BARCELONA 1957: ¿ORDENÓ FRANCO ASESINAR AL CAPITÁN GENERAL POR PREPARAR UN GOLPE DE ESTADO?

febrero 11, 2017

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Imagen del capitán general de Cataluña, Juan Bautista Sánchez (Hemeroteca del buitre)

LA NOCHE DEL 29 DE ENERO DE 1957 FALLECIÓ EL CAPITÁN GENERAL DE CATALUÑA, Juan Bautista Sánchez González. En el momento de su muerte, este militar se hallaba en el punto de mira de los servicios de información del régimen, al considerarle dsafecto al régimen. Y ello a pesar de que éste pudo ser el “primer alzado” de la rebelión militar que desencadenó la Guerra Civil, pues -según su Hoja de servicios– “la noche del 16 de julio, inició el Movimiento Nacional en el Rif, sublevando en Torres de Alcalá el Tercer Tabor de Regulares de Alhucemas”.

¿Por qué Sánchez se distanció del régimen que contribuyó a instaurar? Debido, sobre todo, a sus crecientes simpatías monárquicas: convencido partidario de Don Juan de Borbón, discrepó de modo cada vez más abierto de la dictadura de Franco.

Un sublevado de 1936 distanciado de la victoria de 1939

¿Pero quién era este general? Su hijo Juan Bautista Sánchez Bilbao (a quien entrevistamos antes de fallecer el 2005 y que por su brillante carrera militar pudo disponer de información relativa a los hechos aquí analizados) definió a su padre como “un hombre del 18 de julio [de 1936], no del 1 de abril [de 1939]”. Es decir, no se identificó con el régimen surgido de la victoria franquista.

En 1943 su padre fue ascendido a teniente general. En abril de 1945 fue nombrado capitán general de Zaragoza, tras manifestar su apoyo a Franco en marzo, cuando el dictador reunió al Consejo Superior del Ejército. En 1949 fue nombrado capitán general de Cataluña y en diciembre de 1955 procurador en Cortes.

Como otros muchos sublevados en 1936, en los años cincuenta Sánchez González experimentó un progresivo desacuerdo con el régimen. Siguiendo el testimonio de su hijo, tuvo hasta un mínimo de tres encuentros –en solitario o acompañado- con Franco para pedirle que restableciera la Monarquía.

Sánchez no se recató de manifestar su oposición a la Falange ante sus subordinados, como explicó un soldado a su servicio cuando Franco visitó a Barcelona al celebrarse el Congreso Eucarístico el 28 de mayo de 1952. Entonces Sánchez oyó música del exterior y se asomó al balcón, viendo como pasaba un grupo de falangistas uniformados desfilando hizo esta afirmación: “Es una vergüenza que aún se tenga que presenciar esto”.

Franco trasladó su inquietud por Sánchez a su primo y confidente Francisco Franco Salgado-Araujo, Pacón. Éste constató en sus anotaciones que el Generalísimo estaba “preocupado” por la “actitud pasiva” del capitán general en Barcelona. Consideraba que “se inhibió por completo” de la llamada huelga de tranvías que tuvo lugar entre el 14 y el 25 de enero de 1957 “y no fue a visitar ni a ofrecerse a la autoridad civil hasta seis días después de haberse iniciado la huelga”.

Asimismo, Franco sabía que Sánchez “alardeaba de antifranquista y de monárquico partidario de Don Juan de Borbón” y había dicho al presidente de la Diputación “que ya era hora que el Caudillo trajese la monarquía con Don Juan”.

Se disparan los rumores de un asesinato ordenado por Franco

En este contexto se produjo la muerte inesperada de Sánche la noche del 29 de enero de 1957. Fue hallado sin vida en su habitación del Hotel del Prado de Puigcerdà, donde se había alojado durante su viaje de inspección de la línea de fortificaciones pirenaicas.

Oficialmente falleció a causa de una angina de pecho (padecía una afección cardiaca), pero pronto surgieron versiones alternativas de gran arraigo que atribuyeron su óbito a un asesinato o a la tensión que le causaron enviados de Franco, bien para disuadirle de sus propósitos golpistas, bien para anunciarle su cese.  Rafael Calvo Serer -un intelectual del Opus Dei de compleja trayectoria- incluso afirmó que su muerte frustró un levantamiento en ciernes de Sánchez con tres objetivos: establecer la regencia de Franco, nombrar jefe de Gobierno e incluso convocar elecciones libres.

El monárquico Pedro Sainz Rodríguez, ya en 1981, atribuyó a Franco un gráfico comentario sobre Sánchez: “La muerte ha sido piadosa con él. Ya no tendrá que luchar con las tentaciones que tanto le atormentaban en los últimos tiempos. Tuvimos mucha paciencia, ayudándole a evitar el escándalo que estuvo a punto de cometer”.

Según otras versiones, Franco fue más radical en su valoración y habría hecho una escueta y contundente manifestación sobre Sánchez en un Consejo de Ministros: “Era un traidor”. Incluso el historiador Ricardo de la Cierva –nada sospechoso de antifranquismo- aludió a otra supuesta frase del dictador en el citado Consejo que le fue revelada por uno de los allí presentes: “Mi general, te has ganado el derecho a morir”, habría dicho Franco repitiendo la frase que en 1932 dirigió al general José Sanjurjo cuando rechazó defenderle por su fallido golpe de Estado.

De lo expuesto se desprende –como mínimo- que Sánchez murió cuando Franco se disponía a relevarle al frente de Capitanía. En todo caso, como señaló el exministró Laureano López Rodó, con este óbito “la imaginación de muchos se desbordó”. El dictador fue consciente de ello, pues su primo Pacón lo recogió lacónicamente en sus notas: “Se dice que Franco mandó matar al capitán general de Cataluña Sánchez González”.

Por su parte, Franco fue explícito con Pacón: “Siento su muerte, pues era un gran soldado, pero al mismo tiempo se me ha quitado la preocupación de tenerlo que relevar, pues no convenía ni mucho menos que continuara ejerciendo el cargo de capitán general de Cataluña, dada su manera de pensar en relación con la política del régimen”, le dijo.

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Crónica del entierro de Sánchez González en La Vanguardia.

Los bulos del supuesto crimen benefician al dictador

Aunque sea paradójico, cabe pensar que estos rumores que circularon sobre el supuesto asesinato de Sánchez redundaron en favor del dictador, pues sólo podían tener una lectura: toda disidencia acarreaba fatales consecuencias para quien la protagonizara o secundara.

Esta percepción intimidó no sólo a los monárquicos, sino a todos los compañeros de armas del Generalísimo con sentimientos hostiles a su liderazgo. La “oportuna” muerte de Sánchez, pues, conjuró definitivamente maniobras pretorianas en su contra surgidas del descontento militar.

Sesenta años después de los hechos, consideramos interesante rememorar aquel episodio. De este modo, los lectores interesados en los mismos pueden acceder a nuestro exhaustivo estudio sobre el tema clicando aquí. 

Este texto en PDF publicadop en una revista académica reune toda la información dispersa publicada al respecto, incorpora testimonios orales y la consulta de diversos archivos (Archivo General Militar de Segovia, Archivo de las Cortes, Archivo General de la Guerra Civil Española y Archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco). Asimismo, en él constan en notas a pie de página las distintas fuentes de las afirmaciones realizadas en esta entrada del blog.

 


EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA NUESTRO LIBRO “LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

enero 21, 2017

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EL ESCRITOR JAVIER CERCAS RECOMIENDA EN EL PAÍS SEMANAL (15/I/2017) nuestro reciente estudio La transición española. El voto ignorado de las armas. Lo hace en un artículo crítico con los posicionamientos políticos partidistas vigentes sobre la democratización española, tanto de aquellos que sostienen los detractores de aquel proceso político, como los de sus apologetas.

Reproducimos el texto a continuación por considerarlo de interés para nuestros lectores y lectoras. Puede accederse al artículo original clicando aquí.

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El combate del siglo

En una esquina, los Grandes Odiadores de la Transición; en otra, los Grandes Apologetas de la Transición. Y en medio, los historiadores serios.

Hay gente que hace un uso personal de la Transición. O más bien un abuso. Los abusones se dividen en dos tipos: los Grandes Odiadores de la Transición (GOT) y los Grandes Apologetas de la Transición (GAT). En una esquina del ring están los primeros, que de un tiempo a esta parte arman bastante ruido. No son sólo jóvenes en teoría izquierdistas que no vivieron la Transición, sino también viejos en teoría izquierdistas que vivieron la Transición como jóvenes y creen que podrán seguir siendo jóvenes y de izquierdas gracias a su pertenencia a los GOT. Unos y otros sostienen que la Transición fue un tongo, una sucia treta urdida con el fin de que el franquismo pareciera cambiar cuando nada cambiaba (y aquí citan siempre, mal, a Lampedusa), de modo que la democracia española no es más que una democracia fraudulenta o una versión maquillada del franquismo, la culpa de todos nuestros males públicos la tiene la Transición y nosotros no somos responsables de ninguno, aunque no escasean los GOT con un elevado concepto de sí mismos que también le echan la culpa a la Transición de sus males privados, de la injusticia clamorosa de que este país no haya reconocido sus méritos excepcionales. Los GOT, en fin, son bastante inofensivos, algunos incluso entrañables; en cuanto a sus argumentos, no precisan refutación, de hecho ni siquiera son argumentos, sino desahogos de frustraciones personales o palancas de ambiciones políticas, y a menudo delatan un conocimiento de la Transición comparable al que un servidor posee de la cría de la oveja merina australiana.

En la otra esquina del ring están los GAT. Son más escasos que los anteriores, pero mucho más poderosos. Todos son suficientemente viejos para haber vivido la Transición en primer plano, o en un segundo o tercer o cuarto plano lo bastante próximo al primero para permitirles fingir que fue el primero y afirmar que nadie conoce la Transición como ellos, lo que viene a ser más o menos igual que si Fabrizio del Dongo, el protagonista de La Cartuja de Parma, afirmara que nadie conoce Waterloo como él, que vivió la batalla, pero no entendió una palabra de lo que ocurría a su alrededor. La razón de la existencia de los GAT es obvia: como sabe cualquiera un poco leído y en sus cabales, la Transición salió razonablemente bien, así que tiene mil padres. Los GAT sostienen en lo esencial que aquél fue un periodo histórico ejemplar en el que, guiados por la grandeza de miras de una clase dirigente ejemplar, los españoles crearon una democracia ejemplar y bla, bla, bla. En suma: otro timo. Pero es que, en cuanto te descuidas, los GAT te aseguran que le dictaban los discursos al Rey, le daban collejas al badulaque de Suárez y frenaban los ímpetus preseniles de Carrillo. Y, como algunos obtienen réditos notables de defender la Transición, venga a cuento o no la defienden, si es menester inventándole enemigos temibles, lo que explica que cualquier nadería de la inefable Pilar Urbano provoque respuestas tan estridentes como superfluas de notorios GAT. Aunque, claro, también entre ellos hay personas sinceras y bienintencionadas. Pero la mayoría de los GAT parecen convencidos de que les ha ido tan bien por sus propios méritos y no porque nunca se hayan beneficiado de las insuficiencias de la democracia que alumbró la Transición.

Y en esas estamos. ¿Hay alguien en medio del combate entre GOT y GAT? ¿Hay árbitro en el ring? Sí: los historiadores. Hablo de los historiadores serios, claro está. No es que ellos tengan la verdad (la verdad sólo la tiene Dios, que no existe), pero son los que con más ahínco la buscan. El último que he leído es Xavier Casals, autor de La transición española, un grueso volumen donde discute el papel de la violencia en aquellos años, según él mucho más relevante de lo que se suele decir porque contribuyó de manera involuntaria a estabilizar la democracia que pretendía desestabilizar. No es un libro inobjetable –si lo fuera, no sería bueno–, pero sí el tipo de libro capaz de coger de la oreja a los GOT y los GAT y mandarlos a sus respectivas esquinas del ring. Y desde allí a su casa, de donde nunca debieron salir.


ANTES DE MUNICH FUE BÉLGICA: LAS MASACRES DE SUPERMERCADOS MÁS ENIGMÁTICAS

agosto 5, 2016

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Imagen de las víctimas de los asesinos de Brabante (imagen de AFP).

LA MASACRE COMETIDA EN JULIO EN UN CENTRO COMERCIAL DE MUNICH por el joven germano-iraní Ali David Sonboly ha conmocionado la opinión pública europea. Sin embargo, consideramos importante destacar que Bélgica conoció en los años ochenta graves matanzas gratuitas de civiles que aún hoy no han sido aclaradas y podrían tener vínculos políticos.

Los “asesinos locos” de Brabante

De este modo,  un grupo criminal -designado por los medios de comunicación como los tueurs fous [asesinos locos] de Brabante- entre 1982 y 1985 asesinó 28 personas (incluyendo niños) de forma indiscriminada en supermercados, notablemente de la cadena Delhaize.
TueursLos asesinos entraban armados y con el rostro cubierto en los establecimientos y abrían fuego sobre los clientes. Nunca se logró desentrañar cuáles eran sus móviles ni qué objetivos tenían, dando pábulo a toda suerte de especulaciones.

En este sentido, nos pareció interesante en la época la lectura de la obra de G. Dupont y P. Ponsaers, Les tueurs fous du Brabant Wallon (1989) , aunque hay otras más (como regoge wikipedia)

¿Hacia un golpe de Estado?

En este marco, queremos destacar que una de las hipótesis que se ha barajado para explicar tales crímenes es la existencia de una trama oculta que conduciría a ignotos sectores del aparato del Estado. ¿Cuál sería la razón?

Dado que entonces tuvo lugar la acción simultánea del grupo armado maoísta Cellules Communistes Combattantes [CCC, Células Comunistas Combatientes], que cometió diversos atentados entre 1984 y 1985, y la de los tueurs fous se considera que se habría pretendido desestabilizar el país.

No obstante, también se ha hecho la lectura contraria, señalando que tales acciones habrían pretendido reforzar los aparatos de seguridad y formar “un gobierno fuerte”.  De hecho, en esta tesitura el monarca, Balduino, se planteó formar “un Gobierno de salvación nacional por encima de los partidos políticos”.

Documental de 1997 sobre les “tueurs fous” (en el minuto 28 se expone la hipótesis de una desestabilización política tras la masacre).

Un crimen impune

En suma, tras estas masacres gratuitas podría haber existido una trama que no se vincularía a la delincuencia, sino a sectores de la seguridad del Estado. Incluso se ha señalado a la llamada red armada clandestina Gladio creada por la OTAN durante la Guerra Fría. Pero cuando han transcurrido más de 30 años nada puede asegurarse al respecto.


‘LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA’: UNA DEMOCRACIA DE SANGRE Y PLOMO

julio 16, 2016

Imágenes del entierro de los abogados asesinados en la matanza de Atocha.

NUESTRO ENSAYO LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA. EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS ha tenido una buena acogida de crítica y público.  A continuación reproducimos la reseña del libro que ha escrito el historiador Gustau Nerín en el diario digital El Nacional (17/VI/2016), que pasa revista a distintos aspectos y temas abordados en el libro.

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La transición española‘: una democracia de sangre y plomo

La editorial Pasado & Presente presenta La transición española. El voto ignorado de las armas, de Xavier Casals. En contra de las visiones edulcoradas de la transición, Casals pone énfasis en que éste no fue un proceso pacífico y armónico. Se refiere a la “transición de plomo”. La teoría de este historiador es que el “voto de las armas”, durante la transición, en algunos casos fue tan decisivo como el “voto de las urnas”. Recuerda que entre 1975 y 1982 hubo 504 muertos por violencia política; la transición estuvo asociada a las armas: se inició con un atentado, el que mató a Carrero Blanco, y se acabó con un golpe de Estado, el 23-F.

Un libro con muchos ejes

El estudio de Casals no es un texto monolítico. De hecho, se ve obligado a abordar temáticas muy diversas, porque la violencia política durante la transición llegó por varios canales y tuvo implicaciones muy diferentes. De hecho, es una tarea enciclopédica en que se trata de sintetizar una serie de materiales de orígenes bien diferentes.

Equilibrio

La transición española apunta que los grupos violentos, lejos de desestabilizar la transición, consiguieron fortalecerla, ya que para evitar una deriva violenta, colectivos muy diversos, desde herederos del franquismo hasta comunistas, se vieron obligados a negociar y a llegar a acuerdos. Casals rechaza la teoría conspirativa de algunos autores, según la cual había una “estrategia de la tensión”, acordada por la extrema derecha y la extrema izquierda, para acabar con la transición. Casals se decanta más bien por la existencia de un “equilibrio de terror”: la presión simultánea de los grupos armados de extrema izquierda y de extrema derecha acabaron por reforzar a los grupos situados en el centro. La violencia habría tenido un efecto contrario al deseado por sus autores, que confiaban con entrar en una espiral de acción-reacción que llevara a una situación explosiva y a un cambio revolucionario.

No todo era negociable

Una de las cosas que queda clara en esta obra es que el redactado de la Constitución no dependió sólo de la voluntad popular, sino que en buena parte fue acondicionado por el ejército. El rumor de sables constituyó la banda sonora de la transición. Fraga afirmó, abiertamente, que en la democratización “no todo era negociable”. En La transición española se revela que varios aspectos de la Constitución fueron decididos por la presión de las fuerzas armadas: la indisoluble unidad de España, la suspensión de derechos en caso de terrorismo… Pero también hubo puntos que se pactaron con el fin de desarticular la amenaza de los grupos terroristas: el régimen fiscal especial para el Canarias y para el País Vasco, la posibilidad de incorporar Navarra a Euskadi…

La extrema derecha y el bunker

El libro se pregunta en muchas ocasiones sobre las complicidades entre los grupos armados de ultraderecha y el llamado bunker, los poderes fácticos franquistas que se negaban a democratizar el país. Casals constata que no hay una división clara entre grupos ultraderechistas y fuerzas de orden público; actúan en colaboración. De hecho, significativamente, las fuerzas policiales no mataron ni a un solo ultraderechista, y en cambio, provocaron numerosas víctimas de grupos de extrema izquierda e independentistas. Queda clara la combinación entre ambos sectores en la guerra fría contra ETA. Pero también en numerosos otros casos. Ahora bien, finalmente Casals apunta que en algunos casos los ultraderechistas fueron manipulados por las fuerzas de seguridad. La relación, pues, sería bastante ambigua.

Juego sucio

El papel de los servicios secretos y de los servicios de información en la transición fue muy complejo. No faltaron los casos escandalosos: por ejemplo, en 1977 los servicios secretos prepararon un falso atentado contra el Rey en Mallorca con el objetivo de que se les atribuyeran más recursos. También queda claro que el atentado de un grupo anarquista contra la sala de fiestas Scala estuvo dirigido y coordinado por un confidente policial. Y en los enfrentamientos de Montejurra en 1977 entre diferentes facciones carlistas, también tuvieron un turbio papel grupos parapoliciales. Ahora bien, los servicios secretos fueron muy autónomos durante bastante tiempo, y no queda claro si actuaron por cuenta propia o por encargo del Gobierno.

Los terrorismos

Casals pone énfasis en la existencia de cuatro polos de terrorismo, con diferentes tipos de terrorismo en cada uno, durante la transición. En Barcelona se concentraba el terrorismo anarquista, y había una fuerte presencia de grupos violentos ultraderechistas y focos armados independentistas. El País Vasco actuaba ETA, y también diferentes grupos ultras. En Madrid se concentraba el terrorismo de ETA, el del GRAPO y el de los grupos ultras. Y en Canarias había un pequeño movimiento armado independentista, que ponía en peligro la estabilidad del Estado al internacionalizar su reivindicación. Las fuerzas de seguridad pudieron ir neutralizando los diferentes grupos: el MPAIAC canario a través de un atentado contra Antonio Cubillo, su máximo dirigente; los grupos anarquistas mediante el caso Scala; los grupos independentistas catalanes sufrieron un fuerte rechazo popular después de los atentados contra Bultó y Viola, que los llevó a su extinción…

El efecto ETA

El único grupo que durante décadas supuso un riesgo de desestabilización para el Gobierno español fue ETA. Casals apunta que ETA estuvo en el origen del bunker: fue el proceso de Burgos el que empezó a movilizar la reivindicación del poder para el ejército, que se convertiría en el leitmotiv de los grupos involucionistas durante toda la transición. Más adelante, después de la muerte de Franco, la reacción contra ETA sería el principal catalizador del nacionalismo español. Y el sacrificio en vidas humanas del ejército y de las fuerzas de seguridad en manos de ETA fue el principal motivo para no depurar las fuerzas armadas a pesar de su ultraderechismo: hasta hoy. ETA, al fin, constituyó un obstáculo para una democratización en profundidad de la sociedad española. Trajo pretorianismo, guerra sucia, torturas, falta de transparencia, centralismo, corporativismo de los policías y guardias civiles…

El Rey sin propaganda

Muchas veces se ha mitificado al Rey como el salvador de la democracia española el 23-F. Casals reconoce que Juan Carlos paró el golpe en un momento en qué los partidos y la ciudadanía no actuaron. Y, a pesar de todo, apunta que el Rey tuvo una responsabilidad clara en los hechos. En primer lugar, de forma inconstitucional, presionó a Suárez para que dimitiera. Y, además, tuvo conversaciones con Armada y con otros actores políticos de cara a la constitución de un gobierno de unidad nacional dirigido por un militar (el llamado “golpe blando”). De esta forma habría vulnerado la Constitución que establece que los militares tienen que estar apartados de la política. Así pues, Joan Carles sería el bombero pirómano, que apaga el incendio que ha contribuido a encender.

Un 23-F muy amplio

Casals considera que el 23-F implicó a mucha más gente que la que se juzgó. Y apunta que el “golpe blando” movilizó a mucha gente que actuó en contra de los principios democráticos: apunta que en él habría tenido un papel relevante el expresident Tarradellas, pero que también habría involucrado a gente como el alcalde socialista de Lleida, Antoni Siurana, o el presidente de la CEOE, Joan Rosell. Argumenta que el consejo de guerra no lo investigó en profundidad expresamente, porque el número de implicados era elevadísimo.

Desmitificador

Casals apunta que el escrutinio del referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 podría haber sido manipulado. Algunos testigos aseguran que se hincharon los datos de participación con el fin de simular que el 50% de los españoles habían votado a favor del texto, cuando en realidad no habría sido así. Se trataba de dar una imagen de consenso que convirtiera la Constitución en un elemento incuestionable e intocable del ordenamiento jurídico. Si esta maniobra existió, obviamente tuvo éxito.

Un largo engaño

Xavier Casals ha trabajado, básicamente, con libros y con prensa. Es decir, buena parte de los datos que aporta eran públicos, pero habían quedado ocultos, sumergidos bajo una avalancha de informaciones, de baja calidad, laudatorias de los partidos políticos mayoritarios y repletas de referencias hagiográficas al Rey y a los personajes clave del periodo. Queda claro que durante mucho tiempo los medios mayoritarios han tenido tendencia a despreciar ciertos aspectos incómodos de la transición que podían contribuir al cuestionamiento del actual sistema democrático.

La culminación de una trayectoria

Este es un libro muy sólido, de este tipo de obras de síntesis que sólo están al alcance de investigadores con un largo recurrido en una materia. Casals pone orden a una bibliografía muy dispersa, en una hemeroteca muy rica, y a algunos testigos excepcionales. Y todo eso rehuyendo teorías especulativas y reconociendo las contradicciones entre las fuentes: cuando hay hechos que no quedan claros, Casals lo explicita y no intenta forzar una explicación si no tiene pruebas. Un índice exhaustivo, una completa bibliografía y un buen aparato de notas hacen que este libro sea esencial para los investigadores. Y eso no saca que, por su ágil redacción, puede ser de gran interés para cualquier interesado en la historia reciente de España. En tiempo de cambio como los que corren, este es un libro esencial para entender las dinámicas de cambio en nuestro país.

Quizás ya basta

Ahora bien, pese a los evidentes méritos del libro de Casals, al fin hay un grave problema de fuentes, que no depende del investigador. Casals, en muchos casos, se ve obligado a sugerir varias hipótesis, que no puede corroborar por no poder acceder a los archivos. Así, buena parte del debate está basado en aquello que dijo uno o aquello que dijo otro. Testimonios poco fiables, de individuos que en muchos casos han estado implicados en hechos delictivos o que quieren borrar un pasado poco ejemplar. Algunas de las declaraciones en que se basa la reconstrucción de los hechos fueron hechas 30 años después de los sucesos, y eran diferentes de las hechas 20 años antes, o incluso de las hechas un día antes. En muchos casos los testigos se contradicen. Hay personajes clave que rehúsan aportar sus informaciones… Queda claro que algunos temas, sólo se pueden acabar de conocer si se da acceso a los investigadores a los archivos. “Hay cosas que es mejor no saber”, alegan bastantes de los implicados. La administración parece que está de acuerdo. A cuarenta años de la muerte del dictador, quizás es hora que tengamos derecho a conocer nuestro pasado. Hasta que no podamos saber qué sucedió, la transición no se habrá completado


“EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”, EL MEJOR ESTUDIO DEL IMPACTO DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN

junio 21, 2016

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EL HISTORIADOR JUAN AVILÉS considera que nuestra obra La Transición española. El voto ignorado de las armas es “el mejor estudio de conjunto hasta ahora publicado sobre un tema tan importante como complejo: el impacto de la violencia política en la transición a la democracia”.

Lo ha destacado en una reseña publicada en el suplemento El Cultural del diario El Mundo, accesible on-line aquí. En la recensión, que reproducimos a continuación, polemiza sobre distintos aspectos del libro, sin dejar de subrayar su valor como aportación histórica.

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Fotomontaje sobre el atentado de Carrero (ABC, 2/VII/2012).

El último libro del historiador Xavier Casals (Barcelona, 1963), autor de obras importantes sobre la extrema derecha catalana y española, representa el mejor estudio de conjunto hasta ahora publicado sobre un tema tan importante como complejo: el impacto de la violencia política en la transición a la democracia. Dado que últimamente ha estado de moda denigrar a la Transición, conviene aclarar de entrada que Casals no se suma a esa corriente, pues no cuestiona su éxito en establecer una democracia estable y en poner fin al aislamiento internacional de España. Cree sin embargo que en las historias de la Transición no se da suficiente importancia al peso que en las decisiones políticas de aquellos años tuvieron el terrorismo, por un lado, y el temor a un golpe militar por otro, dos fenómenos que, como acertadamente señala Casals, estuvieron estrechamente relacionados, pues el terrorismo representó el factor más importante para la radicalización involucionista de ciertos sectores de las Fuerzas Armadas.

Con un encomiable esfuerzo de síntesis, Casals ha abordado en quinientas páginas de texto el conjunto de las acciones terroristas, las tramas golpistas y los abusos policiales (Vitoria, Rentería) que se produjeron entre el asesinato del almirante Carrero en diciembre de 1973 y el golpe del 23-F en 1981. Lo completa con un extenso aparato de notas que permite al lector conocer la fuente de todas sus afirmaciones.

El análisis histórico de todo ello tropieza con la imposibilidad de contar con suficientes fuentes primarias, que permanecen inaccesibles a los investigadores y en parte pueden haber sido destruidas. Casals lo suple con un extraordinario conocimiento de todo lo publicado sobre estos temas por protagonistas más o menos relevantes, periodistas e historiadores, respecto a todos los cuales muestra una gran honestidad intelectual, reconociendo su deuda con ellos, citando sus tesis y en su caso mostrando sus discrepancias. La aportación personal de Casals no consiste tanto en novedades puntuales sino en su análisis de conjunto, que sitúa los hechos concretos en un marco interpretativo general, con el que se podrá estar o no de acuerdo, pero que en todo caso resulta sugestivo.

Puesto que las fuentes son citadas explícitamente y su credibilidad analizada, el lector puede formarse su propia opinión, quizá en algunos casos discordante con la del autor. Por mi parte considero que Casals da demasiado valor a algunos testigos dudosos. No me parece creíble el testimonio que a los periodistas José Díaz e Isabel Durán dieron dos inspectores de policía, expedientados por temas de corrupción, que afirmaron haber recibido de sus superiores la orden de cometer un atentado con explosivos contra Enrique Tierno Galván en 1976, en el momento en que se celebraba el primer congreso de su partido, algo a lo que se habrían negado, sin que quede claro porque no recurrieron sus jefes a otras personas. Y tampoco creo que se pueda dar crédito alguno a la afirmación del neofascista italiano Stefano delle Chiae, refugiado en España, según el cual el ultraderechista Mariano Sánchez Covisa, en conexión con quién sabe qué aparatos del Estado, habría tratado de involucrarle en la muerte del manifestante Arturo Ruiz.

En cuanto a la afirmación del hijo de uno de los fallecidos en el atentado anarquista contra la sala de fiestas Scala, según el cual el ministro Rodolfo Martín Villa ¡en persona! le entregó a su madre un cheque de un millón de pesetas, en un reconocimiento implícito de la responsabilidad del Estado en lo ocurrido, no es necesario comentario alguno. Cuando se estudian tramas terroristas o golpistas, el investigador se topa con conspiraciones reales difíciles de esclarecer, pero conviene descartar los testimonios más delirantes.

Estos detalles no empañan la calidad del libro, que proporciona un análisis riguroso de cuestiones tan relevantes como el asesinato de Carrero y su posible contribución a la incapacidad del régimen de subsistir tras la muerte de Franco; el impacto del terrorismo, especialmente de ETA, en la deriva golpista de sectores militares, potenciada por los continuos asesinatos de miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Estado; los inicios, nunca esclarecidos, dela “guerra sucia” contra ETA, que comenzó mucho antes de que aparecieran los GAL; el caso de los grupos terroristas catalanes y la cuestión de por qué no llegó a haber una ETA catalana; el papel de la ultraderecha organizada en el fomento de la violencia; el terrorismo canario del MPAIAC y el atentado contra su líder Cubillo, con toda probabilidad organizado desde el aparato del Estado, aunque no sepamos qué nivel; y por último los antecedentes del 23-F y en especial las intrigas del general Armada, a las que demasiada gente dio alas.

La interpretación general, que se va apuntando a lo largo de la obra, se expone de manera concisa y clara en las conclusiones, algo que es muy de agradecer, porque en demasiados libros las tesis del autor no se explicitan, sino que han de ser pacientemente extraídas por el lector. Debo sin embargo decir que no todas sus conclusiones me parecen convincentes. Creo que acierta al argumentar que en algunos casos la violencia resultó contraproducente para sus promotores: la ultraderecha se desacreditó por los actos violentos de algunos de sus militantes, el caso Scala desprestigió a la CNT, la matanza de Atocha generó un clima de solidaridad que favoreció la legalización del PCE, la irrupción de Tejero en el Congreso acabó para siempre con el golpismo. Pero, por otro lado, habría sido conveniente analizar el caso de ETA, cuyos atentados no perjudicaron, y quizá favorecieron, el desarrollo en Euskadi de un movimiento político, minoritario pero significativo, que sigue presente hoy.

Por otra parte, en mi opinión, Xavier Casals tiende a sobrevalorar el impacto político de la violencia. La transición habría sido más difícil si Carrero Blanco hubiera estado presente, una hipótesis imposible de probar o desmentir, como todas las contrafactuales, pero yo me inclino por lo argumentado en su día por Javier Tusell: el almirante habría dimitido al ver que se desmantelaba el régimen de Franco, pero no se habría opuesto al Rey. El radicalismo de Tejero hizo inviable la maniobra “gaullista” del general Alfonso Armada, pero al margen de ello me parece imposible que el Congreso, aún sin la irrupción de los tricornios, hubiera optado mayoritariamente por entregar el gobierno a un general.

Es posible que la violencia de ETA contribuyera a que se diera un tratamiento fiscal favorable al País Vasco y Navarra, pero hay que recordar que los conciertos económicos tenían una larga tradición histórica en aquellas provincias.

Me cuesta creer que el MPAIAC, que carecía de apoyo social en Canarias, representara una amenaza relevante, ni que el atentado contra Cubillo la desactivara. Y me parece más que dudoso que, en ausencia de los luctuosos episodios de Montejurra, de la matanza de Atocha y la sala Scala, hubieran tenido mucho futuro ni el carlismo socializante, ni la ultraderecha ni el anarcosindicalismo. Sencillamente no sintonizaban con el sentir mayoritario de los españoles en aquellas fechas.

Por otra parte considero muy acertado que Casals descarte abiertamente la hipótesis de una estrategia de la tensión, es decir de una acción coordinada de la ultraderecha para generar mediante el terrorismo un ambiente favorable al golpe militar.


¿CUÁL FUE EL IMPACTO DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN? LO ANALIZAMOS EN NUESTRA ÚLTIMA OBRA: “EL VOTO IGNORADO DE LAS ARMAS”

mayo 24, 2016

Portada

Portada de La Transición española. El voto ignorado de las armas

ESTA SEMANA SALE A LA VENTA NUESTRO ÚLTIMO ESTUDIO SOBRE EL IMPACTO DE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LA TRANSICIÓN, publicado por Pasado & Presente.

La obra va más allá de constatar la importante presencia de la violencia en el proceso democratizador (las estimaciones al respecto apuntan que se produjeron entre 500 y 700 víctimas mortales entre 1975 y 1982) y analiza su importante impacto político. De ese modo, incide en distintos episodios relevantes -la mayor parte de ellos no esclarecidos- y muestra cómo influyeron en la configuración de nuestro marco de libertades.

A continuación incorporamos la información de la contraportada, la de la web de la editorial y el sumario de la obra, para que los lectores eventualmente interesados en ella puedan hacerse una idea de su contenido.

También puede descarse el sumario en PDF aquí: Indice Voto ignorado de las armas

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Título: La transición española
Autor: Xavier Casals
ISBN: 9788494427268
PVP: 33€
Páginas: 791

“Durante la Transición, el voto de las urnas coexistió con el de las armas, de modo que la violencia política no solo fue importante, sino determinante. Pero esta violencia se volvió contra sus promotores y actores de tal modo que el ‘el partido armado’, tal vez instigado o manipulado por cuerpos, sectores o facciones del Estado, influyó claramente en el devenir político de España. De este modo, contribuyó a estabilizar la situación y facilitó la eliminación de eventuales alternativas, desde el carlismo hasta el movimiento libertario. Cuarenta años después cabe preguntarse: ¿se ha indagado realmente todo lo posible sobre episodios que dejaron un reguero de muertes? ¿Hubo ámbitos de la seguridad del Estado cuya autonomía pudo ser peligrosa para el propio Estado? ¿Ha sido generosa la democracia con las víctimas del terrorismo de la época?”

A través del seguimiento del papel del ejército y las fuerzas armadas, desde el asesinato de Carrero Blanco hasta el 23-F, Xavier Casals construye un amplísimo fresco histórico donde analiza el papel de la ETA, la ambivalente posición del Rey, la guerra del Sáhara, los Grapo, Salvador Puig Antich, Fraga y los hechos de Montejurra, Carrillo, Suárez y muchos otros aspectos ocultos y novedosos que arrojan luz sobre un proceso que distó mucho de ser pacífico y transparente como se ha venido afirmando. Una política profundamente definida por la presión del ejército y distintos grados de violencia que condicionaron los tempos y modos de una balbuceante democracia y una dictadura agónica.

La Transición fue sin duda una Transición de Plomo.

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ÍNDICE

Introducción. La Transición: ¿amada o armada?
La Transición feliz o el fracaso de los violentos 12
La Transición más sangrienta de Europa 14
¿Un terror dirigido desde el poder? 16
La gran paradoja: El terrorismo «estabilizó
desestabilizando» 18
El voto ignorado de las armas 19
Una coda personal 21

PRIMERA PARTE. DEL ASESINATO DE CARRERO A LA MUERTE
DE FRANCO: LA ANTESALA INCÓMODA DE LA DEMOCRACIA (1973-1975)

1. «Operación ogro»: Franco pierde a una figura decisiva 25
Carrero, la conexión de Franco con el mundo  26
El hombre del dilema: «tal como estamos no
podemos seguir»  28

2. ¿Habría sido posible la transición con Carrero? 29
¿Era Carrero un inmovilista? 30
El «gran hermano» del Régimen  31
El postfranquismo que Carrero concebía incluía al PSOE  34
¿Medió el almirante ante la Internacional Socialista?  35
¿Tuvo el PSOE un estatus político singular?  37
Los contactos políticos del SECED: ¿Una «pretransición»
opaca?  39
Franco intuía cambios políticos profundos tras su muerte 40
La vigilia del asesinato: la soledad del poder  41
¿La muerte de Carrero facilitó la democratización? 43
Una nueva era política  46

3. ¿Existió una conspiración contra el almirante? 49
¿La CIA y el KGB contra Carrero?  49
Un complot sin rastro en los archivos 51
Carrero, una garantía de estabilidad para Nixon 52
¿Un complot en el seno del Régimen? 53
La sorprendente libertad de movimientos de ETA  54
«Todo es posible en Granada» 57
¿Éxito de ETA o fracaso descomunal de los cuerpos de
seguridad?  59
Carrero, un mártir político sin creyentes  61

4. El magnicidio precipita el ocaso del régimen 63
Evitando el «fuego amigo» y explorando al enemigo  64
Franco sobre Carrero: «No hay mal que por bien no
venga» 65
Una nueva «familia política» entra en escena:
la de El Pardo 67
La hora de las conspiraciones: todos contra todos  69
Una oposición armada incesante 73

5. ETA, el legado franquista más envenenado 75
La «guerra del Norte», un conflicto decisivo  75
La gestación: la disidencia juvenil
del PNV (1952-1959) 78
La conversión en un movimiento de liberación
violento (1959-1968) 80
El gran salto: del asesinato de Manzanas al de
Carrero (1968-1973) 82
El gran cisma de ETA: milis y poli-milis (1973-1975)  86
Las contradicciones insalvables de ETA  89

6. La «guerra del Norte» o la forja de la involución política  91
El consejo de guerra que alumbró la ultraderecha 91
Ruido de sables y desconcierto del Gobierno  92
Un Ejército dividido y tensionado 96
Los últimos estertores del ultranacionalismo pretoriano  97
El País Vasco o la «patria invisible» 100
De militares a ultrapatriotas: Antonio Tejero como ejemplo 101
La involución que vino del Norte 105

7. Los oscuros inicios de la «guerra sucia» contra ETA  107
¿Se opuso Carrero a la «guerra sucia»? 107
¿Cuándo empezó la «guerra sucia»? 110
¿La lucha contra ETA fue «teledirigida» o autónoma? 116
El origen del Batallón Vasco Español 118
La ansiada venganza del almirante: el asesinato de «Argala» 121
¿Conoció el Gobierno la «guerra sucia» contra ETA? 122

8. ETA, los «infiltrados» policiales y los servicios de
inteligencia: el inicio de los misterios de la transición
125
Ultraderecha y servicios de inteligencia: unas pasarelas
porosas  125
El protagonismo de la OCN en la crisis del proceso de
Burgos 127
La muerte de Carrero: el SECED ante la amenaza de ETA 129
El falso diario de «Argala» o el complejo juego político del
SECED 133
Conesa y los enigmas del atentado de la calle del Correo 135
Un experto en infiltraciones forjado en la postguerra 139
¿Controló Conesa el FRAP, el GRAPO y el MPAIAC? 141
¿Hasta qué punto fue espontánea la violencia de la
Transición? 145

9. El desafío de las utopías armadas 147
El FAC: una intensa actividad sin eco mediático 147
Epoca: el enigmático «ejército» catalán oculto 149
El activismo libertario: el MIL y Salvador Puig Antich 151
La lucha armada de Unión do Pobo Galego 153
La izquierda maoísta insurreccional: el PCE ml y el
FRAP 155
Septiembre de 1975: los últimos fusilamientos del Régimen 157
Flaquean las movilizaciones franquistas e irrumpe el
GRAPO 159
La hora del MPAIAC y de las Fuerzas Armadas Guanches 160
Del 20-N al 26-N: siete días para cambiar la historia 164
El entierro de Franco o el principio del fin del Régimen 166
Adiós a una era: Delle Chiae y Pinochet se cruzan en
España 167

Epílogo. pretorianos, policías y espías:la oscura bisagra del cambio político 169

Pretorianos al acecho: la paranoia ante el «enemigo interno» 170
La revolución de los claveles o el ignorado laboratorio
portugués 171
«Los hundidos y los salvados»: Juan Creix y Roberto
Conesa 173
Un viejo mundo policial que se transforma,
pero continúa 176
Militares metidos en política: Promesa y Godsa 178
La sombra alargada de la dictadura: una democracia
sin edad de oro 181
Cuatro teatros decisivos: Madrid, Cataluña, País Vasco
y Canarias 182

SEGUNDA PARTE. LA TRANSICIÓN DE PLOMO: URNAS, PERO TAMBIÉN ARMAS (1976-1980)

10. El gobierno Arias: el ensayo fallido de la transición 187
Las tensiones de fondo: Arias y el Rey y la reforma de Fraga 187
El orden público como obsesión: los sucesos de Vitoria  190
El «miércoles negro» de Vitoria, fosa de Fraga y pedestal
de Suárez 192
El inicio de la dinámica pretoriana: la primera
conspiración militar 194
El coste arriesgado de apoyar un golpe de Estado en
Portugal 197
Montejurra o los «agujeros negros» en el seno del Estado 198
La lucha clandestina contra ETA continúa: la «Operación
Pancorbo» 199
La «guerra del Norte» se desplaza al sur de Francia  203
El Gobierno Arias: mucho más que un paréntesis político 205

11. «Montejurra 76»: el día que pudo morir la transición 207
Franco y el carlismo: una ruptura que empezó en 1937  207
De pilar del Régimen a fuerza de la oposición 208
El cisma carlista: socialistas y contrarrevolucionarios  209
Una jornada particular 210
Interpelación en las Cortes sin respuesta  211
Una operación urdida en el seno del Estado 212
El resultado inesperado: todos pierden  214
Fraga y Montejurra: preguntas sin respuesta  215
El fin de la alternativa dinástica socialista  219
El carlismo contrarrevolucionario: la extraña derrota  220
Delle Chiae y el neofascismo internacional se hacen visibles 222
Sixto Enrique, un nuevo líder para la ultraderecha 223
¿Incentivó Montejurra el recurso del Estado a los
mercenarios? 224
¿Existió una agenda oculta en la «Operación Reconquista»? 225
Una nueva hipótesis: ¿El objetivo era matar a Carlos Hugo? 227
«Operación Bienvenida»: el complot para asesinar
a Tierno Galván 228
Conclusión: tres interpretaciones distintas de Montejurra 231

12. La reforma de Suárez: cambio político y crímenes
en la impunidad
   233
La fórmula mágica: «De la ley a la ley»  233
Suárez, la gran apuesta del monarca  235
La reforma política se acelera  236
La presión pretoriana: de la «influencia» a la «extorsión»  237
El suicidio de las Cortes franquistas: ¿Voluntario o forzado? 240
Crímenes impunes: los «incontrolados» de ultraderecha  243
«Pertur»: ¿Víctima de ETApm o de la «guerra sucia»?  246
El camino hacia la «semana trágica» de enero 1977 249

13. La «semana trágica» de Madrid: ¿estrategia de
la tensión o equilibrio del terror? 
251
Una «semana trágica» decisiva en la legalización del PCE 252
Retorno del PCE y desaparición de la Falange oficial 256
El PCE, la última frontera  257
El mapa político se desplaza a la derecha 259
¿Estrategia de la tensión o equilibrio del terror? 260

14. La derrota del Grapo y la Triple A: zonas de
penumbra y «esferas de poder» ocultas
 263
El Grapo y la ceremonia de la confusión 264
Las negociaciones fallidas del Gobierno con el Grapo 267
La Triple A, una pantalla política de origen argentino 268
La muerte de Arturo Ruiz las extrañas conexiones de la
ultraderecha 270
¿Una maniobra contra Delle Chiae?  272
El enigmático Sánchez Covisa 274
Atocha: anatomía de un extraño asesinato 276
¿Existieron «esferas de poder» relacionadas con el crimen? 280
¿Una masacre inducida? Los testimonios de ultraderecha 284
La extraña noche del 24 de enero  286
Cuerpos de seguridad y ultraderecha: unas relaciones
peligrosas 288
La ultraderecha, la otra gran perdedora de la «semana
trágica»  290
El equilibrio del terror: un factor determinante 292

15. El ejército: ruido de sables ensordecedor y amagos
golpistas
 293
¿Tuvo lugar un amago golpista tras el secuestro de Oriol? 293
Insubordinación general: policías, guardias civiles y.
Milans 296
Los militares quieren substituir a Martín Villa por un general 298
Una agitada reunión de oficiales en el Casino Militar  299
«Las señales de alarma se encendieron. Todas»   300

Guerra de papel en las salas de banderas  302
La legalización del PCE: las FAS pierden confianza en el
Gobierno 303
La presión pretoriana aumenta: de la «extorsión» militar
a la «suplantación» 305

16. La creación de un nuevo marco político (1977-1980) 307
El franquismo reformista o la ceremonia de la confusión:
UCD y AP 307
Los caminos invertidos de PSOE Y PCE: radicalización
y moderación  310
El sistema electoral, la clave para frenar a la izquierda 312
Tarradellas o el cortocircuito de un «país catalán rojo» 313
El País Vasco, el gran desafío de la democracia  316
El Estatuto vasco no evita el terrorismo ni el exilio  319
La Constitución: nacionalidades y amanuenses castrenses
invisibles 322
¿Hubo manipulación en el referéndum de la Constitución? 325
Ante la desmovilización ciudadana, respuesta armada 327

17. La gran amenaza: la «guerra del Norte» y los impulsos pretorianos  331
¿Un Beirut vasco?  332
ETA: una guerrilla formidable 334
La «guerra sucia» más opaca 335
El fin nunca aclarado de la primera «guerra sucia» 339
¿Conocía el Gobierno la actividad contraterrorista ilegal? 340
La «Operación Galaxia»: el ensayo del 23-F 343
La agitación castrense aumenta: ¿Una ocupación militar
de Euskadi?  346
Los complots contra Suárez se activan: surge el «golpe
de timón»   349
Se abre el camino de la gran crisis de febrero de 1981   352

18. Madrid, el gran escenario del golpe de Estado 357
La ultraderecha: desconcierto y protesta de la España
interior 358
El breve fulgor de Fuerza Nueva  359
Un dilema irresuelto: ¿Integrarse en el sistema o destruirlo? 362
La irrupción del neofascismo extraparlamentario: del FNJ
al FJ 364
La violencia como vía de iniciación política 367
El «caso Yolanda» y sus raras conexiones con la seguridad
del Estado 369
Tramas negras: el mito supera a la realidad 371
La capital, el gran escaparate de la violencia del Grapo 372
Del clímax a la caída: la campaña «ciento por uno»  374
Golpistas dando palos de ciego 376

19. El «caso Papus» y el ocaso de la ultraderecha
violenta en Cataluña   379
Las siglas pantalla: el GAS y la Triple A 380
Juventud Española en Pie [JEP], los últimos «incontrolados» 381
El atentado contra «El Papus»: el techo de cristal de las
libertades 383
Un largo proceso judicial que comportó el cierre de la
revista  385
La ultraderecha: desconcierto y sospecha de
instrumentalización 386
La policía: varapalo y orden de «desenervar» a la extrema
derecha  387
Un crimen sin resolver y unos archivos inaccesibles  389
El fin de una época  391

20. El «caso Scala» y el declive del movimiento libertario 393
La CNT-FAI: el peso del pasado y las guerras internas  393
Los años setenta: el «boom neoanarquista»  396
Un renacer libertario lleno de contradicciones  397
La reconstrucción de la FAI el camino hacia la quiebra
de la CNT 400
El atentado de la sala Scala 403
Un extraño servidor del Estado llamado Joaquín Gambín 406
La confesión de un provocador a sueldo408
La CNT plantea aspectos oscuros del atentado 410
El impacto del atentado en la CNT y el movimiento
libertario  411
La corta primavera de la anarquía 413

21. Los casos «Bultó y Viola» y el fracaso de una «ETA
catalana»  415
La irrupción estrepitosa de Epoca: la muerte de Bultó 415
La opción desechada en 1977: una «diada» sangrienta 416
La muerte de Viola 417
Un rechazo político y social generalizado 418
El final de Epoca: un eclipse imperceptible 419
La larga odisea judicial: de Madrid a Estrasburgo 420
Los misterios por resolver de Epoca: ¿Quién la promovió
y para qué?  422
Epoca y la extraña historia del cadáver de un agente
del Mossad  423
Terra Lliure: la apuesta por la propaganda armada 424
¿Por qué no existió una «ETA catalana»?. 427
El protagonismo invisible del nacionalismo militarista
catalán 428
ETA es el referente, pero no el modelo 431
Nacionalismo y armas en Cataluña y Euskadi: un juego
de espejos 432

22. La amenaza argelina sobre las canarias: el MPAIAC
y el «caso Cubillo» 35
Un problema que se agrava: la «africanidad de
Canarias» 436
Presiones atlantistas: ¿EE.UU. también quiere al
MPAIAC? 438
Una tragedia inesperada de la «propaganda armada»: Los
Rodeos 440
«Operación Lejía»: primer atentado conocido contra
Cubillo en Argel 442
Luis Espinosa, infiltrado de Conesa y «fabricante» de
atentados 443
«Operación Mallorca»: el atentado contra Cubillo y sus
consecuencias 447
El inicio del deshielo del contencioso hispano-argelino
(1978-1979) 449
El lento final del contencioso: de Monrovia a Nairobi
(1979-1981)  452
El eclipse de la brillante carrera de Conesa: más sombras
que luces  453
¿Quién ordenó matar a Cubillo?  455
La «africanidad» de Canarias, el mayor reto exterior del
Gobierno  455

Epílogo. rumbo hacia el 23-F  459
El escollo del 28-F andaluz y su salida inconstitucional 459
La soledad de Suárez: acoso enemigo y fuego amigo   462
La combinación fatídica: frialdad regia y complots políticos 464
Aguas profundas: operaciones en marcha para derribar
al presidente   467
Enero de 1981: Suárez en el ojo del huracán  468
La dimisión: la respuesta de Suárez al Rey y la «solución
Armada»  472
¿Un paso atrás para dar un salto adelante?  476
El gaullismo español que no fue   477

TERCERA PARTE. TIEMPO DE GAULLISTAS Y PRETORIANOS (1980-1982)

23. El «golpe de timón»: Armada y Tarradellas o la hora
del gaullismo 481
La sombra del general De Gaulle en España 482
Tarradellas, un presidente gaullista 483
Armada, un admirador de De Gaulle 485
La relación de Armada y Tarradellas 486
Tarradellas y Armada, dos «ganadores-perdedores»  487
¿Por qué Tarradellas reclamó un «golpe de timón» ya
en 1979? 489
Un adiós dolido a la política catalana 491
Enero de 1981: Tarradellas conoce y espera la «solución
Armada» 492
El fracaso del «golpe de timón» 494
La «herida luminosa» de la Cataluña autónoma  497
Tarradellas en los años crepusculares: una
interpretación  499

24. La «solución Armada»: del gaullismo al golpismo  501
¿Uno o varios «23-F»?
Un golpe de Estado de difícil reconstrucción 502
La «solución Armada» o la punta de lanza contra Suárez 503
La trama parlamentaria y empresarial  504
El Rey y Armada: una relación peligrosa 509
La búsqueda de apoyos internacionales: EE.UU. y
el Vaticano 510
Los pilares militares: Armada, Milans, Tejero. ¿y Cortina? 511
La trama militar se articula  513
Armada concibe un «plan B» las vísperas del 23-F 515
El asalto al Congreso: fulgor y muerte de la «solución
Armada» 519
Los capitanes generales meditan sobre el camino a seguir   523
El CESID y el golpe: ni sí ni no, sino todo lo contrario 526
El «gaullismo español» murió al nacer 530

Epílogo. la sombra alargada del 23-F y el espejismo
gaullista  533
El golpe: ¿Un fracaso no tan anunciado? 533
¿Habría sido posible un «gaullismo español»?  534
Las ambigüedades de la «solución Armada»: una
democracia limitada   537
Un 23-F alternativo y un asesinato nunca aclarado 540
El impacto político olvidado del 23-F 546
Los últimos coletazos golpistas: del 27-O de 1982 al caso
De Meer  548
La clave del fracaso pretoriano: una «democratización por
sorpresa» 552

CONCLUSIONES

El «partido armado»: el partido invisible  555
1. El voto de las armas o un «partido armado» decisivo 556
2. La violencia abrió y cerró las compuertas de la
Transición  557
3. Una cartografía de la violencia con implicaciones
políticas 558
4. «Banderas rotas»: la eliminación de alternativas políticas 560
5. Una reinterpretación de la violencia política en la
Transición 562
¿«Affaire d’État, rien à faire»?  564

Notas 567
Siglas empleadas  701
Bibliografía  709
Índice alfabético  741


¿QUÉ PASÓ EL 23-F?*

febrero 23, 2016

general-armadaEl general Alfonso Armada en el Congreso de los diputados.

PARA ENTENDERLO HAY QUE RETROCEDER AL 1980. Suárez había ganado los comicios del año anterior, pero vivía el peor momento político. El presidente perdía la confianza del monarca, la UCD se hacía añicos y el PSOE hacía una dura oposición con ansia de tocar poder, mientras la crisis económica y un pretendido desbarajuste autonómico creaban inquietud por todas partes. A la vez, se tejían tramas golpistas y ETA alcanzaba el récord criminal con 215 acciones y 97 muertos, cosa que exacerbaba tensiones en el seno de los cuerpos armados.

En este marco, Alfonso Armada, un general conservador y monárquico, tuvo éxito en unir las diversas tramas golpistas y políticas contra Suárez bajo su amparo para presidir un gobierno de unidad de los grandes partidos, militares y miembros del mundo empresarial. Los promotores de esta solución la justificaron haciendo un símil con la Francia de 1958, cuando un alzamiento militar partidario de la Argelia francesa exigió el retorno al poder de Charles de Gaulle con poderes excepcionales, de forma que Armada sería un “De Gaulle español”. Para conseguirlo, el general articuló una vía constitucional de acceso a la presidencia, mediante una moción de censura, y otra “pseudoconstitucional”, que pasaba por crear un hecho excepcional para que los diputados lo invistieran presidente.

¿Y si Armada hubiera sido investido presidente?

Pero Suárez frustró la vía constitucional de Armada en dimitir de forma repentina el 29 de enero de 1981 y designar a un sucesor, Leopoldo Calvo-Sotelo. Entonces el general activó la otra, que pasó por la ocupación del Congreso el 23 de febrero por Antonio Tejero y la salida de los tanques en Valencia por orden de Jaime Milans del Bosch. Pero cuando Armada fue a las Cortes a proponerse como presidente, Tejero se negó al ver que quería hacer gobierno con socialistas y comunistas y el proyecto fracasó. Cuando el rey compareció aquella noche por televisión y se opuso al putsch, remachó el clavo. Estas son las coordenadas del golpe fallido, bien explicadas en la tesis doctoral de Roberto Muñoz, que expurgó el sumario del caso y lo contrastó con las fuentes disponibles: 23-F (2015).

Sin embargo, no se ha meditado para nada sobre qué habría pasado si ese día Armada hubiera sido investido presidente: ¿el Congreso y el monarca lo habrían podido revocar al día siguiente fácilmente?, ¿la democracia no habría quedado tutelada por los pretorianos y la vida política hibernada? Posiblemente falta interés en plantear estas cuestiones porque el rey vio con buenos ojos la vía constitucional de Armada, como también lo hicieron figuras de UCD, del PSOE, de AP y de ámbitos mediáticos y empresariales. Pero después todos callaron como muertos y el 23-F quedó codificado como una “militarada” condenada al fracaso de antemano y Armada como el gran malo de la película. Ya sabemos que la memoria es selectiva, pero la del 23-F es amnésica. ¿Por qué será?

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* Artículo publicado en el diario catalán Ara (23/II/2016).