LA MASACRE DE ATOCHA: LOS INTERROGANTES ABIERTOS*

enero 28, 2017

Breve reportaje sobre los hechos de Atocha.

LA NOCHE DEL 24 DE ENERO DE 1977 SE PRODUJO EN MADRID LA MASACRE DE LOS ABOGADOS comunistas del gabinete laboralista del número 55 de la calle Atocha, obra de un comando ultraderechista. La tragedia se enmarcó en una huelga de transporte convocada el día 17, liderada por Joaquín Navarro (de CC.OO.) y asesorado por el bufete mencionado. El conflicto le enfrentó al sindicato oficial franquista todavía vigente, hecho que aparentemente desencadenó el crimen. Pero 40 años después, varios aspectos del episodio permanecen en la oscuridad, como exponemos a continuación.

“Esferas de poder” ocultas y espiral criminal

Todo empezó a las 22.30 horas del día 24, cuando irrumpió en al bufete citado el terceto formado por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. El último  custodió la puerta y sus compañeros reunieron a los presentes al salón. Allí les encañonaron y les preguntaron sin éxito por Navarro (quien había marchado poco antes). Entonces les dispararon y huyeron dejando tres cadáveres -Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez- y seis heridos: Alejandro Ruiz-Huerta, Miguel Sarabia, Dolores González, Luis Ramos, Francisco Javier Sauquillo y Serafín Holgado (los dos últimos fallecieron el día siguiente).

Su entierro movilizó 200.000 personas en silencio en las calles de Madrid y, según el ministro Rodolfo Martín Villa, la demostración de dolor inclinó al gobierno a legalizar el Partido Comunista [PCE] el 9 de abril. Así, el atentado anticomunista paradójicamente facilitó la inserción de los comunistas a la nueva democracia.

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Las investigaciones del crimen acreditaron vínculos de los verdugos con el secretario del Sindicato Provincial de Transportas, Francisco Albadalejo, quien manifestó que sólo quería dar “una lección” a Navarro. Fueron considerados cómplices Gloria Herguedas (compañera de Fernández) y el exlegionario Leocadio Jiménez.

El juicio se celebró en febrero de 1980 y la sentencia concluyó que los aludidos formaban un grupo autónomo con “abundantes armas”. Condenó a Albadalejo a 73 años como inductor; a 193 años a Fernández y García por los asesinatos; a Jiménez a más de 4 por tenencia de armas; Herguedas fue absuelta y Lerdo huyó en un permiso penitenciario. No osbtante, la Audiencia Nacional señaló que podía haber culpables sin juzgar y “grupos y esferas de poder” podían estar detrás el episodio.

El abogado de las víctimas, José Mª Mohedano, hizo esta reflexión: “todavía no he podido responderme […] a la pregunta de por qué les eligieron como víctimas. […] Pero sigo pensando que […] estas cosas no sucedieron al azar”, dadas las provocaciones que aquella semana se sucedieron “con una coincidencia tan concatenada”. Y es que Atocha fue el clímax de una espiral violenta iniciada el diciembre con epicentro en Madrid.

La “semana trágica” de 1977

El día 11 de aquel mes un comando del grupo maoísta GRAPO secuestró al presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol, y a cambio de su vida pidió liberar varios presos políticos. El gobierno no cedió y el GRAPO no mató a Oriol, pero le retuvo. La situación se complicó en la última semana de enero: el día 23 un ultraderechista mató de un disparo al estudiante Arturo Ruiz en una manifestación por la amnistía.

El día siguiente el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar, que devino su segundo rehén. La misma jornada falleció la estudiante María Luz Nájera por el impacto a la cabeza de un bote de humo en una manifestación en protesta por la muerte de Ruíz y por la noche se produjo el crimen de Atocha. Esta tensión acabó el 11 de febrero, al ser liberados Oriol y Villaescusa. Pese a que sólo se puede trazar conjeturas, parece plausible pensar que existió algún vínculo entre los acontecimientos descritos por varias razones.

Cabos sin atar

Así, si bien el episodio criminalizó al conjunto de la ultradreta, desde este espectro se denunció una manipulación. Por ejemplo, Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, hacéis este apunte: “Si hay una cosa clara en la ‘matanza de Atocha’ son las personas que actuaron y las armas empleadas. Lo oculto está en otro aspecto: en los inductores y en los verdaderos móviles”. La afirmación, a pesar de ser exculpatoria, no se puede descartar al haber indicios de que el crimen podría no haber sido un acto aislado y espontáneo como pareció.

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Nuestro último estudio dedica tres capítulos a la “semana trágica” de enero de 1977.

En este aspecto, la noche de la matanza el despacho de Atocha no fue el único asaltado. La UGT afirmó que se quiso forzar un local suyo a las 22 horas y circularon otras informaciones parecidas en círculos feministas y laboralistas. También hubo incidentes: explotó un artefacto en la calle López de Hoyos y grupos ultraderechistas que recorrían calles obligaron a cantar el “Cara al sol” a clientes de establecimientos. El ambiente, según la periodista Victoria Ruego, fue “de una violencia y de una excitación aterradoras”.

Igualmente, según el sumario, uno de los asesinos, Fernández, llamó desde Almería poco antes de ser detenido a Muebles Laorga (o La Orga), un ente aparentemente comercial ubicado en un inmueble de Defensa que desapareció los meses posteriores al crimen. Además, en el juicio afloraron pasarelas entre ámbitos ultraderechistas y cuerpos de seguridad: algunos detenidos manifestaron tener “estrecha amistad” con los inspectores Antonio González Gay y Antonio González Pacheco (Billy el Niño), aunque luego se  desdijeron.

Llegados aquí, puede plantearse que la matanza tal vez pudo tener hitos ocultos desconocidos, que podrían ir desde crear un clima proclive a un golpe de estado o bien evitarlo al contrarrestar el efecto de los secuestros del GRAPO con violencia ultraderechista. Si bien estas conjeturas son indemostrables, José Miguel Ortí Bordás (entonces subsecretario de Gobernación) ha hecho esta valoración: “el indudable y poderoso impacto político” de Atocha “contrarrestó a efectos de opinión pública […] los secuestros de Oriol y de Villaescusa […]. Tampoco parece descabellado poder afirmar que este fenómeno permitió una especie de neutralización entre ambas actuaciones delictivas”.

En cualquier caso, hoy es difícil no coincidir con esta valoración de Ruiz-Huerta, superviviente de la masacre: “‘El caso Atocha’ se cerró. ¿Se cerró?: no sé. Tantas cosas quedan que será muy difícil que podamos cerrarlo entre todos”.

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* Artículo publicado originalmente en catalán conel título “La massacre d’Atocha: els interrogants oberts”, en el diario catalán Ara (22/I/2017).

 


EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA NUESTRO LIBRO “LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

enero 21, 2017

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EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA EN EL PAÍS SEMANAL (15/I/2017) nuestro reciente estudio La transición española. El voto ignorado de las armas. Lo hace en un artículo crítico con los posicionamientos políticos partidistas vigentes sobre la democratización española, tanto de aquellos que sostienen los detractores de aquel proceso político, como los de sus apologetas.

Reproducimos el texto a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores y lectoras. Puede accederse al artículo original clicando aquí.

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El combate del siglo

En una esquina, los Grandes Odiadores de la Transición; en otra, los Grandes Apologetas de la Transición. Y en medio, los historiadores serios.

Hay gente que hace un uso personal de la Transición. O más bien un abuso. Los abusones se dividen en dos tipos: los Grandes Odiadores de la Transición (GOT) y los Grandes Apologetas de la Transición (GAT). En una esquina del ring están los primeros, que de un tiempo a esta parte arman bastante ruido. No son sólo jóvenes en teoría izquierdistas que no vivieron la Transición, sino también viejos en teoría izquierdistas que vivieron la Transición como jóvenes y creen que podrán seguir siendo jóvenes y de izquierdas gracias a su pertenencia a los GOT. Unos y otros sostienen que la Transición fue un tongo, una sucia treta urdida con el fin de que el franquismo pareciera cambiar cuando nada cambiaba (y aquí citan siempre, mal, a Lampedusa), de modo que la democracia española no es más que una democracia fraudulenta o una versión maquillada del franquismo, la culpa de todos nuestros males públicos la tiene la Transición y nosotros no somos responsables de ninguno, aunque no escasean los GOT con un elevado concepto de sí mismos que también le echan la culpa a la Transición de sus males privados, de la injusticia clamorosa de que este país no haya reconocido sus méritos excepcionales. Los GOT, en fin, son bastante inofensivos, algunos incluso entrañables; en cuanto a sus argumentos, no precisan refutación, de hecho ni siquiera son argumentos, sino desahogos de frustraciones personales o palancas de ambiciones políticas, y a menudo delatan un conocimiento de la Transición comparable al que un servidor posee de la cría de la oveja merina australiana.

En la otra esquina del ring están los GAT. Son más escasos que los anteriores, pero mucho más poderosos. Todos son suficientemente viejos para haber vivido la Transición en primer plano, o en un segundo o tercer o cuarto plano lo bastante próximo al primero para permitirles fingir que fue el primero y afirmar que nadie conoce la Transición como ellos, lo que viene a ser más o menos igual que si Fabrizio del Dongo, el protagonista de La Cartuja de Parma, afirmara que nadie conoce Waterloo como él, que vivió la batalla, pero no entendió una palabra de lo que ocurría a su alrededor. La razón de la existencia de los GAT es obvia: como sabe cualquiera un poco leído y en sus cabales, la Transición salió razonablemente bien, así que tiene mil padres. Los GAT sostienen en lo esencial que aquél fue un periodo histórico ejemplar en el que, guiados por la grandeza de miras de una clase dirigente ejemplar, los españoles crearon una democracia ejemplar y bla, bla, bla. En suma: otro timo. Pero es que, en cuanto te descuidas, los GAT te aseguran que le dictaban los discursos al Rey, le daban collejas al badulaque de Suárez y frenaban los ímpetus preseniles de Carrillo. Y, como algunos obtienen réditos notables de defender la Transición, venga a cuento o no la defienden, si es menester inventándole enemigos temibles, lo que explica que cualquier nadería de la inefable Pilar Urbano provoque respuestas tan estridentes como superfluas de notorios GAT. Aunque, claro, también entre ellos hay personas sinceras y bienintencionadas. Pero la mayoría de los GAT parecen convencidos de que les ha ido tan bien por sus propios méritos y no porque nunca se hayan beneficiado de las insuficiencias de la democracia que alumbró la Transición.

Y en esas estamos. ¿Hay alguien en medio del combate entre GOT y GAT? ¿Hay árbitro en el ring? Sí: los historiadores. Hablo de los historiadores serios, claro está. No es que ellos tengan la verdad (la verdad sólo la tiene Dios, que no existe), pero son los que con más ahínco la buscan. El último que he leído es Xavier Casals, autor de La transición española, un grueso volumen donde discute el papel de la violencia en aquellos años, según él mucho más relevante de lo que se suele decir porque contribuyó de manera involuntaria a estabilizar la democracia que pretendía desestabilizar. No es un libro inobjetable –si lo fuera, no sería bueno–, pero sí el tipo de libro capaz de coger de la oreja a los GOT y los GAT y mandarlos a sus respectivas esquinas del ring. Y desde allí a su casa, de donde nunca debieron salir.


EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER, UNA “SECTA” GERMANA NEONAZI

octubre 27, 2016

 

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Concentración del movimiento Reichsbürger (foto publicada en Dialog International).

¿QUÉ ES EL MOVIMIENTO REICHSBÜRGER? Se trata de un fenómeno de cierta similitud con las milicias estadounidenses de extrema derecha.

Este mes ha cobrado notoriedad porque la madrugada del 19 de octubre uno de sus seguidores -un hombre de 49 años con licencia de caza y que poseía 30 armas- disparó a cuatro policias sin mediar palabra durante un registro policial en Georgensgmünd.

El agresor pertenece al movimiento Reichsbürger  [Ciudadanos del Reich o del Imperio], que -como señala la agencia Efe– “no reconoce la legalidad de la República Federal Alemana (RFA) y niega el holocausto judío en la II Guerra Mundial”.

Según el Ministerio de Interior de Brandemburgo es una “‘especie de secta de ultraderecha’ con un ‘núcleo de derecha radical no inofensivo’”. Por su parte, el ministro del Interior de Baviera, Joachim Herrmann, definió a sus miembros “como ‘extremistas’ y ‘peligrosos’, porque no reconocen la legalidad, por lo que están vigilados por los servicios de inteligencia”.

A continuación reproducimos la información y las imágenes sobre este movimiento de Wolfgang Dick, publicada por la corporación estatal Deutsche Welle sobre los “Ciudadanos del Reich” (19/X/2016) y que  define sus principales rasgos. Puede accederse al texto original clicando aquí.

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¿Quiénes son los “Ciudadanos del Reich”?

Son radicales y violentos, como demuestra el reciente ataque con arma de fuego contra cuatro policías en Baviera. ¿Quién está detrás del llamado movimiento de los “Ciudadanos del Reich” y cuán peligroso es?

Joachim Widera, miembro de los Ciudadanos del Reich, muestra orgulloso su pasaporte.

Joachim Widera, miembro de los “Ciudadanos del Reich”, muestra orgulloso su pasaporte.

Este miércoles (19.10.2016), un ultraderechista de los “Ciudadanos del Reich” abrió fuego contra la Policía durante un registro en Núremberg, en el sur de Alemania, hiriendo a cuatro agentes.

¿Quiénes son estos “ciudadanos”? Están convencidos de que Alemania sigue siendo un territorio ocupado por los aliados occidentales y que no es más que una entidad administrativa. Solo reconocen las fronteras del Imperio Alemán (Deutsches Reich) de 1937. Los llamados “Ciudadanos del Reich” agobian a las administraciones alemanas con demandas y también hacen uso de la violencia.

Se trata de grupos pequeños y de ciudadanos aislados, que viven sobre todo en Brandemburgo, Mecklemburgo-Antepomerania y Baviera. Rechazan la República Federal de Alemania y sus autoridades estatales. Se rehúsan a pagar impuestos y han creado pequeños “territorios estatales” propios con nombres como “Segundo Imperio Alemán”, “Estado Libre de Prusia” o “Principado Germano”.

Estos grupos incluso imprimen pasaportes y licencias de conducir para sus supuestos territorios estatales. También producen playeras y banderas con fines publicitarios. El hecho de que todo esto sea ilegal y que ninguna autoridad alemana lo reconozca es ignorado por los “Ciudadanos del Reich”. En sus páginas web exhortan a seguir luchando contra la República Federal de Alemania.

¿Un puñado de locos?

De acuerdo con informaciones de algunos servicios de inteligencia federales, existen en Alemania unos cuantos cientos de “Ciudadanos del Reich”. Se estima que en Brandemburgo viven entre 150 y 200 miembros. En la mayoría de los casos, se trata de hombres, en promedio mayores de 50 años, pertenecientes a estratos sociales bajos. Entre sus seguidores hay muchos populistas de derecha y defensores de ideologías antisemitas y nazis. Un juez en Sajonia-Anhalt los describió como “teóricos de la conspiración” y personas “permanentemente descontentas”.

Sobre todo la creciente radicalización de este movimiento se ha vuelto un problema. Generalmente, inundan a las autoridades locales con solicitudes y rechazos a órdenes y avisos de pago. Y es que, independientemente del contenido, las autoridades están obligadas por ley a tramitar todas las solicitudes formalmente correctas.

Los alcaldes de varios municipios se quejan de que, además, son atacados verbal y físicamente por los “Ciudadanos del Reich”. Muchas veces los agresores graban sus ataques y los suben a la red.

Miembros de los Ciudadanos del Reich protestan frente al Bundestag.Miembros de los “Ciudadanos del Reich” protestan frente al Bundestag.

En Baviera, los ultranacionalistas irrumpieron en una sala de audiencia, robando documentos de la mesa del juez. En la localidad de Wittenburg, en el estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, los empleados de un ayuntamiento recibieron capacitación en seguridad para hacer frente a los ataques. En Brandemburgo se están probando sistemas de alarma para las oficinas tributarias.

Violencia extrema

En tiempos recientes, los “Ciudadanos del Reich” han llamado la atención por su violencia. A principios de año, un policía fue amenazado con un cuchillo. En la localidad de Reuden, en Sajonia-Anhalt, un miembro del movimiento disparó contra agentes de seguridad de un comando especial.

En el marco de varios registros domiciliarios, la policía ha encontrado armas y municiones. Los seguidores de los “Ciudadanos del Reich” se siguen armando. En la localidad de Höxter, en Renania del Norte-Westfalia, un grupo del “Estado Libre de Prusia” intentó crear su propia policía comunitaria con armas conseguidas en el extranjero.

Tras el reciente caso de violencia en Baviera, el ministro del Interior de ese estado federado, Joachim Hermann, anunció que en el futuro se vigilará más a los “Ciudadanos del Reich”.

 


FEROCIDADES DE LA TRANSICIÓN: CÓMO LA VIOLENCIA POLÍTICA ESTABILIZÓ DESESTABILIZANDO

agosto 13, 2016

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Cadáver de Yolanda González, cuyo asesinato en 1980 fue reivindicado en nombre del BVE.

¿CUÁL FUE LA IMPORTANCIA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA DURANTE LA TRANSICIÓN? El periodista Carles Geli publicó al respecto en El País (6/VIII/1985) la siguiente reflexión sobre nuestro último libro, La transición española. El voto ignorado de las armas, que reproducimos a continuación por considerarla de interés para nuestros lectores.

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Ferocidades de la Transición

El historiador Xavier Casals disecciona la paradoja de la violencia que buscaba radicalizar la situación entre 1975 y 1982 y acabó alejando a los extremismos de uno y otro lado.

¿Qué es eso del Batallón Vasco Español?”, inquirió el rey Juan Carlos al líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Podía haber sido una pregunta capciosa, pero más bien era así: la cúpula del Estado no tenía mucha información sobre la guerra sucia en plena Transición. En paralelo, el ministro de la Presidencia, José Manuel Otero Novas, alertaba a Adolfo Suárez de la resistencia de las organizaciones paramilitares contraterroristas a someterse al Gobierno y el temor a que se creara un Estado dentro del Estado. Suárez le decía que estaba en ello, intentando eliminar una que se conocía como Batallón Vasco Español.

PortadaHabía de todo: aparatos parapoliciales, paramilitares, el Ejército, la ultraderecha, la extrema izquierda anarquista y comunista, el independentismo vasco, catalán y canario… Silenciada la mayoría de las veces o usada como espantapájaros, la violencia política se cobró unos 700 muertos entre 1975 y 1982, en unas 3.200 acciones conflictivas. ¿No influyó todo ello en los resultados políticos? Esa es la pregunta que plantea en La Transición española: el voto ignorado de las armas(Pasado & Presente) el historiador Xavier Casals. Y una de las primeras respuestas es de las que solo se dan en España: sí, el temor a una involución rebajó las expectativas de la reforma política y moderó la oposición, pero la desestabilización que buscaba la violencia acabó, mutatis mutandis, estabilizando el país.

“La violencia generó una gran paradoja: buscaba radicalizar la situación pero acabo alejando a los extremismos de uno y otro bando, los dejó fuera del proceso, por lo que se apostó por los partidos que daban estabilidad; y, por otro lado, los partidarios de la reforma exageraron esa realidad violenta para jugar a su favor, lo que facilitó la consolidación de Suárez”, resume Casals. Su trayectoria (es autor, entre otros títulos, de La tentación neofascista en España) y la bibliografía empleada ahora (más de 500 referencias y 133 páginas de notas) le llevan a afirmar que “la Transición tuvo un punto de azarosa, pero no hubo una teoría conspirativa, un gran diseño de todo desde las alcantarillas del Estado: cada episodio tuvo su dinámica propia”.

La matanza de Atocha

Quizá no hubo conspiración, pero lo parece: cada acción violenta acabó beneficiando el proceso democrático. El paradigma quizá fue, en el caso de la ultraderecha, la matanza de Atocha (1977), que solo aceleró lo que se quería impedir: la legalización del Partido Comunista de España. El carlismo quedó tocado y hundido con el episodio sangriento de Montejurra (mayo de 1976): se les vetó concurrir a las primeras elecciones de 1977 y llegaron muy afectados y divididos a las de 1979. El atentado anarquista en la sala Scala de Barcelona en 1978 aceleró la implosión del movimiento. Aquel mismo año, el intento de asesinato (con visos de ser orquestado desde el aparato policial del Estado) del líder del movimiento independentista canario, Antonio Cubillo, evitó que el proceso de autodeterminación de las islas saltara al panorama internacional de la ONU. El Grapo quedó bajo sospecha como “grupo raro” con el secuestro del político Antonio María de Oriol y el militar Emilio Villaescusa, pero más criminalizado y residual acabó el independentismo catalán violento, con los sangrientos secuestros del empresario Josep Maria Bultó (1977) y del exalcalde de Barcelona Joaquim Viola y su esposa (1978). El golpe de Estado del 23-F resultó también una vacuna contra la deriva pretoriana del Ejército: tras él aguantó sin más sobresaltos un Gobierno tan débil de la UCD como el de Calvo Sotelo, cuando hasta entonces el ruido de sables permanente más el golpismo de papel de la ultraderecha hacían irrespirable la situación, según Casals. Para el historiador, eso pesaba más que la llamada “estrategia de la tensión” ultraderechista. Solo el terrorismo de ETA fue una excepción a todo ello.

“Mayormente, son casualidades: el Gobierno no controlaba todo esto porque los hechos así lo demuestran, pero sí revela que había una autonomía importante de determinados aparatos del Estado, difíciles de perfilar y con elementos oscuros que permitieron desde extorsiones a atentados fabricados desde las entrañas del poder”, resume Casals, que lo achaca a “querer hacerse una Transición democrática manteniendo todo el antiguo aparato policial del Estado franquista”. El paradigma de ello sería la figura del comisario Roberto Conesa, turbia estrella de la lucha antiterrorista de la época.

La traducción política de esa violencia puede incluso entreverse en la Constitución. Así, la actitud pretoriana del Ejército explicaría su presencia garante en los artículos 2 y 8.1 de la Ley Fundamental, mientras que ETA generó, en particular, el 55.2 (la suspensión de derechos fundamentales por temas de terrorismo). También parecen evidentes los réditos en lo económico: Canarias, Euskadi y Navarra, conflictiva cartografía durante la Transición, gozan hoy de un trato fiscal distinto, y se deja una puerta abierta a la unión entre Navarra y el País Vasco, que contrasta con el cerrojo para Cataluña, Valencia y Baleares, como constata el artículo 145.1. “No se puede documentar una causa-efecto, pero sin duda abre una reflexión sobre el peso del voto violento”, cree Casals.

Son muchos los aspectos a estudiar porque la violencia en la Transición ha quedado un poco en la cuneta historiográfica. “La Transición tiene su mito fundacional en la propia Transición, por lo que no puede darse protagonismo a la violencia: como tal mito, ha de ser ejemplar y exportable”. Hay hoy más documentación, pero aun así falta “poder acceder a archivos de los Servicios de Información del Estado o recuperar papeles como el sumario sobre Montejurra, perdido, o tener una buena biografía de Conesa”.

Acabadas las 800 páginas del libro, uno no sabe qué vertiente refuerza de la actual discusión sobre si la Transición fue la única posible o un lamentable pacto a la baja. “¿Cómo se podía hacer una ruptura democrática teniendo un Ejército que ya en 1971 tenía planes secretos para tomar el poder y frenar la subversión? Creo que el resultado fue francamente estimable; visto lo visto, la Transición salió bien de precio”.

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Dinero para un ejército independentista catalán

El independentismo armado catalán es uno de los episodios más chocantes de la Transición. El misterioso grupo EPOCA (Exèrcit Popular Català), nacido en 1969 en el entorno del Front Nacional de Cataluña, no afloró hasta mayo de 1977, cuando intentó extorsionar al empresario Josep Maria Bultó colocándole una bomba lapa en el pecho que acabó estallando. 10 meses después colocó sendas bombas al último alcalde franquista de Barcelona, Joaquim Viola, y a su esposa. También explotaron. En ambos casos, fueron atentados con poco sentido político, lo que acentuó el rechazo de una sociedad catalana ya escarmentada con el atentado ultra a la revista satírica El Papusy otro anarquista a la sala Scala. El grupo EPOCA fue desarticulado en 1980, coincidiendo con un supuesto plan para atentar contra Jordi Pujol. Quedan enigmas, como la aparición de un agente secreto del Mossad israelí muerto en casa de unos familiares de un miembro del grupo; o para qué pedir la friolera de 500 millones de 1977 como rescate a Bultó. Esa cifra solo engarza con la idea de crear “una fuerza armada a disposición de una futura autoridad catalana legítima”, como dijeron algunos componentes que era su función. Solo cuatro miembros fueron a Terra Lliure, que en 1981 tuvo su caso más mediático con el atentado al periodista Federico Jiménez Losantos. En 1992 se disolvió.


¿QUIÉN MATÓ A “PERTUR”? ¿UN GRUPO PARAPOLICIAL O LA PROPIA ETA?

julio 30, 2016

Pertur

Pertur (imagen de EFE, publicada por eitb.ews).

ESTE JULIO SE HAN CUMPLIDO 40 años de la desaparición del dirigente de ETA Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur. Como narra la crónica que reproducimos en esta entrada, de Luis R. Aizpolea y publicada en El País (23/VII/2016), existe una controversa imposible de dilucidar sobre la autoría de su muerte.

De este modo,  una hipótesis apunta que fue obra de los propios etarras por las posiciones ideológicas que Pertur sostenía, otra la atribuye a la actuación de un grupo de ultraderecha de carácter parapolicial.
PortadaPor nuestra parte, tras analizar el tema en nuestro último estudio La transición española. El voto ignorado de las armas, concluímos que la hipótesis más verosímil fue su asesinato por parte de miembros de la propia ETA.

Invitamos al lector interesado a consultar nuestros argumentos. Haciendo un extracto de los mismos, debe tenerse en cuenta que tras los llamados hechos de Montejurra de mayo de aquel año pareció haber un reflujo de episodios violentos en el país vascofrancés, aunque sin cesar por completo. Así las cosas, si nos atenemos a grupos que reivindicaron el asesinato de Pertur, constatamos que la Triple A era inexistente, mientras el BVE se limitó a afirmar que había “sido ejecutado y enterrado en un pueblo de Navarra”. Si fue así y quería vanagloriarse de ello, lo lógico era indicar dónde estaba el cuerpo. 

En este marco, es más verosímil atribuir su muerte a miembros de ETA, sin que pueda descartarse la acción de elementos parapoliciales.

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¿Qué fue de Pertur?

En el 40 aniversario de su desaparición, amigos y familia reclaman a “quienes saben, que hablen”

Han transcurrido 40 años desde la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, y seguimos sin conocer su paradero. El esclarecimiento de su secuestro y desaparición sigue siendo una tarea pendiente que no debe obviarse”, señala Martin Auzmendi, compañero de militancia de Pertur, hermano de su pareja, Lourdes, y representante de la familia en la causa. Auzmendi se une al llamamiento de la familia para que “los que sepan algo sobre su paradero lo hagan saber” en el aniversario de aquel 23 de julio de 1976 en que desapareció el que fue líder de ETA político-militar (pm) y promotor de su desdoblamiento en un partido, que derivó en Euskadiko Ezkerra y concurrió en las primeras elecciones democráticas de 1977.

Pertur tenía 25 años

Auzmendi —abogado, exconsejero del Gobierno vasco y expresidente del Consejo de Relaciones Laborales—, que ha seguido el caso ante la Audiencia Nacional, archivado provisionalmente en 2012 por el juez Andreu “por falta de fundados indicios sobre lo que pasó”, está convencido de que hay gentes que conocen lo sucedido y callan. “Todo hace indicar que, con la intervención de alguna persona de su confianza, Pertur fue víctima de una cita trampa, cuyo objetivo era conducirle a quienes tenían preparado su secuestro y desaparición”.

El caso Pertur es la desaparición política más emblemática tras la muerte de Franco por la personalidad de la víctima y el mantenimiento de la incógnita de su autoría. El juez Andreu, en el archivo provisional de la causa en 2012, no se definió ante las dos hipótesis investigadas: servicios policiales y el sector Bereziak de ETA pm, hostil a Pertur.

Auzmendi interpela a los poderes públicos ante la “total ausencia de investigación en la fecha de los hechos y a lo largo de estos años por parte de las autoridades policiales españolas” así como por ETA. El juez constató que ni el gobernador civil de Gipuzkoa, Emilio San Román; ni el comisario López Maturana ni el jefe de la Inteligencia Militar (Cesed), Ángel Ugarte, hicieron nada entonces por esclarecer el caso. ETA abrió una investigación, que cerró en un mes sin aclarar tampoco nada.La familia de Pertur atribuyó su desaparición, inicialmente, a servicios policiales españoles, directamente o a través de ultraderechistas, pues en aquella etapa ya proliferaban ataques contra etarras refugiados en el sur de Francia. La reivindicación de Antiterrorismo ETA (ATE), el 26 de julio, y del Batallón Vasco Español (BVE), el día 29, parecían avalarlo.

Sospechas de Beretziak

Año y medio después, en 1978, la familia afloró las sospechas de que podía haber sido asesinado por los Beretziak, el sector de ETA crítico con su política. Lo sustentaban en que Francisco Múgica, Pakito y Miguel Angel Apalategi, Apala, dirigentes de los Bereziak, fueron los últimos en ver a Pertur antes de su desaparición. Pakito, en su declaración ante la policía francesa, aseguró que mientras viajaban en su vehículo por el centro de San Juan de Luz vieron a Pertur y les pidió que le trasladaran a Behobia, junto a la frontera.

Pero si las sospechas recayeron en ellos fue, sobre todo, por sus fuertes discrepancias con Pertur por su intento por transformar ETA-pm en un partido político. Una carta enviada a su pareja poco antes de su desaparición acusaba a los Beretziak de crear en la organización un clima de “estado policial”, una de cuyas muestras fue un intento de retención por la fuerza para que no acudiera a una reunión de cuadros de ETA pm. Tres meses antes, habían discrepado, también, por el desenlace del secuestro del empresario Ángel Berazadi. Mientras Pertur defendió su liberación, tras el pago del secuestro, los Beretziak optaron por asesinarlo y lo ejecutaron.

Es un hecho que la víspera de su desaparición, la librería Mugalde de Hendaia recibió una llamada telefónica con un encargo: “Decidle a Pertur que vaya al bar Consolation de San Juan de Luz a las 9.30 horas. Le estará esperando uno que estuvo con él el mes pasado”. Pertur no llegó a entrar en el bar. Antes, se encontró con alguien que le pasó una nueva cita en Behobia. Posteriormente, Pertur se topó con Pakito y Apala, que le trasladaron a Behobia en coche. Un militante de ETA-pm, Eleuterio Jauregui, los vio y habló con Pertur, al que notó tan relajado que bromeó con él, lo que el juez destacó en sus conclusiones. El punto débil de esta hipótesis es que Pakito y Apala secuestraran a Pertur a plena luz del día y con testigos. Asimismo, el juez llamó a declarar a un ex miembro de ETA que había comentado a Lourdes Auzmendi que Apala le dijo, en Nicaragua, que ellos fueron los autores. Pero no lo ratificó ante el juez.

En mayo de 2008, los padres de Pertur presentaron una querella para que la Audiencia Nacional investigara su desaparición, que el juez Andreu admitió. Había nuevos datos. Angelo Izzo, un neofascista italiano, había declarado ante el Tribunal Penal y Civil de Roma que un camarada suyo, Pierluigi Concutelli, le había revelado que en el verano de 1976 habían secuestrado a un etarra en el sur de Francia y entregado a los servicios policiales españoles. Todo apuntaba a que era Pertur. El juez Andreu, desplazado a Italia, no logró la confirmación.

Canje por policías

Tampoco se avanzó en la hipótesis, apuntada en julio de 1976, de que Pertur pudo ser secuestrado para canjearlo por los inspectores de policía españoles José Luis Martínez y Jesús González, desaparecidos el 4 de abril de ese año. Sus restos aparecieron un año después en la playa de Anglet, tras ser asesinados por etarras. De esta hipótesis se hizo eco el diario gipuzkoano Unidad del 28 de julio de 1976 con este título: ‘¿Canje del etarra por los dos policías secuestrados?’.El día anterior a la desaparición de Pertur, otro compañero suyo, Sabin Achalandabaso, recibió el aviso de una cita con el veterano político abertzale, Telesforo Monzón, a la que no acudió por cuestión de agenda. Supo después que Monzón no le había citado. Probablemente salvó la vida pues, como señala Auzmendi, “todo hace indicar que, con intervención de alguna persona de su confianza, Pertur fue víctima de una cita trampa”.


‘LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA’: UNA DEMOCRACIA DE SANGRE Y PLOMO

julio 16, 2016

Imágenes del entierro de los abogados asesinados en la matanza de Atocha.

NUESTRO ENSAYO LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS ha tenido una buena acogida de crítica y público.  A continuación reproducimos la reseña del libro que ha escrito el historiador Gustau Nerín en el diario digital El Nacional (17/VI/2016), que pasa revista a distintos aspectos y temas abordados en el libro.

Portada

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La transición española‘: una democracia de sangre y plomo

La editorial Pasado & Presente presenta La transición española. El voto ignorado de las armas, de Xavier Casals. En contra de las visiones edulcoradas de la transición, Casals pone énfasis en que éste no fue un proceso pacífico y armónico. Se refiere a la “transición de plomo”. La teoría de este historiador es que el “voto de las armas”, durante la transición, en algunos casos fue tan decisivo como el “voto de las urnas”. Recuerda que entre 1975 y 1982 hubo 504 muertos por violencia política; la transición estuvo asociada a las armas: se inició con un atentado, el que mató a Carrero Blanco, y se acabó con un golpe de Estado, el 23-F.

Un libro con muchos ejes

El estudio de Casals no es un texto monolítico. De hecho, se ve obligado a abordar temáticas muy diversas, porque la violencia política durante la transición llegó por varios canales y tuvo implicaciones muy diferentes. De hecho, es una tarea enciclopédica en que se trata de sintetizar una serie de materiales de orígenes bien diferentes.

Equilibrio

La transición española apunta que los grupos violentos, lejos de desestabilizar la transición, consiguieron fortalecerla, ya que para evitar una deriva violenta, colectivos muy diversos, desde herederos del franquismo hasta comunistas, se vieron obligados a negociar y a llegar a acuerdos. Casals rechaza la teoría conspirativa de algunos autores, según la cual había una “estrategia de la tensión”, acordada por la extrema derecha y la extrema izquierda, para acabar con la transición. Casals se decanta más bien por la existencia de un “equilibrio de terror”: la presión simultánea de los grupos armados de extrema izquierda y de extrema derecha acabaron por reforzar a los grupos situados en el centro. La violencia habría tenido un efecto contrario al deseado por sus autores, que confiaban con entrar en una espiral de acción-reacción que llevara a una situación explosiva y a un cambio revolucionario.

No todo era negociable

Una de las cosas que queda clara en esta obra es que el redactado de la Constitución no dependió sólo de la voluntad popular, sino que en buena parte fue acondicionado por el ejército. El rumor de sables constituyó la banda sonora de la transición. Fraga afirmó, abiertamente, que en la democratización “no todo era negociable”. En La transición española se revela que varios aspectos de la Constitución fueron decididos por la presión de las fuerzas armadas: la indisoluble unidad de España, la suspensión de derechos en caso de terrorismo… Pero también hubo puntos que se pactaron con el fin de desarticular la amenaza de los grupos terroristas: el régimen fiscal especial para el Canarias y para el País Vasco, la posibilidad de incorporar Navarra a Euskadi…

La extrema derecha y el bunker

El libro se pregunta en muchas ocasiones sobre las complicidades entre los grupos armados de ultraderecha y el llamado bunker, los poderes fácticos franquistas que se negaban a democratizar el país. Casals constata que no hay una división clara entre grupos ultraderechistas y fuerzas de orden público; actúan en colaboración. De hecho, significativamente, las fuerzas policiales no mataron ni a un solo ultraderechista, y en cambio, provocaron numerosas víctimas de grupos de extrema izquierda e independentistas. Queda clara la combinación entre ambos sectores en la guerra fría contra ETA. Pero también en numerosos otros casos. Ahora bien, finalmente Casals apunta que en algunos casos los ultraderechistas fueron manipulados por las fuerzas de seguridad. La relación, pues, sería bastante ambigua.

Juego sucio

El papel de los servicios secretos y de los servicios de información en la transición fue muy complejo. No faltaron los casos escandalosos: por ejemplo, en 1977 los servicios secretos prepararon un falso atentado contra el Rey en Mallorca con el objetivo de que se les atribuyeran más recursos. También queda claro que el atentado de un grupo anarquista contra la sala de fiestas Scala estuvo dirigido y coordinado por un confidente policial. Y en los enfrentamientos de Montejurra en 1977 entre diferentes facciones carlistas, también tuvieron un turbio papel grupos parapoliciales. Ahora bien, los servicios secretos fueron muy autónomos durante bastante tiempo, y no queda claro si actuaron por cuenta propia o por encargo del Gobierno.

Los terrorismos

Casals pone énfasis en la existencia de cuatro polos de terrorismo, con diferentes tipos de terrorismo en cada uno, durante la transición. En Barcelona se concentraba el terrorismo anarquista, y había una fuerte presencia de grupos violentos ultraderechistas y focos armados independentistas. El País Vasco actuaba ETA, y también diferentes grupos ultras. En Madrid se concentraba el terrorismo de ETA, el del GRAPO y el de los grupos ultras. Y en Canarias había un pequeño movimiento armado independentista, que ponía en peligro la estabilidad del Estado al internacionalizar su reivindicación. Las fuerzas de seguridad pudieron ir neutralizando los diferentes grupos: el MPAIAC canario a través de un atentado contra Antonio Cubillo, su máximo dirigente; los grupos anarquistas mediante el caso Scala; los grupos independentistas catalanes sufrieron un fuerte rechazo popular después de los atentados contra Bultó y Viola, que los llevó a su extinción…

El efecto ETA

El único grupo que durante décadas supuso un riesgo de desestabilización para el Gobierno español fue ETA. Casals apunta que ETA estuvo en el origen del bunker: fue el proceso de Burgos el que empezó a movilizar la reivindicación del poder para el ejército, que se convertiría en el leitmotiv de los grupos involucionistas durante toda la transición. Más adelante, después de la muerte de Franco, la reacción contra ETA sería el principal catalizador del nacionalismo español. Y el sacrificio en vidas humanas del ejército y de las fuerzas de seguridad en manos de ETA fue el principal motivo para no depurar las fuerzas armadas a pesar de su ultraderechismo: hasta hoy. ETA, al fin, constituyó un obstáculo para una democratización en profundidad de la sociedad española. Trajo pretorianismo, guerra sucia, torturas, falta de transparencia, centralismo, corporativismo de los policías y guardias civiles…

El Rey sin propaganda

Muchas veces se ha mitificado al Rey como el salvador de la democracia española el 23-F. Casals reconoce que Juan Carlos paró el golpe en un momento en qué los partidos y la ciudadanía no actuaron. Y, a pesar de todo, apunta que el Rey tuvo una responsabilidad clara en los hechos. En primer lugar, de forma inconstitucional, presionó a Suárez para que dimitiera. Y, además, tuvo conversaciones con Armada y con otros actores políticos de cara a la constitución de un gobierno de unidad nacional dirigido por un militar (el llamado “golpe blando”). De esta forma habría vulnerado la Constitución que establece que los militares tienen que estar apartados de la política. Así pues, Joan Carles sería el bombero pirómano, que apaga el incendio que ha contribuido a encender.

Un 23-F muy amplio

Casals considera que el 23-F implicó a mucha más gente que la que se juzgó. Y apunta que el “golpe blando” movilizó a mucha gente que actuó en contra de los principios democráticos: apunta que en él habría tenido un papel relevante el expresident Tarradellas, pero que también habría involucrado a gente como el alcalde socialista de Lleida, Antoni Siurana, o el presidente de la CEOE, Joan Rosell. Argumenta que el consejo de guerra no lo investigó en profundidad expresamente, porque el número de implicados era elevadísimo.

Desmitificador

Casals apunta que el escrutinio del referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 podría haber sido manipulado. Algunos testigos aseguran que se hincharon los datos de participación con el fin de simular que el 50% de los españoles habían votado a favor del texto, cuando en realidad no habría sido así. Se trataba de dar una imagen de consenso que convirtiera la Constitución en un elemento incuestionable e intocable del ordenamiento jurídico. Si esta maniobra existió, obviamente tuvo éxito.

Un largo engaño

Xavier Casals ha trabajado, básicamente, con libros y con prensa. Es decir, buena parte de los datos que aporta eran públicos, pero habían quedado ocultos, sumergidos bajo una avalancha de informaciones, de baja calidad, laudatorias de los partidos políticos mayoritarios y repletas de referencias hagiográficas al Rey y a los personajes clave del periodo. Queda claro que durante mucho tiempo los medios mayoritarios han tenido tendencia a despreciar ciertos aspectos incómodos de la transición que podían contribuir al cuestionamiento del actual sistema democrático.

La culminación de una trayectoria

Este es un libro muy sólido, de este tipo de obras de síntesis que sólo están al alcance de investigadores con un largo recurrido en una materia. Casals pone orden a una bibliografía muy dispersa, en una hemeroteca muy rica, y a algunos testigos excepcionales. Y todo eso rehuyendo teorías especulativas y reconociendo las contradicciones entre las fuentes: cuando hay hechos que no quedan claros, Casals lo explicita y no intenta forzar una explicación si no tiene pruebas. Un índice exhaustivo, una completa bibliografía y un buen aparato de notas hacen que este libro sea esencial para los investigadores. Y eso no saca que, por su ágil redacción, puede ser de gran interés para cualquier interesado en la historia reciente de España. En tiempo de cambio como los que corren, este es un libro esencial para entender las dinámicas de cambio en nuestro país.

Quizás ya basta

Ahora bien, pese a los evidentes méritos del libro de Casals, al fin hay un grave problema de fuentes, que no depende del investigador. Casals, en muchos casos, se ve obligado a sugerir varias hipótesis, que no puede corroborar por no poder acceder a los archivos. Así, buena parte del debate está basado en aquello que dijo uno o aquello que dijo otro. Testimonios poco fiables, de individuos que en muchos casos han estado implicados en hechos delictivos o que quieren borrar un pasado poco ejemplar. Algunas de las declaraciones en que se basa la reconstrucción de los hechos fueron hechas 30 años después de los sucesos, y eran diferentes de las hechas 20 años antes, o incluso de las hechas un día antes. En muchos casos los testigos se contradicen. Hay personajes clave que rehúsan aportar sus informaciones… Queda claro que algunos temas, sólo se pueden acabar de conocer si se da acceso a los investigadores a los archivos. “Hay cosas que es mejor no saber”, alegan bastantes de los implicados. La administración parece que está de acuerdo. A cuarenta años de la muerte del dictador, quizás es hora que tengamos derecho a conocer nuestro pasado. Hasta que no podamos saber qué sucedió, la transición no se habrá completado


¿CUÁL FUE EL IMPACTO DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN? LO ANALIZAMOS EN NUESTRA ÚLTIMA OBRA: “EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

mayo 24, 2016

Portada

Portada de La Transición española. El voto ignorado de las armas

ESTA SEMANA SALE A LA VENTA NUESTRO ÚLTIMO ESTUDIO SOBRE EL IMPACTO DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN, publicado por Pasado & Presente.

La obra va más allá de constatar la importante presencia de la violencia en el proceso democratizador (las estimaciones al respecto apuntan que se produjeron entre 500 y 700 víctimas mortales entre 1975 y 1982) y analiza su importante impacto político. De ese modo, incide en distintos episodios relevantes -la mayor parte de ellos no esclarecidos- y muestra cómo influyeron en la configuración de nuestro marco de libertades.

A continuación incorporamos la información de la contraportada, la de la web de la editorial y el sumario de la obra, para que los lectores eventualmente interesados en ella puedan hacerse una idea de su contenido.

También puede descarse el sumario en PDF aquí: Indice Voto ignorado de las armas

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Título: La transición española
Autor: Xavier Casals
ISBN: 9788494427268
PVP: 33€
Páginas: 791

“Durante la Transición, el voto de las urnas coexistió con el de las armas, de modo que la violencia política no solo fue importante, sino determinante. Pero esta violencia se volvió contra sus promotores y actores de tal modo que el ‘el partido armado’, tal vez instigado o manipulado por cuerpos, sectores o facciones del Estado, influyó claramente en el devenir político de España. De este modo, contribuyó a estabilizar la situación y facilitó la eliminación de eventuales alternativas, desde el carlismo hasta el movimiento libertario. Cuarenta años después cabe preguntarse: ¿se ha indagado realmente todo lo posible sobre episodios que dejaron un reguero de muertes? ¿Hubo ámbitos de la seguridad del Estado cuya autonomía pudo ser peligrosa para el propio Estado? ¿Ha sido generosa la democracia con las víctimas del terrorismo de la época?”

A través del seguimiento del papel del ejército y las fuerzas armadas, desde el asesinato de Carrero Blanco hasta el 23-F, Xavier Casals construye un amplísimo fresco histórico donde analiza el papel de la ETA, la ambivalente posición del Rey, la guerra del Sáhara, los Grapo, Salvador Puig Antich, Fraga y los hechos de Montejurra, Carrillo, Suárez y muchos otros aspectos ocultos y novedosos que arrojan luz sobre un proceso que distó mucho de ser pacífico y transparente como se ha venido afirmando. Una política profundamente definida por la presión del ejército y distintos grados de violencia que condicionaron los tempos y modos de una balbuceante democracia y una dictadura agónica.

La Transición fue sin duda una Transición de Plomo.

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ÍNDICE

Introducción. La Transición: ¿amada o armada?
La Transición feliz o el fracaso de los violentos 12
La Transición más sangrienta de Europa 14
¿Un terror dirigido desde el poder? 16
La gran paradoja: El terrorismo «estabilizó
desestabilizando» 18
El voto ignorado de las armas 19
Una coda personal 21

PRIMERA PARTE. DEL ASESINATO DE CARRERO A LA MUERTE
DE FRANCO: LA ANTESALA INCÓMODA DE LA DEMOCRACIA (1973-1975)

1. «Operación ogro»: Franco pierde a una figura decisiva 25
Carrero, la conexión de Franco con el mundo  26
El hombre del dilema: «tal como estamos no
podemos seguir»  28

2. ¿Habría sido posible la transición con Carrero? 29
¿Era Carrero un inmovilista? 30
El «gran hermano» del Régimen  31
El postfranquismo que Carrero concebía incluía al PSOE  34
¿Medió el almirante ante la Internacional Socialista?  35
¿Tuvo el PSOE un estatus político singular?  37
Los contactos políticos del SECED: ¿Una «pretransición»
opaca?  39
Franco intuía cambios políticos profundos tras su muerte 40
La vigilia del asesinato: la soledad del poder  41
¿La muerte de Carrero facilitó la democratización? 43
Una nueva era política  46

3. ¿Existió una conspiración contra el almirante? 49
¿La CIA y el KGB contra Carrero?  49
Un complot sin rastro en los archivos 51
Carrero, una garantía de estabilidad para Nixon 52
¿Un complot en el seno del Régimen? 53
La sorprendente libertad de movimientos de ETA  54
«Todo es posible en Granada» 57
¿Éxito de ETA o fracaso descomunal de los cuerpos de
seguridad?  59
Carrero, un mártir político sin creyentes  61

4. El magnicidio precipita el ocaso del régimen 63
Evitando el «fuego amigo» y explorando al enemigo  64
Franco sobre Carrero: «No hay mal que por bien no
venga» 65
Una nueva «familia política» entra en escena:
la de El Pardo 67
La hora de las conspiraciones: todos contra todos  69
Una oposición armada incesante 73

5. ETA, el legado franquista más envenenado 75
La «guerra del Norte», un conflicto decisivo  75
La gestación: la disidencia juvenil
del PNV (1952-1959) 78
La conversión en un movimiento de liberación
violento (1959-1968) 80
El gran salto: del asesinato de Manzanas al de
Carrero (1968-1973) 82
El gran cisma de ETA: milis y poli-milis (1973-1975)  86
Las contradicciones insalvables de ETA  89

6. La «guerra del Norte» o la forja de la involución política  91
El consejo de guerra que alumbró la ultraderecha 91
Ruido de sables y desconcierto del Gobierno  92
Un Ejército dividido y tensionado 96
Los últimos estertores del ultranacionalismo pretoriano  97
El País Vasco o la «patria invisible» 100
De militares a ultrapatriotas: Antonio Tejero como ejemplo 101
La involución que vino del Norte 105

7. Los oscuros inicios de la «guerra sucia» contra ETA  107
¿Se opuso Carrero a la «guerra sucia»? 107
¿Cuándo empezó la «guerra sucia»? 110
¿La lucha contra ETA fue «teledirigida» o autónoma? 116
El origen del Batallón Vasco Español 118
La ansiada venganza del almirante: el asesinato de «Argala» 121
¿Conoció el Gobierno la «guerra sucia» contra ETA? 122

8. ETA, los «infiltrados» policiales y los servicios de
inteligencia: el inicio de los misterios de la transición
125
Ultraderecha y servicios de inteligencia: unas pasarelas
porosas  125
El protagonismo de la OCN en la crisis del proceso de
Burgos 127
La muerte de Carrero: el SECED ante la amenaza de ETA 129
El falso diario de «Argala» o el complejo juego político del
SECED 133
Conesa y los enigmas del atentado de la calle del Correo 135
Un experto en infiltraciones forjado en la postguerra 139
¿Controló Conesa el FRAP, el GRAPO y el MPAIAC? 141
¿Hasta qué punto fue espontánea la violencia de la
Transición? 145

9. El desafío de las utopías armadas 147
El FAC: una intensa actividad sin eco mediático 147
Epoca: el enigmático «ejército» catalán oculto 149
El activismo libertario: el MIL y Salvador Puig Antich 151
La lucha armada de Unión do Pobo Galego 153
La izquierda maoísta insurreccional: el PCE ml y el
FRAP 155
Septiembre de 1975: los últimos fusilamientos del Régimen 157
Flaquean las movilizaciones franquistas e irrumpe el
GRAPO 159
La hora del MPAIAC y de las Fuerzas Armadas Guanches 160
Del 20-N al 26-N: siete días para cambiar la historia 164
El entierro de Franco o el principio del fin del Régimen 166
Adiós a una era: Delle Chiae y Pinochet se cruzan en
España 167

Epílogo. pretorianos, policías y espías:la oscura bisagra del cambio político 169

Pretorianos al acecho: la paranoia ante el «enemigo interno» 170
La revolución de los claveles o el ignorado laboratorio
portugués 171
«Los hundidos y los salvados»: Juan Creix y Roberto
Conesa 173
Un viejo mundo policial que se transforma,
pero continúa 176
Militares metidos en política: Promesa y Godsa 178
La sombra alargada de la dictadura: una democracia
sin edad de oro 181
Cuatro teatros decisivos: Madrid, Cataluña, País Vasco
y Canarias 182

SEGUNDA PARTE. LA TRANSICIÓN DE PLOMO: URNAS, PERO TAMBIÉN ARMAS (1976-1980)

10. El gobierno Arias: el ensayo fallido de la transición 187
Las tensiones de fondo: Arias y el Rey y la reforma de Fraga 187
El orden público como obsesión: los sucesos de Vitoria  190
El «miércoles negro» de Vitoria, fosa de Fraga y pedestal
de Suárez 192
El inicio de la dinámica pretoriana: la primera
conspiración militar 194
El coste arriesgado de apoyar un golpe de Estado en
Portugal 197
Montejurra o los «agujeros negros» en el seno del Estado 198
La lucha clandestina contra ETA continúa: la «Operación
Pancorbo» 199
La «guerra del Norte» se desplaza al sur de Francia  203
El Gobierno Arias: mucho más que un paréntesis político 205

11. «Montejurra 76»: el día que pudo morir la transición 207
Franco y el carlismo: una ruptura que empezó en 1937  207
De pilar del Régimen a fuerza de la oposición 208
El cisma carlista: socialistas y contrarrevolucionarios  209
Una jornada particular 210
Interpelación en las Cortes sin respuesta  211
Una operación urdida en el seno del Estado 212
El resultado inesperado: todos pierden  214
Fraga y Montejurra: preguntas sin respuesta  215
El fin de la alternativa dinástica socialista  219
El carlismo contrarrevolucionario: la extraña derrota  220
Delle Chiae y el neofascismo internacional se hacen visibles 222
Sixto Enrique, un nuevo líder para la ultraderecha 223
¿Incentivó Montejurra el recurso del Estado a los
mercenarios? 224
¿Existió una agenda oculta en la «Operación Reconquista»? 225
Una nueva hipótesis: ¿El objetivo era matar a Carlos Hugo? 227
«Operación Bienvenida»: el complot para asesinar
a Tierno Galván 228
Conclusión: tres interpretaciones distintas de Montejurra 231

12. La reforma de Suárez: cambio político y crímenes
en la impunidad
   233
La fórmula mágica: «De la ley a la ley»  233
Suárez, la gran apuesta del monarca  235
La reforma política se acelera  236
La presión pretoriana: de la «influencia» a la «extorsión»  237
El suicidio de las Cortes franquistas: ¿Voluntario o forzado? 240
Crímenes impunes: los «incontrolados» de ultraderecha  243
«Pertur»: ¿Víctima de ETApm o de la «guerra sucia»?  246
El camino hacia la «semana trágica» de enero 1977 249

13. La «semana trágica» de Madrid: ¿estrategia de
la tensión o equilibrio del terror? 
251
Una «semana trágica» decisiva en la legalización del PCE 252
Retorno del PCE y desaparición de la Falange oficial 256
El PCE, la última frontera  257
El mapa político se desplaza a la derecha 259
¿Estrategia de la tensión o equilibrio del terror? 260

14. La derrota del Grapo y la Triple A: zonas de
penumbra y «esferas de poder» ocultas
 263
El Grapo y la ceremonia de la confusión 264
Las negociaciones fallidas del Gobierno con el Grapo 267
La Triple A, una pantalla política de origen argentino 268
La muerte de Arturo Ruiz las extrañas conexiones de la
ultraderecha 270
¿Una maniobra contra Delle Chiae?  272
El enigmático Sánchez Covisa 274
Atocha: anatomía de un extraño asesinato 276
¿Existieron «esferas de poder» relacionadas con el crimen? 280
¿Una masacre inducida? Los testimonios de ultraderecha 284
La extraña noche del 24 de enero  286
Cuerpos de seguridad y ultraderecha: unas relaciones
peligrosas 288
La ultraderecha, la otra gran perdedora de la «semana
trágica»  290
El equilibrio del terror: un factor determinante 292

15. El ejército: ruido de sables ensordecedor y amagos
golpistas
 293
¿Tuvo lugar un amago golpista tras el secuestro de Oriol? 293
Insubordinación general: policías, guardias civiles y.
Milans 296
Los militares quieren substituir a Martín Villa por un general 298
Una agitada reunión de oficiales en el Casino Militar  299
«Las señales de alarma se encendieron. Todas»   300

Guerra de papel en las salas de banderas  302
La legalización del PCE: las FAS pierden confianza en el
Gobierno 303
La presión pretoriana aumenta: de la «extorsión» militar
a la «suplantación» 305

16. La creación de un nuevo marco político (1977-1980) 307
El franquismo reformista o la ceremonia de la confusión:
UCD y AP 307
Los caminos invertidos de PSOE Y PCE: radicalización
y moderación  310
El sistema electoral, la clave para frenar a la izquierda 312
Tarradellas o el cortocircuito de un «país catalán rojo» 313
El País Vasco, el gran desafío de la democracia  316
El Estatuto vasco no evita el terrorismo ni el exilio  319
La Constitución: nacionalidades y amanuenses castrenses
invisibles 322
¿Hubo manipulación en el referéndum de la Constitución? 325
Ante la desmovilización ciudadana, respuesta armada 327

17. La gran amenaza: la «guerra del Norte» y los impulsos pretorianos  331
¿Un Beirut vasco?  332
ETA: una guerrilla formidable 334
La «guerra sucia» más opaca 335
El fin nunca aclarado de la primera «guerra sucia» 339
¿Conocía el Gobierno la actividad contraterrorista ilegal? 340
La «Operación Galaxia»: el ensayo del 23-F 343
La agitación castrense aumenta: ¿Una ocupación militar
de Euskadi?  346
Los complots contra Suárez se activan: surge el «golpe
de timón»   349
Se abre el camino de la gran crisis de febrero de 1981   352

18. Madrid, el gran escenario del golpe de Estado 357
La ultraderecha: desconcierto y protesta de la España
interior 358
El breve fulgor de Fuerza Nueva  359
Un dilema irresuelto: ¿Integrarse en el sistema o destruirlo? 362
La irrupción del neofascismo extraparlamentario: del FNJ
al FJ 364
La violencia como vía de iniciación política 367
El «caso Yolanda» y sus raras conexiones con la seguridad
del Estado 369
Tramas negras: el mito supera a la realidad 371
La capital, el gran escaparate de la violencia del Grapo 372
Del clímax a la caída: la campaña «ciento por uno»  374
Golpistas dando palos de ciego 376

19. El «caso Papus» y el ocaso de la ultraderecha
violenta en Cataluña   379
Las siglas pantalla: el GAS y la Triple A 380
Juventud Española en Pie [JEP], los últimos «incontrolados» 381
El atentado contra «El Papus»: el techo de cristal de las
libertades 383
Un largo proceso judicial que comportó el cierre de la
revista  385
La ultraderecha: desconcierto y sospecha de
instrumentalización 386
La policía: varapalo y orden de «desenervar» a la extrema
derecha  387
Un crimen sin resolver y unos archivos inaccesibles  389
El fin de una época  391

20. El «caso Scala» y el declive del movimiento libertario 393
La CNT-FAI: el peso del pasado y las guerras internas  393
Los años setenta: el «boom neoanarquista»  396
Un renacer libertario lleno de contradicciones  397
La reconstrucción de la FAI el camino hacia la quiebra
de la CNT 400
El atentado de la sala Scala 403
Un extraño servidor del Estado llamado Joaquín Gambín 406
La confesión de un provocador a sueldo408
La CNT plantea aspectos oscuros del atentado 410
El impacto del atentado en la CNT y el movimiento
libertario  411
La corta primavera de la anarquía 413

21. Los casos «Bultó y Viola» y el fracaso de una «ETA
catalana»  415
La irrupción estrepitosa de Epoca: la muerte de Bultó 415
La opción desechada en 1977: una «diada» sangrienta 416
La muerte de Viola 417
Un rechazo político y social generalizado 418
El final de Epoca: un eclipse imperceptible 419
La larga odisea judicial: de Madrid a Estrasburgo 420
Los misterios por resolver de Epoca: ¿Quién la promovió
y para qué?  422
Epoca y la extraña historia del cadáver de un agente
del Mossad  423
Terra Lliure: la apuesta por la propaganda armada 424
¿Por qué no existió una «ETA catalana»?. 427
El protagonismo invisible del nacionalismo militarista
catalán 428
ETA es el referente, pero no el modelo 431
Nacionalismo y armas en Cataluña y Euskadi: un juego
de espejos 432

22. La amenaza argelina sobre las canarias: el MPAIAC
y el «caso Cubillo» 35
Un problema que se agrava: la «africanidad de
Canarias» 436
Presiones atlantistas: ¿EE.UU. también quiere al
MPAIAC? 438
Una tragedia inesperada de la «propaganda armada»: Los
Rodeos 440
«Operación Lejía»: primer atentado conocido contra
Cubillo en Argel 442
Luis Espinosa, infiltrado de Conesa y «fabricante» de
atentados 443
«Operación Mallorca»: el atentado contra Cubillo y sus
consecuencias 447
El inicio del deshielo del contencioso hispano-argelino
(1978-1979) 449
El lento final del contencioso: de Monrovia a Nairobi
(1979-1981)  452
El eclipse de la brillante carrera de Conesa: más sombras
que luces  453
¿Quién ordenó matar a Cubillo?  455
La «africanidad» de Canarias, el mayor reto exterior del
Gobierno  455

Epílogo. rumbo hacia el 23-F  459
El escollo del 28-F andaluz y su salida inconstitucional 459
La soledad de Suárez: acoso enemigo y fuego amigo   462
La combinación fatídica: frialdad regia y complots políticos 464
Aguas profundas: operaciones en marcha para derribar
al presidente   467
Enero de 1981: Suárez en el ojo del huracán  468
La dimisión: la respuesta de Suárez al Rey y la «solución
Armada»  472
¿Un paso atrás para dar un salto adelante?  476
El gaullismo español que no fue   477

TERCERA PARTE. TIEMPO DE GAULLISTAS Y PRETORIANOS (1980-1982)

23. El «golpe de timón»: Armada y Tarradellas o la hora
del gaullismo 481
La sombra del general De Gaulle en España 482
Tarradellas, un presidente gaullista 483
Armada, un admirador de De Gaulle 485
La relación de Armada y Tarradellas 486
Tarradellas y Armada, dos «ganadores-perdedores»  487
¿Por qué Tarradellas reclamó un «golpe de timón» ya
en 1979? 489
Un adiós dolido a la política catalana 491
Enero de 1981: Tarradellas conoce y espera la «solución
Armada» 492
El fracaso del «golpe de timón» 494
La «herida luminosa» de la Cataluña autónoma  497
Tarradellas en los años crepusculares: una
interpretación  499

24. La «solución Armada»: del gaullismo al golpismo  501
¿Uno o varios «23-F»?
Un golpe de Estado de difícil reconstrucción 502
La «solución Armada» o la punta de lanza contra Suárez 503
La trama parlamentaria y empresarial  504
El Rey y Armada: una relación peligrosa 509
La búsqueda de apoyos internacionales: EE.UU. y
el Vaticano 510
Los pilares militares: Armada, Milans, Tejero. ¿y Cortina? 511
La trama militar se articula  513
Armada concibe un «plan B» las vísperas del 23-F 515
El asalto al Congreso: fulgor y muerte de la «solución
Armada» 519
Los capitanes generales meditan sobre el camino a seguir   523
El CESID y el golpe: ni sí ni no, sino todo lo contrario 526
El «gaullismo español» murió al nacer 530

Epílogo. la sombra alargada del 23-F y el espejismo
gaullista  533
El golpe: ¿Un fracaso no tan anunciado? 533
¿Habría sido posible un «gaullismo español»?  534
Las ambigüedades de la «solución Armada»: una
democracia limitada   537
Un 23-F alternativo y un asesinato nunca aclarado 540
El impacto político olvidado del 23-F 546
Los últimos coletazos golpistas: del 27-O de 1982 al caso
De Meer  548
La clave del fracaso pretoriano: una «democratización por
sorpresa» 552

CONCLUSIONES

El «partido armado»: el partido invisible  555
1. El voto de las armas o un «partido armado» decisivo 556
2. La violencia abrió y cerró las compuertas de la
Transición  557
3. Una cartografía de la violencia con implicaciones
políticas 558
4. «Banderas rotas»: la eliminación de alternativas políticas 560
5. Una reinterpretación de la violencia política en la
Transición 562
¿«Affaire d’État, rien à faire»?  564

Notas 567
Siglas empleadas  701
Bibliografía  709
Índice alfabético  741