¿RESURGE EN ESPAÑA LA ULTRADERECHA?*

octubre 15, 2017

Manifestantes de ultraderecha (foto de EFE en www.eldiario.es).

LAS AGRESIONES ULTRADERECHISTAS QUE TUVIERON LUGAR CONTRA MANIFESTANTES DE IZQUIERDA E INDEPENDENTISTAS EL 9 DE OCTUBRE EN VALENCIA han puesto sobre la mesa una pregunta recurrente: ¿Asistimos finalmente al ascenso de la extrema derecha en España? La cuestión es pertinente en la medida que el episodio citado fue precedido por otros dos llamativos. Uno fue que entre los asistentes a la concentración multitudinaria de Barcelona del 8 de octubre figuraban colectivos extremistas y se profirieron insultos a los Mossos y gritos de “Puigdemont a prisión” (que desautorizó Sociedad Civil Catalana, entidad convocante). Otro sucedió en Zaragoza el 24 de septiembre. Entonces hasta 600 ultraderechistas se agruparon en un pabellón donde se celebraba una asamblea de cargos electos de toda España convocada por Podemos y la presidenta de las Cortes de Aragón fue agredida por los concentrados con una botella de agua.

Aparentemente, pues, la extrema derecha parece rebrotar. Pero tal percepción no se ajusta necesariamente a la realidad, lo que argumentamos mediante las respuestas a tres cuestiones planteadas a continuación.

1. ¿El independentismo hace crecer las filas de la ultraderecha?

Debemos tener en cuenta que una cosa es que el separatismo catalán movilice y galvanice a este sector ideológico y otra muy distinta es que sus partidos logren presencia institucional significativa. En este aspecto es importante destacar que el separatismo ha sido un enemigo esencial de la extrema derecha española desde sus orígenes en el siglo XX. Y -por ejemplo- José Antonio Primo de Rivera en 1934 ya manifestó literalmente que un a “República independiente de Catalunya” no era “nada inverosímil”. Por tanto, no debe sorprender la vistosa combatividad ante el separatismo del ultranacionalismo español.

Ahora bien, que esta última se convierta en votos es harina de otro costal por dos razones. Una es que desconocemos la magnitud de sus seguidores: si bien los incidentes que estos protagonizan generan una cobertura mediática amplia, sus autores pueden reducirse a unos centenares. En este sentido, se da la paradoja de que la ultraderecha es una minoría institucionalmente irrelevante, pero de visibilidad desmedida. La segunda razón es que aunque sus seguidores aumenten no tiene porqué producirse de forma mecánica un salto cualitativo de sus siglas en votos.

2. ¿La crisis actual puede crear un espacio a la derecha del PP?

Es imposible ofrecer una respuesta clara a este interrogante porque ignoramos el desenlace del proceso político abierto en Catalunya. De este modo, ignoramos si el PP podrá presentarse como un gestor exitoso de la crisis ante los sectores ultranacionalistas más beligerantes (aquellos eventualmente identificados con la consigna “¡A por ellos!”). En este sentido, los ultrapatriotas pueden desempeñar un papel destacado en el conflicto al constituir un lobby de presión si el Gobierno, para satisfacer a este electorado más belicoso, opta por una política de dureza en relación al contencioso.

El tema no es baladí porque si el PNV no aprueba los presupuestos el año próximo se deberán convocar comicios y Mariano Rajoy podría presentarse entonces como el adalid de la unidad de España, lo que le podría beneficiar en las urnas. Pero si el problema de Catalunya se cronifica o el ejecutivo estatal es percibido como incapaz de atajarlo puede crearse un espacio de protesta a su derecha que podría ocupar una opción ultranacionalista española. Sin embargo, esta última posibilidad tampoco debe comportar per se la eclosión institucional de la extrema derecha.

3. ¿Quién puede ocupar hoy un espacio a la derecha del PP?

Para que se produzca un despuntar ultraderechista estatal no basta que exista un espacio político. Este es una condición imprescindible para su desarrollo, aunque insuficiente porque es necesario que también exista un partido capaz de ocuparlo, algo que por ahora no se vislumbra.

Por una parte, la Plataforma per Catalunya [PxC] y España 2000 en la Comunidad Valenciana experimentaron un severo varapalo en los comicios locales de 2015 que puso fin a su crecimiento en la esfera municipal. De este modo, España 2000 pasó de 8.066 sufragios (0.3%) y 4 ediles a 5.845 sufragios (0.2%) y 1 edil. El caso de PxC fue más dramático: pasó de 65.905 votos (2.3%) y 65 ediles (dos de ellos en L’Hospitalet, segunda urbe catalana en población) a 27.348 votos (0.8%) y 8 ediles. Así las cosas, la derecha populista española es un yermo en el que destacan la federación Respeto (que aglutina a PxC, España 2000 y el Partido por la Libertad [PxL]) y Vox, que en las elecciones europeas de 2014 cosechó 246.833 votos (1.5 %). Ninguno de ambos rótulos cuenta con presencia institucional relevante, liderazgos conocidos por amplios sectores sociales y capacidad inmediata de erigirse como una oferta competitiva.

En tal sentido, las elecciones europeas de 2014 aportan una enseñanza importante en relación a la extrema derecha y es que esta tuvo una presencia insignificante en los países más afectados por la crisis económica: Portugal, España, Irlanda, Chipre y Grecia. Se objetará que en este último caso se alumbró dos formaciones extremistas (Amanecer Dorado y Griegos Independientes), pero ambas suman el 12.8% de los votos, cifra muy alejada -por ejemplo- del 24.9% del lepenismo o del 26.7% del UKIP “brexiter”. La causa de esta diferencia en el voto es simple: la crisis económica y la de los refugiados beneficiaron a partidos de extrema derecha competitivos y presentes en las instituciones políticas, pero no los crearon donde estaban ausentes.

Conclusión: cualquier pronóstico es arriesgado

Pese a lo expuesto, se impone prudencia al hacer un balance. ¿El motivo? si algo enseña el contencioso de Catalunya es que la política estatal ha devenido una montaña rusa que genera nuevos escenarios con rapidez inusitada y el tablero político experimenta cambios inesperados . En esta situación convulsa es importante recordar que el analista Carles Castro apuntó en enero que una opción de “españolidad radical” tendría una bolsa potencial de un millón de votantes, que podría aumentar si confluía con un mensaje crítico sobre la inmigración ( La Vanguardia, 7/I/2017 ) . Por consiguiente, aunque es improbable una eclosión institucional de la ultraderecha, toda cautela es poca al trazar previsiones a corto y medio plazo.

___

* Artículo publicado originalmente en Xavier Casals, “¿Resurge en España la ultraderecha?”, www.eldiario.es (14/X/2017).


¿POR QUÉ DESDE LA ULTRADERECHA EUROPEA SE APOYA AL SECESIONISMO CATALÁN?

octubre 7, 2017

Diputados de la Lega Nord luciendo camisetas con la bandera separatista catalana en el parlamento italiano (foto del blog Terra i Poble).

EL INDEPENDENTISMO CATALÁN HA RECIBIDO APOYO DE SECTORES DE DERECHA POPULISTA EUROPEA. ¿Por qué?

Ha existido un apoyo táctico del eurófobo Partido de la Independencia del Reino Unido, el UKIP [United Kingdom Independence Party]. Este último criticó la represión policial en Cataluña y su exlíder Nigel Farage señaló la pasividad de la Unión Europea ante la represión policial en Cataluña para poner de manifiesto su pretendida inoperancia ante problemas graves y reivindicar al Brexit, del que su partido hizo bandera: “Nunca hubiera pensado que vería a la Policía de un Estado miembro hiriendo a 900 personas en un intento de frenarles para que no votaran, sea legal o no, solo por expresar su opinión”, afirmó. Denunció asimismo que era “increíble que Juncker no diga nada” y exaltó la salida de Gran Bretaña de la UE: “Gracias a Dios que nos vamos, el ‘brexit’ ha sido un acto de liberación”. En esta misma línea de actuación, por ejemplo, se sitúan las denuncias de la represión en Cataluña por parte de Geert Wilders, dirigente del Partido por la Libertad [Partij voor de Vrijheid].

Sin embargo, el apoyo de la extrema derecha se explica también por una cuestión de fondo y de mayor calado. Y es que, por una parte, existen partidos que defienden Estados-nación, como el Frente Nacional [Front National] que lidera Marine Le Pen.  La formación se posicionó de manera clara y frontal contra el independentismo catalán ya en 2016, al ser escogido Carles Puigdemont presidente de la Generalitat.

Pero, por otra parte, existen formaciones que defienden naciones carentes de Estado, como Interés Flamenco [Vlaams Belang, el antiguo Vlaams Blok] o la Liga Norte [Lega Nord]. De ese modo, el apoyo a la independencia catalana ya se plasmó de forma vistosa en 2013 cuando asistieron al parlamento con camisetas que tenían una bandera “estelada” impresa. Precisamente, el actual apoyo de la Liga al separatismo catalán ha provocado tensiones con su socio electoral, Hermanos de Italia [Fratelli d’Italia], que concibe a Italia como un Estado nación.

Asimismo, Heinz-Christian Strache -líder del Partido de la Libertad de Austria, el FPÖ [Freiheitliche Partei Österreichs] empleó la represión policial del 1-O en Cataluña para cuestionar a la UE (“Unas imágenes increíbles que dejan sin palabras. ¿Dónde está la condena de la UE?”). Sin embargo, el líder del FPÖ defiende también la autodeterminación de los pueblos, principio que también suscribió la Plataforma per Catalunya [PxC] en mayo de 2010. De hecho, esta cuestión acabó influyendo en una escisión independentista de la formación, Som catalans.

En suma, en los apoyos de extrema derecha al independentismo confluyen tacticismo para cuestionar a la UE, pero también una concepción ultraderechista de Europa que cuestiona los Estados nación.


EL PROCESO INDEPENDENTISTA CATALÁN: LA ECLOSIÓN DE UN MOVIMIENTO DE PROTESTA “DESDE ABAJO” (2003-2015)

septiembre 24, 2017

Manifestación independentista de septiembre de 2012 (imagen de EFE en ABC)

¿CUANDO EMPEZÓ EL MOVIMIENTO  SECESIONISTA? En general, se sitúa su punto de partida en la sentencia del Tribunal Constitucional [TC] de 2010 sobre el nuevo estatuto catalán, pero en sucesivos trabajos hemos señalado que existía un profundo movimiento que combinaba protesta cívica, desafección política y demanda de democracia directa que empezó a despuntar en los comicios locales de 2003.

De hecho, consideramos que la visión “desde abajo” es la única que permite entender las dinámicas políticas catalanas. De este modo, en nuestro ensayo El oasis catalán (2010) -publicado antes de hacerse pública la sentencia citada del TC-  señalamos ya que se avecinaban importantes movimientos de insumisión cívica como reflejo de una protesta sorda y creciente (p. 265):

[…] Pues bajo la superficie del oasis que Cataluña acaso nunca fue, las aguas andan cada vez más agitadas por discursos populistas de derechas e izquierdas en los que probablemente anida una “secesión ligera”. Y es que -a diferencia del País Vasco- en Cataluña no hay violencia política; ni –hasta el momento- abundan grandes manifestaciones callejeras; ni tampoco se tiende a magnas escenificaciones de política gestual. Pero esto no implica que su sociedad esté resignada. Al contrario, sostenemos que el malestar descrito incuba una sorda irritación que no sería extraño que se manifestara en súbitas explosiones políticas o sociales. De hecho, el título de la obra mencionada de [Paolo] Rumiz describe gráficamente la Cataluña del presenteLa secessione leggera. Dove nasce la rabbia del profondo Nord (La secesión ligera. Donde nace la rabia del norte profundo).

A continuación reproducimos un artículo académico publicado en 2015 que sintetizaba estas tesis y que ofrece una perspectiva para comprender la dinámica independentista. Su referencia es X. Casals, “La Cataluña emergente. Secesionismo y dinámicas populistas europeas”, Tiempo devorado. Revista de historia actual, 3 (diciembre 2015), pp. 18-33.

****

La Cataluña emergente. Secesionismo y dinámicas populistas europeas

Las elecciones autonómicas del 27 de septiembre del 2015 han configurado el Parlamento catalán más complejo desde 1980 y han reflejado la pujanza del secesionismo, que suma 72 escaños de un total de 135 y el 47.7% de los votos: casi dos millones de sufragios (1.957.348 exactamente). Este auge del independentismo ha sido súbito, pues su apoyo multitudinario se hizo visible por vez primera en la Diada o fiesta nacional de Cataluña del 11 de septiembre del 2012. Esa jornada tuvo lugar una gigantesca manifestación bajo el lema: “Cataluña, nuevo estado de Europa” que inició una dinámica de grandes movilizaciones en torno a dos elementos esenciales de la retórica populista: la sacralización del “pueblo” como depositario de la soberanía y la exaltación de un plebiscito para decidir si Cataluña debe ser un Estado como acto supremo de plasmación.

Pese a que análisis simplistas han mostrado esta evolución como un giro estratégico de la coalición Convergència i Unió liderada por Artur Mas (presidente catalán desde el 2010) para conservar el poder, las dinámicas que han abocado a la situación actual han sido complejas y, sobre todo, han emanado de abajo a arriba. De este modo, Mas se sumó a la oleada independentista que eclosionó el 2012, pero no la creó ni mucho menos la controla. Así las cosas, este ensayo pretende ofrecer claves para comprender como se incubó y alumbró este “tsunami secesionista” y analizar sus dinámicas relevantes. En este sentido, consideramos que la eclosión del separatismo se enmarca en un proceso que ha convertido a Cataluña en laboratorio político de España, al interactuar aquí la crisis económica con una doble desafección: hacia el Estado y hacia la propia clase política catalana.

Seguir leyendo el texto íntegro aquí

***

ABSTRACT

The secessionist process initiated in Catalonia in 2015 is commonly referred to as a struggle between independence supporters and opponents. However, this process sets up a multifaceted phenomenon to the extent that it stems from a double political disaffection (to the state and to the Catalan political class) began in 2003 and has interacted with the impact of the economic crisis. This study analyzes the genesis and development and aims to demonstrate that their political dynamics have turned Catalonia in Spain and political laboratory have created a powerful plebiscitary populism.

Keywords: Catalonia, disaffection, political laboratory, populism, plebiscite, referendum secession

RESUMEN

El proceso secesionista iniciado en Cataluña en el 2015 es contemplado habitualmente como una pugna entre partidarios de la independencia y sus oponentes. Sin embargo, este proceso configura un fenómeno poliédrico en la medida que es fruto de una doble desafección política (hacia el Estado y hacia la propia clase política catalana) iniciada en el 2003 y que ha interactuado con el impacto de la crisis económica. Este estudio analiza su génesis y desarrollo y pretende demostrar que sus dinámicas políticas han convertido a Cataluña en el laboratorio político de España y han originado un poderoso populismo plebiscitario.

Palabras clave: Cataluña, desafección, laboratorio político, populismo, plebiscito, referéndum, secesión.

RESUM

El procés secessionista iniciat a Catalunya el 2015 és contemplat habi-tualment com una pugna entre partidaris de la independència i els seus oponents. No obstant això, aquest procés configura un fenomen polièdric en la mesura que és fruit d’una doble desafecció política (cap a l’Estat i cap a la pròpia classe política catalana) iniciada el 2003 i que ha interactuat amb l’impacte de la crisi econòmica. Aquest estudi analitza la seva gènesi i desenvolupament i pretén demostrar que les seves dinàmiques polítiques han convertit a Catalunya en el laboratori polític d’Espanya i han originat un poderós populisme plebiscitari.

Paraules claus: Catalunya, desafecció, laboratori polític, populisme, plebiscit, referèndum, secessió.

 


EL TRASFONDO DEL REFERÉNDUM CATALÁN: UNA INSUMISIÓN CÍVICA DE MASAS QUE YA ADVERTIMOS EN 2012

septiembre 8, 2017

El parlamento de Cataluña al votar las leyes de transitoriedad jurídica (foto de Toni AlbirEfe).

EL TRASFONDO DEL REFERÉNDUM CATALÁN ESUNA INSUMISIÓN DE MASAS. Tal cosa no debería sorprender: ya hace más de cinco años advertimos que Cataluña se dirigía hacia este horizonte. Lo hicimos en un artículo publicado el 3 de mayo de 2012 en el diario catalán Ara (#novullpagar o l’iceberg de la insubmissió cívica), a raíz de la campaña antipeajes #novullpagar, y que reproducimos a continuación por su renovado interés.

Como podrán apreciar l@s lector@s, sosteníamos ya entonces que Cataluña era el lugar de España donde se hallaba más maduro un gran movimiento de protesta político y social, pues diversas dinámicas así lo anunciaban.

#novullpagar o el iceberg de la insumisión cívica

La protesta antipeaje #novullpagar nació en Cataluña con un vídeo colgado en YouTube el 29 de marzo [de 2012] y ganó adhesiones hasta lograr 2.500 el uno de mayo, a pesar de multar los infractores. ¿Por qué ha tenido tanto eco? Posiblemente porque no es únicamente una protesta fiscal, sino el catalizador de un amplio malestar que se ha plasmado previamente en una gimnasia de insumisión cívica instada por particulares, entidades, partidos y el mismo ejecutivo catalán los últimos tres años amplificada por las redes sociales.

La insumisión cívica como gimnasia

Así, en el plano simbólico deben recordarse las manifestaciones contra la sentencia sobre el Estatuto catalán del Tribunal Constitucional (junio de 2010) y el posicionamiento del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sobre la inmersión lingüística (septiembre de 2011); el largo ciclo de consultas populares por la independencia emprendido en Arenys de Munt (septiembre de 2009), que se realizó al margen de los partidos, o la campaña de la Generalitat en favor de incorporar el distintivo CAT en la matrícula tapando el de la E (julio de 2011).

En la esfera fiscal, #novullpagar tiene antecedentes no negligibles. El actual líder de ERC, Oriol Junqueras, como alcalde de Sant Vicenç dels Horts se opuso al hecho que el consistorio retornara al Estado el dinero que le avanzó como anticipo del 2009: 470.000 euros (septiembre de 2011). Igualmente, un matrimonio de Siurana de Prades promueve la campaña “Decimos basta” y preconiza no pagar impuestos al Estado, sino a la Generalitat (enero de 2012). De hecho, el lema “España nos roba” lo han difundido ERC, SI y las juventudes de CiU. Además, han menudeado protestas contra el mal funcionamiento de Cercanías, con actuaciones coordinadas entre los usuarios, como la de parar un tren en Sant Celoni un cuarto temprano (marzo del 2009).

La insumisión cívica se ha plasmado también en ámbitos que afectan la calidad de vida, como los desahucios (en 2009 se constituyó la Plataforma de Afectados por la Hipoteca) o las ocupaciones vecinales de los CAP ante el recorte de gasto sanitario (la de Bellvitge, iniciada el octubre de 2011, ya hace seis meses que dura). Finalmente, se reflejó en el movimiento de los indignados, que estalló el mayo de 2011 y convergieron en él la protesta política y la social.

Vídeo colgado en youtube que desató la campaña antipeaje en Cataluña.

Las lecciones de #novullpagar

En consecuencia, debe pensarse que #novullpagar refleja una tendencia creciente a la insumisión cívica de sectores cada vez más amplios y ofrece tres lecciones.

En primer lugar, plasma que estimular la insumisión, más allá de permitir escenificaciones políticas, ya no sale gratis. Puede tener un impacto imprevisto por sus promotores al generar dinámicas fuera de su control, como se ha visto ahora: los partidos se han visto sorprendidos por la campaña y el gobierno ha alegado que la comprendía, pero que debía castigarla.

En segundo lugar, pone de manifiesto que la doble desafección imperante en Cataluña (hacia Madrid como símbolo de un Estado lejano y hacia la misma clase política) genera una actividad política cada vez más alejada de los canales oficiales establecidos (partidos y Parlamentos). Por una parte, aumentan la abstención, el voto nulo o en blanco y el apoyo a nuevas formaciones; por otra parte, se intensifica la actividad en movimientos cívicos y redes sociales.

En tercer lugar, muestra la contradicción cada vez mayor entre el tiempo de los políticos, basado en legislaturas, y el de los ciudadanos, que quieren soluciones inmediatas: hoy aplazar un asunto una legislatura es aplazarlo una eternidad.

Ni Mas, ni Rajoy: Thoreau

A las puertas del aniversario de la eclosión de los indignados (15 de mayo) y de una nueva movilización antipeatge (20 de mayo), el éxito de #novullpagar anuncia futuros actos de insumisión, tan repentinos como difíciles de reprimir por su seguimiento cada vez más masivo. En qué punto nos hallamos ahora? Probablemente en el que el sociólogo Manuel Castells, en un brillante análisis de los movimientos sociales y la red al  Anuario del conflicto social 2011, considera de “acumulación de fuerzas” para un nuevo salto.

Este panorama apunta un rasgo diferencial de Cataluña respecto al resto de España: es el territorio más proclive y maduro para grandes movimientos de insumisión civil. Y es que cada vez es más grande la distancia entre el país oficial -gobernado por Mas y Rajoy- y el real, en el que señorea el fantasma de Henry David Thoreau, puesto que su estrategia de insumisión de La desobediencia civil (1849) la han adoptado miles de catalanes sin saberlo: “Declaro libremente mi guerra en el Estado, a mi manera, a pesar de que seguiré haciendo uso y obteniendo tantas ventajas como pueda”.


CATALUÑA: ¿EPICENTRO DEL YIHADISMO?

agosto 17, 2017

A continuación recuperamos nuestra recensión publicada en el diario catalán Ara (26/1/2013) sobre un libro sobre el yihadismo en Cataluña de actual interés para nuestr@s lector@s

 

“CATALUÑA ES EL EPICENTRO DEL YIHADISMO DEL SUR DE EUROPA Y UNO DE LOS PUNTOS MÁS IMPORTANTES A ESCALA MUNDIAL, sobre todo en el área metropolitana de Barcelona” según “la cantidad de células y grupos que  han sido detenidos”. Se ha estimado que entre un 15% y un 20% de los musulmanes residentes al Principado “son cercanos al islamismo radical”, señala Jofre Montoto (Barcelona, 1970) en  Gihadisme. L’amenaça de l’islamisme radical a Catalunya. Este antropólogo y periodista del Centro de Estudios Estratégicos de Cataluña ofrece en este ensayo publicado por Ángulo Editorial una aproximación concisa al yihadismo, a su presencia en Cataluña y a la acción de las fuerzas de seguridad para combatirlo.

Ante la amplia bibliografía sobre fundamentalismo islámico y terrorismo, las primeras cien páginas de la obra ofrecen una síntesis asequible del tema. La primera parte expone el concepto de yihad y los hitos principales del movimiento yihadista: su referente del siglo XIII, Ibn Taymiyya; la fundación en Egipto de los Hermanos Musulmanes el 1928; el movimiento de los deobandis en la India el siglo XIX; la conversión del wahabismo en ideología oficial de la Arabia Saudí; la expansión del islam chiita en la Irán de Jomeini, y, finalmente, la conversión de la Afganistán en gran foco emisor de la yihad con la guerra contra la URSS, que acabó engendrando Al-Qaida.

A la vez, Montoto señala las especificidades de su terrorismo, que quiere impactar en la sociedad civil y recurre a atentados suicidas (iniciados en Beirut en diciembre de 1981). Estos crímenes son de amplia rentabilidad económica, puesto que el ataque de la 11-S del 2001 en Nueva York causó casi 3.000 muertos con un coste de medio millón de dólares. El centro de reclutamiento de activistas es la mezquita y entre los suicidas no abundan los marginados: los parados  representarían el 17% y los titulados superiores el 51%.

El yihadismo se financia con opacas donaciones privadas, el cobro del zatak (limosna obligatoria en contratos o transacciones bancarias) y la práctica del hawala : un sistema basado en la confianza del cliente con la entidad bancaria que permite ingresar y retirar dinero por todas partes con un código verbal sin rastros.

El papel de los Mossos d’Esquadra

La segunda parte de la obra se centra en la acción yihadista en Cataluña y su combate. De este modo, recopila las operaciones de los cuerpos de seguridad hechas aquí (en 2002 tuvieron lugar las primeras detenciones) y en el conjunto del Estado y apunta aspectos legales y judiciales problemáticos o que generan aparentes contradicciones: islamistas con “desvaríos religiosos” que predican “el odio al diferente” son absueltos, mientras que el propietario de una librería ultraderechista de Barcelona es condenado por incitar al odio racial.

En este marco, los Mossos d’Esquadra no han tenido hasta el nuevo Estatuto competencias en policía judicial (que incluyen terrorismo y crimen organizado) y sólo han llevado a cabo una operación contra una célula yihadista de la veintena hechas en España:  la “operación Queixalada”, hecha el septiembre del 2004. Además, “no reciben prácticamente ninguna información por parte del Estado ni de los organismos policiales internacionales” y “les faltan muchas herramientas para ser la policía integral que los políticos prometen y los policías desean”. Si atendemos a las tesis de Montoto, que afirma que la derrota del yihadismo pasa primero por el campo policial y militar y después por el ideológico, el escenario catalán no sería para hacer volar cohetes.

En suma, la obra de Montoto -que agradecería un glosario de termas árabes empleados- puede ser útil a todo el mundo que quiere acercarse al yihadismo sin conocimientos previos y conocer su alcance en Cataluña.


LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

agosto 10, 2017

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

____

* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF.


¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? DE LA HABANA A BARCELONA

junio 26, 2017

Portada de la revista L’Esquella de la Torratxa de 1920 que hace alusión al pistolerismo con una pregunta: “¿A quién le toca, hoy?” (imagen de K-ntra-Kultura).

 

¿CUÁNDO Y DÓNDE SURGIÓ EL ULTRANACIONALISMO ESPAÑOL? Varios lectores y lectoras nos han planteado esta cuestión. Aunque pueda parecer paradójico, la respuesta radica en que el lugar dónde primero irrumpió fue en la Cuba colonial durante el siglo XIX, con un golpe de Estado en 1869, y llegó a España a través de Barcelona.

De La Habana a Barcelona

En Cuba se conformó el primer poder castrense autónomo de la metrópoli, ya que entre 1825 y 1878 Madrid concedió poderes extraordinarios al capitán general de La Habana. Estos comprendían “el gobierno discrecional de la colonia, con facultades ejecutivas para aplicar la legislación, adaptarla o suspenderla” para garantizar el statu quo de los peninsulares que dominaban la vida cubana.

El resultado fue que el capitán general devino allí un “virrey” de facto y su autonomía engendró un intervencionismo militar de nuevo cuño que –paradójicamente- se inició con un golpe de Estado contra la propia Capitanía en mayo de 1869, cuando la dirigía el general Domingo Dulce. Su política reformista le granjeó la oposición de los sectores reaccionarios que promovieron el golpe citado, acaudillado por el general Francisco A. Lersundi, su antecesor en el cargo.

Tras la pérdida de las colonias de Ultramar en 1898, los militares repatriados asistieron a la irrupción en Barcelona de una amenaza bifronte: lo que a sus ojos era un “separatismo” idéntico al de Cuba asociado a una amenaza revolucionaria, encarnada por el obrerismo organizado capaz de plantear huelgas generales. Cuajó entonces un ultraespañolismo cuyo polo aglutinador fue la capitanía general barcelonesa.

De este modo, durante el primer cuarto de siglo se configuró un poderoso “partido militar” que devino capaz de configurar un poderoso grupo de presión, capaz de hacer caer los gobiernos de Madrid. El resultado fue que entre 1917 y 1923, cuando se desarrolló el pistolerismo en Barcelona, los militares -Joaquín Milans del Bosch, Severiano Martínez Anido y Miguel Primo de Rivera- establecieron un poder autónomo en Cataluña (acabaron convertidos en una suerte de “virreyes”) que, finalmente, fue capaz de constituir la base de la dictadura militar primorriverista.

 

El general Miguel Primo de Rivera se convirtió en el primer dictador militar del siglo XX al protagonizar un golpe de Estado desde Barcelona.

La historia del “partido militar”

Hemos explicado este proceso con detalle en nuestro trabajo “Auge y declive del «partido militar» de Barcelona (1898-1936)”, Iberic@, Revue d’études ibériques et ibéro-américaines, editada electrónicamente por el CRIMIC (Centre de Recherches Interdisciplinaires sur les Mondes Ibériques Contemporains) de la Universidad de la Sorbona, nº 4 (otoño 2013), pp. 163-180. ISSN 2260-2534. Puede consultarse el texto en PDF aquí PartidoMilitar-Xavier Casals

A continuación reproducimos su abstract o resumen en francés e inglés, así como sus palabras claves y el enlace para consultar el texto.

Resumen

Historia del “partido militar” de Barcelona desde sus orígenes en 1898 hasta su crisis en 1930. La expresión “partido militar” alude al proyecto de la oficialidad de la Capitanía General de Barcelona de convertir a esta institución en una base de poder militar en Cataluña independiente del gobierno. Este proyecto surgió a inicios de siglo XX, cuando la Capitanía barcelonesa actuó de modo cada vez más autónomo de Madrid para combatir al movimiento catalanista y al pistolerismo anarcosindicalista. Así, entre 1917 y 1923 en ella se pusieron los fundamentos de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923-1930), instaurada con un golpe de Estado ejecutado en Barcelona. Al finalizar la dictadura el “partido militar” inició su declive.

Palabras clave

Barcelona, Cataluña, capitanía general de Cataluña, Dictadura, Golpe de Estado, Extrema derecha

Résumé

Histoire du « parti militaire » de Barcelone depuis sa création en 1898 jusqu’à à la crise en 1930. Le terme «parti militaire» désigne le projet des officiels de la capitainerie générale de Barcelone pour transformer cette institution en une base de pouvoir indépendante en Catalogne du gouvernement. Ce projet est né au début du XXe siècle, lorsque la capitainerie de Barcelone a agi de façon de plus en plus autonome de Madrid pour lutter contre le gangstérisme et le mouvement anarchosyndicaliste catalan. Ainsi, entre 1917 et 1923, elle a jeté les bases de la dictature du général Miguel Primo de Rivera (1923-1930), établie par un coup d’État exécuté à Barcelone. À la fin de la dictature le «parti militaire» a commencé son déclin.