¿POR QUÉ SE HA ECLIPSADO PLATAFORMA POR CATALUÑA [PxC]?*

mayo 11, 2017

Josep Anglada, impulsor y líder de la PxC hasta su expulsión de la misma (imagen de directa.cat).

MIENTRAS QUE EN EUROPA LA EXTREMA DERECHA CONOCE UN ASCENSO, la derecha populista que representa Plataforma por Cataluña [PxC] se ha eclipsado desde los comicios locales del 2015. Entonces los 65.905 votos que consiguió en el 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 regidores a 8. ¿Qué explica este declive del partido fundado y liderato por el vicense Josep Anglada? Consideramos que la respuesta se halla en la confluencia de tres factores: la crisis interna de la formación, el peso político del secesionismo y la irrupción de nuevas siglas críticas con las élites.

La crisis de liderazgo

En febrero de 2014 la cúpula del partido expulsó Anglada. Entonces Robert Hernando devino nuevo responsable de PxC y empezó una pugna entre el fundador y la nueva dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido cuando había empezado un lento descenso electoral. Llegó a obtener 75.134 votos (2,4%) en los comicios autonómicos del 2010, pero en los municipales del 2011 captó 65.905 (2.3%); en los legislativos de aquel año, 59.781 (1.7%); y 60.107 (1.2%) en las elecciones del parlamento catalán de 2012. Además, el plataformismo se fragmentó, dado que Anglada -que en 2015 obtuvo un escaño en Vic con la nueva marca Plataforma Vigatana (PLVI)- impulsó el partido Som Identitaris (SOMI).

La agenda política marcada por el independentismo

El protagonismo del secesionismo complicó más el escenario a PxC. El partido había superado de forma limitada la agrieta catalanismo-españolismo con el lema “Primero los de casa”, que proyectó un eje ideológico que contrapuso “autóctonos” (ya se sintieran estos catalanes o españoles) y foráneos (inmigrantes). Pero el auge del separatismo devolvió al primer plano la dicotomía Cataluña-España y quedaron arrinconados del debate temas estelares del partido, como la inmigración y la seguridad ciudadana. Además, el independentismo ha conformado una dinámica inclusiva: tanto partidarios de la secesión como los opositores quieren una movilización amplia, cosa que comporta desterrar discursos de “prioridad nacional” como los de PxC.

La irrupción de nuevas marcas antiestablishment

Para concluir, debemos recordar que este partido hizo eclosión en los comicios locales del 2003 y se expandió en los del 2007 y 2011 haciendo bandera no sólo de su oposición a la inmigración, sino también de un discurso contra la “casta política”. Aludía así a un Establishment supuestamente corrupto y “antinacional” que favorecía los inmigrantes en detrimento de los autóctonos. Pero de forma progresiva el mensaje contra las élites lo enarbolaron con éxito otras fuerzas emergentes ajenas a la ultraderecha. Hernando -el sustituto de Anglada- ya detectó esta competencia política tras obtener Podemos el 8% de los votos de los comicios europeos el 2014: “Nosotros ya habíamos acuñado el concepto de casta política cuando Pablo Iglesias todavía ni se recogía la cola”, explicó.

¿Ha muerto políticamente el “plataformismo”?

Este panorama dificulta la recuperación de PxC o el ascenso de una formación similar. Pese a ello, no deben perderse de vista dos factores. Uno es que Badalona -tercera urbe catalana en población- demuestra que en ciertos lugares del área metropolitana puede tener impacto un discurso sobre la immigración y el orden público como el esgrimido por Xavier García Albiol. Sus votos no han parado de crecer en los comicios municipales: 21,8% en 2007, 33.4% en 2011 y 34.3% en 2015. El otro factor lo destacó el analista Carles Castro en La Vanguardia (7/Y/2017): según sondeos del CIS, el 40% de ciudadanos estatales consideran “excesivo” el número de extranjeros.

Por consiguiente, no se puede descartar, a medio o largo plazo, la recuperación de una PxC que conoce horas bajas e impulsa la federación estatal Respeto (junto al Partido por la Libertad [PxL] y España 2000). Si fracasa puede surgir una nueva marca que recupere su discurso y vuelva a obtener apoyo a las urnas.

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* Este artículo lo publicamos originalmente en catalán en el diario Ara. Véase X. Casals, “Per què s’ha eclipsat Plataforma per Catalunya?”, Ara (7/V/2017)


DON JUAN DE BORBÓN O EL MITO DEL PRETENDIENTE AL TRONO DEMÓCRATA

marzo 26, 2017

Acto de renuncia de Don Juan a sus derechos dinásticos el 14 de mayo de 1977.

ESTE AÑO SE CUMPLEN CUARENTA AÑOS  DE LA RENUNCIA DE DON JUAN A SUS DERECHOS DINÁSTICOS, que tuvo lugar el 14 de mayo de 1977, un hecho sobre el que se suele pasar de puntillas porque empañaba la legitimidad de su hijo en el Trono.

Dado que tiende a reproducirse una biografía idealizada del mismo que le presenta como una alternativa demócrata a la dictadura de Franco, hemos considerado pertinente reproducir esta semblanza que publicamos en el 2007 al respecto.*

Como puede apreciarse a continuación, éste distó mucho de ser un demócrata rectilíneo. En general, tuvo una trayectoria política errática y oportunista, que le llevó a transitar por el autoritarismo, ya que su principal afán fue llegar a reinar. Quien esté interesado en más información al respecto, puede consultar nuestro ensayo Franco y los Borbones (2005). 

 

JUAN III: EL REY QUE NUNCA REINÓ

El pasado 14 de mayo se cumplieron treinta años de la renuncia de Don Juan de Borbón y Battenberg a sus derechos a la Corona en favor de su hijo Juan Carlos I. La efeméride no ha merecido conmemoración alguna porque ésta evidenciaría de nuevo las contradicciones iniciales que revistió la legitimidad dinástica del actual monarca: fue Rey de hecho desde noviembre de 1975, cuando fue proclamado como tal por las Cortes, pero no lo fue de derecho hasta que su padre hizo esta renuncia.

Esta situación explica las trabas que halló Don Juan para hacerla como deseaba: con una vistosa ceremonia en la cubierta del Dédalo, ante el ataúd de Alfonso XIII. Su propuesta fue desestimada por temor a realzar un acto que podía crear confusión en la opinión pública. La reina Sofía defendió que la renuncia “se hiciera simplemente por carta” y Torcuato Fernández-Miranda afirmó que no debía producirse, pues “significaba enmendarle la plana al régimen”.

Don Juan no era el primogénito de Alfonso XIII, sino su tercer hijo varón (en la imagen está de pie a la derecha).

Finalmente Don Juan la llevó a cabo en un acto televisado: “En virtud de esta mi renuncia, sucede en la plenitud de los derechos dinásticos como Rey de España a mi padre el Rey Alfonso XIII, mi hijo y heredero el Rey Juan Carlos I”, declaró. No obstante, tras este gesto dinástico “anormal”, que restableció la “normalidad” dinástica, siguió empleando el título de conde de Barcelona, pese a ser un título de soberanía del Rey de España y resultar incongruente con su renuncia.

Ésta última habría marcado una inflexión vital, pues según el juanista Víctor Salmador “dejó de interesarle todo” e “hizo un esfuerzo sobrehumano para sobreponerse a la apatía y a la tristeza”. En 1982 regresó a España, poniendo fin a su exilio en la ciudad lusa de Estoril (donde residía desde 1946) con su esposa Doña María. En octubre de 1992 hizo unas declaraciones al Diario de Navarra reflejando una visión pesimista de España (“La veo mal, algo desgarrada y con su unidad amenazada”) y su gran frustración: “Me hubiera gustado ser Rey de todos los españoles. Fue mi vocación para la que me educaron y para la que viví, pero renuncié plenamente [a ella] porque era para el bien de España”. Falleció poco después, en abril de 1993.

 

Alfonso XIII con Don Juan en el exilio.

Hijo de Rey y padre de Rey, nunca reinó

La renuncia de Don Juan en 1977 puso fin a su dilatado esfuerzo por reinar. Nacido en 1913 del matrimonio de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, fue su tercer hijo varón y no devino heredero de la Corona hasta 1933, cuando la familia real ya vivía en el exilio. Ignoramos la razón de este tardío reconocimiento, pues su hermano mayor, Don Alfonso, era hemofílico y el segundo, Don Jaime, sordomudo. Don Juan, por tanto, era ya desde su niñez el único vástago capaz de suceder a Alfonso XIII. ¿Por qué el monarca no tomó esta decisión cuando reinaba? El republicano Rafael Borràs apunta una respuesta: de abdicar el Rey en Don Juan según la Constitución de 1876, las Cortes debían sancionar su decisión, lo que pudo disuadirle al herir “su orgullo de rey” y poner de manifiesto las limitaciones de sus hijos.

En todo caso, sólo cuando sus dos hermanos mayores renunciaron en 1933 a sus derechos dinásticos y contrajeron sendos matrimonios desiguales quedó expedito su camino al Trono. Enrolado entonces Don Juan en la Royal Navy, recibió un lacónico telegrama paterno en Colombo (Sri Lanka): “Por renuncia de tus dos hermanos mayores, quedas tú como mi heredero. Cuento contigo para que cumplas con tu deber”. Su condición de heredero al Trono truncó la vocación naval de Don Juan (“Se acabó la Marina, se acabó todo”, recordó años después) y pronto se halló inmerso en las tensiones que rodearon a Alfonso XIII en el exilio: el grueso de monárquicos –liderado por José Calvo Sotelo- quiso que el Rey renunciara a sus derechos en favor de Don Juan y éste tuvo que maniobrar entre su padre y sus belicosos leales.

Don Juan se presentó como combatiente voluntario del bando alzado. En la foto lleva la boina carlista y el símbolo falangista.

Iniciada la Guerra Civil (1936-1939) Don Juan fue invitado a protagonizar un “salto dinástico” en dos ocasiones al menos. Por una parte Dionisio Ridruejo le propuso iniciar en la Falange una carrera como militante de base para devenir monarca después. Don Juan rechazó el despropósito: “Yo les dije que si les fallaba como jefe local, ya no me harían Rey”.

Por otra parte, el historiador Ricardo de la Cierva señaló un eventual acuerdo que posteriormente se frustró entre Don Juan y el general Franco: “Franco le confirmó secreta y personalmente como su futuro sucesor a título de rey sin fecha fija”. Dio fe de tales rumores un significado confidente de Alfonso XIII en Suiza, Ramón de Franch: “¿Manteníanse contactos entre Burgos y la residencia romana de D. Juan, a espaldas de su padre? En Lausanne se andaba de puntillas sobre el terreno resbaladizo de las hipótesis”, escribió.

En 1941 falleció Alfonso XIII y Don Juan empleó desde entonces el título de conde de Barcelona, aunque sus leales le aclamaron como “Juan III”. Entre ese año y 1948 la actuación política de Don Juan fue errática y oportunista. Entre 1941 y 1942 tanteó círculos nazis y fascistas en busca de avales para reinar, pero en realidad apostó de forma decidida por los aliados, en especial con su Manifiesto de Lausana (1945), lo que irritó profundamente a Franco.

Acabada la Segunda Guerra Mundial, e instalado en Estoril, Don Juan mantuvo su complejo juego político entre 1946 y 1948. Entonces estableció las llamadas Bases de Estoril –que definían una monarquía corporativa y antiliberal- y a la vez buscó un pacto con la oposición al franquismo, incluyendo a anarquistas y socialistas. Todo fue en vano: el anticomunismo de la Guerra Fría consolidó la dictadura de Franco y éste vio aprobada en un referéndum celebrado en 1947 una Ley de Sucesión que dejó a su arbitrio el nombramiento de su sucesor a título de Rey.

Encuentro de Franco y Don Juan en el Azor en 1948.

En agosto de 1948 Don Juan mantuvo una entrevista con Franco a bordo del yate Azor, en el Cantábrico, en la que se decidió que estudiara en España su hijo Juan Carlos, nacido en 1938. Con tan valioso rehén en manos del dictador, poco pudo hacer ya Don Juan para acceder al Trono, salvo esperar un golpe de Estado que nunca llegó. Había perdido la batalla de la Corona y en sus empeños dilapidó su credibilidad política ante franquistas y antifranquistas, ya que sus vaivenes acuñaron una imagen de hombre sin criterios.

Así, cuando Franco comentó al escritor monárquico José M. Pemán que “Don Juan, hombre afable por acogedor, se deja influir por el último que llega”, recibió esta réplica: “Pues llegue usted el último”. Igualmente, Ibérica, revista del exilio sostenida en Nueva York por Victoria Kent y patrocinada por Salvador de Madariaga, expresó en 1960 su desencanto: “Don Juan unas veces dice a los hombres de ‘la Corte’ que su monarquía será liberal y otras veces declara […] que seguirá el ‘movimiento del general Franco’”.

Acto de aceptación de Juan Carlos como sucesor de Franco en 1969.

Paradójicamente, el “salto dinástico” que Franco decidió en 1969, al designar oficialmente a Don Juan Carlos sucesor, hizo que la desvaída figura del conde de Barcelona cobrase nuevo brillo: excluido del Trono, su figura fue contemplada por parte de la oposición al régimen como una “alternativa demócrata” a la presunta continuidad institucional de la dictadura encarnada por su hijo. Su proyección fue también realzada a posteriori por monárquicos que aludieron a la existencia de un “pacto de familia” entre Don Juan y Don Juan Carlos para llevar la democracia a España, aunando esfuerzos para evitar la instauración de una República.

De ese modo, el historiador Charles T. Powell apunta que los neojuanistas hacen suya “una visión juanista de la transición, según la cual fue el padre del Rey quien inspiró el proceso democratizador, a distancia y por persona interpuesta”. La realidad cuestiona esta conjetura: sin ir más lejos, Don Juan estuvo a punto de abanderar la oposición a su hijo en 1974, lo que dejó literalmente “aterrada” a su esposa, Doña Maria.

¿Drama personal o espejo generacional?

Una abundante publicística monárquica presenta el enfrentamiento entre Don Juan y su hijo como un drama personal, enfoque que confiere un protagonismo a la familia real de resonancias hagiográficas: son los “sacrificios” y “renuncias” de Don Juan y la mediación abnegada de Doña María entre esposo e hijo lo que permite restablecer la Corona y restaurar la democracia. Desde nuestra perspectiva, esta narración en clave de “epopeya dinástica” oculta sin pretenderlo una realidad más profunda: el “salto dinástico” que protagonizó Don Juan Carlos fue el reflejo más visible del cambio generacional que hizo viable la llamada Transición.

Durante el franquismo las organizaciones de la oposición se caracterizaron por un recambio generacional que supuso una relativa asimilación de la política española a la europea. Este cambio marcó el ocaso de las direcciones del exilio, comosucedió consocialistas como Rodolfo Llopis, anarquistas como Federica Montseny o incluso con la “vieja guardia” comunista. El caso de Don Juan fue similar al de estos exiliados: compartió con ellos un largo alejamiento, vanas esperanzas de regresar triunfante con complots más fantasiosos que factibles y la percepción distorsionada de la realidad española.

Todos ellos fueron grandes perdedores de la democratización y Don Juan, aunque no se contó entre los vencidos de la guerra ni los represaliados del franquismo, fue uno más, como escribió en 1958: “Yo soy el único exiliado que sin cometer delitos comunes o de sangre no me deja el General ir [a España]”. Hoy, “Juan III” -Rey que nunca reinó- aún espera una biografía crítica que supere distorsiones, filias y fobias en torno a su figura.

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*  Xavier Casals, “Juan III: el rey que no reinó”, El noticiero de las ideas, 32 (octubre-diciembre 2007), pp. 5-7. Reproducido inicialmente en este blog el 3 de febrero de 2013, con motivo del centenario del nacimiento de Don Juan.


ENTREVISTA A JOSEP PICH: “LA REVOLUCIÓN DE JULIO DE 1909 EN BARCELONA FUE EL PRIMER GRAN AVISO DE LA GUERRA CIVIL”

febrero 25, 2017

pichJOSEP PICH MITJANA es profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y miembro del Grup de Recerca en Estats Nacions i Sobiranies [GRENS]. Su tesis doctoral analizó la figura de Valentí Almirall y la génesis del catalanismo político. Ha ganado ex aequo el premio Joan Givanel i Mas del Institut d’Estudis Catalans (2001) y el XXI premio Ferran Soldevila (2004).

Ha participado en diversas obras colectivas y monografías, como El Centre Català (2002);   Almirall i el Diari Català (2003); Federalisme i catalanisme: Valentí Almirall i Llozer (1841-1904) (2004); Valentí Almirall i el federalisme intransigent (2006) y Francesc Pi y Margall y la crisis de Melilla de 1893-1894 (2008).   Asismimo es autor de tres e-books:  Les dues guerres mundials i el període d’entreguerres (1914-1945)La Setmana Tràgica 1909: Sagnant, roja, negra o gloriosa y La Guerra Freda i el món contemporani (1945-1989). Sus líneas de investigación son el federalismo, el catalanismo y el imperialismo español.

El motivo de esta entrevista es su interesante trabajo “La revolución de Julio de 1909”, publicado en la revista Hispania, Vol. LXXV, 249 (enero-abril 2015), accesible en PDF aquí. En este estudio ofrece una lectura muy diferente de la “Semana Trágica” de 1909 en Barcelona: no se trató de una revuelta anticlerical y antimilitarista sino de un estallido revolucionario mucho más importante que el de 1917 y que -por su magnitud- anticipó el conflicto que vislumbró la Guerra Civil. Por esta razón le hemos entrevistado y le agradecemos su amabilidad al responder a nuestras cuestiones.

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barricada-semana-tragicaLevantamiento de una barricada en Barcelona durante la “Semana Trágica” de 1909.

Usted considera que la “Semana trágica” de Barcelona de 1909 ofrece una interpretación muy distinta a la de una simple revuelta anticlerical. ¿Por qué?

Porque el impacto de los sucesos que afectaron a buena parte de Cataluña, entre el 26 de julio y el 1 de agosto de 1909, fue de tal magnitud que gran parte de la población que los vivió dividía su vida en el antes y el después de la “semana trágica”. Sin embargo, no todo el mundo recordaba aquellos hechos como una tragedia, negra, penosa o bárbara, ya que para los liberales y las diferentes tendencias republicanas y obreristas era una semana roja, es decir, revolucionaria, así como gloriosa, porque consideraban que era digna de alabanza.

Algunos, como los redactores del semanario humorístico Papitu, afirmaban que fueron unos días alegres, ya que ante la imposibilidad de salir de casa, especialmente en la ciudad de Barcelona, se habría incrementado la natalidad. Autores vinculados a opciones ideológicas muy dispares, como el anarquista Leopoldo Bonafulla -seudónimo que ocultaba a Joan Baptista Esteve-, el socialista Josep Comaposada, el periodista de tendencia liberal José Brissa, el reaccionario, antiguo rector de la Universidad de Oñate, Modesto H. Villaescusa calificaban aquellos acontecimientos de revolucionarios.

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Que los conozcamos mayoritariamente como “semana trágica”, posiblemente, se debe al estudio de Josep Benet sobre el poeta Joan Maragall de 1963 titulado Maragall i la Setmana Tràgica, y la magnífica investigación de la profesora norteamericana Joan Connelly Ullman, The Tragic Week: a study of Anti-Clericalism in Spain de 1968. De hecho, la última semana de julio de 1909 es un referente de la historia política española del siglo XX, en el que se entrecruzan política colonial y movimiento antiimperialista, la pugna entre clericales y anticlericales, el fracaso del proyecto del líder conservador y presidente Antonio Maura de regenerar el sistema político de la Restauración, y el intento de revolución republicana más relevante, hasta la proclamación de la segunda República el 14 de abril de 1931; una revolución republicana que, en cierta manera, se ha visto minusvalorada por la historiografía.

¿Por qué la revolución quedó confinada a Barcelona?

El inicio del conflicto sorprendió al Gobierno, ya que el presidente, Maura, se encontraba de vacaciones, mientras que el ministro de gobernación, figura equivalente al actual ministerio del interior, Juan de la Cierva ejercía la jefatura del gobierno en funciones. Éste temía que la huelga general revolucionaria que afectaba a gran parte de Cataluña se expandiese al resto de España. Por tanto, explica en sus memorias que dejó que circulase el rumor de que se trataba de un movimiento separatista.

El bulo era totalmente infundado, tal como muestra el hecho que, el jueves 29 de julio, cuando un grupo de insurrectos, mayoritariamente libertarios, asaltaron en Barcelona el local del batallón de la libertad se apoderaron de una gran bandera española que pasearon por la ciudad. Sin embargo, la mayor parte de los españoles del período se lo creyeron por el apabullante éxito de la candidatura de Solidaritat Catalana, en las elecciones de 1907. Ésta era una plataforma electoral que unió desde republicanos federales a carlistas con el objetivo de derogar la ley de jurisdicciones, y aprobar un cierto autogobierno para Cataluña; unas reivindicaciones que eran presentadas como separatistas por los partidarios del sistema políticamente centralista y culturalmente uniformador del período de la Restauración.

“Para evitar que la revolución se extendiera al resto de España el entonces presidente en funciones -Juan de la Cierva- dejó circular el rumor de que se trataba de un movimiento separatista”

La posibilidad de que se tratase de un movimiento secesionista conllevó el inició de un boicot en contra de los productos catalanes que no finalizó hasta que el jefe del Gobierno, Maura, explicó que eran los catalanes los principales afectados por los hechos revolucionarios. En 1909, paradójicamente, habría generado más patriotismo la posibilidad de abortar una presunta rebelión separatista catalana que el tradicional espíritu bélico que surgía cuando las tropas españolas se enfrentaban a los marroquíes, que en aquel período eran identificados genéricamente como moros.

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Los dirigentes políticos rechazan la posibilidad de proclamar la República en 1909.

¿Qué papel tuvo el anticlericalismo en la revuelta?

Una de las aportaciones de mi investigación ha sido un intento de “cartografiar” la huelga y el movimiento revolucionario, con mapas de las poblaciones que apoyaron la huelga general, de las que actuaron los republicanos y de las afectadas por actos anticlericales. La huelga general abarcó a la mayor parte de Cataluña. En cambio, el movimiento republicano y el anticlerical fueron más limitados. El primero tuvo como epicentro la ciudad de Sabadell y algunas poblaciones gerundenses, mientras que el segundo se centró en la capital catalana.

st-4La huelga se transformó en algunas poblaciones catalanas en un movimiento anticlerical más interesado en la destrucción de edificios y de símbolos católicos que en el asesinato de los religiosos/as. En cambio, durante la Guerra Civil, atacaron tanto a los edificios y los símbolos, como a las personas.

Los principales líderes republicanos barceloneses se negaron a encabezarlo. Su negativa a liderar el movimiento revolucionario ha generado diversas interpretaciones. Los republicanos lerrouxistas eran el principal partido entre el proletariado barcelonés y Connelly Ullman defiende la tesis que sus principales dirigentes habrían optado por transformar la huelga general en una rebelión anticlerical, para evitar el inicio de una verdadera revolución que podía resultar muy peligrosa para sus intereses, si no triunfaba.

En cambio, Josep Benet, Joaquín Romero-Maura o Joan Baptista Culla sostienen que los organizadores de la huelga general buscaron el apoyo de los lerrouxistas, pero éstos, de la misma manera que hicieron los republicanos catalanistas, no quisieron asumir la responsabilidad de dirigir el movimiento revolucionario, con lo que la huelga general se transformó en un movimiento acéfalo y caótico, en el que estalló el movimiento anticlerical.

“La revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917″

¿Hasta qué punto fue un movimiento espontáneo u organizado?

No puedo afirmar si fue espontáneo o planificado, pero sí que puso de manifiesto que los dirigentes obreristas no estaban preparados para dirigirlo. A partir de estos sucesos, los republicanos catalanistas y especialmente los lerrouxistas perdieron gran parte de su capacidad de influencia en el obrerismo catalán. De hecho, tanto los coetáneos como la historiografía actual no se han puesto de acuerdo en si se trató de un movimiento espontáneo u organizado.

Posiblemente, porqué existió una organización para iniciar la huelga general, con un Comité integrado por Antonio Fabra Ribas de la Federación Socialista catalana del PSOE, por Miguel Villalobos Moreno, que en realidad se llamaba Miguel Sánchez González, y era el representante de Solidaridad Obrera, mientras que el tercero no sabemos si era Francisco Miranda o José Rodríguez Romero, pero uno de los dos sería el designado por los anarquistas para formar parte del Comité.

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Francisco Ferrer i Guardia detenido.

Miranda, Rodríguez Romero y Miguel Villalobos Moreno estaban muy vinculados a Francisco Ferrer y Guardia. No obstante, de lo que no hay duda es que cuando la huelga general en contra de la guerra se transformó en un movimiento revolucionario le faltó dirección.

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¿Fue más importante este episodio que la huelga de 1917? ¿Por qué?

Es discutible, pero pienso que la revolución de 1909 fue más relevante que la huelga general revolucionaria de 1917. Ésta tuvo un impacto más amplio que la de 1909, ya que afectó a Madrid, Barcelona, Sabadell, Bilbao, Villena, Sax, Yecla, Riotinto, Nerva, Zaragoza, Asturias, entre otros territorios. Sin embargo, no hubo movimiento anticlerical, y tampoco proclamaciones republicanas. De hecho, el oficial de la Guardia Civil Modesto de Lara Molina que vivió ambos sucesos aseguraba que: «1909 fue más anárquico, más vergonzoso, más sangriento».

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Además, el contexto internacional de 1909 era muy distinto al de 1917. En 1910, la revolución republicana portuguesa triunfó con un movimiento revolucionario relativamente parecido al iniciado en Barcelona en julio de 1909, aunque menos sangriento. En cambio, en 1917, en plena Gran Guerra, los gobiernos de la Entente, y especialmente el francés, no eran partidarios de desestabilizar a la monarquía española.

Asimismo, más allá del interés común, tanto en el gobierno de París como en el de Madrid, de mantener pacificados y bajo control los correspondientes protectorados marroquíes. Por tanto, las autoridades españolas sabían que no habría protestas internacionales por la represión contra los huelguistas.

¿La podemos considerar el preludio de la Guerra Civil?

La revolución de julio de 1909 fue el primer gran aviso de la guerra que se inició al cabo de veintisiete años.

El rastro de las destrucciones, es decir, las heridas físicas de la revolución desaparecieron rápidamente, ya que los edificios incendiados fueron reparados y/o reconstruidos, así como las vías del ferrocarril, las líneas telegráficas, los pavimentos arrancados y la iluminación pública destruida. Los detenidos acabaron por ser indultados y los cinco ejecutados cayeron en el olvido, excepto el pedagogo y dirigente revolucionario Ferrer y Guardia.

Las heridas gangrenadas fueron las doctrinales, ya que el movimiento anticlerical y revolucionario, así como su posterior represión impulsaron, tanto entre las izquierdas revolucionarias como en las derechas reaccionarias, discursos excluyentes, maniqueos y autocomplacientes que únicamente eran realizables con la eliminación de sus respectivos rivales.


BARCELONA 1957: ¿ORDENÓ FRANCO ASESINAR AL CAPITÁN GENERAL POR PREPARAR UN GOLPE DE ESTADO?

febrero 11, 2017

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Imagen del capitán general de Cataluña, Juan Bautista Sánchez (Hemeroteca del buitre)

LA NOCHE DEL 29 DE ENERO DE 1957 FALLECIÓ EL CAPITÁN GENERAL DE CATALUÑA, Juan Bautista Sánchez González. En el momento de su muerte, este militar se hallaba en el punto de mira de los servicios de información del régimen, al considerarle dsafecto al régimen. Y ello a pesar de que éste pudo ser el “primer alzado” de la rebelión militar que desencadenó la Guerra Civil, pues -según su Hoja de servicios– “la noche del 16 de julio, inició el Movimiento Nacional en el Rif, sublevando en Torres de Alcalá el Tercer Tabor de Regulares de Alhucemas”.

¿Por qué Sánchez se distanció del régimen que contribuyó a instaurar? Debido, sobre todo, a sus crecientes simpatías monárquicas: convencido partidario de Don Juan de Borbón, discrepó de modo cada vez más abierto de la dictadura de Franco.

Un sublevado de 1936 distanciado de la victoria de 1939

¿Pero quién era este general? Su hijo Juan Bautista Sánchez Bilbao (a quien entrevistamos antes de fallecer el 2005 y que por su brillante carrera militar pudo disponer de información relativa a los hechos aquí analizados) definió a su padre como “un hombre del 18 de julio [de 1936], no del 1 de abril [de 1939]”. Es decir, no se identificó con el régimen surgido de la victoria franquista.

En 1943 su padre fue ascendido a teniente general. En abril de 1945 fue nombrado capitán general de Zaragoza, tras manifestar su apoyo a Franco en marzo, cuando el dictador reunió al Consejo Superior del Ejército. En 1949 fue nombrado capitán general de Cataluña y en diciembre de 1955 procurador en Cortes.

Como otros muchos sublevados en 1936, en los años cincuenta Sánchez González experimentó un progresivo desacuerdo con el régimen. Siguiendo el testimonio de su hijo, tuvo hasta un mínimo de tres encuentros –en solitario o acompañado- con Franco para pedirle que restableciera la Monarquía.

Sánchez no se recató de manifestar su oposición a la Falange ante sus subordinados, como explicó un soldado a su servicio cuando Franco visitó a Barcelona al celebrarse el Congreso Eucarístico el 28 de mayo de 1952. Entonces Sánchez oyó música del exterior y se asomó al balcón, viendo como pasaba un grupo de falangistas uniformados desfilando hizo esta afirmación: “Es una vergüenza que aún se tenga que presenciar esto”.

Franco trasladó su inquietud por Sánchez a su primo y confidente Francisco Franco Salgado-Araujo, Pacón. Éste constató en sus anotaciones que el Generalísimo estaba “preocupado” por la “actitud pasiva” del capitán general en Barcelona. Consideraba que “se inhibió por completo” de la llamada huelga de tranvías que tuvo lugar entre el 14 y el 25 de enero de 1957 “y no fue a visitar ni a ofrecerse a la autoridad civil hasta seis días después de haberse iniciado la huelga”.

Asimismo, Franco sabía que Sánchez “alardeaba de antifranquista y de monárquico partidario de Don Juan de Borbón” y había dicho al presidente de la Diputación “que ya era hora que el Caudillo trajese la monarquía con Don Juan”.

Se disparan los rumores de un asesinato ordenado por Franco

En este contexto se produjo la muerte inesperada de Sánche la noche del 29 de enero de 1957. Fue hallado sin vida en su habitación del Hotel del Prado de Puigcerdà, donde se había alojado durante su viaje de inspección de la línea de fortificaciones pirenaicas.

Oficialmente falleció a causa de una angina de pecho (padecía una afección cardiaca), pero pronto surgieron versiones alternativas de gran arraigo que atribuyeron su óbito a un asesinato o a la tensión que le causaron enviados de Franco, bien para disuadirle de sus propósitos golpistas, bien para anunciarle su cese.  Rafael Calvo Serer -un intelectual del Opus Dei de compleja trayectoria- incluso afirmó que su muerte frustró un levantamiento en ciernes de Sánchez con tres objetivos: establecer la regencia de Franco, nombrar jefe de Gobierno e incluso convocar elecciones libres.

El monárquico Pedro Sainz Rodríguez, ya en 1981, atribuyó a Franco un gráfico comentario sobre Sánchez: “La muerte ha sido piadosa con él. Ya no tendrá que luchar con las tentaciones que tanto le atormentaban en los últimos tiempos. Tuvimos mucha paciencia, ayudándole a evitar el escándalo que estuvo a punto de cometer”.

Según otras versiones, Franco fue más radical en su valoración y habría hecho una escueta y contundente manifestación sobre Sánchez en un Consejo de Ministros: “Era un traidor”. Incluso el historiador Ricardo de la Cierva –nada sospechoso de antifranquismo- aludió a otra supuesta frase del dictador en el citado Consejo que le fue revelada por uno de los allí presentes: “Mi general, te has ganado el derecho a morir”, habría dicho Franco repitiendo la frase que en 1932 dirigió al general José Sanjurjo cuando rechazó defenderle por su fallido golpe de Estado.

De lo expuesto se desprende –como mínimo- que Sánchez murió cuando Franco se disponía a relevarle al frente de Capitanía. En todo caso, como señaló el exministró Laureano López Rodó, con este óbito “la imaginación de muchos se desbordó”. El dictador fue consciente de ello, pues su primo Pacón lo recogió lacónicamente en sus notas: “Se dice que Franco mandó matar al capitán general de Cataluña Sánchez González”.

Por su parte, Franco fue explícito con Pacón: “Siento su muerte, pues era un gran soldado, pero al mismo tiempo se me ha quitado la preocupación de tenerlo que relevar, pues no convenía ni mucho menos que continuara ejerciendo el cargo de capitán general de Cataluña, dada su manera de pensar en relación con la política del régimen”, le dijo.

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Crónica del entierro de Sánchez González en La Vanguardia.

Los bulos del supuesto crimen benefician al dictador

Aunque sea paradójico, cabe pensar que estos rumores que circularon sobre el supuesto asesinato de Sánchez redundaron en favor del dictador, pues sólo podían tener una lectura: toda disidencia acarreaba fatales consecuencias para quien la protagonizara o secundara.

Esta percepción intimidó no sólo a los monárquicos, sino a todos los compañeros de armas del Generalísimo con sentimientos hostiles a su liderazgo. La “oportuna” muerte de Sánchez, pues, conjuró definitivamente maniobras pretorianas en su contra surgidas del descontento militar.

Sesenta años después de los hechos, consideramos interesante rememorar aquel episodio. De este modo, los lectores interesados en los mismos pueden acceder a nuestro exhaustivo estudio sobre el tema clicando aquí. 

Este texto en PDF publicadop en una revista académica reune toda la información dispersa publicada al respecto, incorpora testimonios orales y la consulta de diversos archivos (Archivo General Militar de Segovia, Archivo de las Cortes, Archivo General de la Guerra Civil Española y Archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco). Asimismo, en él constan en notas a pie de página las distintas fuentes de las afirmaciones realizadas en esta entrada del blog.

 


LA MASACRE DE ATOCHA: LOS INTERROGANTES ABIERTOS*

enero 28, 2017

Breve reportaje sobre los hechos de Atocha.

LA NOCHE DEL 24 DE ENERO DE 1977 SE PRODUJO EN MADRID LA MASACRE DE LOS ABOGADOS comunistas del gabinete laboralista del número 55 de la calle Atocha, obra de un comando ultraderechista. La tragedia se enmarcó en una huelga de transporte convocada el día 17, liderada por Joaquín Navarro (de CC.OO.) y asesorado por el bufete mencionado. El conflicto le enfrentó al sindicato oficial franquista todavía vigente, hecho que aparentemente desencadenó el crimen. Pero 40 años después, varios aspectos del episodio permanecen en la oscuridad, como exponemos a continuación.

“Esferas de poder” ocultas y espiral criminal

Todo empezó a las 22.30 horas del día 24, cuando irrumpió en al bufete citado el terceto formado por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. El último  custodió la puerta y sus compañeros reunieron a los presentes al salón. Allí les encañonaron y les preguntaron sin éxito por Navarro (quien había marchado poco antes). Entonces les dispararon y huyeron dejando tres cadáveres -Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez- y seis heridos: Alejandro Ruiz-Huerta, Miguel Sarabia, Dolores González, Luis Ramos, Francisco Javier Sauquillo y Serafín Holgado (los dos últimos fallecieron el día siguiente).

Su entierro movilizó 200.000 personas en silencio en las calles de Madrid y, según el ministro Rodolfo Martín Villa, la demostración de dolor inclinó al gobierno a legalizar el Partido Comunista [PCE] el 9 de abril. Así, el atentado anticomunista paradójicamente facilitó la inserción de los comunistas a la nueva democracia.

atocha

Las investigaciones del crimen acreditaron vínculos de los verdugos con el secretario del Sindicato Provincial de Transportas, Francisco Albadalejo, quien manifestó que sólo quería dar “una lección” a Navarro. Fueron considerados cómplices Gloria Herguedas (compañera de Fernández) y el exlegionario Leocadio Jiménez.

El juicio se celebró en febrero de 1980 y la sentencia concluyó que los aludidos formaban un grupo autónomo con “abundantes armas”. Condenó a Albadalejo a 73 años como inductor; a 193 años a Fernández y García por los asesinatos; a Jiménez a más de 4 por tenencia de armas; Herguedas fue absuelta y Lerdo huyó en un permiso penitenciario. No osbtante, la Audiencia Nacional señaló que podía haber culpables sin juzgar y “grupos y esferas de poder” podían estar detrás el episodio.

El abogado de las víctimas, José Mª Mohedano, hizo esta reflexión: “todavía no he podido responderme […] a la pregunta de por qué les eligieron como víctimas. […] Pero sigo pensando que […] estas cosas no sucedieron al azar”, dadas las provocaciones que aquella semana se sucedieron “con una coincidencia tan concatenada”. Y es que Atocha fue el clímax de una espiral violenta iniciada el diciembre con epicentro en Madrid.

La “semana trágica” de 1977

El día 11 de aquel mes un comando del grupo maoísta GRAPO secuestró al presidente del Consejo de Estado, Antonio Mª de Oriol, y a cambio de su vida pidió liberar varios presos políticos. El gobierno no cedió y el GRAPO no mató a Oriol, pero le retuvo. La situación se complicó en la última semana de enero: el día 23 un ultraderechista mató de un disparo al estudiante Arturo Ruiz en una manifestación por la amnistía.

El día siguiente el GRAPO secuestró al teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar, que devino su segundo rehén. La misma jornada falleció la estudiante María Luz Nájera por el impacto a la cabeza de un bote de humo en una manifestación en protesta por la muerte de Ruíz y por la noche se produjo el crimen de Atocha. Esta tensión acabó el 11 de febrero, al ser liberados Oriol y Villaescusa. Pese a que sólo se puede trazar conjeturas, parece plausible pensar que existió algún vínculo entre los acontecimientos descritos por varias razones.

Cabos sin atar

Así, si bien el episodio criminalizó al conjunto de la ultradreta, desde este espectro se denunció una manipulación. Por ejemplo, Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva, hacéis este apunte: “Si hay una cosa clara en la ‘matanza de Atocha’ son las personas que actuaron y las armas empleadas. Lo oculto está en otro aspecto: en los inductores y en los verdaderos móviles”. La afirmación, a pesar de ser exculpatoria, no se puede descartar al haber indicios de que el crimen podría no haber sido un acto aislado y espontáneo como pareció.

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Nuestro último estudio dedica tres capítulos a la “semana trágica” de enero de 1977.

En este aspecto, la noche de la matanza el despacho de Atocha no fue el único asaltado. La UGT afirmó que se quiso forzar un local suyo a las 22 horas y circularon otras informaciones parecidas en círculos feministas y laboralistas. También hubo incidentes: explotó un artefacto en la calle López de Hoyos y grupos ultraderechistas que recorrían calles obligaron a cantar el “Cara al sol” a clientes de establecimientos. El ambiente, según la periodista Victoria Ruego, fue “de una violencia y de una excitación aterradoras”.

Igualmente, según el sumario, uno de los asesinos, Fernández, llamó desde Almería poco antes de ser detenido a Muebles Laorga (o La Orga), un ente aparentemente comercial ubicado en un inmueble de Defensa que desapareció los meses posteriores al crimen. Además, en el juicio afloraron pasarelas entre ámbitos ultraderechistas y cuerpos de seguridad: algunos detenidos manifestaron tener “estrecha amistad” con los inspectores Antonio González Gay y Antonio González Pacheco (Billy el Niño), aunque luego se  desdijeron.

Llegados aquí, puede plantearse que la matanza tal vez pudo tener hitos ocultos desconocidos, que podrían ir desde crear un clima proclive a un golpe de estado o bien evitarlo al contrarrestar el efecto de los secuestros del GRAPO con violencia ultraderechista. Si bien estas conjeturas son indemostrables, José Miguel Ortí Bordás (entonces subsecretario de Gobernación) ha hecho esta valoración: “el indudable y poderoso impacto político” de Atocha “contrarrestó a efectos de opinión pública […] los secuestros de Oriol y de Villaescusa […]. Tampoco parece descabellado poder afirmar que este fenómeno permitió una especie de neutralización entre ambas actuaciones delictivas”.

En cualquier caso, hoy es difícil no coincidir con esta valoración de Ruiz-Huerta, superviviente de la masacre: “‘El caso Atocha’ se cerró. ¿Se cerró?: no sé. Tantas cosas quedan que será muy difícil que podamos cerrarlo entre todos”.

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* Artículo publicado originalmente en catalán conel título “La massacre d’Atocha: els interrogants oberts”, en el diario catalán Ara (22/I/2017).

 


EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA NUESTRO LIBRO “LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

enero 21, 2017

portada

EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA EN EL PAÍS SEMANAL (15/I/2017) nuestro reciente estudio La transición española. El voto ignorado de las armas. Lo hace en un artículo crítico con los posicionamientos políticos partidistas vigentes sobre la democratización española, tanto de aquellos que sostienen los detractores de aquel proceso político, como los de sus apologetas.

Reproducimos el texto a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores y lectoras. Puede accederse al artículo original clicando aquí.

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El combate del siglo

En una esquina, los Grandes Odiadores de la Transición; en otra, los Grandes Apologetas de la Transición. Y en medio, los historiadores serios.

Hay gente que hace un uso personal de la Transición. O más bien un abuso. Los abusones se dividen en dos tipos: los Grandes Odiadores de la Transición (GOT) y los Grandes Apologetas de la Transición (GAT). En una esquina del ring están los primeros, que de un tiempo a esta parte arman bastante ruido. No son sólo jóvenes en teoría izquierdistas que no vivieron la Transición, sino también viejos en teoría izquierdistas que vivieron la Transición como jóvenes y creen que podrán seguir siendo jóvenes y de izquierdas gracias a su pertenencia a los GOT. Unos y otros sostienen que la Transición fue un tongo, una sucia treta urdida con el fin de que el franquismo pareciera cambiar cuando nada cambiaba (y aquí citan siempre, mal, a Lampedusa), de modo que la democracia española no es más que una democracia fraudulenta o una versión maquillada del franquismo, la culpa de todos nuestros males públicos la tiene la Transición y nosotros no somos responsables de ninguno, aunque no escasean los GOT con un elevado concepto de sí mismos que también le echan la culpa a la Transición de sus males privados, de la injusticia clamorosa de que este país no haya reconocido sus méritos excepcionales. Los GOT, en fin, son bastante inofensivos, algunos incluso entrañables; en cuanto a sus argumentos, no precisan refutación, de hecho ni siquiera son argumentos, sino desahogos de frustraciones personales o palancas de ambiciones políticas, y a menudo delatan un conocimiento de la Transición comparable al que un servidor posee de la cría de la oveja merina australiana.

En la otra esquina del ring están los GAT. Son más escasos que los anteriores, pero mucho más poderosos. Todos son suficientemente viejos para haber vivido la Transición en primer plano, o en un segundo o tercer o cuarto plano lo bastante próximo al primero para permitirles fingir que fue el primero y afirmar que nadie conoce la Transición como ellos, lo que viene a ser más o menos igual que si Fabrizio del Dongo, el protagonista de La Cartuja de Parma, afirmara que nadie conoce Waterloo como él, que vivió la batalla, pero no entendió una palabra de lo que ocurría a su alrededor. La razón de la existencia de los GAT es obvia: como sabe cualquiera un poco leído y en sus cabales, la Transición salió razonablemente bien, así que tiene mil padres. Los GAT sostienen en lo esencial que aquél fue un periodo histórico ejemplar en el que, guiados por la grandeza de miras de una clase dirigente ejemplar, los españoles crearon una democracia ejemplar y bla, bla, bla. En suma: otro timo. Pero es que, en cuanto te descuidas, los GAT te aseguran que le dictaban los discursos al Rey, le daban collejas al badulaque de Suárez y frenaban los ímpetus preseniles de Carrillo. Y, como algunos obtienen réditos notables de defender la Transición, venga a cuento o no la defienden, si es menester inventándole enemigos temibles, lo que explica que cualquier nadería de la inefable Pilar Urbano provoque respuestas tan estridentes como superfluas de notorios GAT. Aunque, claro, también entre ellos hay personas sinceras y bienintencionadas. Pero la mayoría de los GAT parecen convencidos de que les ha ido tan bien por sus propios méritos y no porque nunca se hayan beneficiado de las insuficiencias de la democracia que alumbró la Transición.

Y en esas estamos. ¿Hay alguien en medio del combate entre GOT y GAT? ¿Hay árbitro en el ring? Sí: los historiadores. Hablo de los historiadores serios, claro está. No es que ellos tengan la verdad (la verdad sólo la tiene Dios, que no existe), pero son los que con más ahínco la buscan. El último que he leído es Xavier Casals, autor de La transición española, un grueso volumen donde discute el papel de la violencia en aquellos años, según él mucho más relevante de lo que se suele decir porque contribuyó de manera involuntaria a estabilizar la democracia que pretendía desestabilizar. No es un libro inobjetable –si lo fuera, no sería bueno–, pero sí el tipo de libro capaz de coger de la oreja a los GOT y los GAT y mandarlos a sus respectivas esquinas del ring. Y desde allí a su casa, de donde nunca debieron salir.


¿HAY ESPACIO PARA LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA? MÁS DE 13 MILLONES DE ELECTORES CONSIDERAN “EXCESIVA” LA INMIGRACIÓN

enero 7, 2017

 ultraderechaGráfico del diario ABC.

¿EXISTE ESPACIO POLÍTICO PARA UNA OPCIÓN DE ULTRADERECHA EN ESPAÑA? El analista Carles Castro lo ha estudiado en su artículo “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, publicado en La Vanguardia (7/I/2017) y al que puede accederse clicando aquí.

Según su estudio, los electores situados en el flanco derecho del PP “suponen menos del 10% del censo (casi tres millones sobre un total de algo más de 34 millones)”. Pero “el porcentaje de ciudadanos que consideran que el número de extranjeros es excesivo se acerca nada menos que al 40%; es decir, más de 13 millones de electores”. De ellos, dos millones y medio se sitúan “entre el centroderecha […] y la extrema derecha. Los otros tres millones y medio restantes se localizan en el grupo de los que no saben/no contestan”.

Su conclusión es interesante: existe un espacio político potencial para una opción que se sitúe a la derecha del PP, aunque su número de votantes reales es una incógnita en relación a estos 13 millones de electores es difícil de precisar y pueden descender a menos de dos (1.8 millones).

A continuación, reproducimos este interesante estudio electoral por considerarlo de interés para nuestr@s lector@s.

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El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar

Existe una brecha, pero quizás sea demasiado exigua para el expresidente

Los frecuentes exabruptos ideológicos de José María Aznar contra la supuesta flaccidez programática del PP llevan a especular con la posibilidad de que el expresidente se sienta tentado de crear un partido a su imagen y semejanza. Y ese partido, en principio, debería situarse a la derecha del PP o, al menos, solaparse con su flanco derecho. Cualquier especulación, sin embargo, debe ubicar previamente al Partido Popular y a sus votantes en la escala ideológica, a fin de detectar el espacio potencial de una marca de nuevo cuño.

En este sentido, las cifras de los sondeos del CIS reflejan las profundas raíces del PP en el espacio del centro a la derecha y desvelan, por tanto, el secreto de su éxito. Para empezar, los electores sitúan al Partido Popular en torno al 8,3 en una escala ideológica en la que el 1 es la extrema izquierda y el diez la extrema derecha. Sin embargo, los votantes populares colocan al PP algo más al centro: en el 7,55. Y, finalmente, los propios electores de Rajoy se sitúan ellos mismos en una posición más templada: el punto 7.

A la derecha del PP
A la derecha del PP (Alan Jürgens)

La radiografía de esta última cifra es todavía más elocuente. Más del 60% de los votantes populares se encuentran en los puntos 6, 7 y 8 de la escala; es decir, claramente en el centroderecha. Otro 13% se sitúa en el punto 5 (centro puro), y más del 14%, en el 9 y el 10 (derecha extrema). Pero si la operación se realiza desde otra perspectiva, el resultado es más clarificador en un horizonte de competencia electoral. Por ejemplo, el conjunto de electores situados en el flanco derecho (del 8 al 10) suponen menos del 10% del censo (casi tres millones sobre un total de algo más de 34 millones).

Pero en ese tramo, el dominio actual del PP es abrumador: entre el 80% y el 90% de los electores que se sitúan en ese espacio votan al Partido Popular. Otra cosa es que voten más al PP de Aznar que al de Rajoy (o que se identifiquen más con su “déjame que beba tranquilamente” que con las campañas de tráfico del actual Gobierno). Por el contrario, la cifra de electores que no votan al PP en ese tramo de la escala supone sólo unos 600.000 (más del doble de los que apoyaron a la derecha radical de Vox en las últimas europeas).

Pero de nuevo hay que insistir en que ese mínimo podría perfectamente ampliarse con un candidato potente como Aznar, ya que es del todo verosímil que una porción sustancial de los tres millones de electores situados en el extremo derecho de la escala se identifiquen más con el conservadurismo duro del expresidente que con el pragmatismo actual del PP, forzado al diálogo y a la contención verbal por el desenlace de las urnas. Sin olvidar que el expresidente podría arañar votos en espacios más centrados (hasta el 5) o entre los seis millones de ciudadanos que no se definen políticamente (aunque la mayoría tampoco vota).

A partir de ahí, el crecimiento potencial de esa hipotética marca de derecha aznarista podría apuntalarse sobre tres ejes perfectamente complementarios y, en algún caso, transversales. El primero sería el espacio ideológico natural de un Aznar radicalizado (es decir, muy distinto y distante del que pactó con Pujol en 1996), que, como se ha indicado, tendría un techo de aproximadamente tres millones de votos.

A la derecha del PP
A la derecha del PP (Alan Jürgens)

Sin embargo, esa nueva derecha podría explotar el vector identitario (es decir, el sentimiento de españolidad), algo que ya permitió al PP mantener un sólido suelo electoral frente a Rodríguez Zapatero, a cuenta de la reforma del Estatut. Concretamente, casi seis millones de electores de todas las ideologías se sienten única y por encima de todo españoles. El grueso en cifras absolutas se sitúa en el punto 5 (alrededor de 1.300.000 electores) o en la franja del no sabe/no contesta (otro millón largo). Pero si se acota el sentimiento de españolidad radical al espacio de centroderecha y derecha (votantes que se ubican del 7 al 10 y que serían los que menos contradicciones ideológicas exhibirían con ese hipotético partido de Aznar), entonces la cifra se reduce a algo más de un millón de electores (o a casi dos millones si se incluyen aquellos situados en el punto seis).Eso sí, el desenlace del conflicto catalán puede modificar las lealtades partidistas de estos electores.

Ahora bien, un partido de derecha radical podría explotar un tercer vector para la captación de votos: la inmigración. Y aunque nadie se imagina en España a monsieur (ahora madame) Le Pen, el porcentaje de ciudadanos que consideran que el número de extranjeros es excesivo se acerca nada menos que al 40%; es decir, más de 13 millones de electores. De esa cifra, algo más de tres millones y medio se sitúan en la izquierda; otros tres millones y medio en el centro (el punto 5) y dos millones y medio entre el centroderecha (punto 6) y la extrema derecha. Los otros tres millones y medio restantes se localizan en el grupo de los que no saben/no contestan.

En definitiva, el voto potencial que anida en el rechazo a la inmigración supera el mejor registro electoral de PP y PSOE, aunque si esa actitud se expresa en sintonía con un proyecto ideológico de derecha sin centro, la cifra cae por debajo de los dos millones de electores posibles (o sea, de quienes creen que hay demasiados inmigrantes y, al mismo tiempo, se sitúan entre el 7 y el 10 de la escala ideológica). Por último, la cifra de votantes del PP, el PSOE, C’s o la nueva izquierda que podrían entrar en conflicto con sus respectivos partidos por la política de inmigración (al considerar excesivo el número de extranjeros), se eleva a casi ocho millones de electores (y la mitad corresponden al PP).

En definitiva, la horquilla de voto potencial es lo suficiente amplia como para animar a un inconformista a emprender una nueva aventura electoral, pero quizás demasiado incierta –y exigua en algún supuesto– para quien ha disfrutado ya de las mieles de la mayoría absoluta, como José María Aznar López.