¿LOS PARTIDOS DE EXTREMA DERECHA VIENEN PARA QUEDARSE? EL CASO DE GRECIA DEMUESTRA QUE NO SE PUEDEN HACER PRONÓSTICOS

septiembre 14, 2019

El periodista Kyriakos Velopóulos, que fundó y lidera Solución Griega (foto de E. M. en elmundo.es).

CUANDO IRRUMPE INSTITUCIONALMENTE UNA FUERZA DE ULTRADERECHA SUELE DECIRSE QUE “HA VENIDO PARA QUEDARSE”. Sin embargo, los partidos de este espectro presentan en algunos casos gran volatilidad de voto. A continuación analizamos el caso de Grecia, que ilustra cómo se han sucedido formaciones que se han eclipsado. Veámoslo como un drama que por el momento tiene tres actos (aunque podrían ser más).

Primer acto: Ascenso y caída de LAOS (2004-2012)

Al concluir la dictadura helena de los coroneles en 1974, como ya explicamos en este blog,  este sector ideológico devino marginal tras conocer una breve presencia en el parlamento. Pero retornó al mismo antes del crash del 2008, cuando en los comicios europeos del 2004 el partido Alerta Popular Ortodoxa [LAOS], que lideró Georgios Karatzaferis, obtuvo un escaño y en los legislativos del 2007 logró 10 con el 3.8% de los votos.

LAOS, que combinó su discurso radical con el pragmatismo, en noviembre del 2011 se integró en un gobierno de coalición con conservadores y socialdemócratas que seguía pautas de la troika en relación a la deuda contraída. Al hacerlo, desagradó a sus electores y, pese a dejar el ejecutivo en febrero del 2012, en los comicios de mayo de ese año devino extraparlamentario.

Segundo acto: Ascenso y caída de ANEL y Amanecer Dorado (2012-2019)

Su vacío, por una parte, lo ocupó Griegos Independientes [ANEL], fuerza dirigida por Panos Kammenos, de carácter igualmente nacionalista y xenófobo, pero opuesta frontalmente al rescate. En las elecciones de mayo en las que LAOS se hundió obtuvo el 10.5% de votos (33 escaños) y en las celebradas este enero, el 4,7% (13).

Por otra parte, emergió también Amanecer Dorado. Fundado en 1983 por su líder Nikos Michaloliakos, este partido  de orígenes neonazis fue marginal durante un cuarto de siglo. No obstante, en el 2008 inició una estrategia de implantación en el distrito sexto de Atenas y en los comicios locales del 2010 captó el 5.3 % de votos y Michaloliakos fue elegido concejal. La crisis activó su crecimiento: en las elecciones legislativas de mayo del 2012 captó el 7% de votos y saltó a 9.4% en las europeas del 2014. Pareció conocer entonces una dinámica ascendente.

Pero en las de 2019  su resultado cayó al 4.8% y pasó de 3 a 2 escaños. Finalmente, en los comicios legislativos de ese año devino extraparlamentario (2.9%).  ANEL tampoco tuvo mejor suerte: tras formar un gobierno de coalición con Syriza desde 2015, dejó el ejecutivo en enero de 2019 y, como Amanecer Dorado, también quedó fuera del parlamento en los comicios europeos de ese año (0.8%) y ya no concurrió a los legislativos.

Tercer acto: la emergencia de Solución Griega (2019…)

No obstante, la extrema derecha no ha desaparecido de las instituciones, pues ha emergido una nueva formación de este sector político: Solución Griega.

Esta formación fue constituida en 2016 y la lidera un ex-parlamentario de LAOS, Kyriakos Velopoulos. En los comicios europeos de 2019 obtuvo un escaño (1.1%) y en los legislativos 10 (3.7%). Ha iniciado así una aparente andadura ascendente.

Conclusión: toda cautela es poca en los pronósticos

En suma, Grecia ilustra que las fuerzas de extrema derecha no necesariamente “vienen para quedarse”, pues su electorado puede experimentar una gran volatilidad y sus partidos pueden conocer irrupciones espectaculares y mediáticas seguidas de eclipses súbitos y silenciosos. Se impone la prudencia, pues, al hacer pronósticos sobre este espectro, ya que en este país hemos asistido al eclipse de LAOS, ANEL y Amanecer Dorado.

En España podemos ver como Vox también refleja una elevada volatilidad electoral: en las elecciones europeas perdió casi un 48.1% de sus sufragios de las del 28-A y los sondeos indican que su tendencia a la baja persiste: el último del CIS le otorga un 3.3% (el 28-A obtuvo el 10.1%). Ello indica que se impone la prudencia al hacer prospectiva.


LOS BUENOS RESULTADOS ELECTORALES DE LA ULTRADERECHA ALEMANA PUEDEN MARCAR EL 30 ANIVERSARIO DE LA CAÍDA DEL MUNDO DE BERLÍN

septiembre 7, 2019

 

Reportaje de Euronews sobre las elecciones emitido dos dias antes de las mismas (30/VIII/2019).

 

LA ULTRADERECHISTA ALTERNATIVA PARA ALEMANIA [ALTERNATIVE FÜR DEUTSCHLAND, AfD] ha obtenido excelentes resultados en los comicios celebrados este 1 de septiembre en los Länder de Sajonia y Brandenburgo.

En el primero ha captado el 27.5% del total de sufragios (aumentando el 17.8%),  siendo segunda fuerza al superarla la CDU (32.1%), que ha perdido un 7.3% del voto. En el de Brandenburgo AfD ha obtenido el 23.5%, sumando un 11.3%, siendo de nuevo segunda fuerza al superarla el SPD (26.2%), que –como la CDU- también pierde votos, un 5.6%.

Tales porcentajes de apoyo de AfD auguran turbulencias en la política alemana (y también europea), de los que hacemos tres apuntes.

1. Alemania del Este, una herida abierta

En primer lugar, los resultados demuestran que esta formación se ha convertido en el “partido de la protesta” de la antigua RDA, antes captado por la izquierda de Die Linke.

Recordemos que en la extinta RDA, la Alemania del Este, impera un importante descontento por las desigualdades que aún existen en relación con el Oeste del país (por ejemplo, los trabajadores cobran unos 650 o 700 euros menos), lo que se traduce en un significativo apoyo al extremismo de derecha.

No por azar fue aquí donde surgió el “fenómeno PEGIDA”. Este rótulo era el acrónimo de Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes [Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente], que inició su andadura el 20 de octubre de 2014 en Dresde. Entonces ya señalamos que PEGIDA encarnaba un sentimiento de protesta de la población de la extinta RDA.

2. La dinámica ascendente de la AfD 

En segundo lugar, dado que los siguientes comicios que se celebrarán el 27 de octubre en Alemania serán los del Land de Turingia, también en Alemania del Este, los sondeos auguran a AfD buenos resultados. Así, podría obtener el 20% del sufragio (doblando sus apoyos de 2014).

Del resto de formaciones, solo los Verdes presentan una tendencia igualmente ascendente (su voto crece un 10.8% en Brandeburgo y un 8,2% en Sajonia), pese a cuestionar las explotaciones mineras de lignito contaminantes, lo que les habría podido restar apoyos.

Su acenso contrasta con un SPD en declive y el descenso de los apoyos a Die Linke y los liberales del FDP (estos últimos no estarán presentes en ninguno de los dos parlamentos). De hecho, los resultados decrecientes en las urnas del SPD y la CDU han creado importantes tensiones internas en ambas formaciones.

3. Gobiernos más inestables por los “cordones sanitarios”

En tercer lugar, a la fragmentación política existente en los parlamentos de los dos Länder, a la hora de formar gobiernos se sumará el hecho de que ningún partido está dispuesto a pactar con AfD. Ello supondrá formar amplias coaliciones, lo que requiere tiempo, y posiblemente estas generarán ejecutivos inestables.

Este escenario ofrece a la ultraderechista AfD la posibilidad de convertirse en la gran fuerza de la oposición y eventualmente aumentar sus apoyos. Ello ocurre cuando el próximo 9 de noviembre se cumplirán 30 años de la caída del muro de Berlín, que puso fin a la separación de las dos Alemanias (RFA y RDA).


¿VUELVE EL FASCISMO? ¿LA ULTRADERECHA ACTUAL REFLEJA EL RETORNO DEL FASCISMO? DOS HISTORIADORES EXPERTOS EXPERTOS EN EL TEMA ANALIZAN LA CUESTIÓN

agosto 31, 2019

 

Los historiadores Emilio Gentile (izq.) y Enzo Traverso (der.).

DONALD TRUMP, MATTEO SALVINI, MARINE LE PEN, NIGEL FARAGE… ¿VUELVE AL FASCISMO? Esta es una pregunta habitual en los medios de comunicación y foros ante el ascenso de la extrema derecha. Ahora disponemos de dos textos breves solventes y legibles, redactados en forma de entrevista que abordan la cuestión.

Ambos reflejan las tesis de dos reputados historiadores italianos de dilatado currículum y sólida reputación: Emilio Gentile (nacido en Bojano en 1946), en Quién es fascista (2019), y Enzo Traverso (nacido en Gavi en 1957),  en Las nuevas caras de la derecha (2018), del que existe versión en catalán, Els nous rostres del feixisme.

Del fascismo al postfascismo: ¿Qué ha cambiado?

¿Es posfascista la ultraderecha actual? Traverso plantea esta y otras cuestiones en una entrevista con el antropólogo Régis Meyran de 110 páginas con 87 notas. Es un diálogo con referencias numerosas a estudios, hechos y debates, y con unas respuestas llenas de matices. Todo ello le otorga complejidad sin limitar la comprensión.

Ahora bien, como la obra fue publicada en francés el 2017, la conversación pone el foco en Francia, a veces tiene referencias que el lector o lectora puede desconocer (como sucede aludir al Partido de los Indígenas de la República o al Comité Invisible). Pese a ello, los análisis perspicaces de Traverso compensan el esfuerzo.

El historiador prefiere el término “postfascismo” para aludir a la ultraderecha actual ante los de derecha populista o el de “nacional-populismo”. Con él designa “un estado inestable, expresión de una transición inacabada entre un fascismo superado -pero que no deja de ser la matriz de su movimiento- y una derecha nacionalista que no siempre aparece como legítima y respetable en una democracia liberal”. Es, pues, “un fenómeno transitorio, en mutación, que no ha cristalizado”, desvinculado del neofascismo. Este término, de hecho, sería un oxímoron: no designa algo nuevo, sino “residual” en querer “prolongar y regenerar el viejo fascismo”.

“El fascismo ha muerto definitivamente”

Muy distinto es el punto de vista de Gentile, opuesto a la pretendida existencia de un fascismo que ha pervivido hasta el presente, como se plantea de forma habitual. Es rotundo al respecto: “El fascismo ha muerto definitivamente, pues nadie hoy -ni siquiera los neofascistas- quiere restaurar el régimen que fue derribado por la victoria irreversibles de las fuerzas antifascistas, unidas para restituir al pubelo italiano la libertady la soberanía”.

Discípulo del célebre historiador Renzo de Felize, este investigador ha escrito una breve ensayo en forma de entrevista, pues esta no refleja un diálogo real. Ello obedece a que el autor ha organizado su argumentación a lo largo de 220 páginas de reducido tamaño a partir de una secuencia de preguntas que le han formulado a lo largo de su carrera y que aún se repiten. Este formato tiene la virtud de poder plantear numerosas cuestiones habituales en foros y medios de comunicación con respuestas sintéticas.

Al desarrollar sus tesis, Gentile insiste en acotar el fascismo a su época, evitando las simplificaciones que insisten en la existencia de un “fascismo eterno” o de su permanente retorno. Al hacerlo aporta explicaciones ilustradas con hechos y episodios históricos que le confieren solidez.

En este sentido, analiza muchas cuestiones interesantes, como las relaciones entre la Resistencia y el antifascismo o la actitud del comunismo italiano ante el fascismo. Esta última fue compleja y en 1934, tras llegar Hitler al poder el año anterior y consolidarse el régimen de Mussolini, pasó de identificar a los socialistas como “socialfascistas” a buscar la colaboración con estos y con el resto de formaciones antifascistas.

Miembros de Casa Pound en Roma con máscaras con los colores de la bandera italiana (foto: Reuters).

Dos visiones divergentes y sugerentes

En suma, estamos ante dos lecturas que se complementan, que coinciden en rechazar algunos lugares comunes del debate público o mediático (como la existencia de un “islamofascismo”) y que muestran cómo se pueden argumentar visiones muy distintas sobre la relación entre la ultraderecha actual y el fascismo con solidez, por lo que recomendamos su lectura. En una época en la que se repiten tópicos desde la pobreza de información y la pereza intelectual, estos dos textos breves ofrecen sendas perspectivas inteligentes y documentadas sobre la eventual persistencia del fascismo.

 


¿CÓMO GOBERNAR CON VOX? LA SITUACIÓN QUE HA PLANTEADO LA IRRUPCIÓN DE ESTE PARTIDO EN ESPAÑA REFLEJA UN PROCESO DE “NORMALIZACIÓN” DE LA ULTRADERECHA EN EUROPA

agosto 24, 2019

 

Santiago Abascal y Marine Le Pen (foto de Vox).

LA IRRUPCIÓN DE VOX PLANTEA EN ESPAÑA UN PROBLEMA PRESENTE EN OTROS PAÍSES EUROPEOS Y QUE PUEDE RESUMIRSE EN ESTA PREGUNTA: ¿CÓMO GOBERNAR CON LA EXTREMA DERECHA?

El tema no es menor, ya que las formaciones de este espectro político no han cesado de progresar desde el lejano 1984, cuando el Frente Nacional francés [FN, convertido en Agrupación Nacional en 2018], entonces liderado por Jean-Marie Le Pen, hizo su salto estelar al parlamento de Estrasburgo en los comicios europeos de ese año con más de 2 millones de sufragios (10.9% del voto y 10 escaños).

Si los partidos de ultraderecha primero condicionaban la acción de los gobiernos, actualmente han mostrado su capacidad para devenir fuerzas de gobierno, como ilustra esta extensa nómina de formaciones: el Partido de Ley y Justicia [PiS] en Polonia, Fidesz, la Liga [Lega] en Italia, la Alianza de Ciudadanos Descontentos [ANO] en la República Checa, Nuestra Eslovaquia [SNS], el Partido de los Finlandeses [Perussuomalaiset, antes conocido como Partido de los Finlandeses Auténticos], el Partido de la Libertad de Austria [FPÖ], el Partido del Progreso [FrP] de Noruega y ¿A quién pertenece el Estado? [KPVLV] en Letonia, a los que se añade el apoyo externo del Partido Popular Danés [DF] al gobierno. Esta participación en los ejecutivos de fuerzas de ultraderecha plasma la centralidad creciente que ha adquirido este sector ideológico, sobre todo tras las elecciones europeas de 2014.

El texto precedente es un fragmento de nuestro análisis de la evolución de la ultraderecha entre 2014 y 2019 y puede leerse en su totalidad en este PDF Normalizacion de la ultraderecha-X.Casals. El trabajo, escrito la vigilia de los últimos comicios europeos, lo ha publicado Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, 145 (2019), revista que edita la Fuhem, en un interesante número dedicado al “Desconcierto europeo”.

 


¿POR QUÉ A LOS CATALANES LES LLAMAN POLACOS?

agosto 10, 2019

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Reeditamos la entrada más visitadas del blog publicada en  2012.

CATALUÑA HA SIDO EL PIAMONTE DE ESPAÑA PRIMERO, POLONIA DESPUÉS Y HOY ES SU ESCOCIA. Así lo analizamos en un artículo en el diario catalán Ara (30/XI/2012) De los calificativos señalados en el artículo el más llamativo y menos conocido es el de “polacos”. ¿Cuál es su origen? Lo explicamos a continuación.

España: “la Polonia del mediodía”

El origen de su carga peyorativa en relación a los catalanes es incierto y posiblemente remite a su uso político iniciado en la España del siglo XIX, que conoció un largo y cambiante recorrido. Según un brillante y documentado estudio del historiador Juan Fernández-Mayoralas ( “La Polonia del mediodía: un tópico polaco en la historia española”, 2002), la identificación de España con Polonia se difundió durante el Sexenio Democrático (1868-1874), cuando el país temió convertirse en la “Polonia del mediodía” ante la combinación de inestabilidad política, injerencia de potencias extranjeras en los asuntos internos y la amenaza de ruptura de su integridad territorial.

El Sexenio Democrático y el miedo a ser Polonia

Independencia de Cuba, revista la flaca,1873_Ésta última llegó a su cenit tras proclamarse la Primera República en 1873 y sus gobiernos se vieron obligados a combatir en tres frentes: una nueva contienda carlista,  una insurrección cantonal y un levantamiento en Cuba (arriba, caricatura sobre el mismo de La Flaca).

Fernández-Mayoralas describe cómo cuajó el temor a que España deviniera una nueva Polonia trazando un amplio y sugerente fresco internacional. Reproducimos una larga cita de su argumentación por su interés ilustrativo:

[…] Si Francia, “vanguardia de la raza latina”, se sentía insegura ante su futuro tras la amputación de Alsacia-Lorena [tras la victoria prusiana], ¿qué podía esperar España, pobre, atrasada e inestable, agitada por la revolución y asolada por la guerra civil? Tan generalizada estaba entonces la creencia en su irremediable decadencia, tan aceptada la idea fatalista de que las naciones estaban sujetas ciclos inexorables, que mientras los españoles temían ser la “Polonia del Mediodía”, el estado mayor prusiano, eufórico por la victoria, soñaba con que Francia sería pronto una “segunda España”.

Para los observadores del siglo XIX, resultaba evidente que la España de 1872 se parecía mucho a la Polonia de 1772. Cuando ejercía la hegemonía en la marca oriental de Europa, Polonia tuteló la infancia de las potencias que habrían de acabar con ella. Los reyes polacos concedieron un título real a sus vasallos, los marqueses de Brandenburgo; los dominios polacos llegaban al mar Negro cuando el señor de Moscú era un régulo oriental; en 1683 un polaco salvó la capital de los Habsburgo de la suerte de Constantinopla. Sólo una decadencia biológica o una degeneración moral podía explicar que un siglo después pereciese desmembrada, minada por los vicios de la monarquía electiva y víctima del egoísmo de sus notables, siempre dispuestos a solicitar ayuda extranjera para solventar sus diferencias. También aquí se achacaban los males de España a la división interna, a la incapacidad de los partidos para sacrificar los intereses de su facción al bien común; también aquí se temía la intervención extranjera.

La búsqueda de un candidato para el trono español recordaba las intrigas que habían sentado a un sajón sobre el polaco, comienzo de su rápida decadencia. En muchos aspectos, los españoles de 1872 se sentían tan humillados como los polacos de 1772: tras dominar Italia durante siglos, tendrían ahora por rey al vástago de una casa ducal despreciada por la aristocracia hispana; después de haber sido por largo tiempo una potencia de primer orden, veían que ahora otras naciones intervenían con descaro en sus asuntos internos, lanzaban vetos y amenazaban con “poner orden”. Aquellas ex-colonias inglesas que un día se emanciparan con ayuda de Carlos III pretendían ahora arrebatar a España, descubridora y conquistadora de las Americas, los últimos jirones del que un día fuera el mayor de los imperios. Lejanos, olvidados los esplendores de antaño, los españoles del siglo XIX se sentían atrasados e ignorantes respecto a las “naciones cultas”. A finales del siglo XVIII los poderosos pronunciaron una terrible sentencia: Finis Poloniae ¿Había llegado el momento del Finis Hispaniae? En esta crucial encrucijada, en esta hora decisiva de la evolución del nacionalismo español, un espectro recorría la Península: era el fantasma de los repartos de Polonia.

El catalanismo mira hacia Polonia con admiración

PratDespués de que España superara este momento crítico, la referencia a Polonia persistió y marcó a los nacionalismos periféricos emergentes, en la medida que era un modelo a seguir por estos: se trataba de “una nación vital, con una cultura floreciente, capaz de suplir con patriotismo la carencia de un Estado”. 

En el caso del catalanismo, señala Fernández-Mayoralas, Polonia fue asumida como referente explícito por Enric Prat de la Riba (en la imagen) “como demostración de la eternidad y santidad de las patrias”, tal como reflejó ya en 1894 su Compendi de doctrina catalanista:

¿Qué diferencia existe entre el Estado y la patria? El Estado es una entidad política artificial, voluntaria; la Patria es una comunidad histórica, natural, necesaria. Lo primero es obra de los hombres; la segunda es fruto de las leyes a las que Dios ha sujetado la vida de las generaciones humanas. ¿Qué ejemplo de la historia contemporánea hace palpables estas diferencias? El de Polonia. El Estado polaco murió cuando los ejércitos de Austria, Rusia y Prusia la descuartizaron; pero Polonia continuó y continua siendo la única patria de los polacos.

La posguerra: ¿Cataluña ocupada como Polonia?

En este contexto, ignoramos cuando la identificación positiva entre Cataluña y Polonia devino peyorativa en el ámbito español, pues la investigación mencionada no aborda esta cuestión. No obstante, dado que el uso despreciativo del término “polaco” aplicado a los catalanes se difundió bajo el franquismo no se puede descartar que en medios castrenses se equiparase a la Cataluña ocupada por las fuerzas sublevadas en enero de 1939, cuando era cercano el fin de la Guerra Civil, con la Polonia ocupada y dividida entre rusos y alemanes en septiembre del mismo año.

El antropólogo Roger Costa así lo ha planteado en la revista Sàpiens, aunque es una mera hipótesis. Lo formula en estos términos: “ambos hechos [la ocupación de Cataluña y la de Polonia] se habrían equiparado en ambientes militares durante la posguerra y ello habría dado pie a este uso estigmatizador de la palabra polaco aplicada a los catalanes”.

caída de barcelona

Las autoridades franquistas despliegan una bandera española en la Generalitat.

Sin embargo, debe remarcarse que el uso de esta palabra [polaco] como insulto no se generalizó fuera de los cuarteles hasta la década de los setenta, quizás de forma paralela a la extensión de las manifestaciones populares y sin ambigüedades de afirmación catalanista en escenarios públicos”.

Tenemos pues, una cierta idea de cómo los polacos se convirtieron en “polacos” primero por voluntad propia y luego a su pesar, aunque no cesaron de ser vistos como unos potenciales regeneradores de España.

De Polonia como estigma a Polonia como identidad

La asociación de Cataluña con Polonia dio un nuevo giro en febrero del 2006, cuando comenzó a emitirse en TV3 un programa semanal de sátira política titulado Polònia (en inequívoca referencia a la alusión peyorativa de los catalanes como “polacos”), cuya parodia de líderes y partidos obtuvo un enorme éxito de audiencia.

Grafismo del programa de sátira política “Polonia”.

Hoy este programa es un referente y permite pensar que Polonia vuelve a ser un espejo de Cataluña, pero ahora muy distinto del que imaginó Prat, pues conforma una visión crítica e irónica de la realidad política catalana y la española. Es una reapropiación más del gentilicio que -visto lo hasta aquí expuesto- probablemente no será la única, como apunta el gag de este programa que reproducimos a continuación.

Gag de “Polònia” del 2007 en el que Franco muestra simpatías por la Polonia gobernada por los gemelos derechistas Jaroslaw y Lech Kaczynski.


ENTREVISTA A FLORENTINO RODAO: “EL SENTIMIENTO DE CULPA EN JAPÓN POR SU PARTICIPACIÓN EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL ES MUY DIFERENTE AL DE ALEMANIA”

julio 27, 2019

 

FLORENTINO RODAO ES UN HISTORIADOR EXPERTO EN JAPÓN Y BUEN CONOCEDOR DEL MUNDO ASIÁTICO. Este catedrático de la Universidad Complutense nacido en Madrid en 1960 es bien conocido por diversos trabajos: Españoles en Siam (1997), Franco y el imperio japonés (2002) o Franquistas sin Franco. Una historia alternativa de la Guerra Civil española desde Filipinas (2012).

Ahora acaba de publicar La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 (Crítica), una visión amplia y desde diversos puntos de vista de la evolución de este país tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial. De este modo, el ensayo no se ciñe a cuestiones estríctamente de historia e incide -entre otros aspectos- en la vida social o el rol de la mujer y el de la religión. Puede leerse un fragmento en PDF aquí.

Dado que consideramos la obra de interés para nuestr@s lector@s, le hemos hecho una entrevista por email. Le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿En el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en Japón hay una sensación de culpabilidad como en Alemania?

Por supuesto que hay sentimiento de culpa, y muy intenso. En muchos casos he oído a japoneses sacarlo sin venir a cuento. El recuerdo de la guerra, eso sí, ha estado más politizado y usado por los políticos que en España. Yo creo que ha sido así porque al juzgar a los presuntos criminales de guerra ha predominado más el sentimiento nacional sobre la posible culpabilidad de los procesados. Frente a una Alemania que ha aceptado las peticiones de juzgar alemanes como criminales de guerra en otros países, Japón ha sido diferente.

En parte, por el mal ejemplo que dio el Tribunal de Guerra de Tokio, que ha sido visto como el ejercicio de la Justicia de los vencedores. Y en parte, por la propaganda de esos años, que se centró en la justicia de sus objetivos más que en la maldad de los enemigos. La vieja imagen del bolchevique o del judío perverso que debía morir hizo palpable el error y el arrepentimiento al acabar la guerra. Incluso las percepciones niponas de los aviadores norteamericanos, los más odiados, fueron relativamente benignas: se les siguió considerando humanos, no ratas o monos, que fue lo más normal entre sus enemigos.

La masacre de Nanjing es la más conocida de la Guerra Chino-Japonesa y su cifra de víctimas es en torno a 70.000 personas. Fue cometida en diciembre de 1937, tras el reconocimiento por Italia (una gran potencia entonces) de su conquista del Manchukuo y cuando pensaban que China se derrumbaría. Tenían la intención de acabar con el ejercito nacionalista chino: se buscó en especial a los que tenían botas o vestimenta del ejército nacionalista, aunque se acabaron cometiendo numerosos desmanes. Por ello, los comunistas la marginaron inicialmente (Imagen de Wikipedia: Ciudadanos chinos son enterrados vivos).

A partir de los años ochenta, la multitud de visitas a un memorial de esta masacre (que cifra en su entrada 300.000 muertos, en grandes letras) y un libro de Iris Chang, La violación de Nanjing (1997, 2016 en la edición en español) que lo describe con mucha emotividad han ayudado a recordar la masacre. De hecho, el museo  ha sido ampliado recientemente, del éxito que ha tenido

Japón lo vive algo desconcertado, porque al comienzo de los años noventa del siglo XX había una gran expectativa de colaboración conjunta. De hecho, Tokio fue el primer país que ayudó a China a aliviar el aislamiento tras la masacre de Tiananmen en 1989. Parece que Japón confió demasiado en el efecto de la cooperación al desarrollo que estuvieron brindando y descuidó las imágenes remanentes del pasado.

¿Fue el emperador Hiro-Hito un criminal de guerra?

Desde un punto de vista que considere que Hiro-Hito como Jefe del Estado es el responsable de las maldades cometidas en nombre del Estado, sí. Desde otros puntos de vista, también, porque se utilizó su figura para militarizar el país e incluso los paquetes de tabaco de los soldados aseguraban que era un regalo del emperador. Y una vez que Japón entró en guerra, el emperador también deseaba que la ganara.

Ahora bien, otra cosa es si realmente el emperador tenía autoridad para detener la espiral militarista en la que estaba inmerso el país. Un intento de negociación del Primer Ministro Fumimaro Konoe en China, con la idea llegar a un acuerdo con el presidente Roosevelt de EE.UU., por ejemplo, se fue al garete porque los propios militares detuvieron al mediador al llegar a China. La idea era llegar a un acuerdo con EE.UU. que fuera aprobado inmediatamente por el emperador, con lo que los militaristas no podrían negarlo. Frente al “pensamiento de grupo”, la capacidad de reacción era limitada, incluso para el propio emperador (Imagen de Wikipedia: El emperador Hiro Hito en 1938).

¿Se produjo una “desfascistización” de la administración y de las élites japonesas en 1945?

Se produjo una democratización en la medida que se permitieron de forma inmediata los sindicatos, partidos políticos y se puso en marcha una constitución democrática, muy avanzada para su época incluso en los derechos de las mujeres más que en EE.UU.. El militarismo y todo lo que oliera a fascismo fueron asociados con los tres lustros bélicos y la democracia pasó a ser vista como la palanca para la modernización.

En definitiva, se produjo una desmilitarización total y absoluta. Y se acabaron una buena parte de las razones que llevaron al militarismo, como una reforma agraria radical que igualó las rentas en el país. Pero cuidado, no confundamos eso con el autoritarismo y el control social, que ha seguido vigente.

¿Cuál ha sido el legado del militarismo derrotado en 1945? ¿Aún persiste?

Más allá de personajes curiosos como Yukio Mishima, un participante asiduo en las manifestaciones de izquierda que creía en la divinidad imperial, los ultraderechistas tienen escasa entidad (Imagen de Wikipedia: Mishima, que practicó el culto al universo del samurai).

El Ejército es muy reducido y no parece muy entusiasmado de entrar en una guerra. Además, los militares cada vez están más identificados con las actividades humanitarias, como en tantos otros países, desde que ayudaron a la democratización de Camboya, en los años noventa. Ahora hacen campañas de afiliación porque la vida del ejército no atrae mucho a la juventud, como en tantos otros países.

El campo de acción de la ultraderecha nacionalista (uyoku, como se le suele llamar) está en las islas Kuriles, conquistadas a última hora en la Guerra Mundial y en la crítica a los coreanos, muchos de ellos descendientes de los trasladados a trabajar en tiempos del imperio que no pudieron regresar tras la guerra, al contrario que los taiwaneses.

¿ Actualmente la ultraderecha política e intelectual tiene peso en el país?

Tiene una característica parecida a la italiana: su vinculación con la mafia, la yakuza. Desde comienzo del siglo XX, el lumpen ha sido utilizado para minar las campañas de protesta, bien portando palos, espadas, porras e incluso pistolas para reventar mítines o intimidad oponentes políticos, en parte porque el uso de fuerza física era aceptado tácitamente.

Un ultraderechista asesinó durante un mitín al líder comunista Inejiro Asanuma el 12 de octubre 1960.

Después de la guerra, la violencia es mucho menor, pero están comprobados los planes para utilizar a la mafia con el fin socavar las manifestaciones previstas ante la visita del presidente Dwight Eisenhower a Japón en 1960 para firmar el Tratado de Seguridad, Anpo. A través de Yoshio Kodama, la mafia ofreció 18.000 gánsteres para contrarrestar los cientos de miles de manifestantes opositores que se preveían, aunque la visita se canceló. Posteriormente, ha aparecido de forma recurrente en escándalos de tipo político: pueden dar mítines contra determinados políticos y pueden dejar de darlos contra otros.


SE CUMPLEN CIEN AÑOS DE LA FIRMA DEL TRATADO DE VERSALLES: UNA PAZ QUE INCUBÓ OTRA GUERRA

junio 29, 2019

Portada del 29 de junio de 1919 del diario Excelsior en Museo de las Letras y Manuscritos de París (foto de afp_tickers).

 

EL 28 DE JUNIO DE 1919 SE FIRMÓ EN PARÍS EL TRATADO DE VERSALLES, QUE PUSO FIN A LA GRAN GUERRA (1914-1918). Sin embargo, aquella paz establecida en 1919 no impidió que en 1939 estallara otra gran conflagración, lo que plantea una cuestión importante: ¿Hasta qué punto la Primera Guerra Mundial sentó las bases de la Segunda? A continuación, mostramos como su legado puso los cimientos del conflicto de 1939 desde diversos ángulos.

El legado envenenado

En primer lugar, la paz de 1919 quiso excluir a Alemania y a la URSS de la esfera internacional y, como señaló el académico Eric J. Hobsbawm, su retorno a ella era inevitable. En 1922 ambos países rompieron su aislamiento cooperando entre sí con el Tratado de Rapallo. El corolario de su relación fue el pacto de no agresión entre Stalin y Hitler en 1939.

En segundo lugar, la reconstrucción de Europa impulsó un sistema de financiación que facilitó la expansión de la crisis de 1929: el Plan Dawes. Establecido en 1924, consistió en otorgar créditos norteamericanos a Alemania para que se reflotara y pagara sus indemnizaciones a Francia y Gran Bretaña, mientras estos países devolvían créditos de guerra a EE.UU. El crack de 1929 truncó este mecanismo.

En tercer lugar, la Sociedad de Naciones no fue efectiva como árbitro internacional y la paz wilsoniana no consolidó a las democracias: las dictaduras proliferaron, el comunismo y el fascismo polarizaron Europa, y el afán de revancha de Alemania (por el Tratado de Versalles) y el de Italia (al no recibir territorios prometidos por los aliados) estimuló su imperialismo.

En cuarto lugar, en 1919 quedaron larvadas graves tensiones nacionalistas. Los expertos Francisco Veiga y Pablo Martín lo ilustran con un episodio de “limpieza étnica” de 1923 justificado porque “pacificaba” el Próximo Oriente. Fue bendecido por las grandes potencias y consistió en un intercambio de población entre Grecia y Turquía: 400.000 musulmanes helenos partieron a Turquía y 1.300.000 helenos de Turquía lo hicieron a Grecia, con un gran impacto sobre su población (4.5 millones de habitantes).

En quinto lugar, se perfiló el belicoso militarismo nipón. El historiador David Stevenson señala que el estado mayor japonés extrajo una lección de la derrota germana de 1918: para ser una gran potencia, su país debía ser autosuficiente adquiriendo territorios. De hecho, su imperialismo emergente se constató ya en 1915, en las llamadas “21 exigencias” que Tokio formuló a Pequín, mostrando su voluntad de controlar China.

Por último, debe destacarse que el reparto del imperio turco entre las grandes potencias dejó unos territorios inestables porque sus nuevas fronteras eran ajenas a realidades políticas y culturales. Además, la agitación anticolonial efectuada en la Gran Guerra estimuló la insurgencia: británicos y franceses exaltaron primero “la emancipación total” de los pueblos “oprimidos por los turcos” y luego quisieron dominarlos.

Una larga guerra: 1914-1945

Los vínculos de ambas contiendas dotan de unidad el período 1914-1945 desde distintas ópticas. Por ejemplo, como etapa de destrucción del viejo orden del llamado Antiguo Régimen (según sostiene Arno J. Mayer); como una larga guerra civil europea de lecturas diversas (como afirman Ernst Nolte o Enzo Traverso); o como una sucesión de contiendas imperialistas (como apunta Donny Gluckstein). Las dos grandes guerras, en suma, son inseparables.

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* Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico con el título “La paz que incubó otra contienda” (23/VIII/2014).