EL “15-J” DE 1977: LAS CLAVES DE LAS PRIMERAS ELECCIONES DEMOCRÁTICAS EN ESPAÑA*

Vídeos electorales de las primeras elecciones celebradas tras la dictadura.

EL 15 DE JUNIO DE 1977 [15-J] SE CELEBRARON LOS PRIMEROS COMICIOS DEMOCRÁTICOS EN ESPAÑA DESPUÉS DEL FRANQUISMO. Votó el 78.8% del censo mayor de 21 años y las urnas conformaron unas Cortes constituyentes. Aun así, como exponemos a continuación, aquellas elecciones fueron singulares por tres razones: tuvieron un trasfondo que favoreció la entente, sus grandes opciones políticas se perfilaron sobre la marcha y los resultados pusieron las bases de la Transición

1. Las dinámicas del consenso

Los comicios se celebraron en un clima propicio al entendimiento por el peso de tres factores. Por un lado nos referimos al golpe de estado protagonizado por el general Augusto Pinochet en Chile el 1973, que aplastó un gobierno de izquierdas surgido de las urnas. Por otro lado debe señalarse la revolución de los claveles de Portugal de 1974, que puso fin a una larga dictadura anticomunista y emprendió un proceso revolucionario.

Por último, hace falta aludir al recuerdo omnipresente de la Guerra Civil, que mostraba los riesgos de una confrontación intensa. De esta forma, antes de morir Franco el gobierno sabía que tenía que buscar una salida en el régimen “desde arriba” para evitar un eventual proceso revolucionario como el portugués. Y el grueso de la oposición era consciente de que hacía falta contención para evitar que el Ejército interviniera en el proceso político, como Chile. Se impuso, pues, rehuir enfrentamientos.

2. Un juego de enredos políticos

Las elecciones se caracterizaron por una cierta ceremonia de la confusión. Así, al ámbito zurdo el PCE moderó el discurso y el PSOE lo radicalizó. Los comunistas tenían una imagen pésima acuñada por el franquismo, eran “la bestia negra” de la cúpula militar y sus máximos dirigentes (Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri) estaban asociados a la Guerra Civil. Por consiguiente, la legalización del partido el abril de 1977 comportó una vistosa moderación para ganar respetabilidad. En cambio, el PSOE liderado por Felipe González (que no era percibido como una amenaza por la establishment a pesar de declararse marxista) hizo un camino inverso para disputar el electorado al PCE. El resultado de esta evolución se reflejó en lemas electorales semblantes: “Socialismo es libertad” (PSOE) y “Socialismo en libertad” (PCE).

Al ámbito de centroderecha sucedió algo similar con la UCD liderada por Adolfo Suárez y la AP acaudillada por Manuel Fraga. Ambos políticos procedían del franquismo y rivalizaban entre sí  para vertebrar un gran polo de centroderecha. Suárez optó para crear la UCD desde el gobierno a partir de las redes del Movimiento (el partido único de la dictadura) y absorbió en la clase política más joven del régimen. Construyó así un artefacto que englobó liberalismo, socialdemocracia y democracia cristiana. En cambio, Fraga optó por una vía opuesta y reivindicó el franquismo al hacer un cálculo erróneo. Quiso atraer a los sectores que veían positívamente la dictadura (el “franquismo sociológico”) al pensar que eran una gran bolsa electoral. La consecuencia de esta pugna fue que AP aconteció “neofranquista” y UCD triunfó como “centrista”.

3. El triunfo del reformismo

Los votantes premiaron las fuerzas más moderadas, alejadas del pasado y con líderes más jóvenes: la UCD (34.4% del voto y 165 escaños) y el PSOE (29.3% y 118), que fueron seguidas de lejos por el PCE (9.3% y 20) y AP (8.2% y 16). Este balance marcó el triunfo del reformismo ante alternativas radicales o rupturistas. De hecho, fuerzas como ERC o el Partido Carlista no fueron legalizadas hasta después de los comicios.

Aun así, estos resultados favorecieron una situación fluida. Cómo señala el historiador Charles Powell, “de haber obtenido UCD la mayoría absoluta, es posible que la izquierda hubiese cuestionado la limpieza de los comicios” y “de haber triunfado la izquierda […] es posible que las Fuerzas Armadas hubiesen hecho acto de presencia”. Esta última amenaza no era ninguna exageración porque, como expuso el sociólogo Juli Busquets, desde 1971 cada guarnición tenía planos secretos para actuar en las urbes contra el enemigo interior, donde  constaban los barrios obreros que había que neutralizar para evitar una oleada comunista.

Una herencia decisiva

Del legado de aquellos comicios, además de la Constitución de 1978, sobresalen dos aspectos. Uno es el sistema electoral vigente, que se fundamenta en el que se empleó el 15-J. Paradójicamente, fue aprobado por las últimas Cortes franquistas y su diseño quería limitar el peso de las grandes ciudades, que eran baluartes zurdos. El otro aspecto son las dos singularidades territoriales que emergieron electoralmente: el País Vasco, donde ganó el PNV (29.2%) en un contexto marcado por la violencia de ETA, y Cataluña. Aquí triunfaron los socialistas (28.5%) seguidos de los comunistas (18.3%), el que provocó inquietud al gobierno al temer que se constituyera una Generalitat de izquierdas. Suárez lo impidió hábilmente al facilitar el regreso del presidente de la Generalitat al exilio, Josep Tarradellas, y nombrarlo titular de la provisional (a pesar de que nadie lo había votado y su legitimidad política era republicana).

En definitiva, al examinar hoy el 15-J podemos captar que aquella cita electoral ya manifestó la ductilidad propia de la Transición y puso sus fundamentos.

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* Este artículo fue publicado originalmente como X. Casals, “15-6-1977: obligats a entendre’s”, Ara (18/VI/2017).

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