ENTREVISTA A JUAN COBOS: “LA CERCANÍA A FRANCO ERA IMPOSIBLE”

JUAN COBOS ARÉVALO es autor  de La vida privada de Franco. Confesiones del monaguillo del palacio de El Pardo, recientemente editado por Almuzara 368 pp., 17.95 euros. ISBN: 978-84-92573-09-7. (www.editorialalmuzara.com).

En los últimos años de vida de Franco, Cobo fue uno de sus servidores más cercanos en la medida en que -entre otras funciones- fue el encargado de organizar todo lo relativo a su capilla privada. Por esta razón, su testimonio es de sumo interés para conocer la singular “Corte” del dictador (su entorno, rutinas diarias u organización del servicio), pero especialmente porque presenta una visión directa de su universo privado, su esposa y su familia. Todo ello lo adereza con numerosas vivencias. En esta breve entrevista que nos ha concedido apunta elementos de interés que desarrolla en su obra.

¿Podría explicar cuando y cómo llegó a tener cercanía con Franco y su entorno íntimo?

Entiendo que me quiere preguntar cercanía física. Otra “cercanía”, créame, era imposible. No sólo para mí, sino para el resto de los mortales. Yo formaba parte de su Guardia, de su escolta, y al caer enfermo el encargado de su Capilla Privada, se necesitó un sustituto provisional.

A mí me conocía el Coronel Capellán de su Casa Militar, debido a que tocaba el órgano y cantaba en las misas de El Pardo que él celebraba. Me enviaron de forma interina a Palacio. Pero al no mejorar el titular, pasé destinado a la Casa Civil, realizando dos funciones simultáneas: encargado del Oratorio y de la Capilla de Corte, por un lado, y formando parte del Servicio Personal de Franco y familia, por otro.

¿Cuáles fueron las cualidades que más le sorprendieron de él al tratarle con proximidad?

El sentido que tenía de su deber, siendo muy exigente consigo mismo. Creía plenamente en el fondo y en la forma de lo que hacía. Estaba convencido de que era Caudillo de España por la gracia de Dios. En este sentido, por tanto, lo veía coherente. Con independencia de que yo coincida o no con él.

¿Cómo era la relación entre Franco y su esposa?

En los tiempos en que me tocó servirles, jamás vi desavenencias en el matrimonio. La Señora hablaba y opinaba con total libertad, tanto de lo familiar como de los asuntos de Estado. Cosa esta última que no agrada mucho a los franquistas acérrimos. Pero es lo que yo percibía.

Franco con su esposa y Juan Cobos portando la palma del Caudillo en un  Domingo  de Ramos (© Juan Cobos).

¿Percibió en Franco o su esposa ansias de que reinara su nieta tras su enlace con Alfonso de Borbón Dampierre?

Franco se mantuvo en lo aprobado por las Cortes para que le sucediera nuestro actual Rey. La Señora, y algunos más de la familia, sí que veía a su nieta en la Zarzuela. Esta conclusión puede sacarse con facilidad, de las anécdotas que voy contando a lo largo de las páginas de mi libro.

¿Cómo vivió Usted la muerte de Franco?

La viví no desde la primera fila de butacas, sino desde el propio escenario. Me tocó hacer algunos trabajos extras. Por ejemplo el empaquetado y traslado de enseres de los numerosos almacenes de Palacio.

Utilizo en mi libro una frase un tanto exagerada: “Con el Caudillo todavía caliente se puso en marcha otro equipo médico…” (pág. 293). Trato de hacerle ver al lector que la familia Franco, excepto la Señora, se dio prisa en empaquetar toda la documentación de un despacho que yo considero era de los españoles. Había también otro despacho muy interesante para los historiadores: el del primer Jefe de la Casa Militar. La familia, como digo, hizo y deshizo libremente con la documentación existente. Por eso concluyo que el día que salgan, en caso de que lo hagan, las memorias de Franco, será a voluntad de dicha familia. Cosa que es de lamentar para cualquier investigador que se precie.

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