TRES APUNTES SOBRE VOX Y SU IMPORTANCIA EN LAS ELECCIONES ANDALUZAS

noviembre 30, 2018

Santiago Abascal, líder de Vox, en un acto en Córdoba (foto de EFE/Rafa Alcaide).

EN RELACIÓN A VOX EN LOS PRÓXIMOS COMICIOS ANDALUCES, antes de conocer los resultados de los mismos, consideramos importante efectuar tres apuntes, tenga o no representación parlamentaria este partido.

En primer lugar, consideramos que estas elecciones han constituido un formidable altavoz estatal para la formación que lidera Santiago Abascal. Precedidas por un barómetro del CIS que otorgaba a Vox una representación institucional potencial en octubre con un 1.4% y el acto masivo que protagonizó este partido en el palacio de Vistalegre ese mes, los medios de comunicación han estado muy pendientes de este rótulo. El resultado ha sido que esta formación extraparlamentaria ha gozado de un más que notable eco mediático.

En segundo lugar, Vox no ha contado con ningún discurso crítico o adverso desde el ámbito de la derecha y el centroderecha, lo que le ha otorgado normalización y respetabilidad política. El PP se ha esforzado en aproximar su discurso al de Vox radicalizando su mensaje, mientras C’s ha evitado aludir a la formación emergente como partido de ultraderecha. Así las cosas, Vox no podía contar con un escenario más favorable para su irrupción, pues C’s y PP no la han excluido como hipotético socio de un pacto futuro para desalojar al PSOE de la Junta de Andalucía. El PSOE, por su parte, ha recurrido a Vox para deslegitimar a sus rivales, PP y C’s. De este modo, la formación ultraderechista ha cobrado una inesperada centralidad durante la campaña electoral.

En tercer lugar, si Vox obtiene unos buenos resultados (aunque carezca de presencia institucional), puede obtener réditos estatales importantes de los mismos. Lo afirmamos en la medida que un éxito en las urnas andaluzas desbrozaría el camino que podría convertir a esta formación en el eje aglutinador de un espectro político e ideológico en el que coexistirían derecha radical y ultraderecha.

No obstante, a modo de conclusión queremos remarcar que -pese a lo expuesto- no puede descartarse un escenario de fracaso: si los resultados de Vox quedan muy lejos de las expectativas creadas, la formación podría perder fuelle ante la importancia que puede tener el voto útil en el futuro para combatir desde la derecha al PSOE y a Podemos. Nada, pues, está escrito.


ASÍ FUE EL ENTIERRO DE FRANCO: EL 23-N Y LA “OPERACIÓN LUCERO”*

noviembre 24, 2018

Entierro de Franco en el Valle de los Caídos, el 23 de noviembre de 1975 (imagen de EFE).

 

EL DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE TUVO LUGAR EL ENTIERRO DE FRANCISCO FRANCO, que se desarrolló según un minucioso plan del Servicio Central de Documentación [SECED], dependiente del presidente Carlos Arias. Fue la “Operación Lucero”, que un exmiembro de ese ente, Juan Mª de Peñaranda, expuso en un ensayo homónimo (Operación Lucero, 2017). Este operativo quiso garantizar que el entierro de Franco transcurriera con normalidad y elaboró un protocolo que cubrió todos los aspectos de la muerte del dictador, desde su uniforme mortuorio hasta la jura del príncipe Juan Carlos como sucesor. Tal diseño tuvo su origen en el asesinato de Luis Carrero Blanco en diciembre de 2013, pues entonces el régimen improvisó las honras fúnebres, lo que se quiso evitar al fallecer el dictador.

Temor a alborotos y aislamiento internacional

Así, para evitar problemas de orden público se hizo un seguimiento de la oposición y se detuvo a los líderes del PCE del interior. A la vez, se observó las movilizaciones ultraderechistas al temer incidentes, pues circuló el rumor de que un núcleo de excombatientes quería presionar al Rey para que hiciera un juramento público de lealtad al régimen y al Movimiento.

En este marco, a las 7 de la mañana del día 23 se cerró la capilla ardiente de Franco en el Palacio de El Pardo y le velaron los miembros del Consejo de Regencia y del gobierno. A las 10 se celebró un multitudinario funeral de córpore insepulto en la plaza de Oriente que presidieron los flamantes monarcas. El cardenal primado de España, Marcelo González, hizo la elegía del dictador. Le asoció a la cruz y la espada, símbolos en los que “se encierra medio siglo de nuestra historia patria”, pero señaló que “recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable”. También se constató el aislamiento del país (en septiembre habían tenido lugar las últimas ejecuciones de la dictadura), pues la presencia de mandatarios extranjeros se limitó al rey Hussein de Jordania, el príncipe Rainiero de Mónaco, el vicepresidente norteamericano Nelson Rockefeller, la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos, y el dictador chileno Augusto Pinochet (que quedó fascinado por el Valle de los Caídos y comentó que le gustaría uno similar).

Tras la ceremonia, un camión militar Pegaso modelo 3050 acogió el cuerpo de Franco y partió hacia el Valle de los Caídos, en cuya fachada se colocaron 400 coronas mortuorias. El convoy funerario llegó allí poco después de las 13 horas y el abad de la basílica, Luis Mª de Lojendio, quiso ver el cuerpo de Franco, pero el ataúd estaba soldado.

 

Gentío en Cuelgamuros que aguarda la llegada de los restos de Franco (imagen de EFE).

El Valle de los Caídos entra en escena

Paradójicamente, el entierro de Franco en Cuelgamuros no obedeció a una decisión previa de Franco, sino de Arias. Según Peñaranda, el cadáver se llevó allí porqué “no había un sitio permanente en Madrid donde poder enterrarle”. Y apuntó que la familia del dictador fue informada, más que consultada: “Al inicio del otoño [de 1975] quizá Arias se lo dice a la familia… Y Doña Carmen [Polo] debió decirle: ‘Haced lo que os parezca más oportuno'”. De hecho, la hija de Franco afirmó que “no tenía ni idea de dónde quería ser enterrado” su padre.

En el Valle de los Caídos el féretro fue transportado por ayudantes de Franco y miembros de la familia (Alfonso de Borbón, el marqués de Villaverde y nietos) hasta el umbral de la basílica. Mientras tanto, en la explanada, que reunía a miles de congregados (se estimó que hasta 100.000 personas), se oyeron gritos rituales de “¡Franco, Franco, Franco!”, así como cánticos del himno falangista “Cara al Sol”, del carlista “Oriamendi” y del de la Legión.

Luego el ataúd fue trasladado hasta el altar mayor, donde el abad lo bendijo e hizo jurar a los jefes de las Casa Civil y Militar del autócrata que el difunto estaba en su interior. Allí se había excavado una fosa de tres metros revestida de bronce con relieves de cuatro escudos: de jefe del Movimiento, de Capitán General de los Ejércitos, de su Casa y del Estado. Cubrir aquel gran vacío (2.25 metros de largo y 1 de ancho) requirió una lápida de 1.500 kilos de granito que solo tenía la lacónica inscripción “Francisco Franco” y una cruz. Hacia las 14.15 la pesada losa cubrió el sepulcro. Un Rey emocionado oró brevemente y partió.

Cuando dejó el lugar empezó a cerrarse la historia de la dictadura, a la vez que el mausoleo adquirió un profundo simbolismo político al acoger a Franco junto a José Antonio Primo de Rivera. Y es que enterrado el hombre, empezó a tejerse el mito que exaltarían hasta hoy sus devotos admiradores.

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* Artículo publicado originalmente en El Periódico (23/XI/2018): Xavier Casals, “23-N: La operación Lucero”. La imagen del inicio de este post procede del mismo.


VOX SÍ, PACMA NO: UN GRAVE ERROR*

noviembre 17, 2018

 

Cartel del Pacma en las elecciones autonómicas y municipales de 2015.

VOX HA LOGRADO HACERSE MUY PRESENTE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, a diferencia del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal [PACMA], que lidera Silvia Barquero, ha merecido una atención informativa limitada. Y ello pese a que su estimación de voto según el CIS (1.6%) es mayor que la de Vox (1.4%).  ¿Por qué se ha produce esta situación? Desde nuestra óptica se explica por tres dinámicas que interactúan entre sí y que comentamos a continuación.

Infografía de El País (26/X/2018)

Las dinámicas que favorecen el influjo mediático de Vox

Por una parte, el hecho de constituir Vox la acusación particular del proceso secesionista catalán le ha brindado notable protagonismo informativo. Por otra parte, hay una marcada competencia entre PP, C’s y Vox por su potencial electorado. Desde esta óptica, también es lógico aludir a Vox en términos informativos, especialmente cuando sondeos como el del CIS le otorgan presencia institucional. Finalmente, una tercera dinámica actúa como trampolín mediático de Vox: el progreso de la ultraderecha europea. Cada vez que se produce un ascenso de partidos de este espectro ideológico en algún país se hace una referencia al caso español, en el que Vox es el aparente rótulo emergente.

Sin embargo, otro elemento estimula la información continuada sobre Vox: la asociación de la ultraderecha a la amenaza por excelencia de la democracia. Al proyectar este enfoque aquí, el “enemigo de la democracia” que tanto progresa en Europa parece hallarse ahora en ciernes de realizar el asalto a las instituciones en España. Y ello es novedoso después de los 36 años transcurridos desde que el partido neofranquista Fuerza Nueva [FN] se disolvió al perder su escaño en el Congreso en 1982. Este factor hace que Vox merezca una atención sobredimensionada y sea noticia sin generar novedad alguna. Logra así una cuota de visibilidad que puede estimular su apoyo en las urnas (al proyectarse como una marca de “voto útil”) y cumplir una autoprofecía: los medios de comunicación anunciaron que podía entrar en las instituciones y lograrlo finalmente.

El apagón informativo del Pacma

La proyección de Vox contrasta con el eclipse informativo del Pacma. Ciertamente, es un partido monotemático (centrado en defender los derechos de los animales) y su leitmotiv ya es conocido, por lo que suscita limitado interés. No obstante, hay dos elementos que deberían mover a la reflexión sobre su falta de visibilidad en contraste a la de Vox.

Por una parte, como hemos visto, el CIS le otorga mayor intención de voto que a Vox. Por otra parte, si bien es cierto que Vox logró mejores resultados en los comicios europeos de 2014 (244.929 votos, 1.5%) que el Pacma (176.237 votos, 1.1%), esta última formación obtuvo grandes apoyos en las urnas en los últimos comicios legislativos: 1.199.759 sufragios en el Senado (1.9%) y 284.848 en el Congreso (1.2%). Es más, en Cataluña, pese a la situación política de máxima polarización, sus apoyos no han cesado de crecer en los comicios autonómicos: 20.861 votos (0.5%) en 2012; 30.157 (0.7%) en 2015; y 38.743 (0.8%) en 2017. Pese a ello, el Pacma aparece poco en foros mediáticos y su liderazgo e ideario casi no se comenta, por lo que resulta prácticamente desconocido (¿alguien sabe algo de las políticas de empleo de su programa electoral?).

Pero, sobre todo, no se tiene en cuenta que Vox y el Pacma plasman un fenómeno importante y que pasa desapercibido: muestran la insatisfacción de la ciudadanía con la política tradicional no ha terminado con el tetrapartidismo actual (PP, PSOE, C’s y Podemos) y puede configurar un mapa político aún más fragmentado.

En este sentido, la comparación de sus supuestos apoyos ofrece datos de interés innegable, pues -según un artículo de El Confidencial (6/X/2018)– “los perfiles de sus votantes […] son prácticamente lo contrario. Si el votante medio de Vox es un varón de 55 años de derechas, el del Pacma es una mujer de 33 de izquierdas”.

Conclusión: un error importante

En suma, hoy se sobredimensiona la importancia de Vox y se infravalora la del Pacma. Ello no solo es una equivocación al calibrar su respectiva relevancia, sino también un error de calado. Ambos rótulos son el anverso y el reverso de un mismo fenómeno: la persistencia de la insatisfacción del electorado ante los partidos actuales, sean tradicionales o nuevos. Prestar atención a solo una de sus caras (Vox) deforma la realidad política emergente y amputa una de sus dinámicas, ya que solo parece crecer la ultraderecha cuando no sucede así, como testimonia el Pacma.

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Artículo publicado originalmente en El Periódico (15/XI/2018): Xavier Casals, “Vox, sí; PACMA, no: un grave error”.


LA EVOLUCIÓN DE LA ULTRADERECHA EN ESPAÑA: CLAVES HISTÓRICAS Y TERRITORIALES*

noviembre 10, 2018

Manifestación convocada por organizaciones de extrema derecha en Madrid el 12 de octubre de 2013. Foto: Fermín Grodira (CC BY 2.0), reproducida por el Real Instituto Elcano junto al presente artículo

Tema

La ultraderecha española se ha articulado desde fines del franquismo a partir de tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia, cada una con rasgos específicos.

Resumen

Un estudio reciente de Carmen González Enríquez examina las causas de la ausencia en España de una derecha populista.1 Apunta, a grandes rasgos, tres factores: (1) un sistema político que dificulta la eclosión de nuevos partidos; (2) la ausencia de una oferta atractiva de este signo; y (3) una demanda de la misma limitada por diversos factores. Estos últimos incluyen el peso escaso de la inmigración y del antieuropeísmo en la agenda, la capitalización de la protesta por Podemos y una débil identidad nacional española. Por último, la larga duración del franquismo habría actuado como “vacuna” ante el ascenso de la ultraderecha. El diagnóstico es globalmente correcto, pero gana mayor nitidez si se le añade un examen de la evolución histórica y territorial en España de este sector ideológico, propósito de este análisis.2

Análisis

Consideramos que es difícil explicar el fracaso del sector político de la ultraderecha sin examinar su trayectoria desde el fin del franquismo. La dictadura oficializó el discurso ultraderechista de los años 30 del siglo XX y al hacerlo favoreció que perdurase hasta inicios de los 80. A grandes rasgos, este mensaje se vertebró en torno a cuatro ejes: (1) la denuncia de un complot heterogéneo para destruir el país (la “anti-España”); (2) un acendrado catolicismo; (3) la exaltación de la Hispanidad; y (4) la visión de la Guerra Civil como una Cruzada decisiva contra el comunismo ateo.

El hundimiento (1975-1982)

Así las cosas, al fallecer Francisco Franco en 1975 la extrema derecha halló una sociedad escasamente receptiva a su mensaje, pues había un amplio deseo de “reconciliación nacional” y la exhortación a retornar al enfrentamiento de 1936 difícilmente podía tener una adhesión significativa. Igualmente, la reivindicación del franquismo chocaba con la imposibilidad de restaurarlo al ser una dictadura personal, como reflejó una popular consigna de la época: “Franco resucita, España te necesita”. Por último, el ultracatolicismo de este sector ideológico topó con una sociedad cada vez más laicizada y generó una cosmovisión antirracista al asumir la igualdad de todos los hombres ante Dios. Este hecho obstaculizó la introducción de consignas xenófobas, a lo que también contribuyó la defensa de la Hispanidad, al integrar a los países latinoamericanos en una comunidad fraterna.

En las primeras elecciones democráticas, celebradas en 1977, la ultraderecha no obtuvo ningún escaño debido a los citados factores, a los que se añadieron su desunión y la competencia ejercida por Alianza Popular (AP). Entonces, esta formación liderada por el ex ministro Manuel Fraga buscó el apoyo del llamado “franquismo sociológico” (un electorado supuestamente satisfecho con la dictadura que ansiaría cambios limitados) y erosionó el voto de la extrema derecha. Pero la situación cambió en los comicios de 1979, cuando Fuerza Nueva (FN) se consolidó como partido hegemónico de este sector político y obtuvo un escaño en Madrid que ocupó su líder, Blas Piñar. Este acaudilló la coalición Unión Nacional y sumó 378.964 votos (el 2,1% del voto total). Tal éxito se reveló efímero ya que en las siguientes elecciones, celebradas en 1982, FN se estrelló en las urnas y se disolvió el 20 de noviembre de ese año.

Las causas del fracaso fuerzanovista fueron diversas. FN no constituyó un partido sólido ni unificó las diferentes tendencias de la extrema derecha, como hizo en Francia el Frente National dirigido por Jean-Marie Le Pen. Tampoco desarrolló una organización eficaz, mientras adoptó tácticas confusas sin una estrategia clara: osciló entre incorporarse al sistema democrático como el Movimento Sociale Italiano (MSI) o conformar un partido anti-establishment. A la vez, su invocación constante a luchar contra el sistema democrático, el “separatismo” y el marxismo facilitó que integrantes o miembros de su entorno protagonizaran episodios criminales. De este modo, FN no ofreció una imagen de “partido de orden” sino del “desorden”. Finalmente, el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) acabó con los sueños ultraderechistas de llegar al poder por la vía militar. Esta situación desactivó a parte de sus seguidores y provocó la deserción del grueso de los de mediana edad y dejó un sector ideológico polarizado en torno a dos grupos de edad –jóvenes y ancianos– sin un colectivo de edades intermedias que ofreciera cuadros dirigentes experimentados.

El hundimiento de FN fue parejo al espectacular ascenso de AP, que se consolidó como alternativa a un PSOE con mayoría absoluta y satelizó el “voto útil” de ultraderecha. Así las cosas, las entidades de este espacio político experimentaron un proceso de fragmentación y autocrítica que hizo inviable su reorganización. El resultado fue que este sector ideológico quedó desprovisto de partido hegemónico, líder carismático y discurso movilizador.

La travesía del desierto (1982-2003)

En este escenario las tentativas de importación del discurso lepenista coexistieron con la nostalgia del franquismo. De este modo, tras constituirse Juntas Españolas (JJ.EE.), un partido tibiamente renovador activo entre 1984 y 1995, los afanes innovadores cristalizaron en la formación de Democracia Nacional (DN) en 1995. En ella convergió la militancia de varios colectivos ultraderechistas, pero la iniciativa no cuajó y perpetuó la atomización de la extrema derecha prácticamente hasta hoy.

Además, las siglas de este ámbito se enfrentaron a dos obstáculos. Uno fue que el sistema democrático, recién instaurado, no conocía una desafección significativa. El otro fue la competencia ejercida por un populismo protestatario que entre 1989 y 2000 contó con tres liderazgos y presencia mediática e institucional destacada, aunque no consolidó una opción duradera. Nos referimos a José María Ruiz-Mateos, que logró dos escaños a las elecciones europeas de 1989; Jesús Gil, cuyo Grupo Independiente Liberal (GIL, activo entre 1991 y 2000) gobernó Marbella, tuvo ediles en el litoral andaluz, controló el gobierno de Ceuta y entró en el de Melilla; y el banquero Mario Conde, que concurrió sin éxito a los comicios de 2000 con el Centro Democrático y Social (CDS). De este modo, a inicios del siglo XXI no se había afirmado un liderazgo de ultraderecha ni tampoco el de un populismo protestatario.

El escenario cambió al irrumpir Plataforma per Catalunya (PxC) en los comicios locales de 2003. Reclamando un “mejor control de la inmigración” logró cuatro ediles en ciudades pequeñas y medianas: Vic, Manlleu, Cervera y El Vendrell. Su fundador y líder fue el edil de Vic (una ciudad de 35.354 habitantes) Josep Anglada. Este comercial nacido en 1959 había militado previamente en FN y fue un efímero candidato de Ruiz-Mateos. En 2002 creó PxC en Vic y logró atraer la atención mediática, dando a conocer su nueva marca sin disponer de recursos económicos.

Ascenso y declive del “plataformismo” (2003-2015)

La minúscula presencia consistorial de PxC se expandió territorialmente en los comicios locales de 2007, ganó 17 ediles y devino segunda fuerza en Vic. En el siguiente ciclo electoral el partido aumentó sus apoyos. Así, en los comicios autonómicos de 2010 captó el 2,4% del voto (fue la primera fuerza extraparlamentaria) y en los locales de 2011 logró 67 ediles, penetró en el área metropolitana e ingresó en el consistorio del Hospitalet (segunda urbe catalana en población, con 219.786 habitantes). También revalidó su condición de segunda fuerza en Vic (19,9%), un dato no menor porque es una urbe dinámica de la Cataluña central que históricamente ha manifestado una gran capacidad de irradiación ideológica e incluso se la ha considerado “la capital de la Catalunya catalana”, en expresión que acuñó su alcalde en 1983 e hizo fortuna. Así, Anglada y PxC tuvieron en Vic un gran escaparate político y mediático.

Para comprender el ascenso de PxC debe destacarse que la formación marcó una ruptura con el pasado por su discurso homologable al de la ultraderecha europea y sus manifestaciones de catalanismo (Anglada se declaró autonomista, regionalista e incluso partidario de la autodeterminación). Oficialmente se define como “un partido político catalán, democrático y con vocación europea […] que se fundamenta en la libertad, la igualdad, la defensa de la verdad y la solidaridad entre los ciudadanos de Catalunya”. Afirma que “no es de derechas ni de izquierdas, sino el proyecto del sentido común al servicio del ciudadano” y configura “la plataforma amplia de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos tradicionales en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, el paro, el terrorismo, la corrupción política o la degradación ambiental”. Manifiesta inspirarse “en los principios del humanismo cristiano e ilustrado, en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o con Torras i Bages y, en general, en la tradición racional […] que caracteriza a la civilización occidental ante otras culturas” y “no apela a ninguna ideología, sino a unos valores éticos”. Como la derecha populista europea, PxC defiende una identidad y cohesión social amenazadas por la inmigración. Asocia al islam a una “forma reaccionaria de religión” y denuncia que sus practicantes pretenden conquistar Europa. Asimismo, critica a la clase política tradicional por corrupta y oligárquica (es “la casta podrida”) y la acusa de favorecer la inmigración. Preconiza un “chovinismo del Estado del bienestar” al exigir que los autóctonos reciban su atención prioritaria, como plasma su lema “primero los de casa”. Este discurso posicionó a PxC al margen del eje del sentimiento de pertenencia territorial Cataluña-España y proyectó otro alternativo que contrapuso inmigrantes y autóctonos. Así pudo aglutinar a quienes compartían su discurso, tanto si se sentían catalanes como españoles.

Todo ello dotó al partido de un crecimiento electoral sostenido, en la medida que su discurso sintonizó con un fenómeno que el politólogo Pascal Perrineau define como “lepenización de los espíritus” (en alusión al hecho de que las ideas de Jean-Marie Le Pen en Francia arraigaron primero en las conciencias y luego se plasmaron en las urnas).3 Este proceso de interiorización de estereotipos negativos de inmigrantes magrebíes y subsaharianos se inició en Cataluña a fines de los 80 y la década de los 90 y, finalmente, PxC lo plasmó en votos. En este sentido, un estudio de sus resultados en los comicios locales de 2003 y 2007 remarca que sus votos procederían especialmente de la abstención y del Partido Socialista.4 La formación buscó este electorado si nos atenemos a suManifiesto por el giro social que difundió en su V Congreso (mayo de 2010), pues en él se posicionó en favor de “un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana” y se opuso “a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones”. A la vez, denunció que la izquierda se había “posicionado en favor de los beneficios del gran capital transnacional […] y de la inmigración masiva, abandonando de manera bochornosa la defensa de los intereses de los trabajadores autóctonos”. Por último, debe reseñarse que la eclosión de PxC se enmarcó en un clima de desafección política muy extendido en Cataluña que se tradujo en la irrupción de sucesivos partidos: entre 2003 y 2011 junto a PxC emergió en el ámbito local la Candidatura de Unidad Popular (CUP), mientras Ciutadans (C’s) y Solidaridad Catalana por la Independencia (SI) ingresaron en el parlamento.

Sin embargo, la trayectoria alcista de PxC conoció un eclipse en los comicios locales de 2015: sus 65.905 votos de 2011 cayeron a 27.348 y sus 67 ediles a ocho. ¿Qué explica este declive? Consideramos que en él confluyeron una crisis interna y una coyuntura desfavorable. En febrero de 2014 la cúpula de PxC expulsó a Anglada y se desató una pugna entre el fundador del partido y su dirección. El resultado fue que PxC se quedó sin líder conocido y el plataformismo se fragmentó (pues Anglada impulsó el partido Som Identitaris –SOMI–). Pero PxC también se quedó sin mensaje por el protagonismo arrollador del secesionismo en la agenda política, que expulsó del debate a sus temas estelares, como son la inmigración o la seguridad. Además, en Cataluña el crecimiento del independentismo ha conformado una dinámica inclusiva, en la medida que partidarios y detractores de la secesión buscan una movilización amplia. Ello supone desterrar discursos excluyentes en relación a la inmigración, como los de PxC. Por último, el discurso contra la “casta” pasó a monopolizarlo una nueva fuerza, Podemos.

Un triángulo decisivo: Madrid-Barcelona-Valencia

¿Cómo interpretar el éxito relativo de PxC entre 2003 y 2015, dado su carácter territorial? Al hacerlo es imprescindible tener en cuenta que la extrema derecha española se ha vertebrado a partir del tardofranquismo con perfiles muy diferentes en torno a tres ciudades: Madrid, Barcelona y Valencia.

La capital del Estado ha sido el epicentro del discurso hegemónico en este sector político, codificando mensajes de escasa innovación y refractarios a los cambios. Este encorsetamiento ideológico probablemente obedece a que en Madrid no existe un “enemigo” visible en la calle (cómo sucede en Barcelona con el “separatismo”, habitualmente asociado a la amenaza marxista o revolucionaria) y al hecho de que aquí se han hallado las sedes de partidos, entidades y prensa de este espectro político. En consecuencia, esta extrema derecha ha sido continuista, aunque no han faltado experiencias rupturistas (como Bases Autónomas –BB.AA.–). Ernesto Milá, conocido activista e ideólogo de este ámbito ha señalado que durante la Transición “la ultraderecha española […] era un fenómeno madrileño” y ha definido así la relación entre la extrema derecha de la capital y la del resto de España: “Madrid era […] la Meca de todas las conspiraciones y la ultra[derecha] de la periferia peregrinaba hacia el centro en busca de esperanzas y respuestas. Frecuentemente no encontraba ni de lo uno ni de lo otro”. Su conclusión sobre este polo político es demoledora: “si la ultra[derecha] es un cero a la izquierda en España […] es simplemente porque el centro madrileño siempre ha sido, en cuestiones ultras [,] un pozo de confusiones, un agregado de ineficacias y un desguace de ideas”.5

En cambio, la ultraderecha barcelonesa (y por extensión catalana) ha sido minoritaria en la calle y en las urnas y se ha enfrentado a enemigos poderosos. Esta debilidad y su mayor cercanía geográfica a Europa (que facilitó el contacto con activistas franceses e italianos) la ha configurado como un polo dispuesto a reinventarse para subsistir y crecer en la medida de lo posible. El resultado ha sido que Barcelona se ha erigido como el foco más dinámico de la ultraderecha estatal e ideológicamente importador. Tal tendencia se manifestó ya a fines del franquismo con la creación en 1966 del neonazi Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y en la Transición con la del Frente Nacional de la Juventud (FNJ) en 1977, dos organizaciones que adoptaron y difundieron consignas y mensajes del neofascismo europeo. En los años 90 esta pauta se mantuvo y se hizo visible en varias publicaciones y colectivos que incluso asumieron discursos “nacional-bolcheviques” de la Rusia postsoviética, como Alternativa Europea (AE). No es extraño, pues, que haya sido en Cataluña dónde ha irrumpido PxC (una ultraderecha homologable a la europea) ni sorprende el poco éxito de sus intentos de exportar la “marca”. Primero creó “plataformas” en distintas comunidades autónomas (Plataforma por Madrid –PxM–, Plataforma por la Coalición Valenciana –PxCV–, Plataforma por Castilla y León –PxCL–) y en 2012 lo hizo impulsando Plataforma por la Libertad, que devino Partido por la Libertad (PxL).

En este marco, Valencia ha sido la tercera urbe en importancia. Desde fines del franquismo la ciudad y su hinterland han conformado una placa tectónica ideológica al establecer una frontera física y lingüística con el catalanismo, a menudo asociado a un afán de dominio “imperialista” y marxista. Esta situación ha generado una ultraderecha de escasa sofisticación ideológica y marcado carácter combativo o escuadrista. Se ha hecho muy visible en la calle y ha mantenido vínculos fluidos con los círculos del populismo anticatalanista que encarna el “blaverismo”, un movimiento regionalista defensor de una identidad valenciana anticatalanista que asume como enseña la bandera con la franja azul o “blava”.

Ilustra lo expuesto la descripción irónica del perfil ideológico de las tres ciudades del escritor Juan Carlos Castillón (quien militó en la extrema derecha barcelonesa en su juventud): “Lo primero que hace un grupo de ultraderecha que se organiza en Barcelona es crear una revista; en Madrid diseña un uniforme y en Valencia abre un gimnasio”.6

Una interacción dinámica

A inicios del siglo XXI esta cartografía política habría cambiado: si hasta entonces la extrema derecha madrileña había marcado el compás del sector ideológico, ahora devino un yermo, mientras despuntó en Cataluña con PxC en 2003 y en Valencia se conformó un segundo núcleo de presencia institucional mucho menor con España 2000 (Esp2000). Este partido lo impulsó y lideró el empresario y abogado José Luis Roberto, un activista de dilatada trayectoria nacido en 1953. Esp2000 (que inicialmente fue el rótulo de una coalición y en 2002 se registró como formación en Valencia) se define como un “partido de carácter social y patriota que defiende los derechos de los españoles ante las agresiones, tanto de los respectivos gobiernos nacionales como de las amenazas exteriores”. Al igual que PxC, ha conocido un ciclo de ascenso y declive en los comicios locales: en los de 2003 solo captó 998 sufragios (0%); en los de 2007 ascendió a 3.792 (0,2%) y logró dos ediles (en Silla, con 18.597 habitantes, y Onda, con 24.140); en los de 2011 sumó 8.066 papeletas (0,3%) y cuatro ediles (dos en Onda, uno en Silla y otro en la localidad de Dos Aguas), a la vez que se expandió a Madrid al obtener un quinto edil en Alcalá en Henares (tercera urbe madrileña en población, con 203.686 habitantes) al captar un 5,1% del voto. Pero en los comicios de 2015 el partido retrocedió en la Comunidad Valenciana (posiblemente debido a la irrupción de nuevas marcas políticas que capitalizaron la protesta contra el establishment) y solo logró un edil en Silla. En contrapartida, en Alcalá de Henares mejoró sus resultados y –como veremos– ganó implantación en la zona.

Pese a lo expuesto, PxC y Esp2000 no han sido formaciones homólogas. Por una parte, coinciden en denunciar las pretendidas amenazas que comporta la inmigración, el islam (cuya supuesta intolerancia, según Esp2000, “le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos”) y comparten el mensaje de exigencia de “prioridad” o “preferencia nacional” en las prestaciones del Estado. Asimismo, han efectuado algunos repartos de alimentos solo para autóctonos (a semejanza de Amanecer Dorado en Grecia). Por otra parte, divergen en aspectos importantes. De este modo, en una fecha tan tardía como octubre de 2010, Esp2000 pretendía crear un “Estado orgánico” para “restar poder a los partidos” y quería reintroducir “la representación corporativa en el gobierno”, un anhelo que remite a la ultraderecha tradicional y que ya no consta en su ideario actual. Pero, sobre todo, Esp2000 asumió, junto al ultraespañolismo, un discurso “blavero” que no sólo choca con la catalanidad de PxC sino que supone renunciar a una transversalidad política similar a la de este partido, capaz –como hemos visto– de aglutinar catalanistas y anticatalanistas. Asimismo, Esp2000 tampoco ha tenido un consistorio como el de Vic, que ofreciera un vistoso escaparate político y la dotase de una imagen institucional.

Conclusiones

En definitiva, la ultraderecha española desde fines del franquismo se ha articulado a partir de tres ciudades: Madrid como un epicentro poco propenso a innovaciones; Barcelona como un polo innovador que fracasa en tentativas de influir en la capital; y Valencia como un polo de ideología poco elaborada y activismo combativo, con pasarelas entre el universo ultraespañol y el “blavero”. Hasta hoy sólo han sido significativos los fenómenos de extrema derecha que se han desarrollado en estas tres urbes, que interactúan de forma dinámica. De este modo, tras el declive electoral de PxC y Esp2000, ambos partidos y PxL en abril de 2016 confluyeron en la federación Respeto.

En el cuadro trazado, Madrid parece recuperar protagonismo si nos atenemos a dos elementos. Uno ya lo hemos señalado: Esp2000 revalidó en 2015 su edil en Alcalá de Henares con más apoyos (5.214 votos, el 5,8%) y aumentó su presencia en la zona con ediles en San Fernando de Henares (6,5%), Velilla de San Antonio (5,9%) y Los Santos de la Humosa (25%), a la vez que el PxL obtuvo uno en Valdeavero (18,2%). En este marco, el edil alcalaíno, Rafael Ripoll, sustituyó a Roberto como presidente de Esp2000. El segundo elemento que podría apuntar una recuperación del protagonismo madrileño sería el impacto mediático y la capacidad de movilización del Hogar Social Madrid (HSM). Este ente, parecido a la Casa Pound de Roma, surgió en 2014 y ha cobrado notoriedad su portavoz, Melisa Domínguez.

No obstante, es difícil discernir si actualmente asistimos a un enésimo movimiento pendular entre Barcelona a Madrid o a una tendencia de mayor calado. ¿Puede cambiar la situación de la ultraderecha en España a corto y medio plazo? Parece inviable la emergencia de una opción de este tipo por los diversos factores apuntados. Sin embargo, no puede descartarse de modo tajante al hallarnos en una situación política muy fluida, con cambios inesperados y un amplio sector de electorado poco fiel a nuevas y viejas siglas. A ello se añade la existencia de una potencial bolsa de un millón de votantes a una opción de “españolidad radical” y que podría incrementarse de recurrir a un mensaje crítico con la inmigración.7 De ahí se infiere que existe espacio político para una opción situada a la derecha del Partido Popular (PP), como apuntarían los resultados de Vox en los comicios europeos de 2014, pues esta escisión del PP captó 246.833 votos (el 1,5%).

En definitiva, se impone cierta cautela al trazar escenarios de futuro sobre la extrema derecha, así como prestar especial atención a los comicios locales (hasta ahora los más favorables a la eclosión de sus fuerzas) y a sus dinámicas en Madrid, Barcelona y Valencia, pues son los nódulos centrales de este ámbito político y permiten valorar sus cambios relevantes.

Notas

1 C. González-Enriquez (2017), The Spanish exception: unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties, WP nº 3/2017, Elcano Royal Institute, 14/II/2017.

2 Una primera versión de las tesis de este ensayo se expuso en X. Casals (2011), “La nova dreta populista i l’enigma espanyol”, L’Espill, nº 38, otoño, pp. 82-91.

3 P. Perrineau (1997), Le symptôme Le Pen. Radiographie des électeurs du Front National, Fayard, París, p. 33.

4 S. Pardos-Prado (2012), Xenofòbia a les urnes, Columna, Barcelona, pp. 166-167 y 184-191.

5 E. Milà (2010), Ultramemorias. Vol. 1, Eminves, Unión Europea, pp. 186-187 y 295.

6 X. Casals (2006), Ultracatalunya. L’extrema dreta a Catalunya: de l’emergència del búnker al rebuig de les mesquites (1966-2006), L’esfera dels llibres, Barcelona, pp. 129-130.

7 C. Castro (2017), “El espacio electoral a la derecha del PP, demasiado incierto para Aznar”, La Vanguardia, 7/I/2017.

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* Análisis nuestro publicado originalmente por el Real Instituto Elcano (19/VII/2017), donde puede obtenerse en PDF, y que reproducimos ahora a petición de diversos lectores y lectoras ante el ascenso de Vox en las encuestas.


¿LA ESTRATEGIA DE CIUDADANOS Y EL PARTIDO POPULAR HA FAVORECIDO EL CRECIMIENTO DE VOX?

octubre 27, 2018

Santiago Abascal, líder de Vox, durante la manifestación que la plataforma Movimiento Cívico d’Espanya i Catalans en Barcelona el 12 de octubre (foto de EFE).

 

¿HASTA QUÉ PUNTO LA ESTRATEGIA DE CIUDADANOS Y DEL PARTIDO POPULAR HA FACILITADO EL CRECIMIENTO DE VOX? Esta es la cuestión que el analista Carles Castro abordó en su artículo “El retorno de los brujos” en La Vanguardia (14/X/2018).

En este trabajo advierte que las estrategias catástrofistas de estas formaciones podría haber facilitado el ascenso de Vox, aunque de modo acotado. Así, siguiendo las encuestas, casi la mitad de los “más de 461.000 votos” que podría tener Vox “procederían del PP y Ciudadanos”. De cumplirse tales pronósticos este partido, advierte Castro, podría obtener “entre uno y dos eurodiputados en las elecciones europeas y obtener al menos un escaño por Madrid en las generales”.

A continuación reproducimos el artículo de Castro al considerarlo interesante para quiénes siguen este blog.

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El retorno de los brujos

La estrategia catastrofista del PP y Cs ante el independentismo catalán y la inmigración parece favorecer el crecimiento de Vox

La historia brinda lecciones que sólo ignoran los necios. Durante el primer septenio del socialista François Mitterrand, a mediados de los ochenta, la derecha política y mediática protagonizó una oposición tronante al gobierno de la unión de la izquierda. Esa oposición dibujaba una imagen de Francia poco menos que apocalíptica, apoyada, eso sí, en una calamitosa gestión gubernamental que el propio Mitterrand tuvo que corregir.

Sin embargo, el impacto de ese estilo de oposición en las siguientes elecciones legislativas y presidenciales no pudo ser más sorprendente: Mitterrand volvió a ganar (y con él su partido en 1988), pero a las formaciones liberal-conservadoras les surgió una inesperada competencia por la derecha; el Frente Nacional de Le Pen, que pasó de menos de 100.000 votos en 1981 a dos millones y medio en 1986 y 1988 (y a más de cuatro millones en las presidenciales).

“El problema de los temas emocionales e identitarios es que pueden aplastar a quienes los alimentan”

Por supuesto, España no es Francia (aunque algunos lo pretendan), pero la encarnizada oposición que protagonizan hoy las fuerzas de centro y derecha al Gobierno socialista de Pedro Sánchez podría tener también unos efectos colaterales en beneficio de ofertas antisistema, como la que encarna la ultraderechista Vox. La constante europea que alimenta a esas fuerzas es, sobre todo, el debate sobre la inmigración (incluso allí donde apenas asoman inmigrantes como en Hungría o Polonia). Y en el caso español, los dos ejes sobre los que ha venido disparando con especial fiereza la oposición al Gobierno del PSOE son, justamente, la política migratoria y, muy en especial, el conflicto catalán, sobre el que se vierten mensajes tremendistas asociados a soluciones contraproducentes.

Los nutrientes electorales de Vox
Los nutrientes electorales de Vox (Alan Jürgens)

Sin duda, esos mensajes pueden desgastar al PSOE por su flanco derecho o provocar la deserción de aquellos votantes de izquierda y centroizquierda recelosos de la descentralización territorial y más sensibles a las cuestiones de identidad nacional. El problema de esos discursos catastrofistas es que afectan al conjunto del electorado y, más especialmente, a aquellos ciudadanos que se sitúan en el flanco derecho del espectro ideológico (ver gráfico), que votan sobre todo a PP y Cs y que viven con mucha mayor angustia o incluso como una auténtica psicosis la amplificación política y mediática del conflicto territorial o de los episodios de inmigración ilegal.

Casi la mitad de los votos que las encuestas otorgan al partido ultraderechista Vox procede de PP y Cs”

La mejor prueba de ese impacto expandido se encuentra en el incremento de las tasas de preocupación que expresan los ciudadanos ante problemas como la inmigración o la independencia de Catalunya. Así, respecto a la inmigración –y en un contexto sin grandes cambios–, el nivel de preocupación se ha multiplicado por cinco desde la primavera pasada y ese problema ha pasado de una posición marginal en la lista de preocupaciones a ocupar el quinto puesto entre los más citados.

Por ahora, el impacto de ese estado de opinión sobre el mapa electoral de la derecha es limitado: más de 461.000 votos para Vox, de los que casi la mitad procederían del PP y Ciudadanos. Esa cifra es suficiente para asegurarse entre uno y dos eurodiputados en las elecciones europeas y obtener al menos un escaño por Madrid en las generales (donde Vox concentraría un tercio de su capital electoral que, por ahora, resultaría insuficiente para obtener diputados en otras provincias).

El problema de los temas emocionales e identitarios es que crecen como una bola de nieve que puede acabar aplastando a quienes los alimentan. El declive electoral del PP en Catalunya (y también en el resto de España) frente al alza de Ciudadanos es un buen reflejo de ello. Son los venenosos réditos del “España se rompe”.


CLAVES PARA COMPRENDER El ASCENSO DE VOX*

octubre 14, 2018

El acto de Vox en Vistalegre el 7 d’octubre (imatge d’EFE).

 

EL DOMINGO 7 DE OCTUBRE VOX LLENÓ EL PALACIO DE VISTALEGRE CON 10.000 PERSONAS, todo un hito para un partido extraparlamentario y para la ultraderecha española, que desde la etapa que la lideró Fuerza Nueva (disuelto el 1982) no había manifestado este poder de convocatoria. Además, el último barómetro del CIS atribuye a Vox una estimación del 1.4% del voto, que de cumplirse en las urnas le permitiría estar presente a las instituciones.

Una escisión exitosa del PP

Vox ha sido la primera escisión derechista exitosa del PP (a diferencia del PADE creado el 1997). Inicialmente la lideraron Aleix Vidal-Quadras y Santiago Abascal, exdirigente del PP del País Vasco y expresidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española [DENAES]. Constituido el partido en enero de 2014, en los comicios europeos de junio centró el mensaje al reducir el tamaño del Estado, situando a las autonomías a la diana. Captó 244.929 votos (1.5%) y ningún escaño. Vidal-Quadras dejó pronto la presidencia y el febrero de 2015 también Vox (al preconizar una aproximación con UPyD y C’s).

Abascal devino entonces líder del partido, que conoció una radicalización que lo ha favorecido al confluir con cuatro factores. Uno ha sido el hecho de ejercer la acusación popular del proceso secesionista en el Tribunal Supremo, al conferirle visibilidad y permitirle erigirse en una alternativa antiseparatista “dura” ante un PP a sus ojos fracasado (para Vox es la “derechita cobarde”, mientras C’s es “la veleta naranja” por sus cambios de criterio). Un segundo factor ha sido la controversia generada por la exhumación del cadáver de Franco (recordamos que C’s y PP optaron para abstenerse al respecto al Congreso). Ello ha puesto en primer plano a la “ley de la memoria histórica”, la oposición a la misma es una bandera de Vox. Un tercer elemento ha sido la recomposición de un PP dividido (como testimonió la derrota de la exvicepresienta Soraya Sáenz de Santamaría) y castigado por la corrupción. Finalmente, hay que incluir la rivalidad de PP y C’s por el voto derechista, que los ha llevado a dar peso a la inmigración en la agenda política, en beneficio de Vox.

Igualmente, los dos partidos mencionados han optado por una cautela posiblemente errónea ante la formación de Abascal: C’s no habla de este partido y el PP no lo critica frontalmente. Ambas estrategias ya fracasaron a los años noventa en Francia con el lepenismo, en la medida que sus rivales no reforzaban las fronteras políticas entre centroderecha y ultraderecha, sino que las diluían. Por este camino, pues, Vox puede ganar respetabilidad política, marcar la agenda y forzar a moverse en su campo de juego tanto a C’s como al PP.

Un artefacto complejo

Vox no refleja un retorno del neofranquismo. No ha asumido una filiación ideológica con la dictadura y se ubica en un cruce de temas tradicionales de la derecha radical o la extrema derecha española que combina con otros nuevos. Entre los primeros, como hemos visto, hallamos la oposición en la ley de “memoria histórica” y al independentismo, así como la defensa de la política familiar, la reivindicación de la españolidad de Gibraltar o el secesionismo lingüístico ante el idioma catalán. Y es que Vox se coaligará con Actúa Baleares, cuyo presidente, Jorge Campos, afirma “Somos Baleares, no somos catalanes”.

El partido ha incidido igualmente en temas nuevos, como la denuncia de las supuestas amenazas que comporta la expansión del Islam en España. Incluso en Vistalegre reivindicó la España de Lepanto, ya que salvó “a la civilización occidental frente a la barbarie”. A la vez, Vox es combativo ante la inmigración ilegal y manifiesta que “los españoles estarán primero”.

También ha adoptado elementos del trumpismo, como la consigna “Hacer España grande otra vez” y buscar un leitmotiv político en la erección de un muro fronterizo a Ceuta y Melilla. A la vez, Vox ha contactado con Steve Bannon (el exestratega electoral y exasesor presidencial de Trump), que ha definido a esta formación como “un partido basado en la soberanía y la identidad del pueblo español”. Vox, pues, se ubica a caballo del pasado y del presente, posicionamiento que le homologa a la derecha populista europea mientras preserva rasgos propios.

Vox y el Pacma: ¿Nuevos actores de un cambio inacabado?

Finalmente, debemos remarcar que la eventual irrupción de Vox en las instituciones sería pareja a la del PACMA, al que el CIS otorga el 1.6% del voto (de hecho, en los comicios legislativos de 2016 logró 1.199.759 de votos al Senado). Desde esta óptica, el hipotético ascenso de ambas fuerzas podría reflejar un voto de protesta en ambos extremos del arco político, que permanecería aún latente y estaría políticamente huérfano de representación.

Ahora bien, una cosa son los sondeos y la otra los votos. Y hasta que estos últimos no se pronuncien, todo son conjeturas.

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* Una versión algo más breve de este artículo fue publicada en catalán en Xavier Casals, “Vox: la ultradreta que creix per tornar a fer ‘gran’ Espanya”, Ara (12/XII/2018).


ENTREVISTA A CARLOS FONSECA: “CONOCEMOS SOLO UNA PARTE DE LA TRASTIENDA DEL ASESINATO DE YOLANDA GONZÁLEZ”

octubre 7, 2018

Carlos Fonseca.

 

EL PERIODISTA Y ESCRITOR CARLOS FONSECA (MADRID, 1959) HA PUBLICADO UN MÁS QUE INTERESANTE LIBRO SOBRE EL ASESINATO DE YOLANDA GOZÁLEZ, militante del extraparlamentario Partido Socialista de los Trabajadores [PST]: No te olvides de mí. Yolanda González, el crimen más brutal de la Transición. Su homicidio fue cometido el 1 de febrero de 1980 por dos ultraderechistas, Emilio Hellín e Ignacio Abad. Ambos formaban parte de un grupo organizado que reivindicó la muerte en nombre del Batallón Vasco Español [BVE] y cuyas conexiones con ámbitos de la Seguridad del Estado no se aclararon.

Fonseca es autor -entre otras obras- del bestseller Trece rosas rojas (2004, llevado al cine); Mañana cuando me maten (2015), que reconstruye las últimas ejecuciones del franquismo; y Garrote vil para dos inocentes (1998), sobre dos anarquistas ejecutados en 1963 por un crimen que no cometieron. Ahora se ha aproximado al caso de Yolanda González, que ha reconstruido en un ensayo bien documentado, pues cuenta con testimonios de familiares, abogados y compañeros de militancia. Escrito con prosa ágil, lo recomendamos a quienes estén interesados por la violencia durante la Transición (puede accederse a un fragmento de la obra aquí).

Dado el tema del ensayo, hemos entrevistado a Fonseca en nuestro blog y le agradecemos que haya accedido a contestar a nuestras preguntas.

¿Por qué considera que el asesinato de Yolanda González fue “el crimen más brutal de la transición”?

Estamos hablando de una época, la transición, muy compleja y conflictiva, en la que muchos jóvenes estudiantes como Yolanda perdieron la vida por disparos “al aire” de la Policía o a manos de grupos de ultraderecha. Estoy hablando de José Luis Montañés, de 23 años, y Emilio Martínez, de 20, que perdieron la vida el 13 de diciembre de 1979 en la Ronda de Valencia (Madrid) alcanzados por disparos de la Policía al concluir una manifestación de protesta contra las reformas educativas del Gobierno de Adolfo Suárez. Hablo también de Carlos González, de 21 años, asesinado en septiembre de 1976 por un comando ultraderechista al término de una protesta al cumplirse el primer aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo. O de Arturo Ruiz, de 19 años, a quien un ultraderechista atravesó el corazón de un disparo en enero de 1977 cuando se manifestaba a favor de la amnistía, o de Mari Luz Nájera, que resultó muerta al día siguiente tras ser alcanzada en la cabeza por un bote de humo lanzado por la Policía cuando protestaba por la muerte de Arturo.

La lista de víctimas de aquel tiempo es enorme, pero el caso de Yolanda tiene para mí unas connotaciones especiales que le convierten en el más brutal de la transición. En su caso, fue vigilada previamente, secuestrada en su casa y conducida a un descampado de San Martín de Valdeiglesias, donde le descerrajaron dos tiros en la cabeza.

Yolanda González, asesinada con 19 años.

¿Qué novedades aporta su libro sobre este asesinato?

No soy tan pretencioso como para pensar que iba a resolver un crimen perpetrado hace ya 38 años, pero la historia que se contó en los periódicos está deshilachada, le falta un hilo conductor que explique lo ocurrido. Quería también desmitificar una etapa de nuestra historia reciente, la transición, de la que nos han “vendido” una imagen demasiado edulcorada en la que todo eran acuerdos y consenso, cuando la realidad es que fue un periodo tremendamente convulso en el que las libertades estuvieron a punto de irse por el garete de la historia con dos intentonas golpistas afortunadamente fallidas (la Operación Galaxia y el 23-F).  Es mentira que la transición sea obra de unos pocos personajes como el Rey Juan Carlos I o el presidente Adolfo Suárez. La transición fue una obra colectiva en la que se implicaron numerosas personas anónimas, algunas de las cuales se dejaron la vida en el intento, y una de ellas fue Yolanda.

“Estamos ante una investigación incompleta y muy controvertida, que impidió llegar hasta el fondo en las implicaciones políticas del caso”.

Sirviéndome de abundante documentación, parte de ella inédita, y del testimonio de quienes vivieron los hechos, he intentado armar un puzzle cuyas piezas estaban sueltas para, a partir de la imagen obtenida, llegar a la conclusión aproximada de lo que ocurrió, por qué ocurrió y quienes fueron los responsables. Sin olvidarme tampoco del lado humano, de la Yolanda mujer que añora a su familia, que se viene a vivir a Madrid porque se ha enamorado de un joven nueve años mayor que ella, que trabaja y estudia, y a la que sus inquietudes políticas llevan a implicarse en la lucha por la recuperación de las libertades. El libro contiene cartas personales cruzadas con sus padres y hermanos, diligencias policiales inéditas, las declaraciones de los asesinos… que me llevan a la convicción de que estamos ante una investigación incompleta y muy controvertida, que impidió llegar hasta el fondo en las implicaciones políticas del caso.

¿Se pudo saber qué ramificaciones tenían los asesinos con las fuerzas y los cuerpos de seguridad del Estado?

No. Sabemos que un policía nacional acompañó a los integrantes del comando que asesinó a Yolanda hasta su domicilio la noche del crimen. Sabemos que Emilio Hellín, el autor material de los disparos que acabaron con la vida de la joven, alardeaba de sus excelentes contactos con miembros de los cuerpos de seguridad y del Ejército. Sabemos que varios días después del asesinato viajó a Vitoria y se entrevistó con tres policías en la capital alavesa. Sabemos que Hellín tenía cintas grabadas con datos de miembros de ETA dictados por una persona que, por la información facilitada, solo podía ser policía. Sabemos que el propio Hellín implica en el crimen a un policía de los servicios de información de nombre Antonio, al que nunca se identificó. Hay datos, indicios, hilos de los que tirar, de los que nunca se tiró.

Emilio Hellín, uno de los condenados por el secuestro y asesinato de González (imagen de Público).

¿Por qué el comando asesino se autodenominó Grupo 41?

El comando estaba integrado por cuatro militantes del partido ultraderechista Fuerza Nueva del distrito de Arganzuela (Madrid) que decidieron autodenominarse Grupo 41, pero desconozco si el nombre tiene alguna connotación. Lo cierto es que se dedicaban a labores de seguridad tales como prestar protección en los actos públicos del partido o recabar información sobre las personas que pretendían afiliarse a FN para asegurarse de su lealtad a la causa. Estaban al mando de un exguardia civil, David Martínez Loza, jefe nacional de Seguridad de FN, que les encargaba también otros “trabajos”. De hecho, el día que asesinaron a Yolanda tenían previsto inicialmente colocar una bomba en las oficinas de la Agencia Cinco Cero, distribuidora de la revista Interviú, contra la que el partido había iniciado una campaña por varios artículos sobre la ultraderecha.

¿Qué cabos han quedado sueltos sobre aquel crimen cuando han transcurrido casi 40 años?

Muchos. Te cito algunos. Por ejemplo, los investigadores recuperaron las dos pistolas utilizadas en el crimen. Ambas tenían el número de serie borrado, pero consiguieron reconstruir el de una de ellas, lo que abría la posibilidad de seguir la pista al arma, localizar a su último poseedor y descubrir cómo había llegado a manos de los asesinos. El juez se limitó a comprobar si estaba registrada por algún particular en la Intervención de Armas de la Guardia Civil, pero se negó, pese a la insistencia de los abogados de la acusación, a indagar si formaba parte de la dotación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, lo que impidió conocer si había policías o guardias civiles relacionados con los hechos.

“No tengo ninguna duda de que las seis personas que fueron condenadas estaban implicadas en el caso, pero estoy convencido también de que hay más personas que consiguieron eludir la acción de la justicia”.

Otro ejemplo más. Los investigadores encontraron un arsenal de armas y explosivos en la academia que Emilio Hellín regentaba en los aledaños de la Gran Vía de Madrid. La academia se precintó y allí quedaron depositados elementos de convicción, como un terminal de ordenador que los abogados de la acusación sospechaban podía estar conectado con algún servicio de información policial. Cuando, más de un año después, el juez envió a dos peritos para analizar las pruebas resulta que había desaparecido todo. Nunca más se supo su paradero.

Estado en el que fue halldo el cuerpo de Yolanda González.

Y otro ejemplo más: Hellín escapó de la prisión de Alcalá de Henares seis meses después del crimen, en agosto de 1980. Una fuga rocambolesca, a punta de pistola, que se frustró esa misma tarde. Un juzgado abrió una investigación para conocer los pormenores de la fuga y si el ultraderechista había recibido ayuda del exterior. Se llegó a procesar a su hermana y…. la causa desapareció durante años. Cuando por fin se recuperó los hechos habían prescrito y fue archivada.

Son muchos detalles, unos más relevantes y otros menos, que llevan a pensar que conocemos solo una parte de la trastienda del caso. Es probable que Hellín tenga la respuesta a muchas preguntas, pero no ha querido colaborar en el libro. Estuve con él en su despacho y me dijo que no se había contado toda la verdad del caso, que ni siquiera él conocía. ¿Miente? Francamente, no lo sé. Lo que sí sé es que durante la instrucción del caso cambió su versión de los hechos, es decir, que mintió. Personalmente, no tengo ninguna duda de que las seis personas que fueron condenadas estaban implicadas en el caso, pero estoy convencido también de que hay más personas que consiguieron eludir la acción de la justicia.