ESPECIAL ANIVERSARIO 23-F (1): ¿QUÉ PASÓ EL 23-F DE 1981?*

febrero 17, 2019

general-armadaEl general Alfonso Armada en el Congreso de los diputados.

 

Especial 23-F: ante la cercanía de esta fecha, reeditamos las entradas publicadas en el blog sobre el fallido golpe de Estado. La información presentada en ellas, la hemos ampliado, matizado o revisado en nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas.

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¿QUÉ PASÓ EL 23-F DE 1981? PARA ENTENDERLO HAY QUE RETROCEDER AL 1980. Suárez había ganado los comicios del año anterior, pero vivía el peor momento político. El presidente perdía la confianza del monarca, la UCD se hacía añicos y el PSOE hacía una dura oposición con ansia de tocar poder, mientras la crisis económica y un pretendido desbarajuste autonómico creaban inquietud por todas partes. A la vez, se tejían tramas golpistas y ETA alcanzaba el récord criminal con 215 acciones y 97 muertos, cosa que exacerbaba tensiones en el seno de los cuerpos armados.

En este marco, Alfonso Armada, un general conservador y monárquico, tuvo éxito en unir las diversas tramas golpistas y políticas contra Suárez bajo su amparo para presidir un gobierno de unidad de los grandes partidos, militares y miembros del mundo empresarial. Los promotores de esta solución la justificaron haciendo un símil con la Francia de 1958, cuando un alzamiento militar partidario de la Argelia francesa exigió el retorno al poder de Charles de Gaulle con poderes excepcionales, de forma que Armada sería un “De Gaulle español”. Para conseguirlo, el general articuló una vía constitucional de acceso a la presidencia, mediante una moción de censura, y otra “pseudoconstitucional”, que pasaba por crear un hecho excepcional para que los diputados lo invistieran presidente.

¿Y si Armada hubiera sido investido presidente?

Pero Suárez frustró la vía constitucional de Armada en dimitir de forma repentina el 29 de enero de 1981 y designar a un sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo. Entonces el general activó la otra, que pasó por la ocupación del Congreso el 23 de febrero por Antonio Tejero y la salida de los tanques en Valencia por orden de Jaime Milans del Bosch. Pero cuando Armada fue a las Cortes a proponerse como presidente, Tejero se negó al ver que quería hacer gobierno con socialistas y comunistas y el proyecto fracasó. Cuando el rey compareció aquella noche por televisión y se opuso al putsch, remachó el clavo. Estas son las coordenadas del golpe fallido, bien explicadas en la tesis doctoral de Roberto Muñoz, que expurgó el sumario del caso y lo contrastó con las fuentes disponibles: 23-F (2015).

Sin embargo, no se ha meditado para nada sobre qué habría pasado si ese día Armada hubiera sido investido presidente: ¿el Congreso y el monarca lo habrían podido revocar al día siguiente fácilmente?, ¿la democracia no habría quedado tutelada por los pretorianos y la vida política hibernada? Posiblemente falta interés en plantear estas cuestiones porque el rey vio con buenos ojos la vía constitucional de Armada, como también lo hicieron figuras de UCD, del PSOE, de AP y de ámbitos mediáticos y empresariales. Pero después todos callaron como muertos y el 23-F quedó codificado como una “militarada” condenada al fracaso de antemano y Armada como el gran malo de la película. Ya sabemos que la memoria es selectiva, pero la del 23-F es amnésica. ¿Por qué será?

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* Artículo publicado en el diario catalán Ara (23/II/2016). Fue publicada inicialmente en este blog el 23-F de 2016.


¿CUÁL FUE LA RELACIÓN DE FRANCO Y LA FAMILIA REAL? ¿Y CON EL CARLISMO? ¿HUBO OTROS CANDIDATOS AL TRONO MÁS ALLÁ DE JUAN CARLOS? LO EXPLICAMOS EN “FRANCO Y LOS BORBONES. HISTORIA NO OFICIAL DE LA CORONA ESPAÑOLA”

febrero 8, 2019

 

X. Casals, Franco y los Borbones. Historia no oficial de la Corona española, Ariel, Barcelona, 2019, 684 pp., ISBN: 978-84-344-2970-3.

 

PESE A QUE LAS VISIONES DOMINANTES SOBRE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA han proyectado la idea de una continuidad dinástica inalterada entre Alfonso XIII, Don Juan de Borbón y Juan Carlos I, la realidad fue muy distinta.

Esta obra analiza las relaciones entre Francisco Franco y la familia real alfosina y carlista. Lo hace desde sus orígenes –cuando Franco devino un militar favorito de Alfonso XIII, quien le nombró gentilhombre de cámara- hasta el final de su vida. El resultado es una historia coral que describe como el dictador jugó una gigantesca partida de ajedrez consigo mismo al establecer su sucesión.

De este modo, maniobró con las aspiraciones de alfonsinos y carlistas, multiplicó los pretendientes al Trono para neutralizar sus apoyos y se mantuvo como árbitro último entre las diversas facciones. Fue así un rey sin Corona, que encarnó el tránsito de la figura del “rey soldado” representada por Alfonso XIII a la del “soldado rey”, en un régimen de poder personal cuyo antecedente fue la dictadura militar de Miguel Primo de Rivera (1923-1930).

El ensayo se estructura en tres partes. La primera la dedica al período 1902-1941, con el título “Alfonso XIII y Franco. Del ‘rey soldado’ al ‘soldado rey’”, y analiza las trayectorias personales de éste último soberano y las de Franco, mostrando cómo ambos se conocieron y cómo el militar se labró fama en España. Termina con la muerte de un Alfonso XIII desengañado de la lealtad de Franco, pues fallece en su exilio en 1941 sin haber sido coronado ni él ni su hijo y sucesor Don Juan tras finalizar la Guerra Civil. Antes de morir, dedicó a su protegido amargas palabras: “Elegí a Franco cuando no era nadie. Él me ha traicionado y engañado a cada paso”.

La segunda parte, que abarca la etapa 1941-1948 (“Franco y Don Juan, la pugna de dos reyes sin corona, 1941-1948)”, examina la sinuosa trayectoria política de Don Juan de Borbón durante la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra. Por consiguiente, expone la complicada relación entre Don Juan y Franco, pues éste último sabía que sólo le podía desplazar del poder una restauración monárquica, ya que la de una Tercera República era harto improbable por la división de su oposición y la desfavorable imagen que ésta había proyectado durante la Guerra Civil.

En este contexto, Don Juan exploró contactos con el Tercer Reich y la Italia de Mussolini, a la vez que su candidatura al Trono fue una posibilidad tangible en 1941 cuando Gran Bretaña pensó en crear un gobierno alternativo a Franco en las Canarias si España entraba en guerra junto al Eje. Franco, aunque renunció a ser Rey (pues su entorno se lo planteó), afirmó su posición creando nuevos candidatos al Trono (como “Carlos VIII”) y en 1947 instauró su monarquía electiva con la Ley de Sucesión, que le permitía elegir su sucesor a título de Rey y cambiar al escogido si éste no resultaba de su agrado.

Don Juan, viendo que los Aliados no derribarían a Franco, se instaló en Estoril pensando que desde allí podía llegar rápidamente a Madrid si se producía un golpe de Estado. Entonces desplegó una zigzagueante política a múltiples bandas: flirteó con la oposición, incluyendo socialistas y anarquistas (los “anarcomonárquicos”), se aproximó al carlismo y, finalmente, trató directamente con Franco. En 1948 alcanzó un acuerdo con éste a bordo del yate “Azor” para que su hijo Juan Carlos –Juanito– se educara en España bajo la tutela del autócrata. Ello cercenó sus posibilidades como candidato al Trono de la oposición a la dictadura e hipotecó su actuación posterior.

De forma paralela, como muestran estas dos primeras partes de la obra, Franco rompió con la familia real carlista, encabezada por Don Javier de Borbón-Parma, ya durante la Guerra Civil. Así las cosas, en la posguerra promocionó un candidato tradicionalista, erl citado “Carlos VIII”, originando un efímero movimiento “carlo-octavista”. De esta forma, las relaciones entre el dictador y la esfera carlista se tensionaron.

La tercera parte (“De Franco a Juan Carlos I: del ‘soldado rey’ al rey constitucional, 1949-1978)”) analiza la compleja llegada al Trono de Juan Carlos. Durante el período examinado, se produjo un relieve generacional entre los diversos pretendientes al Trono. Si Juan Carlos devino el nuevo pretendiente alfonsino -a pesar de su padre Don Juan-, también lo fue Alfonso de Borbón Dampierre (primogénito de Don Jaime, el hermano mayor sordomudo de Don Juan) y Carlos Hugo de Borbón-Parma, primogénito de Don Javier.

El ensayo analiza sus respectivos matrimonios en la carrera hacia el Trono y examina como Juan Carlos logró perdurar como candidato final de Franco en un contexto no siempre favorable. Especialmente cuando Alfonso de Borbón Dampierre se casó con la nieta del Caudillo y Carmen Polo y su yerno, el marqués de Villaverde, acariciaron la posibilidad de que la pareja reinara.

El Epílogo (“De ‘rey soldado’ a ‘rey constitucional’, 1975-1978)”) muestra el proceso de desmantelamiento del régimen de Franco tras su fallecimiento y el vacío legal que creó la tardía renuncia de Don Juan al Trono, al existir un Rey de hecho -Juan Carlos- y otro de derecho, Don Juan. Finalmente, expone como la “gran partida” de ajedrez que Franco jugó con los diversos pretendientes dejó a las familias de estos rotas y truncadas: el Rey se enfrentó con su padre; Carlos Hugo con dos de su hermanos y Don Jaime, su primogénito Alfonso y su nieto tuvieron trágicas muertes.

En las conclusiones (“Diez tesis sobre la monarquía instaurada”) se ofrece una visión general de diversas cuestiones abordadas en el libro, planteando -entre otros temas- si el franquismo fue un paréntesis dinástico o una etapa de formación de reyes. El estudio cuestiona numerosos tópicos ampliamente extendidos, cómo el de las supuestas penurias económicas de la familia real o la continuidad dinástica entre Alfonso XIII y Juan Carlos I, y advierte cómo actualmente se ha pasado de la idealización de la monarquía a la vulgarización de esta institución.

Una coda final actualiza la información y bibliografía para la edición presente, ya que esta es una reedición de Franco y los Borbones (Planeta, 2005) que incluye aspectos relevantes sobre el tema de la obra y las aportaciones bibliográficas acaecidas desde su primera aparición.

Puede verse aquí el sumario y un fragmento de la obra en PDF por cortesía de la editorial Portada-Sumario-Fragmento-Franco y los Borbones


VOX: ¿PACTO DE GOBIERNO O AISLAMIENTO?*

diciembre 19, 2018

Ilustración de este artículo de Leonard Beard en la edición original del presente artículo en El Periódico (17/XII/2018).

¿QUÉ OPCIÓN PUEDE EROSIONAR MÁS EL POTENCIAL CRECIMIENTO DE VOX: PACTAR UN GOBIERNO CON ELLA O AISLARLA EL RESTO DE PARTIDOS MEDIANTE UN “CORDÓN SANITARIO”? Esta disyuntiva que se plantea en Andalucía no tiene respuesta clara porque hoy la formación ultraderechista, sea cual sea la opción tomada, se beneficia de las dinámicas políticas que imperan en esta comunidad.

De este modo, si se decide excluir a Vox con un ‘cordón sanitario’ que la margine de la política institucional, esta formación no perderá nada quedándose en la oposición. El cerco posiblemente dará alas a su discurso que afirma que sus rivales conforman una oligarquía de partidos solo preocupada por medrar. A la vez, si el PP y Cs logran hacerse con la Junta con la abstención del PSOE, Vox denunciará que no hay un cambio real. Y si ambas fuerzas finalmente no cambian el Gobierno andaluz tras comprometerse a ello durante la campaña, Vox clamará contra la traición de lo que llama la “veleta naranja” (Cs) y la “derechita cobarde” (PP).

Influencia con un discurso beligerante

En el caso de pactar Cs y PP con Vox, este partido será decisivo en el Parlamento para mantener la mayoría de derecha y, pese a ser minoritario, podrá condicionar la política del Gobierno. Además, con tal acuerdo parece poco probable que Cs y PP puedan desactivar a Vox, pensando que esta formación atemperará su discurso alser copartícipe del Ejecutivo. Este protagonismo más bien estimulará su afán de ejercer influencia política recurriendo a un discurso beligerante.

En cambio, Cs y PP pueden salir perdiendo por dos motivos. Por una parte, porque gran parte de los sufragios de Vox proceden del PP y en menor grado de Cs. Así las cosas, un acuerdo entre las tres fuerzas puede facilitar esta fuga de votos si se crea la percepción en los votantes de que no existen fronteras ideológicas claras entre ellas. Y para Cs puede tener un gran coste si su vínculo con Vox la estigmatiza como derechista y pierde capacidad de establecer futuros pactos con el PSOE. No sorprende, pues, el rechazo a tal acuerdo de Manuel Valls y del líder de los liberales europeos, Guy Verhofstadt, ya que conocen los estragos políticos que causa la ultraderecha.

Por otra parte, Vox es constitucionalista en la medida que actúa en el marco de la Carta Magna, pero pretende cambiarla de modo cualitativo: sin ir más lejos, desea liquidar el Tribunal Constitucional y las autonomías, y ni siquiera la Corona tiene continuidad garantizada. El dirigente de Vox, Santiago Abascal, afirma en Hay un camino a la derecha (2015) que apoya a la Monarquía al favorecer la unidad de España, pero con reservas: “Yo soy español. Ni monárquico ni republicano. […] España, su soberanía y su unidad están por encima de la monarquía, de la república, de la Constitución y de la democracia”. Más diáfano no puede ser. Por esta vía, el PP y Cs pueden crear equívocos sobre su constitucionalismo al alinearse con un partido que pretende dar a la Carta Magna un planchado que la hará irreconocible. En este sentido, si ambas fuerzas accedieran a desmantelar Canal Sur o a devolver competencias autonómicas, como sugiere Abascal, el Estado de las autonomías que consagra la Constitución iría camino de ser un Estado a secas. No parece que ello vaya a beneficiar al PP y a Cs, que pueden parecer claudicantes ante Vox.

Pescar en las aguas de la protesta

Por último, los resultados de los comicios andaluces revelan un escenario propenso a la insurgencia política del que Vox es su manifestación más clara. En estas elecciones solo el 47,6% del censo electoral ha optado por los cuatro grandes partidos (PSOE, PP, Cs y AA). Ello implica una significativa crisis de representatividad, visible en diversos aspectos: una alta abstención (41,3%), el ascenso súbito de Vox (10,9%), un aumento del voto blanco y nulo (3,7%) y también del apoyo al PACMA, que duplica sus sufragios de 2015 (del 0,8% pasa al 1,9% del voto). Esta formidable insatisfacción parece ofrecer un rico caladero a quienes, como Vox, pescan en las aguas de la protesta.

En síntesis, no hay solución fácil al nudo gordiano andaluz, ya que no se resuelve incorporando Vox a un pacto de gobierno ni tampoco aislándolo. Una copla famosa expresa bien esta situación: “Ni contigo ni sin ti / tienen mis males remedio; / contigo, porque me matas / y sin ti, porque me muero”. Y es que resulta difícil manejar políticamente a Vox porque la ultraderecha es inmanejable. Más bien esta maneja a sus compañeros de viaje (basta mirar a Italia). Quienes estén valorando pactar con Vox deberían tomar buena nota de ello.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (17/XII/2018): Xavier Casals, “Vox: ¿pacto de gobierno o aislamiento?”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


ASÍ FUE EL ENTIERRO DE FRANCO: EL 23-N Y LA “OPERACIÓN LUCERO”*

noviembre 24, 2018

Entierro de Franco en el Valle de los Caídos, el 23 de noviembre de 1975 (imagen de EFE).

 

EL DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE TUVO LUGAR EL ENTIERRO DE FRANCISCO FRANCO, que se desarrolló según un minucioso plan del Servicio Central de Documentación [SECED], dependiente del presidente Carlos Arias. Fue la “Operación Lucero”, que un exmiembro de ese ente, Juan Mª de Peñaranda, expuso en un ensayo homónimo (Operación Lucero, 2017). Este operativo quiso garantizar que el entierro de Franco transcurriera con normalidad y elaboró un protocolo que cubrió todos los aspectos de la muerte del dictador, desde su uniforme mortuorio hasta la jura del príncipe Juan Carlos como sucesor. Tal diseño tuvo su origen en el asesinato de Luis Carrero Blanco en diciembre de 2013, pues entonces el régimen improvisó las honras fúnebres, lo que se quiso evitar al fallecer el dictador.

Temor a alborotos y aislamiento internacional

Así, para evitar problemas de orden público se hizo un seguimiento de la oposición y se detuvo a los líderes del PCE del interior. A la vez, se observó las movilizaciones ultraderechistas al temer incidentes, pues circuló el rumor de que un núcleo de excombatientes quería presionar al Rey para que hiciera un juramento público de lealtad al régimen y al Movimiento.

En este marco, a las 7 de la mañana del día 23 se cerró la capilla ardiente de Franco en el Palacio de El Pardo y le velaron los miembros del Consejo de Regencia y del gobierno. A las 10 se celebró un multitudinario funeral de córpore insepulto en la plaza de Oriente que presidieron los flamantes monarcas. El cardenal primado de España, Marcelo González, hizo la elegía del dictador. Le asoció a la cruz y la espada, símbolos en los que “se encierra medio siglo de nuestra historia patria”, pero señaló que “recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable”. También se constató el aislamiento del país (en septiembre habían tenido lugar las últimas ejecuciones de la dictadura), pues la presencia de mandatarios extranjeros se limitó al rey Hussein de Jordania, el príncipe Rainiero de Mónaco, el vicepresidente norteamericano Nelson Rockefeller, la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos, y el dictador chileno Augusto Pinochet (que quedó fascinado por el Valle de los Caídos y comentó que le gustaría uno similar).

Tras la ceremonia, un camión militar Pegaso modelo 3050 acogió el cuerpo de Franco y partió hacia el Valle de los Caídos, en cuya fachada se colocaron 400 coronas mortuorias. El convoy funerario llegó allí poco después de las 13 horas y el abad de la basílica, Luis Mª de Lojendio, quiso ver el cuerpo de Franco, pero el ataúd estaba soldado.

 

Gentío en Cuelgamuros que aguarda la llegada de los restos de Franco (imagen de EFE).

El Valle de los Caídos entra en escena

Paradójicamente, el entierro de Franco en Cuelgamuros no obedeció a una decisión previa de Franco, sino de Arias. Según Peñaranda, el cadáver se llevó allí porqué “no había un sitio permanente en Madrid donde poder enterrarle”. Y apuntó que la familia del dictador fue informada, más que consultada: “Al inicio del otoño [de 1975] quizá Arias se lo dice a la familia… Y Doña Carmen [Polo] debió decirle: ‘Haced lo que os parezca más oportuno'”. De hecho, la hija de Franco afirmó que “no tenía ni idea de dónde quería ser enterrado” su padre.

En el Valle de los Caídos el féretro fue transportado por ayudantes de Franco y miembros de la familia (Alfonso de Borbón, el marqués de Villaverde y nietos) hasta el umbral de la basílica. Mientras tanto, en la explanada, que reunía a miles de congregados (se estimó que hasta 100.000 personas), se oyeron gritos rituales de “¡Franco, Franco, Franco!”, así como cánticos del himno falangista “Cara al Sol”, del carlista “Oriamendi” y del de la Legión.

Luego el ataúd fue trasladado hasta el altar mayor, donde el abad lo bendijo e hizo jurar a los jefes de las Casa Civil y Militar del autócrata que el difunto estaba en su interior. Allí se había excavado una fosa de tres metros revestida de bronce con relieves de cuatro escudos: de jefe del Movimiento, de Capitán General de los Ejércitos, de su Casa y del Estado. Cubrir aquel gran vacío (2.25 metros de largo y 1 de ancho) requirió una lápida de 1.500 kilos de granito que solo tenía la lacónica inscripción “Francisco Franco” y una cruz. Hacia las 14.15 la pesada losa cubrió el sepulcro. Un Rey emocionado oró brevemente y partió.

Cuando dejó el lugar empezó a cerrarse la historia de la dictadura, a la vez que el mausoleo adquirió un profundo simbolismo político al acoger a Franco junto a José Antonio Primo de Rivera. Y es que enterrado el hombre, empezó a tejerse el mito que exaltarían hasta hoy sus devotos admiradores.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (23/XI/2018): Xavier Casals, “23-N: La operación Lucero”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


LA CAMPAÑA EN WHATSAPP DEL ULTRADERECHISTA JAIR BOLSONARO: VIDEOS Y “FAKE NEWS”

octubre 21, 2018

Grafismo de El País alusivo a la importancia de las Fake News en la campaña de Jair Bolsonaro (18/X/2018).

 

EL AMBICIOSO CAPITÁN JAIR BOLSONARO (1955) SE PREPARAR PARA PRESIDIR BRASIL tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales prevista este 28 de octubre, al frente de lo que había sido una formación marginal, Partido Social Liberal [PSL]. Cuando menos, así parecen indicarlo el 46% de los votos obtenidos en la primera vuelta de estos comicios celebrada el pasado 7 de octubre. Entonces su inmediato rival, Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores, obtuvo el 29.9%.

La compleja naturaleza del “bolsonarismo”

Como ya habíamos señalado en este blog, Bolsonaro no representa un regreso de la extrema derecha de la Guerra Fría, sino un fenómeno a caballo del presente y del pasado, en el que convergen elementos del pasado (el legado de la autocracia militar brasileña) y otros del presente (el creciente influjo del evangelismo). Su lema de campaña ha sido significativo al respecto: “Brasil y Dios por encima de todos”.

En este marco, las redes sociales han desempeñado un papel decisivo en la campaña del candidato ultraderechista, difundiendo propaganda favorable, aparentemente low cost (pero en realidad financiada con grandes recursos); el recurso a las fake news o informaciones falsas; y la habilidad comunicativa de este último.

 

“O mito chegou”. Video viral que exalta a Bolsonaro como titán que regenerará el país. Se basa en un anuncio de whisky Johnnie Walker de 2011.

Las fake news: abundantes, pero…. ¿baratas?

Los medios de comunicación han apuntado la importante presencia de noticias falsas favorables a Bolsonaro y calumniosas para los rivales. El canal más empleado ha sido WhatsApp, que emplean seis de cada 10 brasileños. Las noticias falsas se emplearon supuestamente para luchar -como ya hizo Donald Trump- contra el influjo pretendidamente tendencioso de los grandes medios.

El diario El País hizo un seguimiento de las mismas y señaló las cinco que más habían dañado a sus rivales, en un artículo cuya lectura recomendamos. En él, Tai Nalon (que dirige la plataforma de fact checking Aos Fatos), señaló que estas falsas noticias tienen “dos temáticas: la puesta en duda, con teorías de la conspiración, de la seguridad del voto electrónico en Brasil, y una constante relación de los otros candidatos con pautas de minorías, como la agenda LGBT y el derecho al aborto”.

Entre ellas figuran falsedades como la que afirma que Haddad, de vencer, podría legalizar la pedofilia. La imagen empleada en la difuisión de esta calumnia tiene el logo del PT, lo que le otorga aparente verosimilitud.

 

¿Quién paga la campaña?

Ciertamente, difundir estan mentiras no es costoso en términos de distribución, pero -como señaló Nalon en el artículo citado- “No es posible llegar a tantas personas como ha llegado Bolsonaro sin una estructura fuerte, con gran financiación por detrás”.

Precisamente una periodista brasileña, Patrícia Campos Mello (que obtuvo el Premio Rey de España), puso al descubierto “una trama de malversación de fondos de campaña” para difundir estas informaciones falsas. Campos, en un reportaje en la Folha de São Paulo, señaló que varios empresarios habrían aportado cerca de tres millones de euros para financiar esta campaña en las redes, recoge ABC. Ello le ha supuesto el acoso y persecución por parte de seguidores de Bolsonaro.

En este aspecto, es relevante señalar que Bolsonaro tiene un agresivo programa económico ultraliberal que ha granjeado importantes apoyos. Sin embargio, también ha creado gran inquietud internacional por sus consecuencias en lo que afecta al cambio climático y la selva amazónica, como reflejo The Washington Post.

La habilidad de Bolsonaro para explotar las redes

Pero Bolsonaro no solo ha vivido de noticias falsas, sino también de un discurso antisistema y contrario a las élites que ha pasado por dos vías. Por una parte, por presentarle como un “hombre del pueblo”, con baños de masas. Como refleja este video:

 

Video viral “Eu sou bolsonariano”.

Por otra parte, esta campaña antielitista se plasmó igualmente en el video que publicó tras su victoria rotunda en la primera vuelta. Como señaló Felipe G. Gil en eldiario.es, “en un Facebook Live  […] pudimos ver a Bolsonaro acompañado de dos miembros de su equipo (una de las cuales traducía en directo a lenguaje de signos). En un set de emisión que pareciera cutre a posta (se pueden ver los cables colgando, la imagen está desenfocada, el sonido tiene un poco de eco) Bolsonaro se dirige serio a sus votantes durante 15 minutos. Y el mensaje de fondo parece ser: ‘Seguimos trabajando en estas condiciones humildes por mejorar la vida de los brasileños'”. Este es el video:

 

Este panorama deja escaso margen a Haddad para contrarrestar la campaña de Bolsonaro. No obstante, el candidato del PT ha hecho esfuerzos en las redes para contratacar, como muestra este video.

Conclusión: la importancia de los mundos políticos virtuales, verdaderos o falsos

En cualquier caso, la campaña presidencial de Brasil, más allá del triunfo de Bolsonaro, refleja la importancia determinante de las redes en cualquier futura contienda política y la capacidad de la extrema derecha para crear mundos virtuales en los que sus electores puedan hallar una realidad diseñada a su medida, al margen de que esta sea real o falsa. Este último aspecto parece ser cada vez más un detalle de menor importancia.


CLAVES PARA COMPRENDER El ASCENSO DE VOX*

octubre 14, 2018

El acto de Vox en Vistalegre el 7 d’octubre (imatge d’EFE).

 

EL DOMINGO 7 DE OCTUBRE VOX LLENÓ EL PALACIO DE VISTALEGRE CON 10.000 PERSONAS, todo un hito para un partido extraparlamentario y para la ultraderecha española, que desde la etapa que la lideró Fuerza Nueva (disuelto el 1982) no había manifestado este poder de convocatoria. Además, el último barómetro del CIS atribuye a Vox una estimación del 1.4% del voto, que de cumplirse en las urnas le permitiría estar presente a las instituciones.

Una escisión exitosa del PP

Vox ha sido la primera escisión derechista exitosa del PP (a diferencia del PADE creado el 1997). Inicialmente la lideraron Aleix Vidal-Quadras y Santiago Abascal, exdirigente del PP del País Vasco y expresidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española [DENAES]. Constituido el partido en enero de 2014, en los comicios europeos de junio centró el mensaje al reducir el tamaño del Estado, situando a las autonomías a la diana. Captó 244.929 votos (1.5%) y ningún escaño. Vidal-Quadras dejó pronto la presidencia y el febrero de 2015 también Vox (al preconizar una aproximación con UPyD y C’s).

Abascal devino entonces líder del partido, que conoció una radicalización que lo ha favorecido al confluir con cuatro factores. Uno ha sido el hecho de ejercer la acusación popular del proceso secesionista en el Tribunal Supremo, al conferirle visibilidad y permitirle erigirse en una alternativa antiseparatista “dura” ante un PP a sus ojos fracasado (para Vox es la “derechita cobarde”, mientras C’s es “la veleta naranja” por sus cambios de criterio). Un segundo factor ha sido la controversia generada por la exhumación del cadáver de Franco (recordamos que C’s y PP optaron para abstenerse al respecto al Congreso). Ello ha puesto en primer plano a la “ley de la memoria histórica”, la oposición a la misma es una bandera de Vox. Un tercer elemento ha sido la recomposición de un PP dividido (como testimonió la derrota de la exvicepresienta Soraya Sáenz de Santamaría) y castigado por la corrupción. Finalmente, hay que incluir la rivalidad de PP y C’s por el voto derechista, que los ha llevado a dar peso a la inmigración en la agenda política, en beneficio de Vox.

Igualmente, los dos partidos mencionados han optado por una cautela posiblemente errónea ante la formación de Abascal: C’s no habla de este partido y el PP no lo critica frontalmente. Ambas estrategias ya fracasaron a los años noventa en Francia con el lepenismo, en la medida que sus rivales no reforzaban las fronteras políticas entre centroderecha y ultraderecha, sino que las diluían. Por este camino, pues, Vox puede ganar respetabilidad política, marcar la agenda y forzar a moverse en su campo de juego tanto a C’s como al PP.

Un artefacto complejo

Vox no refleja un retorno del neofranquismo. No ha asumido una filiación ideológica con la dictadura y se ubica en un cruce de temas tradicionales de la derecha radical o la extrema derecha española que combina con otros nuevos. Entre los primeros, como hemos visto, hallamos la oposición en la ley de “memoria histórica” y al independentismo, así como la defensa de la política familiar, la reivindicación de la españolidad de Gibraltar o el secesionismo lingüístico ante el idioma catalán. Y es que Vox se coaligará con Actúa Baleares, cuyo presidente, Jorge Campos, afirma “Somos Baleares, no somos catalanes”.

El partido ha incidido igualmente en temas nuevos, como la denuncia de las supuestas amenazas que comporta la expansión del Islam en España. Incluso en Vistalegre reivindicó la España de Lepanto, ya que salvó “a la civilización occidental frente a la barbarie”. A la vez, Vox es combativo ante la inmigración ilegal y manifiesta que “los españoles estarán primero”.

También ha adoptado elementos del trumpismo, como la consigna “Hacer España grande otra vez” y buscar un leitmotiv político en la erección de un muro fronterizo a Ceuta y Melilla. A la vez, Vox ha contactado con Steve Bannon (el exestratega electoral y exasesor presidencial de Trump), que ha definido a esta formación como “un partido basado en la soberanía y la identidad del pueblo español”. Vox, pues, se ubica a caballo del pasado y del presente, posicionamiento que le homologa a la derecha populista europea mientras preserva rasgos propios.

Vox y el Pacma: ¿Nuevos actores de un cambio inacabado?

Finalmente, debemos remarcar que la eventual irrupción de Vox en las instituciones sería pareja a la del PACMA, al que el CIS otorga el 1.6% del voto (de hecho, en los comicios legislativos de 2016 logró 1.199.759 de votos al Senado). Desde esta óptica, el hipotético ascenso de ambas fuerzas podría reflejar un voto de protesta en ambos extremos del arco político, que permanecería aún latente y estaría políticamente huérfano de representación.

Ahora bien, una cosa son los sondeos y la otra los votos. Y hasta que estos últimos no se pronuncien, todo son conjeturas.

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* Una versión algo más breve de este artículo fue publicada en catalán en Xavier Casals, “Vox: la ultradreta que creix per tornar a fer ‘gran’ Espanya”, Ara (12/XII/2018).


EL ENIGMA DE LAS MEMORIAS DE FRANCO*

septiembre 30, 2018

Franco en su despacho de El Pardo en los años cincuenta (imagen de EFE).

AHORA QUE LA EXHUMACIÓN DE FRANCO REAVIVA CONTROVERSIAS SOBRE SU FIGURA, se impone plantear una cuestión importante: ¿El dictador dejó unas memorias? De ser así, ¿dónde están? Responder a estas cuestiones no es fácil, al hallarnos ante un tema vidrioso.

Conversaciones grabadas y apuntes

Según expertos conocedores de la vida del autócrata, como Ricardo de la Cierva y Stanley G. Payne, no hay constancia de tales memorias. De la Cierva abordó así la cuestión el 13 de mayo de 1976 en El País: “Se ha discutido mucho […] sobre la existencia de unas memorias del general Franco. Hay quien afirma que las ha visto. Se dice que existen unas cintas de conversaciones grabadas en la penúltima hora; algún cuaderno de apuntes, algunas notas dispersas”, escribió. Pero señaló que “en 1972 no existía nada parecido a unas memorias”. En el 2008, Payne y Jesús Palacios, en la edición de sus conversaciones con Carmen Franco (tituladas Franco, mi padre), señalaron que el dictador “no dejó redactadas ni dictadas sus memorias (que sepamos hasta ahora)”.

“Es verosímil la existencia de documentos dispersos de Franco, algunos esbozados y otros más desarrollados siguiendo un guion de su vida”.

Sin embargo, sendos testimonios acreditan que Franco concibió sus memorias o que su familia atesoró material en vista a las mismas. Uno de los testimonios es el de Joaquín Giménez-Arnau en Yo, Jimmy (1981). El libro se centra en su matrimonio con una nieta del dictador, María del Mar, y aporta información relevante sobre el tema. Según el autor, el marqués de Villaverde (entonces su suegro) le enseñó más de 40 cajas repletas de papeles, la mayoría manuscritos, que definió como “las memorias del Generalísimo”. No obstante, eran fondos heterogéneos, pues reunían “todos los resúmenes de cientos de Consejos” de Ministros con acotaciones de Franco. Villaverde le comentó también que el dictador “todos los días escribía sus pensamientos, una, dos y hasta tres horas por día. Escribió mucho”. Villaverde le informó asimismo de que estaba sacando de España aquella documentación de forma clandestina y le propuso a Giménez-Arnau editarla para no ponerla en manos de terceras personas: “En estos papeles se cuentan muchas cosas de amigos nuestros y no se pueden enseñar”, advirtió el marqués. También le contó que había 13 o 14 cajas de fotos del dictador “que no se han visto nunca”.

En este sentido, cabe pensar que Villaverde hizo un acopio importante de material documental de su suegro. Según el testimonio de Juan Cobos, empleado de El Pardo en vida del autócrata (La vida privada de Franco, 2010), cuando el dictador murió, el marqués dirigió una brigada que recogió toda la documentación de su despacho y se la llevó.

El otro testimonio que constata la existencia de unas memorias de Franco es el de Vicente Pozuelo (el doctor que cuidó al autócrata en su último año de vida) en Los últimos 476 días de Franco (1980). En esta obra, Pozuelo explicó que instigó al dictador a hacer sus memorias y le preparó un sumario. Franco las dictó en cintas tras una meticulosa preparación y confió su transcripción a la mujer del médico, Consuelo Ortueta. El material resultante lo guardó Carmen Franco, aunque Pozuelo reprodujo fragmentos del mismo en su obra.

Parece plausible que otras anotaciones del dictador destinadas a estas memorias fueron editadas en 1987 por el historiador Luis Suárez como “Apuntes” personales sobre la República y la guerra civil de Franco. Las publicó la Fundación Nacional Francisco Franco [FNFF], que custodia el archivo personal del dictador, en unas 40 páginas. Según indicó entonces Suárez, estas notas estaban en el despacho del dictador al fallecer y parecían el índice de unas memorias. Pero en 1990, Suárez cambió de idea y, en Manuscritos de Franco, las consideró “guiones” para conversar con algunos biógrafos suyos y sin fines autobiográficos. Por nuestra parte, consideramos discutible esta apreciación, pues en esas notas Franco pareció plasmar un plan para sus memorias.

En definitiva, ateniéndonos a lo expuesto es verosímil la existencia de textos autobiográficos de Franco dispersos, algunos esbozados y otros más desarrollados siguiendo un guion. Dado que en el archivo de la FNFF no constan los documentos del dictador a los que aluden Pozuelo, Giménez-Arnau y Cobos, cabe pensar que podría tenerlos su familia. Esta, pues, debería clarificar en qué medida existen tales fondos y hacerlos accesibles. De lo contrario, asistiremos a una ironía de la historia: el dictador que tanto censuró en vida, ahora podría ser censurado de forma póstuma por sus descendientes, al no ver la luz sus textos autobiográficos.

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* Este artículo fue publicado originalmente como Xavier Casals, “El enigma de las memorias de Franco”, El Periódico (24/IX/2018).