EL TRUMPISMO DE VOX, UNA RUPTURA EN LA TRADICIÓN ANTI-ESTADOUNIDENSE DE LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA

mayo 27, 2020

Vox se ha mostrado partidario de Donald Trump y ha asumido aspectos de su discurso (imagen de elplural.com)

 

VOX HA SUPUESTO UN CAMBIO IMPORTANTE EN LA CULTURA POLÍTICA DE LA ULTRADERECHA ESPAÑOLA AL ALINEARSE CON EL TRUMPISMO. Tal toma de posición supone una ruptura con la cultura política de la extrema derecha española, tradicionalmente anti-estadounidense. Como este aspecto ha pasado desapercibido incluso para sectores  académicos, hemos considerado importante remarcarlo.

Para ello reproducimos esta entrevista que hicimos en 2013 al historiador Daniel Fernández de Miguel al publicar su ensayo El enemigo yanqui. Las raíces conservadoras del antiamericanismo español.  Su contenido cobra hoy renovada actualidad al exponer la larga tradición política de antiamericanismo existente en el seno de la derecha española. Ello permite apreciar cómo la irrupción de Vox ha supuesto una ruptura ideológica en tal sentido.

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DANIEL FERNÁNDEZ DE MIGUEL: “ANTES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EL ANTIAMERICANISMO ESPAÑOL DE DERECHAS Y DE IZQUIERDAS ERAN MUY SIMILARES”

DFDM¿Existe un antiamericanismo de derechas tan intenso como el de izquierdas? Así lo demuestra un estudio más que interesante de Daniel Fernández de Miguel.El autor es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, tras ser becado por la Fundación Ramón Areces para realizar una tesis doctoral sobre el antiamericanismo conservador español. En el curso de su investigación, ha realizado estancias en la University of California, San Diego, y en l’École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Ha publicado El enemigo yanqui, además de diversos artículos y colaboraciones sobre la imagen norteamericana en España. En la actualidad trabaja en una fundación privada y colabora con el Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

Tras leer su obra le hemos planteado una entrevista por correo electrónico que le agradecemos que haya contestado para nuestro blog y reproducimos a continuación.

¿Cuando y por qué cristaliza un antiamericanismo español conservador?

El siglo XIX fue fundamental para que surgiera y se consolidara un antiamericanismo de carácter conservador en España. Las causas son diversas.  En primer lugar, a lo largo de la centuria hubo un constante choque de intereses en el continente americano entre los dirigentes de una España que buscaba a toda costa mantener la influencia sobre sus antiguas colonias, y los gobernantes del coloso anglosajón, que trataban de sumar nuevos territorios y lograr ventajas económicas y comerciales. Pronto se desarrolló en España una corriente de opinión de talante conservador en la que se llamaba a la unión de los pueblos hispanos frente a la amenaza política, cultural, religiosa y económica que representaba el enemigo yanqui.

Por otro lado, comenzaron a extenderse por Europa ciertos tópicos sobre los norteamericanos, a los que se tildaba de vulgares, pueriles y materialistas, un pueblo de mercachifles sin alma. Por último, hay que tener en cuenta que Estados Unidos se erigió como una de las naciones faro de la democracia, el republicanismo y la libertad religiosa, cuyo ejemplo podía ser emulado en otras latitudes, lo que concitaba la enemistad de los sectores más conservadores de las sociedades europeas, en particular de las católicas.

El antiamericanismo español, según su libro, codificó en gran medida una imagen del estadounidense a partir de la novela Babbitt (1922), de Sinclair Lewis. ¿Qué visión ofrecía esta obra que resultó tan atractiva a la derecha española?

El éxito de Babbitt a la hora de ofrecer una determinada imagen del estadounidense no se circunscribió a España, la novela tuvo una excelente acogida en toda Europa durante los años veinte y treinta. La clave de su éxito consistió en ofrecer una visión crítica de la vida del ciudadano medio norteamericano en un momento en el que numerosos intelectuales y creadores de opinión europeos se afanaban por demostrar la vacuidad de un American way of life que comenzaba a fascinar a muchos ciudadanos del viejo continente, hipnotizados por las imágenes que trasladaban las películas de la potente industria cinematográfica estadounidense.

Portada-El-enemigo-yanqui

Portada de El enemigo yanqui.

En la derecha española, tanto en círculos católicos como en falangistas, se utilizó la novela como argumento de autoridad para destacar varios aspectos que deploraban del “carácter” estadounidense: el conformismo, el materialismo ramplón, la hipocresía, el infantilismo, la ignorancia… Además, el hecho de que el personaje central de la novela, George F. Babbitt, perteneciera a una suerte de club rotario, contribuyó aún más a su identificación por parte de la derecha española como epítome de los males de la vida yanqui. No olvidemos que el rotarismo fue anatematizado por la Iglesia española a través de una intensa campaña protagonizada por varios obispos en 1928, cuyo colofón fue una admonición pastoral del arzobispo de Toledo, el Cardenal Pedro Segura, en enero de 1929.

¿En qué aspectos difiere este antiamericanismo de derechas del de izquierdas?

 En las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial, el antiamericanismo español de derechas y el de izquierdas guardaban muchas semejanzas. Ambos discursos coincidían en la denuncia del “imperialismo yanqui” sobre la América hispana. Y se criticaba a la sociedad estadounidense basándose en similares imágenes: la obsesión por el dinero, el febril ritmo de vida, la impersonalidad de la sociedad de masas, la insustancialidad de su industria del entretenimiento… En definitiva, lo que más les chocaba de un nuevo estilo de vida, de una modernidad, con la que los españoles de la época todavía no estaban muy familiarizados.

En lo que sí se diferenciaban era en la mayor hostilidad que entre los sectores de la izquierda radical generaba el capitalismo norteamericano y la represión del movimiento obrero. Tras la Segunda Guerra Mundial, sobre todo a partir de los años sesenta, el antiamericanismo de izquierdas se caracterizará por su talante marcadamente político, de denuncia de la política exterior de la gran superpotencia occidental, mientras que en la derecha el antiamericanismo, más minoritario que antes, permanecerá sobre todo ligado a prejuicios culturales, morales y de estilo de vida.

¿Qué importancia tuvo este antiamericanismo bajo el franquismo?

Durante el primer franquismo, hasta finales de los años cuarenta, el discurso antiamericano de derechas gozó de gran predicamento.

Cuando se creía en la victoria del Eje en la Segunda Guerra Mundial, este discurso fue profusamente utilizado, con un grado de virulencia solo alcanzado con anterioridad en el contexto de la Guerra de 1898. Y durante los años del aislamiento, en la segunda mitad de los años cuarenta, falangistas, católicos y militares, con la connivencia de las autoridades, no dudaron en criticar a EEUU y lo que representaba su modelo de vida, en comparación con una España a la que se presentaba como voluntariamente aislada del ajetreado mundo exterior, displicente hacia el nuevo liderazgo norteamericano del bloque occidental, al que se criticaba por su supuesta blandura e inocencia. Los retratos que se hacían entonces de la vida estadounidense en algunas publicaciones falangistas, militares y católicas no tenían desperdicio. La criminalidad, la disolución de la familia, el consumo de drogas, la tensión nerviosa… parecían campar a sus anchas en el país del Tío Sam. Fue entonces cuando más énfasis se puso desde la Iglesia en alertar sobre el peligro de que EEUU utilizara su inmenso poder para difundir el protestantismo por el mundo.

Franco-Eisenhoower

El abrazo de Franco y Eisenhoower en diciembre de 1959 visualizó el giro ideológico del régimen.

A comienzos de los años cincuenta, cuando las vicisitudes de la guerra fría condujeron a la búsqueda de entendimiento entre la Casa Blanca y El Pardo, se produjo un cambio de opinión hacia EEUU en el régimen franquista, ratificado por los acuerdos del 26 de septiembre de 1953 (Convenios1953). A partir de entonces, si bien en privado permaneció un fuerte sustrato antiamericano en algunos sectores del régimen, visibilizado en ocasiones con espectacularidad, como en el famoso artículo de Blas Piñar titulado  “Hipócritas”  publicado en ABCden 1962 (ver PDF aquí: ABC-19-01-62), llo cierto es que en público se reprimieron las muestras de este tipo de antiamericanismo.

¿Queda hoy algún legado de este antiamericanismo?

La plena incorporación de la sociedad española, a lo largo del último medio siglo, a pautas de vida modernas, que deben mucho a la influencia estadounidense, ha acortado la brecha cultural y de estilo de vida que separaba anteriormente a ambos países.

Por lo tanto, el antiamericanismo ya no conforma un discurso integral de oposición contra toda una civilización. Las últimas muestras de antiamericanismo ideológico se dieron en grupos de extrema derecha surgidos en el tardofranquismo, como Fuerza Nueva o el Círculo Español De Amigos de Europa [CEDADE]. No obstante, lo que ha legado el antiamericanismo conservador es una serie deshilvanada de prejuicios y tópicos sobre los anglosajones, que se han transmitido de generación a generación con muy pocos cambios y que siguen estando muy presentes en la sociedad a la hora de valorar a los estadounidenses.

Antiamericanismo 2010

Cartel del Movimiento Social Republicano [MSR] en el que es visible el antiamericanismo.

Hoy en día, el antiamericanismo conservador se encuentra más extendido entre los países de religión musulmana que en Europa. De manera parecida a lo que ocurría dentro del conservadurismo católico en el pasado, el temor a la pérdida de identidad, a la secularización y a la imposición de la modernización al estilo americano constituyen los principales motivos del antiamericanismo islámico, además del carácter de “cruzada” con que sus sectores más extremistas interpretan la política exterior estadounidense de los últimos años.


EL 68: REFLEXIONES HISTÓRICAS DE INTERÉS

abril 27, 2020

 

Blindado del Ejército en México D.F. el 26 de julio de 1968 en una concentración de estudiantes (foto de Wikipedia).

 

EL RECUERDO DE LOS 40 AÑOS DE 1968 HA DEJADO UNA ESTELA DE PUBLICACIONES, de las que se hizo eco la prensa.

Por nuestra parte, colaboramos en un estudio colectivo sobre extremismo y violencia política que recomendamos por la diversidad de sus temas y trabajos: Juan Avilés, José Manuel Azcona y Matteo Re (eds.), Después del 68: la deriva terrorista en Occidente (Sílex ediciones, Madrid, 2019), 634 pp.. Nuestra aportación fue “Redes y dinámicas transnacionales de contrainsurgencia en la América Latina de los años del plomo: ‘Terror import/export’“. Puede accederse al sumario e introducción de la obra en PDF aquí.

 

En esta entrada incorporamos el PDF completo (68s – Coloquio) de las actas de un interesante congreso internacional al respecto, celebrado en Barcelona los días 29 y 30 de noviembre de 2018. Su referencia bibliográfica es la siguiente: Carme Molinero, Ricard Martínez i Muntada y Brice Chamouleau (eds). 68s. Congrés Internacional. Actes. Barcelona (CEDID-UAB, 2019), 185 pp. Se puede acceder al conjunto de información sobre la obra aquí, de donde hemos descargado el PDF.

El contenido de las actas es el siguiente:

  • “El 68 y su proyección violenta: los años 70, ‘años de plomo'”, Victor Aparicio Rodríguez.
  • “Recepción e influencia del mayo francés del 68 en España. El caso catalán”, Patricia Badenes Salazar.
  • “La transcendència dels anys 68 a la comarca de la Safor (País Valencià) repercussions i conseqüencies posteriors”, Vicent Cremades.
  • “La deriva más radical de los 68’s: Die Rote Armee Fraktion. Die Generation ‘K'”, Laura García Fernández.
  • “De la Renaixença al 68. Nacimiento y construcción del nacionalismo de liberación en la Cataluña del Tardofranquismo”, Andrea Geniola.
  • “1968 com a transició narrativa i cultural a Catalunya”, Mariona Lladonosa Latorre.
  • “The agitators of today and the leaders of tomorrow”. La política exterior de Estados Unidos y los estudiantes españoles en el contexto del 68″, Óscar J. Martín García.
  • “Letters from ‘Glaucos’: Guy Debord during the Portuguese Revolution”, Ricardo Noronha.
  • “Origen, trayectoria y resistencia en la nueva izquierda en Chile. El discurso de la violencia y la justicia en la reconfiguración estratégica del Movimiento de Izquierda Revolucionaria [MIR]”, José Antonio Palma Ramos.
  • “Calles, suburbios y fábricas. La crítica a la producción del espacio en el cine del Mayo francés”, Irene Valle Corpas.
  • “De las aulas a las armas. Radicalización del estudiantado universitario santafesino en la segunda mitad de la década de 1960”, Natalia Vega.
  • “El 68 invers. Sorgiment i èxit d’una cultura ‘troll’ de dretes, 50 anys després”, Francesc Veiga.

 

 


TRES APUNTES SOBRE LA AFINIDAD DE VOX CON EL PARTIDO LEY Y JUSTICIA POLACO

marzo 2, 2020

Santiago Abascal, líder de Vox, y el presidente del partido Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski (foto de La Razón).

 

LA PROPUESTA DE VOX DE PAGAR 100 EUROS MENSUALES POR CADA HIJO HASTA LOS 18 AÑOS supone adoptar una medida estelar del partido Ley y Justicia [PiS], que gobierna Polonia. Diversas decisiones tomadas por los ejecutivos del PiS han sido asociadas a la creación de “democracias iliberales”, como ejemplificaron sus reformas destinadas a controlar el poder judicial. Desde nuestra óptica, es interesante remarcar esta proximidad de Vox al PiS por tres razones.

1. Una ruptura en las tradicionales afinidades de la ultraderecha

La extrema derecha española tradicionalmente (por razones de proximidad geográfica y cultural) ha sido proclive a primar las relaciones de proximidad con formaciones italianas y francesas por encima de las de otros países. Eventualmente, hubo cierta conexión con la Guardia de Hierro rumana en los años treinta y en la posguerra que aún perduró en los setenta. Sin embargo, las afinidades con fuerzas ultracatólicas y antirusas del Este, como es el caso de Vox y el PiS, constituyen una novedad.

De hecho, Vox ya manifestó en su programa que compartía el euroescepticismo de los países del llamado grupo de Visegrado, que incluyen a Polonia: “Impulsar en Bruselas un nuevo tratado europeo, en la línea que defienden los países del grupo de Visegrado en cuanto a fronteras, soberanía nacional y respeto por los valores de la cultura europea”.

2. Una elección de aliados significativa

En este sentido, Vox no escogió como grupo parlamentario en Estrasburgo a Identidad y Democracia (que lidera la Liga italiana y al que pertenece el Reagrupamiento Nacional que dirige Marine Le Pen), sino al de los Conservadores y Reformistas Europeos, que pertenece el PiS.

Sin embargo, ello ha supuesto una contradicción significativa para el partido que lidera Santiago Abascal, ya que a este grupo, paradójicamente, también esta adscrito a él la formación valedora de Carles Puigdemont, la Nueva Alianza Flamenca [N-VA].

3. Un cambio silencioso de política económica

Al asumir la citada medida estelar del PiS para fomentar la natalidad, Vox no solo ha remarcado su vecindad ideológica con este partido, sino que también ha hecho una enmienda silente a su política económica neoliberal. Y es que instaurar este subsidio requeriría entre 9.600 y 8.000 millones anuales de euros. Ello choca con su afán de rebajar impuestos y reducir el Estado. Por esta vía, Vox puede haber iniciado una andadura para proyectarse como “derecha social” y buscar caladeros de voto en sectores sociales populares, aunque es pronto para formular conjeturas al respecto.

Conclusión: un partido “en construcción”

La afinidad entre Vox y el PiS aquí expuesta ilustra, por una parte, como Vox ha  cambiado tradiciones establecidas en la extrema derecha española, al priorizar por ahora como referente a un partido ultracatólico del Este. Por otra parte, refleja como Vox modifica algunos de sus pilares programáticos de forma implícita y según cada coyuntura. Ello representa una capacidad de rápida adaptación a escenarios cambiantes sin asumir contradicciones notorias.


CÓMO LA ULTRADERECHA EXPLOTA LAS PERIFERIAS: LE PEN Y LAS ELECCIONES LOCALES COMO EJEMPLO

febrero 2, 2020

 

HEMOS DEDICADO LAS ÚLTIMAS ENTRADAS DEL BLOG A “LA ESPAÑA VACIADA” Y A LAS PERIFERIAS EMERGENTES O CONSOLIDADAS.

Hemos visto así como estas últimas se han manifestado ya en las elecciones del 10-N y plantean tensiones territoriales nuevas, con propuestas de nuevas autonomías (una región leonesa) o creación de ciudades autónomas (La Línea). Asimismo, hemos advertido que esas periferias (los “lugares que no importan”, siguiendo a Andrés Rodríguez-Pose) manifestaban su protesta por su relegamiento votando a opciones populistas.

La ultraderecha contra las “megalópolis”

La estrategia de Marine Le Pen y su Reagrupamiento Nacional [RN] en vista a las futuras elecciones locales de 2020 pasa precisamente por explotar esta realidad. Lo recoge el blog francés Fragments sur les temps présents (de lectura imprescindible para público interesado en la ultraderecha), haciéndose eco de un artículo de Nicolas Lebourg. Según este reputado experto en la extrema derecha, la estrategia lepenista es la siguiente:

Ella [Marine Le Pen] defiende una “desmetropolización” y el “localismo”. Las críticas a la ciudad mundial [ville-monde] de París (donde el RN no tiene ninguna opción electoral), más preocupada por las otras ciudades mundiales que por las francesas, le permiten abogar por un incentivo fiscal para reubicar empresas de metrópolis en zonas áreas abandonadas. Es una idea que le permite vincular las campañas municipales y presidenciales.

En suma, transforma su sociología electoral (clases trabajadoras del sector privado, áreas rurales, etc.) en el campo político de los outsiders de la globalización que ella conduciría contra la “nación start-up [emergente]” de Emmanuel Macron.

De este modo, lo que puede ser una campaña electoral poco atractiva se convierte en un combate épico contra la globalización (“el mundialismo” antinacional y la defensa de la Francia olvidada), una estrategia que el politólogo Xavier Crettiez denomina “escapismo revolucionario”.

Y es que Le Pen afirma que los comicios locales serán la ocasión para que emerja una nueva élite forjada en la política municipal para regenerar el país y detener el proceso de decadencia de grandes zonas territoriales ante la consolidación de urbes y regiones dinámicas (véase el discurso de Le Pen en la clausura de la convención nacional del RN para los comicios locales de 2020 de 12 de enero, especialmente a partir del minuto 10).

 

El trasfondo: la Francia periférica de los “chalecos amarillos”

Este combate electoral lepenista no puede comprenderse plenamente si no tenemos en cuenta la revuelta de los “chalecos amarillos” iniciada en octubre de 2018. Esta última fue una formidable protesta de la “Francia periférica” y su creciente abandono contra París como “ciudad global”.

Su estallido fue una sorpresa y lo motivaron decisiones aparentemente de poco calado, como el aumento del precio del combustible o una mayor limitación de la velocidad. Sin embargo, ello fue el precipitante de la revuelta de una Francia periférica que necesita el automóvil porque cada vez tiene más dificultades para disfrutar de servicios o acceder a un empleo.

Este proceso lo describió con claridad meridiana el geógrafo Christophe Guilluy en La France périphérique. Comme on a sacrifié les clases populaires (2014), de lectura necesaria para entender las cuestiones que planteamos en esta entrada y las precedentes.

Retrocede la polarización izquierda-derecha ante otra emergente: periferia perdedora-ciudad global

En síntesis, lo que refleja el discurso lepenista en los comicios locales es la importancia creciente de la brecha que se abre entre periferias insurgentes y que se resisten a enquistarse en la marginalidad y la red de urbes globales bien insertas en las redes de comunicación, conocimiento y economía global.

El lepenismo ya ha obtenido buenos réditos de ello, como señaló el politólogo Pascal Perrineau en La France au Front. Essai sur l’avenir du Front National (2014). Este subrayó la importancia de las fracturas territoriales en su voto.

¿Por qué dedicamos nuestra atención a esta cuestión? Porque es más que probable que las periferias emergentes españolas generen nuevas dinámicas políticas aún por contornear, pero que adquirirán importancia creciente a corto y medio plazo y articularán conexiones con opciones populistas de signo diverso.


TRES LECTURAS SOBRE LA “ESPAÑA VACIADA” Y SUS IMPLICACIONES POLÍTICAS Y SOCIALES

enero 26, 2020

Imagen de eldiario.es sobre “La España vaciada” de un interesante artículo sobre el tema.

 

EN NUESTRA ANTERIOR ENTRADA HEMOS ABORDADO LAS NUEVAS TENSIONES POLÍTICAS que está generando la llamada “España vaciada”, es decir, los territorios que sufren una despoblación difícil de revertir y que intentan hacer oír su voz.

Baste apuntar al respecto que -según previsiones de la División de Población de la ONU- un 28% de la población total de España en 2035 vivirá en Barcelona y Madrid, porcentaje que llegaría al 33% al sumar Valencia, Sevilla y Zaragoza con sus periferias. En esta entrada sugerimos tres lecturas de interés sobre esta cuestión, ya que consideramos que cada vez tendrá más peso en la vida política y social del país.

Sergio del Molino, La España vacía (2016)

Sergio del Molino, La España vacía. Viaje por un país que nunca fue (2016).

Excelente y premiado ensayo, bien escrito por un periodista nacido en 1979 y que a través de los viajes, datos y reflexiones del autor traza un sólido y buen retrato de la España que se despuebla. Muestra así como se configuran “dos Españas”, no en términos machadianos, sino de población, equipamientos y servicios: “Hay dos Españas: una urbana y europea, y una España interior y despoblada. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía”, advierte. El éxito de la obra ha dado nombre al fenómeno de la “España vaciada”. Clicando aquí puede leerse algunas de sus páginas y aquí el autor presenta la obra.

Andrés Rodríguez-Pose, “La venganza de los lugares que no importan” (2018)

Andrés Rodríguez-Pose, “The revenge of the places that don’t matter” [La venganza de los lugares que no importan”] (2018).

Este estudio de un profesor de Geografía Económica de la prestigiosa London School of Economics [LSE] analiza cómo la situación de pobreza y declive económico que supone la despoblación ha creado periferias (“lugares que no importan”) cuya protesta se ha canalizado por una vía populista de “fuertes fundamentos territoriales, en lugar de sociales”, como han reflejado el Brexit o el acceso de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU.. A partir de tales consideraciones subraya la necesidad de implementar políticas de desarrollo territorial. Puede verse en este articulo una síntesis de sus tesis y descargarse aquí su estudio en PDF.

“Periferias. Nuevas geografías del malestar”, Papeles, 147 (2020)

“Periferias. Nuevas geografías del malestar” es el tema central del número 147 (2020) de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global de la FUHEM. La revista permite acceder on-line a algunos de sus artículos que ofrecen un estado de la cuestión interesante y reciente, notablemente la introducción de Santiago Álvarez Cantalapiedra. Este señala como la “pérdida de población ha dejado de ser exclusivamente un fenómeno rural y alcanza también a las capitales de provincia y de comarca, cuyos habitantes emigran hacia los grandes centros urbanos, dando paso al éxodo urbano de la población más cualificada hacia las ciudades globales”.


2019: EL AÑO DE VOX Y CHEGA Y DEL FIN DE LA EXCEPCIONALIDAD IBÉRICA DE LA ULTRADERECHA

diciembre 23, 2019

André Ventura, líder de Chega, felicita a Vox por sus buenos resultados.

 

EL AÑO 2019 HA SIDO EL DE LA ECLOSIÓN DE VOX Y CHEGA, lo que ha marcado y redefinido la política española mientras está por ver su efecto en la portuguesa. En este sentido, nos parece interesante hacer tres precisiones.

1. Vox y Chega, el fin de la excepcionalidad ibérica

El año 2019 ha marcado el fin de la excepcionalidad ibérica en cuanto a la presencia de la extrema derecha en los parlamentos estatales con el ingreso de Vox en España y Chega en Portugal (sus rostros públicos son Santiago Abascal y André Ventura) y ahora el único país europeo sin una formación de este espectro político en su hemiciclo es Irlanda. Ello refleja la tendencia expansiva de este sector ideológico, aunque configura una familia continental con partidos que presentan divergencias programáticas importantes.

2. El techo de crecimiento de Vox y Chega aún se desconoce

Si la ultraderecha portugesa que representa Chega obtuvo un modesto 1.3% del voto total y un escaño para su líder, Ventura, los sondeos le auguran un crecimiento y ahora su intención de voto rondaría el 5%. Por su parte, Vox ha mostrado un crecimiento discontinúo, que hemos analizado en este blog. De este modo, en las elecciones europeas del 26-M perdió casi la mitad del apoyo logrado el 28-A (su porcentaje de voto pasó del 10,1% al 6,2%). Además, según el CIS, en julio cayó al 3,3% y en octubre, antes de conocerse la sentencia de los líderes independentistas, era el 7,9%. Pero el 10-N alcanzó el 15%. En suma, actualmente no se vislumbra un techo electoral claro en el crecimiento de la extrema derecha peninsular.

3. Una extrema derecha parecida

En los dos casos, Vox y Chega, sus líderes no son antiguos ultraderechistas que llegan a sus parlamentos después de una larga etapa política de marginalidad (Ventura perteneció al Partido Social Demócrata [PSD] y Abascal al PP) y sus programas comparten una visión económica neoliberal, por lo que pueden predominar más las  semejanzas que las diferencias a medio plazo.

¿Hacia una ultraderecha “ibérica”?

Lo expuesto indica que Vox y Chega parecen configurar una ultraderecha “ibérica” en la medida que podrían compartir diferentes temas y enfoques. No obstante, son partidos que aún experimentan una definición programática y es necesario esperar un tiempo prudencial antes de extraer conclusiones al respecto.


CHEGA, LA ULTRADERECHA PORTUGUESA QUE HA ENTRADO EN EL PARLAMENTO. REPRODUCIMOS UN ANÁLISIS DE STEVEN FORTI EN CTXT. ES

diciembre 15, 2019

 

André Ventura, diputado de Chega (foto de observador.pt).

 

EL INGRESO EN EL PARLAMENTO EN LAS ELECCIONES PORTUGUESAS DE OCTUBRE DE ANDRÉ VENTURA, DEL PARTIDO CHEGA! [CH, BASTA], PARECE PONER FIN A LA EXCEPCIONALIDAD LUSA en cuanto a ausencia de formaciones de este espectro en las instituciones. Sin embargo, este tema ha merecido escasa atención mediática en España.

La excepción el respecto ha sido la revista contexto, ctxt.es, que ha publicado un interesante análisis del historiador Steven Forti (“Chega, la nueva ultraderecha portuguesa”, 11/XII/2019), a quien ya entrevistamos en este blog por su obra El peso de la nación sobre tránsfugas políticos de la izquierda al fascismo (1, 2 y 3). Actualmente es profesor asociado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa. A continuación, reproducimos su citado análisis de Chega.

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Chega, la nueva ultraderecha portuguesa

En las elecciones del 6 de octubre la formación ultra consiguió un diputado. El discurso y la estrategía de su líder, André Ventura, es cercano a Abascal, pero tiene aún más sintonía con Bolsonaro

 

Hasta hace poco se repetía que la península ibérica era una excepción en una Europa arrasada por la ola ultraderechista. Las sociedades española y portuguesa, se decía, tenían unos anticuerpos que habrían evitado el contagio del virus por debajo de los Pirineos. Pues bien, la excepción ha terminado: Vox se ha convertido en solo doce meses en la tercera fuerza en el Congreso, al obtener el 15% de los votos el pasado 10-N, mientras que una nueva fuerza de extrema derecha, Chega, acaba de hacer su ingreso en el Parlamento luso. De momento, solo Irlanda y Malta no cuentan con diputados ultras en sus cámaras.

Es cierto que el resultado de Chega en las elecciones legislativas portuguesas del pasado mes de octubre –1,3%, 67.826 votos– no es en absoluto comparable con la explosión de la formación de Abascal. En comparación con los 52 diputados de Vox, un solo parlamentario ultra en Lisboa, el joven líder de la formación André Ventura, de 36 años, parece casi “inocuo”. Además, con otro sistema electoral, como el español, no habría conseguido siquiera representación parlamentaria. A orillas del Tajo el fenómeno es sin duda limitado. Sin embargo, la aparición de Chega es sintomática de una serie de procesos que se están dando a nivel internacional y merece la pena prestarle atención. Además, es la primera vez desde la Revolución de los Claveles de 1974 que la extrema derecha entra en el Parlamento de Lisboa.

Un partido ultraliberal

Chega, literalmente Basta, nació el pasado mes de abril como una escisión del Partido Social Demócrata (PSD), la fuerza principal de la derecha portuguesa. Ventura, de hecho, fue militante del PSD. En abril de 2017 fue candidato por el partido de Passos-Coelho a la alcaldía de Loures, un municipio en la periferia norte de la capital lusa gobernado por los comunistas. Quedó muy lejos de ganar, pero fue elegido concejal y, sobre todo, radicalizó el discurso de la derecha conservadora clásica, a lomos del antigitanismo. En mayo de este año se presentó a las elecciones europeas en la coalición Basta!, junto a otros pequeños partidos, como los monárquicos y los pro-vida. No consiguió ser elegido, pero obtuvo 50.000 votos, el 1,5%. Fue un pequeño avance para la extrema derecha, históricamente muy fragmentada y con porcentajes de voto inferiores al 1%.

Chega se considera un partido “conservador en las costumbres, liberal en la economía, nacional en la identidad y personalista”. Cuando se le pregunta si es de extrema derecha, Ventura contesta que es sencillamente “antisistema” o “políticamente incorrecto”. Nada nuevo, por otro lado. A Salvini no le gusta que le digan que es un ultraderechista, aboga por definirse como el representante del sentido común de los italianos. Según Goffredo Adinolfi, historiador e investigador en el Instituto Universitario de Lisboa, Chega es sin lugar a dudas “un partido populista de extrema derecha”, similar a Vox y a la Liga: “Todos son hijos del mismo magma cultural que se adapta al contexto nacional donde actúa”. Manuel Loff, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Oporto, va más allá. Para el, la de Ventura es una formación “nacional-populista con rasgos evidentes de neofascismo”.

Desde el punto de vista ideológico, efectivamente, Chega se enmarca perfectamente en la extrema derecha 2.0 que tras la crisis de 2008 ha ido expandiéndose por toda Europa. Las analogías con Vox, aún más que con otros partidos, son evidentes: no solo por el discurso contra la inmigración, las políticas de género, el “marxismo cultural”, la corrupción y el clientelismo o en defensa de la familia tradicional y la mano dura en temas de seguridad –propone la cadena perpetua y la castración química para los violadores; presentó como candidato en Oporto a Hugo Ernano, militar de la Guardia Nacional Republicana que en 2008 asesinó un muchacho de 13 años durante una persecución policial–, sino, sobre todo, por las políticas ultraliberales en temas económicos. Además de la bajada de impuestos –considerados una “extorsión fiscal” y “terrorismo de Estado”–, una de sus medidas estrella es el desmantelamiento del sistema público de salud y educación y la eliminación del Ministerio de Educación. En resumen, privatización a toda costa. No por casualidad, Ventura, que se considera un fan de Reagan, tenía una estupenda relación con Passos Coelho, el exprimer ministro conservador que aplicó entre 2011 y 2015 las políticas de austeridad más duras de la historia lusa. El que fuera presidente del PSD hasta 2018 fue su principal valedor cuando se presentó a la alcaldía de Loures.

Siendo Portugal un país mucho más centralizado que España y sin pulsiones secesionistas, Chega no propone con tanta fuerza una recentralización del sistema como Vox, pero sí aboga por una reforma completa de la Tercera República. En su programa, propone la extinción del cargo de primer ministro, la instauración de un sistema presidencialista y una drástica reducción de los diputados (de 230 a 100). Un discurso no solo favorable a un líder fuerte que no encuentre obstáculos en la separación de poderes, sino también una crítica al funcionamiento mismo del sistema democrático, sean estos los “chiringuitos”, como en el caso de Vox, o el número de parlamentarios, como el Movimiento 5 Estrellas. La democracia, en síntesis, es presentada como un gasto inútil.

En temas económicos, Chega entra en competición con Iniciativa Liberal (IL), una nueva formación que ha obtenido también un diputado en las últimas elecciones. IL es otra escisión del PSD que en los últimos comicios ha obtenido el peor resultado de su historia (27,7%), al perder más de un millón de votos con respecto a 2011. Lo mismo puede decirse de la otra fuerza tradicional de la derecha lusa, el Centro Democrático Social (CDS), que, con solo el 4,2%, ha tocado fondo. La crisis y la fragmentación de la derecha es una de las explicaciones de la aparición de Chega.

¿Quién vota a Chega?

Como en España y en otros países, uno de los grandes debates post-electorales en Portugal es acerca de si la extrema derecha ha conquistado  a exvotantes de izquierdas. Tanto el Bloco de Esquerda (BE) como el Partido Comunista Portugués (PCP) han perdido votos respecto a 2015 (50.000 y 114.000, respectivamente), al sufrir, aunque de forma limitada, el desgaste de apoyar al Gobierno de minoría socialista de António Costa, pero, según Loff, “no se confirma la tesis de que Chega recoge voto de la izquierda y sobre todo voto comunista”. De hecho, en la orilla sur de Lisboa, donde se encuentran históricas alcaldías comunistas, como Almada o Barreira, la extrema derecha no llega al 2% –supera escasamente la media nacional– y las izquierdas siguen siendo las primeras fuerzas. Según Loff, el de Chega es “un electorado patriarcal cabreado, salido del armario del reaccionarismo histórico de los últimos años, gracias a temas como los inmigrantes ‘inasimilables’, la denuncia de la ideología de género y la reivindicación de la grandeza histórica y la tradición portuguesas. Es un voto que proviene de entornos populares hasta ahora poco movilizados y, sobre todo, de gente mayor, que ve mucha televisión”.

El de la televisión, efectivamente, es un factor importante en el caso de Chega. Y explica, además, por qué en el norte del país, tradicionalmente conservador, no ha sacado votos, y ha quedado muy por debajo de la media nacional. André Ventura, profesor de derecho en una universidad privada, se dio a conocer en el canal de televisión CMTV, propiedad del periódico Correio da Manhã –en el que también es columnista– como tertuliano de deportes y de sucesos, un formato importado de Brasil. Es un opinador que representa al Benfica y, posiblemente por eso, no ha tenido éxito en el norte, una región donde las simpatías son todas para el Oporto. “De momento, es un voto regional, alrededor de Lisboa, y vinculado sobre todo al municipio de Loures, donde Ventura tiene una visibilidad política desde hace más de un bienio”, zanja Loff.

Sin embargo, en el análisis del voto entra también otro factor: la geografía de las minorías étnicas y, sobre todo, de los gitanos. Chega obtuvo más del 5% en Elvas, ciudad fronteriza a pocos kilómetros de Badajoz, y en Campo Maior, sede de Cafés Delta, municipios donde existe una importante comunidad gitana. “Ese no es el mapa de las alcaldías y los votos comunistas, sino del racismo y la xenofobia. El de Chega es un voto claramente gitanófobo”, añade el profesor de la Universidad de Oporto. Esto le ha permitido absorber votantes –y también algunos dirigentes– del Partido Nacional Renovador (PNR), la formación neofascista portuguesa que ha tenido en sus filas a miembros de grupos neonazis. Nacido en 2000 como compendio de diferentes pequeñas formaciones ultras y aliada en Europa de Jobbik y el British National Party, el PNR ha perdido la mitad de sus votantes el pasado octubre respecto a 2015, pasando del 0,5 al 0,3% de los votos. Hablamos de pequeñas cifras, pero los flujos son evidentes, como en el caso de Falange y Vox. Además, el programa electoral de Chega es obra de Diego Pacheco de Amorim, anteriormente autor de los programas de Nova Democracia, otra de las pequeñas formaciones de la ultraderecha portuguesa.

Inmigración y abstencionismo

El tema de la inmigración es clave para explicar la entrada de Chega en el Palacio de São Bento. Es cierto que Portugal no vivió la crisis de los refugiados de 2015 y que el número de extranjeros es menor que en otros países europeos –los residentes son poco más de medio millón sobre una población de 10,3 millones y la mayoría provienen de Brasil y las excolonias africanas, todos países lusófonos–, pero también lo es que ha ido aumentando en el último trienio, debido a las necesidades de la economía portuguesa y a la pérdida de capital humano, con la emigración de más de medio millón de jóvenes en los años más duros de la crisis. Además, según Goffredo Adinolfi, “Chega ha roto el acuerdo implícito existente entre las fuerzas políticas lusas: el de no utilizar la inmigración como un elemento de propaganda política”.

Queda otro elemento: la altísima abstención que, en octubre, superó el 51% (300.000 personas más que en 2015). “Una parte del país vive completamente fuera de la vida política”, explica el investigador del Instituto Universitario de Lisboa. “Es posible que estos sectores se decanten en el futuro por la extrema derecha. En los barrios más pobres la abstención es, de hecho, un 15 o un 20% más alta que en los barrios acomodados. Si a esto le añadimos los altos niveles de pobreza y un salario medio de solo 800 euros, es fácil entender cómo Chega tiene posibilidades de crecer”.

En cuanto a las conexiones internacionales, Chega se considera cercana a Vox, Le Pen y Salvini. En septiembre, Ventura se reunió en Madrid con dos dirigentes de Vox, Rubén Gallardo y Javier García Martín, y tras el 10-N felicitó en las redes a Abascal, anunciando una próxima reunión con el líder ultra español, que, por lo que se sabe, todavía no se ha celebrado. Sin embargo, según Manuel Loff, Chega tiene aún más sintonía con Bolsonaro y su éxito depende de la importación del discurso y la estrategia bolsonarista. Por un lado, la capacidad de llegar a un público despolitizado y de entornos populares a través de los programas de televisión dedicados al deporte y al crimen. Por el otro, la utilización de las redes sociales con un gasto notable en campaña electoral. Todos admiten que, además, Ventura es un buen comunicador. Por último, la crítica a la cultura política marxista cuyo inspirador no es solo el presidente brasileño, sino también Jaime Nogueira Pinto, el gran padre de la extrema derecha portuguesa desde el final de la dictadura salazarista.

A esto debe añadirse un elemento externo: la actitud de los medios de comunicación. Hasta las elecciones de octubre no prestaron especial atención a Chega, pero después de la entrada de Ventura en el Congreso se le está dando una enorme visibilidad. “Está cada día en los programas de televisión. Se le ha banalizado. No ha habido un debate serio sobre cómo los medios deben tratar a la extrema derecha”, confirma Loff. Eso sí, ha habido una reacción muy fuerte en la izquierda, socialistas incluidos, mientras en la derecha hay un gran debate: la actual dirigencia del PSD, encabezada por el exalcalde de Oporto Rui Rio, ha tomado distancia de Ventura, considerándolo incompatible con su cultura política, mientras que los sectores críticos –que en enero le disputarán la presidencia del partido– defienden un acercamiento y una gran coalición de toda la derecha, incluyendo a Chega. El objetivo de estos últimos es una radicalización del PSD, basada en el ultraliberalismo económico, el racismo cultural y la política del miedo. En síntesis, ser Merkel o Johnson; ese es el dilema de la derecha lusa. Según Loff, “el CDS se radicalizará aún más a la derecha para intentar absorber a Chega. Pero la clave es qué pasará en el PSD: si Rui Rio gana las primarias, es posible que mucha gente se vaya con Ventura”. El futuro de Chega dependerá, en buena medida, de lo que haga la derecha tradicional.

Comparado con otros contextos nacionales, Chega no parece de momento una amenaza, sino más bien una excentricidad para un país con una clara mayoría progresista. Ahora bien, las cosas pueden cambiar rápidamente. Lo hemos visto en España. Chega puede ser una nota a pie de página en la historia portuguesa o puede convertirse en una referencia más en la geografía de la extrema derecha 2.0.