caso –Ansonius fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal Supremo el 19 de mayo de 1995–, el expediente de la investigación constaba de 20.000 páginas. Se habían realizado 6.000 interrogatorios, anotado 5.200 sucesos, documentado 9.700 nombres. Lo más llamativo es que, de los 6.000 avisos de los ciudadanos, ninguno de ellos acertó con la identidad del responsable, y eso que la difusión del retrato robot había colapsado durante horas las once líneas telefónicas habilitadas.

A medida que los inmigrantes iban entrando en la mirilla láser de Ausonius, el caos y el pánico se apoderaron del país. Carlos Gustavo XVI se dirigió a sus súbditos por tercera vez en su reinado; el primer ministro, Carl Bildt, hizo su primer discurso a la nación por una cuestión particular; por primera vez, una organización no sindical (un conglomerado de asociaciones de extranjeros) convocó una huelga de ámbito nacional; las manifestaciones antirracistas y xenófobas se sucedían en las calles; grupos de inmigrantes amenazaron con formar guerrillas de autodefensa… Ante semejante panorama, centenares de agentes dedicados al asesinato del primer ministro Olof Palme pasaron a trabajar en el caso y se ofreció una recompensa de un millón de coronas por pistas fiables.

Su afición a las casas de empeño y a los videoclubs, y, sobre todo, un desliz al alquilar un coche con su propio nombre acabaron con la trayectoria de un Ausonius que agredió a sus abogados en el juicio y casi completa con éxito una nueva fuga de prisión a los dos días de su ingreso.


CATALUÑA: ¿EPICENTRO DEL YIHADISMO?

agosto 17, 2017

A continuación recuperamos nuestra recensión publicada en el diario catalán Ara (26/1/2013) sobre un libro sobre el yihadismo en Cataluña de actual interés para nuestr@s lector@s

 

“CATALUÑA ES EL EPICENTRO DEL YIHADISMO DEL SUR DE EUROPA Y UNO DE LOS PUNTOS MÁS IMPORTANTES A ESCALA MUNDIAL, sobre todo en el área metropolitana de Barcelona” según “la cantidad de células y grupos que  han sido detenidos”. Se ha estimado que entre un 15% y un 20% de los musulmanes residentes al Principado “son cercanos al islamismo radical”, señala Jofre Montoto (Barcelona, 1970) en  Gihadisme. L’amenaça de l’islamisme radical a Catalunya. Este antropólogo y periodista del Centro de Estudios Estratégicos de Cataluña ofrece en este ensayo publicado por Ángulo Editorial una aproximación concisa al yihadismo, a su presencia en Cataluña y a la acción de las fuerzas de seguridad para combatirlo.

Ante la amplia bibliografía sobre fundamentalismo islámico y terrorismo, las primeras cien páginas de la obra ofrecen una síntesis asequible del tema. La primera parte expone el concepto de yihad y los hitos principales del movimiento yihadista: su referente del siglo XIII, Ibn Taymiyya; la fundación en Egipto de los Hermanos Musulmanes el 1928; el movimiento de los deobandis en la India el siglo XIX; la conversión del wahabismo en ideología oficial de la Arabia Saudí; la expansión del islam chiita en la Irán de Jomeini, y, finalmente, la conversión de la Afganistán en gran foco emisor de la yihad con la guerra contra la URSS, que acabó engendrando Al-Qaida.

A la vez, Montoto señala las especificidades de su terrorismo, que quiere impactar en la sociedad civil y recurre a atentados suicidas (iniciados en Beirut en diciembre de 1981). Estos crímenes son de amplia rentabilidad económica, puesto que el ataque de la 11-S del 2001 en Nueva York causó casi 3.000 muertos con un coste de medio millón de dólares. El centro de reclutamiento de activistas es la mezquita y entre los suicidas no abundan los marginados: los parados  representarían el 17% y los titulados superiores el 51%.

El yihadismo se financia con opacas donaciones privadas, el cobro del zatak (limosna obligatoria en contratos o transacciones bancarias) y la práctica del hawala : un sistema basado en la confianza del cliente con la entidad bancaria que permite ingresar y retirar dinero por todas partes con un código verbal sin rastros.

El papel de los Mossos d’Esquadra

La segunda parte de la obra se centra en la acción yihadista en Cataluña y su combate. De este modo, recopila las operaciones de los cuerpos de seguridad hechas aquí (en 2002 tuvieron lugar las primeras detenciones) y en el conjunto del Estado y apunta aspectos legales y judiciales problemáticos o que generan aparentes contradicciones: islamistas con “desvaríos religiosos” que predican “el odio al diferente” son absueltos, mientras que el propietario de una librería ultraderechista de Barcelona es condenado por incitar al odio racial.

En este marco, los Mossos d’Esquadra no han tenido hasta el nuevo Estatuto competencias en policía judicial (que incluyen terrorismo y crimen organizado) y sólo han llevado a cabo una operación contra una célula yihadista de la veintena hechas en España:  la “operación Queixalada”, hecha el septiembre del 2004. Además, “no reciben prácticamente ninguna información por parte del Estado ni de los organismos policiales internacionales” y “les faltan muchas herramientas para ser la policía integral que los políticos prometen y los policías desean”. Si atendemos a las tesis de Montoto, que afirma que la derrota del yihadismo pasa primero por el campo policial y militar y después por el ideológico, el escenario catalán no sería para hacer volar cohetes.

En suma, la obra de Montoto -que agradecería un glosario de termas árabes empleados- puede ser útil a todo el mundo que quiere acercarse al yihadismo sin conocimientos previos y conocer su alcance en Cataluña.


¿QUÉ IMPORTANCIA TUVO EL CONSUMO DE DROGAS EN EL NAZISMO? UNA HISTORIA DEL “NACIONALSOCIALISMO EN PASTILLAS”*

julio 27, 2017

Portada de la edición inglesa del ensayo de  Norman Ohler sobre el consumo de drogas en el III Reich, que muestra a un Hitler demacrado por el consumo de estupefacientes.

EL NAZISMO HA GENERADO UN ALUD DE ESTUDIOS Y SE ESTIMA QUE EN 2007 TENÍA YA 37.000 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. En ellas Adolf Hitler ocupa un lugar relevante y su prestigiosa nómina de biógrafos (Alan Bullock, Joachim Fest o Ian Kershaw entre otros) parecía haber diseccionado al dictador hasta en detalles nimios. Sin embargo, El gran delirio. Hitler, drogas y III Reich (Crítica, Barcelona, 2016), ofrece una visión innovadora del personaje al centrarse en su ignorada adicción a las drogas, que compartieron amplios sectores del aparato nazi, hasta el extremo de aludir el libro a un “nacionalsocialismo en pastillas”.

Su autor, Norman Ohler, no es historiador, sino periodista y guionista. De hecho, quiso hacer un film sobre este tema, lo investigó en distintos archivos y finalmente no lo plasmó en un documental, sino en este ensayo ágil, cuyas 260 páginas se leen de un tirón sin necesitar grandes conocimientos previos del tema.

Hitler, un politoxicómano

Alemania contó con una potente industria química que en los años veinte la convirtió en el primer productor mundial de cocaína y morfina, a la vez que lideró la exportación de heroína. En este marco, cuando el nazismo llegó al poder en 1933 efectuó una política contra las drogas, pero no impidió que su máximo jerarca ni sus tropas recurrieran a ellas para mejorar su rendimiento.

La relación de Hitler con los psicótropos se inició en 1936. Entonces un médico berlinés célebre por sus hábiles pinchazos para inyectar vitaminas y otras substancias, Theodor Morell, se ganó su confianza al curarle problemas digestivos. Desde entonces doctor y paciente no volvieron a separarse y Morell fue la única persona que desde 1936 vio a Hitler casi diariamente hasta su muerte. El resultado fue que el dictador llegó a tomar 28 comprimidos distintos al día y consumió 90 substancias distintas durante la guerra.

Es más, entre 1941 y 1945, a lo largo de 1.349 días, Morell le recetó medicamentos en 1.100 ocasiones y le puso casi 800 inyecciones, lo que convirtió a Hitler en politoxicómano. Incluso le administró testosterona para crearle deseo sexual y a su amante, Eva Braun, la medicó para cortarle el período y así poder tener ambos relaciones afectivas. Según Ohler, este consumo desaforado de drogas (que incluyó Eukodal, una mezcla de cocaína y morfina) explica tanto la decrepitud progresiva del líder nazi (en su última etapa temblaba y tenía el cerebro dañado) como su incapacidad de dirigir la contienda.

Pero no solo fue el autócrata quién recurrió a psicotropos para estar hiperactivo. El espectacular avance de sus tropas al inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939 no se comprende sin una metanfetamina que gozó de consumo masivo: el pervitin. Descubierta en 1937 y comercializada en 1938, fue presentada como un poderoso estimulante al que recurrieron todos los estratos sociales hasta devenir un producto de primera necesidad. En este escenario, los Ejércitos hitlerianos recurrieron a 35 millones de unidades de pervitin, cuya ingesta permitía una actividad continuada cerca de 40 horas, sin que hicieran mella el cansancio y el sueño.

Portada de la edición española.

Una aportación relevante

El gran delirio es importante para comprender el nazismo. Como afirma en su epílogo el reputado historiador Hans Mommsen, la obra presenta “sin miramientos la otra cara de la estrategia militar alemana” y “cambia la visión de conjunto” del Tercer Reich. Estamos, pues, ante una lectura indispensable para adentrarse en este ámbito desconocido del hitlerismo y entender la desconexión de la realidad que experimentó su máximo dirigente durante la contienda y que -en buena medida- explicaría su suicidio.

Clicando aquí puede leerse un fragmento de la obra en PDF.

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* Esta reseña ha sido publicada originalmente en la revista Librújula correspondiente al mes de julio.


TRES LECTURAS PARA COMPRENDER EL FRENTE NACIONAL Y EL LEPENISMO

marzo 12, 2017

Marine Le Pen con el lema y símbolo de su campaña presidencial.

LA BIBLIOGRAFÍA DISPONIBLE SOBRE EL LEPENISMO Y LA ULTRADERECHA FRANCESA ES MÁS QUE ABUNDANTE. En este blog ya apuntamos en 2012 una primera sugerencia bibliográfica sobre el Front National marinista. A continuación sugerimos al lector otros tres títulos para aproximarse a este espectro ideológico cuando Francia se halla a las puertas de las elecciones presidenciales.

Joël Gombin, Le Front National. Va-t-elle diviser la France? 

La obra constituye una síntesis histórica sobre el FN lepenista interesante, sólidamente documentada y bien escrita.

El ensayo muestra la evolución de este partido desde sus orígenes en 1972 hasta el presente. Publicado en octubre de 2016, ofrece una panorámica muy actualizada del partido, que permite comprender cómo el marinismo se ha convertido en una importante oferta electoral. Muestra sus tensiones internas, fortalezas y debilidades. Lo hace con una prosa ágil y mínimas referencias bibliográficas para facilitar la lectura. Debe destacarse que el autor es un politólogo que realiza estudios de sociología electoral y el lepenismo ha sido uno de sus temas de investigación.

Todo lo expuesto la convierte en una síntesis idónea para obtener una panorámica histórica actualizada de esta formación.

Valérie Igounet, Les français d’abord: slogans et viralité du discours Front National (1972-2017)

A diferencia de la aproximación anterior al FN, Igounet ofrece aquí un muy sugerente estudio de la historia de este partido a partir de su propaganda: una selección de lemas, temas y carteles de la formación que permiten comprender su evolución. El reciente ensayo (se publicó en enero), bien ilustrado, ágil y breve, es una aportación interesante para comprender el éxito del lepenismo y la evolución de su ideario a través del tiempo: valora sus innovaciones y, a la vez, señala aparentes novedades propagandísticas que reciclan viejas temáticas del partido. Es especialmente interesante su análisis de cómo la fraseología e ideas-fuerza del FN han sido asumidas por otras fuerzas de derecha.

Como en el caso anterior, la autora es una historiadora solvente y buena conocedora de este espectro político, pues destacó por su estudio sobre el negacionismo del genocidio judío en Francia y es autora también de una historia del FN lepenista.

Dominique Albertini y David Doucet, La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net.

Extenso reportaje periodístico sobre la relevante presencia de la extrema derecha francesa en Internet.

Los autores, ambos periodistas, han realizado un extenso trabajo de documentación que traza la historia de los sitios web más significativos e incluye entrevistas con la mayoría de sus administradores. Como ya hemos señalado en un artículo sobre la extrema derecha e Internet, Albertini y Doucet examinan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o  los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.