¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

agosto 10, 2019

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Reeditamos la entrada más visitadas del blog publicada en  2012.

CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo analizamos en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012) De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Cuál es su origen? Lo explicamos a continuación.

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


ENTREVISTA A FLORENTINO RODAO: “EL SENTIMIENTO DE CULPA EN JAPÓN POR SU PARTICIPACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL ES MUY DIFERENTE AL DE ALEMANIA”

julio 27, 2019

 

FLORENTINO RODAO ES UN HISTORIADOR EXPERTO EN JAPÓN Y BUEN CONOCEDOR DEL MUNDO ASIÁTICO. Este catedrático de la Universidad Complutense nacido en Madrid en 1960 es bien conocido por diversos trabajos: Españoles en Siam (1997), Franco y el imperio japonés (2002) o Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil española desde Filipinas (2012).

Ahora acaba de publicar La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 (Crítica), una visión amplia y desde diversos puntos de vista de la evolución de este país tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial. De este modo, el ensayo no se ciñe a cuestiones estríctamente de historia e incide -entre otros aspectos- en la vida social o el rol de la mujer y el de la religión. Puede leerse un fragmento en PDF aquí.

Dado que consideramos la obra de interés para nuestr@s lector@s, le hemos hecho una entrevista por email. Le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿En el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en Japón hay una sensación de culpabilidad como en Alemania?

Por supuesto que hay sentimiento de culpa, y muy intenso. En muchos casos he oído a japoneses sacarlo sin venir a cuento. El recuerdo de la guerra, eso sí, ha estado más politizado y usado por los políticos que en España. Yo creo que ha sido así porque al juzgar a los presuntos criminales de guerra ha predominado más el sentimiento nacional sobre la posible culpabilidad de los procesados. Frente a una Alemania que ha aceptado las peticiones de juzgar alemanes como criminales de guerra en otros países, Japón ha sido diferente.

En parte, por el mal ejemplo que dio el Tribunal de Guerra de Tokio, que ha sido visto como el ejercicio de la Justicia de los vencedores. Y en parte, por la propaganda de esos años, que se centró en la justicia de sus objetivos más que en la maldad de los enemigos. La vieja imagen del bolchevique o del judío perverso que debía morir hizo palpable el error y el arrepentimiento al acabar la guerra. Incluso las percepciones niponas de los aviadores norteamericanos, los más odiados, fueron relativamente benignas: se les siguió considerando humanos, no ratas o monos, que fue lo más normal entre sus enemigos.

La masacre de Nanjing es la más conocida de la Guerra Chino-Japonesa y su cifra de víctimas es en torno a 70.000 personas. Fue cometida en diciembre de 1937, tras el reconocimiento por Italia (una gran potencia entonces) de su conquista del Manchukuo y cuando pensaban que China se derrumbaría. Tenían la intención de acabar con el ejercito nacionalista chino: se buscó en especial a los que tenían botas o vestimenta del ejército nacionalista, aunque se acabaron cometiendo numerosos desmanes. Por ello, los comunistas la marginaron inicialmente (Imagen de Wikipedia: Ciudadanos chinos son enterrados vivos).

A partir de los años ochenta, la multitud de visitas a un memorial de esta masacre (que cifra en su entrada 300.000 muertos, en grandes letras) y un libro de Iris Chang, La violación de Nanjing (1997, 2016 en la edición en español) que lo describe con mucha emotividad han ayudado a recordar la masacre. De hecho, el museo  ha sido ampliado recientemente, del éxito que ha tenido

Japón lo vive algo desconcertado, porque al comienzo de los años noventa del siglo XX había una gran expectativa de colaboración conjunta. De hecho, Tokio fue el primer país que ayudó a China a aliviar el aislamiento tras la masacre de Tiananmen en 1989. Parece que Japón confió demasiado en el efecto de la cooperación al desarrollo que estuvieron brindando y descuidó las imágenes remanentes del pasado.

¿Fue el emperador Hiro-Hito un criminal de guerra?

Desde un punto de vista que considere que Hiro-Hito como Jefe del Estado es el responsable de las maldades cometidas en nombre del Estado, sí. Desde otros puntos de vista, también, porque se utilizó su figura para militarizar el país e incluso los paquetes de tabaco de los soldados aseguraban que era un regalo del emperador. Y una vez que Japón entró en guerra, el emperador también deseaba que la ganara.

Ahora bien, otra cosa es si realmente el emperador tenía autoridad para detener la espiral militarista en la que estaba inmerso el país. Un intento de negociación del Primer Ministro Fumimaro Konoe en China, con la idea llegar a un acuerdo con el presidente Roosevelt de EE.UU., por ejemplo, se fue al garete porque los propios militares detuvieron al mediador al llegar a China. La idea era llegar a un acuerdo con EE.UU. que fuera aprobado inmediatamente por el emperador, con lo que los militaristas no podrían negarlo. Frente al “pensamiento de grupo”, la capacidad de reacción era limitada, incluso para el propio emperador (Imagen de Wikipedia: El emperador Hiro Hito en 1938).

¿Se produjo una “desfascistización” de la administración y de las élites japonesas en 1945?

Se produjo una democratización en la medida que se permitieron de forma inmediata los sindicatos, partidos políticos y se puso en marcha una constitución democrática, muy avanzada para su época incluso en los derechos de las mujeres más que en EE.UU.. El militarismo y todo lo que oliera a fascismo fueron asociados con los tres lustros bélicos y la democracia pasó a ser vista como la palanca para la modernización.

En definitiva, se produjo una desmilitarización total y absoluta. Y se acabaron una buena parte de las razones que llevaron al militarismo, como una reforma agraria radical que igualó las rentas en el país. Pero cuidado, no confundamos eso con el autoritarismo y el control social, que ha seguido vigente.

¿Cuál ha sido el legado del militarismo derrotado en 1945? ¿Aún persiste?

Más allá de personajes curiosos como Yukio Mishima, un participante asiduo en las manifestaciones de izquierda que creía en la divinidad imperial, los ultraderechistas tienen escasa entidad (Imagen de Wikipedia: Mishima, que practicó el culto al universo del samurai).

El Ejército es muy reducido y no parece muy entusiasmado de entrar en una guerra. Además, los militares cada vez están más identificados con las actividades humanitarias, como en tantos otros países, desde que ayudaron a la democratización de Camboya, en los años noventa. Ahora hacen campañas de afiliación porque la vida del ejército no atrae mucho a la juventud, como en tantos otros países.

El campo de acción de la ultraderecha nacionalista (uyoku, como se le suele llamar) está en las islas Kuriles, conquistadas a última hora en la Guerra Mundial y en la crítica a los coreanos, muchos de ellos descendientes de los trasladados a trabajar en tiempos del imperio que no pudieron regresar tras la guerra, al contrario que los taiwaneses.

¿ Actualmente la ultraderecha política e intelectual tiene peso en el país?

Tiene una característica parecida a la italiana: su vinculación con la mafia, la yakuza. Desde comienzo del siglo XX, el lumpen ha sido utilizado para minar las campañas de protesta, bien portando palos, espadas, porras e incluso pistolas para reventar mítines o intimidad oponentes políticos, en parte porque el uso de fuerza física era aceptado tácitamente.

Un ultraderechista asesinó durante un mitín al líder comunista Inejiro Asanuma el 12 de octubre 1960.

Después de la guerra, la violencia es mucho menor, pero están comprobados los planes para utilizar a la mafia con el fin socavar las manifestaciones previstas ante la visita del presidente Dwight Eisenhower a Japón en 1960 para firmar el Tratado de Seguridad, Anpo. A través de Yoshio Kodama, la mafia ofreció 18.000 gánsteres para contrarrestar los cientos de miles de manifestantes opositores que se preveían, aunque la visita se canceló. Posteriormente, ha aparecido de forma recurrente en escándalos de tipo político: pueden dar mítines contra determinados políticos y pueden dejar de darlos contra otros.


SE CUMPLEN CIEN AÑOS DE LA FIRMA DEL TRATADO DE VERSALLES: UNA PAZ QUE INCUBÓ OTRA GUERRA

junio 29, 2019

Portada del 29 de junio de 1919 del diario Excelsior en Museo de las Letras y Manuscritos de París (foto de afp_tickers).

 

EL 28 DE JUNIO DE 1919 SE FIRMÓ EN PARÍS EL TRATADO DE VERSALLES, QUE PUSO FIN A LA GRAN GUERRA (1914-1918). Sin embargo, aquella paz establecida en 1919 no impidió que en 1939 estallara otra gran conflagración, lo que plantea una cuestión importante: ¿Hasta qué punto la Primera Guerra Mundial sentó las bases de la Segunda? A continuación, mostramos como su legado puso los cimientos del conflicto de 1939 desde diversos ángulos.

El legado envenenado

En primer lugar, la paz de 1919 quiso excluir a Alemania y a la URSS de la esfera internacional y, como señaló el académico Eric J. Hobsbawm, su retorno a ella era inevitable. En 1922 ambos países rompieron su aislamiento cooperando entre sí con el Tratado de Rapallo. El corolario de su relación fue el pacto de no agresión entre Stalin y Hitler en 1939.

En segundo lugar, la reconstrucción de Europa impulsó un sistema de financiación que facilitó la expansión de la crisis de 1929: el Plan Dawes. Establecido en 1924, consistió en otorgar créditos norteamericanos a Alemania para que se reflotara y pagara sus indemnizaciones a Francia y Gran Bretaña, mientras estos países devolvían créditos de guerra a EE.UU. El crack de 1929 truncó este mecanismo.

En tercer lugar, la Sociedad de Naciones no fue efectiva como árbitro internacional y la paz wilsoniana no consolidó a las democracias: las dictaduras proliferaron, el comunismo y el fascismo polarizaron Europa, y el afán de revancha de Alemania (por el Tratado de Versalles) y el de Italia (al no recibir territorios prometidos por los aliados) estimuló su imperialismo.

En cuarto lugar, en 1919 quedaron larvadas graves tensiones nacionalistas. Los expertos Francisco Veiga y Pablo Martín lo ilustran con un episodio de “limpieza étnica” de 1923 justificado porque “pacificaba” el Próximo Oriente. Fue bendecido por las grandes potencias y consistió en un intercambio de población entre Grecia y Turquía: 400.000 musulmanes helenos partieron a Turquía y 1.300.000 helenos de Turquía lo hicieron a Grecia, con un gran impacto sobre su población (4.5 millones de habitantes).

En quinto lugar, se perfiló el belicoso militarismo nipón. El historiador David Stevenson señala que el estado mayor japonés extrajo una lección de la derrota germana de 1918: para ser una gran potencia, su país debía ser autosuficiente adquiriendo territorios. De hecho, su imperialismo emergente se constató ya en 1915, en las llamadas “21 exigencias” que Tokio formuló a Pequín, mostrando su voluntad de controlar China.

Por último, debe destacarse que el reparto del imperio turco entre las grandes potencias dejó unos territorios inestables porque sus nuevas fronteras eran ajenas a realidades políticas y culturales. Además, la agitación anticolonial efectuada en la Gran Guerra estimuló la insurgencia: británicos y franceses exaltaron primero “la emancipación total” de los pueblos “oprimidos por los turcos” y luego quisieron dominarlos.

Una larga guerra: 1914-1945

Los vínculos de ambas contiendas dotan de unidad el período 1914-1945 desde distintas ópticas. Por ejemplo, como etapa de destrucción del viejo orden del llamado Antiguo Régimen (según sostiene Arno J. Mayer); como una larga guerra civil europea de lecturas diversas (como afirman Ernst Nolte o Enzo Traverso); o como una sucesión de contiendas imperialistas (como apunta Donny Gluckstein). Las dos grandes guerras, en suma, son inseparables.

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* Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico con el título “La paz que incubó otra contienda” (23/VIII/2014).


EL ASESINATO DEL LÍDER SAHARUI BASIRI EN 1970: UN CRIMEN OLVIDADO

junio 15, 2019

Basiri, “desaparecido” en junio de 1970, tras su detención por promover un nacionalismo saharui. 

 

EN BREVE HABRÁ TRANSCURRIDO CASI MEDIO SIGLO DE LA “DESAPARICIÓN” DE MOHAMED SIDI BRAHIM BASIR, BASIRI, DETENIDO EN JUNIO DE 1970, sin que se conozca oficialmente su paradero. Por esta razón hemos reeditado esta entrevista publicada originalmente en febrero de 2011 al periodista Pablo-Ignacio Dalmases, autor de un interesante libro sobre el Sáhara que planteaba este tema.

ENTREVISTA A PABLO-IGNACIO DALMASES: “LA MUERTE DEL LÍDER SAHARUI BASIRI FUE UN CRIMEN DE ESTADO”

La “desaparición” del primer líder nacionalista saharaui -Basiri- tras su detención en 1970 es uno de los muchos episodios que recoge el interesante testimonio del veterano periodista Pablo-Ignacio Dalmases sobre los últimos años de la presencia española en el Sáhara en su último libro, Huracán sobre el Sáhara, pues estuvo allí como periodista

El autor -que ha sido Jefe del Gabinete de Prensa de RTVE y de los Servicios Informativos de Radiocadena en Cataluña y ha trabajado 33 años en RNE- explica en él su experiencia como director de Radio Sáhara y del diario La Realidad de El Aaiún; la contradictoria política española en el lugar; la oposición militar a abandonarlo o la emergencia del nacionalismo saharui. En este aspecto, vuelve sobre un tema apenas conocido: la “desaparición” del citado líder nacionalista. Todo ello hace que la lectura de la obra sea más que recomendable y le agradecemos que haya accedido a ser entrevistado para este blog.

Usted alude a un “crimen de Estado” cometido en el Sáhara español en 1970. ¿Cual fue este homicidio?

El 17 de junio de 1970 el Gobierno General del Sáhara convocó una manifestación de adhesión a la política del gobierno de Madrid en la Plaza de España de El Aaiún. Para entonces se había ido fraguando un incipiente movimiento nacionalista pacífico en torno a la figura de Basiri, un saharaui que había estudiado en Egipto y Marruecos y que residía desde hacía algún tiempo en la ciudad de Smara. Este grupo aprovechó la oportunidad para organizar una manifestación paralela en el barrio periférico de Casas de Piedra o Zemla. Cuando el Gobierno tuvo conocimiento de ello intentó convencer a los participantes en esta manifestación ilegal a que se sumaran a la oficial –el Gobernador José María Pérez de Lema fue incluso personalmente a dialogar con ellos- pero sin resultado. Entonces se ordenó su disolución por la fuerza con intervención de la Legión, a consecuencia de lo cual hubo varios muertos y numerosos heridos.

La represión fue amplia y muchos implicados resultaron detenidos, aunque a la mayoría de ellos se le fue poniendo en libertad con el tiempo. No fue éste el caso de Basiri quien, aún sin haber participado personalmente en tales hechos –a los que propongo, recordando su analogía los movimientos emancipadores hispanoamericanos, denominar el “grito de Zemla”-, fue considerado su responsable moral y “desaparecido” al poco tiempo. De ahí que su muerte merezca ser calificada como un “crimen de Estado” que nadie todavía ha considerado oportuno aclarar y que rompió la hasta entonces armónica convivencia entre españoles y saharauis. Dicho de otra manera y en las palabras que Talleyrand aplicó a la muerte del duque de Enghien ordenada por Napoleón en 1804, al decir que su asesinato “fue peor que un crimen, fue un error”.

“La muerte de Basiri rompió la armónica convivencia entre españoles y saharauis y todavía nadie la ha considerado oportuno aclarar”

Al exponer el importante papel de los militares allí, alude a un “búnquer de arena”. ¿Qué quiere decir con ello?

Situémonos en el contexto histórico del tardofraquismo, con un ejército muy concienciado por el régimen como garante de la unidad nacional y de la integridad territorial de España. Ello hacía que la mentalidad de la mayor parte de la oficialidad fuese muy reticente a la nueva política emprendida -tras el magnicidio del presidente Luís Carrero Blanco- por el gobierno de Carlos Arias Navarro, dispuesto a iniciar un proceso que condujese al Sáhara desde su ficticia consideración de “provincia” a entidad autónoma primero y a partir de ahí, a un proceso de autodeterminación e independencia.

Esta política inteligente y de futuro, que se encargó a un nuevo equipo en el Gobierno General, cuyo máximo exponente fue el Secretario General, Luis Rodríguez de Viguri, sufrió el sistemático torpedeamiento de los grupos locales de presión militar, que intentaron cortocuitarla influyendo sobre el propio Gobernador, el pusilánime y poco perspicaz Federico Gómez de Salazar. Es a ese grupo muy endogámico y ajeno a la sociedad saharaui, escasamente sensible a la realidad que le rodeaba y de cortas miras, pero muy influyente, al que denomino el “búnquer de arena”.

Señala que los centros falangistas eran viveros de nacionalismo saharui. ¿Por qué?

Es curioso comprobar que en la numerosa bibliografía surgida en torno al franquismo nadie haya estudiado aún la influencia que tuvieron algunas instituciones del Movimiento en la creación de una conciencia política y social que, partiendo de presupuestos formalmente falangistas, fructificó y evolucionó luego, según el talante de cada cual, en itinerarios ideológicos muy dispares, pero en los que subyacía siempre un talante social y progresista. Me refiero, muy principalmente, al Frente de Juventudes y a la Sección Femenina, que no fue en absoluto la organización anacrónica y regresiva que se ha querido pintar luego.

La actuación de ambas instituciones en el Sáhara fue un revulsivo que despertó la conciencia política de jóvenes de uno y otro sexo de tal modo que, cuando llegó el fermento nacionalista, lo recibieron con naturalidad y con la peculiaridad, eso sí, de que su naciente independentismo no era necesariamente antiespañol, sino de alguna forma heredero de la propia formación recibida. Como me dijo una alumna saharaui de la Sección Femenina en los momentos más álgidos de exaltación independentista “cuando el Sáhara sea independiente nadie gritará contra España, pero todos seguiremos hablando y pensando en español”.

Un dato sorprendente para el lector y que define aquella sociedad, era la presencia de esclavos. ¿Ésta era importante?

La esclavitud era una institución ancestral y tradicional no sólo en el Sáhara español, sino en toda esta zona del continente africano. Hay que decir que su expresión práctica tenía peculiaridades propias, que vinculaban al esclavo a la familia propietaria con un tipo de relación muy especial, acaso menos ofensiva que en otras latitudes y momentos históricos. La política española fue la del avestruz: formalmente estaba prohibida, pero en la práctica se ignoraba deliberadamente, acaso porque algunos de los mayores propietarios de esclavos eran ciertas personalidades autóctonas con cargos importantes en la “provincia”. Un dato curioso es que cuando se elaboró el famoso censo para el referéndum, que ha sido luego utilizado por la ONU, hubo que “inventar” una categoría censal para este colectivo y al final se le encuadró dentro de un grupo denominado “parientes pobres”. En 1974 creo recordar que se cuantificaron alrededor de 3.000.

“El Frente de Juventudes y a la Sección Femenina influyeron en el desarrollo del nacionalismo saharui” 

¿Qué falló en la descolonización española de aquella provincia española desde 1958 para desembocar en la situación actual?

Muchas cosas. En el período comprendido entre la provincialización de 1958 y el inicio del proceso de autonomía en 1973  hubo por de pronto una incomprensible dicotomía entre la política colonial realizada en el exterior y la interior. La primera, auspiciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, aceptaba en las Naciones Unidas la condición de nuestras provincias africanas como territorios no autónomos y la subsiguiente aplicación en ellos de la Declaración de 1960 sobre concesión de independencia a los países  pueblos coloniales. La segunda estaba en manos de Presidencia, responsable de la administración de dichas “provincias”, y apostaba por la continuidad indefinida de España, sobre todo en el Sáhara. Hubo que esperar a la muerte de Carrero para que esta absurda contradicción cambiase de signo y se unificase en la única política posible.

Tropas españolas en el Sáhara (foto de EFE). El Ejército configuró el verdadero poder allí, un “búnquer de arena” según el autor.

Pero entonces se movieron otros hilos y grupos de presión (Alto Estado Mayor, grupos de intereses económicos, etc) dispuestos a impedir a toda costa que la voluntad oficial de proceder a la descolonización del territorio como consecuencia de un proceso de autodeterminación abortase en favor de una solución favorable a los interese anexionistas manifestados reiteradamente por Marruecos. El apoyo de Estados Unidos y Francia a Rabat y la enfermedad terminal de Franco, que parece no era en absoluto partidario de ceder ante Marruecos –según el testimonio de Jaime de Piniés-, hicieron posible la “marcha verde” y el vergonzoso abandono español, con dejación de nuestras responsabilidades históricas, de nuestro compromiso jurídico con la ONU y de nuestra deuda moral con el pueblo saharaui.

Aquella “espantada” no sirvió para nada y el Sáhara sigue siendo, 35 años después, un problema inconcluso que está dolorosamente presente en la esfera internacional y continúa pesando como una losa en las relaciones entre España y Marruecos.


ENTREVISTA A LOS AUTORES DE “VIAJEROS EN EL PAÍS DE LOS SÓVIETS”: “AQUELLO QUE MÁS REPELÍA A LOS VISITANTES DE LA RUSIA REVOLUCIONARIA ERA LA DINÁMICA DICTATORIAL QUE ADOPTABA”

junio 8, 2019

 

Los editores del libro Viajeros en el país de los soviets: Josep Pich (1), Josep Puigsech (2), David Martínez Fiol (3) y Andreu Navarra (4). Imágenes cedidas por los autores, salvo la 4 (de www.ariadna-web.org).

 

VIAJEROS EN EL PAÍS DE LOS SOVIETS es un libro reciente que recoge los testimonios y experiencias de una veintena de españoles que viajaron al país de los soviets y recoge sus impresiones y experiencias editado por los historiadores Josep Pich, David Martínez Fiol, Andreu Navarra y Josep Puigsech. La obra incluye sendos trabajos suyos y los de otros 14 investigadores e investigadoras. El resultado es un fresco histórico que refleja la atracción y rechazo que ofreció la Rusia soviética en sus años iniciales (puede descargarse la introducción en PDF Prólogo viajeros)

Dado que nos ha parecido un trabajo interesante para l@s lector@s de nuestro blog les hemos hecho una entrevista por correo electrónico y desde aquí les agradecemos que hayan aceptado contestarla.

¿Por qué en los años veinte se aludió en España a “romerías a Rusia” o a “peregrinos de la revolución”?

Debido fundamentalmente, por un lado, al componente de curiosidad que generaba en los círculos políticos y culturales del país la aplicación de un modelo como el comunista que pretendía crear una nueva sociedad desde la raíz, en una especie de nuevo comienzo de la humanidad; y por el otro, debido al efecto llamada que supuso para el obrerismo español la creación de la Internacional Comunista en marzo de 1919 y, con ello, la posibilidad de integrarse o desmarcarse formalmente del proyecto comunista encabezado desde la Rusia soviética y, posteriormente, desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La expresión “romerías a Rusia”, originalmente sarcástica, empleada para identificar la pasión por viajar al país de los sóviets proviene de uno de los principales ideólogos del fascismo español: Ernesto Giménez Caballero (Gecé, 1899-1988), que definió con su habitual sarcasmo  aquella fiebre viajera. En una línea similar, el periodista Josep Escofet (1884-1945) aseguró que se publicaban tantos libros sobre la Rusia revolucionaria que si los juntaban “formarían un Himalaya”. En cuanto, a “peregrinos de la revolución” es el título del libro que en 2010 publicó el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha Miguel Cortés Arrese. Éste argumenta que los viajeros españoles que viajaron a Rusia entre 1917 y 1931, período en que centra su estudio, quisieron comprobar in situ el desarrollo de la primera revolución proletaria y, posteriormente, nos legaron sus testimonios de lo que vieron en su “peregrinaje”.

¿Qué era lo que más les fascinaba¿ ¿Y lo que més les repelía?

Lo que atraía a los “viajeros” que estudiamos en nuestro libro (Sofía Casanova, Josip Broz (Tito), Ángel Pestaña, Fernando de los Ríos, Andreu Nin, Antonio Gramsci, Óscar Pérez Solís, Paul Marion, Julio Álvarez del Vayo, Eric Obst, Egon Erwin Kisch, Walter Benjamin, Julián Gorkin, Josep Pla, Eugeni Xammar, Joseph Roth, Manuel Chaves Nogales, Francesc Blasi, los hermanos Santiago/Jaume y Carles Pi i Sunyer, Ferran Valls i Taberner, Rodolfo Llopis, y Antoni Rovira i Virgili) era observar directamente el triunfo de una revolución republicana, que era al mismo tiempo la de la primera alternativa al sistema parlamentario liberal basado en la economía de mercado, es decir, a los sistemas capitalistas.

Al mismo tiempo, lo que más fascinaba a los que habían adoptado la nueva fe comunista era, precisamente, cómo se llevaba a cabo la aplicación práctica de un proyecto que pretendía generar una sociedad igualitaria, sin clases. Durante los años del estalinismo y especialmente en la época de la Guerra Civil Española, las transformaciones económicas de la URSS y su alianza con la República española comportó que se difundiese una imagen positiva en España del modelo soviético en base a su desarrollo industrial como alternativa a la crisis del mundo capitalista iniciada en 1929.

En cambio, aquello que más les repelía era la dinámica dictatorial que adoptaba el modelo político soviético, en contraste con la teórica democracia liberal que caracterizaba a Europa Occidental, aunque, precisamente, la España de 1923-30 no era precisamente un ejemplo de ello. A muchos de ellos les repelió, especialmente en el período inmediatamente posterior a la revolución, la inflexibilidad de las políticas comunistas que implicaban un gran sufrimiento para la población, la magnitud del mercado negro o la relevancia de la temible policía política, la checa que, posteriormente, fue identificada como OGPU para transformarse en el NKVD y, finalmente, en el KGB.

¿En qué viajeros del libro su viaje a la URSS reforzó su ideología comunista?

Los casos más evidentes son el de Andreu Nin, Josip Broz Tito y Antonio Gramsci, que se convirtieron en en figuras destacadas del movimiento comunista dirigido desde Moscú, aunque paradójicamente en el caso de Nin y de Tito acabaron convirtiéndose, posteriormente en fervientes críticos del comunismo estalinista, que no del comunismo. Chaves Nogales, aunque no en tanto que cuadro comunista destacado, representó otra vertiente de esta identificación, y con una cronología relativamente diferente a la de los anteriores protagonistas.

¿Y a qué viajeros les llevó a rechazar el comunismo?

Fueron numerosos, pero entre ellos el caso inicial de Sofía Casanova, que cronológicamente fue el primero en tanto que vivió en primera persona la evolución de Rusia tras Octubre de 1917, partiendo de una posición personal e ideológicamente profundamente conservadora. Ángel Pestaña, en la esfera del anarco-comunismo y Fernando de los Ríos en la socialista, ejemplificaron el rechazo frontal tanto de la CNT como del PSOE a la integración a la Internacional Comunista (IC) tras sus viajes. También son relevantes los casos de Óscar Pérez Solís o Paul Marion, que partiendo de una identificación con el modelo comunista, acabaron años después no solo denunciando el comunismo estalinista, sino también el comunismo en el sentido más amplio, para acabar evolucionando al fascismo. En cierta manera es el caso de Julián Gorkin que impulsó el POUM, una formación comunista pero anti estalinista.

Desde una óptica demoliberal podríamos encontrar a Rovira i Virgili, aunque su caso sería para reforzar su antibolchevismo de toda la vida. Rovira, ya en 1917, fue un caso patológico de dureza antibolchevique sin haber visitado aún la URSS. Un antibolcheviquismo que contrastaba con la de republicanos catalanes, como Màrius Aguilar, Marcelino Domingo y alguno que otro dirigente del Partit Republicà Català, que en 1917-1919 creyeron que debían otorgar una prórroga a un régimen que, finalizada la Gran Guerra, se definía como República.

Rovira, sin embargo, no haría su peregrinaje al país de los sóviets hasta unos veinte años después de 1917; en concreto, a finales de la Guerra Civil. Y sus impresiones le confirmaron la visión negativa que de la Rusia bolchevique se había construido en 1917-1918. La URSS no era un modelo de república democrática, por mucho que, en 1938, estuviese ayudando al gobierno del Frente Popular en la Guerra Civil. A lo sumo, Rovira planteó que la URSS podía ser un buen ejemplo de solución del problema de las nacionalidades. Pero ahí acabó su placet a los soviets.

Finalmente, encontramos en la dimensión cultural la figura de Eugeni Xammar, que representaría una línea similar a la de Sofía Casanova, aunque posteriormente. Xammar, desde el nacionalismo radical catalán, tenía -como Rovira- una visión idealizada de la democracia liberal en la que no tenía cabida la URSS. A esas alturas seguía siendo un nostálgico del wilsonismo y de lo que podía haber sido y no fue la Sociedad de Naciones.

¿Cuáles son los viajes más desconocido que el libro explica? 

Sin lugar a dudas, los casos de Erich Obst, Egon Kisch y Joseph Roth. Todos ellos estaban situados en la esfera lingüística alemana y eran unos desconocidos para la mayor parte del público de la Europa Occidental, en la medida que pertenecen a la esfera germana y, dentro de ella, a posiciones que no corresponden a destacados líderes revolucionarios alemanes.

¿Cuál fue el legado de las “romerías a Rusia”?

La identificación o animadversión hacia el comunismo en la vertiente política, y la curiosidad y la amplitud de miras desde la óptica cultural. Pero debe calibrarse también las “no romerías”. Es decir, la cantidad ingente de intelectuales (las más de las veces, pseudo intelectuales o enteradillos) que nunca fue a la URSS y hablaban de sus excelencias como si hubiesen vivido la experiencia soviética en primera persona. Es evidente que dirigentes de poco calado en partidos de ínfima relevancia deben situarse en este paradigma.

De igual modo, todos aquellos anticomunistas que lanzaban todo tipo de improperios contra la Patria de los Trabajadores sin conocer para nada el experimento soviético. Sin duda, estos “no viajes” no fueron exclusivos del ejemplo de la URSS. En la actualidad, el chavismo y el antichavismo en Venezuela es debatido por cualquiera que haya leído cualquier diario (digital o en papel), o haya escuchado o visto en radio o televisión cualquier noticia al respecto, como también sucedió en su día con la revolución cubana de 1959.

No obstante, la creación del primer Estado autocalificado como socialista de la historia, no dejó indiferente a nadie, ya que la génesis y la consolidación del país de los sóviets fue uno de los principales acontecimientos de la Historia Contemporánea.


LA EXTREMA DERECHA Y LAS ELECCIONES EUROPEAS. CINCO PAÍSES QUE HAY QUE SEGUIR CON ESPECIAL ATENCIÓN

mayo 25, 2019

Vídeo de El País sobre el acto de diversos líderes ultraderechistas europeos celebrado en Milán el 19 de mayo. Fue convocado por la Lega que lidera Matteo Salvini.

 

AL MARGEN DE LOS RESULTADOS QUE OBTENGA VOX EN ESPAÑA y conocer su grupo de afinidad en el Parlamento Europeo, consideramos que -en relación a la extrema derecha- son de especial interés los comicios europeos en cinco países: Gran Bretaña, Italia, Francia, Austria y Hungría. A continuación exponemos las circunstancias que justifican esta particular atención.

1. Gran Bretaña: ¿Victoria del partido del Brexit?

En un país conmocionado por la dimisión de Theresa May debido al laberinto del Brexit, el resultado del Brexit Party [Partido del Brexit] puede ser relevante, en la medida que radicalice las posiciones del nuevo liderazgo conservador. En tal sentido, destacan dos aspectos.

Spot de las elecciones europeas del Brexit Party

Por una parte, la capacidad de reinvención política de Nigel Farage, el exdirigente del United Kingdom Independence Party [Partido de la Independencia del Reino Unido, UKIP]. Este, inmune a los escándalos y falsedades vertidas en la campaña del referéndum del Brexit, vuelve a encabezar los sondeos europeos con una victoria abrumadora de su nuevo Brexit Party (37% del voto). Por otra parte, el temor de los conservadores a una hemorragia de apoyos en esta dirección ha radicalizado a los partidarios del “Brexit duro”. De este modo, Boris Johnson, un eventual sucesor de May, ha afirmado ya que habrá salida del Brexit “con o sin acuerdo”.

2. Italia: ¿Los resultados de Matteo Salvini le permitirán liderar a la ultraderecha europea?

Spot de las elecciones europeas de la Lega.

Salvini ha apostado fuerte en estas elecciones europeas: aspira a convertirse en el líder de una alianza de partidos de extrema derecha en Estrasburgo y, a la vez, posicionarse como futuro primer ministro de Italia en el caso de celebrarse comicios estatales en un futuro próximo.

Tiene motivos para hacerlo, pues las encuestas le sitúan ganador de los comicios europeos con un 30% del voto. El domingo 19 de mayo hizo una demostración de fuerza nacional e internacional al convocar a sus aliados europeos en un gran acto público en Milán (véase el video del inicio del post).

3. Francia: ¿Vencerá Marine Le Pen a Emmanuel Macron?

El presidente francés afronta este domingo una cita electoral arriesgada, pues Marine Le Pen puede vencer de nuevo los comicios europeos (como ya sucedió en 2014), lo que debilitaría al inquilino del Eliseo y le dejaría en una incómoda situación. Ello se debe a que estas elecciones han adquirido un carácter plebiscitario sobre la gestión de Macron, especialmente después de la crisis de los chalecos amarillos.

Spot de las elecciones europeas del Rassemblement National.

Por ahora, las encuestas pronostican una ajustada victoria de Le Pen (24%) y su Rassemblement National [Reagrupamiento Nacional, RN] frente a la candidata de Macron, Nathalie Loiseau  (22.5%).

4. ¿Cómo afectará al ultraderechista FPÖ la crisis creada por su líder y vicepresidente?

Fragmento del vídeo comprometedor de Heinz-Christian Strache.

El Freiheitliche Partei Österreichs [Partido de la Libertad de Austria, FPÖ] afronta en estos comicios una complicada situación. Ello obedece, como es sabido, al comprometedor video que fue publicado que protagoniza su líder Heinz-Christian Strache. En él, Strache prometía favores económicos a una supuesta oligarca rusa si esta le brindaba ayuda electoral a través de la prensa. En este caso, no es un spot electoral el video que marca los comicios europeos en Austria.

Esta cita a las urnas permitirá constatar hasta qué punto estos escándalos afectan a los partidos de la ultraderecha o permanecen relatívamente inmunes a ellos ante la indulgencia de su electorado. Recordemos que en las elecciones europeas de 2014 el FPÖ obtuvo el 19.7% del voto y 4 diputados.

5. ¿Conseguirá Viktor Orbán revalidar sus espectaculares resultados para presionar al Partido Popular Europeo [PPE]?

Hungría es un campo de juego importante en estos comicios. El partido de su presidente, Fidesz [Magyar Polgári Szövetség, Unión Cívica Húngara], se ha convertido en una pieza relevante del tablero de la derecha y la ultraderecha en vistas a su correlación de fuerzas en el parlamento de Estrasburgo.

Vídeo de El País que sintetiza las posiciones de Orban en siete frases.

¿La razón? La deriva iliberal del ejecutivo de Orban. Este no cesa de limitar las libertades públicas, vulnerar valores y directrices de la UE  e impulsar una concentración de poder en el ejecutivo. Ello ha creado una difícil situación en el PPE, al que Fidesz pertenece, que debía decidir su expulsión del grupo. Tras una ardua discusión, el PPE optó por una vía intermedia entre la expulsión y la continuidad: la suspensión. Ello priva a Fidesz de ejercer su voto en el seno del PPE y a asistir a los congresos del grupo parlamentario.

Ahora Orban, a la par de manifestar su enojo y distanciamiento con el PPE, flirtea con la extrema derecha. Quienes le cortejan políticamente tienen motivos: Fidesz obtuvo 14 diputados en los comicios europeos de 2014 (51.4% del voto) y ahora podría revalidarlos con holgura, pues los sondeos le otorgan de nuevo más del 50% del voto. Tal aportación podría ser muy valiosa en Estrasburgo, donde se prevé un descenso del PPE a la par que la extrema derecha cotiza a la alza. Así las cosas, Fidesz podría optar por dejar de ser un partido “estigmatizado” del PPE y ser “rehabilitado” o bien devenir el socio preferente de un grupo euroescéptico o euro-crítico.


“STEVE BANNON, EL GRAN MANIPULADOR”, UN DOCUMENTAL IMPRESCINDIBLE PARA CONOCER THE MOVEMENT Y LA ULTRADERECHA TRANSATLÁNTICA

mayo 19, 2019

Trailer de Steve Bannon, el gran manipulador (Alison Klayman, 2019). 

 

¿CÓMO ACTÚA STEVE BANNON? ¿Cuáles son sus conexiones internacionales? ¿Cómo funciona su plataforma The Movement, que pretende interconectar a la extrema derecha europea? El documental The Brink, de Alison Klayman (93 minutos), estrenado aquí como Steve Bannon, el gran manipulador, es imprescindible para conocerlo. En este sentido, cuando nos hallamos a las puertas de las elecciones europeas, recomendamos su visionado por tres razones que exponemos a continuación.

1. Bannon según Bannon

La primera es que la cinta no ofrece una aproximación a Bannon a partir de testimonios de politólogos, periodistas, amigos o enemigos, sino a través de la vida cotidiana del propio Bannon: muestra sus reuniones, viajes, entrevistas con periodistas, sus puntos de vista políticos en público y en privado. Con tal fin, Klayman acompañó a Bannon durante un año, de otoño de 2017 al de 2018, y el resultado es una excelente aproximación directa al personaje, con sus filias y fobias, y, sobre todo, con sus habilidades políticas, sociales y comunicativas. Esta última cuestión nos lleva al segundo aspecto interesante de la cinta.

2. El funcionamiento de The Movement

Como parecía previsible, The Movement no es una estructura claramente vertebrada y dotada de un extenso organigrama, sino que el film transmite cómo Bannon estructura una red horizontal de contactos de la que él y su entorno aspiran a devenir su nodo central. Asistimos así a reuniones del protagonista con diversos líderes de la ultraderecha europea (Matteo Salvini, Nigel Farage, Marine Le Pen y Louis Aliot o Filip Dewinter, entre otros), pero también a sus mítines y entrevistas con sus diversos contactos internacionales.

A la hora de construir esta red de vínculos Bannon se vale de su capacidad de gestión (pues es un profesional procedente del ámbito financiero y de los medios de comunicación), a la par que exhibe buenas dotes de comunicador y seducción en el trato cercano, lo que le permite meterse a sus auditorios en el bolsillo.

3. El mensaje político de Bannon es el propio Bannon

En tercer y último lugar, si algo corrobora este documental es que el mensaje que Bannon pretende transmitir lo plasma él mismo. Como ya señalamos en un análisis precedente, su capacidad de influir políticamente radica en que encarna el “Yes We Can”, el “Sí se puede”, de la ultraderecha: él fue quien en calidad de asesor de campaña facilitó que Donald Trump, un extremista de derecha, llegara a la Casa Blanca. Y si el teórico de la comunicación Marshall McLuhan afirmó que “el medio es el mensaje”, este documental ratifica que la figura de Bannon es el mensaje que este quiere transmitir: que la victoria es posible. De ahí su magnetismo. Pero Klayman resalta otro componente de Bannon: su mesianismo. Posee la convicción de que puede liderar un movimiento de cambio histórico. Y ello es un detalle en absoluto menor para comprender al personaje.