EL PRÓXIMO GRAND ROUND POPULISTA: MACRON CONTRA LE PEN

marzo 19, 2017

Marine Le Pen y Emmanuel Macron, los grandes aspirantes a la presidencia francesa.

TRAS LAS ELECCIONES HOLANDESAS, el nuevo gran reto que planteará el populismo antieuropeísta tendrá lugar en las elecciones presidenciales francesas, cuya primera vuelta tendrá lugar el 23 de abril. Sus dos grandes contendientes son Marine Le Pen y Emmanuel Macron.

A continuación reproducimos un interesante artículo de Marc Bassets publicado por El País (19/III/2017) que ofrece una síntesis bien planteada de la contienda que se plantea entre lo que el autor considera “las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo”.

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Macron contra Le Pen, el pulso del populismo global

Francia es el próximo escenario del choque entre las fuerzas del repliegue y las del cosmopolitismo

El banquero-filósofo y la rica heredera. El elitista y la populista. El liberal y la partidaria de un estado fuerte e intervencionista. El europeísta y la soberanista. El cosmopolita y la chovinista. Los puentes y los muros.

Pocas veces el contraste había sido tan nítido y políticamente explosivo. Emmanuel Macron —un banquero de inversiones con formación humanista, un exministro de Economía que hoy ocupa el centro del tablero en Francia— y Marine Le Pen —líder y transformadora del partido ultra que fundó su padre— serán los probables finalistas en las elecciones presidenciales en Francia de esta primavera. No es descartable que el candidato de la derecha hasta ahora hegemónica, François Fillon, se acabe colando en la ronda final, pero, si los sondeos aciertan, Macron y Le Pen encabezarán la primera vueltas, el 23 de abril, y se disputarán la victoria en la segunda, el 7 de mayo.

Espot oficial de Marine Le Pen.

Puede ser la batalla decisiva entre las fuerzas que llevan más de un año colisionando a ambas orillas del Atlántico. Los términos del combate —dos ideas de Francia, de Europa y del mundo frente a frente— están bien delineados, y son similares a los de los últimos meses en Reino Unido, Estados Unidos y, esta semana, Holanda.

En Francia los dos candidatos se parecen en algunos aspectos. Ni Macron ni Le Pen han pasado por primarias en sus partidos. Son partidos emergentes, como En Marche!, el de Macron. O, en el caso del Frente Nacional de Le Pen, marginales: no por su fuerza electoral, que es sólida y considerable, sino porque se coloca fuera del consenso republicano predominante en las últimas décadas, y porque su peso legislativo es escaso. Ambos candidatos se postulan como políticos antisistema, aunque Macron haya sido ministro, y Le Pen y antes su padre, Jean-Marie lleven en política desde hace más de medio siglo.

Es más: ambos rechazan las etiquetas de derecha e izquierda; quieren trascenderla. El primero, desde el campo de los progresistas de todo color frente a los conservadores de izquierda y derecha: un extremo centroque abarcaría el vasto espacio que han dejado abiertos los viejos partidos hegemónicos. La segunda, desde una extrema derecha que asume referentes de la izquierda tradicional, como las ideas del Nobel de Economía Joseph Stiglitz sobre la desigualdad, o la retórica patriótica de Jean Jaurès, el padre del socialismo francés, ambos citados en discursos recientes por Le Pen.

“Vivimos una desestructuración de las líneas divisorias. Es decir, la división derecha-izquierda sobre el que se estructuraba toda la vida política hace treinta años, poco a poco ha perdido su legibilidad y, para muchos franceses, su pertinencia”, dice Gilles Finchelstein, director general de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista, y autor del ensayo ‘Trampa de identidad. Reflexiones (inquietas) sobre la izquierda, la derecha y la democracia’. El cambio se explica, primero, por la fatiga tras décadas de coexistencia y alternancia del PS y el actual partido de Los Republicanos. Además, nuevos asuntos han dividido transversalmente a la izquierda y a la derecha, como Europa: los europeístas y los euroescépticos están a ambos lados.

Presentarse con el programa de Macron, y más en un país reticente a toda reforma como es Francia, tiene algo de kamikaze. Defender el liberalismo económico en tiempos de desconfianza hacia el capitalismo; promover la sociedad abierta en tiempos de repliegue; ser europeísta sin complejos en un momento en que defender la integración europea suponer ir contracorriente: su empeño es temerario.

Espot oficial de Emmanuel Macron.

Una clave de su éxito es haber adoptado una actitud antiestablishment, lo que algunos han definido como un populismo liberal. Joven, con poca experiencia política, exbanquero: en apariencia son debilidades. Podrían convertirse en ventajas si los franceses ven, en un recién llegado, no un novato sino una esperanza de renovación, y en un banquero no un oligarca sino una garantía de autonomía financiera y profesional y de competencia económica.

Si Le Pen ganase, “sería el final, de facto, de la Unión Europea”, avisa Jeremy Shapiro del laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Pero si gana Macron, continúa, significará que el liberalismo entendido en el sentido amplio, no solo económico, sino como progresismo social, no está muerto, que “el problema no era el liberalismo en sí sino como había quedado atado a las viejas élites y figuras del establishment”.

Significará, también, que el relato del Brexit y de Donald Trump en EE UU, el de la rabia populista que hace temblar a los gobiernos occidentales, tiene sus límites. No hay un solo hilo: la realidad —y los sistemas políticos— son más sinuosos. Trump ganó siendo su rival demócrata, Hillary Clinton, la más votada; Le Pen puede perder tras ser la más votada en la primera vuelta.

“Que Francia elija a un presidente que no tiene ni 40 años, que es proeuropeo, que está abierto al mundo, teniendo en cuenta la imagen que puede haber del país y a la inquietud que existe sobre Marine Le Pen, sería una señal extraordinaria”, dice Finchelstein. “Pero aún no hemos llegado a este punto”.

ANTIGLOBALIZACIÓN O ‘ANTIESTABLISHMENT’

“Emmanuel Macron será una prueba sobre si lo que está ocurriendo es antiglobalización o antiestablishment”, dice Jeremy Shapiro, investigador en el laboratorio de ideas Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y alto funcionario en el Departamento de Estado durante la Administración Obama. “Macron es un rostro nuevo, y en la política francesa los rostros nuevos son bastante raros. Y contrasta con Marine Le Pen: ella y su padre han sido una presencia en la política desde hace décadas. Ella es antiglobalización pero él, en cierto modo, es antiestablishment”.


TRES LECTURAS PARA COMPRENDER EL FRENTE NACIONAL Y EL LEPENISMO

marzo 12, 2017

Marine Le Pen con el lema y símbolo de su campaña presidencial.

LA BIBLIOGRAFÍA DISPONIBLE SOBRE EL LEPENISMO Y LA ULTRADERECHA FRANCESA ES MÁS QUE ABUNDANTE. En este blog ya apuntamos en 2012 una primera sugerencia bibliográfica sobre el Front National marinista. A continuación sugerimos al lector otros tres títulos para aproximarse a este espectro ideológico cuando Francia se halla a las puertas de las elecciones presidenciales.

Joël Gombin, Le Front National. Va-t-elle diviser la France? 

La obra constituye una síntesis histórica sobre el FN lepenista interesante, sólidamente documentada y bien escrita.

El ensayo muestra la evolución de este partido desde sus orígenes en 1972 hasta el presente. Publicado en octubre de 2016, ofrece una panorámica muy actualizada del partido, que permite comprender cómo el marinismo se ha convertido en una importante oferta electoral. Muestra sus tensiones internas, fortalezas y debilidades. Lo hace con una prosa ágil y mínimas referencias bibliográficas para facilitar la lectura. Debe destacarse que el autor es un politólogo que realiza estudios de sociología electoral y el lepenismo ha sido uno de sus temas de investigación.

Todo lo expuesto la convierte en una síntesis idónea para obtener una panorámica histórica actualizada de esta formación.

Valérie Igounet, Les français d’abord: slogans et viralité du discours Front National (1972-2017)

A diferencia de la aproximación anterior al FN, Igounet ofrece aquí un muy sugerente estudio de la historia de este partido a partir de su propaganda: una selección de lemas, temas y carteles de la formación que permiten comprender su evolución. El reciente ensayo (se publicó en enero), bien ilustrado, ágil y breve, es una aportación interesante para comprender el éxito del lepenismo y la evolución de su ideario a través del tiempo: valora sus innovaciones y, a la vez, señala aparentes novedades propagandísticas que reciclan viejas temáticas del partido. Es especialmente interesante su análisis de cómo la fraseología e ideas-fuerza del FN han sido asumidas por otras fuerzas de derecha.

Como en el caso anterior, la autora es una historiadora solvente y buena conocedora de este espectro político, pues destacó por su estudio sobre el negacionismo del genocidio judío en Francia y es autora también de una historia del FN lepenista.

Dominique Albertini y David Doucet, La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net.

Extenso reportaje periodístico sobre la relevante presencia de la extrema derecha francesa en Internet.

Los autores, ambos periodistas, han realizado un extenso trabajo de documentación que traza la historia de los sitios web más significativos e incluye entrevistas con la mayoría de sus administradores. Como ya hemos señalado en un artículo sobre la extrema derecha e Internet, Albertini y Doucet examinan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o  los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.


LA LEGISLACIÓN DEL “DISCURSO DEL ODIO” Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: EL CASO DE DINAMARCA

febrero 4, 2017

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La UE tiene problemas para dominar un poderoso can -la islamofobia- en nombre de la libertad de expresión (caricatura de www.correomadrid.com)

¿PENALIZAR EL “DISCURSO DEL ODIO” PUEDE COARTAR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN? Este interrogante plantea un debate nada fácil.

Por nuestra parte, en términos generales, consideramos que la persecución penal no es efectiva para combatir el vance de la ultraderecha. De hecho, hemos reflexionado ya en este blog sobre el efecto que tienen las diversas estrategias empleadas en tal sentido y nos hemos pronunciado por aquellas que pasan por la argumentación y la actuación sobre las causas directas del ascenso del extremismo, no por las de su persecución legal.

En este marco, consideramos de especial interés el reportaje publicado por Óscar Gutiérrez en El País titulado  “El precio del odio en Dinamarca” (30/I/2017). En él analiza el efecto del artículo 266b del Código Penal vigente en este país, que -según sus detractores- es de difícil encaje con la libertad de expresión e  impacto limitado en Internet.

baixaMerece destacarse que la editorial Gota a Gota, de la Fundación FAES, ya en el 2008 editó un ensayo de Karen Jespersen y Ralf Pittelkow que incidía en el debate público que el Islam genera en Dinamarca: Islamistas y buenistas. Escrito de acusación.

La controversia al respecto es relevante en la medida que actualmente -como señala Gutiérrez- la UE promueve que sus integrantes impulsen legislaciones para combatir el “discurso del odio”. Por esta razón, reproducimos a continuación el citado reportaje de El País (también puede accederse al original clicando aquí).

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El precio del odio en Dinamarca

La criminalización de expresiones racistas o xenófobas, nacida durante el auge del nazismo, divide aún hoy al país nórdico. La UE quiere ahora que todos sus miembros cuenten con leyes para penalizar este tipo de discurso, estandarte hoy de islamófobos e incontrolable en las redes sociales

Llamada oculta. Al otro lado del teléfono suena una voz muy grave, fuerte, de un hombre con un inglés de ligero acento escandinavo. “Soy Lars Hedegaard, creo que querías hablar conmigo”. Verse no es posible. Ni se encuentra en Copenhague ni puede dar su paradero al estar bajo protección policial. Hedegaard, historiador y periodista danés de 74 años, es un reconocido y duro crítico del islam. Le grabaron en su casa, sin previo aviso según defiende, diciendo cosas como que en las familias musulmanas, las niñas eran violadas por padres, tíos y sobrinos. Por esto fue multado en 2011 con unos 700 euros. Recurrió y un año después fue absuelto por el Supremo danés, pero su imagen quedó ya como la del gran condenado en Dinamarca por las leyes contra el discurso de odio. Y una cosa más: el 5 de febrero de 2013 sufrió un intento de asesinato en su domicilio por un individuo miembro hoy del Estado Islámico.

El artículo 266b

El artículo 266b del Código Penal danés dice lo siguiente: “Cualquier persona que públicamente o con intención de una amplia divulgación,  haga declaraciones o divulgue otras informaciones por las que un grupo de personas se vea amenazado, insultado o degradado a propósito de su raza, color, origen étnico o nacional, religión o inclinación sexual se expondrá a una multa o cárcel por un periodo no superior a dos años”.

Hedegaard, según él mismo dice, no cambiaría nada de esa u otras críticas que ha hecho de la religión que practican alrededor de un 4% de los daneses. Ahí va otra: “El islam”, señala al teléfono, “no es una religión sino una ideología totalitaria”. El tipo que trató de matarle a punta de pistola en la puerta de su casa, tras hacerse pasar por un cartero, se llama Basil Hassan y según la investigación, no actuó solo. Logró huir y acabar entre Siria e Irak vía Turquía. El Departamento de Estado norteamericano le ha vinculado al aparato yihadista de operaciones externas.

Intento de asesinato al margen, lo que fastidia a Hedegaard es que un juez le pueda condenar por decir lo que dice atendiendo al ya viejo artículo 266b del Código Penal danés. Muchos lo llaman el “párrafo”, porque es famoso y lo conoce todo el mundo. Este penaliza con multa o cárcel de hasta dos años las expresiones que públicamente amenacen, ridiculicen o degraden a un grupo por su raza, etnia, color de piel, sexo o religión. Llegó al Código Penal danés en 1939 para evitar las vejaciones verbales contra los judíos. Hoy se aplica, sobre todo, en casos que salpican a musulmanes. Y es polémico porque, según sus críticos, casa mal con la libre expresión, cuya plataforma hoy más manoseada, visceral e ingobernable es la Red. Ahí, el 266b no puede más que matar moscas a cañonazos.

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El periodista danés Lars Hedegaard, en una foto tomada en febrero de 2010 (imagen de Henning Bagger/AFP, publicada por El País).
Pese ello, el Parlamento Europeo trabaja ahora para reforzar en su revisión de la directiva de medios audiovisuales la prohibición por ley del denominado discurso de odio. Dinamarca es el paradigma. El texto de la directiva europea, aún por cerrar, sería más concreto: la incitación pública a la violencia o el odio contra un grupo debe ser penalizada.

“El Islam no es un religión sino una ideología totalitaria”

Lars Hedegaard, periodista danés

Dinamarca es el país de la felicidad. Del Estado del bienestar, del pleno empleo, de la economía fuerte y del hygge, esa suerte de gusto por las pequeñas cosas, ya sea beberse unas cervezas con los amigos viendo el querido balonmano patrio o tomarse un chocolate con la familia, en casa y con una lamparita en la ventana. Es la vida, lo demás son complementos para un país pequeño (seis millones de habitantes) y rico. Pero Dinamarca es también mucho diálogo. Los gobiernos son de consenso, no hay mayorías -el actual Ejecutivo conservador de Lars Lokke Rasmussen está formado por tres partidos- y el debate es una tradición. Que cada uno suelte lo que quiera.

Una ley contra los imanes radicales

Cuando uno pregunta en Dinamarca sobre discursos radicales, el nombre de Abu Bilal Ismail sale con frecuencia. Una cámara oculta de la cadena danesa TV2 le filmó en febrero del pasado año durante un sermón en la mezquita Grimhoj, en la localidad de Aarhus. Entre otras cosas abogaba por lapidar a las mujeres adulteras. Dos años antes, Ismail había sido cazado por otra grabación pidiendo la destrucción de los judíos. Este tipo de discursos han llevado recientemente al Parlamento danés a aprobar una nueva ley (Ley 18) que prevé multas o penas de hasta tres años para aquellas “autoridades religiosas” -no menciona confesión alguna, aunque la norma ha sido pensada para frenar el discurso salafista violento- que defiendan la comisión de actos violentos.

El Parlamento danés, el Folketing, en la capital, Copenhague, es un buen sitio para verlo. Kenneth Kristensen Berth es diputado del Partido Popular Danés [Dansk Folkeparti, DF], la segunda fuerza en escaños (37) en la Cámara. Un juez tiró del artículo 266b en 2003 para condenarlo por racismo a 14 días de prisión, que no tuvo que cumplir. Su delito: difundió un póster en el que alertaba contra una sociedad multiétnica. El cartel, y aquí es donde recae la pena, mostraba a dos individuos cubiertos de sangre con un Corán en la mano.

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Cartel del Partido Popular Danés que generó una condena de racismo.

Lo que Kristensen quiso decir, según relata ahora, es que ese tipo de sociedades llevan a “más criminalidad”. Mantiene que así ha sido a la postre y añade otro caso que sacudió a su partido: “Uno de nuestros parlamentarios, Jesper Langballe, ya fallecido, dijo en un debate que era un problema que padres musulmanes violaran e incluso mataran a sus hijas. Fue llevado al tribunal y condenado, a pesar incluso de que es un hecho que entre los musulmanes existen crímenes de honor”. La idea se repite: ¿por qué condenar una expresión por fuerte que sea si hay “hechos” que la avalan? Otra cosa es comprobar esos “hechos”.

Sobra decir que tanto Kristensen como el veterano Hedegaard quieren abolir el 266b.

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Mujeres musulmanas tocadas con velo pasean por el centro de Copenhague, en octubre de 2011 (imagen de Francis Dean Getty, publicada por El País).
Los daneses están acostumbrados a la inmigración (un 10% de la población es de origen inmigrante), también a la que profesa el islam. Pero la sensación entre los ciudadanos es que la llegada de nuevos inmigrantes o refugiados se ha instalado en la clase política y en los medios como una amenaza para el país. Y de ahí a discursos degradantes hay un paso. Siguiendo la calle Stroget, una de las peatonales más largas de Europa, muy cerca del Folketing, hasta la plaza del Ayuntamiento, se eleva un bloque lleno de cabeceras de diarios daneses. La seguridad en las entradas a las redacciones es elevada, 11 años después de la ola de protestas y amenazas por las caricaturas de Mahoma publicadas en uno de esos diarios, el Jyllands Posten.

¿La ley contra el discurso de odio limita a los reporteros? “No, el mayor problema es la autocensura”, contesta Marcus Rubin, editor del respetado diario Politiken, “sobre todo a la hora de decir lo que uno quiera sobre islam, musulmanes o terrorismo, no por temor a que la policía venga y te arreste sino por temor a los terroristas”. El famoso artículo 266b no coarta a la prensa, como tampoco obsesiona a los ciudadanos. Como apunta la columnista y editora de Radio24syv Sofie Allarp, acostumbrada a los comentarios de radicales, sobre todo en la Red, la condena del discurso de odio es parte de la cultura y tradición danesas. Pero alerta del escenario retórico actual: “El mensaje de que la inmigración es solo un problema y no una solución para el futuro es demasiado fuerte”.

“El mayor problema es la autocensura, sobre todo a la hora de decir lo que uno quiera sobre islam, musulmanes o terrorismo”

Marcus Rubin, editor de Politiken

El 266b del Código Penal danés ha caído sobre un grupo variopinto de daneses. A los Hedegaard y Kristensen se podrían añadir el poeta superventas palestino-danés Yahyah Hassan, la artista danesa-iraní Firoozeh Bazrafkan, el imán de origen sirio Mohammed al Jaled Samha… O el joven, no identificado, condenado hace tres años a pagar 280 euros por comparar islam y nazismo en un comentario de un post de Facebook sobre la organización salafista Hizb ut Tahrir. Rebuscado, pero pasó. Hubo más sentencias en el pasado, pero si tomamos esta última, por ejemplo, y la de Kristensen han transcurrido más de una docena de años y las multas o penas no frenan ciertos discursos por mucha tradición que haya.

En la orilla oriental, no muy lejos de la sirenita, icono de Copenhague, en uno de esos edificios inteligentes, trabaja una de las voces más críticas contra el artículo 266b. El abogado Jacob Mchangama es director del think tank jurídico Justitia. Su oposición a criminalizar el discurso de odio es clara. Pero más interesante es su alternativa a la pena: “El contradiscurso, por supuesto”, dice. “Si estás en contra de limitar la libertad de expresión, como yo lo estoy, tienes una obligación moral de pronunciarte en contra del discurso de odio”. Es de los que cree que si penalizas, ganan los radicales y se engorda el mensaje. Pone un ejemplo: “La radicalización es un problema en la comunidad musulmana de Dinamarca, pero no en la hindú o budista; es un hecho y tenemos que poder hablar de ello para resolverlo”.

“Hay cosas que no puedes decir en cualquier sociedad porque son ilegales”

Rune Lund, diputado de la Alianza Roji-Verde

Si bien son muchos en Dinamarca los que aceptan la existencia del 266b, a los que no lo hacen se les oye más. De vuelta al Folketing, el diputado sirio-danés Naser Khader comparte la visión de Mchangama. Como este último, Khader, nacido en Damasco hace 53 años, cree que el debate abierto funciona mejor que el castigo. Y para muestra el botón de la vecina Suecia, con altos índices de violencia de ultraderecha que, según coinciden ambos, tiene mucho que ver con que hablan muy poco de inmigración. Khader, miembro del Partido Conservador, ha sufrido también la presión de los que condenan su visión del islam, pero él mantiene su postura. Y no es habitual: “Forma parte de la cultura danesa burlarse de las religiones, los dioses, los profetas sin ninguna discriminación, ya sea Jesús, Moisés, ¿por qué no Mahoma? ¿Por qué tienen los musulmanes que forzar los tabúes? Si no te gustan unas caricaturas no compres el periódico”.

El rechazo a la criminalización del discurso de odio no cuaja, sin embargo, ni en la calle ni en el Folketing, donde partidos como el Venstre, liberal y a las riendas de la jefatura de Gobierno, o la opositora Alianza Roji-Verde, conviven bien con el artículo. “Funciona como última estancia contra el racismo y el discurso de odio”, señala Rune Lund, portavoz de la alianza de centroizquierda. ¿Y la libre expresión? “Hay limitaciones, por supuesto”, continúa el diputado danés, “pero hay cosas que no puedes decir en cualquier sociedad porque son ilegales”.


LA “FACHOSFERA” O LA ULTRADERECHA EN LA RED*

enero 16, 2017

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Donald Trump caracterizado como Pepe the frog (imagen thedailybeast.com)

LA INFLUENCIA DE LA EXTREMA DERECHA Y LA DERECHA RADICAL EN INTERNET ES CADA VEZ MÁS IMPORTANTE, como han constatado los comicios presidenciales de Estados Unidos. Allí la red es un poderoso altavoz de los mensajes de Trump, así como de la mixtura de verdad y falsedad que marcó la contienda política y constituyó un campo decisivo de movilización de votantes.

De este modo, Steve Bannon, una suerte de asesor áulico de Donald Trump durante la campaña (recompensado tras la victoria con el relevante cargo de consejero principal y estratega jefe), cobró fama como dinamizador del amplio espectro ultraderechista designado con el término ‘alt-right’ (sinónimo de ‘alternative right’ o derecha alternativa) a través de la tribuna electrónica Breitbart News.

Los extremistas han hallado también una nueva plataforma en la flamante red social Gab.ai, similar a Twitter. Creada en agosto por el empresario Andrew Torba, hace bandera de libertad de expresión ante la censura ideológica que impera en las redes sociales y tendría más de 100.000 usuarios y 300.000 en lista de espera. También en internet ha emergido un nuevo icono extremista:’ Pepe the Frog’, una rana creada por el artista Matt Furie en el 2008. A su pesar, el citado movimiento ‘alt-right’ (término acuñado por el escritor y activista supremacista Richard Spencer) la popularizó como símbolo durante la campaña electoral norteamericana.

La galaxia ultraderechista virtual

Esta visibilidad cada vez más significativa y exitosa de la ultraderecha en la red no es un caso único. Un ensayo francés reciente codifica el término ‘fachosfera’ para aludir a este fenómeno: nos referimos a La Fachosphère. Comment l’extrême droite remporte la bataille du net, de los periodistas Dominique Albertini y David Doucet. Ambos autores examinan los elementos más destacados de la galaxia ultraderechista virtual, como www.fdesouche.com («français de souche», francés de cepa) y exponen su impacto.

Analizan –entre otros temas– la plasmación del lepenismo (el Frente Nacional fue el primer partido francés en disponer de web y Marine Le Pen supera hoy el millón de seguidores en Facebook) o el de los vídeos virales de Dieudonné M’Bala, un cómico denunciado por antisemitismo, algunos de ellos con más de tres millones de visionados y cuya popularidad habría inquietado a François Hollande.

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Cartel del Partido Antisionista [PAS], en el que Dieudonné, en primer plano, efectúa su saludo, el llamado ‘quenelle’.

Además, Dieudonné (cuyo tercer hijo tiene como padrino a Jean-Marie Le Pen) ha difundido un controvertido saludo con el brazo de su creación que ha devenido popular e incluso han efectuado conocidos deportistas: el llamado ‘quenelle’ (de ahí que haya creado un canal ficticio, el Quenel+).

En suma, ‘La Fachosphère’ es un libro recomendable para reflexionar sobre la presencia creciente de la extrema derecha en internet y su impacto. En este sentido, es importante destacar que –según publicó The Washington Post el 21 de octubre– los jóvenes de comunidades virtuales son los que se politizan más rápidamente.

La “robot-política”

En este marco, la campaña del ‘brexit’ demostró la importancia política de las redes, hasta el punto de que Damian Tambini –experto en comunicación política– haya planteado que podría suponer el triunfo de «la robot-política», una política mediatizada por una compleja interacción entre la prensa e internet y sus algoritmos, con un rol clave de la inteligencia artificial.

Con la victoria de Trump ha sucedido otro tanto y se ha aludido de nuevo al recurso a robots –’bots’– en Twitter y al manejo de ‘big data’ (por ejemplo, el equipo del magnate descubrió que a los seguidores de la serie The walking dead les preocupaba la inmigración y focalizó en ellos su mensaje).

No obstante, más allá de la eventual manipulación que permite internet, la ultraderecha se muestra especialmente hábil en este ámbito. En él incuba, articula y difunde sus mensajes y una innovadora simbología (como el’ quenelle’ o Pepe the Frog) que seducen a nuevos seguidores.

Es llamativo al respecto que en Austria un vídeo del 2013 de Heinz-Christian Strache, líder del FPÖ, cantando un rap político en Youtube («Steht auf, wenn ihr für HC seid!», ¡Ponte de pie si HC está presente!) haya superado 1.242.000 visualizaciones, cuando la población del país es de 8,3 millones de habitantes. Desde esta óptica, quizá no es tan sorprendente que su candidato en las últimas elecciones presidenciales captase casi la mitad de votos.

Y es que la red es hoy cada vez más un elemento determinante para comprender la expansión de este espectro político.

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* Artículo publicado originalmente con el título “La ‘fachosfera’ o los ultras en la red” en El Periódico (15/I/2017).


LA ENTRADA MÁS VISITADA DEL BLOG EN 2016: ¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

diciembre 31, 2016

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Esta entrada ha sido este año la más visitada del blog. Publicada en el 2012 y reeditada el 2014, solo este año ha tenido más de 5.700 visitas.

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CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo hemos analizado en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012), cuya lectura recomendamos para entender la diferente percepción de Cataluña en España. Su acceso es gratuito previo registro clicando aquí.

De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Pero cuál es su origen?

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


EL VOTO OBRERO A LA ULTRADERECHA: ¿MUTACIÓN POLÍTICA O REAJUSTE ENTRE DEMANDA Y OFERTA POLÍTICA?*

diciembre 24, 2016

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Marine Le Pen en una intervención el primero de mayo (foto de AFP/Getty Images).

ES FÁCIL ATRIBUIR A UN APARENTE GIRO IDEOLÓGICO EL CAMBIO DE SIGNO POLÍTICO DEL VOTO EN FEUDOS ELECTORALES QUE HABÍAN SIDO DE IZQUIERDA. Sin embargo, la realidad que reflejan investigaciones y sondeos es mucho más compleja, especialmente de los sectores más castigados del mercado laboral, como los parados y los trabajadores no cualificados.

En este aspecto, la ultraderecha constituye un receptáculo de todas las protestas y capta votos de quienes ven amenazado su estatus o lo pierden, pero también de quienes ven frenada su ascensión social. Así, a finales de los años noventa se señaló que los  “perdedores de la modernización” (los desfavorecidos sociales, los grupos marginados, el “cuarto mundo” y los parados) no constituían de inmediato una clientela privilegiada para estas formaciones.

Un nuevo realineamiento político

En 2001, el historiador y politólogo Patrick Moreau ya advirtió que “el análisis de los casos alemán, francés, austríaco y valón demuestra que, en una primera fase, los parados más bien tienen tendencia a retirarse de la vida política y de la participación en la gestión de la ciudad. Su radicalización es lenta. En cambio, es evidente que los partidos populistas prosperan electoralmente gracias a los votos de los electores que, con razón o no, sienten que su estatus está amenazado”.[i]

Desde esta óptica, la extrema derecha, pues, sería más la manifestación de la creación de un nuevo medio político y social “que la expresión de sectores desclasados o en fase de desclasamiento”.[ii] De hecho, en las elecciones presidenciales francesas del 2012, Marine Le Pen captó un mayor apoyo de votantes clasificados como “no precarios” (37%) que de los “precarios” (23%).[iii]

Igualmente, a principios de este siglo también se constató que el nacional-populismo atrae inicialmente a obreros que comparten sus valores políticos y sociales. El apoyo proletario inicial a estas formaciones, pues, no reflejaba tanto una mutación súbita del electorado como un ajuste entre oferta y demanda en las urnas.

Por consiguiente, los votantes de la ultraderecha no procederían tanto de antiguos electores de izquierda, sino que serían electores que poseerían ya los valores ideológicos que tal voto requiere.[iv]

Un debate lleno de matices

Aunque todavía perdura este debate sobre si el sufragio obrero de la ultraderecha es resultado de un giro ideológico o de un ajuste entre oferta y demanda,[v] el caso francés parece reflejar un realineamiento electoral lento y lleno de matices. Así, el sociólogo Laurent Bonelli destaca que el abstencionismo ha sido importante en medios obreros porque los trabajadores no han acudido a las urnas al no sentirse capaces de “ocuparse” de la política en términos de conocimiento y de falta de competencia en este dominio.[vi]

Advierte que su conducta afecta de modo prioritario a los partidos de izquierda y crece de forma progresiva a causa de diversos factores, como “el efecto de la profesionalización política, del tránsito a una sociedad posfordista y del hundimiento de los modelos de referencia”.[vii] Bonelli destaca que el lepenismo se nutrió inicialmente de obreros que apoyaban a la Agrupación por la República [RPR] o que eran de derechas y se habían instalado en la abstención.

Al hacer eclosión el FN, derecha e izquierda centraron su discurso en torno a la seguridad ciudadana, lo que confirió mayor centralidad a esta temática y obtuvo un eco mediático tan amplio como influyente.[viii] Este escenario, subraya Bonelli, abrió un campo de oportunidades a candidatos de circunscripciones populares capaces de traducir políticamente las tensiones de quienes se sentían socialmente marginales, como fue el caso del FN.[ix]

En un reciente estudio, el politólogo Florent Gougou ha destacado que Francia no ha asistido tanto a una mutación del electorado como a la configuración de una tendencia de larga duración, iniciada con la eclosión política del FN en los comicios europeos de 1984, en los que obtuvo el 11% de los sufragios.

El voto obrero a este partido muestra un incremento prácticamente continuo en el primer turno de las sucesivas elecciones presidenciales celebradas desde entonces: 17.6% en 1988; 21.1% en 1995; 25.6% en el 2002; 15.6% en el 2007; 30.9% en el 2012. Además, recibe el apoyo de los obreros más jóvenes, que han crecido cuando Le Pen ya era un referente electoral, han asistido a los fracasos de los gobiernos de derecha e izquierda para acabar con el paro y se ubican a la derecha o se definen como “ninistas”, esto es, quienes no se sienten ni de derechas ni de izquierdas y votan contra los otros partidos, la clase política y el sistema.

La clave: perdedores y ganadores de la globalización

Tales datos ponen de manifiesto que el clivage derecha-izquierda ha sido sustituido por otra nueva línea de conflicto dominante: la que separa a los ganadores y los perdedores de la globalización. Para Gougou, pues, la irrupción institucional del FN inició un realineamiento del electorado obrero hacia la extrema derecha (algo común a numerosas democracias europeas) y conformó una dinámica de crecimiento progresivo y que ha conocido una renovación generacional.[x]

NOTAS

[i] Moreau, Patrick. 2001.  La temptació populista de dreta a Europa vista a través del cas de l’FPÖ: estat de cada lloc i interpretació sistèmica, Barcelona: Fundació Rafael Campalans, Papers de la FRC 127, p. 8.

[ii] Véase Minkenberg, Michael. 2001. “La nouvelle droite radicale, ses électeurs et ses milieux partisans: vote protestataire, phénomène xénophobe ou ‘modernization losers’?”. A Pascal Perrineau, dir. Les croisés de la société fermée. L’Europe des extrêmes droites. La Tour d’Aigues: Éditions de l’Aube, p. 398.

[iii] Mayer, Nonna. 2015. “Le plafond de verre électoral entamé, mais pas brisé” A Sylvain Crépon, Alexandre Dézé y Nonna Mayer dirs. Les faux-semblants du Front National. Sociologie d’un parti politique, París: Presses de Sciences Po: pp. 311-312.

[iv] Evans, Jocelyn. 2001. “Les bases sociales et psychologiques du passage gauche-extrême droite. Exception française ou mutation européenne?”. A Pascal Perrineau, dir. Les croisés de la société fermée. L’Europe des extrêmes droites. La Tour d’Aigues: Éditions de l’Aube, pp. 216-218.

[v] Sobre este debate, véase Gougou, Florent. 2015. “Les ouvriers et le vote Front National. les logiques d’un réalignement électoral”. A Sylvain Crépon, Alexandre Dézé y Nonna Mayer dirs. Les faux-semblants du Front National. Sociologie d’un parti politique, París: Presses de Sciences Po: pp. 323-328. Véase también Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, pp. 372-375.

[vi] Bonelli, Laurent. 2008. La France a peur. Une histoire sociale de l'”insecurité”. París: La Découverte, pp. 367-368.

[vii] Ibídem, pp. 368-369.

[viii] Id, pp. 372-376.

[ix] Id, pp. 370-371.

[x] Véase Gougou, Florent. 2015. “Les ouvriers et le vote Front National. les logiques d’un réalignement électoral”. A Sylvain Crépon, Alexandre Dézé y Nonna Mayer dirs. Les faux-semblants du Front National. Sociologie d’un parti politique, París: Presses de Sciences Po: pp. 335-343. La definición de votante “ninista” procede de Mayer, Nonna. 1999. Ces Français qui votent FN. París: Flammarion, p. 302.

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* Fragmento de nuestro estudio  ¿Por qué los obreros apoyan a la ultraderecha? Diez reflexiones para elaborar una respuesta, accesible en PDF clicando aquí.


“EL CAMPAMENTO DE LOS SANTOS”, UN LIBRO DE CULTO DE LA ULTRADERECHA SOBRE LA “INVASIÓN MIGRATORIA”*

diciembre 17, 2016

migrantesMigrantes que intentan llegar a Europa desde Libia (foto de Hispan TV). Imágenes como ésta ilustrarían el supuesto cumplimiento de las tesis de Jean Raspail.

EL TEMOR A LA SOCIEDAD MULTICULTURAL CUENTA CON UNA OBRA DE FICCIÓN DE ANTICIPACIÓN, El campamento de los santos (Le Camp des Saints), publicada en 1973 por el escritor francés Jean Raspail (nacido en 1925), próximo a la llamada Nueva Derecha (el GRECE y el Partido de las Fuerzas Nuevas) y a ámbitos monárquicos.

El texto francés fue traducido a diversos idiomas y ha sido objeto numerosas reimpresiones. Fue editado en castellano en 1975 y se reeditó el 2003 con el explícito título El campamento de los santos: el fin del hombre blanco ante la invasión del mundo subdesarrollado (Ediciones Ojeda).

raspail-campamento-de-los-santosPortada de la obra y foto del autor.

La odisea de “la flota de la última esperanza”

Esta novela recrea el ocaso de Europa como civilización tras sufrir una  invasión pacífica del Tercer Mundo. El relato transcurre en un futuro indeterminado (sin cronología concreta) y empieza con la marcha de un convoy de navíos de la India que transporta a un millón de indigentes. La expedición, que parte por sorpresa, ha sido orquestada por lo que se intuye como una especie de complot “mundialista”.

La famélica expedición, bautizada por la prensa progresista como la “flota de la última esperanza”, es rechazada por Australia, Egipto y Sudáfrica; por fin, logra desembarcar en Francia. En este país la opinión pública ha sido adormecida, víctima del clima de opinión -que hoy calificaríamos como “políticamente correcto”- generado por medios “progresistas” en sentido amplio (sectores de izquierda, grandes medios de comunicación) y por la Iglesia católica (gobernada por un Papa brasileño que ha vendido las riquezas del Vaticano para dar testimonio de pobreza).

Al aproximarse la hora del desembarco de la flota en la costa francesa se multiplican por todo el mundo iniciativas migratorias similares a las del convoy formado en la India, hecho que constituye el preludio del ocaso de Occidente ante el asalto del Tercer Mundo. El clima social de tolerancia que existe en Francia ante la aproximación de los navíos es sustituido por otro de aceptación resignada del millón de recién llegados cuando la expedición se halla frente a sus costas.

El fin de la sociedad blanca y de la propia Europa

Ante la inminencia del desembarco, se extienden el pánico y el miedo entre la población. Ni siquiera una llamada del mismo presidente de la República francesa a la movilización del Ejército impide la llegada de la flota a las playas del Midi.

Los recién llegados se imponen a la población autóctona (con la ayuda de sectores de la misma) y se establece un gobierno multirracial. El relato concluye describiendo cómo el último reducto de defensores de Occidente en el Hexágono -atrincherado en una finca- es aniquilado por gendarmes a las órdenes del nuevo ejecutivo. La obra da a entender que este hecho constituye el preludio del fin de la raza blanca y la propia Europa.

El título de la novela procede del Apocalipsis (“Y subieron sobre la anchura de la tierra, y circundaron el campo de los santos, y la ciudad amada”) y, según afirmó el autor en 1985, la parábola que presenta será una realidad plausible “en los primeros decenios del tercer milenio”. Raspail lo argumentaba en función del desequilibrio demográfico:

[…] Cercados en medio de siete mil millones de hombres, setecientos millones de blancos solamente, de los cuales sólo un tercio es apenas vigoroso y se halla muy envejecido, sobre nuestra pequeña Europa, frente a una vanguardia de cerca de cuatrocientos millones de magrebíes y musulmanes, de los cuales un cincuenta por ciento tiene menos de veinte años, sobre las orillas opuestas del Mediterráneo […] ¿Puede imaginarse alguien en un segundo y en nombre de qué ceguera de avestruz es posible la supervivencia de este desequilibrio?

Raspail señaló asimismo que había evitado explícitamente identificar a la multitud inmigrante invasora con la inmigración magrebí para no entrar en el debate sobre racismo y antirracismo que entonces empezaba a desarrollarse en Francia.

El escritor era pesimista sobre el destino de Occidente: “Occidente está vacío, aunque él aún no tenga conciencia verdaderamente de ello. Civilización extraordinariamente inventiva, ciertamente la única que ha sido capaz de contestar a los insuperables desafíos del tercer milenio, Occidente ya no tiene más alma”.

La obra reúne los tópicos populistas sobre la inmigración

En síntesis, la narración de Raspail articula todos los elementos que hoy configuran la mitología de la nueva extrema derecha denominada “postindustrial” -que, simplificando, ha abandonado el anticomunismo por la oposición a la globalización-, en la medida que refleja el eclipse de la civilización occidental en función de sus temores.

De este modo, auténticas hordas de inmigrantes procedentes del Tercer Mundo se dirigen al asalto pacífico de Europa, obedeciendo planes de lobbies indeterminados y socialmente invisibles (en sintonía con visiones conspirativas que atribuyen la evolución del mundo a la actuación de poderes ocultos) y que hallan ante sí una sociedad aletargada por discursos “bienpensantes” que elogian el multirracialismo y el multiculturalismo.

La suma de estos elementos permite considerar la obra de Raspail como una distopía -o antiutopía- que sintetiza los temores, obsesiones y fantasías de la extrema derecha postindustrial en los albores del siglo XXI.

jean-marie-le-pen-and-marine-le-penJean-Marie Le Pen la considera una obra profética y su hija la recomienda.

Un libro de cabecera de los Le Pen, padre e hija

En tal sentido fue explícita una intervención de Jean-Marie Le Pen en enero de 2002 en el marco de un coloquio sobre “Inmigración y soberanía” que organizó el Frente Nacional:

Se puede estimar que la población de origen extranjero reciente [en Francia] en el año 2000 es del orden de 8 millones, 4 millones de los cuales africanos y turcos, casi todos musulmanes, para una población francesa global de 58.5 millones. La asimilación no es desde ese momento ya posible, pues es la cultura de acogida la que peligra de ser asimilada. Uno piensa entonces en la profecía de Jean Raspail en su famosa obra, El campamento de los santos.

Asimismo, más de una década después, en septiembre de 2015, su hija Marine recomendó su lectura a través de su cuenta oficial de Twitter, presentándolo como una profecía cumplida. Lo leyó a los 18 años y lo releyó de nuevo dos o tres años antes de recomendarlo, calificándolo de relato “visionario”.

En definitiva, lejos de perder actualidad para la extrema derecha, esta obra de Raspail es más vigente que nunca.

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* Artículo publicado en la revista Lateral, 101 (mayo 2003), p. 14, recuperado en este blog en febrero de 2010 y actualizado ahora por una petición de información. Nuestras citas de las palabras de Raspail proceden de Le Camp des Saints, Robert Laffont ed. (París), reimpresión de 2001 de la 3ª ed. de 1985, con prólogo del autor.